Catequesis: Vicios y virtudes (11): El actuar virtuoso

Catequesis: Vicios y virtudes (11): El actuar virtuoso

Itinerario catequético de Confirmación · Vicios y virtudes (11)

El actuar virtuoso: aprender a vivir bien

Elegir el bien, ejercitar la libertad y dejarse transformar por la gracia

«La virtud es una disposición habitual y firme a hacer el bien» (Catecismo de la Iglesia Católica, 1803).

Basada en la Audiencia general del papa Francisco, «Vicios y virtudes. 11. El actuar virtuoso», 13 de marzo de 2024.

La vida virtuosa no se improvisa: la gracia nos precede y nuestra libertad aprende, poco a poco, a elegir el bien.

I. Presentación de la sesión

Estamos hechos para el bien

Despues de recorrer los vicios, Francisco cambia la dirección de la mírada. El ser humano puede dejarse arrastrar por pasiones desordenadas, pero también está hecho para el bien y posee una posibilidad real de educar sus disposiciónes hasta hacerlas estables.1 La virtud no es un adorno reservado a unas pocas personas excepcionales: pertenece a nuestra vocación humana.

Esta sesión abre por eso un camíno positivo. Ya no preguntamos solamente que debemos evitar, sino cómo podemos aprender a vivir de una manera buena, libre y estable. La catequesis cristiana no se limíta a poner límítes al mal: ayuda a que la persona crezca hasta que la verdad, la justicia, la fortaleza, la esperanza y la caridad vayan dando forma a su vida.

Principio fundamental. La virtud no sustituye la libertad: la educa. La gracia de Dios no sustituye nuestro esfuerzo: lo precede, lo sostiene y lo lleva más alla de lo que podriamos alcanzar solos.

Objetivos de la sesión

El objetivo principal es distinguir entre realizar un acto bueno de manera ocasional y adquirir un modo de vivir en el que elegir el bien se vuelve una disposición habitual. Las decisiónes pequeñas no son indiferentes: van formando la inteligencia, la voluntad, las relaciones y la manera de responder a Dios.

Al mísmo tiempo, la sesión evita el voluntarismo. Francisco coloca en primer lugar la primacia de la gracia: el Espíritu Santo obra en el bautizado y conduce hacia la vida virtuosa.2 Esa iniciativa reclama una respuestá responsable: sabiduría para aprender, buena voluntad para elegir y ejercicio para perseverar.

Carismás trabajados

Carisma Que educa en nosotros
Sabiduría Aprender de la realidad, de la Palabra de Dios y también de los propios errores.
Buena voluntad Elegir concretamente el bien cuando existen otras posibilidades.
Constancia y disciplina Volver a elegir el bien hasta que madure una disposición estable.
Apertura a la gracia Reconocer que Dios toma la iniciativa y completa la obra que nosotros apenas comenzamos.

Estos carismás forman un recorrido: la sabiduría orienta la elección, la buena voluntad la inicia, la constancia la ejercita y la gracia de Dios sostiene todo el proceso. El crecimíento virtuoso integra inteligencia, voluntad, afectos, cuerpo, relaciones y vida espiritual.

Destinatarios, duracion y posibilidades de uso

El material está pensado principalmente para adolescentes de Confirmación y puede utilizarse cómo sesión completa o medíante un uso modular. Los fundamentos ofrecen el marco; las imágenes permíten entrar desde la experiencia; las actividades entrenan decisiónes concretas; y la lectio devuelve todo el recorrido a Cristo.

Uso Propuesta
Encuentro completo Fundamentos breves, dos imágenes, una actividad y lectio divina.
Dos reuniones Primera: libertad, habitus e imágenes. Segunda: gracia, actividades y lectio.
Família Imagen II, actividad famíliar y una lectura breve de Jn 15.

En un entorno de lectura digital, las imágenes no son relleno. Funcionan cómo apoyo visual para fijar una idea, recuperar la atención y ofrecer una experiencia que después pueda ser nombrada con precision.

II. Aprender a vivir virtuosamente

1. La virtud nos hace plenamente humaños

Francisco parte de una afirmacion esperanzadora: la virtud expresa una capacidad humana que puede desarrollarse. La tradición clásica hablaba de arete y de virtus para indicar una excelencia posible: no una apariencia brillante, sino una cualidad que permíte realizar bien aquello para lo que una persona está llamada.3

La persona virtuosa no se convierte en alguien artificial. Al contrario, llega a ser cada vez más ella mísma porque aprende a orientar su libertad hacia el bien. La virtud no fabrica una mascara moral: ayuda a vivir de acuerdo con la verdad de su vocación, integrando capacidades, límítes, afectos y decisiónes.

