El Papa propone un «itinerario de formación» de las parejas con vistas al matrimonio. El nuevo proceso de formación incluirá un examen de los novios, una catequesis sobre el matrimonio y un retiro, todo especificado por el Derecho Canónico.
Llega San Valentín con su amor de un día cuando, en realidad, los jóvenes lo que necesitan es conocerse mejor y descubrir – los esposos de largo recorrido lo saben bien– que el amor verdadero hay que cuidarlo y trabajarlo a diario. La Iglesia, que siempre ha mostrado interés por la formación de los jóvenes para la vocación matrimonial, prepara, a través del Pontificio Consejo para la Familia, un documento destinado a mejorar la formación de los que se van a casar.
Así lo hizo saber el pasado lunes Benedicto XVI, que adelantó que esas novedades incluirán un «examen de los novios, previsto por el Derecho Canónico», «una catequesis sobre el rito del matrimonio y su significado» y un «retiro espiritual». El vademecum, explicó el Papa, estará inspirado en la idea de Juan Pablo II, que afirmaba que dicha preparación «comporta tres momentos principales: uno remoto, uno próximo y uno inmediato».
«La preparación remota –dijo Benedicto XVI– tiene por objeto a los niños, adolescentes y jóvenes. Implica a la familia, a la parroquia y a la escuela, lugares donde se educa a entender la vida como vocación al amor, que se especifica más tarde en la modalidad del matrimonio y de la virginidad para el Reino de los Cielos», explicó. En esa etapa «debe emerger progresivamente el significado de la sexualidad como capacidad de relación y energía positiva que hay que integrar en el amor auténtico», subrayó.
Las etapas más importantes
La preparación próxima –quizá la más descuidada, hoy por hoy– «está dedicada a los novios, y tendría que configurarse como un itinerario de fe y vida cristiana que lleve a un conocimiento profundo del misterio de Cristo y de la Iglesia, de los significados de la gracia y de responsabilidad del matrimonio. Es deseable presentar un camino de catequesis y experiencias vividas en la comunidad cristiana que prevea intervenciones de sacerdotes y expertos, parejas de matrimonios cristianos, en un clima de amistad y oración». Asimismo, explicó el Papa, hay que «prestar atención particular a que en esa ocasión los novios reaviven su relación personal con Jesús, especialmente escuchando la Palabra de Dios, acercándose a los sacramentos y sobre todo participando en la eucaristía», añadió.
Por último, el Papa citó la «preparación inmediata» que tiene lugar en la «proximidad del matrimonio» e hizo referencia a una «catequesis sobre el rito del matrimonio», a un «retiro espiritual» y a una «atención al rito para que la celebración se perciba como un don para toda la Iglesia».
Un curso muy especial
Gift&Task es una Fundación creada para contribuir a la promoción y defensa del matrimonio y la familia. «Vimos que había un vacío en la cuestión de formación de los novios, especialmente en las primeras etapas del noviazgo», explica Isabel Ortega, responsable del proyecto «Amor en Acción», que busca, a través del lenguaje del cine, «formar a las parejas de novios, guiados por profesionales del mundo de la psicología, la pedagogía, el cine y otras ciencias sociales». Hace apenas un año que comenzaron y por sus cursos ya han pasado más de 50 parejas, que incluso han escrito sus propios guiones y han filmado un corto.
Su página webcuenta con testimonios en vídeo de parejas que relatan su enriquecedora experiencia con vistas al futuro.
Atanasio era un hombre, entrado en años, inteligente, culto y con sensibilidad acerca de las cosas importantes de la vida. Solía ir a su cabaña en la playa, donde pasaba temporadas escribiendo y buscando inspiración para sus libros de filosofía.
Tenía la costumbre de caminar antes de comenzar su trabajo. Un amanecer, mientras paseaba junto al mar, observó a lo lejos una figura humana que se movía como un bailarín. Se sonrió al pensar en alguien bailando para saludar el día. Apresuró el paso, se acercó y vio que se trataba de un joven. Comprobó que no bailaba, sino que se agachaba para recoger algo y, suavemente, lanzarlo al mar.
A medida que se iba acercando, saludó:
—¡Buen día, joven! ¿Qué está haciendo?
El joven hizo una pausa, se dio vuelta y respondió:
—Arrojo estrellas de mar al océano.
—¿Por qué arrojas estrellas de mar al océano? —dijo el sabio.
El joven respondió:
—Hay sol y la marea está bajando, si no las arrojo al mar, morirán.
—Pero, joven, —replicó el sabio— ¿No se da cuenta que hay cientos de kilómetros de playa y miles de estrellas de mar? ¡Nunca tendrá tiempo de salvarlas a todas! ¿Realmente piensa que su esfuerzo tiene sentido?
El joven lo escuchó respetuosamente, luego se agachó, recogió otra estrella de mar, la lanzó con fuerza por encima de las olas y exclamó:
—¡Para aquella… sí, tuvo sentido!
La respuesta desconcertó a Atanasio, no podía explicarse una conducta así. Se sintió molesto, no supo qué contestar y regresó a su cabaña a escribir. Esa tarde, no tuvo inspiración para escribir y en la noche no durmió bien; soñaba con el joven y las estrellas de mar por encima de las olas… Intentó ignorarlo, pero no pudo.
La mañana siguiente, cuando el sol nuevamente lamía el mar y una suave bruma envolvía el ambiente, descubrió las siluetas de dos hombres, uno joven y otro viejo, que se veían juntas, a lo lejos, como si bailaran sobre la arena…
Atribuido a Arthur Barker
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Para la reflexión personal
Hay veces, en que pareciera que nuestra tarea, nuestro empeño carece de sentido. Nos sentimos con ganas de abandonar nuestros proyectos, nuestros sueños. Sin embargo, el solo hecho de pensar que para alguien concreto, aunque sea sólo uno, nuestro obrar tiene sentido, hace que nuestro esfuerzo esté pleno de significación y nos vuelve, gozosamente más humanos.
Percibir que para alguno de tantos otros, nuestro actuar cobra un significado valioso, hace que el “manos a la obra” sea urgente y llevadero, casi inherente a nuestro hacer por otros, cada uno de esos que se cruzan en nuestro camino–costa. Todo esfuerzo tiene sentido, si por lo menos a alguien ayuda a estar mejor; ya sea en nuestro entorno familiar, grupo lugar de trabajo.
A veces, estrella ayudada por otros; otras veces joven idealista, esforzado y luchador; por momentos, adultos sabios, capaces de aprender de nuestros errores; pero siempre, corazones inquietos tratando de saber por dónde, quién y para qué… En movimiento… Con las manos y el corazón dispuestos, en el momento oportuno… Así lo aprendimos de Dios…
Para compartir en familia o en grupo
¿Qué motivó al joven a realizar este esfuerzo?
¿Por qué nos parece que el viejo se sintió perturbado ante la respuesta del joven?
¿De las actividades que estamos haciendo o viviendo, cuáles nos parecen que no tienen sentido? ¿Estamos seguro de ello o para alguien tienen sentido?
¿Cuáles son las “estrellas” concretas que se cruzan hoy en nuestro camino?
Pensad, en familia, algún ejemplo en donde actuamos como el joven y otro, donde actuamos como Atanasio.
Gracias a la bondad de José, los hijos de Israel marcharon a Egipto con sus familias huyendo del hambre que asolaba la tierra de Canaán. Allí se multiplicaron durante cuatrocientos años, viniendo a ser tantos que comenzaron a preocupar seriamente a un faraón (un rey) que ya no se acordaba de la prosperidad que José había conseguido para Egipto.
“Tenemos que obrar astutamente con este pueblo antes de que siga creciendo y no seamos capaces de dominarlo”, decía. Y comenzó a oprimir a los israelitas mandándoles penosos trabajos, y ordenando matar a los niños varones que nacieran de ellos.
Moisés, salvado de las aguas
Pero una mujer descendiente de Leví recuerda que era un hijo de Jacobo Israel tuvo un niño muy hermoso y lo escondió durante tres meses a salvo de los egipcios. Un día tomó una cestita de papiro, le untó betún para que no le entrara el agua y puso dentro al niño dejándolo en el río entre las plantas de la orilla. La hermana del bebé se quedaba vigilando a escasa distancia para ver qué sucedía.
La hija del faraón bajó a bañarse en el río y, de pronto, vio la cestita entre las plantas y mandó a una de sus doncellas que la trajera. Al abrirla, vio al niño que lloraba, y compadecida de él se dijo: “es un hebreo” los israelitas también se llamaban hebreos. La hermana del niño, que estaba muy atenta, y era muy lista, se acercó y dijo a la hija del faraón: “¿Quieres que busque entre las mujeres hebreas alguna para que lo críe?” “Anda y ve” le respondió. La joven corrió a llamar a su madre y, cuando esta se presentó, la hija del faraón le dijo: “Toma a este niño, críamelo y yo te pagaré”
La madre del niño se lo llevó contentísima y lo crió hasta que fue grandecito, luego lo entregó confiadamente a la hija del faraón, quien lo adoptó como si fuera un hijo suyo y le puso de nombre Moisés que significa ‘salvado de las aguas’.
