Dibujos para colorear y aprender la vida de la Virgen María

Dibujos para colorear y aprender la vida de la Virgen María

Os presentamos 24 láminas que muestran la vida completa de la Virgen María para realizar una catequesis en grupos grandes de niños. Que cada niño coloree una lámina y al terminar todos, colocados en orden, lean cada uno el texto de su dibujo y de esta manera reciten la vida de Nuestra Señora para que todo el grupo lo aprenda.

También se puede hacer un libro de dibujo con todas las láminas y que cada niño individualmente lo vaya coloreando sin prisas.

Nota: podéis obtener las imágenes en tamaño real pulsando directamente sobre el título o la imagen de cada capítulo.

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– DIBUJOS PARA COLOREAR LA VIDA DE LA VIRGEN MARÍA –


Vida María 1

Vida María 2

Vida María 3

Vida María 4

Vida Virgen María 1 Vida María 2 Vida María 3 Vida María 4

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Vida María 5

Vida María 6

Vida María 7

Vida María 8

Vida María 5 Vida María 6 Vida María 3 Vida María 8

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Vida María 9

Vida María 10

Vida María 11

Vida María 12

Vida María 9 Vida María 10 Vida María 11 Vida María 12

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Vida María 13

Vida María 14

Vida María 15

Vida María 16

Vida María 13 Vida María 14 Vida María 15 Vida María 16

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Vida María 17

Vida María 18

Vida María 19

Vida María 20

Vida María 17 Vida María 18 Vida María 19 Vida María 20

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Vida María 21

Vida María 22

Vida María 23

Vida María 24

Vida María 21 Vida María 22 Vida María 23 Vida María 24

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Dinámica original en el portal web Florida Center for Peace

Una gran devota de Nuestra Señora de Luján

Una gran devota de Nuestra Señora de Luján

En la historia de la Virgen de Luján hay una mujer que desempeña un papel excepcional: Doña Ana de Matos y Encinas.

¿Quién era?

En el testamento ella misma da sus datos personales:

«Yo, Doña Ana de Matos y Encinas, viuda del sargento mayor Marcos de Sequeira, natural de la Ciudad de Córdoba, en la provincia del Tucumán, hija legítima del Capitán Lázaro de Matos y de doña Francisca de Encinas, vecinos que fueron de dicha ciudad de Córdoba, y yo al presente de esta en Santísima Trinidad, Puerto de Buenos Aires, estando en mi entero juicio y entendimiento,! creyendo como creo verdaderamente en todo lo que tiene, confiesa, enseña y predica Nuestra! Madre Iglesia Católica, Romana, en cuya fe y creencia he vivido y quiero morir, otorgo mi testamento».

Era ella una mujer muy capaz; hace su testamento diciendo de dónde viene, quién es, dónde vive, que vivió en la fe católica y que quiere morir en la fe católica.

Se casó el 5 de marzo de 1630, para el mes en que llega la Virgen de Luján a Buenos Aires. Su esposo era, en aquella época, uno de los vecinos más ricos y nombrados de la ciudad de Buenos Aires; sirvió al Rey en cargos de importancia; en Buenos Aires fue Alcalde Ordinario. Recibió mercedes de tierras; entre ellas, en Arrecifes y en Luján. Falleció el 15 de diciembre de 1643. Ana de Matos Quedó viuda, pero volvió a casarse v tuvo tres hijos: Juan Bautista, Gregorio y María.


Virgen de LujánDevota de la Virgen

Los documentos también nos hablan del papel singular que le toca a esta mujer en la historia de Luján. Es muy importante porque ella es la que cuenta esta historia -de la cual fue contemporánea- al primer historiador de la Virgen, el padre mercedario Pedro Nolasco de Santa María. Este padre mercedario en 1737 relata lo sucedido de esta manera:

«Por ser mucha la frecuencia de devotos, que acudían, movidos de sus muchos milagros -los de la Virgen- y no tener en dicha estancia de Rosendo dónde albergarse, pidió una señora, a quien yo conocí, llamada Doña Ana de Matos, le diesen dicha Imagen de Nuestra Señora, que la llevaría a su hacienda, que estaba en dicho río Luján; y con efecto se la dejaron llevar, y colocola en un Oratorio, también pequeño, donde conocí a dicha imagen».

Y de allí también le viene el conocimiento al otro historiador de la Virgen, Francisco José Maqueda, que en 1812 escribe:

«Padecían los peregrinos algún desconsuelo por no haber en aquel paraje casa, ni rancho donde poderse hospedar y frecuentar las visitas. Deseosa de remediar esta necesidad y ansiosa de que se aumentasen los cultos a la Purísima Madre, cierta señora llamada Doña Ana de Matos, viuda que era del sargento mayor don Marcos de Sequeira, pidió al heredero del dicho Rosendo, le concediese dicha imagen, asegurándole la cuidaría y le haría Capilla en su estancia. No tuvo mucha dificultad en condescender a la propuesta el Maestro Oramas, porque se persuadía que los concurrentes a la Capilla le robaban el ganado de la estancia, y dicha señora Doña Ana correspondió agradecida en darle alguna gratificación, no menos que doscientos pesos. Llevose, pues, la Santa Imagen a su casa, y colocola en un cuarto decente con ánimo de edificarle en breve Capilla pública».

Ana de Matos cumplió con su promesa de levantarle capilla. Así lo afirma el historiador Santa María:

«Se pusieron a fabricar la Capilla, como en efecto fabricaron la que hasta hoy permanece, y haciendo dicha señora Doña Ana de Matos donación de la tierra, que constará de sus instrumentos».

Todo esto lo podemos confirmar con el testimonio de la misma Ana de Matos. Efectivamente, en su testamento relata el hecho, y con mayor amplitud lo hace en la escritura de donación de tierras, que felizmente pudo ser descubierta no hace mucho tiempo, entre los protocolos del Archivo General de la Nación. Allí se lee:

«Porque he tenido y tengo mucho amor y devoción a la advocación de Nuestra Señora de Limpia Concepción y a su Santa Imagen, que ha estado colocada en las tierras de dicha mi estancia de Luján, en Capilla separada, la cual se ha determinado fabricar de nuevo con más decencia y capacidad, y para que con fervor y perpetua permanencia pueda conseguirse lo referido, otorgo a dicha Santa Imagen el sitio que necesitare para fábrica de dicha su Capilla, con más una cuadra de sitio en contorno a ella, y asimismo le hago donación de un cuarto de legua de tierras sobre el dicho río de la otra banda, para que las sementeras y lo demás que fuere conveniente para la conservación y aumento de este Santuario; porque así es mi voluntad. Y esta donación hago con calidad y condición de que dicha Capilla y la Santa Imagen ha de estar perpetuamente en dichas tierras de mi estancia de Luján, y en caso que suceda el trasmutar dicha Santa Imagen a otro paraje, es mi voluntad que quede revocada esta donación de tierras, y entren en su derecho mis herederos, cobrando asimismo la dicha Santa Imagen de Nuestra Señora de la Limpia Concepción, respecto de haberla adquirido con mi dinero, de mano del Maestro Juan de Oramas Filiano, Cura Rector que al presente es de esta ciudad».