2. Los santos no son superhombres

Los santos no forman una especie distinta ni son campeones inaccesibles. Francisco los presenta cómo hombres y mujeres que han llegado a ser plenamente humaños al responder con fidelidad a la mísma llamada al bien que Dios dirige a todos.4

Esto cambia la mírada sobre la santidad. En vez de admírarla desde lejos, podemos reconocer en ella una posibilidad concreta. Los santos también tuvieron límítes, aprendieron, se equivocaron y necesitaron empezar de nuevo. Lo decisivo fue permítir que la gracia educara su libertad y que el bien fuera adquiriendo forma estable en sus vidas.

3. Una disposición habitual y firme a hacer el bien

Definicion que conviene recordar

«La virtud es una disposición habitual y firme a hacer el bien» (Catecismo de la Iglesia Católica, 1803).5

Un acto bueno conserva todo su valor, pero no basta por si solo para hablar de virtud. La virtud supone una disposición estable: el bien ha sido reconocido, elegido y ejercitado de tal manera que comíenza a orientar espontaneamente la conducta sin dejar de ser libre.

La tradición llama habitus a esa cualidad adquirida. No significa actuar mecanicamente. Es una libertad educada que ha aprendido a reconocer mejor el bien y encuentra menos resistencia para elegirlo. El habitus no elimína la decisión: hace que la decisión pueda ser más lúcida, firme y coherente.

4. Entrenar la libertad

La virtud se comprende mejor cuando observamos cómo aprendemos otras capacidades. Un musico práctica; un deportista entrena; quien estudía una lengua vuelve una y otra vez sobre lo aprendido. En la vida moral sucede algo semejante: cada elección buena deja una huella y prepara la libertad para elecciónes futuras.

Pero la comparación tiene un limíte importante. La virtud no es automatismo. Una persona virtuosa sigue pudiendo elegir mal; precisamente por eso su bondad tiene valor moral. Lo que crece medíante el ejercicio es la capacidad de elegir con mayor claridad y firmeza aquello que la inteligencia reconoce cómo bueno.

5. La gracia siempre va primero

Francisco evita cualquier moral de autosuperacion cerrada sobre si mísma. Para el cristiano, el primer auxilio es la gracia de Dios: el Espíritu Santo actua en el bautizado, sana, fortalece y orienta su libertad hacia el bien.6

Esto es especialmente importante cuando una debilidad parece repetirse. La experiencia de los santos muestra que crecer puede costar y que algunas luchas duran mucho tiempo. La respuestá cristiana no es rendirse ni presumír de fuerza: es recordar que no estamos solos y aprender a pedir ayuda a Dios míentras seguimos trabajando con paciencia.

Ni pasividad ni voluntarismo. «Dios lo hara todo por mí» elimína la responsabilidad; «yo puedo hacerlo todo solo» elimína la gracia. La vida virtuosa nace de la iniciativa de Dios acogida por una libertad que responde.

6. Sabiduría, buena voluntad y ejercicio

Francisco señala instrumentos concretos para avanzar. Necesitamos sabiduría para leer la vida, escuchar, aprender de los errores y reconocer el bien posible en cada situación. Necesitamos también buena voluntad: el deseo real de poner en práctica aquello que hemos comprendido.7

Ese deseo necesita ejercicio. La disciplina organiza el esfuerzo y la ascesis ayuda a renunciar a aquello que nos impide crecer. No se trata de buscar dificultades por si mísmas, sino de aprender a gobernar los propios impulsos para que la libertad pueda dirigirse con mayor firmeza hacia el bien.

7. La virtud se cultiva

La virtud se parece más a un cultivo que a un interruptor. Es un proceso vivo que necesita tiempo y paciencia: una decisión prepara la siguiente, un error puede convertirse en aprendizaje y una pequeña fidelidad repetida puede modificar profundamente nuestra manera de vivir.

Por eso nadie debe desanimarse porque todavía no posea una virtud de manera perfecta. El crecimíento real comíenza aceptando el punto en el que estamos y dando el siguiente paso posible. La vida virtuosa consiste en dejarse transformar por Dios míentras ejercitamos con perseverancia la libertad que Él mísmo nos ha regalado.

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III. Imágenes catequéticas comentadas

Imagen I. Elegir el bien

Comentario catequético

Qué vemos: una situación mínima que nadie consideraria heroica.

Qué descubrimos: el bien comíenza muchas veces en una decisión pequeña que podria haberse evitado.

Qué nos pregunta: cuando nadie me obliga, que dirección elijo?

Carisma: buena voluntad.

Imagen II. Volver a elegirlo

Comentario catequético

Qué vemos: el bien repetido en circunstancias diferentes.

Qué descubrimos: una sola acción no forma todavía una virtud; la constancia va educando la libertad.

Qué nos pregunta: que bien necesito volver a elegir mañana?

Carismas: constancia y disciplina.

Imagen III. Cuando el bien empieza a formar parte de ti

Comentario catequético

Qué vemos: una necesidad reconocida y atendida sin esperar una orden.

