Volver al cole con san José de Calasanz: Aprender, crecer y caminar con Jesús

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Catequesis familiar

Volver al cole con san José de Calasanz

Aprender, crecer y caminar con Jesús

«Piedad y letras para un feliz transcurso de toda la vida»

Una propuesta para comenzar el curso en familia, descubrir la vocación educativa cristiana y aprender a mirar a cada niño como persona amada por Dios.

Una mochila para todo el curso

Al acercarse el comienzo de las clases, la casa vuelve a llenarse de listas, horarios, uniformes, libros y cuadernos. La mochila se prepara con cuidado, pero ningún estuche puede guardar la paciencia para comenzar de nuevo, el valor de pedir ayuda o la generosidad necesaria para acercarse al compañero que está solo. La vuelta al colegio abre así una pregunta más profunda que la organización de las actividades: hacia dónde deseamos crecer.

San José de Calasanz contempló a los niños pobres de Roma, reconoció en cada uno una promesa de Dios y dedicó su vida a educarlos en «piedad y letras».1 Su experiencia invita a comenzar el curso como una familia que aprende: los hijos crecerán en responsabilidad y conocimientos; los adultos deberán escuchar, revisar sus expectativas y dejarse formar también por Cristo. Todo el encuentro se articula alrededor de una pregunta: ¿qué necesitamos llevar en el corazón para que este curso nos ayude verdaderamente a crecer?

Cómo utilizar esta catequesis

La propuesta conserva una única arquitectura, pero admite distintos recorridos. El responsable elige el modo de uso antes de comenzar, prepara las imágenes y las fichas necesarias y protege el carácter catequético del encuentro. La biografía no se separa de la doctrina, las actividades conducen a una respuesta y la lectio divina permanece como culmen espiritual del itinerario.

Ficha pastoral Aplicación
Destinatarios Familias con hijos de distintas edades; grupos parroquiales; encuentros de padres, niños y catequistas; comunidades educativas que deseen comenzar el curso desde la fe.
Modalidad Lectura compartida, contemplación de imágenes, diálogo intergeneracional, actividades Damián, lectio Montserrat y oración familiar.
Uso completo Encuentro de 60–70 minutos: selección doctrinal, dos escenas biográficas, dos actividades, lectio divina y oración final.
Uso por días Cinco momentos domésticos de 12–18 minutos durante la primera semana: comprender, verlo vivir, vivirlo, escuchar y responder.
Uso escolar Adaptación para tutoría o pastoral, conservando el núcleo cristológico y evitando reducir la sesión a organización o técnicas de estudio.

Objetivo general

Comenzar el curso como una alianza familiar para crecer en sabiduría, humanidad y gracia.

Objetivo catequético

Descubrir que educar cristianamente une fe, cultura, vida, servicio y atención al más débil.

Fruto esperado

Un diálogo más confiado y uno o dos compromisos concretos que puedan revisarse durante el trimestre.

Carisma, virtudes y expresión familiar

Clave En Calasanz En la familia
Piedad y letras Fe y cultura crecen unidas. Orar, estudiar y servir forman una sola vida.
Preferencia por los pequeños La escuela se abre al niño pobre. Se presta más apoyo a quien más lo necesita, sin compararlo.
Esperanza perseverante La misión continúa durante la crisis. Una dificultad se afronta sin convertirla en identidad.
Alianza educativa La intuición se vuelve comunidad y método. Padres, hijos, escuela y parroquia asumen responsabilidades distintas.

Materiales y preparación

Materiales

Biblia CEE, imagen de san José de Calasanz, mochilas o cuadernos, cruz sencilla, bolígrafos y fichas elegidas.

Preparación

Leer previamente la sesión, seleccionar escenas y actividades, imprimir solo lo necesario y disponer un espacio que permita verse y escucharse.

Orientaciones para quien acompaña

El catequista o adulto crea un clima en el que las dificultades puedan expresarse sin miedo. Hablará de notas, cansancio y conflictos, pero devolverá siempre la conversación a la dignidad de la persona, a la responsabilidad posible y a la ayuda necesaria. La firmeza educativa no requiere comparación humillante, ironía ni etiquetas.

Las preguntas se adaptarán a la edad sin infantilizar el contenido. Los más pequeños pueden responder mediante dibujo y gesto; los mayores necesitan razones, situaciones reales y espacio para disentir con respeto. Si aparece una dificultad grave —acoso, rechazo persistente, sufrimiento emocional o necesidad educativa— la catequesis no la resuelve sola: debe conducir a la intervención adulta adecuada.

Para los padres: participad como personas que también están aprendiendo. No utilicéis las actividades para obtener confesiones, comparar hermanos o prolongar una corrección pendiente.

Para el catequista: elegid menos contenidos y trabajadlos con profundidad. La sesión debe llegar a la Palabra y a la oración, no agotarse en explicaciones o fichas.

Parte I · Comprender

Educar es ayudar a crecer

1. Cada hijo es una persona amada por Dios

Antes de saber leer o resolver un problema, el niño posee una dignidad que nadie le concede y nadie puede retirarle. Ha sido creado a imagen de Dios y llamado a una vida irrepetible. Por eso, la persona debe ocupar el centro de toda educación: sus notas, capacidades y dificultades describen aspectos de su camino, pero nunca dicen por completo quién es.2

Educar supone aprender a reconocer los dones reales del hijo, también cuando no coinciden con los sueños de los adultos. La mirada cristiana no rebaja la exigencia, pero la sitúa dentro de una verdad mayor: se exige porque se ama, no para fabricar una imagen de éxito familiar. Esta convicción permite corregir sin despreciar y celebrar un progreso sin convertirlo en motivo de superioridad.

Para los padres: nombrad una cualidad de cada hijo que no dependa de sus notas y explicad cómo podéis ayudarla a madurar.

Para el catequista: pregunte qué diferencia existe entre valorar un resultado y medir con él el valor de una persona.

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2. La familia, primera escuela de vida y de fe

La familia educa incluso cuando no está impartiendo una explicación. Los hijos aprenden al observar cómo se pide perdón, cómo se habla de otras personas, qué lugar ocupa el trabajo y de qué manera se afronta una contrariedad. El Magisterio recuerda que los padres poseen una responsabilidad educativa originaria; la escuela colabora con ellos, pero no puede sustituir la vida que se comunica en el hogar.3

Esta prioridad no convierte a los padres en especialistas capaces de resolverlo todo. Precisamente porque educar supera las fuerzas de una sola persona, la familia necesita maestros, catequistas, comunidad cristiana y sociedad. La alianza comienza cuando cada uno reconoce su tarea y abandona la tentación de culpar siempre al otro: familia y escuela no compiten por el niño, sino que se encuentran para servirlo.