La escritura está fechada el 2 de octubre de 1682.

Gracias a la generosidad de Doña Ana de Matos hemos conocido a la Virgen de Luján miles de devotos. Ya desde niños aprendimos a amarla y reconocemos tantas gracias que nos ha hecho a nosotros. De manera especial quiero decir que aún siendo seminarista siempre le pedí a Ella la gracia de poder orientar muchas vocaciones. Por eso, las vocaciones, el que podamos tener tantas vocaciones, es una gracia que le atribuyo a la Virgen de Luján.

Es digno destacar la previsión de esta mujer. Tantas veces se hace el bien, pero no se hace «bien» el bien. Ella podría haber donado, por ejemplo, y no poner el cargo, entonces se le podría haber ocurrido a lo mejor a algún obispo o a algún sacerdote llevar la imagen de la Virgen de Luján;! a Buenos Aires o a otro lugar. Pero ella, era una mujer previsora. La Imagen debería quedarse en esas tierras.

Aprendamos de ella a vivir de tal manera que podamos morir bien. Murió recibiendo los sacramentos. El 16 de setiembre de 1697 hacía doña Ana de Matos su testamento, que firma de puño y letra, a pesar de estar en una edad muy avanzada. Solicita en este testamento la mediación de María Santísima, su Madre, para alcanzar la salvación, e invoca por intercesores la protección de Santa Ana, su patrona; del Ángel de la Guardia, del arcángel San Miguel, y la de los Santos Pedro y Pablo, con los demás de la Corte Celestial y pide humildemente que su cuerpo «sea sepultado en la Iglesia del Seráfico Patriarca San Francisco con el hábito y mortaja de su Orden, y sepultado en la Capilla Mayor en la parte y lugar donde fue enterrado mi marido Marcos del Sequeira».

Pidamos en la fiesta de Nuestra Señora de Luján, por Argentina. Ella es la Patrona. A Ella ha sido consagrada la Patria argentina de manera solemne años atrás por un presidente de la Nación que actuó como cabeza de la sociedad civil.

De tal manera que, a pesar de los grandes problemas que tiene nuestra Patria, siempre hay una luz encendida: ¡la consagración a la Santísima Virgen! Y también demos gracias a Dios por todas las bendiciones que nos ha concedido por medio de la Virqen de Luján.

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Enlace al artículo original


La hija de la Virgen María

La hija de la Virgen María

A la entrada de un extenso bosque vivía un leñador con su mujer y un solo hijo, que era una niña de tres años de edad; pero eran tan pobres que no podían mantenerla, pues carecían del pan de cada día. Una mañana fue el leñador muy triste a trabajar y cuando estaba partiendo la leña, se le presentó de repente una señora muy alta y hermosa que llevaba en la cabeza una corona de brillantes estrellas, y dirigiéndole la palabra le dijo:

—Soy la señora de este país; tú eres pobre miserable; tráeme a tu hija, la llevaré conmigo, seré su madre y tendré cuidado de ella.

El leñador obedeció; fue a buscar a su hija y se la entregó a la señora, que se la llevó a su palacio.

La niña era allí muy feliz: comía bizcochos, bebía buena leche, sus vestidos eran de oro y todos procuraban complacerla.

Cuando cumplió los catorce años, la llamó un día la señora, y la dijo:

—Querida hija mía, tengo que hacer un viaje muy largo; te entrego esas llaves de las trece puertas de palacio, puedes abrir las doce y ver las maravillas que contienen, pero te está prohibido tocar a la decimotercia que se abre con esta llave pequeña; guárdate bien de abrirla, pues te sobrevendrían grandes desgracias.

La joven prometió obedecer, y en cuanto partió la señora comenzó a visitar las habitaciones; cada día abría una diferente hasta que hubo acabado de ver las doce; en cada una se hallaba el sitial de un rey, adornado con tanto gusto y magnificencia que nunca había visto cosa semejante. Llenábase de regocijo, y los pajes que la acompañaban se regocijaban también como ella. No la quedaba ya más que la puerta prohibida, y tenía grandes deseos de saber lo que estaba oculto dentro, por lo que dijo a los pajes que la acompañaban.

—No quiero abrirla toda, mas quisiera entreabrirla un poco para que pudiéramos ver a través de la rendija.

—¡Ah! no dijeron los pajes, sería una gran falta, lo ha prohibido la señora y podría sucederte alguna desgracia. La joven no contestó, pero el deseo y la curiosidad continuaban hablando en su corazón y atormentándola sin dejarla descanso. Apenas se marcharon los pases, dijo para sí:

—Ahora estoy sola, y nadie puede verme.

Tomó la llave, la puso en el agujero de la cerradura y la dio vuelta en cuanto la hubo colocado. La puerta se abrió y apareció, en medio de rayos del más vivo resplandor, la estatua de un rey magníficamente ataviada; la luz que de ella se desprendía la tocó ligeramente en la punta de un dedo y se volvió de color de oro. Entonces tuvo miedo, cerró la puerta muy ligera y echó a correr, pero continuó teniendo miedo a pesar de cuanto hacía y su corazón latía constantemente sin recobrar su calma habitual; y el color de oro que quedó en su dedo no se quitaba a pesar de que todo se la volvía lavarse.

Al cabo de algunos días volvió la señora de su viaje, llamó a la joven y la pidió las llaves de palacio; cuando se las entregaba la dijo:

—¿Has abierto la puerta decimatercera?

—No, la contestó.

La señora puso la mano en su corazón, vio que latía con mucha violencia y comprendió que había violado su mandato y abierto la puerta prohibida. Díjola sin embargo otra vez.

—¿De veras no lo has hecho?

—No, contestó la niña por segunda vez.

La señora miró el dedo, que se había dorado al tocarle la luz; no dudó ya de que la niña era culpable y la dijo por tercera vez:

—¿No lo has hecho?

