Alabaster Box – CeCe Winans

Alabaster Box – CeCe Winans

Un fariseo invitó a Jesús a comer con él. Jesús entró en la casa y se sentó a la mesa. Entonces una mujer pecadora que vivía en la ciudad, al enterarse de que Jesús estaba comiendo en casa del fariseo, se presentó con un frasco de perfume. Y colocándose detrás de él, se puso a llorar a sus pies y comenzó a bañarlos con sus lágrimas; los secaba con sus cabellos, los cubría de besos y los ungía con perfume. Al ver esto, el fariseo que lo había invitado pensó: «Si este hombre fuera profeta, sabría quién es la mujer que lo toca y lo que ella es: ¡una pecadora!». Pero Jesús le dijo: «Simón, tengo algo que decirte». «Di, Maestro!, respondió él. «Un prestamista tenía dos deudores: uno le debía quinientos denarios, el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar, perdonó a ambos la deuda. ¿Cuál de los dos amará más?». Simón contestó: «Pienso que aquel a quien perdonó más». Jesús le dijo: «Has juzgado bien». Y volviéndose hacia la mujer, dijo de Simón: «¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y tú no derramaste agua sobre mis pies; en cambio, ella los bañó con sus lágrimas y los secó con sus cabellos. Tú no me besaste; ella, en cambio, desde que entré, no cesó de besar mis pies. Tú no ungiste mi cabeza; ella derramó perfume sobre mis pies. Por eso te digo que sus pecados, sus numerosos pecados, le han sido perdonados porque ha demostrado mucho amor. Pero aquel a quien se le perdona poco, demuestra poco amor». Después dijo a la mujer: «Tus pecados te son perdonados». Los invitados pensaron: «¿Quién es este hombre, que llega hasta perdonar los pecados?». Pero Jesús dijo a la mujer: «Tu fe te ha salvado, vete en paz».

Evangelio según san Lucas, Lc 7, 36-50

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Dios perdona todo a quien tiene mucho amor… Os presentamos esta maravillosa canción gospel de CeCe Winans que relata el pasaje evangélico que acabamos de leer.

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Alabaster box

Página web oficial de CeCe Winans

Facebook oficial de CeCe Winans

Letra y acordes

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Alabaster box (versión con una bonita reproducción audiovisual)

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Alabaster box – Letra original en inglés

The room grew still

as she made her way to jesus

she stumbled through the tears

that make her blind

she felt such pain

some spoke in anger

heard folks whisper

there’s no place here for her kind

Still on she came

through the shame that flushed her face

until at last she knelt before his feet

and though she spoke no words

everything she said was heard

as she poured her love for the master

from her box of alabaster

Chorus

and i’ve come to pour

my praise on him like oil

from mary’s alabaster box

don’t be angry if i wash his feet with my tears

and i dry them with my hair

you weren’t there the night he found me

you did not feel what i felt

when he wrapped his loving arms around me

and you don’t know the cost

of the oil in my alabaster box

I can’t forget the way life used to be

i was a prisoner to the sin that had me bound

and i spent my days

poured my life without measure

into a little treasure box

i thought i found

until the day when jesus came to me

and healed my soul with the wonder of his touch

So now i’m giving back to him

all the praise he’s worthy of

i’ve been forgiven and that’s why

i love him so much

Chorus

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Alabaster box – Traducción

La habitación quedó inmóvil

como hizo su camino hacia Jesús

tropezó a través de las lágrimas

que la convierten en ciegos

sintió tal dolor

algunos hablaron de la ira

gente oyó susurrar

no hay lugar aquí para su especie

Todavía en vino

por la vergüenza de que su rostro se sonrojó

hasta que por fin se arrodilló a sus pies

y aunque ella no hablaba palabras

todo lo que dijo fue escuchado

mientras vertía su amor por el maestro

de su caja de alabastro

Coro

y he llegado a verter

mi elogio de él como el aceite

de la caja de alabastro de María

no te enfades si me lave los pies con mis lágrimas

y yo que se sequen con mi pelo

usted no estaba allí la noche en que me encontró

Ud. no sentir lo que sentí

cuando envolvió sus brazos amorosos a mi alrededor

y usted no sabe el costo

del aceite en mi caja de alabastro

No puedo olvidar la vida de la manera que solía ser

yo era un preso al pecado que me había obligado

y me pasaba los días

derramado mi vida sin medida

en un cuadro pequeño tesoro

Acabo de encontrar

hasta el día en que Jesús vino a mí

y sanó a mi alma con la maravilla de su toque

Así que ahora me estoy dando de nuevo a él

todos los elogios que sea digno de

He sido perdonado y que por eso

Lo amo tanto

Coro

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Magdalena, de la vergüenza a la libertad

