Evangelio del día: La multiplicación de los panes

Evangelio del día: La multiplicación de los panes

Evangelio del día

Decimoctavo domingo del Tiempo Ordinario

Mateo 14, 13-21

El milagro consiste en compartir fraternamente unos pocos panes que, confiados al poder de Dios, no sólo bastan para todos, sino que incluso sobran.

Evangelio

Al enterarse de eso, Jesús se alejó en una barca a un lugar desierto para esta a solas. Apenas lo supo la gente, dejó las ciudades y lo siguió a pie. Cuando desembarcó, Jesús vio una gran muchedumbre y, compadeciéndose de ella, curó a los enfermos. Al atardecer, los discípulos se acercaron y le dijeron: «Este es un lugar desierto y ya se hace tarde; despide a la multitud para que vaya a las ciudades a comprarse alimentos». Pero Jesús les dijo: «No es necesario que se vayan, denles de comer ustedes mismos». Ellos respondieron: «Aquí no tenemos más que cinco panes y dos pescados». «Tráiganmelos aquí», les dijo. Y después de ordenar a la multitud que se sentara sobre el pasto, tomó los cinco panes y los dos pescados, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes, los dio a sus discípulos, y ellos los distribuyeron entre la multitud. Todos comieron hasta saciarse y con los pedazos que sobraron se llenaron doce canastas. Los que comieron fueron unos cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños.


Sagrada Escritura en el portal web de la Santa Sede

Lecturas

Primera lectura:
Libro de Isaías, Is 55, 1-3

Salmo:
Sal 145(144), 8-9.15-16.17-18

Segunda lectura:
Carta de San Pablo a los Romanos, Rom 8, 35.37-39

Oración introductoria

La multiplicación de los panes me recuerda que la abundancia es una característica del auténtico amor. Señor, creo en ti y te amo, por eso, con toda confianza, te pido que me permitas escucharte en esta oración para conocer cuál es el camino que debo seguir para que mi amor, a Ti y a los demás, sea ilimitado.

Petición

Jesús, ayúdame a que mi amor sea incondicional, auténtico, abundante.

Meditación del Santo Padre emérito Benedicot XVI

Queridos hermanos y hermanas:

El Evangelio de este domingo describe el milagro de la multiplicación de los panes, que Jesús realiza para una multitud de personas que lo seguían para escucharlo y ser curados de diversas enfermedades (cf. Mt 14, 14). Al atardecer, los discípulos sugieren a Jesús que despida a la multitud, para que puedan ir a comer. Pero el Señor tiene en mente otra cosa: «Dadles vosotros de comer» (Mt 14, 16). Ellos, sin embargo, no tienen «más que cinco panes y dos peces». Jesús entonces realiza un gesto que hace pensar en el sacramento de la Eucaristía: «Alzando la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos, y los discípulos se los dieron a la gente» (Mt 14, 19). El milagro consiste en compartir fraternamente unos pocos panes que, confiados al poder de Dios, no sólo bastan para todos, sino que incluso sobran, hasta llenar doce canastos. El Señor invita a los discípulos a que sean ellos quienes distribuyan el pan a la multitud; de este modo los instruye y los prepara para la futura misión apostólica: en efecto, deberán llevar a todos el alimento de la Palabra de vida y del Sacramento.

En este signo prodigioso se entrelazan la encarnación de Dios y la obra de la redención. Jesús, de hecho, «baja» de la barca para encontrar a los hombres. San Máximo el Confesor afirma que el Verbo de Dios «se dignó, por amor nuestro, hacerse presente en la carne, derivada de nosotros y conforme a nosotros, menos en el pecado, y exponernos la enseñanza con palabras y ejemplos convenientes a nosotros» (Ambiguum 33: PG 91, 1285 C). El Señor nos da aquí un ejemplo elocuente de su compasión hacia la gente. Esto nos lleva a pensar en tantos hermanos y hermanas que en estos días, en el Cuerno de África, sufren las dramáticas consecuencias de la carestía, agravadas por la guerra y por la falta de instituciones sólidas. Cristo está atento a la necesidad material, pero quiere dar algo más, porque el hombre siempre «tiene hambre de algo más, necesita algo más» (Jesús de Nazaret, Madrid 2007, p. 315). En el pan de Cristo está presente el amor de Dios; en el encuentro con él «nos alimentamos, por así decirlo, del Dios vivo, comemos realmente el «pan del cielo»» (ib., p. 316). Queridos amigos, «en la Eucaristía Jesús nos hace testigos de la compasión de Dios por cada hermano y hermana. Nace así, en torno al Misterio eucarístico, el servicio de la caridad para con el prójimo» (Sacramentum caritatis, 88). Nos lo testimonia también san Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús, de quien hoy la Iglesia hace memoria. En efecto, Ignacio eligió vivir «buscando a Dios en todas las cosas, y amándolo en todas las criaturas» (cf. Constituciones de la Compañía de Jesús, III, 1, 26). Confiemos a la Virgen María nuestra oración, para que abra nuestro corazón a la compasión hacia el prójimo y al compartir fraterno.

Santo Padre emérito Benedicto XVI


Ángelus del domingo, 31 de julio de 2011

Propósito

En mi siguiente encuentro con Cristo en la Eucaristía, pedirle que abra mi corazón a la compasión hacia el prójimo y al compartir fraterno.

Diálogo con Cristo

Jesús, ayúdame a saber multiplicar mi amor. Para que el milagro se produzca necesito simplemente ofrecerte lo que tengo, nada más… pero tampoco nada menos. Tú multiplicarás estos pocos o muchos dones para el bien de todos. Con humildad y sencillez te ofrezco mis talentos, consciente de que los he recibido para darlos a los demás.

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Evangelio del día: Fiesta de san Benito de Nursia, patrón de Europa

Evangelio del día: Fiesta de san Benito de Nursia, patrón de Europa

Mateo 19, 27-29

Fiesta de san Benito, patrón de Europa

El gran monje sigue siendo un verdadero maestro que enseña el arte de vivir el verdadero humanismo.

Evangelio del día

Pedro, tomando la palabra, dijo: «Tú sabes que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido. ¿Qué nos tocará a nosotros?».

Jesús les respondió: «Les aseguro que en la regeneración del mundo, cuando el Hijo del hombre se siente en su trono de gloria, ustedes, que me han seguido, también se sentarán en doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel. Y el que a causa de mi Nombre deje casa, hermanos o hermanas, padre, madre, hijos o campos, recibirá cien veces más y obtendrá como herencia la Vida eterna».

Sagrada Escritura en el portal web de la Santa Sede

Lecturas

Primera lectura: Proverbios 2, 1-9

Salmo: Sal 34(33), 2-6.9.12-15

Oración introductoria

Señor, ayúdame a no temer y a perseverar en el camino del amor, como hizo san Benito, para que llegue a ser digno a tus ojos.