—No, contestó la niña por tercera vez. La señora la dijo entonces:

—No me has obedecido y has mentido, no mereces estar conmigo en mi palacio.

La joven cayó en un profundo sueño y cuando despertó estaba acostada en el suelo, en medio de un lugar desierto.

Quiso llamar, pero no podía articular una sola palabra; se levantó y quiso huir, mas por cualquiera parte, que lo hiciera, se veía detenida por un espeso bosque que no podía atravesar. En el círculo en que se hallaba encerrada encontró un árbol viejo con el tronco hueco que eligió para servirla de habitación. Allí dormía por la noche, y cuando llovía o nevaba, encontraba allí abrigo. Su alimento consistía en hojas y yerbas, las que buscaba tan lejos como podía llegar.

Durante el otoño reunía una gran cantidad de hojas secas, las llevaba al hueco y en cuanto llegaba el tiempo de la nieve y el frío, iba a ocultarse en él. Gastáronse al fin sus vestidos y se la cayeron a pedazos, teniendo que cubrirse también con hojas. Cuando el sol volvía a calentar, salía, se colocaba al pie del árbol y sus largos cabellos la cubrían como un manto por todas partes. Permaneció largo tiempo en aquel estado, experimentando todas las miserias y todos los sufrimientos imaginables.

Un día de primavera cazaba el rey del país en aquel bosque y perseguía a un corzo; el animal se refugió en la espesura que rodeaba al viejo árbol hueco; el príncipe bajó del caballo, separó las ramas y se abrió paso con la espada. Cuando hubo conseguido atravesar, vio sentada debajo del árbol a una joven maravillosamente hermosa, a la que cubrían enteramente sus cabellos de oro desde la cabeza hasta los pies. La miró con asombro y la dijo:

—¿Cómo has venido a este desierto?

Mas ella no le contestó, pues le era imposible despegar los labios. El rey añadió, sin embargo.

—¿Quieres venir conmigo a mi palacio?

Le contestó afirmativamente con la cabeza. El rey la tomó en sus brazos; la subió en su caballo y se la llevó a su morada, donde la dio vestidos y todo lo demás que necesitaba, pues aun cuando no podía hablar, era tan bella y graciosa que se apasionó y se casó con ella.

Había trascurrido un año poco más o menos, cuando la reina dio a luz un hijo; por la noche, estando sola en su cama, se la apareció su antigua señora, y la dijo así:

—Si quieres contar al fin la verdad, y confesar que abriste la puerta prohibida, te abriré la boca y te volveré la palabra, pero si te obstinas e insistes en el pecado e insistes en mentir, me llevaré conmigo tu hijo recién nacido. Entonces pudo hablar la reina, pero dijo solamente:

—No, no he abierto la puerta prohibida.

La señora la quitó de los brazos su hijo recién nacido y desapareció con él. A la mañana siguiente, como no encontraban el niño, se esparció el rumor entre la servidumbre de palacio de que la reina era ogra y le había matado. Todo lo oía y no podía contestar, pero el rey la amaba con demasiada ternura para creer lo que se decía de ella. Trascurrido un año, la reina tuvo otro hijo; la señora se la apareció de nuevo por la noche y la dijo.

—Si quieres confesar al fin que has abierto la puerta prohibida te volveré a tu hijo, y te desataré la lengua, pero si te obstinas en tu pecado y continúas mintiendo, me llevaré también a este otro hijo.

La reina contestó lo mismo que la vez primera:

—No, no he abierto la puerta prohibida.

La señora cogió a su hijo en los brazos y se le llevó a su morada. Por la mañana cuando se hizo público que el niño había desaparecido también, se dijo en alta voz habérsele comido la reina y los consejeros del rey pidieron que se la procesase; pero la amaba con tanta ternura que les negó el permiso, y mandó no volviesen a hablar más de este asunto bajo pena de la vida.

Al año tercero la reina dio a luz una hermosa niña, y la señora se presentó también a ella durante la noche, y la dijo:

—Sígueme.

La cogió de la mano, la condujo a su palacio, y la enseñó a sus dos primeros hijos, que la conocieron y jugaron con ella, y como la madre se alegraba mucho de verlos, la dijo la señora:

—Si quieres confesar ahora que has abierto la puerta prohibida, te volveré a tus dos hermosos hijos.

La reina contestó por tercera vez:

—No, no he abierto la puerta prohibida.

La señora la volvió a su cama, y la tomó su tercera hija. A la mañana siguiente, viendo que no la encontraban, decían todos los de palacio a una voz:

—La reina es ogra, hay que condenarla a muerte.

El rey tuvo en esta ocasión que seguir el parecer de sus consejeros; la reina compareció delante de un tribunal y como no podía hablar ni defenderse, fue condenada a morir en una hoguera. Estaba ya dispuesta la pira, atada ella al palo, y la llama comenzaba a rodearla, cuando el arrepentimiento tocó a su corazón.

—Si pudiera, pensó entre sí, confesar antes de morir que he abierto la puerta…

Y exclamó:

—Sí, señora, soy culpable.

Apenas se la había ocurrido este pensamiento, cuando comenzó a llover y se la apareció la señora, llevando a sus lados los dos niños que la habían nacido primero y en sus brazos la niña que acababa de dar a luz, y dijo a la reina con un acento lleno de bondad:

—Todo el que se arrepiente y confiesa su pecado es perdonado.

La entregó sus hijos, la desató la lengua y la hizo feliz por el resto de su vida.

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Jacob Grimm (autor).

Wilhelm Grimm (coautor).

José S. Viedma (traductor).

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Original en Cervantes virtual


Vida de la Virgen María – Dinámica audiovisual

Vida de la Virgen María – Dinámica audiovisual

Os proponemos la visualización de alguna o de todas estas producciones audiovisuales que enseñan la vida de Nuestra Señora (la última es una narración con fondo musical que bien podéis leer a los niños).

Os recomendamos tener a mano un catecismo infantil para responder posibles preguntas y fijar conocimientos; por ejemplo, el catecismo «Jesús es el Señor» de la Conferencia Episcopal Española dedica el Capítulo 9 exclusivamente a María.

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La Virgen, tu madre

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La Virgen María

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Vida de la Virgen María

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Dibujos para colorear y aprender la vida de san José (II)

Dibujos para colorear y aprender la vida de san José (II)

Os proponemos esta dinámica de catequesis para que los niños aprendan la vida de san José mientras disfrutan coloreando los dibujos. 

