por Eduardo Arquer | 30 Ene, 2011 | Postcomunión Historias de la Biblia
Después de ocho plagas, el faraón de Egipto seguía sin ceder. Yahvé envió otra más: Una gran oscuridad sobre Egipto que duró tres días, de modo que no se movía nadie por miedo a tropezar, menos en la tierra de Gosén, donde los israelitas veían brillar el sol igual que siempre.
La Pascua de Yahvé
Y como a pesar de todo, el faraón no hacía caso a Moisés, Yahvé anunció su última y más terrible plaga con la certeza de que tras ella, no solo dejarían salir a su pueblo, sino que hasta los mismos egipcios los forzarían a irse:
Dijo Yahvé a Moisés y a Aarón: “Este mes será para vosotros el comienzo del año. Que cada casa tome una res joven y sin defecto, cordero o cabrito. El día catorce del mes lo sacrificarán por la noche y lo comerán, y
con su sangre pintarán los postes y los dinteles de las casas donde se coma. Deberá asarse a fuego y comerla acompañada de panes ácimos y lechugas silvestres. Si algo sobra, se quemará. Habréis de comerlo de pié, preparados para salir, con los vestidos ceñidos, los pies calzados y el báculo en la mano. Comed de prisa porque en la noche pasaré por Egipto y mataré a todos los primogénitos de su pueblo. Cuando el Ángel Exterminador pase por Egipto no entrará en las casas que estén marcadas con la sangre del animal sacrificado.
Guardaréis este rito perpetuamente para vosotros y para vuestros hijos, será el rito de La Pascua de Yahvé. Recordaréis que pasó de largo por las casas de los israelitas cuando castigó a Egipto.
Y en medio de las tinieblas mató Yahvé a todos los primogénitos de la tierra de Egipto, desde el primogénito del faraón hasta el menos importante.
Aquella noche resonó un gran clamor en todo Egipto pues no había casa en donde no hubiera algún muerto. El faraón, abatido por la pena, llamó a Moisés y a Aarón y les dijo: “Salid de nuestra tierra como habéis pedido, llevaos vuestras cosas, marchaos y dejadme”
Todos los egipcios tenían miedo a morir también y apremiaban al pueblo de Israel para que saliera.
Los hijos de Israel partieron aquella misma noche de las tierras de Egipto conducidos por Moisés hacia la tierra prometida; su número era de seiscientos mil, sin contar los niños y otros muchos que se les habían unido. Habían vivido en Egipto cuatrocientos treinta años cuando la poderosa mano de Dios los liberó de aquella dura esclavitud.
Llevaban los huesos de José, según la voluntad que expresó al morir. Yahvé marchaba delante de su pueblo anunciando su presencia en forma de columna de nube durante el día y de columna de fuego por las noches, para señalarles el camino tanto de día como de noche.
El Faraón persigue a los israelitas. El paso del Mar Rojo
Cuando el faraón y sus cortesanos se vieron privados de los servicios que recibían de Israel, decidieron salir en su busca para obligarlos a regresar. El ejército egipcio se organizó con rapidez y divisó a los israelitas acampados cerca del Mar Rojo; estos, al verlos se asustaron muchísimo y llenos de temor clamaron a Yahvé, pero Moisés les tranquilizó: “No temáis, estaos tranquilos que Yahvé combatirá por vosotros”.
Y dijo Dios a Moisés: “Diles que se pongan en marcha; levanta tu cayado y extiéndelo sobre el mar y divídelo para que el pueblo lo atraviese por en medio, en seco”.
La nube, que iba delante, se colocó detrás, entre Israel y el ejército egipcio, porque caía la noche; de ese modo hacía de barrera entre ambos pueblos para que no pudieran tocarse.
Cuando Moisés tendió su mano sobre el mar, Yahvé hizo soplar durante toda la noche un viento fortísimo que lo dejó seco y dividió las aguas. El pueblo de Israel pudo entrar a pié en medio del mar, y éste formaba para ellos una muralla a derecha e izquierda sin tocarlos.
Los egipcios iniciaron su persecución y entraron en el mar, los carros, con los caballos y los soldados, seguros de que allí mismo los atraparían, pero cuando se dieron cuenta del grave error que habían cometido ya no pudieron dar marcha atrás: las ruedas se hundían en la arena, los caballos y los carros se enredaban unos con otros, no conseguían avanzar, todos los esfuerzos resultaban inútiles. Entonces, una vez que hubieron pasado los israelitas, dijo Yahvé a Moisés: “Extiende tu mano sobre el mar” Y hecho esto, los egipcios sintieron el gran estruendo de las aguas que, impetuosamente, volvían a su estado ordinario cubriendo los carros, los soldados y los caballeros, y haciendo que todo el ejército egipcio pereciera ahogado. Al ver este prodigio, Israel creyó en Yahvé y en Moisés, su siervo.
Yahvé conduce a Israel por el desierto
Tras el paso por el Mar Rojo, el Señor condujo a su pueblo por el desierto durante cuarenta años antes de llegar a la tierra prometida (Canaán). Durante este tiempo tan largo, Dios quiere darse a conocer mediante muchas señales y prodigios milagrosos, todos a favor de Israel, y les muestra la predilección que siente por ellos. Pero también es tiempo de prueba, ya que en estos cuarenta años les suceden muchas vicisitudes, a veces difíciles de entender para ellos, que poco a poco van aquilatando su fe en Yahvé, el único y verdadero Dios.
Salieron del Mar Rojo y estuvieron tres días avanzando hacia el desierto sin encontrar agua hasta que vieron unos pozos que, al probarlos, contenían aguas amargas; Dios indicó a Moisés que arrojase un madero a las aguas las cuales se volvieron dulces y buenas para beber.
Moisés instaló, algo apartada del campamento, una tienda: “La tienda de la reunión” para que quien quisiese consultar algo al Señor lo hiciera desde allí. Cuando el que entraba era Moisés, el pueblo le seguía con la mirada, luego la nube de Yahvé bajaba y se detenía ante la puerta; entonces todo el pueblo se inclinaba y adoraba a Dios
Yahvé alimenta a su pueblo
Más adelante se les fue acabando la comida y un día apareció sobre el campamento una fina capa como de escarcha caída del cielo. Moisés les dijo: “Este es el pan que os da Yahvé para alimento”
Los hijos de Israel recogieron esta capa a la que llamaron “el maná “ y prepararon el pan con ella. Nadie podía guardar para el día siguiente porque se estropeaba; solamente el día sexto de la semana guardaban para la fiesta y entonces no se estropeaba. El maná era como unas pequeñas semillas blancas que cuando se molían y tostaban sabían como las tortas de harina de trigo con miel, y sirvió de alimento constante al pueblo de Israel durante todo el tiempo que duró su peregrinación por el desierto, es decir, cuarenta años.
Acuérdate de que muchos siglos más tarde, Jesús declararía a sus discípulos que Él es el verdadero pan bajado del cielo que se queda en la Eucaristía. Y les recordaría: “Vuestros padres comieron el maná en el desierto y murieron…Yo soy el pan vivo bajado del cielo, el que come de este Pan vivirá para siempre y el pan que yo le daré es mi carne para la vida del mundo”
Muchos discípulos no lo entendieron en aquel momento.
Como había escasez de carne, Moisés les anunció de parte de Yahvé que vendría el alimento llovido del cielo; y una tarde, aparecieron bandadas de codornices que cayeron sobre el campamento y así pudieron saciar sus deseos de comer carne.
Batalla contra Amalec
En otra ocasión, vino una tribu llamada Amalec (o amalecitas) para atacar a Israel y robarle las cosas que habían traído de Egipto. Moisés organizó la defensa y encargó a Josué, un ministro de mucha confianza, que eligiera hombres y formara un ejército para luchar contra Amalec, y le dijo: “Yo estaré en la cima de la colina con el cayado de Dios en la mano”. Durante el combate, mientras Moisés tenía las manos levantadas hacia el cielo rogando a Dios, ganaban los israelitas; pero si se cansaba y bajaba los brazos, entonces ganaba Amalec. Como la batalla duraba mucho tiempo, tuvieron que sentar a Moisés sobre una piedra y sujetarle los brazos entre dos para que no los bajara. Israel consiguió de este modo una gran victoria.