Petición

Señor, no dejes nunca que desconfíe de Ti a causa de mis temores; por eso, al igual que tu siervo san Benito, te pido que me concedas fortaleza para mantenerme en el camino de la esperanza.


Meditación del Santo Padre emérito Benedicto XVI

Queridos hermanos y hermanas:

Hoy voy a hablar de san Benito, fundador del monacato occidental y patrono de Europa. Comienzo citando una frase de san Gregorio Magno que, refiriéndose a san Benito, dice: «Este hombre de Dios, que brilló sobre esta tierra con tantos milagros, no resplandeció menos por la elocuencia con la que supo exponer su doctrina» (Diálogos, II, 36). El gran Papa escribió estas palabras en el año 592; el santo monje había muerto cincuenta años antes y todavía seguía vivo en la memoria de la gente y, sobre todo, en la floreciente familia religiosa que fundó. San Benito de Nursia, con su vida y su obra, ejerció una influencia fundamental en el desarrollo de la civilización y de la cultura europea.

La fuente más importante sobre su vida es el segundo libro de los Diálogos de san Gregorio Magno. No es una biografía en el sentido clásico. Según las ideas de su época, san Gregorio quiso ilustrar, mediante el ejemplo de un hombre concreto —precisamente san Benito—, la ascensión a las cumbres de la contemplación que puede realizar quien se abandona en manos de Dios. Por tanto, nos presenta un modelo de vida humana como ascensión hacia la cumbre de la perfección.

En el libro de los Diálogos, san Gregorio Magno narra también muchos milagros realizados por el santo. Tampoco en este caso quiere simplemente contar algo extraño, sino demostrar cómo Dios, advirtiendo, ayudando e incluso corrigiendo, interviene en las situaciones concretas de la vida del hombre. Quiere mostrar que Dios no es una hipótesis lejana, situada en el origen del mundo, sino que está presente en la vida de cada persona.

Clave espiritual: san Benito no enseña a huir de la historia, sino a contemplarla desde Dios para descubrir cómo vivir en ella con verdad, paz y responsabilidad.

Esta perspectiva del «biógrafo» se explica también a la luz del contexto general de su tiempo: entre los siglos V y VI, el mundo sufría una tremenda crisis de valores y de instituciones, provocada por el derrumbamiento del Imperio romano, por la invasión de nuevos pueblos y por la decadencia de las costumbres. Al presentar a san Benito como «astro luminoso», san Gregorio quería indicar, en aquella tremenda situación, el camino de salida de la «noche oscura de la historia».

De hecho, la obra del santo, y especialmente su Regla, fueron una auténtica levadura espiritual que cambió, con el paso de los siglos y mucho más allá de los confines de su patria y de su época, el rostro de Europa. Tras la caída de la unidad política creada por el Imperio romano, suscitó una nueva unidad espiritual y cultural: la de la fe cristiana compartida por los pueblos del continente. De este modo nació la realidad que llamamos Europa.

Un joven que sólo quería agradar a Dios

La fecha del nacimiento de san Benito se sitúa alrededor del año 480. Procedía, según dice san Gregorio, de la región de Nursia. Sus padres, de clase acomodada, lo enviaron a estudiar a Roma. Sin embargo, no permaneció mucho tiempo en la Ciudad Eterna. San Gregorio explica que al joven Benito le disgustaba el estilo de vida disoluto de muchos compañeros de estudios y no quería caer en sus mismos errores. Sólo quería agradar a Dios: soli Deo placere desiderans.

Antes de concluir sus estudios, san Benito dejó Roma y se retiró a la soledad de los montes situados al este de la ciudad. Después de una primera estancia en Effide, hoy Affile, donde se unió durante algún tiempo a una comunidad religiosa, se hizo eremita en la cercana Subiaco. Allí vivió durante tres años, completamente solo, en una gruta que, desde la alta Edad Media, constituye el corazón del monasterio llamado Sacro Speco.

El período de Subiaco, vivido en soledad con Dios, fue para san Benito un momento de maduración. Allí tuvo que soportar y superar las tres tentaciones fundamentales de todo ser humano: la autoafirmación y el deseo de ponerse en el centro, la sensualidad, y la ira unida al deseo de venganza.

San Benito estaba convencido de que sólo después de haber vencido esas tentaciones podía dirigir a los demás palabras útiles para sus necesidades. De este modo, tras pacificar su alma, pudo controlar los impulsos del propio yo y convertirse en artífice de paz a su alrededor. Sólo entonces decidió fundar sus primeros monasterios en el valle del Anio, cerca de Subiaco.

De la soledad a una misión visible

En el año 529, san Benito dejó Subiaco para establecerse en Montecassino. Algunos han explicado este cambio como una huida de las intrigas de un eclesiástico local envidioso. Sin embargo, esta explicación resulta poco convincente, pues la muerte repentina de aquel hombre no impulsó a san Benito a regresar. En realidad, Benito había entrado en una nueva fase de su maduración interior y de su experiencia monástica.

Según san Gregorio Magno, su salida del remoto valle del Anio hacia el monte Cassino —una altura visible desde lejos— posee un valor simbólico: la vida monástica en el ocultamiento tiene una razón de ser, pero el monasterio también posee una finalidad pública en la vida de la Iglesia y de la sociedad. Debe dar visibilidad a la fe como fuerza capaz de transformar la vida.

Cuando el 21 de marzo del año 547 san Benito concluyó su existencia terrena, dejó, con su Regla y con la familia benedictina que había fundado, un patrimonio que ha dado fruto a través de los siglos y que continúa dándolo en el mundo entero.

San Benito enseña dos movimientos inseparables:

Entrar en el silencio Volver al mundo
Escuchar a Dios, ordenar el corazón y vencer las propias pasiones. Servir, educar, construir paz y ofrecer una presencia cristiana visible.

Oración y vida cotidiana

En todo el segundo libro de los Diálogos, san Gregorio nos muestra cómo la vida de san Benito estaba inmersa en un clima de oración, fundamento de toda su existencia. Sin oración no hay experiencia de Dios. Pero la espiritualidad de san Benito no era una interioridad alejada de la realidad. En la inquietud y el caos de su época, vivía bajo la mirada de Dios y, precisamente por eso, nunca perdió de vista los deberes de la vida cotidiana ni al hombre con sus necesidades concretas.

Al contemplar a Dios comprendió la realidad del hombre y su misión. En su Regla se refiere a la vida monástica como «escuela del servicio del Señor» y pide a sus monjes que «nada se anteponga a la Obra de Dios», es decir, al Oficio divino o Liturgia de las Horas. Sin embargo, subraya que la oración es, en primer lugar, un acto de escucha que después debe traducirse en la acción concreta: «El Señor espera que respondamos diariamente con obras a sus santos consejos».

Así, la vida del monje se convierte en una simbiosis fecunda entre acción y contemplación, «para que en todo sea glorificado Dios». Frente a una autorrealización fácil y egocéntrica, el compromiso primero e irrenunciable del discípulo de san Benito es la sincera búsqueda de Dios en el camino trazado por Cristo, humilde y obediente, a cuyo amor no debe anteponer nada.