Que disfrutéis con las maravillosas ilustraciones y textos del Hermano Roque Miguel Vernaz, religioso de la Congregación de los Cooperadores Parroquiales de Cristo Rey.

Nota: podéis obtener las imágenes en tamaño real pulsando directamente sobre el título o la imagen de cada capítulo.

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Vida de san José VI – La Presentación del Niño en el Templo

Vida de san José VI - La Presentación del Niño en el Templo

José, como buen judío, cumplidor de la Ley y las costumbres, presentó a Jesús en el Templo y presentó como ofrenda un par de tórtolas. Podemos imaginarnos a esa joven pareja con el Niño en brazos, subiendo las gradas del extraordinario Templo, bajo la mirada complacida del Padre Dios. Ese día había mucha gente que iba y venía. Un anciano contemplativo, tomó al Niño con mucha emoción y alabó a Dios diciendo: «Ahora, Señor, puedes dejar que tu servidor muera en paz, como lo has prometido, porque mis ojos han visto al Salvador que preparaste ante todos los pueblos, luz para iluminar a las naciones paganas y gloria de tu pueblo Israel». Después, mirando a la Madre, le dijo: «Y a ti, una espada te atravesará el Corazón». José, emocionado, sintió que esa espada clavaba también su corazón. Toda su vida, de buen esposo, será compartir y aliviar los sufrimientos de María, su esposa, haciéndolos también suyos.



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Vida de san José VII – José huye de noche a Egipto

Vida de san José VII - José huye de noche a Egipto

José se acercó presuroso a María, la despierta diciéndole con voz entrecortada: «Me llamó el Ángel del Señor, y me dijo que debemos huir rápidamente a Egipto, porque Herodes quiere matar al niño». Qué momento difícil para José, ¿qué llevar para el viaje? No tenía nada preparado, había que dejar todo nuevamente (sólo aquellos emigrantes o los que perdieron todo por una inundación, tormenta o terremoto, podrán comprenderlo). A José le latía el corazón con más rapidez que nunca, por miedo al feroz Herodes. Había que salir en silencio, y que nadie los vea, tenían que salvar al Niño. Salió José con prisa y angustia a la cerrada y oscura noche, que hacía todo más negro. Todavía les esperaba un largo camino, lleno de peligros. Peligro de asaltos, peligro de las fieras, peligro de perderse, peligro de morir de sed por no tener suficiente agua para el viaje y a esto se le sumaba la angustia de que el enemigo le siga y le alcance. Para José fue la noche más negra, dura y larga de su vida. Sus humedecidos ojos y sus labios se unían a su corazón repitiendo: «¡Hágase…!».



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Vida de san José VIII – Llegada a Egipto

Vida de san José VIII - Llegada a Egipto

José, el hombre fiel, después de un largo y angustiado viaje, llegó con su familia al desconocido Egipto. Nuevamente sin nada, a la deriva, golpear puertas y recibir negativas, sin techo y sin trabajo. Un extranjero era mal visto y despreciado. ¿Qué hacer? ¿Dónde ir? ¿A quién recurrir?… La Sagrada Familia ha experimentado varias veces, como tantas familias de hoy, en carne propia, lo que es no tener ni techo ni trabajo, dejar su tierra e ir a otro país, con un idioma distinto y con otras costumbres. A pesar de todo, no se dejó abatir por la desolación y siguió adelante, luchando y luchando, hasta que encontró una familia judía que lo recibió en su casa por un tiempo.

José, María y Jesús, por sobre todo, hicieron la maravillosa experiencia de cumplir la voluntad del Padre, abandonados a su paternal providencia.



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Vida de san José IX – El Niño perdido y hallado en el Templo

Vida de san José IX - El Niño perdido y hallado en el Templo

Jesús tenía doce años, sus padres subieron como de costumbre a Jerusalén para la fiesta de la Pascua judía. Acabada la fiesta, José y María regresaron con los otros peregrinos. Al cabo de un día de caminata, al llegar la noche, notan que el Niño no estaba en la caravana, ni con los parientes. ¡Qué angustiosa y dolorosa búsqueda! Otro sufrimiento grande para José. La espada comienza a clavarse en esos dos corazones amantes y fieles. Entonces deciden regresar a Jerusalén. Lo buscan angustiadamente entre sus familiares y amigos. Tres días y tres noches sin dormir y casi sin comer. Sólo el que ha perdido un hijo podrá comprender el sufrimiento y el dolor de José. Al tercer día, después de tanto sufrir y sufrir, lo encontraron en el Templo, entre los doctores y regresaron a su casa, guardando todo esto en su corazón.



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Vida de san José X – La muerte de José

Vida de san José X - La muerte de José

Sus labios cerrados, que fue una de sus grandes virtudes, sus manos encallecidas, descansan como testigos de este hombre que fuera un trabajador incansable. Sus ojos cerrados y colmada ya su esperanza, porque ya habían visto al esperado de todos los tiempos. Sus pies agotados de tanto andar, su corazón quemado de tanto amar, todo él es una ofrenda llena de humildad, de pureza, de servicio y generosidad.

San José, Patrono de la Iglesia universal. En sus letanías, encontramos estas invocaciones: José justísimo, castísimo, prudentísimo, fortísimo, obedientísimo, fidelísimo. Amante de la pobreza, ruega por nosotros. Hacele un lugar en tu corazón a San José y así podrás, imitándolo, llegar a Cristo.

Poné una imagen de San José en tu hogar, él será tu gran intercesor y protector y el de toda tu familia.



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Dibujos para colorear y aprender la vida de san José (I)

Dibujos para colorear y aprender la vida de san José (II)


Dibujos para colorear y aprender la vida de san José (II)

Dibujos para colorear y aprender la vida de san José (I)

Os proponemos esta dinámica de catequesis para que los niños aprendan la vida de san José mientras disfrutan coloreando los dibujos. 

Que disfrutéis con las maravillosas ilustraciones y textos del Hermano Roque Miguel Vernaz, religioso de la Congregación de los Cooperadores Parroquiales de Cristo Rey.

Nota: podéis obtener las imágenes en tamaño real pulsando directamente sobre el título o la imagen de cada capítulo.

