Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz – 14 de septiembre

Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz – 14 de septiembre

La comunión y el testimonio cristiano, ¿acaso no se fundan en el Misterio pascual, en la crucifixión, en la muerte y resurrección de Cristo? ¿No alcanzan en él su pleno cumplimiento? Hay un vínculo inseparable entre la cruz y la resurrección, que un cristiano no puede olvidar. Sin este vínculo, exaltar la cruz significaría justificar el sufrimiento y la muerte, no viendo en ello más que un fin inevitable. Para un cristiano, exaltar la cruz quiere decir entrar en comunión con la totalidad del amor incondicional de Dios por el hombre. Es hacer un acto de fe. Exaltar la cruz, en la perspectiva de la resurrección, es desear vivir y manifestar la totalidad de este amor. Es hacer un acto de amor. Exaltar la cruz lleva a comprometerse a ser heraldos de la comunión fraterna y eclesial, fuente del verdadero testimonio cristiano. Es hacer un acto de esperanza.

Santo Padre emérito Benedicto XVI

Discurso en su visita a la basílica de San Pablo de Harissa (Libano)

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Hacia el año 320 la Emperatriz Elena de Constantinopla encontró la Vera Cruz, la cruz en que murió Nuestro Señor Jesucristo, La Emperatriz y su hijo Constantino hicieron construir en el sitio del descubrimiento la Basílica del Santo Sepulcro, en el que guardaron la reliquia.

Años después, el rey Cosroes II de Persia, en el 614 invadió y conquistó Jerusalén y se llevó la Cruz poniéndola bajo los pies de su trono como signo de su desprecio por el cristianismo. Pero en el 628 el emperador Heraclio logró derrotarlo y recuperó la Cruz y la llevó de nuevo a Jerusalén el 14 de septiembre de ese mismo año. Para ello se realizó una ceremonia en la que la Cruz fuellevada en persona por el emperador a través de la ciudad. Desde entonces, ese día quedó señalado en los calendarios litúrgicos como el de la Exaltación de la Vera Cruz.

El cristianismo es un mensaje de amor. ¿Por qué entonces exaltar la Cruz? Además la Resurrección, más que la Cruz, da sentido a nuestra vida.

Pero ahí está la Cruz, el escándalo de la Cruz, de San Pablo. Nosotros no hubiéramos introducido la Cruz. Pero los caminos de Dios son diferentes. Los apóstoles la rechazaban. Y nosotros también.

La Cruz es fruto de la libertad y amor de Jesús. No era necesaria. Jesús la ha querido para mostrarnos su amor y su solidaridad con el dolor humano. Para compartir nuestro dolor y hacerlo redentor.

Jesús no ha venido a suprimir el sufrimiento: el sufrimiento seguirá presente entre nosotros. Tampoco ha venido para explicarlo: seguirá siendo un misterio. Ha venido para acompañarlo con su presencia. En presencia del dolor y muerte de Jesús, el Santo, el Inocente, el Cordero de Dios, no podemos rebelarnos ante nuestro sufrimiento ni ante el sufrimiento de los inocentes, aunque siga siendo un tremendo misterio.

Jesús, en plena juventud, es eliminado y lo acepta para abrirnos el paraíso con la fuerza de su bondad: «En plenitud de vida y de sendero dio el paso hacia la muerte porque El quiso. Mirad, de par en par, el paraíso, abierto por la fuerza de un Cordero» (Himno de Laudes).

En toda su vida Jesús no hizo más que bajar: en la Encarnación, en Belén, en el destierro. Perseguido, humillado, condenado. Sólo sube para ir a la Cruz. Y en ella está elevado, como la serpiente en el desierto, para que le veamos mejor, para atraernos e infundirnos esperanza. Pues Jesús no nos salva desde fuera, como por arte de magia, sino compartiendo nuestros problemas. Jesús no está en la Cruz para adoctrinarnos olímpicamente, con palabras, sino para compartir nuestro dolor solidariamente.

Pero el discípulo no es de mejor condición que el maestro, dice Jesús. Y añade: «El que quiera venirse conmigo, que reniegue de sí mismo, que cargue con su cruz y me siga». Es fácil seguir a Jesús en Belén, en el Tabor. ¡Qué bien estamos aquí!, decía Pedro. En Getsemaní se duerme, y, luego le niega.

«No se va al cielo hoy ni de aquí a veinte años. Se va cuando se es pobre y se está crucificado» (León Bloy). «Sube a mi Cruz. Yo no he bajado de ella todavía» (El Señor a Juan de la Cruz). No tengamos miedo. La Cruz es un signo más, enriquece, no es un signo menos. El sufrir pasa, el haber sufrido -la madurez adquirida en el dolor- no pasa jamás. La Cruz son dos palos que se cruzan: si acomodamos nuestra voluntad a la de Dios, pesa menos. Si besamos la Cruz de Jesús, besemos la nuestra, astilla de la suya.

Es la ambigüedad del dolor. El que no sufre, queda inmaduro. El que lo acepta, se santifica. El que lo rechaza, se amarga y se rebela.


La Exaltación de la Santa Cruz – Himno (laudes)

Brille la cruz del Verbo luminosa,

Brille como la carne sacratísima

De aquel Jesús nacido de la Virgen

Que en la gloria del Padre vive y brilla.

Gemía Adán, doliente y conturbado,

Lágrimas Eva junto a Adán vertía;

Brillen sus rostros por la cruz gloriosa,

Cruz que se enciende cuándo el Verbo expira.