Magdalena, de la vergüenza a la libertad

Un fariseo invitó a Jesús a comer con él. Jesús entró en la casa y se sentó a la mesa. Entonces una mujer pecadora que vivía en la ciudad, al enterarse de que Jesús estaba comiendo en casa del fariseo, se presentó con un frasco de perfume. Y colocándose detrás de él, se puso a llorar a sus pies y comenzó a bañarlos con sus lágrimas; los secaba con sus cabellos, los cubría de besos y los ungía con perfume. Al ver esto, el fariseo que lo había invitado pensó: «Si este hombre fuera profeta, sabría quién es la mujer que lo toca y lo que ella es: ¡una pecadora!». Pero Jesús le dijo: «Simón, tengo algo que decirte». «Di, Maestro!, respondió él. «Un prestamista tenía dos deudores: uno le debía quinientos denarios, el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar, perdonó a ambos la deuda. ¿Cuál de los dos amará más?». Simón contestó: «Pienso que aquel a quien perdonó más». Jesús le dijo: «Has juzgado bien». Y volviéndose hacia la mujer, dijo de Simón: «¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y tú no derramaste agua sobre mis pies; en cambio, ella los bañó con sus lágrimas y los secó con sus cabellos. Tú no me besaste; ella, en cambio, desde que entré, no cesó de besar mis pies. Tú no ungiste mi cabeza; ella derramó perfume sobre mis pies. Por eso te digo que sus pecados, sus numerosos pecados, le han sido perdonados porque ha demostrado mucho amor. Pero aquel a quien se le perdona poco, demuestra poco amor». Después dijo a la mujer: «Tus pecados te son perdonados». Los invitados pensaron: «¿Quién es este hombre, que llega hasta perdonar los pecados?». Pero Jesús dijo a la mujer: «Tu fe te ha salvado, vete en paz».

Evangelio según san Lucas, Lc 7, 36-50

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«Magdalena, de la vergüenza a la libertad» – Sipnósis de la película

«Magdalena, de la vergüenza a la libertad» es una película que nos acerca al personaje Bíblico de María Magdalena. La particularidad de este filme es que nos presenta, por un lado la Infinita Misericordia de Dios para con los seres humanos y por otro lado pone énfasis en lo fundamental que fue para la humanidad la enseñanza que Jesucristo nos dió respecto al lugar de la mujer en el mundo. Cristo viene a SALVAR LO QUE ESTABA PERDIDO y en la vida de Magdalena viene a salvar su ser total, su dignidad de persona, su valor como ser único cuya vocación no está lejos de Dios.

Original de El cine católico y espiritual

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«Magdalena, de la vergüenza a la libertad» (Gloria TV)

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«Magdalena, de la vergüenza a la libertad» – Ficha de la película

Título Original: Magdalena, relased from shamed

Título en Español: Magdalena, de la vergüenza a la libertad

Otro Título: Magdalena, libre de culpa.

País: USA

Idioma: Español

Sin subtítulos

Duración: 80 minutos

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María Magdalena, Pecadora de Magdala

María Magdalena, Pecadora de Magdala

La historia de María Magdalena recuerda a todos una verdad fundamental: discípulo de Cristo es quien, en la experiencia de la debilidad humana, ha tenido la humildad de pedirle ayuda, ha sido curado por él y lo ha seguido de cerca, convirtiéndose en testigo del poder de su amor misericordioso, más fuerte que el pecado y la muerte.

Santo Padre emérito Benedicto XVI

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«María Magdalena, Pecadora de Magdala» aborda la vida de una cortesana y pecadora que, arrepentida, se acerca a Jesús de Nazaret, buscando el perdón.

Artículo sobre la vida de santa María Magdalena

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María Magdalena, Pecadora de Magdala (Gloria TV)

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María Magdalena, Pecadora de Magdala – Ficha de la película

Título original: María Magdalena, pecadora de Magdala

Año: 1945

Duración: 110 min.

País: México

Director: Miguel Contreras Torres

Guión: Medea de Novara, Miguel Contreras Torres, Francisco Marco Chillet

Música: Miguel Bernal Jiménez

Fotografía: Agustín Jiménez, Alex Phillips (B&W)

Reparto: Medea de Novara, Luis Alcoriza, Tito Junco, Luana Alcañiz, José Baviera, Eduardo Arozamena, Arturo Soto Rangel, Augusto Novaro, Alfredo del Diestro, Francisco Jambrina, Eduardo Noriega, José Elías Moreno, Roberto Banquells, Enrique Gonce, Guillermo Bravo Sosa, Carlos Villarías, Edmundo Espino, Rafael Banquells, Raúl Lechuga, Félix Samper, Alfonso Alvarado, Juan José Laboriel, Roberto Corell, Lidia Franco, Héctor Mateos, Daniel Pastor, Jesús Valero, Hernán Vera

Productora: Hispano Continental Films

Género: Drama | Religión. Biblia

Sinopsis: María Magdala aborda la vida de una cortesana y pecadora que, arrepentida, se acerca a Jesús de Nazaret, buscando el perdón. (FILMAFFINITY)