Precisamente así, sirviendo a los demás, el monje se convierte en hombre de servicio y de paz. En el ejercicio de la obediencia vivida con una fe animada por el amor, conquista la humildad. De este modo se configura cada vez más con Cristo y alcanza la auténtica realización como criatura hecha a imagen y semejanza de Dios.

La autoridad como servicio

A la obediencia del discípulo debe corresponder la sabiduría del abad, que en el monasterio «hace las veces de Cristo». Su figura, descrita especialmente en el segundo capítulo de la Regla, con un perfil de belleza espiritual y compromiso exigente, puede considerarse un autorretrato de san Benito, pues —como escribe san Gregorio Magno— «el santo de ninguna manera podía enseñar algo diferente de lo que vivía».

El abad debe ser un padre tierno y, al mismo tiempo, un maestro exigente; un verdadero educador. Aun siendo inflexible contra los vicios, está llamado ante todo a imitar la ternura del Buen Pastor, a «servir más que mandar» y a enseñar todo lo bueno y santo más con obras que con palabras.

Para decidir con responsabilidad, el abad también debe escuchar «el consejo de los hermanos», porque «muchas veces el Señor revela al más joven lo que es mejor». Esta disposición hace sorprendentemente moderna una Regla escrita hace casi quince siglos. Quien ejerce responsabilidad pública o privada debe saber escuchar y aprender de lo que escucha.

Consejo para la vida familiar y comunitaria: antes de tomar una decisión importante, conviene escuchar sinceramente a los demás, incluso a los más jóvenes. La autoridad cristiana no teme recibir consejo porque sabe que la verdad puede llegar por medio de cualquier hermano.

Una Regla para buscar a Dios

San Benito califica su Regla como «mínima, escrita sólo para el inicio»; pero, en realidad, ofrece indicaciones útiles no sólo para los monjes, sino también para todos los que buscan orientación en su camino hacia Dios. Por su moderación, su humanidad y su sobrio discernimiento entre lo esencial y lo secundario, ha mantenido su fuerza iluminadora hasta nuestros días.

Pablo VI, al proclamar el 24 de octubre de 1964 a san Benito patrono de Europa, quiso reconocer la admirable obra realizada por el santo a través de la Regla en la formación de la civilización y de la cultura europea.

Para crear una unidad nueva y duradera, ciertamente son importantes los instrumentos políticos, económicos y jurídicos, pero también es necesario suscitar una renovación ética y espiritual inspirada en las raíces cristianas del continente. De lo contrario, no se puede reconstruir Europa.

Sin esta savia vital, el hombre queda expuesto al peligro de sucumbir a la antigua tentación de querer redimirse por sí mismo. Al buscar el verdadero progreso, escuchemos también hoy la Regla de san Benito como una luz para nuestro camino. El gran monje sigue siendo un verdadero maestro que enseña el arte de vivir el verdadero humanismo.

Santo Padre emérito Benedicto XVI
Audiencia General del miércoles, 9 de abril de 2008


Catecismo de la Iglesia Católica

La vida religiosa

925. Nacida en Oriente en los primeros siglos del cristianismo y vivida en los institutos canónicamente erigidos por la Iglesia, la vida religiosa se distingue de otras formas de vida consagrada por el aspecto cultual, la profesión pública de los consejos evangélicos, la vida fraterna llevada en común y el testimonio dado de la unión de Cristo y de la Iglesia.

926. La vida religiosa nace del misterio de la Iglesia. Es un don que la Iglesia recibe de su Señor y que ofrece como estado de vida estable al fiel llamado por Dios a la profesión de los consejos evangélicos. Así, la Iglesia puede manifestar a Cristo y reconocerse como Esposa del Salvador. La vida religiosa está invitada a significar, bajo sus diversas formas, la caridad misma de Dios en el lenguaje de nuestro tiempo.

927. Todos los religiosos se encuentran entre los colaboradores del obispo diocesano en su misión pastoral. La implantación y la expansión misionera de la Iglesia requieren la presencia de la vida religiosa en todas sus formas. La historia testimonia los grandes méritos de las familias religiosas en la propagación de la fe y en la formación de nuevas Iglesias: desde las antiguas instituciones monásticas y las órdenes medievales hasta las congregaciones modernas.

Catecismo de la Iglesia Católica

Para meditar

Ora Escucha Trabaja
Pon a Dios en el centro y reserva un tiempo real para encontrarte con Él. Acoge la Palabra, el consejo prudente y la voz de quienes comparten tu camino. Convierte la oración en servicio, deber bien hecho, caridad y construcción de paz.

Propósito

Leer una breve biografía de san Benito cuando me asalte el miedo a apartarme del Señor y recordar que la fidelidad se construye cada día mediante la oración, la obediencia y el servicio.

Diálogo con Cristo

Señor, quiero configurar todo mi ser al programa de vida que propone tu Palabra. Aunque no profese los consejos evangélicos de pobreza, castidad y obediencia como hizo tu querido siervo san Benito, te prometo no escatimar esfuerzos por conocer las exigencias del Evangelio y conformar con ellas todo mi obrar.

Ayúdame a desterrar de mi vida todo aquello que pueda convertirse en un obstáculo para crecer en el amor a Ti y a los demás. Enséñame a buscarte con sinceridad, a escuchar tu voz, a cumplir mis deberes con fidelidad y a servir con humildad y alegría.

✠ ✠ ✠

Para seguir profundizando

Idea para vivir el Evangelio de hoy

San Benito dejó muchas cosas para seguir a Cristo, pero no se encerró en una vida inútil. Su renuncia se convirtió en oración, cultura, hospitalidad, educación y servicio. Hoy puedo preguntarme: ¿qué debo dejar para que Dios haga más fecunda mi vida?

Itinerario catequético: San Pedro y Jesús

Itinerario catequético: San Pedro y Jesús

Itinerario catequético de Primera Comunión

San Pedro y Jesús

Jesús llama, enseña, perdona y confía una misión

Presentación del itinerario

Este itinerario de Primera Comunión presenta el camino de San Pedro con Jesús como una historia de llamada, confianza, fe, caída, perdón y misión. No se trata de contar simplemente la vida de un apóstol, sino de ayudar a los niños a descubrir que Jesús llama a personas reales, las acompaña con paciencia y las transforma desde dentro.

Pedro resulta especialmente cercano porque no aparece como un personaje perfecto, sino como un discípulo generoso y frágil, capaz de dejar las redes, caminar hacia Jesús, equivocarse, llorar y volver a amar. En su historia, el niño puede comprender que la Primera Comunión no es un premio para quien no falla nunca, sino un encuentro con Cristo vivo, que llama, perdona, alimenta y envía.

Clave del itinerario: Jesús llama a Pedro, Pedro aprende a confiar en Jesús, Pedro reconoce quién es Jesús, Pedro cae, Jesús lo perdona y finalmente le confía una misión en la Iglesia.