Para los padres: la pregunta no es solamente «¿qué colegio queremos?», sino «¿qué hogar educativo encuentra nuestro hijo cuando vuelve?».

Para el catequista: ayude a distinguir la responsabilidad originaria de los padres de la colaboración necesaria con profesionales y comunidad cristiana.

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3. Educar toda la persona

Una educación reducida a destrezas útiles puede preparar para realizar tareas, pero deja sin responder las preguntas decisivas: para qué vivir, cómo utilizar la libertad, qué merece ser amado y al servicio de quién ponemos lo aprendido. La escuela católica sitúa estas cuestiones dentro de una visión integral de la persona, abierta a la verdad, al bien, a la belleza, a los demás y a Dios.4

El crecimiento comprende la inteligencia, el cuerpo, los afectos, la conciencia, la capacidad de convivir y la vida espiritual. De ahí que una buena nota pueda ir acompañada de algo que todavía necesita madurar, y que un alumno con dificultades académicas pueda mostrar una extraordinaria fidelidad, generosidad o sensibilidad. El educador cristiano aprende a reconocer el conjunto sin confundir una parte con toda la persona.

Para los padres: al revisar el día, preguntad también por una relación, una decisión y un aprendizaje, no únicamente por las calificaciones.

Para el catequista: presente casos que permitan reconocer dimensiones distintas del crecimiento sin enfrentar excelencia académica y madurez humana.

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4. Piedad y letras

Calasanz resumió su propuesta mediante dos palabras que no deben separarse: «piedad y letras». Las letras representan el estudio riguroso, la cultura, las ciencias y los instrumentos necesarios para comprender el mundo; la piedad es una relación viva con Dios que forma la conciencia y orienta la libertad. En lenguaje actual, el lema puede expresarse como fe y cultura.5

La fe no sirve para llenar los huecos de lo que todavía ignoramos, ni el conocimiento convierte en innecesaria la pregunta por Dios. Cuando caminan juntos, aprender se vuelve una forma de recibir la realidad con gratitud y responsabilidad. Así, el alumno descubre que pensar también es una vocación: se estudia para conocer la verdad y poner el saber al servicio de la vida.

Para los padres: vinculad una oración breve a un hábito de trabajo real; no la utilicéis para sustituir el orden, el descanso o el esfuerzo.

Para el catequista: evite presentar la fe como explicación alternativa a las ciencias. Muestre cómo orienta el uso responsable del conocimiento.

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5. Nadie debe quedar atrás

Los niños del Trastévere no estaban fuera de la escuela porque carecieran de inteligencia, sino porque la pobreza les cerraba las puertas. Calasanz comprendió que enseñarles no era una concesión bondadosa, sino una obra de justicia nacida del Evangelio. La Iglesia considera que la educación de los pobres expresa una forma alta de la caridad cristiana, porque dignifica, libera y permite participar responsablemente en la vida común.6

También hoy existen pobrezas educativas: falta de recursos, hogares frágiles, soledad, discapacidad, dificultades de aprendizaje, desconocimiento de la lengua o exclusión entre compañeros. El papa León XIV recuerda que los pobres no son un asunto distante, sino una «cuestión familiar».7 Preguntarnos quién está quedando atrás cambia nuestra forma de mirar el aula y nos mueve a abrir espacio junto a nosotros.

Para los padres: preguntad si hay alguien en la clase o el grupo que necesite ser escuchado, acompañado o incluido.

Para el catequista: diferencie ayuda, paternalismo e invasión. Una necesidad grave exige coordinación responsable y no solo buena voluntad.

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6. Una alianza para educar

Francisco propuso tres acciones para reconstruir el pacto educativo: centrarse, acoger e implicar.8 Centrarse significa poner a la persona por encima de estructuras y resultados; acoger exige escuchar a niños, jóvenes, padres y educadores; implicarse pide que cada uno abandone la posición de espectador y asuma una responsabilidad concreta.

Esta alianza no elimina los desacuerdos. Enseña a tratarlos sin desacreditar al otro delante del niño y sin utilizar al alumno como mensajero del conflicto. Cuando familia, escuela y parroquia comparten información, límites y esperanza, se crea una red que sostiene el crecimiento. Cada participante aporta algo diferente; precisamente por eso todos son necesarios.

Verbo Pregunta familiar
Centrarnos ¿Estamos mirando a la persona o únicamente el problema?
Acoger ¿Hemos escuchado lo ocurrido antes de juzgar?
Implicarnos ¿Qué responsabilidad concreta corresponde a cada uno?

Para los padres: cuando aparezca un conflicto con la escuela, hablad directamente con el adulto responsable y no convirtáis al hijo en mensajero.

Para el catequista: utilice los tres verbos como proceso: mirar a la persona, escuchar las voces implicadas y acordar responsabilidades.

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7. Si hay oración, la educación camina

Orar no es pedir a Dios que haga en nuestro lugar lo que nos corresponde. La oración introduce el estudio y la convivencia en una relación con Jesús que permite reconocer los límites, agradecer los dones y volver a comenzar. La experiencia escolapia recuerda que las actitudes nacidas en la oración pueden transformar también el aula: quien aprende a escuchar a Dios puede crecer en escucha, verdad y misericordia con los demás.9

Una oración familiar breve, constante y ligada a la vida resulta más educativa que una práctica larga sostenida solo unos días. Se puede ofrecer el trabajo por la mañana, pedir ayuda antes de una dificultad y revisar la jornada por la noche. Lo decisivo es que el niño descubra que Jesús acompaña su vida ordinaria, también cuando se equivoca, se cansa o no obtiene el resultado esperado.

Para los padres: elegid un momento breve y sostenible de oración vinculado a la jornada escolar; la constancia importa más que la duración.

Para el catequista: explique que rezar no garantiza resultados automáticos; abre el trabajo a la presencia, la verdad y la gracia de Dios.

Señor Jesús, enséñanos a estudiar con responsabilidad, a convivir con caridad y a volver a empezar con esperanza.