Fíjate cómo durante La Santa Misa, el sacerdote levanta los brazos cuando se dirige a Dios en diversos momentos para suplicarle con mayor afán, igual que hizo Moisés.
El acontecimiento más importante: la Alianza del Sinaí
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Tres meses después de la salida de Egipto, llegaron a los pies del Monte Sinaí. Yahvé llamó a Moisés desde el monte y le dijo: “Dile a mi pueblo de mi parte: Si oís mi voz y guardáis mi alianza, seréis mi propiedad entre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra. Seréis para Mí un reino de sacerdotes, una nación santa”
Era costumbre que el hijo primogénito se consagrase a Dios como sacerdote. Yahvé considera a todo Israel como el pueblo primogénito entre los demás.
Todos contestaron: “¡Haremos lo que nos diga el Señor!”.
A los tres días, el pueblo, convocado por Yahvé, estaba a los pies del monte. Una densa nube se situó en la cima, de la cual surgían grandes truenos y relámpagos y se oyó un muy fuerte sonido de trompetas. Moisés hablaba con Dios a la vista del pueblo y Éste respondía con el trueno lo cual les atemorizaba mucho y se mantenían a distancia. Moisés subió y allí escuchó del Señor los mandamientos y preceptos que quería que cumpliera el pueblo de Israel.
Moisés bajó del monte y les explicó lo que había oído del Señor; de nuevo el pueblo contestó: “Todo cuanto ha dicho Yahvé lo cumpliremos y obedeceremos”. Entonces Moisés construyó un altar con doce piedras, una por cada tribu, y ofreció un sacrificio solemne: Tomó sangre del animal sacrificado, que simboliza la fuente de la vida, y la aspergió primero sobre el altar, que representa a Dios, y luego sobre el pueblo diciendo: “Esta es la sangre de la alianza que hace con vosotros Yahvé sobre todos estos preceptos.”
A esta unión especial de Yahvé con su pueblo, por medio de la sangre, a los pies del monte se la conoce como La Alianza del Sinaí, en la que Dios acepta el sacrificio ofrecido por Moisés en nombre de todo Israel y se compromete a conducir hacia Canaán al pueblo elegido. Yahvé renueva así el pacto eterno que hizo con Abraham, y después con Isaac y con Jacob para ellos y para toda su descendencia. Siglos más tarde, Jesús renovaría para siempre la última y definitiva alianza de Dios con toda la humanidad por medio de la sangre de su propio sacrificio en la cruz, con estas palabras pronunciadas ante sus discípulos en la Última Cena: “Éste es el cáliz de Mi sangre, sangre de la Alianza Nueva y Eterna que será derramada por vosotros y por todos los hombres para el perdón de los pecados. Haced esto en conmemoración Mía”.
Dios explica a Moisés cómo quiere que se le dé culto
Nuevamente subió Moisés al monte y recibió de Dios instrucciones para construir el Arca de La Alianza, que era un arca pequeña que podían transportar entre cuatro personas porque llevaba dos barras de madera a lo largo; estaba cubierta toda de oro por dentro y por fuera, y portaba encima, en los extremos, dos querubines de oro puro que se miraban el uno al otro y que con sus alas cubrían el arca.
Dentro se guardarían las tablas de piedra con los mandamientos, que el mismo Dios entregaría a Moisés, y allí el Señor hablaría con Moisés.
Además del Arca, Yahvé le mandó fabricar:
- Una mesa de madera cubierta de oro, para las ofrendas: El altar de las ofrendas.
- Un candelabro de oro puro con siete lámparas.
- Una tienda o Tabernáculo hecho con primorosas telas, cortinas y tapices, para colocar en su interior el Arca de La Alianza, que, a su vez, debería estar reservada detrás de un rico velo de tela.
- Un altar de madera cubierta de oro para perfumar con incienso la habitación donde estuviera el arca: El altar de los perfumes.
- Y fuera de la habitación, al aire libre, otro altar de madera y bronce para los sacrificios de los animales: El altar de los sacrificios.

Todo ello rodeado por un atrio de columnas y cortinas de 46 metros de largo por 22 de ancho.
Yahvé también indicó cómo deberían ser las vestiduras de los sacerdotes, con valiosos tejidos, piedras preciosas y bordados.
Que, por cierto, se parecen a las que usan hoy día los sacerdotes al celebrar La Santa Misa, y es un signo de la fidelidad que mantiene La Iglesia para seguir los deseos de Dios desde antiguo.
Por último, Yahvé ordenó que se descansara un día en la semana, el sábado, recordando que la creación del mundo la realizó en seis días, y el séptimo descansó.
Nosotros descansamos el domingo, día en que Jesús, con su resurrección, trajo la alegría de la salvación a toda la humanidad.
Vocabulario
Ácimo: Sin levadura
Aquilatar: Apreciar debidamente
Asperger: Rociar
Atrio: Espacio descubierto
Dintel: Parte superior de una puerta o ventana que carga sobre las jambas.
Jamba: Cualquiera de las dos piezas que, puestas verticalmente en los lados de las puertas o ventanas, sostienen su dintel.
Primogénito: El primero que nace.
Querubín: Una clase de ángel.
Res: Cabeza de ganado.
Rito: Conjunto de reglas establecidas para el culto.
Vicisitud: Suceso. Orden sucesivo o alternativo de cosas diferentes.
Para la catequesis
- ¿Cómo hacía notar Yahvé su presencia entre el pueblo mientras marchaban por el desierto? ¿Está presente hoy Dios entre nosotros?, ¿dónde?
- ¿Por qué levanta las manos el sacerdote en algunos momentos de la celebración de La Santa Misa? Pregúntaselo.
- El mismo Yahvé dio instrucciones para confeccionar las vestiduras sagradas. ¿Sabes cómo se llama cada prenda de las vestiduras sagradas que usa el sacerdote en La Santa Misa? ¿Sabías que cada una tiene un significado? Pregúntale al sacerdote
- ¿Cuál es el sacrificio que sella la Nueva y definitiva Alianza de Dios con los hombres?
por Luis M. Benavides | 1 Ene, 2011 | Postcomunión Narraciones
Atanasio era un hombre, entrado en años, inteligente, culto y con sensibilidad acerca de las cosas importantes de la vida. Solía ir a su cabaña en la playa, donde pasaba temporadas escribiendo y buscando inspiración para sus libros de filosofía.
Tenía la costumbre de caminar antes de comenzar su trabajo. Un amanecer, mientras paseaba junto al mar, observó a lo lejos una figura humana que se movía como un bailarín. Se sonrió al pensar en alguien bailando para saludar el día. Apresuró el paso, se acercó y vio que se trataba de un joven. Comprobó que no bailaba, sino que se agachaba para recoger algo y, suavemente, lanzarlo al mar.
A medida que se iba acercando, saludó:
—¡Buen día, joven! ¿Qué está haciendo?
El joven hizo una pausa, se dio vuelta y respondió:
—Arrojo estrellas de mar al océano.
—¿Por qué arrojas estrellas de mar al océano? —dijo el sabio.
El joven respondió:
—Hay sol y la marea está bajando, si no las arrojo al mar, morirán.
—Pero, joven, —replicó el sabio— ¿No se da cuenta que hay cientos de kilómetros de playa y miles de estrellas de mar? ¡Nunca tendrá tiempo de salvarlas a todas! ¿Realmente piensa que su esfuerzo tiene sentido?
El joven lo escuchó respetuosamente, luego se agachó, recogió otra estrella de mar, la lanzó con fuerza por encima de las olas y exclamó:
—¡Para aquella… sí, tuvo sentido!
La respuesta desconcertó a Atanasio, no podía explicarse una conducta así. Se sintió molesto, no supo qué contestar y regresó a su cabaña a escribir. Esa tarde, no tuvo inspiración para escribir y en la noche no durmió bien; soñaba con el joven y las estrellas de mar por encima de las olas… Intentó ignorarlo, pero no pudo.