Cuando ya era adulto, Moisés salía a ver a sus hermanos pues no ignoraba que era hebreo. Un día vio que un egipcio maltrataba a uno de ellos; se enfadó tanto que mató al egipcio y lo sepultó en la arena.
Enterado el faraón, buscaba a Moisés para hacerle pagar por ello pero este huyó de Egipto y se refugió en un lejano país llamado Madián, en Arabia.
Allí llegó a un pozo de agua y se sentó a descansar. Vinieron al pozo siete mujeres, hijas del sacerdote de aquel lugar, para sacar agua y abrevar a sus rebaños; pero se acercaron unos pastores y las echaban de allí. Viendo lo que ocurría Moisés salió en defensa de las jóvenes, luego sacó agua y les dio para que bebiera el ganado.
Las chicas contaron a su padre lo sucedido y este, que se llamaba Jetró, mandó que le buscaran para invitarle a comer con ellos y agradecerle su valeroso gesto.
Se hicieron muy amigos y Jetró dio a Moisés a su hija Séfora por esposa.
Pasó el tiempo y murió el faraón de Egipto pero, con el nuevo, los hijos de Israel seguían siendo maltratados y clamaban a su Dios, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. Y Dios escuchó las súplicas de su pueblo y decidió actuar.
La zarza ardiente. Dios se da a conocer. Misión de Moisés
Estaba un día Moisés apacentando el ganado de su suegro cerca del monte Horeb, también conocido como monte Sinaí, cuando vio que una zarza estaba ardiendo sin cesar pero no se consumía. Se acercó para mirar pero El Señor, que estaba en medio de la zarza le dijo: “¡Moisés! ¡Moisés!” Él respondió: “Aquí estoy”. El Señor le dijo: “No te acerques, quítate las sandalias porque el lugar que pisas es tierra santa” Y añadió: “Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac, y el Dios de Jacob; he visto la aflicción de mi pueblo en Egipto y he bajado para liberarlo de las manos de los egipcios y para conducirlos a una tierra fértil y espaciosa, una tierra que mana leche y miel. Quiero enviarte al faraón para que saques a los hijos de Israel de Egipto”
Moisés dijo: “Pero si me preguntan los hijos de Israel cuál es el nombre del que me envía a ellos ¿qué responderé?” Y Dios dijo a Moisés: “YO SOY EL QUE SOY” Así responderás a mi pueblo: “YO SOY, me manda a vosotros” Y añadió: “Ve y habla con los ancianos del pueblo, ellos te escucharán, y luego id juntos a pedir al faraón que os deje salir de su país. Yo sé que no querrá dejaros pero castigaré a Egipto con grandes prodigios hasta que os deje”
A partir de este momento, el pueblo de Israel llamaría a Dios Yahvé, que significa “El que Es” Este nombre es revelado aquí en la zarza ardiente por el mismo Dios a Moisés: “YHWH”, que si te das cuenta es impronunciable porque no hay nombre capaz de definir todo lo que Dios es, pero al intentar leerlo se parece al sonido de “Yahvé”
Moisés respondió: “El faraón no va a creerme cuando le diga que vengo de parte de Yahvé” Entonces dijo Dios a Moisés: “Tira tu cayado al suelo” Y al instante se convirtió en una serpiente, luego le dijo que la cogiera por la cola y de nuevo era un palo de madera. Después le dijo que metiera su mano dentro del pecho, y cuando la sacó estaba cubierta de lepra y blanca como la nieve, luego volvió a meterla y la sacó normal, como antes.
Moisés puso todavía otro reparo: “Pero si yo soy torpe de palabra y se me traba la lengua al hablar” Dios le respondió: “Te saldrá al encuentro tu hermano Aarón; él, que es de fácil palabra, hablará al pueblo por ti. Yo estaré en tu boca y en la suya, y os mostraré todo lo que habéis de hacer. Llévate tu cayado porque con él harás los prodigios que te he mostrado”.
Ya habían muerto los que buscaban a Moisés en Egipto, así que, regresó a su país natal acompañado de su mujer y de su hijo. Por el camino le salió al paso su hermano Aarón que, escuchando una voz del Señor, fue a su encuentro. Moisés le informó de todo lo que Yahvé le había manifestado al encomendarle tan importante misión y Aarón se ofreció para acompañarle en todas las circunstancias.
Llegados a Egipto, Moisés y Aarón reunieron a los ancianos de Israel; hablaba Aarón, que tenía más facilidad de palabra, de todo lo sucedido a Moisés con el Señor. Luego, Moisés hizo delante de los ancianos y del pueblo los prodigios que Yahvé le había enseñado, y el pueblo entero creyó y adoraron a Dios con alegría y esperanza.
Moisés y Aarón fueron a entrevistarse con el faraón proponiéndole: “Permite que nuestro pueblo celebre una fiesta en honor de Yahvé en el desierto” Pero el faraón respondió: “¿Quién es Yahvé para que yo le tenga que obedecer? No conozco a ese Yahvé y no dejaré ir al pueblo de Israel”.
El faraón endurece las penas
El faraón se enfadó y dio orden de no facilitar, como hasta entonces, al pueblo la paja para fabricar los ladrillos, pues este era el duro trabajo al que estaban sometidos, sino que fueran ellos mismos a recogerla. “¡Pero exigidles la misma cantidad de ladrillos que antes sin quitar ni uno!”, dijo.
El pueblo de Israel tenía que apresurarse por todo Egipto en busca de paja, mientras que los capataces les gritaban: “¡Venga!, ¡Acabad vuestra tarea de cada día!”
Y si protestaban, les respondían: “¡Es que holgazaneáis, queréis perder el tiempo con sacrificios a vuestro Dios!”
Moisés suplicó a Dios ante esta injusticia y Yahvé le contestó: “Yo os libertaré de los trabajos forzados de los egipcios y os introduciré en la tierra que juré dar a Abraham, a Isaac y a Jacob ” Luego dijo: “Ve a hablar al faraón, rey de Egipto, para que os deje salir fuera de su tierra; él no os hará caso, pero yo os sacaré haciendo grandes señales y prodigios, y los egipcios sabrán que yo soy Yahvé, cuando vean lo que va a suceder”
Moisés y Aarón se presentaron de nuevo ante el faraón. Alentado por Moisés, Aarón dejó caer su cayado que se convirtió en serpiente delante del faraón y de sus cortesanos. Sin embargo el faraón hizo llamar a sus sabios y encantadores, los cuales consiguieron hacer un prodigio similar: echaron sus báculos al suelo y se convirtieron en serpientes; pero el báculo de Aarón devoró a todos los de ellos. A pesar de eso, el faraón se negó a dejar salir de Egipto al pueblo de Israel.
Dios castiga a Egipto con plagas
Yahvé hablo de nuevo a Moisés: “Mañana, cuando el faraón salga a bañarse al río, tú le estarás esperando; le dirás que por no haberme escuchado voy a convertir las aguas del río en sangre cuando las toque tu cayado” Moisés hizo como le había mandado Dios y dio su cayado a Aarón para que tocase con él el río delante del faraón. Al momento se convirtió todo el río en sangre, y también se convirtieron en sangre las aguas de los canales, estanques y depósitos.
Pero los magos de Egipto hicieron cosas parecidas que lograron convencer al faraón y tampoco les escuchó esta vez.
Pasaron siete días y Yahvé dijo a Moisés: “Ve al faraón y dile de mi parte: si no dejas salir a mi pueblo voy a castigar con ranas a toda tu tierra” Pero tampoco quiso hacer caso, así que subieron enormes cantidades de ranas desde el río y se metieron en todas las casas y estaban por todos lados. Los magos del faraón decían que ellos habían hecho lo mismo.
El faraón, que estaba harto de tener ranas por todos sitios dijo a Moisés y a Aarón que si alejaban las ranas les dejaría marchar, pero cuando Dios las alejó, encontró un respiro y de nuevo dijo que no.
Luego Yahvé les mandó otra plaga que consistió en gran cantidad de mosquitos por todo Egipto, pero el faraón tampoco escuchó a Moisés.
Entonces Yahvé envió otra plaga de una gran cantidad de tábanos que son unas moscas grandes. El faraón pidió a Moisés que rogara a su Dios para que se alejasen los tábanos, pero cuando se vio libre de ellos, tampoco hizo caso.