Qué descubrimos: el habitus facilita el bien sin convertir a la persona en una maquina.

Qué nos pregunta: que acciones buenas empiezan ya a nacer en mí con mayor facilidad?

Carisma: fortaleza interior.

Imagen IV. No estas creciendo solo

Comentario catequético

Qué vemos: el esfuerzo llevado a la oración.

Qué descubrimos: la gracia precede y sostiene el crecimiento moral.

Qué nos pregunta: ¿dónde necesito dejar de confiar solamente en mis fuerzas?

Carisma: apertura a la gracia.

Portada. Aprender a vivir bien

La portada resume el equilibrio de toda la sesión. Jesús y el joven aparecen camínando juntos: Cristo acompana y orienta, pero el muchacho avanza con sus propios pasos. La escena expresa una respuestá libre a una gracia que no fuerza ni sustituye a la persona.

Las situaciónes que rodean el camíno pertenecen a la vida ordinaria. Precisamente ahi se construye la santidad posible: estudíar, ayudar, escuchar, servir, volver a elegir, pedir perdón y comenzar otra vez. La virtud no aparta de la realidad; permíte habitarla de una manera cada vez más buena.

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IV. Desarrollo práctico y actividades

Actividad 1. Mis pequeñas elecciónes

Cada participante prepara un mapa personal de tres momentos ordinarios en los que suele decidir entre dos camínos: ayudar o pasar de largo, estudíar o aplazar, escuchar o interrumpir. Despues elige una elección repetida que quiera entrenar durante siete días. No se buscan grandes propósitos, sino una acción concreta y verificable.

Duración: 15-20 mínutos.

Material: papel y bolígrafo.

Fruto esperado: descubrir que la virtud comienza en decisiones pequeñas que pueden ser entrenadas sin convertir la vida cristiana en una lista de propósitos imposibles.

Actividad 2. Una virtud que podemos entrenar en casa

La família elige una virtud famíliar para una semana: paciencia, orden, servicio, gratitud o escucha. Todos acuerdan un gesto común que la haga visible. Por ejemplo, si eligen escucha, nadie interrumpe durante una conversacion importante; si eligen servicio, cada uno realiza una tarea que normalmente deja a otro.

Duración: 10 minutos para elegir y una semana para practicar.

Regla: nadie vigila ni puntúa a los demás.

Fruto esperado: comprobar que una virtud personal puede cambiar el clima de una casa cuando todos colaboran sin convertirla en competición.

Actividad 3. El bien también se contagia

En pequeños grupos, los jovenes identifican una situación que deteriora el ambiente del grupo: burlas, impuntualidad, indiferencia, quejas o exclusión. Deben proponer una sola acción posible que introduzca el movimíento contrario y que pueda mantenerse durante dos semanas. Despues comparan cómo cambia una comúnidad cuando varias personas sostienen una conducta buena.

Duración: 20-25 minutos.

Criterio: la propuesta debe depender de quienes participan, no de obligar a otros a cambiar.

Fruto esperado: pasar de criticar un ambiente a asumir una pequeña responsabilidad para mejorarlo.

Actividad 4. Déjate ayudar por Dios

Cada joven identifica en silencio un limíte concreto que no consigue vencer solo. No tiene que compartirlo. Ante una cruz o en la capilla, lo presenta al Señor y aprende a pedir la gracia que necesita. La actividad termína escribiendo una frase breve que una peticion y compromíso: «Señor, ayudame a…; hoy yo voy a…».

Duración: 10-15 minutos.

Ambiente: silencio real, sin puestas en común obligatorias.

Fruto esperado: unir gracia y libertad para evitar tanto la pasividad cómo la autosuficiencia.

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V. Lectio divina. Permaneced en mí

Despues de hablar de elecciónes, ejercicio y habitos, la Palabra devuelve todo a su fuente. Jesús no presenta el fruto verdadero cómo resultado de una autosuperacion solitaria, sino cómo consecuencia de permanecer en Cristo. La imagen de la vid y los sarmíentos une exactamente lo que hemos aprendido: la gracia da vida y nuestra libertad permanece, recibe, crece y fructifica.

Juan 15, 1-11. La vid y los sarmíentos

Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento que no da fruto en mí lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto. Vosotros ya estáis limpios por la palabra que os he hablado; permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada. Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden. Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis, y se realizará. Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos. Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud.

Jn 15, 1-11

Clave catequetica. Eleccion, ejercicio y habitus encuentran su fuente y su fruto en la union con Cristo.

1. Lectio. Qué dice la Palabra?

Lee despacio el pasaje y observa los verbos que repite Jesús. Dos son especialmente importantes: permanecer y dar fruto. El sarmíento no produce vida separandose de la vid, pero tampoco permanece esteril cuando recibe su savia. Subraya una frase que te ayude a comprender de donde procede la fuerza para vivir bien.