La mañana siguiente, cuando el sol nuevamente lamía el mar y una suave bruma envolvía el ambiente, descubrió las siluetas de dos hombres, uno joven y otro viejo, que se veían juntas, a lo lejos, como si bailaran sobre la arena…
Atribuido a Arthur Barker
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Para la reflexión personal
Hay veces, en que pareciera que nuestra tarea, nuestro empeño carece de sentido. Nos sentimos con ganas de abandonar nuestros proyectos, nuestros sueños. Sin embargo, el solo hecho de pensar que para alguien concreto, aunque sea sólo uno, nuestro obrar tiene sentido, hace que nuestro esfuerzo esté pleno de significación y nos vuelve, gozosamente más humanos.
Percibir que para alguno de tantos otros, nuestro actuar cobra un significado valioso, hace que el “manos a la obra” sea urgente y llevadero, casi inherente a nuestro hacer por otros, cada uno de esos que se cruzan en nuestro camino–costa. Todo esfuerzo tiene sentido, si por lo menos a alguien ayuda a estar mejor; ya sea en nuestro entorno familiar, grupo lugar de trabajo.
A veces, estrella ayudada por otros; otras veces joven idealista, esforzado y luchador; por momentos, adultos sabios, capaces de aprender de nuestros errores; pero siempre, corazones inquietos tratando de saber por dónde, quién y para qué… En movimiento… Con las manos y el corazón dispuestos, en el momento oportuno… Así lo aprendimos de Dios…
Para compartir en familia o en grupo
- ¿Qué motivó al joven a realizar este esfuerzo?
- ¿Por qué nos parece que el viejo se sintió perturbado ante la respuesta del joven?
- ¿De las actividades que estamos haciendo o viviendo, cuáles nos parecen que no tienen sentido? ¿Estamos seguro de ello o para alguien tienen sentido?
- ¿Cuáles son las “estrellas” concretas que se cruzan hoy en nuestro camino?
- Pensad, en familia, algún ejemplo en donde actuamos como el joven y otro, donde actuamos como Atanasio.
Valores en juego
Compasión. Compromiso. Confianza. Optimismo. Sabiduría.
Para disfrutar del buen cine
La vida es bella
- Origen: Italia
- Director: Roberto Benigni
- Protagonistas: Roberto Benigni / Nicoletta Braschi
- Título original: La Vita e Bella
- Año: 1999
- Duración: 111 min
- Género: Comedia dramática
- Calificación: SAM 14
La lista de Schlinder
- Origen: EE UU
- Director: Steven Spielberg
- Protagonistas: Liam Nelson / Ben Kingsley
- Título original: Schindler’s List
- Año: 1993
- Duración: 195 min
- Género: Drama /Biografía
- Calificación: SAM 14
La ciudad de la alegría
- Origen: EE UU
- Director: Roland Joffe
- Protagonistas: Phil Collins / Patrick Swayze
- Título original: City of Joy
- Año: 1992
- Duración: 142 min
- Género: Drama
- Calificación: SAM 14
Darse cuenta
- Origen: Argentina
- Director: Alejandro Doria
- Protagonistas: L. Brando/ Dora Baret/Luis Brandoni
- Título original: Dead Man Walking
- Año: 1992
- Duración: 104 min
- Género: Drama
- Calificación: SAM 18
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por Eduardo Arquer | 31 Dic, 2010 | Postcomunión Historias de la Biblia
Gracias a la bondad de José, los hijos de Israel marcharon a Egipto con sus familias huyendo del hambre que asolaba la tierra de Canaán. Allí se multiplicaron durante cuatrocientos años, viniendo a ser tantos que comenzaron a preocupar seriamente a un faraón (un rey) que ya no se acordaba de la prosperidad que José había conseguido para Egipto.
“Tenemos que obrar astutamente con este pueblo antes de que siga creciendo y no seamos capaces de dominarlo”, decía. Y comenzó a oprimir a los israelitas mandándoles penosos trabajos, y ordenando matar a los niños varones que nacieran de ellos.
Moisés, salvado de las aguas
Pero una mujer descendiente de Leví recuerda que era un hijo de Jacob o Israel tuvo un niño muy hermoso y lo escondió durante tres meses a salvo de los egipcios. Un día tomó una cestita de papiro, le untó betún para que no le entrara el agua y puso dentro al niño dejándolo en el río entre las plantas de la orilla. La hermana del bebé se quedaba vigilando a escasa distancia para ver qué sucedía.
La hija del faraón bajó a bañarse en el río y, de pronto, vio la cestita entre las plantas y mandó a una de sus doncellas que la trajera. Al abrirla, vio al niño que lloraba, y compadecida de él se dijo: “es un hebreo” los israelitas también se llamaban hebreos. La hermana del niño, que estaba muy atenta, y era muy lista, se acercó y dijo a la hija del faraón: “¿Quieres que busque entre las mujeres hebreas alguna para que lo críe?” “Anda y ve” le respondió. La joven corrió a llamar a su madre y, cuando esta se presentó, la hija del faraón le dijo: “Toma a este niño, críamelo y yo te pagaré”
La madre del niño se lo llevó contentísima y lo crió hasta que fue grandecito, luego lo entregó confiadamente a la hija del faraón, quien lo adoptó como si fuera un hijo suyo y le puso de nombre Moisés que significa ‘salvado de las aguas’.
Cuando ya era adulto, Moisés salía a ver a sus hermanos pues no ignoraba que era hebreo. Un día vio que un egipcio maltrataba a uno de ellos; se enfadó tanto que mató al egipcio y lo sepultó en la arena.
Enterado el faraón, buscaba a Moisés para hacerle pagar por ello pero este huyó de Egipto y se refugió en un lejano país llamado Madián, en Arabia.
Allí llegó a un pozo de agua y se sentó a descansar. Vinieron al pozo siete mujeres, hijas del sacerdote de aquel lugar, para sacar agua y abrevar a sus rebaños; pero se acercaron unos pastores y las echaban de allí. Viendo lo que ocurría Moisés salió en defensa de las jóvenes, luego sacó agua y les dio para que bebiera el ganado.
Las chicas contaron a su padre lo sucedido y este, que se llamaba Jetró, mandó que le buscaran para invitarle a comer con ellos y agradecerle su valeroso gesto.
Se hicieron muy amigos y Jetró dio a Moisés a su hija Séfora por esposa.
Pasó el tiempo y murió el faraón de Egipto pero, con el nuevo, los hijos de Israel seguían siendo maltratados y clamaban a su Dios, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. Y Dios escuchó las súplicas de su pueblo y decidió actuar.
La zarza ardiente. Dios se da a conocer. Misión de Moisés
Estaba un día Moisés apacentando el ganado de su suegro cerca del monte Horeb, también conocido como monte Sinaí, cuando vio que una zarza estaba ardiendo sin cesar pero no se consumía. Se acercó para mirar pero El Señor, que estaba en medio de la zarza le dijo: “¡Moisés! ¡Moisés!” Él respondió: “Aquí estoy”. El Señor le dijo: “No te acerques, quítate las sandalias porque el lugar que pisas es tierra santa” Y añadió: “Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac, y el Dios de Jacob; he visto la aflicción de mi pueblo en Egipto y he bajado para liberarlo de las manos de los egipcios y para conducirlos a una tierra fértil y espaciosa, una tierra que mana leche y miel. Quiero enviarte al faraón para que saques a los hijos de Israel de Egipto”
Moisés dijo: “Pero si me preguntan los hijos de Israel cuál es el nombre del que me envía a ellos ¿qué responderé?” Y Dios dijo a Moisés: “YO SOY EL QUE SOY” Así responderás a mi pueblo: “YO SOY, me manda a vosotros” Y añadió: “Ve y habla con los ancianos del pueblo, ellos te escucharán, y luego id juntos a pedir al faraón que os deje salir de su país. Yo sé que no querrá dejaros pero castigaré a Egipto con grandes prodigios hasta que os deje”
A partir de este momento, el pueblo de Israel llamaría a Dios Yahvé, que significa “El que Es” Este nombre es revelado aquí en la zarza ardiente por el mismo Dios a Moisés: “YHWH”, que si te das cuenta es impronunciable porque no hay nombre capaz de definir todo lo que Dios es, pero al intentar leerlo se parece al sonido de “Yahvé”
Moisés respondió: “El faraón no va a creerme cuando le diga que vengo de parte de Yahvé” Entonces dijo Dios a Moisés: “Tira tu cayado al suelo” Y al instante se convirtió en una serpiente, luego le dijo que la cogiera por la cola y de nuevo era un palo de madera. Después le dijo que metiera su mano dentro del pecho, y cuando la sacó estaba cubierta de lepra y blanca como la nieve, luego volvió a meterla y la sacó normal, como antes.