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Cómo utilizar este itinerario

Cada sesión parte de un texto evangélico completo, que debe ser leído con calma y explicado con palabras sencillas. Las imágenes ayudan a mirar la escena, las actividades permiten trabajarla con niños de 6 a 10 años y la lectio divina conduce a rezar lo aprendido ante Jesús.

El catequista no debe convertir la sesión en una clase larga. Conviene mantener un ritmo claro mediante lectura, explicación breve, contemplación de imágenes, actividad guiada y oración final, cuidando que los niños entiendan una idea central y puedan repetirla con sus propias palabras.

Elemento Función catequética
Evangelio completo Escuchar directamente la Palabra de Dios y situar la sesión en el relato evangélico.
Imágenes Ayudar a los niños a entrar en la escena, reconocer a Pedro y descubrir cómo actúa Jesús.
Actividades Traducir el Evangelio a gestos, palabras, decisiones y experiencias comprensibles para la edad.
Lectio divina Pasar de comprender la escena a hablar con Jesús y responderle personalmente.

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Destinatarios, duración y materiales generales

El itinerario está pensado para niños de 6 a 10 años, especialmente en el proceso de preparación a la Primera Comunión. Puede utilizarse en parroquia, colegio, grupos familiares o catequesis doméstica, siempre que el adulto adapte el ritmo, las preguntas y la duración al grupo concreto.

La duración ordinaria de cada sesión puede situarse entre 50 y 70 minutos. Para niños pequeños conviene reducir la explicación y dar más espacio a la imagen, al diálogo y a la actividad; para niños de 9 o 10 años puede ampliarse algo más la lectura del Evangelio y la aplicación a la vida cristiana.

Materiales generales

  • Imagen correspondiente de cada sesión.
  • Texto evangélico impreso o proyectado.
  • Cuaderno sencillo de catequesis o ficha de trabajo.
  • Lápices, colores y tarjetas pequeñas.
  • Biblia para el catequista.
  • Un pequeño crucifijo o imagen de Jesús para la oración final.

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Objetivos generales

El objetivo principal es que los niños descubran que Jesús llama personalmente, acompaña con paciencia y conduce hacia la Iglesia. A través de Pedro, aprenden que la vida cristiana comienza cuando uno escucha a Jesús, confía en Él y se deja levantar cuando se equivoca.

El itinerario busca también preparar interiormente la Primera Comunión. Por eso cada sesión une Evangelio, imagen, actividad y oración, de modo que el niño comprenda que acercarse a Jesús en la Eucaristía significa vivir como discípulo suyo dentro de la Iglesia.

Objetivo Resultado esperado en los niños
Conocer a Pedro como discípulo de Jesús Que puedan decir quién era Pedro y por qué Jesús lo llamó.
Comprender la confianza cristiana Que aprendan a acudir a Jesús cuando tienen miedo o se sienten débiles.
Reconocer a Jesús como el Hijo de Dios Que puedan expresar con sencillez la fe de Pedro: Jesús es el Mesías.
Descubrir el perdón de Jesús Que comprendan que el pecado entristece, pero Jesús llama a volver.
Amar la Iglesia Que vean la parroquia, el Papa y la comunidad cristiana como parte de la familia de Jesús.

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Mapa catequético del camino de Pedro

El camino de Pedro no se presenta como una sucesión de escenas sueltas, sino como un crecimiento ordenado. Primero aparece la llamada de Jesús; después, la confianza en medio del miedo; luego, la confesión de fe; más tarde, la caída y el llanto; finalmente, el perdón y la misión.

Este mapa ayuda al catequista a no perder el hilo. Cada sesión tiene su propio tema, pero todas juntas forman una sola historia: Pedro aprende quién es Jesús y descubre quién está llamado a ser él dentro de la Iglesia.

Sesión Texto evangélico Núcleo catequético
1. Jesús llama a Pedro Lucas 5, 1-11 Jesús llama a Pedro en su trabajo y le abre una vida nueva.
2. Pedro aprende a confiar Mateo 14, 22-33 Pedro descubre que puede mirar a Jesús incluso cuando tiene miedo.
3. Pedro descubre quién es Jesús Mateo 16, 13-17 Pedro confiesa que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios vivo.
4. Pedro se equivoca Lucas 22, 54-62 Pedro niega a Jesús, llora y empieza el camino de vuelta.
5. ¿Me amas? Juan 21, 1-19 Jesús resucitado perdona a Pedro y le pregunta por su amor.
6. Sobre esta piedra edificaré mi Iglesia Mateo 16, 13-20 Jesús confía a Pedro una misión para cuidar y servir a la Iglesia.

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Programa gráfico del itinerario

Las imágenes de este itinerario deben mantener una continuidad clara: mismo Jesús, mismo Pedro, mismo tono luminoso y mismo estilo catequético de Primera Comunión. La finalidad no es decorar el documento, sino ayudar al niño a reconocer la historia, seguir el crecimiento de Pedro y comprender cómo Jesús actúa en cada momento.

El formato ordinario de las escenas será horizontal. La portada será cuadrada y la imagen final de síntesis tendrá mayor fuerza visual, porque recoge todo el camino: la llamada, la confianza, la fe, la caída, el perdón, la misión y la Iglesia que continúa hoy.

Imagen Sesión Título
Portada Itinerario completo San Pedro y Jesús
Imagen 1 Sesión 1 La pesca milagrosa
Imagen 2 Sesión 1 Dejándolo todo para seguir a Jesús

Criterio visual permanente: Jesús debe aparecer como el Maestro cercano que llama, sostiene, perdona y envía. Pedro debe mantenerse reconocible como pescador fuerte, impulsivo y profundamente humano, no como figura rígida ni como santo ya terminado desde el principio.

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Sesión 1. Jesús llama a Pedro

Texto evangélico: Lucas 5, 1-11.

Núcleo de la sesión: Jesús entra en la vida ordinaria de Pedro, lo llama en medio de su trabajo y le muestra que su vida puede convertirse en una misión nueva.

1.1. Texto evangélico completo

Una vez que la gente se agolpaba en torno a Jesús para oír la palabra de Dios, estando él de pie junto al lago de Genesaret, vio dos barcas que estaban en la orilla; los pescadores, que habían desembarcado, estaban lavando las redes. Subiendo a una de las barcas, que era la de Simón, le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente.

Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: «Rema mar adentro, y echad vuestras redes para la pesca». Respondió Simón y dijo: «Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos recogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes». Y, puestos a la obra, hicieron una redada tan grande de peces que las redes comenzaban a reventarse. Entonces hicieron señas a los compañeros, que estaban en la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Vinieron y llenaron las dos barcas, hasta el punto de que casi se hundían.

Al ver esto, Simón Pedro se echó a los pies de Jesús diciendo: «Señor, apártate de mí, que soy un hombre pecador». Y es que el estupor se había apoderado de él y de los que estaban con él, por la redada de peces que habían recogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Y Jesús dijo a Simón: «No temas; desde ahora serás pescador de hombres». Entonces sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.