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Parte II · Verlo vivir

San José de Calasanz, padre y maestro

La vida de Calasanz no fue la ejecución tranquila de un proyecto pensado desde niño. Dios lo condujo a través de una familia creyente, largos estudios, responsabilidades sacerdotales, deseos que tuvieron que purificarse y, finalmente, el encuentro con una infancia abandonada. Su biografía muestra una vocación descubierta en el camino, cuando ya era un sacerdote maduro.

Las imágenes de esta parte no son adornos. Cada una permite contemplar una decisión, una relación humana o un cambio interior. Antes de leer el comentario conviene mirar en silencio y preguntar: ¿quién actúa?, ¿qué está sucediendo?, ¿hacia dónde se dirige el movimiento? Solo después buscaremos el sentido catequético de lo visible.

1. La fe aprendida en casa

José nació en Peralta de la Sal, dentro de una familia numerosa en la que recibió una formación cristiana y cultural sólida. Su madre alimentó en él la devoción a la Virgen, y la escuela prolongó aquel aprendizaje doméstico. Las narraciones antiguas conservan recuerdos expresivos de su religiosidad infantil; conviene leerlos como testimonios hagiográficos de una educación que arraigó pronto, no como una fotografía exacta de cada gesto.10

Lo importante no es imaginar a un niño perfecto, sino reconocer que su futura entrega a la infancia comenzó cuando él mismo fue acompañado. La familia puso en sus manos palabras, hábitos y ejemplos que mucho después adquirirían una fecundidad inesperada. La semilla de una vocación puede permanecer oculta durante años antes de mostrar la obra para la que Dios la preparaba.

Imagen 1 · La fe aprendida en casa

«Antes de encontrar su misión, José aprendió en casa a mirar la vida desde Dios».

Lectura de la imagen

La escena muestra una casa en movimiento. La madre no da una lección solemne: relaciona la oración con la jornada concreta del niño. El padre y la hermana continúan sus tareas, de modo que la fe aparece dentro de la trama ordinaria de la familia, no como una actividad aislada.

El gesto

La mano de la madre se acerca al cuaderno mientras José lo sostiene. Ese pequeño movimiento une lo que con el tiempo será el corazón de su carisma: la piedad y las letras aprendidas juntas.

Lectura visual catequética

Dios suele preparar sus obras mediante personas que quizá nunca contemplarán el resultado completo. Los padres de José no podían prever las Escuelas Pías, pero su presencia hizo posible que el futuro fundador reconociera la educación como un acto de amor.

Para la familia: cada uno nombra algo bueno que ha aprendido en casa y da las gracias a quien se lo enseñó.

Para el catequista: evite presentar la santidad infantil como ausencia de travesuras o dificultades. Subraye la fecundidad de una educación constante.

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2. Estudiar para servir

A los diez años José marchó a Estadilla para estudiar latín y después continuó su formación en varias universidades de la Corona de Aragón. Filosofía, teología, lenguas y vida eclesial fueron dando estructura a una inteligencia despierta. La biografía transmitida en Catequesis en Familia recuerda que no comenzaba las clases sin haber orado antes, incluso cuando algunos compañeros se burlaban.11

Años más tarde, aquel estudiante comprendería que la formación recibida no le pertenecía solo a él. El saber acumulado se convertiría en método, organización y enseñanza para miles de niños. La vida cristiana no enfrenta preparación y servicio: pide que los talentos se vuelvan disponibles para una misión que quizá todavía no conocemos.

Imagen 2 · Estudiar para servir

«La oración no lo apartaba del estudio: le enseñaba para qué debía estudiar».

Lectura de la imagen

José no permanece encerrado en la iglesia. Sale de ella y se incorpora al trabajo intelectual, llevando consigo libros, preguntas y relaciones. La composición hace visible una oración que desemboca en la tarea.

El gesto

Mientras camina, gira el cuerpo para atender la pregunta de otro estudiante. Aprender ya comienza a convertirse en compartir: lo recibido se vuelve ayuda ofrecida durante el camino.

Lectura visual catequética

La vocación cristiana no desprecia la disciplina académica. Dios puede servirse de años de estudio para preparar una respuesta que todavía no se ha revelado. La perseverancia presente abre posibilidades futuras.

Para la familia: antes de comenzar una semana exigente, cada miembro ofrece a Dios una tarea concreta y explica a quién puede beneficiar.

Para el catequista: pregunte qué diferencia existe entre estudiar solo para aprobar y estudiar para desarrollar un don al servicio de los demás.

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3. Cuando Dios cambia nuestros planes

Ordenado sacerdote, José ejerció distintos ministerios y asumió responsabilidades en Barbastro y Urgel. Visitó poblaciones pirenaicas, trabajó en reformas eclesiales y continuó ampliando su preparación. En 1592 viajó a Roma para ocuparse de asuntos de varias diócesis y buscar una posición estable. No era una ambición incomprensible, pero la Providencia iba a ensanchar el horizonte de aquel proyecto.12

Francisco ha destacado en Calasanz la «valiente docilidad a la Providencia»: un hombre encaminado hacia una carrera eclesiástica aceptó cambiar sus planes al encontrar a los jóvenes de la calle.13 La docilidad no fue pasividad; requirió leer los acontecimientos, abandonar seguridades y responder con decisiones concretas.

Imagen 3 · Cuando Dios cambia nuestros planes

«Llegó a Roma buscando una posición; Dios había preparado para él una misión».

Lectura de la imagen

Dos caminos conviven en la escena. Calasanz mira hacia los asuntos que lo han llevado a Roma, mientras los niños se desplazan por una zona secundaria. El espectador percibe antes que el protagonista la llamada escondida en la ciudad.

El gesto

El guía señala una dirección y Calasanz la sigue. Más adelante tendrá que aprender a reconocer otra indicación, no trazada en un mapa: la que nace de la realidad de los pequeños.

Lectura visual catequética

La Providencia no convierte nuestras decisiones en piezas de un juego incomprensible. Nos acompaña dentro de ellas y abre llamadas nuevas. La fe permite revisar el rumbo sin pensar que todo lo anterior carecía de sentido.

Para la familia: recordad un cambio inesperado que, con el tiempo, abrió una posibilidad buena.

Para el catequista: no presente la voluntad de Dios como una serie de señales mágicas. Destaque discernimiento, realidad, consejo y decisión.

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4. Los niños que nadie miraba

En Roma, Calasanz participó en cofradías y obras de caridad. Al recorrer los barrios pobres encontró niños expuestos a la ignorancia, la calle y la falta de futuro. La compasión no quedó reducida a emoción: preguntó, visitó, buscó ayuda y comprendió que la catequesis dominical no bastaba para responder a una necesidad cotidiana.