¡ Salve cruz de los montes y caminos,

junto al enfermo suave medicina,

regio trono de Cristo en las familias,

cruz de nuestra fe, salve, cruz bendita!

Reine el señor crucificado,

Levantando la cruz donde moría;

Nuestros enfermos ojos buscan luz,

Nuestros labios, el río de la vida.

Te adoramos, oh cruz que fabricamos,

Pecadores, con manos deicidas;

Te adoramos, ornato del Señor,

Sacramento de nuestra eterna dicha.

Amén.


La Exaltación de la Santa Cruz – Oración

Señor, Dios nuestro, que has querido salvar a los hombres por medio de tu Hijo muerto en la cruz, te pedimos, ya que nos has dado a conocer en la tierra la fuerza misteriosa de la Cruz de Cristo, que podamos alcanzar en el cielo los frutos de la redención. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.


La Exaltación de la Santa Cruz – Himno (vísperas)

Las banderas reales se adelantan

Y las cruz misteriosa en ellas brilla:

La cruz en que la vida sufrió muerte

Y en que, sufriendo muerte, nos dio vida.

Ella sostuvo el sacrosanto cuerpo

Que, al ser herido por la lanza dura,

Derramó sangre y agua en abundancia

Para lavar con ellas nuestras culpas.

En ella se cumplió perfectamente

Lo que David profetizó en su verso,

Cuándo dijo a los pueblos de la tierra:

«Nuestro Dios reinará desde un madero».

¡Árbol lleno de luz, árbol hermoso,

árbol hornado con la regia púrpura

y destinado a que su tronco digno

sintiera el roce de la carne pura!

¡Dichosa cruz que con tus brazos firmes,

en que estuvo colgado nuestro precio,

fuiste balanza para el cuerpo santo

que arrebató su presa a los infiernos!

A ti, que eres la única esperanza,

Te ensalzamos, oh cruz, y te rogamos

Que acrecientes la gracia de los justos

Y borres los delitos de los malos.

Recibe, oh Trinidad, fuente salubre

La alabanza de todos los espíritus,

Y tú que con tu cruz nos das el triunfo,

Añádenos el premio, oh Jesucristo.

Amén.

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Artículo original: Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz

Fuente original: Evangelio del día

Constantino el Grande – Película online

Constantino el Grande – Película online

«Con este signo vencerás»…  La decisión del emperador Constantino a favor de los Cristianos fue, indudablemente influenciada por razones de conciencia; razones resultantes de las impresiones dejadas en cada persona libre de prejuicios tanto por los Cristianos como la fuerza moral de la Cristiandad y el conocimiento práctico que los emperadores poseían de los oficiales militares y oficiales estatales Cristianos. Tales razones, sin embargo no son mencionadas en la historia la cual le da primaria importancia al evento milagroso. Antes de que Constantino avanzara en contra de su rival Majencio y de acuerdo con las antiguas costumbres, convocó a los arúspices, los cuales profetizaron el desastre de acuerdo con un panegirista pagano. Sin embargo, cuando los dioses le negaban su ayuda, continúa dicho panegirista, hubo un dios en particular que lo animó ya que Constantino tenia cercana relación con dicha divinidad. Lactancio. (De mort. persec., ch. xliv) y Eusebio (Vita Const., I, xxvi-xxxi). Nos narran la manera cómo la conexión con dicha deidad se manifestó. El primero dice que fue en un sueño, el segundo a través de una visión como una manifestación celestial, una luz brillante en la cual vislumbró a la cruz o al monograma de Cristo. Fortalecido con dicha aparición, avanzó corajudamente a la batalla, venció a su rival y conquistó el poder supremo. Fue el resultado lo que dio importancia a la visión, ya que, posteriormente cuando el emperador reflexionaba respecto del evento le fue claro que la cruz llevaba la inscripción HOC VINCES (en éste signo conquistarás). Un monograma que combinaba las primeras letras del nombre de Cristo (CHRISTOS) X y P, una forma que no puede asegurarse que fuera utilizada antes por los Cristianos, fue convertida en uno de los símbolos de actualidad y puesta en el Labarum (q. v.). Esta insignia fue también puesta en la mano de una estatua del emperador en Roma, en cuyo pedestal se leía la siguiente inscripción «Con la ayuda de este beneficioso símbolo de fortaleza he liberado a mi ciudad del yugo de la tiranía y devuelto al Senado Romano y al Pueblo su antiguo esplendor y gloria». Enseguida después de su victoria, Constantino otorgó tolerancia a los Cristianos y al año siguiente (313) dio un paso mas en su favor. En el 313 Licinio y él emitieron en Milán el famoso edicto de tolerancia. En él se declaraba que los dos emperadores habían reflexionado respecto de lo que sería más ventajoso para la seguridad y bienestar del imperio y, sobre todo, habían tomado en consideración el servicio que el hombre debía a la «deidad». Por consiguiente resolvieron dar a los Cristianos y a otros libertad en el ejercicio de la religión.