2. Meditatio. Qué me dice?

Preguntate donde estas intentando crecer solamente con tus propias fuerzas y que fruto te falta todavía: paciencia, constancia, sinceridad, servicio, domínio de ti mísmo, esperanza. No busques una respuestá perfecta; identifica un lugar real de tu vida donde necesites permanecer más unido a Cristo.

3. Oratio. ¿Qué le digo al Señor?

Habla con Jesús con palabras sencillas. Pidele una gracia concreta para aquello que has reconocido y ofrece también una respuestá concreta. La oración cristiana no consiste en esperar pasivamente: pedimos que Dios actue en nosotros y nos disponemos a colaborar con aquello que nos conceda.

4. Contemplatio. Permanecer

Guarda unos mínutos de silencio. Ahora no necesitas analizar ni preparar una tarea. Contemplar no significa no hacer nada: significa aprender a estar con Cristo, cómo el sarmíento permanece unido a la vid. Deja que la frase que has elegido repose en ti sin buscar nuevas ideas.

5. Actio. Un fruto para esta semana

Elige un pequeño fruto que pueda verse durante los próximos siete días. No prometas transformar toda tu vida. Decide una acción relacionada con la virtud que estas cultivando y procura permanecer fiel a ella, volviendo a la oración cuando aparezca el cansancio o el fracaso.

Para recordar. No se trata de producir frutos para demostrar que somos buenos. El fruto aparece porque permanecemos unidos a Cristo y dejamos que su gracia transforme nuestra libertad.

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VI. Oración y conclusion

Oración final. Enséñame a elegir el bien

Señor Jesús,

tu me has creado libre
y me llamás hacia el bien;
no dejes que mí libertad
se canse de elegirte.

Dame sabiduría para aprender,
voluntad para comenzar,
constancia para volver
y humíldad para pedir ayuda.

Cuando caiga, levántame;
cuando acierte, guárdame del orgullo;
cuando el camíno se haga largo,
recuérdame que no avanzo solo.

Hazme permanecer en Ti,
cómo el sarmíento en la vid,
para que mí vida de fruto
y el bien llegue a ser mí alegria. Amén.

Llegar a ser quien estas llamado a ser

La virtud no consiste en fabricar una personalidad impecable. Consiste en llegar a ser, con la ayuda de Dios, la persona que estamos llamados a ser. Francisco presenta la santidad cómo plenitud humana: la libertad encuentra su verdad cuando aprende a amar el bien y a realizarlo con firmeza.8

Este crecimíento se construye con pequeños pasos: escuchar, elegir, prácticar, corregir, perseverar y volver a empezar. Pero todos esos pasos descansan sobre una gracia que precede. La vida virtuosa es una obra compartida: Dios llama y sostiene; nosotros respondemos con la libertad que hemos recibido.

Orientaciones para padres y catequistas

Educar en virtudes exige acompañamíento paciente. No basta repetir «portate bien» ni exigir resultados inmedíatos. Los jovenes necesitan procesos reales: comprender por qué algo es bueno, intentarlo, equivocarse sin quedar etiquetados, recibir una correccion proporcionada y descubrir que pueden comenzar de nuevo.

El ejemplo adulto sigue siendo decisivo. Un padre o catequista que pide perdón, persevera, reconoce sus límítes y reza muestra mejor la virtud que un discurso perfecto. Y debe quedar siempre visible la gracia de Dios: educamos la libertad para que responda, no para que crea que puede salvarse a si mísma.

Notas y fuentes

  1. Francisco, Audiencia general, «Vicios y virtudes. 11. El actuar virtuoso», 13 de marzo de 2024, introduccion al paso desde los vicios hacia las virtudes. Volver
  2. Francisco, Audiencia general, 13 de marzo de 2024, sobre la gracia de Dios y la acción del Espíritu Santo cómo primer auxilio del cristiano en el camíno de la virtud. Volver
  3. Francisco, Audiencia general, 13 de marzo de 2024, explicación de los térmínos virtus y arete y de la virtud cómo excelencia de la persona. Volver
  4. Francisco, Audiencia general, 13 de marzo de 2024, sobre los santos cómo personas plenamente realizadas y no cómo excepciones sobrehumanas. Volver
  5. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1803: definicion de virtud citada por Francisco en la audiencia. Volver
  6. Francisco, Audiencia general, 13 de marzo de 2024, primacia de la gracia y acción del Espíritu Santo en el bautizado. Volver
  7. Francisco, Audiencia general, 13 de marzo de 2024, necesidad de sabiduría, buena voluntad, disciplina y ejercicio en el crecimíento virtuoso. Volver
  8. Francisco, Audiencia general, 13 de marzo de 2024, conclusion sobre la virtud y la realización plena de la vocación humana. Volver

Fuente principal: Francisco, «Vicios y virtudes. 11. El actuar virtuoso».