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¿Quién está llamado a ser santo? – Catequesis sobre la «santidad»

¿Quién está llamado a ser santo? – Catequesis sobre la «santidad»

Queridos hermanos y hermanas:

En las Audiencias Generales de estos últimos dos años, nos han acompañado las figuras de muchos Santos y Santas: hemos aprendido a conocerles desde cerca y a entender que toda la historia de la Iglesia está marcada por estos hombres y mujeres que con su fe, con su caridad, con su vida fueron los faros de muchas generaciones, y lo son también para nosotros. Los santos manifiestan de muchos modos la presencia potente y transformadora del Resucitado; dejaron que Cristo tomase tan plenamente sus vidas que podían afirmar como san Pablo “no vivo yo, es Cristo que vive en mí” (Ga 2,20). Seguir su ejemplo, recurrir a su intercesión, entrar en comunión con ellos, “nos une a Cristo, del cual, como de la Fuente y la Cabeza, emana toda la gracia y toda la vida del mismo Pueblo de Dios” (Conc. Ec. Vat. II, Cost. Dogm. Lumen gentium 50. Al final de este ciclo de catequesis, quisiera ofrecer alguna idea de lo que es la santidad.

¿Qué quiere decir ser santos? ¿Quién está llamado a ser santo? A menudo se piensa que la santidad es un objetivo reservado a unos pocos elegidos. San Pablo, sin embargo, habla del gran diseño de Dios y afirma: “En él – Cristo – (Dios) nos ha elegido antes de la creación del mundo, y para que fuéramos santos e irreprochables en su presencia, por el amor” (Ef 1,4). Y habla de todos nosotros. En el centro del diseño divino está Cristo, en el que Dios muestra su Rostro: el Misterio escondido en los siglos se ha revelado en la plenitud del Verbo hecho carne. Y Pablo dice después: “porque Dios quiso que en él residiera toda la Plenitud” (Col 1,19). En Cristo el Dios viviente se ha hecho cercano, visible, audible, tangible de manera que todos puedan obtener de su plenitud de gracia y de verdad (cfr Jn 1,14-16). Por esto, toda la existencia cristiana conoce una única suprema ley, la que san Pablo expresa en un fórmula que aparece en todos sus escritos: en Cristo Jesús. La santidad, la plenitud de la vida cristiana no consiste en el realizar empresas extraordinarias, sino en la unión con Cristo, en el vivir sus misterios, en el hacer nuestras sus actitudes, sus pensamientos, sus comportamientos. La medida de la santidad vienen dada por la altura de la santidad que Cristo alcanza en nosotros, de cuanto, con la fuerza del Espíritu Santo, modelamos toda nuestra vida sobre la suya. Es el conformarnos a Jesús, como afirma san Pablo: “En efecto, a los que Dios conoció de antemano, los predestinó a reproducir la imagen de su Hijo” (Rm 8,29). Y san Agustín exclama: “Viva será mi vida llena de Ti (Confesiones, 10,28). El Concilio Vaticano II, en la Constitución sobre la Iglesia, habla con claridad de la llamada universal a la santidad, afirmando que nadie está excluido: “Una misma es la santidad que cultivan, en los múltiples géneros de vida y ocupaciones, todos los que son guiados por el Espíritu de Dios …siguen a Cristo pobre, humilde y cargado con la cruz, a fin de merecer ser hechos partícipes de su gloria” (nº41).

Pero permanece la pregunta: ¿Cómo podemos recorrer el camino de santidad, responder a esta llamada? ¿Puedo hacerlo con mis fuerzas? La respuesta está clara: una vida santa no es fruto principalmente de nuestro esfuerzo, de nuestras acciones, porque es Dios, el tres veces Santo ( (cfr Is 6,3), que nos hace santos, y la acción del Espíritu Santo que nos anima desde nuestro interior, es la vida misma de Cristo Resucitado, que se nos ha comunicado y que nos transforma. Para decirlo otra vez según el Concilio Vaticano II: “Los seguidores de Cristo, llamados por Dios no en razón de sus obras, sino en virtud del designio y gracia divinos y justificados en el Señor Jesús, han sido hechos por el bautismo, sacramento de la fe, verdaderos hijos de Dios y partícipes de la divina naturaleza, y, por lo mismo, realmente santos. En consecuencia, es necesario que con la ayuda de Dios conserven y perfeccionen en su vida la santificación que recibieron” (ibid., 40). La santidad tiene, por tanto, su raíz principal en la gracia bautismal, en el ser introducidos en el Misterio pascual de Cristo, con el que se nos comunica su Espíritu, su vida de Resucitado, san Pablo destaca la transformación que obra en el hombre la gracia bautismal y llega a cuñar una terminología nueva, forjada con la preposición “con”: con-muertos, con-sepultados, con-resucitados, con-vivificados con Cristo; nuestro destino está vinculado indisolublemente al suyo. “Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que así como Cristo resucitó por la gloria del Padre, también nosotros llevemos una Vida nueva” (Rm 6,4). Pero Dios respeta siempre nuestra libertad y pide que aceptemos este don y vivamos las exigencias que comportan, pide que nos dejemos transformar por la acción del Espíritu Santo, conformando nuestra voluntad a la voluntad de Dios.