La fuente escolapia sitúa en la primavera de 1597 la visita decisiva al Trastévere y el encuentro con la pequeña escuela parroquial de Santa Dorotea.14 Allí maduró una certeza: debía entregarse a aquellos pequeños. Su vocación surgió de una mirada capaz de pasar del «hay niños pobres» al «estos niños me han sido confiados».

Imagen 4 · Los niños que nadie miraba

«Su vocación comenzó cuando aprendió a mirar a quienes los demás no veían».

Lectura de la imagen

La calle no se detiene, pero Calasanz sí. El papel que el niño no logra leer concentra una exclusión entera: posee deseo y capacidad, pero le falta quien le abra el acceso al conocimiento. La imagen enfrenta el movimiento indiferente de la ciudad con una presencia que escucha.

El gesto

El cuerpo del sacerdote se inclina hasta la altura del niño. Antes de enseñar, acorta la distancia y recibe su realidad. Ese gesto corporal evita una caridad desde arriba.

Lectura visual catequética

Cristo se deja encontrar en el pequeño que necesita atención. La mirada creyente no inventa una misión al margen del mundo: aprende a reconocer la llamada de Dios dentro de una necesidad concreta.

Para la familia: durante la semana, observad quién suele quedar al margen en los grupos y pensad un modo respetuoso de acercaros.

Para el catequista: deje unos segundos de silencio antes de comentar. Pregunte primero qué personaje parece tener prisa y quién ha cambiado su paso.

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5. Una escuela abierta para todos

En Santa Dorotea, Calasanz encontró un comienzo pequeño. Se incorporó a la escuela, buscó maestros y fue dando a la obra una orientación decisiva: enseñanza cotidiana, acceso gratuito y atención a quienes no podían pagar. En 1597 nació así la primera escuela popular cristiana gratuita de Europa, semilla de las Escuelas Pías.15

Abrir la puerta fue solo el primer paso. Hacían falta locales, materiales, horarios, métodos y colaboradores perseverantes. La caridad educativa no podía improvisarse cada mañana; debía adquirir una forma estable. Calasanz unió la ternura hacia los niños con la seriedad de una organización capaz de sostener su derecho a aprender.

Imagen 5 · Una escuela abierta para todos

«La puerta de la escuela se abrió gratuitamente para quienes nunca habían podido cruzarla».

Lectura de la imagen

Cada rincón del aula contiene una acción. Unos leen, otros escriben y alguien necesita una nueva explicación. La acogida del recién llegado no detiene la escuela; lo incorpora a una comunidad de aprendizaje que ya está viva.

El gesto

Un alumno mueve el banco para dejar sitio. El gesto traduce en el espacio la gratuidad de la escuela: hay un lugar preparado para otro, aunque sea necesario estrecharse.

Lectura visual catequética

La caridad cristiana no se limita a entregar algo desde fuera. Crea condiciones para que la persona pueda aprender, participar y asumir su futuro. La escuela se convierte así en una obra de misericordia y justicia.

Para la familia: elegid un gesto concreto para que un compañero nuevo o aislado encuentre sitio durante la primera semana.

Para el catequista: distinga asistencia puntual y promoción educativa sin enfrentar ambas. Pregunte qué necesita la escuela para permanecer abierta cada día.

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6. Piedad y letras en el aula

Las Escuelas Pías enseñaban lectura, escritura, cálculo, latín y doctrina cristiana. La formación religiosa no ocupaba un compartimento aislado: ayudaba a orientar el conocimiento, la disciplina y la convivencia. Calasanz valoró las matemáticas y las ciencias, mantuvo relación con Galileo y buscó maestros competentes.16

La unidad entre fe y cultura no significa dar una respuesta religiosa apresurada a cada pregunta. Enseña a buscar juntos, a respetar el método propio de cada saber y a mantener abierto el horizonte del sentido. León XIV describe la escuela católica como un ambiente vivo donde se entrelazan fe, cultura y vida, y donde el testimonio del maestro vale tanto como su lección.17

Imagen 6 · Piedad y letras

«La inteligencia y el corazón crecían juntos».

Lectura de la imagen

La diversidad de tareas impide reducir la escuela a una lección frontal. El niño que encuentra una dificultad no es separado ni avergonzado; recibe otra explicación dentro del trabajo común. La escena muestra una exigencia acompañada.

El gesto

Calasanz orienta el ábaco hacia el alumno y deja que sea él quien mueva las piezas. El educador no resuelve para exhibir su saber: crea las condiciones para que el niño pueda comprender.

Lectura visual catequética

La paciencia del maestro refleja algo del modo de enseñar de Cristo, que formula preguntas, acompaña procesos y vuelve a explicar. Piedad y letras se unen en una relación educativa que respeta la verdad y a la persona.

Para la familia: acordad una frase para pedir ayuda sin vergüenza y otra para ofrecerla sin hacer sentir inferior al otro.

Para el catequista: observe con el grupo hacia dónde mira el santo. La santidad se expresa aquí mediante atención profesional y paciencia concreta.

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7. Una familia dedicada a educar

La escuela creció y necesitó una comunidad capaz de custodiarla. Después de distintos intentos institucionales, las Escuelas Pías fueron aprobadas como congregación en 1617 y como Orden religiosa en 1622, con una dedicación específica a la educación de los jóvenes.18 La intuición personal adquirió reglas, responsabilidades compartidas y continuidad.

Calasanz tuvo que formar educadores, responder cartas, discernir fundaciones y cuidar la fidelidad al origen. La misión no se hacía menos espiritual al ocuparse de horarios, maestros o cuentas. Cuando la organización sirve a las personas, se convierte en una forma concreta de la caridad; cuando se vuelve autorreferencial, olvida para quién existe.

Imagen 7 · Una familia dedicada a educar

«Una misión que comenzó con una mirada se convirtió en una familia de educadores».

Lectura de la imagen

No todos realizan la misma tarea. La escena se sostiene mediante preguntas, información y decisiones que circulan. La escuela visible al fondo recuerda el criterio con el que debe juzgarse cada documento: servir mejor a los niños.

El gesto

Calasanz deja de escribir para escuchar al religioso que acaba de entrar. La planificación no lo aísla de la realidad; permanece abierta a la necesidad que llega.