Sagrada Escritura: para la lectio divina se utilizara el texto íntegro de Jn 15, 1-11 en la versión oficial de la Conferencia Episcopal Española.

Nota de transparencia: Las imágenes y la maquetacion de este documento se han realizado con herramíentas de inteligencia artificial.

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Oración final: dinámica sobre las Virtudes Teologales

Oración final: dinámica sobre las Virtudes Teologales

Dinámica sobre las Virtudes Teologales especialmente pensada para preadolescentes de hasta 12 años.

La autora, Pilar, plantea el siguiente esquema con unos materiales muy recomendados y acertados.

5.ª Parte: oración final.

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5.ª Parte: Oración final

Rezad juntos estas oraciones ofrecidas por catholic.net.


Acto de fe

Dios mío, porque eres verdad infalible,

creo firmemente todo aquello que has revelado

y la Santa Iglesia nos propone para creer.

Creo expresamente en ti, único Dios verdadero

en tres Personas iguales y distintas, Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Y creo en Jesucristo, Hijo de Dios, que se encarnó

y murió por nosotros, el cual nos dará a cada uno,

según los méritos, el premio o el castigo eterno.

Conforme a esta fe quiero vivir siempre.

Señor, acrecienta mi fe.


Acto de esperanza

Dios mío, espero de tu bondad,

por tus promesas y por los méritos de Jesucristo,

nuestro Salvador, la vida eterna y la gracia necesaria

para merecerla con las buenas obras que debo y quiero hacer.

Señor, que pueda gozarte para siempre.


Acto de caridad

Dios mío, te amo con todo el corazón sobre todas las cosas,

porque eres infinitamente bueno y nuestra eterna felicidad:

por amor a ti amo a mi prójimo como a mí mismo,

y perdono las ofensas recibidas.

Señor, haz que yo te ame cada vez más.


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Fuente original: foros.marianistas.org

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Dinámica sobre las Virtudes Teologales

1.ª Parte: La fe, la esperanza y la caridad

2.ª Parte: Cuento que enseña a crecer, esperar y amar

3.ª Parte: Lectura sobre la caridad, sobre el amor

4.ª Parte: Poemas, oraciones y reflexión

5.ª Parte: Oración final

Oración final: dinámica sobre las Virtudes Teologales

Poemas, oraciones y reflexión: dinámica sobre las Virtudes Teologales

Dinámica sobre las Virtudes Teologales especialmente pensada para preadolescentes de hasta 12 años.

La autora, Pilar, plantea el siguiente esquema con unos materiales muy recomendados y acertados.

4.ª Parte: Poemas, oraciones y reflexión.

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4.ª Parte: Poemas, oraciones y reflexión

Preparad con los niños estos poemas de José Luís Martín Descalzo, y que los lean en voz alta, cada niño un verso o estrofa:


No temáis al amor

No temáis al amor, (nos dice Dios).

No tengáis miedo a lo mejor que hice

cuando construí el mundo.

Tened miedo, más bien, a enturbiarlo,

a enlodarlo, a ajarlo y marchitarlo.

Eso sí que sería una tragedia;

sería como ensuciar mi creación.

Porque el amor es la cosa más bella

que salió de mis manos.


Si me faltas Tú

En medio de la sombra y de la herida

me preguntan si creo en Ti. Y digo

que tengo todo cuando estoy contigo:

el sol, la luz, la paz, el bien, la vida.

Sin Ti, el sol es luz descolorida.

Sin Ti, la paz es un cruel castigo.

Sin Ti, no hay bien ni corazón amigo.

Sin Ti, la vida es muerte repetida.

Contigo el sol es luz enamorada

y contigo la paz es paz florida.

Contigo el bien es casa reposada

y contigo la vida es sangre ardida.

Pues, si me faltas Tú, no tengo nada:

ni sol, ni luz, ni paz, ni bien, ni vida.

Tengo todo cuando estoy contigo,

Si me faltas Tú, no tengo nada…


Todos juntos, rezad la «Oración para aprender a amar» de santa Teresa de Calcuta.

Señor, cuando tenga hambre, dame alguien que necesite comida;

Cuando tenga sed, dame alguien que precise agua;

Cuando sienta frío, dame alguien que necesite calor.

Cuando sufra, dame alguien que necesite consuelo;

Cuando mi cruz parezca pesada, déjame compartir la cruz del otro;

Cuando me vea pobre, pon a mi lado algún necesitado.

Cuando no tenga tiempo, dame alguien que precise de mis minutos;

Cuando sufra humillación, dame ocasión para elogiar a alguien;

Cuando esté desanimado, dame alguien para darle nuevos ánimos.

Cuando quiera que los otros me comprendan, dame alguien que necesite de mi comprensión;

Cuando sienta necesidad de que cuiden de mí, dame alguien a quien pueda atender;

Cuando piense en mí mismo, vuelve mi atención hacia otra persona.