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Vida de san José I – José y la aparición del Ángel

Vida de san José I - José y la aparición del Ángel

Éste fue el origen de Jesucristo: María su madre estaba comprometida con José y, cuando todavía no habían vivido juntos, concibió un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era un hombre justo y no quería denunciarla públicamente, resolvió abandonarla en secreto. Mientras pensaba en esto, el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo. Ella dará a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús» (Mt 1, 18-21). José esa noche no durmió más porque, el solo pensar que iba a ser el padre adoptivo, lo llenó de alegría y emoción; la noche parecía que no terminaría nunca. Muy temprano, buscó a María y la llevó a su casa. José, hombre justo que esperaba al Mesías, ya lo tenía con Él.



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Vida de san José II – Edicto del Emperador

Vida de san José II - Edicto del Emperador

Una nueva prueba esperaba a María y a José, éste comunica a María que deben viajar a Belén para ser empadronados. Momento difícil para José, estaba por nacer el Hijo, ¿cómo viajar? Debería dejar su taller, sus clientes, sus amigos y su humilde casita. ¡Qué inoportuno el Emperador! José debía desprenderse de todos, de todo. Como buen carpintero había preparado una cunita con mucho cariño, ilusión y amor, también tuvo que dejarla. ¿Cuándo será? ¿Nacerá en el camino? ¿Llegar a Belén y adónde alojarme? ¿Quién me recibirá con una mujer en ese estado y además sin dinero? Eran éstas y muchas otras preguntas las que se hacía José angustiado por el camino desértico y polvoriento, bajo un sol sofocante que castigaba a José y a María, las duras piedras empezaban a lastimar los pies del fiel y esperanzado José. José, hombre justo, trabajador incansable, amigo de la verdad, dueño de sí, compañero inseparable del silencio y la contemplación, golpeado por la incertidumbre y el dolor. La mano amorosa del Padre los iba conduciendo



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Vida de san José III – José llega a Belén

Vida de san José III - José llega a Belén

Hacia el atardecer, José y María llegan a Belén, después de ese viaje muy largo y peligroso. José empieza a golpear puertas y pedir posada. No hay lugar. Sigue golpeando y no hay respuesta. La noche iba cayendo y las negativas se iban sumando una tras otra y con ellas la angustia de José aumentaba hasta las lágrimas silenciosas que corrían mo-jando la barba del hombre justo que era José. No podía entender que el Hijo del eterno Dios creador de todo, no tenga un lugar digno para nacer. Entonces apresuraba el paso y seguía golpeando con sus manos callosas, sus ojos hundidos por el sueño y el cansancio acumulado. Al final de este peregrinar, unas puertas se le abren, las de un pobre y viejo establo donde dormían los animales. José, un hombre caritati-vo con todos, que nunca había dejado irse sin nada al que le pedía, hoy supo en carne propia, en lo más profundo de su corazón, lo que es la indiferencia. Los sin techo, los que no tienen trabajo pueden comprender más a José en su dolor, en sus angustias y lágrimas, pero detrás de todo al hombre que cree en las promesas del Padre.



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Vida de san José IV – Nacimiento de Jesús

Vida de san José IV - Nacimiento de Jesús

José y María penetran en el lugar donde iban a pasar la noche. El establo no es una hospedería confortable, abrigada y limpia. Había que ponerse manos a la obra, para que aquello que olía mal y estaba todo sucio, se convirtiera en un lugar al menos limpio y ordenado para cobijar al Rey del mundo, al Hijo de Dios y a su Madre. Mientras encendía un pequeño candil, crecía en el corazón de José una luz de esperanza, de paciencia, de fe inquebrantable, apoyada en la promesa del Padre, en el cumplimiento de su voluntad. Pronto, bajo las manos de este humilde carpintero, aquello quedó lo mejor y más limpio posible… El Niño está a punto de nacer. El corazón de José late más fuerte de tanta emoción, y en la oscura y silenciosa noche irrumpió el llanto del divino Niño y su Madre lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre. José, de rodillas, contemplaba en silencio al esperado de todos los tiempos. Lo esperaba el desconsolado Adán, que fue arrojado del Paraíso con toda su descendencia. Lo esperaba Abraham, Padre de la fe; lo esperaba Moisés, errante durante cuarenta años en el desierto; lo esperaba David y todos los suyos. Los animales, al calor de su aliento, contemplaban a su Creador, José y María, a su Redentor.



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Vida de san José V – Visita de los pastores

Vida de san José V - Visita de los pastores

José estaba contemplando al Dios hecho niño por amor a toda la humanidad, de pronto escucha que golpean; José, angus-tiado, se pregunta: ¿será que nos quieren echar de aquí? Sale apresurado, se encuentra con unos pastores, hombres rudos, despreciados por todos, sin cultura, haciendo un trabajo humilde; sus ropas harapientas, su pelo y barba desprolijos, su boca entreabierta por el asombro dejaba ver sus pocos dientes que lo daban a entender todo. José escuchaba emocionado los relatos de esos hombres sencillos: «se nos apareció el Ángel del Señor y la Gloria del Señor nos envolvió con una luz», y nos dijo que hoy, en la ciudad de David, nos ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor. José, con gran alegría, hizo entrar a los pastores, y juntos adoraron al Niño. José empezaba a entender por qué Jesús debía nacer tan pobre, para unirse a los más humildes, y vivir como uno de ellos. Jesús dirá: «Felices los pobres, porque de ellos es el Reino de los Cielos».



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Dibujos para colorear y aprender la vida de san José (I)

Dibujos para colorear y aprender la vida de san José (II)


La dignidad del trabajo – Catequesis del Santo Padre Francisco

La dignidad del trabajo – Catequesis del Santo Padre Francisco

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy, 1 de mayo, celebramos a san José obrero y comenzamos el mes tradicionalmente dedicado a la Virgen. En este encuentro nuestro, quisiera detenerme, con dos breves pensamientos, en estas dos figuras tan importantes en la vida de Jesús, de la Iglesia y en nuestra vida: el primero sobre el trabajo, el segundo sobre la contemplación de Jesús.

En el evangelio de san Mateo, en uno de los momentos que Jesús regresa a su pueblo, a Nazaret, y habla en la sinagoga, se pone de relieve el estupor de sus conciudadanos por su sabiduría, y la pregunta que se plantean: «¿No es el hijo del carpintero?» (13, 55). Jesús entra en nuestra historia, viene en medio de nosotros, naciendo de María por obra de Dios, pero con la presencia de san José, el padre legal que lo protege y le enseña también su trabajo. Jesús nace y vive en una familia, en la Sagrada Familia, aprendiendo de san José el oficio de carpintero, en el taller de Nazaret, compartiendo con él el trabajo, la fatiga, la satisfacción y también las dificultades de cada día.