1.2. Comprender el Evangelio

La escena comienza en un lugar muy sencillo: un lago, unas barcas y unas redes. Pedro no está en el templo ni en una gran ceremonia, sino trabajando después de una noche cansada y aparentemente inútil. Esto ayuda mucho a los niños, porque pueden comprender que Jesús no llama solo en momentos extraordinarios, sino también en la vida diaria, cuando uno está cansado, desanimado o cree que no ha conseguido nada.

Jesús primero pide a Pedro algo pequeño: usar su barca. Después le pide algo más difícil: volver a echar las redes. Pedro no entiende del todo, pero responde con una frase preciosa para los niños: «por tu palabra». Ahí empieza su camino como discípulo, porque confiar en Jesús no significa verlo todo claro, sino atreverse a obedecer cuando Él habla.

Idea para repetir con los niños: Jesús puede llamarme en mi vida de cada día, y yo puedo responderle confiando en su palabra.

1.3. Lectura catequética del texto

Para los niños de Primera Comunión, la pesca milagrosa no debe explicarse como un simple milagro sorprendente. El centro es que Jesús entra en la vida de Pedro, toma su barca y le enseña a mirar de otra manera. Donde Pedro solo ve cansancio, Jesús ve una llamada; donde Pedro ve redes vacías, Jesús prepara una misión.

La reacción de Pedro también es importante. Al ver la grandeza de Jesús, se reconoce pecador, pero Jesús no lo aparta ni lo humilla. Le dice «No temas» y le abre un camino nuevo. Esta es una clave muy adecuada para esta edad: Jesús no llama porque uno sea perfecto, sino porque quiere caminar con él y hacerlo crecer.

Momento del Evangelio Qué descubre el niño
Pedro lava las redes después de no pescar nada. También podemos estar cansados o desanimados.
Jesús sube a la barca de Pedro. Jesús entra en nuestra vida concreta.
Pedro dice: «por tu palabra». Confiar en Jesús es escucharle y responder.
Las redes se llenan de peces. Jesús puede hacer fecunda una vida que parecía vacía.
Jesús dice: «No temas». Jesús no rechaza al que se sabe pequeño o pecador.

1.4. Claves para el catequista

El catequista debe evitar presentar a Pedro como un héroe que lo entiende todo desde el primer momento. Conviene mostrarlo como un hombre bueno, trabajador y algo desconcertado, que se fía de Jesús aunque viene de una noche difícil. Así los niños pueden reconocer que la fe no empieza cuando todo sale bien, sino cuando uno se atreve a decir: «Jesús, confío en ti».

También es importante no reducir la escena a «Jesús hizo aparecer muchos peces». El milagro está al servicio de la llamada: la barca se llena, pero Pedro deja la barca; las redes se llenan, pero Pedro sigue a Jesús. El niño debe captar que lo más grande no son los peces, sino haber encontrado al Señor.

Microguion breve para introducir la sesión

«Hoy vamos a ver cómo Jesús llamó a Pedro. Pedro era pescador. Había trabajado toda la noche y no había pescado nada. Pero Jesús se acercó a su barca, le habló y le pidió que confiara. Pedro no lo entendía todo, pero hizo caso a Jesús. Y desde ese día su vida cambió».

1.5. Preguntas para dialogar con los niños

  • ¿Cómo crees que se sentía Pedro después de trabajar toda la noche sin pescar nada?
  • ¿Qué le pide Jesús primero a Pedro?
  • ¿Por qué Pedro vuelve a echar las redes si estaba cansado?
  • ¿Qué significa decirle a Jesús: «por tu palabra»?
  • ¿Por qué Jesús le dice a Pedro: «No temas»?
  • ¿Qué puede pedirte Jesús a ti en tu vida de cada día?

Para niños de 6 o 7 años, el catequista puede quedarse en preguntas muy concretas: qué ve Pedro, qué dice Jesús, qué ocurre con las redes y qué hace Pedro al final. Para niños de 8 a 10 años, ya se puede avanzar hacia una aplicación más interior: cuándo me cuesta confiar, qué palabra de Jesús puedo escuchar y qué significa seguirlo.

La respuesta no tiene que ser perfecta. Lo importante es que el niño relacione la escena con su propia vida: el colegio, la familia, la catequesis, los miedos, las pequeñas obediencias y la preparación para recibir a Jesús en la Eucaristía.

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1.6. Imágenes catequéticas

Las imágenes no sustituyen al Evangelio, sino que ayudan a contemplarlo. Los niños de Primera Comunión comprenden mejor cuando pueden mirar los rostros, los gestos y los lugares donde sucede la historia. Por eso conviene dedicar unos minutos a observar la escena antes de explicarla, permitiendo que los niños describan lo que ven con sus propias palabras.

En esta sesión las dos imágenes muestran el comienzo del camino de Pedro. La primera se centra en la llamada que nace en medio del trabajo cotidiano; la segunda muestra la respuesta de Pedro, que deja atrás la seguridad de las redes para seguir a Jesús. Juntas forman una sola historia: Jesús llama y Pedro responde.

Imagen 1. La pesca milagrosa

Lo primero que llama la atención es la abundancia de peces y la sorpresa de Pedro. Después de una noche entera sin resultados, las redes aparecen llenas gracias a la palabra de Jesús. Los niños suelen fijarse enseguida en los peces, pero el catequista debe ayudarlos a mirar también a Pedro y a Jesús, porque ahí está el verdadero centro de la escena.

La imagen enseña que Jesús actúa en la vida real y que Pedro empieza a descubrir quién es aquel Maestro que ha subido a su barca. Las redes llenas son un signo visible, pero el cambio más importante sucede dentro de Pedro. Por primera vez comprende que está delante de alguien extraordinario y que su vida no volverá a ser igual.

Preguntas para observar la imagen

  • ¿Qué están haciendo los pescadores?
  • ¿Cómo crees que se siente Pedro?
  • ¿Dónde está Jesús?
  • ¿Qué tiene de especial esta pesca?
  • ¿Qué parte de la imagen mirarías primero?

Microguion para el catequista

«Pedro había trabajado mucho y estaba cansado. Seguramente pensaba que aquella noche había sido un fracaso. Pero Jesús le pidió que volviera a intentarlo. Cuando Pedro obedeció, descubrió que Jesús podía hacer mucho más de lo que él imaginaba. A veces también nosotros pensamos que algo no saldrá bien, pero Jesús nos invita a confiar».

Imagen 2. Dejándolo todo para seguir a Jesús

La segunda imagen cambia completamente el ambiente. Ya no vemos las redes llenas ni el asombro de la pesca milagrosa. Ahora contemplamos a Pedro caminando detrás de Jesús. La escena es más tranquila, pero quizá más importante, porque muestra la decisión que nace después del milagro.