Moisés puso todavía otro reparo: “Pero si yo soy torpe de palabra y se me traba la lengua al hablar” Dios le respondió: “Te saldrá al encuentro tu hermano Aarón; él, que es de fácil palabra, hablará al pueblo por ti. Yo estaré en tu boca y en la suya, y os mostraré todo lo que habéis de hacer. Llévate tu cayado porque con él harás los prodigios que te he mostrado”.
Ya habían muerto los que buscaban a Moisés en Egipto, así que, regresó a su país natal acompañado de su mujer y de su hijo. Por el camino le salió al paso su hermano Aarón que, escuchando una voz del Señor, fue a su encuentro. Moisés le informó de todo lo que Yahvé le había manifestado al encomendarle tan importante misión y Aarón se ofreció para acompañarle en todas las circunstancias.
Llegados a Egipto, Moisés y Aarón reunieron a los ancianos de Israel; hablaba Aarón, que tenía más facilidad de palabra, de todo lo sucedido a Moisés con el Señor. Luego, Moisés hizo delante de los ancianos y del pueblo los prodigios que Yahvé le había enseñado, y el pueblo entero creyó y adoraron a Dios con alegría y esperanza.
Moisés y Aarón fueron a entrevistarse con el faraón proponiéndole: “Permite que nuestro pueblo celebre una fiesta en honor de Yahvé en el desierto” Pero el faraón respondió: “¿Quién es Yahvé para que yo le tenga que obedecer? No conozco a ese Yahvé y no dejaré ir al pueblo de Israel”.
El faraón endurece las penas
El faraón se enfadó y dio orden de no facilitar, como hasta entonces, al pueblo la paja para fabricar los ladrillos, pues este era el duro trabajo al que estaban sometidos, sino que fueran ellos mismos a recogerla. “¡Pero exigidles la misma cantidad de ladrillos que antes sin quitar ni uno!”, dijo.
El pueblo de Israel tenía que apresurarse por todo Egipto en busca de paja, mientras que los capataces les gritaban: “¡Venga!, ¡Acabad vuestra tarea de cada día!”
Y si protestaban, les respondían: “¡Es que holgazaneáis, queréis perder el tiempo con sacrificios a vuestro Dios!”
Moisés suplicó a Dios ante esta injusticia y Yahvé le contestó: “Yo os libertaré de los trabajos forzados de los egipcios y os introduciré en la tierra que juré dar a Abraham, a Isaac y a Jacob ” Luego dijo: “Ve a hablar al faraón, rey de Egipto, para que os deje salir fuera de su tierra; él no os hará caso, pero yo os sacaré haciendo grandes señales y prodigios, y los egipcios sabrán que yo soy Yahvé, cuando vean lo que va a suceder”
Moisés y Aarón se presentaron de nuevo ante el faraón. Alentado por Moisés, Aarón dejó caer su cayado que se convirtió en serpiente delante del faraón y de sus cortesanos. Sin embargo el faraón hizo llamar a sus sabios y encantadores, los cuales consiguieron hacer un prodigio similar: echaron sus báculos al suelo y se convirtieron en serpientes; pero el báculo de Aarón devoró a todos los de ellos. A pesar de eso, el faraón se negó a dejar salir de Egipto al pueblo de Israel.
Dios castiga a Egipto con plagas
Yahvé hablo de nuevo a Moisés: “Mañana, cuando el faraón salga a bañarse al río, tú le estarás esperando; le dirás que por no haberme escuchado voy a convertir las aguas del río en sangre cuando las toque tu cayado” Moisés hizo como le había mandado Dios y dio su cayado a Aarón para que tocase con él el río delante del faraón. Al momento se convirtió todo el río en sangre, y también se convirtieron en sangre las aguas de los canales, estanques y depósitos.
Pero los magos de Egipto hicieron cosas parecidas que lograron convencer al faraón y tampoco les escuchó esta vez.
Pasaron siete días y Yahvé dijo a Moisés: “Ve al faraón y dile de mi parte: si no dejas salir a mi pueblo voy a castigar con ranas a toda tu tierra” Pero tampoco quiso hacer caso, así que subieron enormes cantidades de ranas desde el río y se metieron en todas las casas y estaban por todos lados. Los magos del faraón decían que ellos habían hecho lo mismo.
El faraón, que estaba harto de tener ranas por todos sitios dijo a Moisés y a Aarón que si alejaban las ranas les dejaría marchar, pero cuando Dios las alejó, encontró un respiro y de nuevo dijo que no.
Luego Yahvé les mandó otra plaga que consistió en gran cantidad de mosquitos por todo Egipto, pero el faraón tampoco escuchó a Moisés.
Entonces Yahvé envió otra plaga de una gran cantidad de tábanos que son unas moscas grandes. El faraón pidió a Moisés que rogara a su Dios para que se alejasen los tábanos, pero cuando se vio libre de ellos, tampoco hizo caso.
Volvió Moisés ante el faraón de parte de Dios y como no consentía en que salieran, le anunció una nueva plaga: Los ganados de los egipcios enfermarían y morirían, pero los de los israelitas no. Así sucedió, y aún así, el faraón endureció su corazón y no consintió la salida.
De nuevo dijo Yahvé a Moisés y a Aarón: “Tomad un puñado de cenizas del horno y que la tire Moisés hacia el cielo delante del faraón para que se convierta en un polvo fino que llenará a los egipcios de pupas y bultos en la piel. Así lo hicieron y sucedió tal como Yahvé había dispuesto. Los magos, que siempre estaban presentes para hacer algo similar, pretendiendo igualar a Yahvé, enfermaron también y ya no pudieron continuar más en presencia de Moisés.
El Señor anunció una nueva plaga en forma de granizo muy fuerte y grueso que cayó sobre Egipto como nunca antes se había visto. Destrozó los campos de cultivo e hirió a hombres y animales, pero en la tierra de Gosén, donde estaban los israelitas no cayó el granizo.
Como el faraón seguía sin ceder ante Moisés y Aarón, Yahvé envió por el aire una gran cantidad de langostas que se comieron lo que había quedado sin destruir por el granizo y royeron todos los árboles. El faraón pedía a Moisés que las alejara, y cuando Yahvé hizo soplar un viento muy fuerte que las arrojó al mar, engañó de nuevo a Moisés y no los dejó salir.
Vocabulario
Abrevar: Dar de beber al ganado.
Aflicción: Sufrimiento, pena.
Báculo: Bastón, palo para ayudarse a caminar.
Cayado: Igual que báculo, bastón doblado por arriba.
Holgazán: Vago, que no está dispuesto a trabajar.
Papiro: Planta con la que hacían papel los egipcios.
Primogénito: Hijo primero.
Para la catequesis
- “YO SOY EL QUE SOY” ¿Qué quiso decir Yahvé al definirse así? Pregúntalo al sacerdote.
- ¿Qué trabajo estaban obligados a hacer los israelitas en Egipto?
- ¿Cuántas plagas lleva enviadas Yahvé a los egipcios hasta ahora?
por Alberto Luna Pastore SJ | jesuitasparaguay.org.py | 14 Nov, 2010 | Confirmación Vida de los Santos
Roque González de Santa Cruz es el primer santo paraguayo y jesuita. Es un ejemplo de amor ardiente a Jesucristo, muy adecuado para los jóvenes de hoy, y fue un esforzado evangelizador y fundador de las primeras Reducciones Jesuíticas. Su fiesta se celebra el 20 de noviembre.
Antes de leer su biografía, es conveniente acceder a algún material videográfico, como el que ofrecemos a continuación.
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Vídeo de presentación de la vida y virtudes de san Roque, realizado por los Matris Milites con la intención de recordar al único santo paraguayo, como ejemplo de vida para la juventud y, especialmente, para todo su país, el Paraguay.
Documental San Roque González, el santo paraguayo, de ValdesTV Comunicaciones.
San Roque González de Santa Cruz
Nacido en Asunción, Paraguay, en 1576. Desde joven demostró una gran piedad ya que a los 14 años dirigió una procesión por el bosque en honor a la Eucaristía.