Esto nos remite a la dignidad y a la importancia del trabajo. El libro del Génesis narra que Dios creó al hombre y a la mujer confiándoles la tarea de llenar la tierra y dominarla, lo que no significa explotarla, sino cultivarla y protegerla, cuidar de ella con el propio trabajo (cf. Gn 1, 28; 2, 15). El trabajo forma parte del plan de amor de Dios; nosotros estamos llamados a cultivar y custodiar todos los bienes de la creación, y de este modo participamos en la obra de la creación. El trabajo es un elemento fundamental para la dignidad de una persona. El trabajo, por usar una imagen, nos «unge» de dignidad, nos colma de dignidad; nos hace semejantes a Dios, que trabajó y trabaja, actúa siempre (cf. Jn 5, 17); da la capacidad de mantenerse a sí mismo, a la propia familia, y contribuir al crecimiento de la propia nación. Aquí pienso en las dificultades que, en varios países, encuentra el mundo del trabajo y de la empresa; pienso en cuantos, y no sólo los jóvenes, están desempleados, muchas veces por causa de una concepción economicista de la sociedad, que busca el beneficio egoísta, al margen de los parámetros de la justicia social.

Deseo dirigir a todos la invitación a la solidaridad, y a los responsables de la cuestión pública el aliento a esforzarse por dar nuevo empuje a la ocupación; esto significa preocuparse por la dignidad de la persona; pero sobre todo quiero decir que no se pierda la esperanza. También san José tuvo momentos difíciles, pero nunca perdió la confianza y supo superarlos, en la certeza de que Dios no nos abandona. Y luego quisiera dirigirme en especial a vosotros muchachos y muchachas, a vosotros jóvenes: comprometeos en vuestro deber cotidiano, en el estudio, en el trabajo, en la relaciones de amistad, en la ayuda hacia los demás. Vuestro futuro depende también del modo en el que sepáis vivir estos preciosos años de la vida. No tengáis miedo al compromiso, al sacrificio, y no miréis con miedo el futuro; mantened viva la esperanza: siempre hay una luz en el horizonte.

Agrego una palabra sobre otra particular situación de trabajo que me preocupa: me refiero a lo que podríamos definir como el «trabajo esclavo», el trabajo que esclaviza. Cuántas personas, en todo el mundo, son víctimas de este tipo de esclavitud, en la que es la persona quien sirve al trabajo, mientras que debe ser el trabajo quien ofrezca un servicio a las personas para que tengan dignidad. Pido a los hermanos y hermanas en la fe y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad una decidida opción contra la trata de personas, en el seno de la cual se cuenta el «trabajo esclavo».

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Santo Padre Francisco: Fiesta de san José Obrero

Audiencia General del miércoles, 1 de mayo de 2013


Karol, el hombre que se convirtió en Papa – Película online

Karol, el hombre que se convirtió en Papa – Película online

Polonia, década de 1930. Karol Wojtyla, de 10 años, tiene sueños, muchos sueños. Uno detrás de otro van haciéndose añicos. Primero por la pérdida de su querida madre y de su hermano. A continuación, por el estallido de la guerra seguido del éxodo de quiénes huían de la muerte. Y por último, por los primeros indicios de persecusión de los judíos. Estos acontecimientos marcarán el inicio de la larga odisea de Karol, de obrero a poeta y profesor. Una odisea llena de encuentros que acabarán llevándole al sacerdocio y, al cabo, en 1978, a convertirse en el hombre que todos conocemos ahora: un hombre que ha marcado una época y que ha hecho historia. Con una extraordinaria banda sonora del repetidamente laureado Ennio Morricone.

Se continúa con la película Karol II: el Papa, el hombre, que también puedes encontrar en este portal.

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Karol, el hombre que se convirtió en Papa, ficha en español IMDb

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Ficha de la película

Título original: Karol, un uomo diventato Papa 

Año: 2005

Duración: 185 min.

País: Italia/Polonia

Director: Giacomo Battiato

Guión: Giacomo Battiato (sobre el libro de Gianfranco Svidercoschi)

Música: Ennio Morricone

Fotografía: Giovanni Mammolotti

Reparto: Piotr Adamczyk, Malgorzata Bela, Ken Duken, Hristo Shopov, Ennio Fantastichini, Violante Placido, Matt Craven, Olgierd Lukaszewicz, Lech Mackiewicz, Kenneth Welsh, Raoul Bova

Productora: Coproducción Italia-Polonia; Taodue Film

Sinopsis: En su juventud, en Polonia bajo la ocupación nazi, Karol Wojtyla trabajó en una cantera de caliza para poder sobrevivir. La represión nazi causó numerosas víctimas no sólo entre los judíos, sino también entre los católicos. Es entonces cuando Karol decide responder a la llamada divina.

Novena a la Divina Misericordia

Novena a la Divina Misericordia

El Viernes Santo empieza la Novena de la Divina Misericordia, cuya fiesta se celebra el domingo siguiente a la Resurrección, pero podemos realizarla en cuakquier época del año.

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Novena a la Divina Misericordia

«En ese día derramaré un mar de gracias sobre las almas que se acercan al manantial de mi misericordia».

El Viernes Santo del año 1937, Jesús le pidió a la Beata Sor Faustina que rezara una novena especial antes de la Fiesta de la Misericordia, desde el Viernes Santo. Él mismo le dictó las intenciones para cada día. Por medio de una oración específica, ella traería a su Corazón a diferentes grupos de almas cada día y las sumergería en el mar de su misericordia. Entonces, suplicaría al Padre, por el poder de la Pasión de Jesús, que les concediera gracias a estas almas.

Celebración de la Fiesta de la Misericordia

Para observar la Fiesta de la Misericordia, debemos:

  1. Celebrar la Fiesta el domingo después de la Pascua de Resurrección.
  2. Arrepentirnos sinceramente de todos nuestros pecados.
  3. Confiar por completo en Jesús.
  4. Confesarnos preferiblemente antes de ese domingo.
  5. Recibir la Santa Comunión el día de la Fiesta.
  6. Venerar (hacer un acto o demostración de profundo respeto religioso hacia ella por la persona a quien representa, en este caso a nuestro Señor Jesucristo) la Imagen de la Divina Misericordia.
  7. Ser misericordioso con los demás a través de nuestras acciones, palabras y oraciones a nombre de ellos.