Los niños suelen pensar que seguir a Jesús significa hacer algo extraordinario. Sin embargo, la imagen enseña que seguir a Jesús consiste ante todo en caminar con Él. Pedro no sabe todavía todo lo que va a ocurrir, pero ha decidido confiar. Esa confianza será puesta a prueba muchas veces, pero aquí comienza su aventura como discípulo.

Preguntas para observar la imagen

  • ¿Hacia dónde caminan Jesús y Pedro?
  • ¿Qué han dejado atrás?
  • ¿Crees que Pedro lo entiende todo en este momento?
  • ¿Por qué sigue a Jesús?
  • ¿Qué significa hoy seguir a Jesús?

Microguion para el catequista

«Pedro no recibió un mapa completo de todo lo que iba a pasar. Jesús simplemente le dijo que lo siguiera. Muchas veces nosotros también queremos saberlo todo antes de decidirnos, pero la fe comienza cuando damos un paso y confiamos en Jesús».

Errores frecuentes y reconducción

Un primer error frecuente consiste en quedarse únicamente con la pesca milagrosa. Los niños pueden pensar que el mensaje es que Jesús ayuda a conseguir muchos peces o que premia a Pedro con una gran cantidad de comida. Conviene recordar que el milagro sirve para mostrar quién es Jesús y preparar la llamada.

Otro error posible es imaginar que Pedro se convierte inmediatamente en un santo perfecto. Las sesiones siguientes mostrarán que todavía tiene miedo, se equivoca y necesita aprender mucho. Precisamente por eso resulta tan cercano a los niños: Jesús llama a una persona real y la ayuda a crecer paso a paso.

Idea principal de las dos imágenes: Jesús llama a Pedro en medio de su vida cotidiana y Pedro responde confiando, aunque todavía no conoce todo el camino que le espera.

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1.7. Actividades

Las actividades de esta sesión pretenden ayudar a los niños a comprender que Jesús llama a personas concretas y que la confianza comienza con pequeños pasos. No se trata de memorizar ideas, sino de experimentar que también hoy Jesús puede entrar en nuestra vida y pedirnos una respuesta.

La progresión de las actividades sigue el mismo camino del Evangelio: primero observar la llamada, después responder personalmente y finalmente llevar esa respuesta a la oración. Conviene realizarlas en el orden propuesto para que los niños perciban mejor el crecimiento interior de Pedro.

Actividad 1. La red de las llamadas

Objetivo: descubrir que Jesús llama a personas concretas.

Resultado esperado: que los niños comprendan que la llamada de Jesús no pertenece solo al pasado.

Tipo de actividad: participativa y visual.

Duración: 10-15 minutos.

Materiales:

  • Lana o cuerda.
  • Tarjetas pequeñas.
  • Rotuladores.

Desarrollo paso a paso:

  1. Colocar una cuerda formando una red sencilla.
  2. Entregar una tarjeta a cada niño.
  3. Pedir que escriban su nombre.
  4. Colocar todas las tarjetas sobre la red.
  5. Explicar que Jesús llamó a Pedro por su nombre y también conoce el nombre de cada uno.
Microguion:
«Jesús no llamó a un pescador cualquiera. Llamó a Pedro. Conocía su nombre y su vida. También conoce tu nombre. Cuando Jesús mira esta red, no ve solo tarjetas. Ve personas a las que ama».

Qué busca provocar: cercanía personal con Jesús.

Relación con la Primera Comunión: Jesús quiere encontrarse personalmente con cada niño en la Eucaristía.

Transición: «Pedro escuchó la llamada. Ahora veremos cómo respondió».

Actividad 2. Por tu palabra

Objetivo: comprender qué significa confiar en Jesús.

Resultado esperado: relacionar la confianza de Pedro con situaciones concretas de la vida diaria.

Tipo de actividad: diálogo guiado.

Duración: 15 minutos.

Materiales:

  • Tarjetas con situaciones sencillas.

Preparación: escribir situaciones como pedir perdón, compartir, ayudar en casa, rezar antes de dormir o decir la verdad.

Desarrollo paso a paso:

  1. Leer una situación.
  2. Preguntar qué haría Pedro antes de encontrarse con Jesús.
  3. Preguntar qué haría alguien que confía en Jesús.
  4. Relacionar la respuesta con la frase «por tu palabra».
Microguion:
«Pedro no volvió a echar las redes porque entendiera todo. Lo hizo porque confió. Muchas veces nosotros tampoco entendemos todo, pero podemos hacer el bien porque Jesús nos lo pide».

Problema frecuente: reducir la confianza a sentimientos.

Reconducción: recordar que confiar es actuar según la palabra de Jesús.

Relación con la Primera Comunión: prepararse para recibir a Jesús implica aprender a escucharlo.

Actividad 3. Seguir a Jesús

Objetivo: experimentar físicamente la idea de seguimiento.

Resultado esperado: comprender que ser discípulo significa caminar detrás de Jesús.

Tipo de actividad: dinámica de movimiento.

Duración: 10 minutos.

Materiales: ninguno.

Desarrollo paso a paso:

  1. El catequista camina lentamente por la sala.
  2. Los niños lo siguen en silencio.
  3. Se introducen pequeños cambios de dirección.
  4. Al terminar, se dialoga sobre lo que han sentido.
Microguion:
«Pedro dejó las redes y caminó detrás de Jesús. Seguir a Jesús significa aprender a ir por donde Él nos guía, incluso cuando todavía no vemos el final del camino».

Qué busca provocar: identificación con Pedro.

Transición: «Ahora vamos a hablar con Jesús sobre la llamada que nos hace».

1.8. Lectio divina

La lectio divina ayuda a pasar de la explicación a la oración. No buscamos estudiar el Evangelio como un libro cualquiera, sino escuchar una palabra que Jesús dirige hoy a cada niño. Conviene crear un ambiente tranquilo y evitar prisas.

La duración puede adaptarse a la edad del grupo. Con los más pequeños bastarán unos minutos de silencio guiado; con los mayores puede prolongarse algo más la conversación con Jesús.

Preparación: encender una vela, colocar una imagen de Jesús y guardar unos momentos de silencio.

Lectura

Leer de nuevo lentamente Lucas 5, 1-11.

Meditación guiada

Imagina que estás junto al lago. Ves las barcas, las redes y a Pedro. Jesús se acerca. Habla con Pedro y después te mira también a ti. ¿Qué crees que te diría?

Piensa en una situación en la que te cueste confiar. Escucha cómo Jesús te repite: «No temas».

Oración

Cada niño puede decir en voz alta una frase breve:

  • «Jesús, ayúdame a confiar».
  • «Jesús, quiero seguirte».
  • «Jesús, gracias por llamarme».
  • «Jesús, acompáñame cada día».

Compromiso

Durante esta semana intentaré responder a Jesús en una cosa concreta: ayudar en casa, rezar cada noche, decir la verdad o tratar mejor a alguien.