Lectura visual catequética

La comunión cristiana no consiste en que todos piensen o actúen de manera idéntica. Integra dones diferentes alrededor de una misión recibida. También la educación familiar necesita repartir responsabilidades y revisarlas juntos.

Para la familia: revisad si las tareas del nuevo curso están repartidas con claridad o descansan siempre sobre una sola persona.

Para el catequista: ayude a descubrir que método, preparación y evaluación también pueden ser expresiones de amor.

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8. Esperar cuando todo parece perdido

Los últimos años de Calasanz estuvieron marcados por conflictos internos, investigaciones, humillaciones y la reducción jurídica de la Orden. El anciano fundador fue apartado del gobierno y contempló cómo la obra a la que había entregado medio siglo parecía deshacerse. No todo puede explicarse mediante un único culpable: la crisis reunió debilidades personales, malas decisiones, tensiones institucionales y un contexto complejo.19

Calasanz no confundió fidelidad con ausencia de dolor. Sufrió, obedeció, animó a sus religiosos y mantuvo la esperanza de que las Escuelas Pías serían restauradas. Murió en Roma el 25 de agosto de 1648; la Orden recuperó más adelante su condición y continuó su misión.20 La perseverancia final del santo enseña que el fracaso visible no agota la historia.

Esta enseñanza alcanza directamente la vida escolar. Una mala nota exige comprender, corregir y actuar, pero no autoriza a definir al niño como un fracaso. Una dificultad puede revelar que necesita otro método, más tiempo, límites mejor sostenidos o una ayuda especializada. La esperanza cristiana permite mirar con verdad el presente sin convertirlo en una sentencia definitiva.

Imagen 8 · Esperar cuando todo parece perdido

«Cuando la obra pareció derrumbarse, permaneció fiel a la semilla que Dios había sembrado».

Lectura de la imagen

La carta ocupa una mano, pero no domina toda la escena. Detrás continúan la enseñanza, los pasos y las preguntas. El fundador ve simultáneamente la crisis institucional y la misión que todavía permanece viva.

El gesto

Calasanz levanta la mirada del documento hacia el religioso que espera. No puede controlar el futuro, pero todavía puede comunicar confianza y orientar el siguiente acto fiel.

Lectura visual catequética

La esperanza cristiana no niega los hechos ni convierte la derrota en triunfo imaginario. Se apoya en Dios y permite perseverar en el bien posible. Una semilla puede atravesar un invierno sin haber muerto.

Para la familia: elegid una dificultad del curso y formuladla sin etiquetas personales: «esto nos cuesta» en lugar de «tú eres…».

Para el catequista: diferencie esperanza y optimismo superficial. La esperanza mira el problema, busca ayuda y permanece fiel al bien.

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Lámina final · San José de Calasanz, padre y maestro

«San José de Calasanz, enséñanos a educar la inteligencia, el corazón y la vida».

Parte III · Vivirlo nosotros

Nuestra familia comienza un nuevo curso

Siete propuestas para convertir lo aprendido en conversación, decisiones y vida familiar.

Las actividades no pretenden entretener después de una explicación. Cada una permite transformar una enseñanza en conversación, decisión y práctica. Conviene escoger las que responden a la situación real de la familia y realizarlas sin prisa. Una actividad bien acompañada vale más que muchas fichas terminadas.

El adulto participa y no se limita a evaluar las respuestas de los niños. En estas propuestas todos tienen algo que aprender: los hijos practican responsabilidad y confianza; los padres revisan expectativas, escucha y coherencia. La meta es construir una alianza educativa concreta, no producir un documento perfecto.

Antes de comenzar

Elegid una propuesta, preparad juntos el material y dejad tiempo para escuchar. La ficha sirve a la conversación; la conversación no sirve para rellenar la ficha.

Actividad 1

La mochila invisible

Finalidad catequética: reconocer las virtudes como disposiciones que hacen posible aprender, convivir y crecer.

Material: Ficha gráfica 1, lápices y una mochila real.

Ficha 1 · La mochila invisible

Ficha La mochila invisible, con una mochila azul y espacios para escribir

Cada participante completa su propia mochila interior.

Cómo hacerlo

  1. Colocad una mochila en el centro. Cada participante recibe la ficha y elige tres realidades que necesita llevar interiormente: paciencia, responsabilidad, oración, alegría, amistad, humildad, orden, valentía, perseverancia o servicio.
  2. Puede añadir otra palabra si explica su relación con el curso.
  3. Cada uno introduce simbólicamente su ficha en la mochila y completa: «Necesito… porque…» y «Mi familia puede ayudarme cuando…».
  4. Los adultos también responden. Antes de corregir una elección, intentad comprender la necesidad expresada.

Microguion: «Los libros nos ayudan a aprender contenidos. Hoy vamos a elegir lo que ninguna tienda puede meter en la mochila por nosotros».

Adaptación: los pequeños pueden dibujar; los adolescentes deben explicar una situación concreta en la que necesitarán cada virtud.

Actividad 2

Piedad y letras en nuestro horario

Finalidad catequética: integrar oración, estudio, descanso, convivencia y servicio sin convertir la vida cristiana en una actividad añadida.

Material: Ficha gráfica 2 y horario real de la familia.

Ficha 2 · Piedad y letras

Horario semanal familiar Piedad y letras

Primero observamos el horario real; después elegimos un cambio posible.

Mirar, discernir, decidir

  1. Anotad primero los tiempos que no pueden moverse.
  2. Observad dónde aparecen el descanso suficiente, una colaboración doméstica proporcionada, la convivencia, la oración diaria y la Eucaristía dominical.
  3. Preguntad si el horario expresa las prioridades que afirmamos. No se trata de ocupar cada minuto.
  4. Elegid un cambio pequeño y comprobable para dos semanas: preparar la mochila antes de cenar, rezar juntos tres minutos, proteger una tarde sin actividades o distribuir mejor una tarea doméstica.

El compromiso debe hacer respirable la vida familiar, no añadir una carga que se abandonará al tercer día.

Pregunta: ¿qué parte de nuestro horario ayuda a crecer y cuál nos está impidiendo encontrarnos?

Para el catequista: no presente un modelo familiar único. Ayude a distinguir lo esencial de lo ideal y adapte la propuesta a turnos laborales, custodia compartida o situaciones complejas.

Actividad 3

Mirar más allá de las notas

Finalidad catequética: separar el valor personal del resultado sin renunciar a la responsabilidad.