Haznos dignos, Señor, de servir a nuestros hermanos que por todo el mundo viven y mueren pobres y hambrientos.

Dales, a través de nuestras manos, no sólo el pan de cada día, también nuestro amor misericordioso, imagen del tuyo. 


O bien descubramos y aprendamos con san Agustín lo sordos y ciegos que estamos, porque nunca es tarde…


Tarde te amé

¡Tarde te amé

hermosura tan antigua y tan nueva

tarde te amé!

Tú estabas dentro de mí,

pero yo andaba fuera de mí mismo,

y allá afuera te andaba buscando.

Me lanzaba todo deforme

entre las hermosuras que tú creaste.

Tú estabas conmigo, pero yo no estaba contigo

me retenían lejos de ti cosas

que no existirían si no existieran en ti.

Me llamaste, y rompiste mi sordera.

Brillaste con fulgor espléndido,

y expulsaste mi ceguera.

Me inundó tu fragancia

y ahora suspiro por ti.

Te gusté, y tengo hambre y sed.

Me tocaste, y ardí en tu paz.


Podréis encontrar numerosas versiones en Youtube. Aquí os dejamos esta preciosa versión publicada por Dulce Corazón de María.


Dejad unos momentos de silencio para interiorizar las oraciones.


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Fuente original: foros.marianistas.org

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Dinámica sobre las Virtudes Teologales

1.ª Parte: La fe, la esperanza y la caridad

2.ª Parte: Cuento que enseña a crecer, esperar y amar

3.ª Parte: Lectura sobre la caridad, sobre el amor

4.ª Parte: Poemas, oraciones y reflexión

5.ª Parte: Oración final

Oración final: dinámica sobre las Virtudes Teologales

Lectura sobre la caridad, sobre el amor: dinámica sobre las Virtudes Teologales

Dinámica sobre las Virtudes Teologales especialmente pensada para preadolescentes de hasta 12 años.

La autora, Pilar, plantea el siguiente esquema con unos materiales muy recomendados y acertados.

3.ª Parte: Lectura sobre la caridad, sobre el amor.

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3.ª Parte: Lectura sobre la caridad, sobre el amor.

Escuchemos a San Pablo en la Primera Epístola a los Corintios (1 Cor 13, 1-13).

1. Aunque hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo caridad, soy como bronce que suena o címbalo que retiñe.

2. Aunque tuviera el don de profecía, y conociera todos los misterios y toda la ciencia; aunque tuviera plenitud de fe como para trasladar montañas, si no tengo caridad, nada soy.

3. Aunque repartiera todos mis bienes, y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo caridad, nada me aprovecha.

4. La caridad es paciente, es servicial; la caridad no es envidiosa, no es jactanciosa, no se engríe;

5. es decorosa; no busca su interés; no se irrita; no toma en cuenta el mal;

6. no se alegra de la injusticia; se alegra con la verdad.

7. Todo lo excusa. Todo lo cree. Todo lo espera. Todo lo soporta.

8. La caridad no acaba nunca. Desaparecerán las profecías. Cesarán las lenguas. Desaparecerá la ciencia.

9. Porque parcial es nuestra ciencia y parcial nuestra profecía.

10. Cuando vendrá lo perfecto, desaparecerá lo parcial.

11. Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño. Al hacerme hombre, dejé todas las cosas de niño.

12. Ahora vemos en un espejo, en enigma. Entonces veremos cara a cara. Ahora conozco de un modo parcial, pero entonces conoceré como soy conocido.

13. Ahora subsisten la fe, la esperanza y la caridad, estas tres. Pero la mayor de todas ellas es la caridad.


Oramos en silencio…

Poned como fondo para la meditación la canción «Si no tengo amor…» del elepé ¿Cómo te podré pagar? de Brotes de Olivo.

Cómo descargar el álbum ¿Cómo te podré pagar? de Brotes de Olivo

Cómo obtener la discografía completa de Brotes de Olivo

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Fuente original: foros.marianistas.org

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Dinámica sobre las Virtudes Teologales

1.ª Parte: La fe, la esperanza y la caridad

2.ª Parte: Cuento que enseña a crecer, esperar y amar

3.ª Parte: Lectura sobre la caridad, sobre el amor

4.ª Parte: Poemas, oraciones y reflexión

5.ª Parte: Oración final

Oración final: dinámica sobre las Virtudes Teologales

Cuento «Las tres piedras»: dinámica sobre las Virtudes Teologales

Dinámica sobre las Virtudes Teologales especialmente pensada para preadolescentes de hasta 12 años.

La autora, Pilar, plantea el siguiente esquema con unos materiales muy recomendados y acertados.

2.ª Parte: Cuento «Las tres piedras» que enseña a crecer, esperar y amar.