Volvió Moisés ante el faraón de parte de Dios y como no consentía en que salieran, le anunció una nueva plaga: Los ganados de los egipcios enfermarían y morirían, pero los de los israelitas no. Así sucedió, y aún así, el faraón endureció su corazón y no consintió la salida.
De nuevo dijo Yahvé a Moisés y a Aarón: “Tomad un puñado de cenizas del horno y que la tire Moisés hacia el cielo delante del faraón para que se convierta en un polvo fino que llenará a los egipcios de pupas y bultos en la piel. Así lo hicieron y sucedió tal como Yahvé había dispuesto. Los magos, que siempre estaban presentes para hacer algo similar, pretendiendo igualar a Yahvé, enfermaron también y ya no pudieron continuar más en presencia de Moisés.
El Señor anunció una nueva plaga en forma de granizo muy fuerte y grueso que cayó sobre Egipto como nunca antes se había visto. Destrozó los campos de cultivo e hirió a hombres y animales, pero en la tierra de Gosén, donde estaban los israelitas no cayó el granizo.
Como el faraón seguía sin ceder ante Moisés y Aarón, Yahvé envió por el aire una gran cantidad de langostas que se comieron lo que había quedado sin destruir por el granizo y royeron todos los árboles. El faraón pedía a Moisés que las alejara, y cuando Yahvé hizo soplar un viento muy fuerte que las arrojó al mar, engañó de nuevo a Moisés y no los dejó salir.
Vocabulario
Abrevar: Dar de beber al ganado.
Aflicción: Sufrimiento, pena.
Báculo: Bastón, palo para ayudarse a caminar.
Cayado: Igual que báculo, bastón doblado por arriba.
Holgazán: Vago, que no está dispuesto a trabajar.
Papiro: Planta con la que hacían papel los egipcios.
Primogénito: Hijo primero.
Para la catequesis
“YO SOY EL QUE SOY” ¿Qué quiso decir Yahvé al definirse así? Pregúntalo al sacerdote.
¿Qué trabajo estaban obligados a hacer los israelitas en Egipto?
¿Cuántas plagas lleva enviadas Yahvé a los egipcios hasta ahora?
Apenas su padre se había sentado al llegar a casa, dispuesto a escucharle como todos los días lo que su hija le contaba de sus actividades en el colegio, cuando está en voz algo baja, como con miedo, le dijo:
— ¿Papa?
— Sí, hija, cuéntame
— Oye, quiero… que me digas la verdad
— Claro, hija. Siempre te la digo —respondió el padre un poco sorprendido
— Es que… —titubeó Blanca
— Dime, hija, dime.
— Papá, ¿existen los Reyes Magos?
El padre de Blanca se quedó mudo, miró a su mujer, intentando descubrir el origen de aquella pregunta, pero solo pudo ver un rostro tan sorprendido como el suyo que le miraba igualmente.
— Las niñas dicen que son los padres. ¿Es verdad?
La nueva pregunta de Blanca le obligó a volver la mirada hacia la niña y tragando saliva le dijo:
— ¿Y tú qué crees, hija?
— Yo no sé, papá: que sí y que no. Por un lado me parece que sí que existen porque tú no me engañas; pero, como las niñas dicen eso.
— Mira, hija, efectivamente son los padres los que ponen los regalos pero…
— ¿Entonces es verdad? —cortó la niña con los ojos humedecidos—. ¡Me habéis engañado!
— No, mira, nunca te hemos engañado porque los Reyes Magos sí que existen —respondió el padre cogiendo con sus dos manos la cara de Blanca.
— Entonces no lo entiendo, papá.
— Siéntate, Blanquita, y escucha esta historia que te voy a contar porque ya ha llegado la hora de que puedas comprenderla —dijo el padre, mientras señalaba con la mano el asiento a su lado.
Blanca se sentó entre sus padres ansiosa de escuchar cualquier cosa que le sacase de su duda, y su padre se dispuso a narrar lo que para él debió de ser la verdadera historia de los Reyes Magos:
— Cuando el Niño Jesús nació, tres Reyes que venían de Oriente guiados por una gran estrella se acercaron al Portal para adorarle. Le llevaron regalos en prueba de amor y respeto, y el Niño se puso tan contento y parecía tan feliz que el más anciano de los Reyes, Melchor, dijo:
— ¡Es maravilloso ver tan feliz a un niño! Deberíamos llevar regalos a todos los niños del mundo y ver lo felices que serían.
— ¡Oh, sí! —exclamó Gaspar—. Es una buena idea, pero es muy difícil de hacer. No seremos capaces de poder llevar regalos a tantos millones de niños como hay en el mundo.
Baltasar, el tercero de los Reyes, que estaba escuchando a sus dos compañeros con cara de alegría, comentó:
— Es verdad que sería fantástico, pero Gaspar tiene razón y, aunque somos magos, ya somos ancianos y nos resultaría muy difícil poder recorrer el mundo entero entregando regalos a todos los niños. Pero sería tan bonito.
Los tres Reyes se pusieron muy tristes al pensar que no podrían realizar su deseo. Y el Niño Jesús, que desde su pobre cunita parecía escucharles muy atento, sonrió y la voz de Dios se escuchó en el Portal:
— Sois muy buenos, queridos Reyes Magos, y os agradezco vuestros regalos. Voy a ayudaros a realizar vuestro hermoso deseo. Decidme: ¿qué necesitáis para poder llevar regalos a todos los niños?
— ¡Oh, Señor! —dijeron los tres Reyes postrándose de rodillas. Necesitaríamos millones y millones de pajes, casi uno para cada niño que pudieran llevar al mismo tiempo a cada casa nuestros regalos, pero no podemos tener tantos pajes., no existen tantos.
— No os preocupéis por eso —dijo Dios—. Yo os voy a dar, no uno sino dos pajes para cada niño que hay en el mundo.
— ¡Sería fantástico! Pero, ¿cómo es posible? —dijeron a la vez los tres Reyes Magos con cara de sorpresa y admiración.
— Decidme, ¿no es verdad que los pajes que os gustaría tener deben querer mucho a los niños? —preguntó Dios.
— Sí, claro, eso es fundamental — asistieron los tres Reyes.
— Y, ¿verdad que esos pajes deberían conocer muy bien los deseos de los niños?
— Sí, sí. Eso es lo que exigiríamos a un paje —respondieron cada vez más entusiasmados los tres.
— Pues decidme, queridos Reyes: ¿hay alguien que quiera más a los niños y los conozca mejor que sus propios padres?
Los tres Reyes se miraron asintiendo y empezando a comprender lo que Dios estaba planeando, cuando la voz de nuevo se volvió a oír:
— Puesto que así lo habéis querido y para que en nombre de los Tres Reyes Magos de Oriente todos los niños del mundo reciban algunos regalos, YO, ordeno que en Navidad, conmemorando estos momentos, todos los padres se conviertan en vuestros pajes, y que en vuestro nombre, y de vuestra parte regalen a sus hijos los regalos que deseen. También ordeno que, mientras los niños sean pequeños, la entrega de regalos se haga como si la hicieran los propios Reyes Magos. Pero cuando los niños sean suficientemente mayores para entender esto, los padres les contarán esta historia y a partir de entonces, en todas las Navidades, los niños harán también regalos a sus padres en prueba de cariño. Y, alrededor del Belén, recordarán que gracias a los Tres Reyes Magos todos son más felices.
Cuando el padre de Blanca hubo terminado de contar esta historia, la niña se levantó y dando un beso a sus padres dijo:
— Ahora sí que lo entiendo todo papá. Y estoy muy contenta de saber que me queréis y que no me habéis engañado.
Y corriendo, se dirigió a su cuarto, regresando con su hucha en la mano mientras decía:
— No sé si tendré bastante para compraros algún regalo, pero para el año que viene ya guardaré más dinero.
Y todos se abrazaron mientras, a buen seguro, desde el Cielo, tres Reyes Magos contemplaban la escena tremendamente satisfechos.
Entre los diversos materiales que hemos barajado para ofrecer en este Adviento, figuraba un plan de actuación catequética para este tiempo litúrgico que implicara la interacción de progenitores, catequistas, niños y la parroquia; y en el Secretariado Diocesano de Catequesis de la Diócesis de Canarias hemos encontrado un material utilizable en España e Hispanoamérica. Nos propone una catequesis con la que poder trabajar el Adviento y la Navidad en conexión con el objetivo de su Plan Pastoral: Creyentes en Cristo para ser sus testigos.