Material: cuatro tarjetas: «alegría», «dificultad», «ayuda» y «siguiente paso».

Cuatro palabras para conversar

Alegría
Dificultad
Ayuda
Siguiente paso

Cómo hacerlo

Cada miembro recuerda una experiencia de aprendizaje y responde mediante las tarjetas: algo que le alegró, algo que le costó, la ayuda recibida y el siguiente paso posible. Los padres pueden hablar de su trabajo o de algo que estén aprendiendo ahora, para que los hijos descubran que la dificultad no desaparece con la edad.

Después se ensayan respuestas familiares a una mala nota. No valen la indiferencia ni la condena. Una respuesta educativa reconoce el sentimiento, pregunta qué ha ocurrido, revisa el esfuerzo, busca los apoyos necesarios y fija una acción proporcionada. Así se mantienen unidas la verdad del resultado y la esperanza.

Microguion para padres: «Esta nota nos dice que algo necesita cambiar, pero no dice quién eres. Vamos a comprenderlo y decidir juntos el siguiente paso».

Microguion para hijos: «Me cuesta hablar de esto, pero necesito que primero me escuchéis y después pensemos qué puedo hacer».

Actividad 4

Nadie se queda atrás

Finalidad catequética: pasar de una compasión genérica a una respuesta respetuosa ante una necesidad educativa concreta.

Material: Ficha gráfica 5 con situaciones escolares.

Ficha 5 · Nadie se queda atrás · Anverso

Tarjetas recortables Nadie se queda atrás con situaciones escolares

Leer la situación

Leed una tarjeta: un alumno nuevo come solo; una compañera no puede comprar todo el material; alguien recibe burlas al leer; un niño falta con frecuencia porque su familia atraviesa dificultades; un compañero pide copiar la tarea. Cada caso exige distinguir entre ayudar, invadir, encubrir o humillar.

1. ¿Qué necesita realmente esta persona?

2. ¿Qué puedo hacer yo?

3. ¿Qué debe comunicarse a un adulto responsable?

La ayuda cristiana no sustituye al otro ni oculta problemas graves. Busca acompañar y abrir posibilidades respetando su dignidad.

Clave: ayudar con los deberes no significa hacerlos; acompañar a quien sufre acoso no significa afrontar solos una situación que requiere adultos.

Compromiso: elegid una acción discreta y realizable para la primera semana del curso.

Actividad 5

Nuestro pacto educativo familiar

Finalidad catequética: convertir «centrarse, acoger e implicarse» en responsabilidades diferenciadas para padres e hijos.

Material: Ficha gráfica 3.

Ficha 3 · Nuestro pacto

Ficha Nuestro pacto educativo familiar

Tres verbos, responsabilidades concretas

Centrarnos: escribid cómo recordaréis que la persona vale más que el resultado.
Acoger: formulad una norma de escucha.
Implicarnos: cada miembro anota una responsabilidad propia que no delegará en los demás.

El pacto debe contener pocos compromisos y una fecha de revisión. No es un contrato para acusarse, sino un instrumento para volver al propósito común cuando aparezcan tensiones. Firmarlo significa aceptar una corresponsabilidad adecuada a cada edad.

Ejemplo de los padres: «Escucharemos la explicación antes de sacar conclusiones y hablaremos con respeto de profesores y compañeros».

Ejemplo de los hijos: «Anotaré mis tareas, pediré ayuda a tiempo y diré la verdad cuando no haya cumplido».

Actividad 6

El mapa de nuestro curso

Finalidad catequética: aprender a planificar con esperanza, integrando metas, obstáculos, ayudas, descanso y presencia de Dios.

Material: Ficha gráfica 4.

Ficha 4 · Mapa del curso

Ficha El mapa de nuestro curso

Dibujar un camino de esperanza

Inspirados en la invitación de León XIV a «diseñar nuevos mapas de esperanza», dibujad un camino. Marcad el punto de partida, dos metas realistas, una dificultad previsible, las personas que pueden ayudar y un lugar de descanso. Añadid un signo que recuerde que Dios acompaña el trayecto.21

El mapa no intenta controlar lo que ocurrirá. Enseña a mirar el curso como una historia abierta en la que se puede discernir y corregir el rumbo. Una meta académica debe acompañarse de otra relacionada con la convivencia, la vida espiritual o el servicio, para que el dibujo exprese un crecimiento verdaderamente integral.

Para compartir: cada miembro explica qué ayuda ha dibujado y cuándo se compromete a pedirla.

Revisión: guardad el mapa y volved a él al final del primer trimestre, no para calificarlo, sino para reconocer lo aprendido y redibujar el camino.

Actividad 7 · Celebración familiar

Bendición de las mochilas

Finalidad catequética: presentar a Dios la vida escolar y reconocer que sus dones deben convertirse en responsabilidad y servicio.

Material: mochilas, Biblia católica, cruz, imagen de san José de Calasanz y Ficha gráfica 6.

Ficha 6 · Bendición de las mochilas

Lámina orante para la bendición de las mochilas

Preparar el signo

Colocad las mochilas abiertas cerca de la Biblia. Dentro puede haber un cuaderno, un libro o el instrumento habitual de trabajo. No se atribuye poder especial a los objetos: el signo expresa que el estudio, las relaciones y las dificultades forman parte de la vida que la familia presenta al Señor.

Bendecir y dejarse bendecir

Después de leer Lucas 2,52, cada padre o adulto coloca brevemente la mano sobre la mochila de un hijo y pide que crezca en sabiduría y en gracia. Los hijos pueden hacer lo mismo con el cuaderno o instrumento de trabajo de los adultos. El gesto concluye reconociendo que toda la familia necesita aprender.

Oración final

Señor, bendice a quienes utilizarán estos materiales. Que aprendan la verdad, practiquen el bien, cuiden a sus compañeros y pongan sus dones al servicio de los demás.

No buscamos un curso perfecto. Buscamos aprender, acompañarnos y volver a empezar juntos cuando sea necesario.

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Parte IV · Escuchar la Palabra

Jesús crecía en sabiduría y en gracia

La lectio divina no es una actividad más ni un examen de comprensión. Es el momento culminante en el que la familia se coloca ante la Palabra y permite que Dios ilumine lo vivido. El relato de Jesús entre los doctores reúne hogar, aprendizaje, preguntas, obediencia, búsqueda y crecimiento. Nos enseña que también el Hijo de Dios quiso recorrer un proceso humano verdadero dentro de una familia.22

Preparad la Biblia en un lugar visible. Apagad otras pantallas, guardad los materiales y dejad un breve silencio. Si hay lectores de distintas edades, se pueden distribuir las voces del narrador, María y Jesús, pero el pasaje se proclamará completo y sin interrupciones.