1.9. Oración final

La sesión termina recordando que Jesús sigue llamando hoy. Los niños deben salir con la sensación de que Pedro no es un personaje lejano, sino un amigo de Jesús que comenzó su camino exactamente igual que cualquier cristiano: escuchando una invitación y respondiendo con confianza.

La oración puede rezarse despacio, dejando pequeños silencios entre las frases para facilitar la participación de los niños.

Señor Jesús,

tú llamaste a Pedro junto al lago

y cambiaste su vida.

También conoces mi nombre

y me llamas a seguirte.

Ayúdame a confiar en tu palabra,

a no tener miedo

y a caminar contigo cada día.

Amén.

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Sesión 2. Pedro aprende a confiar

Texto evangélico: Mateo 14, 22-33.

Núcleo de la sesión: Pedro descubre que confiar en Jesús no significa no tener miedo, sino seguir mirándolo incluso cuando aparecen las dudas y las dificultades.

2.1. Texto evangélico completo

Después que la gente se hubo saciado, Jesús apremió a los discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Y después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba allí solo.

Mientras tanto la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. A la cuarta vigilia de la noche se les acercó Jesús andando sobre el mar. Los discípulos, viéndolo andar sobre el mar, se asustaron y gritaron de miedo pensando que era un fantasma.

Jesús les dijo enseguida: «¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!». Pedro le contestó: «Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti sobre el agua». Él le dijo: «Ven». Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: «¡Señor, sálvame!».

Enseguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: «¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?». En cuanto subieron a la barca amainó el viento. Los de la barca se postraron ante él diciendo: «Verdaderamente eres Hijo de Dios».

2.2. Comprender el Evangelio

La primera parte de la escena está llena de oscuridad y viento. Los discípulos se encuentran lejos de la orilla, cansados y preocupados. El Evangelio no presenta una situación cómoda, sino una experiencia que los niños pueden comprender fácilmente: tener miedo cuando algo no sale como esperaban.

Jesús no elimina inmediatamente la tormenta, sino que se acerca a ellos en medio de la dificultad. Pedro da un paso extraordinario: sale de la barca y camina hacia Jesús. Sin embargo, cuando deja de mirar al Señor y se fija solamente en el viento, aparece la duda. La enseñanza principal es muy sencilla: la confianza crece cuando mantenemos la mirada puesta en Jesús.

Idea para repetir con los niños: cuando tengo miedo, Jesús no se aleja de mí; me tiende la mano y me ayuda a seguir adelante.

2.3. Lectura catequética del texto

Pedro es el único que se atreve a salir de la barca. Esto es importante porque muestra su generosidad y su deseo sincero de acercarse a Jesús. No es un hombre perfecto, pero sí un hombre que quiere estar con el Señor incluso cuando las circunstancias son difíciles.

El momento más hermoso llega cuando Pedro grita: «¡Señor, sálvame!». Jesús no espera ni lo reprende largamente. Extiende la mano y lo sostiene. Los niños deben comprender que la fe cristiana no consiste en no caer nunca, sino en saber acudir a Jesús cuando nos sentimos débiles o asustados.

Momento del Evangelio Lo que aprende el niño
La barca es sacudida por las olas. Todos tenemos dificultades y momentos de miedo.
Jesús aparece caminando sobre el agua. Jesús es más fuerte que aquello que nos asusta.
Pedro sale de la barca. La fe implica dar pasos de confianza.
Pedro se hunde. Incluso los amigos de Jesús pueden equivocarse o dudar.
Jesús lo sostiene. Jesús siempre está dispuesto a ayudar.

2.4. Claves para el catequista

Muchos niños se identifican fácilmente con el miedo de Pedro. Por eso conviene conectar la escena con situaciones cercanas: una enfermedad, un examen, una discusión familiar, una amistad rota o cualquier situación que produzca inseguridad. El objetivo no es dramatizar, sino mostrar que Jesús permanece presente.

También es importante destacar el valor de Pedro. A veces se recuerda únicamente que se hunde, pero antes ha sido el único que ha salido de la barca. La sesión debe transmitir una visión equilibrada: Pedro es valiente, Pedro duda y Jesús lo ayuda. Precisamente esa combinación lo hace cercano y creíble.

Microguion para introducir la sesión

«Pedro ya ha comenzado a seguir a Jesús. Ahora tendrá que aprender algo más difícil: confiar cuando aparecen los problemas. Veremos que el miedo existe, pero también veremos que Jesús está más cerca de lo que parece».

2.5. Preguntas para dialogar con los niños

  • ¿Por qué tenían miedo los discípulos?
  • ¿Qué le dice Jesús a Pedro?
  • ¿Por qué Pedro empieza a hundirse?
  • ¿Qué grita cuando necesita ayuda?
  • ¿Qué hace Jesús inmediatamente?
  • ¿Qué situaciones te producen miedo a ti?

Con los niños más pequeños conviene trabajar sobre las emociones visibles de la escena: miedo, sorpresa, confianza y alegría. La imagen de Jesús tendiendo la mano suele ayudar mucho a comprender el mensaje principal.

Con los mayores del grupo ya puede plantearse una reflexión más personal: cuándo me cuesta confiar, qué hago cuando me equivoco y cómo puedo pedir ayuda a Jesús. De esta manera la sesión prepara interiormente el camino hacia la reconciliación y la Eucaristía.

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2.6. Imágenes catequéticas

Las dos imágenes de esta sesión forman una única secuencia narrativa. La primera muestra el momento de valentía de Pedro cuando sale de la barca; la segunda muestra el instante en que descubre que no puede caminar solo y necesita la ayuda de Jesús. Juntas enseñan una verdad fundamental para la vida cristiana: la fe crece cuando confiamos y se fortalece cuando aceptamos ser ayudados.

La tormenta ocupa un lugar importante, pero no es la protagonista. El centro de ambas imágenes es la relación entre Jesús y Pedro. Los niños deben aprender a mirar primero a los personajes y después al mar, porque el Evangelio no habla principalmente del viento, sino de la confianza.

Imagen 3. Pedro camina sobre las aguas

Lo más sorprendente de esta imagen no es que Jesús camine sobre el agua, sino que Pedro abandone la seguridad de la barca. Los niños suelen comprender enseguida que salir de la barca da miedo. Precisamente por eso la escena resulta tan poderosa: Pedro decide acercarse a Jesús aunque todavía no entiende todo lo que está ocurriendo.

La mirada de Pedro está fija en Jesús. Esa es la clave de la imagen. Mientras mantiene la vista puesta en el Señor, sigue avanzando. El catequista puede explicar que muchas veces nosotros también caminamos mejor cuando recordamos que Jesús está cerca y nos acompaña.

Preguntas para observar la imagen

  • ¿Dónde está Pedro?
  • ¿Qué habría sido más fácil: quedarse en la barca o salir?
  • ¿Qué está mirando Pedro?
  • ¿Cómo imaginas que se siente?
  • ¿Qué harías tú en su lugar?