¿Cómo puede suceder que nuestro modo de pensar y nuestras acciones se conviertan en el pensar y en el actuar con Cristo y de Cristo? ¿Cuál es el alma de la santidad? De nuevo el Concilio Vaticano II precisa; nos dice que la santidad no es otra cosa que la caridad plenamente vivida. “Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él. Dios es amor, y el que permanece en el amor permanece en Dios, y Dios permanece en él” (1Jn 4,16). Ahora, Dios ha difundido ampliamente su amor en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo, que nos ha sido dado (cfr Rm 5,5); por esto el primer don y el más necesario es la caridad, con la que amamos a Dios sobre todas las cosas y al prójimo por amor a Él. Para que la caridad como una buena semilla, crezca en el alma y nos fructifique, todo fiel debe escuchar voluntariamente la Palabra de Dios, y con la ayuda de su gracia, realizar las obras de su voluntad, participar frecuentemente en los sacramentos, sobre todo en la Eucaristía y en la santa liturgia, acercarse constantemente a la oración, a la abnegación de sí mismo, al servicio activo a los hermanos y al ejercicio de toda virtud. La caridad, de hecho, es vínculo de la perfección y cumplimiento de la ley (cfr Col 3,14; Rm 13, 10), dirige todos los medios de santificación, da su forma y la conduce a su fin. Quizás también este lenguaje del Concilio Vaticano II es un poco solemne para nosotros, quizás debemos decir las cosas de un modo todavía más sencillo. ¿Qué es lo más esencial? Esencial es no dejar nunca un domingo sin un encuentro con el Cristo Resucitado en la Eucaristía, esto no es una carga, sino que es luz para toda la semana. No comenzar y no terminar nunca un día sin al menos un breve contacto con Dios. Y, en el camino de nuestra vida, seguir las “señales del camino” que Dios nos ha comunicado en el Decálogo leído con Cristo, que es simplemente la definición de la caridad en determinadas situaciones. Me parece que esta es la verdadera sencillez y grandeza de la vida de santidad: el encuentro con el Resucitado el domingo; el contacto con Dios al principio y al final de la jornada; seguir, en las decisiones, las “señales del camino” que Dios nos ha comunicado, que son sólo formas de la caridad. De ahí que la caridad para con Dios y para con el prójimo sea el signo distintivo del verdadero discípulo de Cristo. (Lumen gentium, 42). Esta es la verdadera sencillez, grandeza y profundidad de la vida cristiana, del ser santos.

He aquí el porqué de que San agustín, comentando el cuarto capítulo de la 1ª Carta de San Juan puede afirmar una cosa sorprendente: «Dilige et fac quod vis», “Ama y haz lo que quieras”. Y continúa: “Si callas, calla por amor; si hablas, habla por amor, si corriges, corrige por amor, si perdonas, perdona por amos, que es té en ti la raíz del amor, porque de esta raíz no puede salir nada que no sea el bien” (7,8: PL 35). Quien se deja conducir por el amor, quien vive la caridad plenamente es Dios quien lo guía, porque Dios es amor. Esto significa esta palabra grande: «Dilige et fac quod vis», “Ama y haz lo que quieras”.

Quizás podríamos preguntarnos: ¿podemos nosotros, con nuestras limitaciones, con nuestra debilidad, llegar tan alto? La Iglesia, durante el Año Litúrgico, nos invita a recordar a una fila de santos, quienes han vivido plenamente la caridad, han sabido amar y seguir a Cristo en su vida cotidiana. Ellos nos dicen que es posible para todos recorrer este camino. En todas las épocas de la historia de la Iglesia, en toda latitud de la geografía del mundo, los santos pertenecen a todas las edades y a todo estado de vida, son rostros concretos de todo pueblo, lengua y nación. Y son muy distintos entre sí. En realidad, debo decir que también según mi fe personal muchos santos, no todos, son verdaderas estrellas en el firmamento de la historia. Y quisiera añadir que para mí no sólo los grandes santos que amo y conozco bien son “señales en el camino”, sino que también los santos sencillos, es decir las personas buenas que veo en mi vida, que nunca serán canonizados. Son personas normales, por decirlo de alguna manera, sin un heroísmo visible, pero que en su bondad de todos los días, veo la verdad de la fe. Esta bondad, que han madurado en la fe de la Iglesia y para mi la apología segura del cristianismo y la señal de donde está la verdad.

En la comunión con los santos, canonizados y no canonizados, que la Iglesia vive gracias a Cristo en todos sus miembros, nosotros disfrutamos de su presencia y de su compañía y cultivamos la firme esperanza de poder imitar su camino y compartir un día la misma vida beata, la vida eterna.