Palabra de Dios · Lucas 2,41-52

Sus padres solían ir cada año a Jerusalén por la fiesta de la Pascua. Cuando cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre y, cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres. Estos, creyendo que estaba en la caravana, anduvieron el camino de un día y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén buscándolo. Y sucedió que, a los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Todos los que le oían quedaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba. Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre: «Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Tu padre y yo te buscábamos angustiados». Él les contestó: «¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en las cosas de mi Padre?». Pero ellos no comprendieron lo que les dijo. Él bajó con ellos y fue a Nazaret y estaba sujeto a ellos. Su madre conservaba todo esto en su corazón. 52 Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres.

Lucas 2, 41-5223

1. Entrar en silencio

Respirad con calma y reconoced que Dios ya está presente. No venimos a demostrar lo que sabemos, sino a recibir una palabra. Un adulto puede encender una luz eléctrica suave o situar la Biblia en el centro; el signo debe conducir a la escucha y no competir con ella.

Espíritu Santo, abre nuestra inteligencia y nuestro corazón. Enséñanos a escuchar a Jesús y a dejarnos formar por Él.

2. Lectura: ¿qué dice el texto?

María y José peregrinan cada año a Jerusalén. Jesús permanece allí, ellos lo buscan con angustia y, después de tres días, lo encuentran escuchando y preguntando entre los maestros. El relato no oculta la incomprensión de sus padres ni la respuesta misteriosa del muchacho; concluye mostrando su regreso a Nazaret, su obediencia y su crecimiento.

Fijaos en los verbos: subir, volver, buscar, encontrar, escuchar, preguntar, bajar, vivir sujeto y crecer. La escena no está inmóvil. Jesús aprende y dialoga, pero también vuelve a la vida escondida. El Evangelio une la apertura a las grandes preguntas con la fidelidad a lo cotidiano.

Observamos: ¿qué personajes buscan?, ¿quiénes escuchan?, ¿qué no comprenden todavía?, ¿qué cambia al final del pasaje?

3. Meditación: ¿qué nos dice Dios?

Jesús «crecía en sabiduría, en estatura y en gracia». El crecimiento cristiano no se reduce a acumular contenidos. Incluye cuerpo, inteligencia, relación con Dios y relación con los demás. La educación familiar participa humildemente en este proceso: acompaña una vida que pertenece a Dios y que no puede poseerse.

María conserva lo sucedido en su corazón. No recibe una explicación que elimine inmediatamente toda inquietud; aprende a guardar, observar y esperar. Esta actitud puede iluminar a los padres cuando un hijo entra en una etapa nueva, formula preguntas difíciles o no responde al ritmo previsto. Acompañar exige presencia, discernimiento y paciencia.

Para los hijos: ¿qué estoy aprendiendo sobre mí mismo, sobre los demás y sobre Dios?

Para los padres: ¿qué necesito guardar y acompañar sin pretender resolverlo inmediatamente?

Para todos: ¿en qué aspecto quiere Jesús que crezcamos durante este curso?

4. Oración: ¿qué respondemos?

Cada miembro pronuncia una petición o acción de gracias nacida del texto. No hace falta comentar la oración del otro. Podemos dar gracias por una capacidad, pedir luz ante una decisión o presentar a alguien que necesita apoyo para estudiar.

Respuesta común: Jesús, crece en nosotros.

Después de cada intervención, todos responden lentamente: «Jesús, crece en nosotros».

5. Contemplación: permanecer con Jesús

Imaginad por un momento el regreso a Nazaret. No hay aplausos ni grandes escenarios: hay camino, hogar, tareas, aprendizaje y años de vida compartida. Jesús santifica el crecimiento cotidiano desde dentro. Permaneced un minuto en silencio ante esta verdad.

Si una frase queda resonando, no es necesario explicarla. La contemplación permite que la Palabra descienda desde la comprensión hasta el corazón y disponga la voluntad. Lo aprendido durante la catequesis se entrega ahora a la acción paciente de Dios.

6. Compromiso: crecer durante el curso

Cada participante completa una sola frase: «Con la ayuda de Jesús, esta semana creceré en…». El compromiso debe formular una acción que pueda reconocerse: preparar el trabajo a tiempo, escuchar sin interrumpir, pedir ayuda, rezar antes de estudiar o acercarse a una persona sola.

Guardad los compromisos junto al pacto familiar. Al revisarlos, no preguntéis únicamente si se cumplieron; preguntad también qué habéis aprendido al intentarlo. La vida cristiana crece mediante respuestas pequeñas sostenidas por la gracia.

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Parte V · Responder a Dios

Ponemos el nuevo curso en tus manos

Las siguientes oraciones pueden rezarse juntas o distribuirse durante los primeros días de clase. Conviene dejar que padres e hijos pronuncien las que les corresponden. La oración común no borra las responsabilidades diferentes; las reúne ante Dios y pide que cada uno pueda vivirlas con amor.

1. Oración de los hijos

Jesús, Maestro bueno, acompáñame en este curso. Dame curiosidad para aprender, constancia para trabajar y humildad para pedir ayuda. Enséñame a decir la verdad, a cuidar a mis compañeros y a no utilizar mis capacidades para sentirme superior. Cuando me equivoque, ayúdame a reconocerlo y volver a empezar. Amén.

2. Oración de los padres

Padre bueno, nos has confiado estos hijos, que son tuyos antes que nuestros. Danos paciencia para acompañarlos, claridad para poner límites y ternura para recibir sus temores. Líbranos de compararlos y de buscar en sus logros nuestra propia satisfacción. Enséñanos a reconocer sus dones y a permanecer cerca cuando encuentren dificultades. Amén.

3. Oración por maestros, profesores y catequistas

Señor Jesús, bendice a quienes enseñan. Concédeles competencia, fortaleza, capacidad de escucha y una mirada que descubra las posibilidades de cada alumno. Sosténlos en el cansancio, ayúdalos a trabajar en comunión con las familias y haz que su testimonio confirme la verdad de sus palabras. Amén.

4. Oración por los compañeros

Señor, mira a quienes empiezan el curso con miedo, llegan a un lugar desconocido, sufren burlas o creen que nadie los necesita. Haznos atentos para reconocerlos, respetuosos para acercarnos y valientes para pedir ayuda a un adulto cuando sea necesario. Que nadie quede solo junto a nosotros. Amén.