Fue ordenado sacerdote a la edad de 22 años y poco después nombrado párroco de la catedral de Asunción por el Obispo Martín Ignacio de Loyola.
El 9 de mayo de 1609 San Roque entró en la Compañía de Jesús y dos años mas tarde fue nombrado superior de la primera Reducción de Paraguay, San Ignacio Guazú. En la plaza de esta ciudad existe hoy una enorme estatua en su honor.
El deseo de llevar el evangelio a todo el mundo lo animaba a seguir adelante. El 22 de marzo de 1615 fundó una reducción en Itapúa (actual ciudad de argentina de Posadas) la cual pronto se trasladó a la otra orilla del río, en lo que es hoy Encarnación, Paraguay. Por eso se le reconoce como fundador y patrono de ambas ciudades. Otras dos Reducciones fundadas por San Roque González son: Concepción (1619) y Candelaria (1627).
El 15 de noviembre de 1628, celebró la Santa Misa cerca de Caaró (hoy día en Brasil), donde se planeaba una nueva reducción. Allí fue asesinado por un cacique llamado Nezú. Los asaltantes quemaron su cuerpo pero, milagrosamente, quedó intacto el corazón. Para gran asombro de los asesinos, el corazón del santo les habló haciéndoles ver lo que habían hecho e invitándoles al arrepentimiento. Este corazón tan lleno del amor divino para todos los hombres, se mantuvo incorrupto. Cinco años mas tarde fue llevado a Roma junto con el instrumento del martirio: un hacha de piedra.
Alonso Rodríguez y Juan del Castillo
El corazón de San Roque y el hacha fueron trasladados a Paraguay en 1960 tras una breve estancia en Argentina. Ahora están expuestos en la Capilla de los Mártires en el colegio de Cristo Rey, Asunción, Paraguay. En la misma capilla hay una placa con los nombres de 23 misioneros jesuitas martirizados en la región.
Es de notar que ninguno murió a manos de los indios guaraníes de las Reducciones sino por miembros de otras tribus que no les conocían o de los «paulistas». Estos últimos eran cazadores de esclavos procedentes de San Paulo, Brasil, que tenían a los padres por enemigos por su defensa de los indios.
La visión de San Roque sobre las Reducciones se conserva en una carta a su hermano Francisco: «Nosotros trabajamos por la justicia. Los indios necesitan estar libres de la esclavitud y de la dura servidumbre personal en la que ahora se encuentran. En justicia ellos están exentos de esto por ley natural, divina y humana»
En 1931 Roque de Santa Cruz y sus dos compañeros mártires, Alonso Rodríguez y Juan del Castillo, fueron beatificados.
Su corazón incorrupto y el hacha del martirio están en la Capilla de los Mártires en el colegio de Cristo Rey, Asunción, Paraguay.
San Roque fue canonizado por Su Santidad Juan Pablo II en su visita al Paraguay, en la ciudad de Asunción, Mayo de 1988. El primer Santo Paraguayo e inspiración para toda la humanidad
La familia del santo
La opinión de que Roque González de Santa Cruz era criollo, “hijo de la tierra”, por haber nacido de padres españoles de Asunción, se ve últimamente cuestionada por las investigaciones del jesuita Rafael Carbonell, que nos hacen pensar cada vez con mayor fuerza que doña María Santa Cruz no era una dama española, sino que nació de la unión entre Pedro Santa Cruz, abuelo de Roque, miembro del primer grupo de españoles que arribaron a las tierras del Paraguay, y la hija de un cacique guaraní.
El padre de Roque
De Bartolomé González de Villaverde, nacido en León por 1512, padre de Roque, consta que embarcó en una de las once naves de la expedición del adelantado don Pedro Mendoza, que puso rumbo al Río de la Plata el 24 de agosto de 1534. Soltero y joven, se desempeñó como uno de los capitanes de la gran armada conquistadora.
Entre las mil y una desventuras de esta accidentada expedición, Bartolomé González pasó a ejercer la profesión de escribano, dejando a un lado la de soldado, y para obtener las debidas licencias embarcó a España en abril de 1539, en una expedición enviada en busca de apoyo por Domingo Martínez de Irala, que asumiera el mando de los pocos españoles sobrevivientes en Asunción. Partió de regreso con 25 años, el 2 de noviembre de 1540, con su título de escribano real y público, oficio que ejerció hasta el fin de su vida.
Como señala Carbonell, “al destacar aquellas características fundamentales del escribano, comprenderemos sus requisitos y ponderaremos el ambiente en el ejercicio de su profesión. Asimismo, el influjo de su carácter y su modo de expresarse en sus propios hijos: desde la alternancia de la vida militar y la de escribano, hasta el castellano, gramaticalmente correcto con la palabra precisa, peculiar de los escritos del P. Roque González de Santa Cruz, o la capacidad para adecuarse a personas de muy diversa condición”
La madre mestiza
En contraste a los sólidos datos sobre Bartolomé González antes de su casamiento, en España y América, sobre María de Santa Cruz apenas se tienen datos que no sean los relacionados a su matrimonio y a los procesos posteriores relacionados a los diez hijos de la familia González de Santa Cruz.
Carbonell ha encontrado vínculos documentales en procesos en los que el escribano Bartolomé González actúa de oficio a favor de Pedro de Santa Cruz, ambos miembros del primer grupo de expedicionarios que vinieron con Mendoza.
Esta estrecha relación está corroborada por un documento recientemente descubierto por el investigador correntino Gustavo Sorg: “En la ciudad de Asunción, cabeza de estas provincias y gobernación del Río de la Plata, en 18 de enero 1602, el capitán Francisco González de Santa Cruz solicitó hacer una probanza de los mucho y calificados servicios que Bartolomé González mi legítimo padre hizo en estas provincias y gobernación del Río de la Plata a la majestad del Rey nuestro señor como uno de los primeros conquistadores y descubridores de estas dichas provincias, y por el consiguiente de los que hizo Pedro de Santa Cruz mi abuelo que también fue uno de los primeros conquistadores que vinieron de los reinos de Castilla con el Adelantado y gobernados don Pedro de Mendoza los cuales vinieron de estos dichos reinos a su costa misión” (Documento n. 12 en el Archivo General de Indias, Charcas 81).
El hermano mayor de Roque declara a Bartolomé González, su padre, y a Pedro González de Santa Cruz, su abuelo, compañeros de la primera expedición de don Pedro de Mendoza. Es sabido, por un lado, que los españoles solteros de dicha expedición que aparecieron por primera vez en Asunción, los caciques les ofrecieron sus hijas, con lo que la conquista se impuso más por vía del cuñadazgo que de las armas. Por otro lado, dadas las características riesgosas de estos viajes, de hecho, la mayor parte de los expedicionarios eran solteros.
Según las investigaciones de Carbonell, del mismo Bartolomé González consta descendencia fuera de su posterior matrimonio y es altamente probable que Pedro de Santa Cruz haya tenido asimismo su propia descendencia en Asunción. Teniendo en cuenta el viaje de Bartolomé González a España, sumado al hecho de que se casó con cuarenta años según Carbonell, hubo suficiente tiempo para que una hija de Pedro de Santa Cruz, nacida en Asunción, tuviera la edad suficiente para ser desposada por su compañero de viaje, el ya escribano Bartolomé González. El hecho de que éste se haya casado más bien tarde, no era una práctica rara, ya que los varones solían establecer unas bases económicas sólidas antes de hacerlo; de hecho, el hijo mayor de la familia, Francisco González de Santa Cruz, siguió la costumbre de su padre al casarse después de los cuarenta años. El promedio de edad de las mujeres para el matrimonio, sin embargo, estaba entre los 17 y 18 años.
Supuestos estos datos, se nos impone de manera más que probable que María de Santa Cruz haya sido engendrada por Pedro de Santa Cruz y la hija de un cacique guaraní, rango que se podía equiparar a la nobleza, con lo que Roque González tendría raíz bien plantada en la cultura guaraní, por la sangre de su madre y de su abuela.
La familia
Los hijos del matrimonio González de Santa Cruz eran diez hermanos, siete varones y tres mujeres: María, Francisco, Diego, Mateo, Bartolomé, Mariana, Pedro, Roque, una mujer sin nombre conocido y Gabriel. Entre los varones, tres fueron capitanes (Francisco, Diego y Bartolomé) y cuatro sacerdotes (Mateo, Pedro, Roque y Gabriel). La familia usufructuaba el beneficio de la concesión de tierras, con el servicio personal de indígenas asignados por encomienda.