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2.ª Parte: Cuento «Las tres piedras» que enseña a crecer, esperar y amar

Cuentan que el primer árabe que cruzó el desierto se encontró junto a una cueva con un anciano de aspecto venerable que le preguntó:

— Joven, ¿A dónde vas?

— Quiero cruzar el desierto.

El anciano quedó pensativo un momento y añadió.

— Deseas algo difícil. Para cruzar el desierto te harán falta tres cosas. Toma estas piedras. Este topacio es la fe, amarillo como las arenas del desierto, esta esmeralda es la esperanza, verde como las hojas de las palmeras, y este rubí, es la caridad, rojo como el sol de poniente. Anda siempre hacia el sur y encontrarás el oasis de Náscara, donde vivirás feliz. Pero no pierdas ninguna de las piedras, si no, no llegarás a tu destino.

El hombre se puso en camino y recorrió miles y miles de leguas a través de las dunas amarillentas sobre su camello.

Un día le asaltó una duda:

— ¿No me habrá engañado el anciano? ¿Y si no existiera el oasis que me prometió y el desierto no tuviera fin?.

Ya iba a volverse cuando notó que algo se le había caído sobre la arena. Era el topacio. El joven se bajó para cogerlo y pensó:

— No, no. Tengo que confiar en la promesa del anciano. Seguiré mi Camino.

Pasaron muchos días. El sol, el viento, el frío de la noche le iban agotando. Sus fuerzas desfallecían y ni una palmera ni una fuente se veían por el horizonte sin fin. Ya iba a dejarse caer del camello para aguardar la muerte bajo su sombra, cuando notó que se la caía algo al suelo. Era la esmeralda. El joven se bajo a recogerla y se dijo:

— Tengo que ser fuerte, tal vez, un poco más allá estará el oasis. Si no sigo, moriré sin remedio. Mientras tenga un soplo de vida seguiré.

Continúo el joven el camino, cuando encontró un pequeño charco de agua junto a una palmera. Ya iba a lanzarse sobre el charco, cuando vio los ojos de su camello suplicantes y tiernos como los de un hombre pidiendo, el agua. Pensó entonces que debería tener piedad del animal desfallecido, pues él aún podía resistir, y dejó que bebiera aquellos pocos sorbos.

Cuál no sería su asombro cuando el camello cayó muerto a sus pies. El agua estaba corrompida. En el suelo notó el joven que brillaba el rubí y lo recogió, dando gracias al cielo por haber recompensado su generosidad con el camello.

Al alzar la vista, vio a lo lejos unas palmeras. Era el oasis de Náscara. Al llegar, encontró junto a una limpia fuente, al anciano de la cueva que le sonrió alegremente.

— Has llegado a tu destino puesto que has conservado las tres piedras preciosas. La fe, la esperanza y la caridad. ¡Ay de ti si hubieras perdido alguna, hubieras perecido sin remedio!

El anciano después de darle agua fresca y dátiles, se despidió del joven diciéndole:

— Guarda siempre durante tu vida, junto a tu corazón, el topacio, la esmeralda y el rubí. Así llegarás hasta el paraíso. Nunca los pierdas.


Las tres piedras


Experiencia humana

El hombre náufrago desde el nacimiento y errante en el desierto, tiene que hacer la gran travesía, el recorrido de su vida. Otros la han realizado antes que él, pero ahora no le acompañan.

Aunque están en su origen y le esperan en su destino, el recorrido lo tiene que hacer él solo. No puede alejarse de su dama de compañía: La soledad. En ese recorrido le pesa la falta de confianza, siente la tentación del abandono y tiene tendencia a pensar sólo en él.

Tres virtudes humanas vienen en su ayuda: la fe en lo que hace y en sí mismo, visión esperanzada del futuro en el que entronca su destino, y donación generosa como actitud vital.


Para el diálogo

Quiero cruzar el desierto.

¿En qué se parece la vida de un hombre a la de quien quiere cruzar un desierto?.

A veces duramos en la vida, pero no vivimos, porque no lo elegimos. Poned ejemplos.

  • Deseas algo difícil.
  • Las metas difíciles estimulan al hombre ¿O no?

El joven se puso en camino y recorrió miles de leguas….

  • ¿Cómo ha sido nuestro camino?
  • ¿Cómo ha sido el camino de toda la humanidad?

Tengo que confiar en la promesa del anciano.

  • ¿En quién confía cada uno? ¿Y en qué?

El anciano ya había llegado.

  • ¿Cómo lo hizo y por qué?

Seguiré mi camino… mientras tenga un soplo de vida, seguiré.

  • ¿En qué situaciones hemos dicho lo mismo o nos gustaría decirlo?

Has llegado a tu destino, puesto que has conservado las tres piedras: la fe, la esperanza y la caridad.

  • ¿Cómo ha conservado cada uno esas tres virtudes en cuanto a virtudes humanas?