Deseo

Dijo el Señor a Sor Faustina: Durante esos nueve días lleva a las almas a la fuente de mi misericordia para que saquen fuerzas, alivio y toda gracia que necesiten para afrontar las dificultades de la vida y especialmente en la hora de la muerte. Cada día traerás a mi Corazón a un grupo diferente de almas y las sumergirás en este mar de mi misericordia. Y a todas estas almas yo las introduciré en la casa de mi Padre (…) Cada día pedirás a mi Padre las gracias para estas almas por mi amarga pasión.

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NOVENA A LA DIVINA MISERICORDIA

Se recomienda que se recen las siguientes intenciones y oraciones de la novena junto con la Coronilla de La Divina Misericordia, ya que Nuestro Señor pidió específicamente una novena de Coronillas, especialmente antes de la Fiesta de la Misericordia.

Cómo rezar la Coronilla a la Divina Misericordia (en un rosario común)

1.— Un Padre nuestro.

2.— Un Ave María.

3.— Un Credo de los Apóstoles.

4.— En la cuenta grande antes de cada decena:

Padre Eterno,

te ofrezco

el Cuerpo y la Sangre,

el Alma y la Divinidad

de tu Amadísimo Hijo,

nuestro Señor Jesucristo.

para el perdón de nuestros pecados

y los del mundo entero.

5.— En las diez cuentas pequeñas de cada decena:

Por su dolorosa Pasión,

ten misericordia de nosotros

y del mundo entero.

6.— Al final después de las cinco decenas:

Santo Dios

Santo Fuerte

Santo Inmortal,

ten piedad de nosotros

y del mundo entero.

(tres veces)


PRIMER DÍA

Hoy, tráeme a toda la humanidad y especialmente a todos los pecadores, y sumérgelos en el mar de mi misericordia. De esta forma, me consolarás de la amarga tristeza en que me sume la pérdida de las almas.

Jesús misericordiosísimo, cuya naturaleza es la de tener compasión de nosotros y de perdonarnos, no mires nuestros pecados, sino la confianza que depositamos en tu bondad infinita. Acógenos en la morada de tu Compasivísimo Corazón y nunca los dejes escapar de él. Te lo suplicamos por tu amor que te une al Padre y al Espíritu Santo.

Padre Eterno, mira con misericordia a toda la humanidad y especialmente a los pobres pecadores que están encerrados en el Compasivísimo Corazón de Jesús y por su dolorosa Pasión muéstranos tu misericordia para que alabemos la omnipotencia de tu misericordia por los siglos de los siglos. Amén.

Coronilla de la Divina Misericordia.


SEGUNDO DÍA

Hoy, tráeme a las almas de los sacerdotes y los religiosos, y sumérgelas en mi misericordia insondable. Fueron ellas las que me dieron fortaleza para soportar mi amarga pasión. A través de ellas, como a través de canales, mi misericordia fluye hacia la humanidad.

Jesús Misericordiosísimo, de quien procede todo bien, aumenta tu gracia en nosotros para que realicemos dignas obras de misericordia, de manera que todos aquellos que nos vean, glorifiquen al Padre de misericordia que está en el Cielo.

Padre Eterno, mira con misericordia al grupo elegido de tu viña, a las almas de los sacerdotes y a las almas de los religiosos; otórgales el poder de tu bendición. Por el amor del Corazón de tu Hijo, en el cual están encerradas, concédeles el poder de tu luz para que puedan guiar a otros en el camino de la salvación y a una sola voz canten alabanzas a tu misericordia sin límite por los siglos de los siglos. Amén.

Coronilla de la Divina Misericordia.


TERCER DÍA

Hoy, tráeme a todas las almas devotas y fieles, y sumérgelas en el mar de mi misericordia. Estas almas me consolaron a lo largo del vía crucis. Fueron una gota de consuelo en medio de un mar de amargura.

Jesús Misericordiosísimo, que desde el tesoro de tu misericordia les concedas a todos tus gracias en gran abundancia, acógenos en la morada de tu Compasivísimo Corazón y nunca nos dejes escapar de él. Te lo suplicamos por el inconcebible amor tuyo con que tu Corazón arde por el Padre Celestial.

Padre Eterno, mira con misericordia a las almas fieles como herencia de tu Hijo y por su dolorosa Pasión, concédeles tu bendición y rodéalas con tu protección constante para que no pierdan el amor y el tesoro de la santa fe, sino que con toda la legión de los ángeles y los santos, glorifiquen tu infinita misericordia por los siglos de los siglos. Amén.

Coronilla de la Divina Misericordia.


CUARTO DÍA

Hoy, tráeme a aquellos que no creen en Dios y aquellos que todavía no me conocen. También pensaba en ellos durante mi amarga pasión y su futuro celo consoló mi Corazón. Sumérgelos en el mar de mi misericordia.

Jesús Compasivísimo, que eres la Luz del mundo entero, acoge en la morada de tu Piadosísimo Corazón a las almas de aquellos que no creen en Dios y de aquellos que todavía no te conocen. Que los rayos de tu gracia las iluminen para que también ellas, unidas a nosotros, ensalcen tu misericordia admirable y no las dejes salir de la morada de tu Compasivísimo Corazón.

Padre Eterno, vuelve tu mirada misericordiosa sobre las almas de aquellos que no creen en ti y de los que todavía no te conocen, pero que están encerradas en el Compasivísimo Corazón de Jesús. Atráelas hacia la luz del Evangelio. Estas almas desconocen la gran felicidad que es amarte. Concédeles que también ellas ensalcen la generosidad de tu misericordia por los siglos de los siglos. Amén.

Coronilla de la Divina Misericordia.


QUINTO DÍA

Hoy, tráeme a las almas de los hermanos separados y sumérgelas en el mar de mi misericordia. Durante mi amarga Pasión, desgarraron mi Cuerpo y mi Corazón, es decir, mi Iglesia. Según regresan a la Iglesia, mis llagas cicatrizan y de este modo alivian mi Pasión.

Jesús Misericordiosísimo, que eres la Bondad Misma, tú no niegas la luz a quienes te la piden. Acoge en la morada de tu Compasivísimo Corazón a las almas de nuestros hermanos separados y llévalas con tu luz a la unidad con la Iglesia y no las dejes escapar de la morada de tu Compasivísimo Corazón, sino haz que también ellas glorifiquen la generosidad de tu misericordia.

Padre Eterno, mira con misericordia a las almas de nuestros hermanos separados, especialmente a aquellos que han malgastado tus bendiciones y han abusado de tus gracias por persistir obstinadamente en sus errores. No mires sus errores, sino el amor de tu Hijo y su amarga Pasión que sufrió por ellos, ya que también ellos están encerrados en el Compasivísimo Corazón de Jesús. Haz que también ellos glorifiquen tu gran misericordia por los siglos de los siglos. Amén.