Objetivos
1. Trabajar el Adviento y la Navidad en la catequesis.
2. Hablar de algunos de los personajes importantes del Belén.
3. Conectar la catequesis con la celebración de la Eucaristía del fin de semana.
Explicación de la catequesis
A los niños se les va a decir que un amigo muy especial quiere acercarse a conocerles. Para ello a lo largo de cuatro semanas nos va a ir haciendo preguntas que vamos a tener que responder en la catequesis y en la Eucaristía del fin de semana. Además tendrán que realizar algunas pruebas e investigar un poco, ayudados de sus padres para poder encontrar a este amigo que quiere acercarse a nosotros.
Cuestiones a tener en cuenta
1. Cada semana se les entregará un papel a los niños en la catequesis con la pregunta que tienen que responder, se puede pedir colaboración a sus padres.
2. En la Eucaristía del fin de semana se les preguntará a los niños por las respuestas que han escrito y se les pondrá una “tarea o prueba” que tendrán que realizar en la semana y que compartirán en catequesis.
3. Los catequistas cada semana al concluir la Eucaristía le entregarán una figura del portal de Belén.
Otras sugerencias
1. Cada semana se va a tener un símbolo, se podría presentar junto con el pan y el vino haciendo una monición, ej.:
1.ª semana del Adviento: junto con el pan y el vino te ofrecemos Señor esta vela encendida que quiere expresar nuestra vigilancia a tu venida.
2.ª semana del Adviento: junto con el pan y el vino te ofrecemos Señor este megáfono que quiere expresar nuestro compromiso de gritar las injusticias que se producen en nuestro mundo y acallan tu venida.
3.ª semana del Adviento: junto con el pan y el vino te ofrecemos Señor estos/as prismáticos/gafas que quieren expresar nuestra tarea de ver los signos de tu presencia en medio de nuestro mundo que nos hablan de tu venida.
4.ª semana del Adviento: junto con el pan y el vino te ofrecemos Señor esta Biblia que quieren expresar nuestro compromiso de querer escuchar tu Palabra que nos habla de tu venida.
2. Se podría preparar con los niños, padres y catequistas un encuentro de villancicos donde se invite a todas las personas que quieran asistir. Sería bueno que ese día pudieran ir vestidos de pastores o típicos.
3. Aprovechando este encuentro u otros se podría invitar a que trajeran alimentos para compartir con los más necesitados ese día en las Eucaristías del fin de semana.
4. Se podría ver películas que hablan sobre la navidad en dibujos animados.
5. Realizar en la parroquia o arciprestazgos “Sembradores de estrellas”.
6. Hacer una “Ruta de los Belenes”, no solo para los niños sino los padres y la comunidad.
Estructura de las catequesis
Las cuatro catequesis, correspondientes con las semanas del adviento, habría que trabajarlas antes en la coordinadora de catequistas, para distribuirse tareas y elegir qué acciones de las que se sugieren u otros van a realizar en este curso.
1. Texto del Evangelio.
2. Trabajo previo a realizar por las catequistas.
3. Catequesis con los niños donde se les entregará la hoja con la pregunta que tienen que llevar respondida a la misa del fin de semana.
4. Se sugiere que sería bueno terminar la catequesis en este tiempo acudiendo a la Iglesia para rezar e ir explicando qué es el Adviento, el por qué no hay flores, el sentido de las cuatro velas que se van encendiendo cada semana…
5. La Eucaristía del fin de semana donde el sacerdote le preguntará a los niños que han respondido y lo pondrá en conexión con el Evangelio de ese fin de semana. Además se le marcará la tarea o prueba que han de realizar en la semana.
6. A la semana siguiente en la catequesis o en la Eucaristía se les preguntará por la tarea o prueba realizada, el cómo les ha ido, si les ha sido fácil o difícil…
Nota: es importante que en todo este proceso se cuente con la ayuda de los padres o los abuelos, explicándoles antes del adviento lo que se va a hacer y las acciones que se realizarán para que acompañen a los niños. Se trata en la medida de lo posible de vivir el “verdadero sentido de la Navidad” tan desvirtuado por el consumismo de esas fechas y que con estas acciones lo puedan experimentar.
Acércate, Jesús va a nacer
1.ª Semana del Adviento: Acércate Jesús va a nacer estando vigilantes.
2.ª Semana del Adviento: Acércate Jesús va a nacer gritando.
3.ª Semana del Adviento: Acércate Jesús va a nacer viendo sus signos.
4.ª Semana del Adviento: Acércate Jesús va a nacer escuchándole.
Navidad: Acércate, Jesús ha nacido.
1.ª Semana del Adviento.
Símbolo: una vela encendida o un candelabro.
Personaje: los pastores.
1. Texto del Evangelio. Marcos 13, 33-37
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: —»Miren, vigilen: pues no saben cuándo es el momento. Es igual que un hombre que se fue de viaje y dejo su casa, y dio a cada uno de sus criados su tarea, encargando al portero que velara.
Velen entonces, pues no saben cuándo vendrá el dueño de la casa, si al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer; no sea que venga inesperadamente y les encuentre dormidos. Lo que les digo a ustedes lo digo a todos: !Velen!»
2. Trabajo previo de los catequistas
El objetivo es ayudar a los niños a descubrir la importancia de estar vigilantes. Para ello nos podemos fijar en los pastores y el trabajo que realizan, turnándose para cuidar del rebaño y que nadie se los lleve o se lo coma algún animal, en el cómo vigilan para que no se pierda… Se les puede hablar de cómo los pastores fueron los primeros en ir a ver al niño Jesús.
3. Catequesis con los niños
Se les entregará un trozo de papel con una lámpara dentro y la siguiente pregunta que responderán a lo largo de la semana llevándola a la Eucaristía del fin se semana:
El sacerdote les dirá a los niños que les respondan a la pregunta hecha y se profundizará en lo importante que es estar atentos para acercarnos al nacimiento de Jesús. Si se quiere se puede hablar de los pastores.
Compromiso de la semana: Al finalizar la Eucaristía se les dirá a los niños que para estar vigilantes y despiertos a la llegada de Jesús esta semana tendrán que rezar con sus padres antes de acostarse, pueden ayudar las oraciones que hay en el Catecismo.
Entrega de la figura: Al finalizar la Eucaristía cada catequista les entregará la figura de los pastores.
Sugerencia: Si se va a ir montando el Belén en la Iglesia se podría colocar al finalizar la homilía a los pastores dentro del portal.
5. Tarea o prueba realizada
En la catequesis o en la Eucaristía del fin de semana siguiente se preguntará si han rezado en familia.
2.ª Semana del Adviento.
Símbolo: un megáfono.
Personaje: Juan el Bautista.
1. Texto del Evangelio. Marcos 1, 1-8
Comienza el Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios. Está escrito en el profeta Isaías: Yo envío mi mensajero delante de ti para que 1 te prepare el camino. Una voz grita en el desierto: «Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos.» Juan bautizaba en el desierto; predicaba que se convirtieran y se bautizaran, para que se les perdonasen los pecados. Acudía la gente de Judea y de Jerusalén, confesaban sus pecados, y él los bautizaba en el Jordán. Juan iba vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y proclamaba: «Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias. Yo les he bautizado con agua, pero él les bautizará con Espíritu Santo.»
2. Trabajo previo de los catequistas
El objetivo es ayudar a los niños a descubrir la importancia de gritar, denunciar las injusticias que hay en nuestro mundo para ser un buen cristiana: hambre, guerra, violencia, enfermedades… Para ello nos podemos fijar en Juan Bautista, que denunció las injusticas de su tiempo, preparó el camino de Jesús, bautizó a los que querían convertirse… y dio la vida por decir y denunciar todo esto.
3. Catequesis con los niños
Se les entregará un trozo de papel con megáfono dentro y la siguiente pregunta que responderán a lo largo de la semana llevándola a la Eucaristía del fin se semana:
— ¿Qué habría que cambiar de nuestro mundo para que todos podamos vivir: unidos, en paz…? (Pídele ayuda a tus padres, abuelos, hermanos, profesores…) (Obtenga el material en este enlace.)
4. La Eucaristía del fin de semana
El sacerdote les dirá a los niños que les respondan a la pregunta hecha y se profundizará en lo importante que es no quedarse callados antes las injusticias de nuestro mundo que fue lo que hizo Juan el bautista.
Compromiso de la semana: Al finalizar la Eucaristía se les dirá a los niños que para gritar las injusticias de nuestro mundo vamos a ser como Juan el Bautista, y todas las cosas que veamos mal en el colegio, con los amigos, en la familia… las “denunciaremos”, es decir nos dirigiremos a la persona que ha hecho eso mal y se lo diremos.
Entrega de la figura: Al finalizar la Eucaristía cada catequista les entregará la figura de Juan el Bautista.
Sugerencia: si se va a ir montando el Belén en la Iglesia se podría colocar al finalizar la homilía a Juan el Bautista dentro del portal.