Constantino el Grande – Enciclopedia católica

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Película Constantino el Grande

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Ficha de la película

Año: 1962

Género: Histórico / Aventuras

País: Yugoslavia / Italia

Formato: Color

Duración: 109 minutos

Título Original: Costantino il Grande

Dirección: Lionello De Felice

Producción: Ferdinand Felicioni

Guión: Lionello De Felice / Fulvio Palmieri / Michael Audley

Fotografía: Massimo Dallamano

Música: Mario Nascimbene

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Septiembre, mes de La Biblia

Septiembre, mes de La Biblia

La Iglesia ha venerado siempre las Sagradas Escrituras al igual que el mismo Cuerpo del Señor, no dejando de tomar de la mesa y de distribuir a los fieles el pan de vida, tanto de la palabra de Dios como del Cuerpo de Cristo, sobre todo en la Sagrada Liturgia. Siempre las ha considerado y considera, juntamente con la Sagrada Tradición, como la regla suprema de su fe, puesto que, inspiradas por Dios y escritas de una vez para siempre, comunican inmutablemente la palabra del mismo Dios, y hacen resonar la voz del Espíritu Santo en las palabras de los Profetas y de los Apóstoles.

Constitución Dogmática Dei Verbum

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La intención es que durante este mes, en todas las comunidades cristianas, se desarrollen algunas actividades que nos permitan acercarnos mejor y con más provecho a la Palabra de Dios.


Propuestas para escuchar la Palabra

1. La lectura diaria de los textos bíblicos litúrgicos es una excelente ayuda para profundizar en la Palabra de Dios. De esta manera nos unimos a toda la Iglesia que ora al Padre meditando los mismos textos. También nos acostumbramos a una lectura continuada de la Biblia, donde los textos están relacionados y lo que leemos hoy se continua con lo de mañana. La lectura diaria de los textos (para lo cual Liturgia Cotidiana es una excelente herramienta) constituye una «puerta segura» para escuchar a Dios que nos habla en la Biblia.

2. – ¿Has leído alguna vez un evangelio entero «de corrido»? Es muy interesante descubrir la trama de la vida de Jesús escrita por cada evangelista. Muchos detalles y relaciones entre los textos que cada evangelista utiliza quedan al descubierto cuando uno hace una lectura continuada. Este mes es propicio para ofrecerle a Dios este esfuerzo. Te recomendamos la lectura del evangelio de Marcos. No es muy largo, en unas horas se puede leer. Al ser el primero de los sinópticos, los otros (Mateo y Lucas) lo siguen en el esquema general. Por lo tanto es una muy buena «puerta de entrada» al mensaje de Jesús.

3. Otra posibilidad para poner en práctica este mes (y tal vez iniciar un hábito necesario y constructivo) es la oración con los salmos. Los mismos recogen la oración del pueblo de dios a lo largo de casi mil años de caminata del pueblo de Israel. Nos acercan la voz del pueblo que ora con fe, y la palabra de Dios, que nos señala esta manera de orar para acercarnos y escuchar sus enseñanzas. En los salmos podemos encontrar una inmensa fuente de inspiración para la oración. Hay salmos que nos hablan de la alegría, de las dificultades y conflictos, de la esperanza, del abatimiento, del dolor, de la liberación y la justicia, de la creación, de la misma Palabra de Dios (salmo 118, el más largo de todos). Aprender a rezar con los Salmos es una «puerta siempre abierta» para el encuentro con el Dios de la Vida.

4. La lectura orante de la Palabra, realizada en comunidad, nos pone en sintonía con la voluntad de Dios. Es un ejercicio clave para el crecimiento en la fe. La fuerza de la comunidad nos alienta para encontrar en los textos la fuerza del Espíritu. Todos aprendemos juntos y nos enriquecemos con el aporte de cada uno. Existen muchos métodos de lectura orante. Simplificando al máximo podemos decir que los siguientes cuatro pasos son los más comunes:

  • Lectura
  • Meditación
  • Oración
  • Compromiso

La lectura orante siempre desemboca en un desafío para vivir. La Palabra de Dios nos desafía a seguir los pasos de Jesús y cambiar nuestra vida.

La lectura orante, practicada en comunidad, es una «puerta-espejo» que nos interpela y nos ayuda a discernir cómo vivir y practicar su Palabra en nuestros días.


De la la Encíclica Fides et ratio

Capítulo V. N´55 (parcial)

«Tampoco faltan rebrotes peligrosos de fideísmo, que no acepta la importancia del conocimiento racional y de la reflexión filosófica para la inteligencia de la fe y, más aún, para la posibilidad misma de creer en Dios. Una expresión de esta tendencia fideísta difundida hoy es el « biblicismo », que tiende a hacer de la lectura de la Sagrada Escritura o de su exégesis el único punto de referencia para la verdad. Sucede así que se identifica la palabra de Dios solamente con la Sagrada Escritura, vaciando así de sentido la doctrina de la Iglesia confirmada expresamente por el Concilio Ecuménico Vaticano II.

La Constitución Dei Verbum, después de recordar que la palabra de Dios está presente tanto en los textos sagrados como en la Tradición, afirma claramente: « La Tradición y la Escritura constituyen el depósito sagrado de la palabra de Dios, confiado a la Iglesia. Fiel a dicho depósito, el pueblo cristiano entero, unido a sus pastores, persevera siempre en la doctrina apostólica ». La Sagrada Escritura, por tanto, no es solamente punto de referencia para la Iglesia. En efecto, la « suprema norma de su fe » proviene de la unidad que el Espíritu ha puesto entre la Sagrada Tradición, la Sagrada Escritura y el Magisterio de la Iglesia en una reciprocidad tal que los tres no pueden subsistir de forma independiente.

No hay que infravalorar, además, el peligro de la aplicación de una sola metodología para llegar a la verdad de la Sagrada Escritura, olvidando la necesidad de una exégesis más amplia que permita comprender, junto con toda la Iglesia, el sentido pleno de los textos. Cuantos se dedican al estudio de las Sagradas Escrituras deben tener siempre presente que las diversas metodologías hermenéuticas se apoyan en una determinada concepción filosófica. Por ello, es preciso analizarla con discernimiento antes de aplicarla a los textos sagrados.»