Guarda esas tres piedras. Así llegarás al paraíso.

  • Ha llegado al oasis, pero tiene que seguir caminando hasta el paraíso, aquel que estaba al principio y sólo encontraremos al final. ¿Qué piedras lleva cada uno en ese camino?


Para la acción

Reescribid la historia, siendo cada uno el protagonista. Señalar cuándo se nos ha caído y por qué cada piedra.

El joven se baja a recoger las piedras que se la van cayendo en vez de seguir adelante sin ellas. Recordar situaciones en que nos ha sucedido lo mismo o en que hemos abandonado las piedras.

Unid todo lo anterior a esta preciosa parábola que habla de compartir, de partir y repartir el pan, la vida y la esperanza.


Parábola de la piedra/La sopa de piedras

En un pequeño pueblo una mujer se llevó una gran sorpresa al ver que había llamado a su puerta un extraño, correctamente vestido, que le pedía algo de comer. «Lo siento, dijo, pero ahora mismo no tengo nada en casa».

«No se preocupe, dijo amablemente el extraño, tengo una piedra de sopa en mi cartera, si usted me permitiera echarla en un puchero de agua hirviendo, yo haría la más exquisita sopa del mundo. Un puchero muy grande por favor.»

A la mujer le picó la curiosidad, puso el puchero al fuego y fue a contar el secreto de la piedra de sopa a sus vecinas. Cuándo el agua rompió a hervir, todo el vecindario se había reunido allí para ver a aquel extraño y su piedra de sopa. El extraño dejó caer la piedra en el agua, luego probó una pequeña cucharada con verdadera delectación y exclamó:

— ¡Deliciosa! Lo único que necesita es unas cuantas patatas.

— ¡Yo tengo patatas en mi cocina! gritó una mujer. Y en pocos minutos estaba de regreso con una gran fuente de patatas peladas que fueron derechas al puchero.

El extraño volvió a probar el brebaje. ¡Excelente!, dijo, y añadió pensativamente: 

— Si tuviéramos un poco de carne, haríamos un cocido de lo más apetitoso….

Otra ama de casa salió zumbando y regreso con un pedazo de carne que el extraño tras aceptarlo cortésmente, introdujo en el puchero. Cuando volvió a probar el caldo, puso los ojos en blanco y dijo:

— ¡Ah, que sabroso! Si tuviéramos unas cuantas verduras, sería perfecto, absolutamente perfecto…

Una de las vecinas fue corriendo hasta su casa y volvió con una cesta llena de cebollas y zanahorias. Después de introducir las verduras en el puchero, el extraño probó nuevamente el guiso y con tono autoritario, dijo — La sal.

— Aquí la tiene, le dijo la dueña de la casa.

A continuación dio otra orden:— Platos para todo el mundo.

La gente se apresuró a ir a sus casas en busca de platos. Algunas regresaron trayendo incluso pan y frutas.

Luego se sentaron todas a disfrutar de la espléndida comida, mientras el extraño repartía abundantes raciones de su increíble sopa. Todas se sentían extrañamente felices, mientras reían, charlaban y compartían por primera vez su comida. En medio del alborozo, el extraño se escabulló silenciosamente, dejando tras de sí la milagrosa piedra de sopa, que ellas podrían usar siempre que quisieran hacer la más deliciosa sopa del mundo.

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Fuente original: foros.marianistas.org

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Dinámica sobre las Virtudes Teologales

1.ª Parte: La fe, la esperanza y la caridad

2.ª Parte: Cuento que enseña a crecer, esperar y amar

3.ª Parte: Lectura sobre la caridad, sobre el amor

4.ª Parte: Poemas, oraciones y reflexión

5.ª Parte: Oración final

Oración final: dinámica sobre las Virtudes Teologales

La fe, la esperanza y la caridad: dinámica sobre las virtudes teologales

Dinámica sobre las Virtudes Teologales especialmente pensada para preadolescentes de hasta 12 años.

La autora, Pilar, plantea el siguiente esquema con unos materiales muy recomendados y acertados.

1.ª Parte: La fe, la esperanza y la caridad.

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1.ª Parte: La fe, la esperanza y la caridad.

Exposición doctrinal sencilla de las tres virtudes. Puedes utilizar las siguientes fuentes:

Virtudes teologales
Virtudes teologales
Las virtudes teologales
La fe, la esperanza y la caridad
Las virtudes teologales en san Juan de la Cruz
San Zenón de Verona: Tratado sobre la fe, la esperanza y la caridad

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Fuente original: foros.marianistas.org

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Dinámica sobre las Virtudes Teologales

1.ª Parte: La fe, la esperanza y la caridad

2.ª Parte: Cuento que enseña a crecer, esperar y amar

3.ª Parte: Lectura sobre la caridad, sobre el amor

4.ª Parte: Poemas, oraciones y reflexión

5.ª Parte: Oración final