Coronilla de la Divina Misericordia.


SEXTO DÍA

Hoy, tráeme a las almas mansas y humildes y las almas de los niños pequeños y sumérgelas en mi misericordia. Estas son las almas más semejantes a mi Corazón. Ellas me fortalecieron durante mi amarga agonía. Las veía como ángeles terrestres que velarían al pie de mis altares. Sobre ellas derramo torrentes enteros de gracias. Solamente el alma humilde es capaz de recibir mi gracia; concedo mi confianza a las almas humildes.

Jesús Misericordiosísimo, tú mismo has dicho: «»Aprended de mí que soy manso y humilde de Corazón«». Acoge en la morada de tu Compasivísimo Corazón a las almas mansas y humildes y a las almas de los niños pequeños. Estas almas llevan a todo el cielo al éxtasis y son las preferidas del Padre Celestial. Son un ramillete perfumado ante el trono de Dios, de cuyo perfume se deleita Dios mismo. Estas almas tienen una morada permanente en tu Compasivísimo Corazón y cantan sin cesar un himno de amor y misericordia por la eternidad.

Padre Eterno, mira con misericordia a las almas de los niños pequeños que están encerradas en el Compasivísimo Corazón de Jesús. Estas almas son las más semejantes a tu Hijo. Su fragancia asciende desde la tierra y alcanza tu trono. Padre de misericordia y de toda bondad, te suplico por el amor que tienes por estas almas y el gozo que te proporcionan, bendice al mundo entero para que todas las almas canten juntas las alabanzas de tu misericordia por los siglos de los siglos. Amén.

Coronilla de la Divina Misericordia.


SÉPTIMO DÍA

Hoy, tráeme a las almas que veneran y glorifican mi misericordia de modo especial y sumérgelas en mi misericordia. Estas almas son las que más lamentaron mi Pasión y penetraron más profundamente en mi Espíritu. Ellas son un reflejo viviente de mi Corazón compasivo. Estas almas resplandecerán con una luz especial en la vida futura. Ninguna de ellas irá al fuego del infierno. Defenderé de modo especial a cada una en la hora de la muerte.

Jesús Misericordiosísimo, cuyo Corazón es el Amor mismo, acoge en la morada de tu Compasivísimo Corazón a las almas que veneran y ensalzan de modo particular la grandeza de tu misericordia. Estas almas son fuertes con el poder de Dios mismo. En medio de toda clase de aflicciones y adversidades siguen adelante confiadas en tu misericordia y unidas a ti, ellas cargan sobre sus hombros a toda la humanidad. Estas almas no serán juzgadas severamente, sino que tu misericordia las envolverá en la hora de la muerte.

Padre Eterno, mira con misericordia a aquellas almas que glorifican y veneran tu mayor atributo, es decir, tu misericordia insondable y que están encerradas en el compasivísimo Corazón de Jesús. Estas almas son un Evangelio viviente, sus manos están llenas de obras de misericordia y sus corazones desbordantes de gozo cantan a ti, oh Altísimo, un canto de misericordia. Te suplico, oh Dios, muéstrales tu misericordia según la esperanza y la confianza que han puesto en ti. Que se cumpla en ellas la promesa de Jesús quien les dijo que: «a las almas que veneren esta infinita misericordia mía, yo Mismo las defenderé como mi gloria durante sus vidas y especialmente en la hora de la muerte». Amén.

Coronilla de la Divina Misericordia.


OCTAVO DÍA

Hoy, tráeme a las almas que están detenidas en el purgatorio y sumérgelas en el abismo de mi misericordia. Que los torrentes de mi Sangre refresquen el ardor del Purgatorio. Todas estas almas son muy amadas por mí. Ellas cumplen con el justo castigo que se debe a mi Justicia. Está en tu poder llevarles el alivio. Haz uso de todas las indulgencias del tesoro de mi Iglesia y ofrécelas en su nombre. Oh, si conocieras los tormentos que ellas sufren ofrecerías continuamente por ellas las limosnas del espíritu y saldarías las deudas que tienen con mi Justicia.

Jesús Misericordiosísimo, tú mismo has dicho que deseas la misericordia, he aquí que yo llevo a la morada de tu Compasivísimo Corazón a las almas del Purgatorio, almas que te son muy queridas, pero que deben pagar su culpa adecuada a tu Justicia. Que los torrentes de Sangre y Agua que brotaron de tu Corazón, apaguen el fuego del Purgatorio para que también allí sea glorificado el poder de tu misericordia.

Padre Eterno, mira con misericordia a las almas que sufren en el Purgatorio y que están encerradas en el Compasivísimo Corazón de Jesús. Te suplico por la dolorosa Pasión de Jesús, tu Hijo, y por toda la amargura con la cual su Sacratísima Alma fue inundada, muestra tu misericordia a las almas que están bajo tu justo escrutinio. No las mires sino a través de las heridas de Jesús, tu amadísimo Hijo, ya que creemos que tu bondad y tu compasión no tienen límites. Amén.

Coronilla de la Divina Misericordia.


NOVENO DÍA

Hoy, tráeme a las almas tibias y sumérgelas en el abismo de mi misericordia. Estas almas son las que más dolorosamente hieren mi Corazón. A causa de las almas tibias, mi alma experimentó la más intensa repugnancia en el Huerto de los Olivos. A causa de ellas dije: Padre, aleja de mí este Cáliz, si es tu voluntad. Para ellas, la última tabla de salvación consiste en recurrir a mi misericordia.

Jesús Misericordiosísimo, que eres la compasión misma, te traigo a las almas tibias a la morada de tu Piadosísimo Corazón. Que estas almas heladas que se parecen a cadáveres y te llenan de gran repugnancia se calienten con el fuego de tu amor puro. Oh Jesús Compasivísimo, ejercita la omnipotencia de tu misericordia y atráelas al mismo ardor de tu amor y concédeles el amor santo, porque tú lo puedes todo.

Padre Eterno, mira con misericordia a las almas tibias que, sin embargo, están encerradas en el Piadosísimo Corazón de Jesús. Padre de la Misericordia, te suplico por la amarga Pasión de tu Hijo y por su agonía de tres horas en la cruz, permite que también ellas glorifiquen el abismo de tu misericordia. Amén.

Coronilla de la Divina Misericordia.

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