Juan Pablo II

Fides et ratio

14 de Setiembre de 1998

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Para finalizar, los católicos durante el mes de septiembre debemos dedicarlo a iniciar el conocimiento y divulgación de los textos bíblicos, ya que quien se llame cristiano tendría que conocer la historia de la salvación y la Palabra de Dios, interpretadas auténtica y fielmente por el Magisterio de la Iglesia.

La Biblia, para todas las denominaciones cristianas, contiene la Revelación y es, como todo libro sagrado, la fuente del conocimiento y el compromiso de vida en lo referente a la fe.

Cada año, la Santa Iglesia Católica Apostólica Romana, la Iglesia Ortodoxa e Iglesias Evangélicas celebrarán el Mes de la Biblia.

Cada comunidad celebrará el mes con énfasis de acuerdo a su historia y tradición.

La Iglesia Católica Romana recordando a San Jerónimo, (a quien conmemoramos el 30 de septiembre), traductor de la Vulgata, la Biblia en lengua latina; la Ortodoxa haciendo memoria que fue en idioma griego que se escribieron los Santos Evangelios y los demás libros del Nuevo Testamento y las Iglesias Evangélicas conmemorando la publicación, el 26 de septiembre de 1569, de la primera traducción de los Textos Bíblicos a la lengua española, traducción realizada por Casiodoro de Reina y conocida como la «Biblia del Oso» ya que en su portada estaba representado dicho animal.

Muy pocos saben que esta Biblia, pese a ser fruto del trabajo de un activo protestante contenía todos los textos propios de la Biblia Vulgata latina de San Jerónimo, mencionada al inicio, que es el texto oficial de la Biblia para toda la iglesia católica romana.


Algo de historia

La palabra Biblia se origina, a través del latín, en la expresión griega τα βιβλία τα ἅγια (ta biblía ta haguia; los libros sagrados), acuñada por vez primera en I Macabeos 12:9, siendo βιβλία plural de βιβλίον (biblíon, ´papiro´ o ´rollo´, usado también para ´libro´). Se cree que este nombre nació como diminutivo del nombre de la ciudad de Biblos (Βύβλος), importante mercado de papiros de la antigüedad.

Esta frase fue empleada por los hebreos helenizados (aquellos que habitaban en ciudades de habla griega) mucho tiempo antes del nacimiento de Jesús de Nazaret para referirse al Tanaj o Antiguo Testamento. Muchos años después empezó a ser utilizada por los cristianos para referirse al conjunto de libros que forman el Antiguo Testamento así como los Evangelios y las cartas apostólicas, es decir, el Nuevo Testamento. Para ese entonces ya era común utilizar las dos primeras palabras de la frase, τα βιβλία, a manera de título.

Ya como título, y habiendo perdido el artículo τα, se empezó a utilizar en latín como biblia sacra (los libros sagrados) y de ahí fue transmitido a las demás lenguas.

La Biblia es una compilación de textos que en un principio eran documentos separados (llamados «libros»), escritos primero en hebreo, arameo y griego durante un dilatado periodo de tiempo y después reunidos para formar el Tanaj (Antiguo Testamento para los cristianos) y luego el Nuevo Testamento. Ambos testamentos forman la Biblia cristiana. En sí la Biblia fue escrita a lo largo de aproximadamente 1000 años (900 a. C. – 100 d. C.). Los textos más antiguos se encuentran en el Libro de los Jueces («Canto de Débora») y en el Pentateuco, que son datadas en la época de los dos reinos (siglos X a VIII a. C.). El libro completo más antiguo, el de Oseas es también de la misma época.

El canon católico romano de la Biblia que conocemos hoy fue sancionado por primera vez en el Concilio de Hipona en el año 393 de nuestra era, por la Iglesia Católica. Dicho canon de 73 libros (46 pertenecientes al llamado Antiguo Testamento, incluyendo 7 libros llamados actualmente Deuterocanónicos -Tobías, Judit, I Macabeos, II Macabeos, Sabiduría, Eclesiástico y Baruc- y 27 al Nuevo Testamento) fue confirmado en el Sínodo de Roma en el año 380, y ratificado en el Concilio de Cartago en el año 397, y luego nuevamente confirmado por decreto en la cuarta sesión del Concilio de Trento del 8 de abril de 1546.


Versiones castellanas de la Biblia Católica

Vienen éstas de la traducción hecha por San Jerónimo (Dalmacia, Yugoeslavia, 342-420) al latín, versión oficial de la Iglesia por casi 15 siglos. El primer intento estuvo a cargo de la corte del Rey Alfonso X, El Sabio, en 1280, conocida como la Biblia Alfonsina; en 1430, el Gran Maestre de la orden de Calatrava, Don Luis de Guzmán, patrocina a Mosé Arragel para realizar otra traducción, conocida como la Biblia de Alba.

En 1944 se publica la llamada de Nácar-Colunga, publicada por la Biblioteca de Autores Cristianos que no usa la traducción de la Vulgata como fuente si no usa los originales.

La Biblia de Jerusalén aparece en 1967, también basada en los textos originales. La primera edición de la Biblia latinoamericana, con el lenguaje propio de la región, es editada por primera vez en 2001. En el año 2005 se presentó, tras 33 años de trabajo, la Biblia de Navarra, para hacerla se tomaron como fuente los textos originales en hebreo, arameo y griego.