Queridos amigos, ¡qué grande y bella, y también sencilla, es la vocación cristiana vista desde esta luz! Todos estamos llamados a la santidad: es la medida misma de la vida cristiana. Una vez más san Pablo lo expresa con gran intensidad cuando escribe: “Sin embargo, cada uno de nosotros ha recibido su propio don, en la medida que Cristo los ha distribuido… El comunicó a unos el don de ser apóstoles, a otros profetas, a otros predicadores del Evangelio, a otros pastores o maestros. Así organizó a los santos para la obra del ministerio, en orden a la edificación del Cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, al estado de hombre perfecto y a la madurez que corresponde a la plenitud de Cristo” (Ef 4,7.11-13). Quisiera invitaros a todos a abriros a la acción del Espíritu Santo, que transforma nuestra vida, para ser, también nosotros, como piezas del gran mosaico de santidad que Dios va creando en la historia, para que el Rostro de Cristo resplandezca en la plenitud de su fulgor. No tengamos miedo de mirar hacia lo alto, hacia la altura de Dios; no tengamos miedo de que Dios nos pida demasiado, sino que dejemos guiarnos en todas las acciones cotidianas por su Palabra, aunque si nos sintamos pobres, inadecuados, pecadores: será Él el que nos transforme según su amor. Gracias.

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Santo Padre emérito Benedicto XVI

Catequesis sobre la santidad

Audiencia General del miércoles, 13 de abril de 2011



Evangelio del día: La parábola del sembrador

Evangelio del día: La parábola del sembrador

Mateo 13, 1-9. Miércoles de la 16.ª semana del Tiempo Ordinario. «tierra buena» es el corazón ardiente capaz de acoger la Palabra con disponibilidad, para hacerla madurar en la perseverancia, de modo que dé fruto con generosidad para bien de muchos.

Aquel día, Jesús salió de la casa y se sentó a orillas del mar. Una gran multitud se reunió junto a él, de manera que debió subir a una barca y sentarse en ella, mientras la multitud permanecía en la costa. Entonces él les habló extensamente por medio de parábolas. Les decía: «El sembrador salió a sembrar. Al esparcir las semillas, algunas cayeron al borde del camino y los pájaros las comieron. Otras cayeron en terreno pedregoso, donde no había mucha tierra, y brotaron en seguida, porque la tierra era poco profunda; pero cuando salió el sol, se quemaron y, por falta de raíz, se secaron. Otras cayeron entre espinas, y estas, al crecer, las ahogaron. Otras cayeron en tierra buena y dieron fruto: unas cien, otras sesenta, otras treinta. ¡El que tenga oídos, que oiga!».

Sagrada Escritura en el portal web de la Santa Sede

Lecturas

Primera lectura: Libro de Jeremías, Jer 1, 1.4-10

Salmo: Sal 71(70), 1-2.3-4a.5-6ab.15ab.17

Oración introductoria

Gracias, Señor, por este tiempo de oración; ayúdame a ser «buena tierra» para aprovechar bien esta contemplación. Incrementa mi fe para que pueda descubrirte en lo ordinario de este día. Aumenta mi esperanza para que pueda confiar en Ti siempre. Ensancha mi amor para serte fiel en los detalles más pequeños que hoy pongas en mi camino.

Petición

Señor, concédeme vivir unido a Ti, para dar muchos frutos en la misión.

Meditación del Santo Padre emérito Benedicto XVI

El Señor arroja con abundancia y gratuidad la semilla de la Palabra de Dios, aun sabiendo que podrá encontrar una tierra inadecuada, que no le permitirá madurar a causa de la aridez, y que apagará su fuerza vital ahogándola entre zarzas. Con todo, el sembrador no se desalienta porque sabe que parte de esta semilla está destinada a caer en «tierra buena», es decir, en corazones ardientes y capaces de acoger la Palabra con disponibilidad, para hacerla madurar en la perseverancia, de modo que dé fruto con generosidad para bien de muchos.

La imagen de la tierra puede evocar la realidad más o menos buena de la familia; el ambiente con frecuencia árido y duro del trabajo; los días de sufrimiento y de lágrimas. La tierra es, sobre todo, el corazón de cada hombre, en particular de los jóvenes, a los que os dirigís en vuestro servicio de escucha y acompañamiento: un corazón a menudo confundido y desorientado, pero capaz de contener en sí energías inimaginables de entrega; dispuesto a abrirse en las yemas de una vida entregada por amor a Jesús, capaz de seguirlo con la totalidad y la certeza que brota de haber encontrado el mayor tesoro de la existencia. Quien siembra en el corazón del hombre es siempre y sólo el Señor. Únicamente después de la siembra abundante y generosa de la Palabra de Dios podemos adentrarnos en los senderos de acompañar y educar, de formar y discernir. Todo ello va unido a esa pequeña semilla, don misterioso de la Providencia celestial, que irradia una fuerza extraordinaria, pues la Palabra de Dios es la que realiza eficazmente por sí misma lo que dice y desea.