5. Tarea o prueba realizada
En la catequesis o en la Eucaristía del fin de semana siguiente se preguntará si han denunciado y gritado las cosas que han visto mal.
3.ª Semana del Adviento
Símbolo: Unos prismáticos o gafas.
Personaje: La estrella.
1. Texto del Evangelio. Juan 1, 6-8.19-28
Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: este venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz. Y este fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a Juan, a que le preguntaran: —“¿Tú quién eres?” El confesó sin reservas: —“Yo no soy el Mesías”. Le preguntaron: —“Entonces, ¿qué? ¿Eres tú Elías?” El dijo: —”No lo soy”. —“¿Eres tú el Profeta?” Respondió: — “No”. Y le dijeron: —“¿Quién eres, para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?”. Contestó: —“Yo soy la voz que grita en el desierto: ‘Allanad el camino del Señor’, como dijo el profeta Isaías”. Entre los enviados había fariseos y le preguntaron: —“Entonces, ¿por qué bautizas, si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?” Juan les respondió: —“Yo bautizo con agua; en medio de vosotros hay uno que no conocéis, el que viene detrás de mí, y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia”. Esto pasaba en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde estaba Juan bautizando.
2. Trabajo previo de los catequistas
El objetivo es ayudar a los niños a descubrir la importancia de estar atentos para ver los signos de la presencia de Dios en nuestro mundo. Para ello nos podemos fijar en la Estrella, que nos lleva hacia el portal, es un signo de esperanza, también en las personas que hay a nuestro alrededor que con su testimonio nos acercan a Jesús.
3. Catequesis con los niños
Se les entregará un trozo de papel con unos prismáticos o unas gafas con la siguiente pregunta que responderán a lo largo de la semana llevándola a la Eucaristía del fin se semana:
El sacerdote les dirá a los niños que les respondan a la pregunta hecha y se profundizará en lo importante que es estar atentos para ver los signos de Dios en nuestro mundo, y como nosotros los cristianos tenemos que ser testigos en nuestro mundo (Se puede hablar del plan pastoral que se esté realizando en cada diócesis).
Compromiso de la semana: Al finalizar la Eucaristía se les dirá a los niños que para ver los signos de Dios esta semana van a tener que ir por la calle, en la familia, en el colegio… y le van a tener que preguntar a la gente: — ¿Qué te gusta más de la Navidad?
Entrega de la figura: Al finalizar la Eucaristía cada catequista les entregará la figura de la estrella.
Sugerencia: si se va a ir montando el Belén en la Iglesia se podría colocar al finalizar la homilía a la estrella dentro del portal.
5. Tarea o prueba realizada
En la catequesis o en la Eucaristía del fin de semana siguiente se preguntará que les han respondido la personas.
4.ª Semana del Adviento.
Símbolo: una Biblia.
Personajes: María y José.
1. Texto del Evangelio. Lucas 1, 26-38
En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María.
El ángel, entrando en su presencia, dijo: —«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo; bendita tú eres entre las mujeres.» Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquel. El ángel le dijo: —«No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.» Y María dijo al ángel: —«¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?» El ángel le contestó: —«El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.» María contestó: —«Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.» Y, entonces, el ángel la dejó.
2. Trabajo previo de los catequistas
El objetivo es ayudar a los niños a descubrir la importancia de escuchar la Palabra de Dios. Para ello nos podemos fijar en María y José en cómo estuvieron atentos a la voz del Señor y por eso llegaran a ser los padres del Salvador.
3. Catequesis con los niños
Se les entregará un trozo de papel con una Biblia dentro y la siguiente pregunta que responderán a lo largo de la semana llevándola a la Eucaristía del fin se semana:
—¿Escuchas siempre la voz de tus padres, abuelos, amigos, catequista? ¿Haces siempre lo que te dicen? (obtenga el material en este enlace).
4. La Eucaristía del fin de semana
El sacerdote les dirá a los niños que les respondan a la pregunta hecha y se profundizará en lo importante que es estar atentos a la Palabra de Dios y escucharla como lo hizo María y José.
Compromiso de la semana: Al finalizar la Eucaristía se les dirá a los niños que para escuchar la voz de Dios van a tener que traer a sus padres, abuelos, amigos… a celebrar la Noche Buena o el día de Navidad.
Entrega de la figura: Al finalizar la Eucaristía cada catequista les entregará la figura de María y José.
Sugerencia: si se va a ir montando el Belén en la Iglesia se podría colocar al finalizar la homilía a María y San José dentro del portal.
5. Tarea o prueba realizada
Después de las vacaciones se les preguntarán a los niños que han hecho en Navidad.
Navidad
En la Noche Buena o en los días de Navidad cada catequista les entregará la figura de Jesús.
Preparar la Navidad es transformar jornadas tristes por instantes llenos de ilusión. Los romanos y los galos creían que la celebración del “son invencido” en el solsticio de invierno, conjuraba toda clase de males que crean la imaginación por el frío y la noche. Era como conjurar la degeneración y la muerte mediante la vuelta del sol, señal de vida. El sol se esconde, vuelve, ¡viva el sol y celebrémoslo!
Se comprende que ante esta ignorancia del día aniversario del nacimiento de Cristo. La Iglesia de Occidente sobrepuso a la fiesta pagana el nacimiento histórico de “quien es la luz verdadera que ilumina a todo hombre en el mundo”.
La fecha de Navidad
La fecha de Navidad no ha sido elegida porque tuviera algún trasfondo de tradición cristiana, contrariamente a la Pascua, tiempo en el que se conmemora el misterio central del cristianismo: la muerte y la resurrección de Cristo que tuvo lugar en el tiempo de la Pascua judía que corresponde a la liberación de los judíos de Egipto.
Al mismo tiempo, el impulso dado a la celebración de la Natividad del salvador no se hizo para eliminar una fiesta pagana. Se inició por la fe de las comunidades cristianas de Oriente y Occidente en la época de las grandes disputas teológicas a propósito de la divinidad de Cristo. Algunos lo constataban afirmando que él era un ser humano que tenía “cualidades divinas”.
Los Concilios
Los primeros concilios ecuménicos (siglo IV) explicitaron y reafirmaron la doble naturaleza de Cristo en cuanto hombre y Dios. Se apoyaban en el Evangelio de la Natividad, en el nacimiento virginal de Cristo, al mismo tiempo que esclarecían la fe con las palabras de Jesús en la víspera de su pasión.
La polémica de Nestorio y Eutiques provocó los grandes concilios de Efeso y Calcedonia en los que se proclamó solemnemente el dogma de las dos naturalezas (divina y humana) en la única persona del Señor Jesús y, como consecuencia, se exaltaron las glorias y prerrogativas de María, Madre de Dios (Théotkos). Todo eso dio un impulso vigoroso a la piedad católica respecto al misterio de la Encarnación que encontró en san León el Grande y en san Pedro Crisólogo los predicadores más entusiastas.
De este modo se reencontró la importancia de su nacimiento y la celebración del mismo, no como un aniversario, sino como un misterio. La elección de la fecha en diciembre es pues”segunda” en relación con esta afirmación doctrinal fundamental.
Navidad y Pascua celebran la penetración de nuestra historia mediante otra dimensión. La Resurrección es una brecha hacia el futuro, mientras que la Encarnación, la Natividad es una apertura del infinito y del Amor en nuestra historia.
Adviento en Occidente
En la Iglesia latina nació hacia el siglo Vº como una forma de oponerse a las herejías de Nestorio. La fiesta de Navidad tuvo una preparación ascética en Ravena, Francia y España desde el fin del siglo IV y principios del Vº. La duración era de tres semanas, unidas a la preparación de los bautismos que se administraban entonces en la Epifanía. El concilio de Zaragoza (380) recuerda y prescribe a sus fieles que vayan a la iglesia desde el 17 de diciembre hasta la Epifanía.
Ascesis, oración, asambleas más frecuentes son las primeras características del tiempo de preparación a la Navidad, disciplina que se precisa con los años. San Perpetuo de Tours (480) instituye un ayuno de tres días por semana que van desde san Martín a la Natividad.
En la Liturgia Romana
En laliturgia de Roma, el Adviento aparece más tarde, en la segunda mitad del siglo VIº. Es un tiempo de preparación, pero sin consideraciones ascéticas. Se centra mucho más en la alegre espera de la fiesta de Navidad que se prolonga hasta la vuelta del Señor glorioso al fin del mundo. Los textos de Isaías y las palabras de san Juan Bautista son las grandes voces litúrgicas del Adviento.