Consulta también el Especial del Mes de la Bibia de la Iglesia chilena

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Artículo original en Catholic.net


La Biblia más infantil: La Pasión de Jesús (II)

La Biblia más infantil: La Pasión de Jesús (II)

Jesús en el huerto de los olivos

Después de la Última Cena, Jesús se fue a rezar al Huerto de los Olivos. Los Apóstoles le siguieron, pero se quedaron dormidos cerca de donde rezaba Jesús. Jesús estaba muy triste pensando en los pecados de los hombres y en lo mucho que tenía que sufrir para salvarnos. Y le dijo a su Padre Dios: «Padre, si es posible, que no tenga que sufrir tanto; pero que no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres Tú».

«Jesús, yo no quiero ponerte triste»

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Prendimiento de JesúsPrendimiento de Jesús

Judas, uno de los doce Apóstoles que había dejado de ser amigo de Jesús, llevó hasta el Huerto de los Olivos a los fariseos y a los soldados con espadas, palos y lanzas para coger a Jesús. Jesús, cuando les vio, dijo: «Venís a por mí como si fuera un ladrón… Cogedme a mí, pero dejad marchar a mis amigos».


«Que nunca sea malo y te traicione»

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Jesús es azotadoJesús es azotado

Los soldados llevaron a Jesús ante Pilato, que era el que más mandaba. Pilato habló con Jesús, y luego dijo que lo ataran a una columna y que le dieran azotes en la espalda con látigos. Jesús sufre en silencio, por nuestros pecados.



«Jesús, yo quiero ofrecerte las cosas que me cuestan»

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La coronación de espinasLa coronación de espinas

El cuerpo de Jesús está destrozado. Los soldados se han burlado de Él, le han quitado sus ropas y le han puesto una corona de espinas y, por manto, un trapo sucio de color púrpura.

Pilato se lo enseña al pueblo, pensando que sentirán lástima y le dejarían en paz. Pero no fue así.


«Ayúdame a no burlarme de nadie»

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¡Crucifícale!¡Crucifícale!

«¡Crucifícale! ¡Crucifícale!» grita la gente como loca. Los fariseos les han convencido para que pidan la muerte de Jesús. A Pilato le dicen: «Si sueltas a Jesús, ya no serás amigo del César», que era el jefe de todos los romanos. A Pilato le da miedo perder su puesto de gobernador y condena a muerte a Jesús, aunque sabía que era inocente.


«Jesús, yo te quiero amar por los que no te quieren»

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De La Biblia más infantil, Casals, 1999. Páginas 110 a 114

Coordinador: Pedro de la Herrán

Texto: Miguel Álvarez y Sagrario Fernández Díaz

Dibujos: José Ramón Sánchez y Javier Jerez


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Aprende las parábolas de Jesús

Aprende las parábolas de Jesús

El Departamento de Religión del Grupo Educativo COAS pone a disposición de todos los usuarios una serie de ejercicios que permitirán a los niños trabajar y aprender las parábolas de Jesús. Estos ejercicios, preparados por profesores expertos en la materia, serán de gran utilidad para catequistas y padres.

Nota: los títulos enlazan los ejercicios, los cuales están disponibles en formato pdf que os podréis descargar.

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Aprende las parábolas de Jesús


Ejercicio 1

Buscar un grupo de parábolas en el Evangelio. Identificar las parábolas con los dibujos y explicar qué sucede en las viñetas.


Ejercicio 2

Las parábolas que se proponen buscarlas en el Evangelio y luego relacionar los dibujos con la letra correcta.


Ejercicio 3

Se indican unas parábolas y hay que relacionarlas con un dibujo que representa solamente una parte de la parábola, explicando qué sucede en el dibujo.


Ejercicio 4

Aquí se trata de dibujar la parte de la parábola que no está representada en las viñetas del dibujo.

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Fuente original: Grupo Educativo COAS

El trabajo

El trabajo

Eran dos hermanos que oyeron el mismo día la voz de Dios, que los llamaba a la vida perfecta y, sin demora alguna, con prontitud y generosidad, abandonaron todas las cosas y se retiraron a la soledad del campo a servir a Él solo. A fuerza de rudos trabajos cultivaban un campo, roturaron unas tierras yermas y baldías; cosechaban legumbres y cuando necesitaban para alimentarse sobriamente; además confeccionaban las ropas con que se cubrían, limpiaban con esmero su rústica cabaña y leían las Sagradas Escrituras. El resto del tiempo lo dedicaban a la oración y a la meditación de las cosas divinas.

Esta vida de retiro y de piedad no satisfizo, sin embargo, a uno de ellos, Juan, «el menor», el cual soñaba con éxtasis y visiones y casi consideraba indignos de sí aquellos trabajos que realizaba con su hermano y aquellas lecturas, a las cuales se entregaban.

Así, pues, un día le dijo claramente:

—Siento decirte, hermano, que nuestra vida me parece demasiado común; vivimos como los demás hombres; nos preocupamos demasiado de las cosas terrenas. De ahora en adelante quiero ocuparme sólo de las cosas divinas. Iré a otra parte a vivir como los ángeles, únicamente por amor de Dios. Quiero pasar así los días de mi vida. Aspiro a la sola contemplación de la grandeza inefable de Dios. Adiós, hermano; mi vocación me llama a una vida más perfecta, a una vida angélica… Un efecto desagradable produjeron estas palabras en el hermano mayor, el cual se esforzó inútilmente en disuadirle y detenerle a su lado. Juan, firmemente convencido de la sublimidad del estado al cual quería consagrarse, no se dejó desviar de su propósito. Partió, pues, sin ni siquiera pensar que su vocación pudiera ser un engaño del demonio de la pereza. Marchó, pero afortunadamente no solo. Iba con él el santo Ángel de la Guarda, decidido a no abandonarle y hacerle volver de su temeridad.