Como nos dice Carbonell: “El modo de tratar a los indios del servicio dependía de cada familia. En el hogar de los González de Santa Cruz, familia numerosa, con la chacra y el viñedo en Tacumbú, cerca de Asunción, la convivencia con los guaraníes era cotidiana. Por la conducta de los diez hijos, el conocimiento de la lengua guaraní, la capacidad y el hábito de trabajo personal, la colaboración entre ellos y el respeto a la vocación y responsabilidad específica de cada uno, no dudamos en admirar a los padre; y más, en particular, a María de Santa Cruz, la madre entregada en el anonimato de la vida hogareña cotidiana y, como muy probable indicamos, con sangre guaraní en sus venas”.
La sangre no es agua
Son conocidos el gran amor y el compromiso irrenunciable a favor de los guaraníes que Roque González manifestó desde temprana edad. Su primera misión apostólica como sacerdote diocesano fue entre los guaraníes de la región del Mbaracuayú, de la que volvió para ser párroco de la catedral de Asunción. Sin duda uno de los motivos que llevaron a Roque a dejar de lado un brillante futuro eclesiástico y unirse a los jesuitas para iniciar la experiencia de las reducciones en el Paraguay, fue una opción muy definida por la causa de la evangelización de los indígenas.
Su gran dominio y elocuencia en el uso del guaraní junto con la fuerza de su determinación por catequizar, organizar y defender a los guaraníes de la voracidad colonial, por un lado, y de la rapacidad esclavista de los bandeirantes, por otro lado, no hacen sino reforzar la idea de que en su corazón corría sangre guaraní.
Arasunu Marangatu, el anciano cacique guarani compañero de martirio de Roque González.
Las crónicas contemporáneas más importantes de cinco jesuitas sobre el martirio de Roque González, ocurrido el 15 de noviembre de 1628, en la recientemente fundada reducción de Todos los Santos del Caaro, coinciden en señalar que junto a Roque y a Alonso Rodríguez, que fueron ejecutados el mismo día y en el mismo lugar, también cayó asesinado por el Cacique Ñeesu y sus compañeros, un anciano cacique guaraní que levantó la voz en defensa de los dos jesuitas.
Denuncia
Pedro Romero, compañero de Roque González, encargado de la vecina Reducción de Candelaria de Caazapamini, que recogió los restos de sus compañeros mártires, incluido el corazón de Roque, cuenta en 1529 en carta al P. Vitelleschi, Superior general de los jesuitas, que este noble cacique no contuvo su reacción “pareciéndole mal que los tratasen de aquella suerte” encarándoles “que para qué trataban así a los sacerdotes; y luego allí le quebraron la cabeza, y le mataron con grande rabia y coraje”. Evidentemente la reprensión fue mucho más que un tímido comentario en voz baja, ya que generó una rabia mortal en su propio daño. Francisco Vázquez Trujillo, superior de las Misiones guaraníticas, en su carta del 21 de diciembre de 1629 hace referencia a “la muerte que padeció (el cacique); por defender los predicadores del Evangelio”.
Indignación
Juan Bautista Ferrufino, Procurador de la Provincia del Paraguay, llevó a Roma el corazón de Roque González. Pasando por España en 1633 presentó al Rey Felipe IV un relato del martirio de Roque, Alonso Rodríguez y Juan del Castillo; en el texto traducido del guarani al castellano barroco de la época, nos impacta el enérgico reproche del cacique: “¿Por qué, bárbaros, les habéis intentado tan atroz alevosía?… ¿Por qué pasasteis a encrueleceros con estos venerables cadáveres?… ¡Oh viles pechos!”. La incontenible indignación del venerable anciano, según hace notar esta crónica, habría sido por el escarnio al que sometieron los cuerpos de los muertos. “Cerraron con él y lo mataron”, comenta Ferrufino y añade “aunque no estaba bautizado, tan grande celo no parece que pudo ser sino sobrenatural impulso y luz de fe”.
Fiel amigo
Diego de Boroa, superior de la Provincia jesuítica del Paraguay, sensibilizado por el testimonio y el coraje de este buen hombre, consigna un pasaje muy significativo de su visita al Caaro en sus cartas anuas de 1632-1634: “Quedé impresionado ante un espacio de tierra acotado donde el viejo cacique, el fiel amigo de los jesuitas martirizados, también vertió su sangre… diciendo misa adonde cayó muerto el Santo viejo”.
Ejemplo para jóvenes
Antonio Ruiz de Montoya en su libro La conquista espiritual del Paraguay impreso en Madrid en 1639, también se hace eco de la muerte del cacique contando como “cerraron con él, y a crueles golpes lo mataron”. Y, por lo que nos cuenta Montoya, el coraje del viejo hizo con que otros también levantaran la voz ante el crimen, ya que según nos relata, “la misma reprensión hicieron dos muchachos atravesados de filial dolor de ver el destrozo que en brevísimo tiempo hicieron en sus queridos Padres; tuvieron los por matar, pero escaparon la vida, y aún la dieron a los Padres de otras reducciones, yendo por ocultos caminos a avisarles del fin del P. Roque y su compañero”.
Un trueno en el cielo
Aunque en 1932 al presentar en Roma la causa de los mártires del Caaro, se incluyeron referencias históricas del valiente anciano, no se ha consignado su nombre puesto que ninguna de las crónicas de la época del martirio lo registra. Sabemos por los cronistas que no estaba aún bautizado, que se estaba preparando como catecúmeno para recibir el bautismo y que era suegro de Guarobay, uno de los primeros caciques que recibieron a Roque en las riberas del Río Uruguay.
En los últimos años se ha reavivado el interés por recuperar la figura y el testimonio cristiano de este hombre ejemplar y el deseo de exaltar su testimonio cristiano. Cabe pues darle el nombre de “Arasunu”, conforme al papel que cumplió de encarar con “voz de trueno” la violencia y la crueldad, al precio de su propia vida. Actualizando, como profeta, la denuncia de Dios a Caín: “¿Qué has hecho? Habla la sangre de tu hermano y desde la tierra grita hasta mi” (Génesis 4, 10).
El coraje para defender la verdad y despreciar el peligro que evidentemente conocía, movido por su fe, han bastado a la Iglesia católica para dar el título de mártires a muchos que venera a lo largo de los siglos, a muchos cuyos nombres no registraron las crónicas y aún a quienes no estaban bautizados, por considerar su martirio como un “bautismo de sangre”, que los asocia de una manera muy especial a Jesucristo en su muerte y por lo tanto a su gloria.
por CeF | Varios en Internet | 31 Oct, 2010 | Confirmación Vida de los Santos
San Carlos Borromeo, un santo que tomó muy en serio las palabras de Jesús; «Quien ahorra su vida, la pierde, pero el que gasta su vida por Mí, la ganará». Llegó a ser Arzobispo de Milán y Cardenal, su fiesta se celebra el 4 de noviembre, y es el patrón de los catequistas y de los seminaristas. Su nombre, Carlos, significa «hombre prudente».
Era de familia muy rica. Su hermano mayor, a quien correspondía la mayor parte de la herencia, murió repentinamente al caer de un caballo.
Él consideró la muerte de su hermano como un aviso enviado por el cielo, para estar preparado porque el día menos pensado llega Dios por medio de la muerte a pedirnos cuentas. Renunció a sus riquezas y fue ordenado sacerdote y mas tarde Arzobispo de Milán. Aunque no faltan las acusaciones de que su elección fue por nepostismo (era sobrino del Papa), sus enormes frutos de santidad demuestran que fue una elección del Espíritu Santo.
Como obispo, su diócesis que reunía a los pueblos de Lombardía, Venecia, Suiza, Piamonte y Liguria. Los atendía a todos. Su escudo llevaba una sola palabra: «Humilitas», humildad. El, siendo noble y riquísimo, vivía cerca del pueblo, prívandose de lujos. Fue llamado con razón «padre de los pobres».
Decía que un obispo demasiado cuidadoso de su salud no consigue llegar a ser santo y que a todo sacerdote y a todo apóstol deben sobrarle trabajos para hacer, en vez de tener tiempo de sobra para perder.