Efectivamente, no se sabe nada con precisión acerca de los orígenes del Adviento litúrgico en Roma porque el sacramentario leonino (siglo Vº) se mutiló desde su inicio, aunque no mucho. Se puede sostener que el uso del patriarcado pontifical fue aquí idéntico al de Nápoles o al de Ravena. El sacramentario gelasiano habla de cinco semanas (siglo VII).
Las homilías de san Gregorio Magno(604) señalan cuatro semanas para el tiempo litúrgico del Adviento, pero sin la observancia del ayuno. Las cuatro semanas del sacramentario gregoriano se convirtieron en ley en Francia en el siglo 8º.
Hay u observar que los formularios de las semanas preparatorias a la Navidad tuvieron alguna dificultad en encontrar su sitio en el ciclo litúrgico anual. En el sacramentario gelasiano del siglo VII, las oraciones y las antífonas de este tiempo del Adviento se encuentran al final del santoral. Será preciso aguardar a los siglos 8-9 para encontrar las misas del Adviento al principio del ciclo litúrgico de Navidad.
La preparación de la Natividad en Oriente
La Iglesia de Oriente ha visto en el Adviento más bien la espera de la luz que va a nacer.
El Adviento bizantino tiende sobre todo hacia la Epifanía “fiesta de las luces” mientras que el Adviento latino lo hace hacia la Navidad, fiesta de la venida del Señor en nuestra carne. Para preparar la victoria de la luz debemos abrirnos cada vez más a esta luz y examinarnos en nuestra luz interior. Debemos dejar que “la luz que hay en e fondo de nosotros, guíe nuestros actos diarios. Hemos de vivir en una atmósfera de docilidad, verdad y sinceridad.
En la liturgia bizantina, el domingo que precede es el de la conmemoración de todos los que, desde Adán y Eva, los primeros creados hasta José, el esposo de la Madre de Dios, han anunciado la venida en la carne del Hijo de Dios con sus obras y palabras.
La liturgia une así a todos los antepasados según la carne, al mismo tiempo que los Justos y los Profetas, según las propias palabras del Señor: ”Cualquiera que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ése es para mí un hermano, una hermana y una madre” (Mt 12,49).
En el rito caldeo y sirio, las semanas que preceden a la Navidad son las “semanas de la anunciación”. El Adviento se llama “Saboura” o el anuncio de la buena noticia. Evocan la Anunciación a Zacarías, la Anunciación a María seguida de la Visitación, la Natividad de Juan Bautista y la Anunciación a José.
Roque González de Santa Cruz es el primer santo paraguayo y jesuita. Es un ejemplo de amor ardiente a Jesucristo, muy adecuado para los jóvenes de hoy, y fue un esforzado evangelizador y fundador de las primeras Reducciones Jesuíticas. Su fiesta se celebra el 20 de noviembre.
Antes de leer su biografía, es conveniente acceder a algún material videográfico, como el que ofrecemos a continuación.
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Vídeo de presentación de la vida y virtudes de san Roque, realizado por los Matris Milites con la intención de recordar al único santo paraguayo, como ejemplo de vida para la juventud y, especialmente, para todo su país, el Paraguay.
Nacido en Asunción, Paraguay, en 1576. Desde joven demostró una gran piedad ya que a los 14 años dirigió una procesión por el bosque en honor a la Eucaristía.
Fue ordenado sacerdote a la edad de 22 años y poco después nombrado párroco de la catedral de Asunción por el Obispo Martín Ignacio de Loyola.
El 9 de mayo de 1609 San Roque entró en la Compañía de Jesús y dos años mas tarde fue nombrado superior de la primera Reducción de Paraguay, San Ignacio Guazú. En la plaza de esta ciudad existe hoy una enorme estatua en su honor.
El deseo de llevar el evangelio a todo el mundo lo animaba a seguir adelante. El 22 de marzo de 1615 fundó una reducción en Itapúa (actual ciudad de argentina de Posadas) la cual pronto se trasladó a la otra orilla del río, en lo que es hoy Encarnación, Paraguay. Por eso se le reconoce como fundador y patrono de ambas ciudades. Otras dos Reducciones fundadas por San Roque González son: Concepción (1619) y Candelaria (1627).
El 15 de noviembre de 1628, celebró la Santa Misa cerca de Caaró (hoy día en Brasil), donde se planeaba una nueva reducción. Allí fue asesinado por un cacique llamado Nezú. Los asaltantes quemaron su cuerpo pero, milagrosamente, quedó intacto el corazón. Para gran asombro de los asesinos, el corazón del santo les habló haciéndoles ver lo que habían hecho e invitándoles al arrepentimiento. Este corazón tan lleno del amor divino para todos los hombres, se mantuvo incorrupto. Cinco años mas tarde fue llevado a Roma junto con el instrumento del martirio: un hacha de piedra.
Alonso Rodríguez y Juan del Castillo
El corazón de San Roque y el hacha fueron trasladados a Paraguay en 1960 tras una breve estancia en Argentina. Ahora están expuestos en la Capilla de los Mártires en el colegio de Cristo Rey, Asunción, Paraguay. En la misma capilla hay una placa con los nombres de 23 misioneros jesuitas martirizados en la región.
Es de notar que ninguno murió a manos de los indios guaraníes de las Reducciones sino por miembros de otras tribus que no les conocían o de los «paulistas». Estos últimos eran cazadores de esclavos procedentes de San Paulo, Brasil, que tenían a los padres por enemigos por su defensa de los indios.
La visión de San Roque sobre las Reducciones se conserva en una carta a su hermano Francisco: «Nosotros trabajamos por la justicia. Los indios necesitan estar libres de la esclavitud y de la dura servidumbre personal en la que ahora se encuentran. En justicia ellos están exentos de esto por ley natural, divina y humana»
En 1931 Roque de Santa Cruz y sus dos compañeros mártires, Alonso Rodríguez y Juan del Castillo, fueron beatificados.
Su corazón incorrupto y el hacha del martirio están en la Capilla de los Mártires en el colegio de Cristo Rey, Asunción, Paraguay.
San Roque fue canonizado por Su Santidad Juan Pablo II en su visita al Paraguay, en la ciudad de Asunción, Mayo de 1988. El primer Santo Paraguayo e inspiración para toda la humanidad
La familia del santo
La opinión de que Roque González de Santa Cruz era criollo, “hijo de la tierra”, por haber nacido de padres españoles de Asunción, se ve últimamente cuestionada por las investigaciones del jesuita Rafael Carbonell, que nos hacen pensar cada vez con mayor fuerza que doña María Santa Cruz no era una dama española, sino que nació de la unión entre Pedro Santa Cruz, abuelo de Roque, miembro del primer grupo de españoles que arribaron a las tierras del Paraguay, y la hija de un cacique guaraní.
El padre de Roque
De Bartolomé González de Villaverde, nacido en León por 1512, padre de Roque, consta que embarcó en una de las once naves de la expedición del adelantado don Pedro Mendoza, que puso rumbo al Río de la Plata el 24 de agosto de 1534. Soltero y joven, se desempeñó como uno de los capitanes de la gran armada conquistadora.
Entre las mil y una desventuras de esta accidentada expedición, Bartolomé González pasó a ejercer la profesión de escribano, dejando a un lado la de soldado, y para obtener las debidas licencias embarcó a España en abril de 1539, en una expedición enviada en busca de apoyo por Domingo Martínez de Irala, que asumiera el mando de los pocos españoles sobrevivientes en Asunción. Partió de regreso con 25 años, el 2 de noviembre de 1540, con su título de escribano real y público, oficio que ejerció hasta el fin de su vida.
Como señala Carbonell, “al destacar aquellas características fundamentales del escribano, comprenderemos sus requisitos y ponderaremos el ambiente en el ejercicio de su profesión. Asimismo, el influjo de su carácter y su modo de expresarse en sus propios hijos: desde la alternancia de la vida militar y la de escribano, hasta el castellano, gramaticalmente correcto con la palabra precisa, peculiar de los escritos del P. Roque González de Santa Cruz, o la capacidad para adecuarse a personas de muy diversa condición”
La madre mestiza
En contraste a los sólidos datos sobre Bartolomé González antes de su casamiento, en España y América, sobre María de Santa Cruz apenas se tienen datos que no sean los relacionados a su matrimonio y a los procesos posteriores relacionados a los diez hijos de la familia González de Santa Cruz.
Carbonell ha encontrado vínculos documentales en procesos en los que el escribano Bartolomé González actúa de oficio a favor de Pedro de Santa Cruz, ambos miembros del primer grupo de expedicionarios que vinieron con Mendoza.