5. Oración por los niños sin escuela

Dios de justicia y misericordia, te presentamos a los niños privados de escuela, material, seguridad o maestros. Mueve a tu Iglesia y a toda la sociedad para abrir caminos de educación digna. Que sepamos compartir nuestros bienes, defender sus derechos y reconocer en ellos a miembros de nuestra propia familia humana. Amén.

6. Oración en los momentos difíciles

Jesús, cuando el cansancio, el suspenso o el conflicto nos hagan pensar que todo está perdido, recuérdanos la paciencia de san José de Calasanz. Danos serenidad para mirar la verdad, humildad para aceptar ayuda y esperanza para dar el siguiente paso. Que una dificultad no nos defina ni nos separe. Amén.

7. Oración a san José de Calasanz

San José de Calasanz, padre y maestro de los pequeños,

enséñanos a unir piedad y letras, oración y estudio, verdad y caridad. Ayuda a nuestras familias a educar con paciencia, a nuestras escuelas a poner a la persona en el centro y a nuestros hijos a crecer en sabiduría y en gracia. Intercede especialmente por los niños pobres, solos o rechazados, para que encuentren puertas abiertas y personas dispuestas a acompañarlos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

8. Bendición y envío familiar

Padres: Señor, enséñanos a educar con paciencia.

Hijos: Señor, ayúdanos a aprender con alegría.

Educadores y catequistas: Señor, danos una mirada que anime y una inteligencia que discierna.

Todos: Haz que en nuestra familia la piedad y las letras caminen siempre juntas. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

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Crecer juntos durante todo el curso

Cuando termine el primer día, la mochila volverá a casa con nuevos papeles, historias y quizá alguna preocupación. La catequesis no habrá cumplido su misión si queda archivada como una preparación bonita. Necesita prolongarse en el modo de preguntar, corregir, estudiar, descansar y recibir a quien encuentra dificultades.

San José de Calasanz abrió una escuela porque dejó que la realidad de unos niños cambiara sus planes. Su testimonio invita a comenzar el curso con esa misma disponibilidad. Allí donde la familia pone a la persona en el centro, une fe y cultura, acompaña al débil y confía en Dios, la educación se convierte en esperanza para toda la vida.

Otros recursos de Catequesis en Familia

San José de Calasanz, fundador de las escuelas cristianas · Biografía extensa publicada en Catequesis en Familia.

Si hay oración, la educación camina · Testimonio escolapio sobre oración, infancia y educación.

Notas

  1. La fórmula calasancia procede de las Constituciones: la educación desde la infancia en piedad y letras permite esperar un curso feliz de toda la vida. Cf. Padres Escolapios, «Calasanz».
  2. Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, núms. 355–357; León XIV, Diseñar nuevos mapas de esperanza, 5.1.
  3. Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, núms. 2221–2231; León XIV, Diseñar nuevos mapas de esperanza, 5.3.
  4. Cf. Congregación para la Educación Católica, La escuela católica en los umbrales del tercer milenio, 9–10.
  5. Cf. Padres Escolapios, «Calasanz». La fuente explica «piedad y letras» como «fe y cultura».
  6. León XIV, Dilexi te, 68–72, especialmente 69.
  7. León XIV, Dilexi te, 104.
  8. Francisco, Mensaje al Prepósito General de los escolapios sobre el Pacto educativo global, 15 de octubre de 2020.
  9. Curia General de los Padres Escolapios, «Si hay oración, la educación camina».
  10. Cf. Guillermo Mirecki, «San José de Calasanz, fundador de las escuelas cristianas», Catequesis en Familia. Existen diferencias documentales sobre el año de nacimiento, situado en 1557 o 1558 según las fuentes.
  11. Mirecki, «San José de Calasanz».
  12. Para el itinerario sacerdotal y el viaje a Roma, cf. Mirecki, «San José de Calasanz».
  13. Francisco, Discurso a los miembros de la Familia Calasancia, 28 de noviembre de 2024.
  14. Padres Escolapios, «Calasanz».
  15. León XIV, Dilexi te, 69; Padres Escolapios, «Calasanz».
  16. Padres Escolapios, «Calasanz».
  17. León XIV, Diseñar nuevos mapas de esperanza, 5.2.
  18. Padres Escolapios, «Calasanz». Algunas fuentes resumen la aprobación como Orden en 1621 y otras distinguen entre constituciones de 1621 y aprobación definitiva en 1622; el texto adopta esta última precisión.
  19. Cf. Mirecki, «San José de Calasanz». En catequesis conviene evitar explicaciones simplistas o descripciones morbosas de las enfermedades y culpas de los implicados.
  20. Padres Escolapios, «Calasanz».
  21. León XIV, Diseñar nuevos mapas de esperanza, 1.1 y 11.
  22. Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, núms. 531–534, sobre la vida oculta de Jesús y el hallazgo en el Templo.
  23. Conferencia Episcopal Española, Sagrada Biblia. Versión oficial de la Conferencia Episcopal Española, Lc 2,41-52.

Fuentes y bibliografía

Sagrada Escritura y doctrina de la Iglesia

Conferencia Episcopal Española. Sagrada Biblia. Versión oficial de la Conferencia Episcopal Española.

Iglesia Católica. Catecismo de la Iglesia Católica.

Magisterio sobre educación, familia y pobres

Congregación para la Educación Católica. La escuela católica en los umbrales del tercer milenio. 28 de diciembre de 1997.

Francisco. «Mensaje al Prepósito General de los escolapios sobre el Pacto educativo global». 15 de octubre de 2020.

Francisco. «Discurso a los miembros de la Familia Calasancia». 28 de noviembre de 2024.

León XIV. Dilexi te. 4 de octubre de 2025.

León XIV. Diseñar nuevos mapas de esperanza. 27 de octubre de 2025.

León XIV. «Discurso a la Asamblea Plenaria del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida». 6 de febrero de 2026.

Fuentes calasancias y biográficas

Mirecki, Guillermo. «San José de Calasanz, fundador de las escuelas cristianas». Catequesis en Familia.

Padres Escolapios. «Calasanz».

Curia General de los Padres Escolapios. «Si hay oración, la educación camina». Catequesis en Familia.

Las imágenes y la maquetación de este documento se han realizado con herramientas de inteligencia artificial.
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