Para con los necesitados era supremamente comprensivo. Para con sus colaboradores era muy amigable y atento, pero exigente. Y para consigo mismo era exigentísimo y severo.
Fue el primer secretario de Estado del Vaticano (en el sentido moderno).
Fue blanco de un vil atentado, mientras rezaba en su capilla, pero salió ileso, perdonando generosamente al agresor.
Fundó seminarios para formar sacerdotes bien preparados, y redactó para esos institutos unos reglamentos tan sabios, que muchos obispos los copiaron para organizar según ellos sus propios seminarios.
Fue amigo de San Pío V, San Francisco de Borja, San Felipe Neri, San Félix de Cantalicio y San Andrés Avelino y de varios santos más.
Murió joven y pobre, habiéndo enriquecido enormemente a muchos con la gracia. Murió diciendo: «Ya voy, Señor, ya voy». En Milán casi nadie durmió esa noche, ante la tremenda noticia de que su queridísimo Cardenal arzobispo, estaba agonizando.
Artículo original en corazones.org
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Recursos audiovisuales
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por Anónimo | Luis M. Benavides | 31 Oct, 2010 | Postcomunión Narraciones
Al atardecer, cuando los últimos rayos del sol tocaban las puntas de las tiendas de los campamentos sioux, los niños solían sentarse alrededor del fuego junto a los ancianos de la tribu para escuchar sus historias y aprender sobre la vida.
El viejo cacique sioux, Achomawi (que significa hombre del río) estaba teniendo una charla con sus dos nietos Leotie (flor de la pradera) y Pakiutlema (guardián del cañón).
Les decía:
—Me siento como si una gran pelea estuviera ocurriendo en mi corazón y es entre dos lobos.
Uno de los lobos representa la maldad, es violento, rencoroso, y vengador.
El otro, es bondadoso, humilde, generoso y está lleno de amor y compasión.
Esta misma pelea está ocurriendo dentro de ustedes, y dentro de todos los seres de la tierra…
Los niños se quedaron contemplando en silencio el fuego por un largo rato. Finalmente, Leotie alzó sus ojos almendrados y profundos y preguntó:
—Abuelo, dime: ¿cuál de los lobos ganará?
Y el viejo cacique respondió simplemente:
—El que ustedes alimenten…
Adaptación de autor desconocido
Para la reflexión personal
Pelea concreta y cotidiana que todos libramos con nuestros propios lobos y con los de los demás. Estar atentos a qué cosas alimentamos en nuestro interior y sobre todo, con qué lo hacemos, ya estamos mediando en esa lucha. Si nuestra mente y nuestro interior, permanentemente están alimentados de imágenes de violencia, de lecturas superficiales, de amistades interesadas, de pensamientos oscuros, de banalidades y maledicencias, de conversaciones dañinas, de cuestiones superficiales; sin preocuparnos nada más que por nosotros mismos, no tendríamos que sorprendernos que en nuestra vida vayan creciendo dichos sentimientos.
Dicen que en la mitad de la vida, uno tiene la cara que se merece. No estoy tan seguro de que esto sea tan cierto, pero algo de verdad indica, seguramente. Si de jóvenes nos vamos rodeando de buenos compañeros, trabajamos honestamente por cimentar los valores en nuestra personalidad; escuchamos, vemos y leemos cuestiones que nos elevan; examinamos todo y nos quedamos con lo bueno; dialogamos con todo y con todos, pero seguimos firmes a nuestros principios y tenemos una actitud abierta, franca y sincera, probablemente el bien, la bondad y la belleza, por ende, la armonía se constituyan en un disfrute sereno en nuestra vejez.
El lobo que representa la maldad, la violencia, la envidia, el rencor y la venganza, hace que finalmente se enfrente con nosotros, y nos caiga con todo su horror destruyendo lo que somos. La maravilla de esto es que depende exclusivamente de nosotros. Si alimentamos el bien, nos hará crecer cada vez más, agrandando y ennobleciendo eso de ser humanos, haciéndonos felices a nosotros mismos y a los demás. Como Dios quiere…
Para compartir en familia o en grupo
- Enumerar diez actitudes, cosas o situaciones que pueden alimentar el lobo del mal en nosotros.
- Enumerar diez actitudes, cosas o situaciones que pueden alimentar el lobo del bien en nosotros.
- ¿Qué lobo siento que está mejor alimentado en mí? ¿Quién creo que ganará la lucha y por qué?
- ¿Qué elementos en nuestro proyecto de vida nos ayudarán a alimentar el lobo del bien, la bondad y la belleza?
- Buscar algún adulto mayor de nuestra confianza y estima, leerle el cuento y compartir lo reflexionado, estableciendo semejanzas y diferencias.
Valores en juego
Aprender. Bondad. Consejo. Integridad. Libertad.
Para disfrutar del buen cine
Dersu Uzala
- Origen: Japón
- Director: Akira Kurosawa
- Protagonistas: Maxim Munzg / Yuri Solomine
- Año: 1975
- Duración: 120 min
- Género: Aventuras, drama
- Calificación: ATP
El hombre sin rostro
- Origen: EE UU
- Director: Mel Gibson
- Protagonistas: Mel Gibson / G. Lewis/ M. Whitton
- Otro título: The Man Without a Face
- Año: 1983
- Duración: 110 min
- Género: Drama
- Calificación: SAM 14
La fuerza de uno
- Origen: EE UU / Francia
- Director: John G. Vildsen
- Protagonistas: N. Kubheka / S. Fenton
- Otro título: The Power of One
- Año: 1992
- Duración: 127 min
- Género: Drama
- Calificación: SAM 14
La misión
- Origen: EE UU
- Director: Roland Joffe
- Protagonistas: Robert De Niro / Jeremy Irons
- Otro título: The Mission
- Año: 1986
- Duración: 120 min
- Género: Testimonial, histórico
- Calificación: ATP
por Luis M. Benavides | 31 Oct, 2010 | Catequesis Metodología
Todo cristiano, o mejor, toda persona que sinceramente desea comunicarse con su Señor, va experimentando diferentes formas de oración a lo largo de su vida. Podríamos resumirlas o agruparlas en torno a tres elementos:
1. Los momentos reservados a la oración personal.
2. Una actitud de fe que informa e inspira sus actos diarios.
3. La celebración comunitaria de esa fe.
El niño tendrá que ir experimentando desde pequeño las diferentes formas de oración que han surgido en la historia del Pueblo de Dios. Para cada momento el niño conocerá y vivirá una forma de oración. Así, conocerá la alabanza por todo lo bello y hermoso que Dios nos dio; la oración de súplica; la de acción de gracias; la oración a través del canto, del gesto, del dibujo; las oraciones de carácter repetitivo, los textos breves de la Palabra de Dios, la oración personal, etcétera.
Aunque existen diversas maneras de hacer oración, podríamos hablar de dos formas básicas: la oración personal o silenciosa y la oración comunitaria. Es decir, la oración individual que cada ser humano realiza con su Dios y la oración compartida con los hermanos en torno a un mismo Padre.
La oración personal o silenciosa
Los niños tienen que acostumbrarse paulatinamente a lograr espacios de silencio interior. Es decir, a lograr momentos de comunicación profunda con Dios nuestro Padre. El niño -también el adulto- tiene que poder ponerse delante de Dios, para presentarle sus inquietudes, sus temores y esperanzas, sus peticiones, sus alabanzas, sus acciones de gracias. En todo momento debe captar que Dios es su Padre y que nunca lo abandona, aun en los momentos difíciles. El niño debe aprender a invocar a Dios que nos ama y nos conserva; a Jesús Hijo de Dios y hermano nuestro que nos conduce al Padre; al Espíritu Santo que habita en nosotros y a María, Madre de Jesús y Madre nuestra.
La oración comunitaria
Los niños necesitan ir realizando sus primeras experiencias de oración comunitaria, desde pequeños. Ellos deben poder captar que la comunidad, la familia, los amigos, los demás también están para rezar con uno, para compartir alegrías y dolores, para rezar juntos por una intención personal. Un niño pidiendo a sus amigos que recen por su gatito enfermo está generando un acto salvífico del amor de Dios.