Esta estrecha relación está corroborada por un documento recientemente descubierto por el investigador correntino Gustavo Sorg: “En la ciudad de Asunción, cabeza de estas provincias y gobernación del Río de la Plata, en 18 de enero 1602, el capitán Francisco González de Santa Cruz solicitó hacer una probanza de los mucho y calificados servicios que Bartolomé González mi legítimo padre hizo en estas provincias y gobernación del Río de la Plata a la majestad del Rey nuestro señor como uno de los primeros conquistadores y descubridores de estas dichas provincias, y por el consiguiente de los que hizo Pedro de Santa Cruz mi abuelo que también fue uno de los primeros conquistadores que vinieron de los reinos de Castilla con el Adelantado y gobernados don Pedro de Mendoza los cuales vinieron de estos dichos reinos a su costa misión” (Documento n. 12 en el Archivo General de Indias, Charcas 81).
El hermano mayor de Roque declara a Bartolomé González, su padre, y a Pedro González de Santa Cruz, su abuelo, compañeros de la primera expedición de don Pedro de Mendoza. Es sabido, por un lado, que los españoles solteros de dicha expedición que aparecieron por primera vez en Asunción, los caciques les ofrecieron sus hijas, con lo que la conquista se impuso más por vía del cuñadazgo que de las armas. Por otro lado, dadas las características riesgosas de estos viajes, de hecho, la mayor parte de los expedicionarios eran solteros.
Según las investigaciones de Carbonell, del mismo Bartolomé González consta descendencia fuera de su posterior matrimonio y es altamente probable que Pedro de Santa Cruz haya tenido asimismo su propia descendencia en Asunción. Teniendo en cuenta el viaje de Bartolomé González a España, sumado al hecho de que se casó con cuarenta años según Carbonell, hubo suficiente tiempo para que una hija de Pedro de Santa Cruz, nacida en Asunción, tuviera la edad suficiente para ser desposada por su compañero de viaje, el ya escribano Bartolomé González. El hecho de que éste se haya casado más bien tarde, no era una práctica rara, ya que los varones solían establecer unas bases económicas sólidas antes de hacerlo; de hecho, el hijo mayor de la familia, Francisco González de Santa Cruz, siguió la costumbre de su padre al casarse después de los cuarenta años. El promedio de edad de las mujeres para el matrimonio, sin embargo, estaba entre los 17 y 18 años.
Supuestos estos datos, se nos impone de manera más que probable que María de Santa Cruz haya sido engendrada por Pedro de Santa Cruz y la hija de un cacique guaraní, rango que se podía equiparar a la nobleza, con lo que Roque González tendría raíz bien plantada en la cultura guaraní, por la sangre de su madre y de su abuela.
La familia
Los hijos del matrimonio González de Santa Cruz eran diez hermanos, siete varones y tres mujeres: María, Francisco, Diego, Mateo, Bartolomé, Mariana, Pedro, Roque, una mujer sin nombre conocido y Gabriel. Entre los varones, tres fueron capitanes (Francisco, Diego y Bartolomé) y cuatro sacerdotes (Mateo, Pedro, Roque y Gabriel). La familia usufructuaba el beneficio de la concesión de tierras, con el servicio personal de indígenas asignados por encomienda.
Como nos dice Carbonell: “El modo de tratar a los indios del servicio dependía de cada familia. En el hogar de los González de Santa Cruz, familia numerosa, con la chacra y el viñedo en Tacumbú, cerca de Asunción, la convivencia con los guaraníes era cotidiana. Por la conducta de los diez hijos, el conocimiento de la lengua guaraní, la capacidad y el hábito de trabajo personal, la colaboración entre ellos y el respeto a la vocación y responsabilidad específica de cada uno, no dudamos en admirar a los padre; y más, en particular, a María de Santa Cruz, la madre entregada en el anonimato de la vida hogareña cotidiana y, como muy probable indicamos, con sangre guaraní en sus venas”.
La sangre no es agua
Son conocidos el gran amor y el compromiso irrenunciable a favor de los guaraníes que Roque González manifestó desde temprana edad. Su primera misión apostólica como sacerdote diocesano fue entre los guaraníes de la región del Mbaracuayú, de la que volvió para ser párroco de la catedral de Asunción. Sin duda uno de los motivos que llevaron a Roque a dejar de lado un brillante futuro eclesiástico y unirse a los jesuitas para iniciar la experiencia de las reducciones en el Paraguay, fue una opción muy definida por la causa de la evangelización de los indígenas.
Su gran dominio y elocuencia en el uso del guaraní junto con la fuerza de su determinación por catequizar, organizar y defender a los guaraníes de la voracidad colonial, por un lado, y de la rapacidad esclavista de los bandeirantes, por otro lado, no hacen sino reforzar la idea de que en su corazón corría sangre guaraní.
Arasunu Marangatu, el anciano cacique guarani compañero de martirio de Roque González.
Las crónicas contemporáneas más importantes de cinco jesuitas sobre el martirio de Roque González, ocurrido el 15 de noviembre de 1628, en la recientemente fundada reducción de Todos los Santos del Caaro, coinciden en señalar que junto a Roque y a Alonso Rodríguez, que fueron ejecutados el mismo día y en el mismo lugar, también cayó asesinado por el Cacique Ñeesu y sus compañeros, un anciano cacique guaraní que levantó la voz en defensa de los dos jesuitas.
Denuncia
Pedro Romero, compañero de Roque González, encargado de la vecina Reducción de Candelaria de Caazapamini, que recogió los restos de sus compañeros mártires, incluido el corazón de Roque, cuenta en 1529 en carta al P. Vitelleschi, Superior general de los jesuitas, que este noble cacique no contuvo su reacción “pareciéndole mal que los tratasen de aquella suerte” encarándoles “que para qué trataban así a los sacerdotes; y luego allí le quebraron la cabeza, y le mataron con grande rabia y coraje”. Evidentemente la reprensión fue mucho más que un tímido comentario en voz baja, ya que generó una rabia mortal en su propio daño. Francisco Vázquez Trujillo, superior de las Misiones guaraníticas, en su carta del 21 de diciembre de 1629 hace referencia a “la muerte que padeció (el cacique); por defender los predicadores del Evangelio”.
Indignación
Juan Bautista Ferrufino, Procurador de la Provincia del Paraguay, llevó a Roma el corazón de Roque González. Pasando por España en 1633 presentó al Rey Felipe IV un relato del martirio de Roque, Alonso Rodríguez y Juan del Castillo; en el texto traducido del guarani al castellano barroco de la época, nos impacta el enérgico reproche del cacique: “¿Por qué, bárbaros, les habéis intentado tan atroz alevosía?… ¿Por qué pasasteis a encrueleceros con estos venerables cadáveres?… ¡Oh viles pechos!”. La incontenible indignación del venerable anciano, según hace notar esta crónica, habría sido por el escarnio al que sometieron los cuerpos de los muertos. “Cerraron con él y lo mataron”, comenta Ferrufino y añade “aunque no estaba bautizado, tan grande celo no parece que pudo ser sino sobrenatural impulso y luz de fe”.
Fiel amigo
Diego de Boroa, superior de la Provincia jesuítica del Paraguay, sensibilizado por el testimonio y el coraje de este buen hombre, consigna un pasaje muy significativo de su visita al Caaro en sus cartas anuas de 1632-1634: “Quedé impresionado ante un espacio de tierra acotado donde el viejo cacique, el fiel amigo de los jesuitas martirizados, también vertió su sangre… diciendo misa adonde cayó muerto el Santo viejo”.
Ejemplo para jóvenes
Antonio Ruiz de Montoya en su libro La conquista espiritual del Paraguay impreso en Madrid en 1639, también se hace eco de la muerte del cacique contando como “cerraron con él, y a crueles golpes lo mataron”. Y, por lo que nos cuenta Montoya, el coraje del viejo hizo con que otros también levantaran la voz ante el crimen, ya que según nos relata, “la misma reprensión hicieron dos muchachos atravesados de filial dolor de ver el destrozo que en brevísimo tiempo hicieron en sus queridos Padres; tuvieron los por matar, pero escaparon la vida, y aún la dieron a los Padres de otras reducciones, yendo por ocultos caminos a avisarles del fin del P. Roque y su compañero”.
Un trueno en el cielo
Aunque en 1932 al presentar en Roma la causa de los mártires del Caaro, se incluyeron referencias históricas del valiente anciano, no se ha consignado su nombre puesto que ninguna de las crónicas de la época del martirio lo registra. Sabemos por los cronistas que no estaba aún bautizado, que se estaba preparando como catecúmeno para recibir el bautismo y que era suegro de Guarobay, uno de los primeros caciques que recibieron a Roque en las riberas del Río Uruguay.
En los últimos años se ha reavivado el interés por recuperar la figura y el testimonio cristiano de este hombre ejemplar y el deseo de exaltar su testimonio cristiano. Cabe pues darle el nombre de “Arasunu”, conforme al papel que cumplió de encarar con “voz de trueno” la violencia y la crueldad, al precio de su propia vida. Actualizando, como profeta, la denuncia de Dios a Caín: “¿Qué has hecho? Habla la sangre de tu hermano y desde la tierra grita hasta mi” (Génesis 4, 10).