Hay otra palabra de Jesús que utiliza la imagen de la semilla, y que se puede relacionar con la parábola del sembrador: «Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto» (Jn 12, 24). Aquí el Señor insiste en la correlación entre la muerte de la semilla y el «mucho fruto» que dará. El grano de trigo es él, Jesús. El fruto es la «vida en abundancia» (Jn 10, 10), que nos ha adquirido mediante su cruz. Esta es también la lógica y la verdadera fecundidad de toda pastoral vocacional en la Iglesia: como Cristo, el sacerdote y el animador deben ser un «grano de trigo», que renuncia a sí mismo para hacer la voluntad del Padre; que sabe vivir oculto, alejado del clamor y del ruido; que renuncia a buscar la visibilidad y la grandeza de imagen que hoy a menudo se convierten en criterios e incluso en finalidades de la vida en buena parte de nuestra cultura y fascinan a muchos jóvenes.

Queridos amigos, sed sembradores de confianza y de esperanza, pues la juventud de hoy vive inmersa en un profundo sentido de extravío. Con frecuencia las palabras humanas carecen de futuro y de perspectiva; carecen incluso de sentido y de sabiduría. Se difunde una actitud de impaciencia frenética y una incapacidad de vivir el tiempo de la espera. Sin embargo, esta puede ser la hora de Dios: su llamada, mediante la fuerza y la eficacia de la Palabra, genera un camino de esperanza hacia la plenitud de la vida. La Palabra de Dios puede ser de verdad luz y fuerza, manantial de esperanza; puede trazar una senda que pasa por Jesús, «camino» «puerta», a través de su cruz, que es plenitud de amor.

Santo Padre emérito Benedicto XVI

Discurso en la Sala Clementina el sábado, 4 de julio de 2009

Diálogo con Cristo

Señor, desde la eternidad has sembrado en mi corazón la vocación de ser tu discípulo y misionero. Permite que la semilla de mi fe, recibida en mi bautismo, crezca y dé abundantes frutos para el bien de los demás, principalmente aquellos más cercanos. Ayúdame a vivir con el constante deseo de trabajar por Ti y corresponderte como Tú te mereces.

Propósito

Pidiendo la luz del Espíritu Santo, darme un tiempo para reflexionar y descubrir ese apego que no me deja crecer en mi amor a Dios y a los demás.

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Evangelio en Catholic.net

Evangelio en Evangelio del día


Dinámica completa sobre la parábola del trigo y la cizaña

Dinámica completa sobre la parábola del trigo y la cizaña

Lectura de la párabola

Y les propuso otra parábola: «El Reino de los Cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras todos dormían vino su enemigo, sembró cizaña en medio del trigo y se fue. Cuando creció el trigo y aparecieron las espigas, también apareció la cizaña. Los peones fueron a ver entonces al propietario y le dijeron: «Señor, ¿no habías sembrado buena semilla en tu campo? ¿Cómo es que ahora hay cizaña en él? El les respondió: «Esto lo ha hecho algún enemigo». Los peones replicaron: «¿Quieres que vayamos a arrancarla?». «No, les dijo el dueño, porque al arrancar la cizaña, corren el peligro de arrancar también el trigo. Dejen que crezcan juntos hasta la cosecha, y entonces diré a los cosechadores: Arranquen primero la cizaña y átenla en manojos para quemarla, y luego recojan el trigo en mi granero». También les propuso otra parábola: «El Reino de los Cielos se parece a un grano de mostaza que un hombre sembró en su campo. En realidad, esta es la más pequeña de las semillas, pero cuando crece es la más grande de las hortalizas y se convierte en un arbusto, de tal manera que los pájaros del cielo van a cobijarse en sus ramas». Después les dijo esta otra parábola: «El Reino de los Cielos se parece a un poco de levadura que una mujer mezcla con gran cantidad de harina, hasta que fermenta toda la masa». Todo esto lo decía Jesús a la muchedumbre por medio de parábolas, y no les hablaba sin parábolas, para que se cumpliera lo anunciado por el Profeta: «Hablaré en parábolas anunciaré cosas que estaban ocultas desde la creación del mundo». Entonces, dejando a la multitud, Jesús regresó a la casa; sus discípulos se acercaron y le dijeron: «Explícanos la parábola de la cizaña en el campo». El les respondió: «El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los que pertenecen al Reino; la cizaña son los que pertenecen al Maligno, y el enemigo que la siembra es el demonio; la cosecha es el fin del mundo y los cosechadores son los ángeles. Así como se arranca la cizaña y se la quema en el fuego, de la misma manera sucederá al fin del mundo. El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y estos quitarán de su Reino todos los escándalos y a los que hicieron el mal, y los arrojarán en el horno ardiente: allí habrá llanto y rechinar de dientes. Entonces los justos resplandecerán como el sol en el Reino de su Padre. ¡El que tenga oídos, que oiga!».