Así, por medio de la oración comunitaria, el niño conocerá:
- la oración de alabanza por todo lo bello y hermoso que Dios nos da y nos regala constantemente a través de toda la Creación. La alabanza es la forma de orar que reconoce de la manera más directa que Dios es Dios. Le canta por Él mismo, le da gloria no por lo que hace, sino por lo que Él es. La alabanza integra las otras formas de oración y las lleva hacia Aquél que es su fuente y su término. La alabanza tiene su síntesis vital del Antiguo Testamento en la expresión hebrea «¡Hallelu-Ya!» (Aleluya), «¡Alabad al Señor!»
- la oración de súplica y petición: que no sólo presenta ante Dios todas nuestras necesidades, angustias y miedos sino que nos solidariza con el resto de los hombres, haciéndonos conscientes y responsables de todos aquellos a quienes tenemos presentes en nuestras oraciones, abriéndonos a todos los problemas personales y sociales. Orar por otros, como expresión de la “comunión de los santos”, incluso por los enemigos; nos acerca a la oración de Jesús.
- la oración de acción de gracias: expresa nuestro continuo agradecimiento por todo lo que Dios nos regala y realiza cada día y en cada momento por nosotros. Agradecemos por que su Amor es infinito. En todo dad gracias, pues esto es lo que Dios, en Cristo Jesús, quiere de vosotros (1 Ts 5, 18).
Es muy importante que los niños puedan hacer oración y expresar en voz alta sus propias preocupaciones, sus propias intenciones. Estas oraciones espontáneas -de petición, de alabanza y de agradecimiento- muy gratas a los niños y, estoy convencido, que a Dios también, van a ir despertando el sentido comunitario de la oración.
En ese sentido, tenemos que ayudar a los niños, para que escuchen atentamente las oraciones de los otros y no las repitan por imitación o costumbre y tratar de que las oraciones sean lo más personalizadas posibles. La idea es ponerle rostros concretos de personas a todas las oraciones y siempre en primera persona (singular o plural). Ejemplos:
- Una cosa es orar diciendo: “Yo le pido al Señor por los chicos pobres…” (impersonal y en 3.ª persona) y, otra muy distinta, es orar diciendo: “Yo te pido Jesús por esos tres chicos que hoy a la mañana observé limpiando los parabrisas de los coches, para que los ayudes…”.
- Una cosa es pedir “por los enfermos” y otra muy distinta, es compartir con los compañeros: “Buen Jesús, te pido por mi abuela Clara que está enferma…”.
- Una cuestión es rezar para “que seamos cada vez más buenos” y otra, muy diferente es rezar por “fulano” (con nombre y apellido) ese compañero que no me llevo muy bien, para que pueda comprenderlo mejor y acercarme a él…
De esta manera, por las experiencias de oración junto a los demás (sobre todo, en las Celebraciones de la Palabra), los niños van tomando conciencia paulatina de la gran oración comunitaria de la Iglesia: la Liturgia, que alcanza su expresión máxima en la Eucaristía o Santa Misa. Es de lamentar que a medida que pasan los años, más nos vamos alejando de la oración comunitaria, compartida desde la vida.
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No te aflijas si no recibes de Dios inmediatamente lo que pides: es Él quien quiere hacerte más bien todavía mediante tu perseverancia en permanecer con él en oración. El quiere que nuestro deseo sea probado en la oración. Así nos dispone para recibir lo que él está dispuesto a darnos…
San Agustín
(De la Serie «Iniciación en la oración», columna 6.ª)
por P. Pegueros | REDIFAM.org | 17 Oct, 2010 | Novios Artículos temáticos
¿Cómo eran los Matrimonios en los primeros siglos de la Iglesia?…
¿Cómo fue cambiando el Matrimonio cristiano hasta llegar a la forma que actualmente conocemos?…
¿Desde un principio se consideró el Matrimonio como Sacramento?…
¿Se puede decir que el Matrimonio es un sacerdocio?…
* * *
Decía el beato Juan XXIII: “Jesucristo dignificó el Matrimonio elevando este contrato entre los bautizados a la categoría de Sacramento, y quiso también santificar con su ejemplo la convivencia familiar haciéndose miembro de un hogar, espejo de las más hermosas virtudes” (2 de octubre de 1959).
Hay un documento muy antiguo llamado Carta a Diogneto que se escribió por el año 160 de la era cristiana. Según esta Carta los cristianos “se casan como todos”, por lo judío, por lo griego, por lo romano. Aceptan las leyes imperiales, mientras no vayan en contra del Evangelio. El Matrimonio se celebra “en el Señor”, dentro de la comunidad cristiana, sin una ceremonia especial.

En el mundo judío, venían primero los esponsales y unos meses más tarde la boda tenía lugar en la casa, no en la sinagoga. Pero, como todo en Israel, tenía una dimensión religiosa ya que la celebración incluía oración y bendición.
En el mundo romano había diversas maneras, pero el consentimiento viene a constituir en la práctica lo esencial de la unión matrimonial. Decía la ley romana: “No es la unión sexual lo que hace el matrimonio, sino el consentimiento.
Los cristianos se casan como todo el mundo, pero “dan muestras de una conducta especial, admirable y, por acuerdo de todos, sorprendente”, sigue diciendo la Carta. Acogen la vida que nace, no abandonan a sus hijos y respetan el lecho matrimonial.
San Ignacio de Antioquía invita a los cristianos a casarse “con conocimiento del Obispo para que el casamiento sea conforme al Señor y no por solo deseo”.
Los Papas mostraron mucho interés por el Matrimonio cristiano, pero el reconocimiento del matrimonio como Sacramento fue muy lento. San Agustín lo llamó sacramento, en sentido de misterio, refiriéndose al plan divino sobre la unión del hombre y la mujer. No será sino hasta el Concilio II de Lyon (1274), cuando la Iglesia lo reconozca como uno de los siete Sacramentos instituidos por Cristo.
Un poco antes se dispuso que el Matrimonio fuera celebrado en la propia parroquia, con el fin de que fuera un acto conocido de toda la comunidad, lo que no sucedía cuando tenía lugar en la casa de la novia, ante pocos testigos.
La Iglesia, después del Vaticano II, ha venido estudiando juntos el Sacerdocio y el Matrimonio, porque “estos dos Sacramentos están ordenados a la salvación de los demás.
Contribuyen ciertamente a la propia salvación, pero esto lo hacen mediante el servicio que prestan a los demás. Confieren una misión particular en la Iglesia y sirven a la edificación del Pueblo de Dios” (Catecismo de la Iglesia Católica n. 1534).
El Matrimonio ha sido instituido por Dios para celebrar la realidad del amor humano entre marido y mujer, vivido bajo la acción del Espíritu Santo.
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Fuente: Red de Institutos Universitarios Latinoamericanos de Familia
por CeF | Mi casita sobre roca | 17 Oct, 2010 | Primera comunión Historias de la Biblia
En esta semana las lecturas del Evangelio nos ofrecen dos de las parábolas referidas al perdón y a la compasión: el buen samaritano y el amigo inoportuno. En el siguiente enlace presentamos el capítulo de «Mi casita sobre la Roca» en el que se aborda la parábola del amigo inoportuno. Las canciones, marionetas y personajes hacen de este un material idóneo para niños en sus primeros pasos de iniciación cristiana y en la preparación de su Primera Comunión.
También incluimos, para la catequesis y uso de padres y catequistas, varias versiones diferentes y el texto de la parábola.
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Capítulo de «Mi casita sobre la roca»
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Versión en dibujos animados
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Otra versión en dibujos animados
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Texto de la parábola en Lucas 11, 5-13
«Si uno de vosotros tiene un amigo y, acudiendo a él a medianoche, le dice: «Amigo, préstame tres panes, porque ha llegado de viaje a mi casa un amigo mío y no tengo qué ofrecerle», y aquél, desde dentro, le responde: «No me molestes; la puerta ya está cerrada, y mis hijos y yo estamos acostados; no puedo levantarme a dártelos», os aseguro, que si no se levanta a dárselos por ser su amigo, al menos se levantará por su importunidad, y le dará cuanto necesite». Yo os digo: «Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿Qué padre hay entre vosotros que, si su hijo le pide un pez, en lugar de un pez le da una culebra; o, si pide un huevo, le da un escorpión? Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan!»
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Mi casita sobre la roca – Valivan producciones