El coraje para defender la verdad y despreciar el peligro que evidentemente conocía, movido por su fe, han bastado a la Iglesia católica para dar el título de mártires a muchos que venera a lo largo de los siglos, a muchos cuyos nombres no registraron las crónicas y aún a quienes no estaban bautizados, por considerar su martirio como un “bautismo de sangre”, que los asocia de una manera muy especial a Jesucristo en su muerte y por lo tanto a su gloria.
San Martín es un gran santo queridísimo para los franceses, y muy popular en todo el mundo. Su fiesta la celebra la Iglesia universal el día 11 de noviembre.
Nació en Hungría, pero sus padres se fueron a vivir a Italia. Era hijo de un veterano del ejército y a los 15 años ya vestía el uniforme militar.
Durante más de quince siglos ha sido recordado nuestro santo por el hecho que le sucedió siendo joven y estando de militar en Amiens (Francia). Un día de invierno muy frío se encontró por el camino con un pobre hombre que estaba tiritando de frío y a medio vestir. Martín, como no llevaba nada más para regalarle, sacó la espada y dividió en dos partes su manto, y le dio la mitad al pobre. Esa noche vio en sueños que Jesucristo se le presentaba vestido con el medio manto que él había regalado al pobre y oyó que le decía: «Martín, hoy me cubriste con tu manto».
Sulpicio Severo, discípulo y biógrafo del santo, cuenta que tan pronto Martín tuvo esta visión se hizo bautizar (era catecúmeno, o sea estaba preparándose para el bautismo). Luego se presentó a su general que estaba repartiendo regalos a los militares y le dijo: «Hasta ahora te he servido como soldado. Déjame de ahora en adelante servir a Jesucristo propagando su santa religión». El general quiso darle varios premios pero él le dijo: «Estos regalos repártelos entre los que van a seguir luchando en tu ejército. Yo me voy a luchar en el ejército de Jesucristo, y mis premios serán espirituales».
En seguida se fue a Poitiers donde era obispo el gran sabio San Hilario, el cual lo recibió como discípulo y se encargó de instruirlo.
Como Martín sentía un gran deseo de dedicarse a la oración y a la meditación, San Hilario le cedió unas tierras en sitio solitario y allá fue con varios amigos, y fundó el primer convento o monasterio que hubo en Francia. En esa soledad estuvo diez años dedicado a orar, a hacer sacrificios y a estudiar las Sagradas Escrituras. Los habitantes de los alrededores consiguieron por sus oraciones y bendiciones, muchas curaciones y varios prodigios. Cuando después le preguntaban qué profesiones había ejercido respondía: «fui soldado por obligación y por deber, y monje por inclinación y para salvar mi alma».
Un día en el año 371 fue invitado a Tours con el pretexto de que lo necesitaba un enfermo grave, pero era que el pueblo quería elegirlo obispo. Apenas estuvo en la catedral toda la multitud lo aclamó como obispo de Tours, y por más que él se declarara indigno de recibir ese cargo, lo obligaron a aceptar.
En Tours fundó otro convento y pronto tenía ya 80 mojes. Y los milagros, la predicación, y la piedad del nuevo obispo hicieron desaparecer prontamente el paganismo de esa región, y las conversiones al cristianismo eran de todos los días. A los primeros que convirtió fue a su madre y a sus hermanos que eran paganos.
Un día un antiguo compañero de armas lo criticó diciéndole que era un cobarde por haberse retirado del ejército. Él le contestó: «Con la espada podía vencer a los enemigos materiales. Con la cruz estoy derrotando a los enemigos espirituales».
Recorrió todo el territorio de su diócesis dejando en cada pueblo un sacerdote. Él fue fundador de las parroquias rurales en Francia.
Dice su biógrafo y discípulo, que la gente se admiraba al ver a Martín siempre de buen genio, alegre y amable. Que en su trato empleaba la más exquisita bondad con todos.
Un día en un banquete San Martín tuvo que ofrecer una copa de vino, y la pasó primero a un sacerdote y después sí al emperador, que estaba allí a su lado. Y explicó el por qué: «Es que el emperador tiene potestad sobre lo material, pero al sacerdote Dios le concedió la potestad sobre lo espiritual». Al emperador le agradó aquella explicación.
En los 27 años que fue obispo se ganó el cariño de todo su pueblo, y su caridad era inagotable con los necesitados. Los únicos que no lo querían eran ciertos tipos que querían vivir en paz con sus vicios, pero el santo no los dejaba. De uno de ellos, que inventaba toda clase de cuentos contra San Martín, porque este le criticaba sus malas costumbres, dijo el santo cuando le aconsejaron que lo debía hacer castigar: «Si Cristo soportó a Judas, ¿por qué no he de soportar yo a este que me traiciona?».
Con varios empleados oficiales tuvo fuertes discusiones, porque en ese tiempo se acostumbraba torturar a los prisioneros para que declararan sus delitos. Nuestro santo se oponía totalmente a esto, y aunque por ello se ganó la enemistad de altos funcionarios, no permitía la tortura.
Supo por revelación cuándo le iba a llegar la muerte y comunicó la noticia a sus numerosos discípulos. Estos se reunieron junto a su lecho de enfermo y le suplicaban llorando: «¿Te alejas padre de nosotros, y nos dejas huérfanos y solos y desamparados?». El santo respondió con una frase que se ha hecho famosa: «Señor, si en algo puedo ser útil todavía, no rehuso ni rechazo cualquier trabajo y ocupación que me quieras mandar».
Pero Dios vio que ya había trabajado y sufrido bastante y se lo llevó a que recibiera en el cielo el premio por sus grandes labores en la tierra.
El medio manto de San Martín (el que cortó con la espada para dar al pobre) fue guardado en una urna y se le construyó un pequeño santuario para guardar esa reliquia. Como en latín para decir «medio manto» se dice «capilla», la gente decía: «Vamos a orar donde está la capilla». Y de ahí viene el nombre de capilla, que se da a los pequeños salones que se hacen para orar.
San Carlos Borromeo, un santo que tomó muy en serio las palabras de Jesús; «Quien ahorra su vida, la pierde, pero el que gasta su vida por Mí, la ganará». Llegó a ser Arzobispo de Milán y Cardenal, su fiesta se celebra el 4 de noviembre, y es el patrón de los catequistas y de los seminaristas. Su nombre, Carlos, significa «hombre prudente».
Era de familia muy rica. Su hermano mayor, a quien correspondía la mayor parte de la herencia, murió repentinamente al caer de un caballo.
Él consideró la muerte de su hermano como un aviso enviado por el cielo, para estar preparado porque el día menos pensado llega Dios por medio de la muerte a pedirnos cuentas. Renunció a sus riquezas y fue ordenado sacerdote y mas tarde Arzobispo de Milán. Aunque no faltan las acusaciones de que su elección fue por nepostismo (era sobrino del Papa), sus enormes frutos de santidad demuestran que fue una elección del Espíritu Santo.
Como obispo, su diócesis que reunía a los pueblos de Lombardía, Venecia, Suiza, Piamonte y Liguria. Los atendía a todos. Su escudo llevaba una sola palabra: «Humilitas», humildad. El, siendo noble y riquísimo, vivía cerca del pueblo, prívandose de lujos. Fue llamado con razón «padre de los pobres».
Decía que un obispo demasiado cuidadoso de su salud no consigue llegar a ser santo y que a todo sacerdote y a todo apóstol deben sobrarle trabajos para hacer, en vez de tener tiempo de sobra para perder.
Para con los necesitados era supremamente comprensivo. Para con sus colaboradores era muy amigable y atento, pero exigente. Y para consigo mismo era exigentísimo y severo.
Fue el primer secretario de Estado del Vaticano (en el sentido moderno).
Fue blanco de un vil atentado, mientras rezaba en su capilla, pero salió ileso, perdonando generosamente al agresor.
Fundó seminarios para formar sacerdotes bien preparados, y redactó para esos institutos unos reglamentos tan sabios, que muchos obispos los copiaron para organizar según ellos sus propios seminarios.
Fue amigo de San Pío V, San Francisco de Borja, San Felipe Neri, San Félix de Cantalicio y San Andrés Avelino y de varios santos más.
Murió joven y pobre, habiéndo enriquecido enormemente a muchos con la gracia. Murió diciendo: «Ya voy, Señor, ya voy». En Milán casi nadie durmió esa noche, ante la tremenda noticia de que su queridísimo Cardenal arzobispo, estaba agonizando.