Evangelio según san Mateo 13, 24-43

Sagrada Escritura en el portal web de la Santa Sede

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Animación «stop motion» de la parábola del trigo y la cizaña creada por los propios alumnos de secundaria

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Explicación, diálogo y debate sobre la parábola del trigo y la cizaña

Una vez leída la parábola y vista la producción audiovisual, se debería realizar una breve explicación y a continuación iniciar un diálogo/debate, animando a los niños a realizar preguntas.

Lo más interesante es que los niños tengan una idea clara y natural de la «convivencia» del bien y el mal en el mundo que les rodea.

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Colorea el campo con el trigo y la cizaña

Os proponemos este par de láminas para colorear o que los niños dibujen un obra completamente original y libre relacionada con la parábola del trigo y la cizaña.

Podéis obtener las láminas en tamaño grande pulsando sobre el título o sobre la imagen.

Colorea campo 1

Colorea campo 2

Parábola del trigo y la cizaña 1 Parábola del trigo y la cizaña 2

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Parábola del trigo y la cizaña

Parábola del trigo y la cizaña

Y les propuso otra parábola: «El Reino de los Cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras todos dormían vino su enemigo, sembró cizaña en medio del trigo y se fue. Cuando creció el trigo y aparecieron las espigas, también apareció la cizaña. Los peones fueron a ver entonces al propietario y le dijeron: «Señor, ¿no habías sembrado buena semilla en tu campo? ¿Cómo es que ahora hay cizaña en él? El les respondió: «Esto lo ha hecho algún enemigo». Los peones replicaron: «¿Quieres que vayamos a arrancarla?». «No, les dijo el dueño, porque al arrancar la cizaña, corren el peligro de arrancar también el trigo. Dejen que crezcan juntos hasta la cosecha, y entonces diré a los cosechadores: Arranquen primero la cizaña y átenla en manojos para quemarla, y luego recojan el trigo en mi granero». También les propuso otra parábola: «El Reino de los Cielos se parece a un grano de mostaza que un hombre sembró en su campo. En realidad, esta es la más pequeña de las semillas, pero cuando crece es la más grande de las hortalizas y se convierte en un arbusto, de tal manera que los pájaros del cielo van a cobijarse en sus ramas». Después les dijo esta otra parábola: «El Reino de los Cielos se parece a un poco de levadura que una mujer mezcla con gran cantidad de harina, hasta que fermenta toda la masa». Todo esto lo decía Jesús a la muchedumbre por medio de parábolas, y no les hablaba sin parábolas, para que se cumpliera lo anunciado por el Profeta: «Hablaré en parábolas anunciaré cosas que estaban ocultas desde la creación del mundo». Entonces, dejando a la multitud, Jesús regresó a la casa; sus discípulos se acercaron y le dijeron: «Explícanos la parábola de la cizaña en el campo». El les respondió: «El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los que pertenecen al Reino; la cizaña son los que pertenecen al Maligno, y el enemigo que la siembra es el demonio; la cosecha es el fin del mundo y los cosechadores son los ángeles. Así como se arranca la cizaña y se la quema en el fuego, de la misma manera sucederá al fin del mundo. El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y estos quitarán de su Reino todos los escándalos y a los que hicieron el mal, y los arrojarán en el horno ardiente: allí habrá llanto y rechinar de dientes. Entonces los justos resplandecerán como el sol en el Reino de su Padre. ¡El que tenga oídos, que oiga!».

Evangelio según san Mateo 13, 24-43

Sagrada Escritura en el portal web de la Santa Sede

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Escuchar la parábola del trigo y la cizaña

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Meditación del P. Enrique Cases

La existencia del mal en el mundo

Dormirse porque se han hecho bien las cosas, no es cosa buena; hay que contar con la acción de los diversos enemigos entre los que destaca el diablo. Es un misterio que Dios permita la acción del diablo y la malicia de los pervertidores. No hay que escandalizarse ante la presencia del mal en el mundo; la extirpación definitiva de todos los males se dará en la fase última del reino. En la fase inicial se trata de sembrar, en la intermedia vigilar, sólo en la definitiva, cosechar.

La explicación

Jesús, en la explicación, ha añadido un dato importante: el reino tiene una fase o dimensión escatológica, es decir, existe un juicio, un premio eterno y un castigo, también eterno. Tener en cuenta esto es muy importante. No caben indiferencias: existe el cielo y el infierno para los que acepten o rechacen el Reino. También es importante porque coloca en su sitio la misión del Mesías que no venía a establecer un reino temporal.

Artículo original en Catholic.net

Página personal del P. Enrique Cases

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Meditación del Hermano Mariosvaldo Florentino

Hermano Mariosvaldo Florentino de la Orden de los Franciscanos Menores Capuchinos

¿Quiénes son los Franciscanos Menores Capuchinos?