En su nuevo retiro pasó el primer día completamente entregado a la oración ya al meditación.

Sólo, al atardecer, se sintió algo desconcertado al ver que no llegaba al cuervo a traerle un buen trozo de pan, como en otro tiempo lo hiciera con san Pablo, el ermitaño.

Le parecía natural que el Señor le diese esa mísera recompensa, ya que él lo había dejado todo por servirle.

Para cenar, tuvo que contentarse con un puñado de raíces silvestres. Una gran piedra le sirvió de colchón durante la noche. Mas era tal la fuerza de su vocación que ofreció al Señor privaciones y se durmió con la persuasión íntima de que llegaría a ser un gran santo.

Su ángel, sin embargo, no dormía; velaba a su lado, no solo para alejar los animales del desierto y las enfermedades, a las cuales imprudentemente se exponía por dormir al raso, sino también para instruirle y corregirle. En las horas de la noche le mandó un sueño, durante el cual vio un cuervo —el cuervo de san Pablo— que revoloteando sobre las arenas movedizas, llevaba un pan blanco en el pico. Juan, hambriento, hacía esfuerzos constantes para cogerlo, pero el ave huía siempre de sus manos, graznando estas palabras.

—Dios, mi amo y Señor, me envía a los ancianos que ponen sus energías a su servicio, no a los jóvenes que tienen brazos robustos para trabajar.

Este sueño turbó bastante a Juan que, al despertarse, se sintió menos satisfecho que al dormirse; por otra parte, tenía los miembros ateridos por el frío de la noche y su estómago estaba vacío. Su ángel le sugirió que aceptase todas las privaciones con espíritu de penitencia, ya que se había retirado al desierto para santificarse.

Llegó el segundo día, Juan multiplicó sus oraciones; se entregó a la meditación más concentrada y absorta y eso, no obstante, el éxtasis tan deseado y el cuervo con el alimento en el pico no se presentaron. Juan pensó que tal vez había tenido distracciones voluntarias en la oración, y por eso Dios no le regalaba con las visiones y los éxtasis tan deseados.

Aquella noche se sintió feliz de tener para cenar un huevo de avestruz, hallado entre la arena caliente: no estaba muy fresco, que digamos; pero, ¿no había venido para hacer penitencia? Era muy natural que la hiciese, lo más terrible para él fue la falta de agua: ni una gota para apagar la sed. ¿Qué hacían los serafines del cielo, a quienes él quería imitar en el desierto? Pensó para sus adentros.

Su Ángel de la Guarda recogió este pensamiento, este deseo de saber y lo presentó en el trono de Dios. A su regreso, Juan dormía y en sus sueños veía animarse el desierto y poblarse de una multitud inmensa de ángeles. Uno de ellos le rozó con las alas y él trató de detenerle.

—No dispongo de tiempo, hermano —dijo el ángel— tengo que trabajar.

Otros dos se encorvaban ante el peso de una hermosa canastilla, llena de aureolas radiantes.

—Deteneos, hermanos; ¿qué lleváis?

—No podemos detenernos; tenemos una orden que cumplir: con estas aureolas hemos de coronar a los que han sudado en su labor diaria.

Otros tenían la misión de abrir las corolas de las flores, de cuidar los nidos de las aves, de consolar a los afligidos, aliviar a los enfermos, gobernar los Estados…. Todos trabajaban lo mismo en el cielo que en la tierra.

Amaneció al tercer día, sin que llegasen las alegrías espirituales que el futuro santo esperaba. Su espíritu estaba en una tensión continua; sentía el tormento del hambre, de la sed y del frío; la desilusión más terrible se cebaba en sus alma; lejos de descansar, experimentaba dolores agudos en todo el cuerpo. Pues, ¿qué tenía Dios contra él, que consumía todas las horas en su servicio? Así preguntaba angustiado y abrumado por una tristeza infinita, cuando en las horas de la noche le mandó su ángel custodio un tercer sueño.

Durante él se vio transportado a Nazaret y, sin ser visto, penetró en las santa casa de María: la Virgen estaba hilando con sus blancas manos la túnica inconsútil para su divino Hijo.

A través de un respiradero vio también el taller. San José estaba encorvado sobre el banco de la carpintería y Jesús, que con una sola señal hubiera podido llamar a una legión de ángeles, manejaba la garlopa y demás herramientas vulgares del oficio paterno.

Se despertó sobresaltado. ¿Para qué ha trabajado Nuestro Señor, sino para darnos ejemplo y para cumplir el precepto impuesto al primer hombre y en él a toda la humanidad «Comerás el pan con el sudor de tu rostro»?

Al llegar el cuarto día, sin casi darse cuenta, Juan había emprendido el regreso hacia la cabaña de su hermano. Mas, sintiéndose extenuado y sin fuerzas, trató de olvidar la tierra, meditando sobre las bellezas del cielo. Entonces el Ángel de la Guarda le inspiró estos pensamientos.