Portal web de los Franciscanos Menores Capuchinos

Portal web del proyecto «Gotas de paz»

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Catequesis de verano para los «peques» de la familia

Catequesis de verano para los «peques» de la familia

No existe ámbito en la vida en el que no se encuentre Dios; así, la fe también se vive en las vacaciones. Por ello os proponemos esta dinámica que los niños pueden hacer a su ritmo y sin ninguna prisa. Padres y catequistas pueden elegir la mejor manera de proponerla y combinarla (se puede hacer en un día o en una semana…).

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Lectura del cuento «El reflejo de Dios»

Ágata era una niña que vivía en plena selva e iba al río que bajaba de la alta montaña para poder mirar su cara, porque en la selva no había espejos para mirarse la cara tan bonita que tenía. 

Un día las misioneras la llevaron a la escuela y le enseñaron muchas cosas buenas. La misionera Inés le enseñó lo que era un espejo y ante su asombro le preguntó que dónde se miraba. 

Ágata le contó que se miraba la cara en el río y entonces la misionera Inés le preguntó:

¿cómo te veías en el agua? ¿Sabes quién te veía?

No. –Contestó la niña.

Pues te lo diré: te miraba muy bonita el que hizo la fuente, la selva y el río y todos los animales y al hombre y a la mujer. ¿No sabes su nombre?

No, pero, desde luego, tuvo que ser alguien muy bueno y listo.

Pues ese alguien tan bueno y listo se llama Dios. Por eso aquí le queremos tanto.

Es natural. -Le dijo Agata a Inés.

Fin.

Actividad. Haz un diálogo con el niño o los niños a partir de la pregunta: ¿Cómo te imaginas a Dios?

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Ejercicio de caligrafía con el Padre Nuestro

Imprime la siguiente lámina con el Padre Nuestro y que los niños sobreescriban la oración y además coloreen la página a su gusto. Al terminar que los niños la lean en voz alta.

Nota: podéis obtener la lámina en tamaño grande pulsando sobre el título o la imagen (tiene el tamaño de un folio DIN A4).

Padre Nuestro
Padre Nuestro

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Colorea un día de vacaciones con tu familia y amigos

Imprime las siguientes láminas con el dibujo de una playa y una piscina para que los niños pinten el día de vacaciones que han pasado. Al terminar, establecemos un diálogo con el niño y le preguntamos sobre los elementos que ha dibujado.

Nota: podéis obtener las láminas en tamaño grande pulsando sobre el título o la imagen (tienen el tamaño de un folio DIN A4).

Día en la playa Día en la piscina
Día en la playa Día en la piscina

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Cuéntale al Señor cómo fue tu día de vacaciones

En la otra cara del folio en que los niños colorearon su día de vacaciones, le pedimos que escriba a Jesús qué hizo ese día y que le pida que cuide de su familia y amigos. 

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Colorea un dibujo veraniego de Fano

Fano en verano 1 Fano en verano1
 Fano en verano 1  Fano en verano 1
Fano en verano 2 Fano en verano 2
Fano en verano 2 Fano en verano 2
Fano en verano 3 Fano en verano 3
Fano en verano 3 Fano en verano 3

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La Santa Misa: significado y estructura – Catequesis audiovisual

La Santa Misa: significado y estructura – Catequesis audiovisual

En aquel tiempo, dijo Jesús: «Yo soy el pan de Vida. Sus padres, en el desierto, comieron el maná y murieron. Pero este es el pan que desciende del cielo, para que aquel que lo coma no muera. Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo». Los judíos discutían entre sí, diciendo: «¿Cómo este hombre puede darnos a comer su carne?». Jesús les respondió: «Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Porque mi carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él. Así como yo, que he sido enviado por el Padre que tiene Vida, vivo por el Padre, de la misma manera, el que me come vivirá por mí. Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron sus padres y murieron. El que coma de este pan vivirá eternamente».

Evangelio según san Juan, Jn 6, 48-58

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Os proponemos esta sesión de catequesis para aprender la liturgia de la Santa Misa su significado y su estructura— que consiste en el uso de los siguientes recursos audiovisuales:

-Un vídeo  corto que nos intruduce en el tema (está en inglés, por lo que debemos activar el menú de subtítulos).

-Un vídeo que nos presenta la estructura completa de la Santa Misa (este material se puede obtener en formato powerpoint). Para preparar una buena sesión con preguntas, debates, etc. el catequista puede apoyarse en los siguientes materiales:

-Por último, tres videos a elegir para visionar tranquilamente en casa con la familia (son muy largos para una sesión de catequesis). El primero es un documental muy general sobre la Eucaristía, y el segundo y el tercero son una  «radiografía completa» de la Santa Misa en sendas conversaciones con jóvenes. 

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Quédate con nosotros, Señor – Vídeo introductorio

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Estructura de la Santa Misa: las partes de la misa

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La Eucaristía (documental)

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El misterio de la Santa Misa

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La actitud interior durante la Santa Misa

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