Sobre un trono de nubes, rodeado de serafines y querubines, Dios reina, en medio de su gloria infinita, recibe los hosannas de los bienaventurados y ve sus súplicas. Desde el seno de esa gloria dirige todas las cosas: cuida de que nada se interfiera para poner en peligro el equilibrio admirable y complicado del universo; su solicitud se extiende a todas las criaturas, hasta las más pequeñas que viven en el fondo del mar o en las entrañas de la tierra; sujeta a la tempestad, pronta y dispuesta para trastornar la naturaleza; dice a las aguas del océano: «Llegaréis hasta aquí y no pasaréis de los límites establecidos»; impera a los astros y endereza la florecilla, inclinada sobre sus tallo.

Juan se concentró en sí mismo para aplicarse el fruto de la meditación

—¿Cómo? —pensó—. ¡Yo desprecio el trabajo, yo que soy un miserable gusanillo de la tierra, mientras el Dios omnipotente, el Creador de todas las cosas, está operando siempre, realiza un trabajo infinito con la infinitud de su poder!

Al amanecer del quinto día, extenuado, sí, pero del todo cambiado, con andar vacilante y casi arrastrándose, se acercó a la cabaña de su hermano y llamó a la puerta.

—¿Quién es? —preguntó su morador.

—Soy yo, Juan, tu hermano.

—¿Qué? ¿No te has convertido en un ángel?

—Todavía no; pero al menos he adquirido el convencimiento de que, para asemejarse a los ángeles del Señor, es preciso unir el trabajo a la plegaria y a la contemplación.

Y así lo hizo durante todas sus vida.

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Noticias Cristianas: «Historias para amar a Dios. I Parte: Cuentos y leyendas, n.º 2», en Historias para amar, páginas 7-11.

Homenaje a la JMJ de Río de Janeiro

Homenaje a la JMJ de Río de Janeiro

Una vez terminada la JMJ Río 2013, viene lo más bonito: la esperanza y los frutos que ésta proporcionará si Dios quiere…

Con estos sentimientos y pensamientos os presentamos este vídeo musical como homenaje a esta maravillosa experiencia.

El vídeo está realizado por Chechu García, editor y cámara de Goya producciones, con música de Marc Anthony.

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Vivir mi vida: homenaje a la JMJ de Río de Janeiro

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Vivir mi vida (letra de la canción)

Voy a reír, voy a bailar

vivir mi vida, la, la, la, la

Voy a reír, voy a gozar

vivir mi vida, la, la, la, la

A veces llega la lluvia

para limpiar las heridas

A veces sólo una gota

puede vencer la sequía

Y para qué llorar, ¿Pa’ qué?

Si duele una pena, se olvida

Y para qué sufrir, ¿Pa’ qué?

Si así es la vida, hay que vivirla

Voy a reír, voy a bailar

vivir mi vida, la, la, la, la

Voy a reír, voy a gozar

vivir mi vida, la, la, la, la

Voy a vivir el momento

para entender el destino

Voy a escuchar en silencio

para encontrar el camino

Y para qué llorar, ¿Pa’ qué?

Si duele una pena, se olvida

Y para qué sufrir, ¿Pa’ qué?

Si duele una pena, se olvida

Voy a reír, voy a bailar

vivir mi vida, la, la, la, la

Voy a reír, voy a gozar

vivir mi vida, la, la, la, la

¡Mi gente!

Voy a reír, voy a bailar

¿Pa’ qué llorar? ¿Pa’ qué sufrir?

Empieza a soñar, a reír

Voy a reír, voy a bailar

Siente y baila y goza,

que la vida es una sola

Voy a reír, voy a bailar

Vive, sigue, siempre pa’lante,

no mires pa’ atrás

Mi gente, la vida es una

Voy a reír, voy a bailar

vivir mi vida, la, la, la, la

Voy a reír, voy a gozar

vivir mi vida, la, la, la, la

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¿Cómo es el cielo?

¿Cómo es el cielo?

Katheryn era una pequeña niña a la cual le encantaba investigar y preguntar todo.

Un dia se hizo la gran pregunta:

—¿Cómo es el cielo? ¿Qué pasa allá arriba? ¿Jesús camina entre las nubes? Mmmm ¿Por qué no se cae?

Entonces Kathetyn pensó y pensó hasta que decidió conversar con la persona indicada.

—¡Ya lo tengo! —dijo— ¡le voy a preguntar a Dios!

Y la niña se puso de rodillas y comenzó su charla:

—Querido Dios, necesito hacerte unas preguntas… ¿Tú crees que tienes tiempo para responderme?

A lo que Dios respondió:

—Buen día, pequeña Katheryn, ¡claro que tengo tiempo! ¡toda la eternidad para oírte!

Y Kathy respondió entonces:

—Bueno, ¡ahí va! ¿Cómo es el cielo?… ¿Se puede caminar allá arriba sin caernos?

—Aquí en el cielo todo es hermoso —dijo Dios—, las calles no estan hechas de nubes, por eso no nos caemos. ¡Estas son de oro puro! Tambien hay montañas, lagos, flores, árboles…, ¡Ah, y hasta un mar de cristal!

—¡Guauuu, buenísimo! ¡Buenísimo!… ¿Y se puede correr? —insistió Katheryn.

—Claro que sí… hay mucho pasto y campos de hermosas y extrañas flores con unos aromas que no existen en la tierra.

—¡Genial, Señor! Y la gente que esta allá arriba… ¿qué hacen?— preguntó inocentemente.

—Las personas son muy felices aquí, porque no existe la tristeza y Yo siempre estoy con ellos. Todos los habitantes del cielo pasean, cantan y disfrutan mucho todas las cosas lindas que tengo preparadas.

—Y… ¿en el cielo hay camas? —siguió interrogando.

—¡Ja, ja, ja! —se regocijó Dios al escuchar sus inquisitivas preguntas—. Sí, pequeña, pero solo son para descansar no para dormir ¡porque aquí no existe la noche, siempre es de día.

—Y, ¿hay ángeles?

—Sí, preciosa,  miles de millares… millones de millones… y son muy hermosos.

—¿Hay casas en el cielo? —continuó preguntando la niña.

—Sí, de todo tipo: las hay chicas, grandes y… más grandes, junto a lagos y montañas según su recompensa… por eso recuerda que todo lo que hagan bueno en la tierra tiene su recompensa acá en el cielo.

—¡Ah! Ya sé, Dios, si yo me porto bien y hago caso a mis papis… voy acumulando recompensas en el cielo, ¿verdad, Señor?

—Así es, pequeña Katheryn —respondió Dios.

—Bueno, Señor… esta es mi última pregunta de hoy… ¡no sé si te parecerá rara! ¿Se hacen fiestas en el cielo?

—¡Claro que sí…,  todo el tiempo! —dijo Dios— ¡Cada vez que una persona en la tierra se arrepiente de su mal camino y acepta a mi hijo Jesús como su Salvador! Así que aquí… ¡todos estamos de fiesta! ¡Recuerda siempre lo hermoso que es el cielo y que está hecho solo para recibir a todos quienes adoran a Dios!

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Basado en un cuento de Erica Correa


Evangelio del día: El tesoro y la perla

Evangelio del día: El tesoro y la perla

Mateo 13, 44-46. Fiesta de santa Rosa de Lima. El problema no es buscar el tesoro, sino saber dónde se encuentran los tesoros que Dios ha preparado para nuestra vida.

En aquel tiempo dijo Jesús a la gente: «El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra, lo vuelve a esconder, y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo. El Reino de los Cielos se parece también a un comerciante en perlas finas, que, al encontrar una de gran valor, se va a vender todo lo que tiene y la compra».

Oración introductoria

Jesús, Tú eres mi mayor tesoro. Mi vida sin Ti no vale ni sirve para nada. Permite que sepa darte el cien por ciento de este tiempo de oración. Que nada ni nadie interrumpa este diálogo que creo y espero tener con Quien tanto me ama.

Petición

Dios mío, dame la gracia de amarte más este día.

Meditación del Papa emérito

Es importante que se creen en la Iglesia las condiciones favorables para que puedan aflorar tantos «», en respuesta generosa a la llamada del amor de Dios. Será tarea de la pastoral vocacional ofrecer puntos de orientación para un camino fructífero. Un elemento central debe ser el amor a la Palabra de Dios, a través de una creciente familiaridad con la Sagrada Escritura y una oración personal y comunitaria atenta y constante, para ser capaces de sentir la llamada divina en medio de tantas voces que llenan la vida diaria. Pero, sobre todo, que la Eucaristía sea el «centro vital» de todo camino vocacional: es aquí donde el amor de Dios nos toca en el sacrificio de Cristo, expresión perfecta del amor, y es aquí donde aprendemos una y otra vez a vivir la «gran medida» del amor de Dios. Palabra, oración y Eucaristía son el tesoro precioso para comprender la belleza de una vida totalmente gastada por el Reino.

Benedicto XVI, 13 de febrero de 2012

Reflexión

Siempre me ha parecido lo más normal, que un hombre haga todo lo que está a su alcance para conseguir la perla o el tesoro más valioso del mundo. Eso fue lo que hizo Kalif. No tenía trabajo y los problemas económicos empezaban a ser cada vez más serios para su familia. Una noche, soñó que bajo el puente que unía la ciudad con el resto del valle, había un tesoro.

De madrugada se levantó, fue al puente y comenzó a cavar. La policía le vio excavando y dudó de sus intenciones. El pobre Kalif, después de unos intentos por evitar la respuesta, se sinceró: hoy soñé que debajo del puente había un tesoro y por ello vine aquí.

Uno de los policías con ironía le respondió: ¿cómo es posible que usted crea eso? Fíjese, hoy también soñé yo que debajo de la casa de un tal Kalif había un tesoro escondido. ¿Usted cree que me lo voy a creer?. Kalif calló, regresó a su casa, excavó y encontró el tesoro.

El problema no es buscar el tesoro, sino saber dónde se encuentran los tesoros que Dios ha preparado para nuestra vida. ¿Cuáles son tus tesoros? ¿Consideras tu vida matrimonial y tus hijos, verdaderos tesoros o no te das cuenta del regalo que Dios te ha concedido, porque sólo sientes el cansancio y el sudor que produce el remover la tierra para disfrutar de ellos?

¿Alguna vez has experimentado el valor de la Santa Misa y de la confesión, o la pereza de levantarte unos minutos antes el domingo te lo han ocultado?

Propósito

No se puede amar lo que no se conoce, por eso, buscaré participar en alguna actividad formativa en torno a la Eucaristía.

Diálogo con Cristo

Gracias, Señor, por tu generosidad porque gratuitamente y sin ningún merito de mi parte me ofreces el tesoro de la Eucaristía y tu Palabra. No tengo que vender nada, sólo debo dejar a un lado todo lo que me pueda apartar de Ti. Ayúdame a ser santo al saber aprovechar cada minuto de la vida que me has regalado para crecer en el amor a Ti y a los demás.