Microguion para el catequista

«Pedro tiene miedo, pero confía más en Jesús que en su propio miedo. Por eso sale de la barca. Muchas veces la fe consiste en dar un pequeño paso hacia Jesús cuando podríamos quedarnos quietos y seguros».

Imagen 4. Señor, sálvame

La segunda imagen presenta uno de los momentos más humanos de Pedro. Ha comenzado a caminar, pero ahora siente la fuerza del viento y se asusta. Los niños entienden muy bien esta situación porque ellos también empiezan cosas con entusiasmo y después se sienten inseguros cuando aparecen dificultades.

Jesús no observa desde lejos. En el instante en que Pedro pide ayuda, extiende la mano y lo sostiene. Esta escena ayuda a corregir una idea equivocada que algunos niños pueden tener: pensar que Jesús ayuda solo a quienes nunca se equivocan. Aquí ocurre exactamente lo contrario. Jesús ayuda a quien reconoce que lo necesita.

Preguntas para observar la imagen

  • ¿Qué está haciendo Pedro?
  • ¿Qué palabra grita?
  • ¿Cómo responde Jesús?
  • ¿Qué vemos en el rostro de Pedro?
  • ¿Qué vemos en el rostro de Jesús?

Microguion para el catequista

«Pedro se hunde porque tiene miedo, pero no deja de mirar a Jesús. Por eso grita: “¡Señor, sálvame!”. Cuando pedimos ayuda a Jesús, nunca estamos solos. Él siempre escucha y siempre responde».

Lectura conjunta de las dos imágenes

La primera imagen habla de la valentía de la fe. Pedro sale de la barca porque quiere acercarse a Jesús. La segunda habla de la humildad de la fe. Pedro comprende que no puede hacerlo todo solo y pide ayuda. Ambas escenas son necesarias y se complementan entre sí.

El itinerario de Pedro continúa avanzando. En la sesión anterior respondió a la llamada de Jesús. Ahora aprende a confiar. Más adelante descubrirá quién es realmente Jesús, se equivocará, será perdonado y recibirá una misión. Estas imágenes muestran uno de los pasos más importantes de ese aprendizaje.

Idea principal de las dos imágenes: confiar en Jesús no significa no tener miedo; significa seguir acercándose a Él y pedirle ayuda cuando la necesitamos.

Errores frecuentes y reconducción

Algunos niños pueden pensar que Pedro fracasa porque se hunde. Conviene explicar que la escena no termina en el hundimiento, sino en la mano de Jesús que lo sostiene. El Evangelio no quiere ridiculizar a Pedro, sino enseñar que la ayuda de Jesús es más fuerte que nuestras dudas.

También puede aparecer la idea de que tener fe es no sentir miedo nunca. La experiencia de Pedro demuestra lo contrario. Tiene miedo, pero sigue buscando a Jesús. La verdadera confianza cristiana no elimina todas las emociones difíciles; las atraviesa apoyándose en el Señor.

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2.7. Actividades

Las actividades de esta sesión ayudan a los niños a descubrir que la confianza se aprende poco a poco. Pedro no nació sabiendo confiar plenamente en Jesús; tuvo que recorrer un camino. Los niños también están aprendiendo a confiar y necesitan experiencias concretas para comprenderlo.

La secuencia propuesta comienza trabajando el miedo, continúa con la confianza y termina en la oración. Así se reproduce el mismo movimiento que aparece en el Evangelio: dificultad, encuentro con Jesús y respuesta creyente.

Actividad 1. La barca y las olas

Objetivo: identificar los miedos y preocupaciones que aparecen en la vida cotidiana.

Resultado esperado: que los niños comprendan que sentir miedo es algo humano y que pueden hablar de ello con Jesús.

Tipo de actividad: reflexión guiada.

Duración: 10-15 minutos.

Materiales:

  • Cartulina grande con forma de barca.
  • Papeles azules con forma de olas.
  • Rotuladores.

Desarrollo paso a paso:

  1. Colocar la barca en una pared o mesa.
  2. Entregar una ola de papel a cada niño.
  3. Pedir que escriban o dibujen algo que les dé miedo.
  4. Situar las olas alrededor de la barca.
  5. Leer algunas respuestas de forma voluntaria.
Microguion:
«Los discípulos también tuvieron miedo. Jesús no se enfadó con ellos por eso. Lo importante no es no tener miedo nunca, sino aprender a acudir a Él cuando aparece».

Qué busca provocar: sinceridad y confianza.

Relación con la Primera Comunión: Jesús quiere acompañarnos en toda nuestra vida, no solo en los momentos fáciles.

Actividad 2. Señor, sálvame

Objetivo: aprender a pedir ayuda a Jesús.

Resultado esperado: que los niños descubran que la oración puede ser sencilla y directa.

Tipo de actividad: oración escrita.

Duración: 15 minutos.

Materiales:

  • Tarjetas pequeñas.
  • Lápices.

Desarrollo paso a paso:

  1. Recordar la frase de Pedro: «¡Señor, sálvame!».
  2. Entregar una tarjeta a cada niño.
  3. Pedir que escriban una petición sencilla a Jesús.
  4. Depositar las tarjetas junto a una imagen o crucifijo.
  5. Rezar juntos por todas las peticiones.
Microguion:
«Pedro no hizo una oración larga. Solo dijo: “Señor, sálvame”. A veces las oraciones más sencillas son las más sinceras».

Problema frecuente: creer que la oración exige palabras complicadas.

Reconducción: insistir en que Jesús escucha el corazón antes que las frases perfectas.

Actividad 3. La mano tendida

Objetivo: comprender que Jesús ayuda y que los cristianos también deben ayudar.

Resultado esperado: relacionar la ayuda de Jesús con la caridad cotidiana.

Tipo de actividad: dinámica simbólica.

Duración: 10 minutos.

Materiales:

  • Folios.
  • Lápices de colores.

Desarrollo paso a paso:

  1. Dibujar la silueta de una mano.
  2. Dentro de la mano escribir una ayuda concreta que cada niño puede ofrecer.
  3. Compartir algunas respuestas con el grupo.
  4. Formar un mural común.
Microguion:
«Jesús tendió la mano a Pedro. Nosotros no podemos caminar sobre el agua, pero sí podemos tender la mano a quien necesita ayuda».

Qué busca provocar: gratitud y servicio.

Transición: «Ahora vamos a escuchar a Jesús y a responderle con nuestra oración».

2.8. Lectio divina

La lectio divina de esta sesión ayuda a los niños a descubrir que Jesús está presente incluso cuando aparecen dificultades. Conviene crear un ambiente tranquilo, evitando interrupciones y favoreciendo la escucha interior.

La imagen de Jesús tendiendo la mano puede colocarse en el centro del grupo. Resulta muy útil para que los niños mantengan una referencia visual durante la oración.

Preparación: guardar silencio, encender una vela y recordar la frase: «¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!».

Lectura

Leer despacio Mateo 14, 22-33.

Meditación guiada

Imagina que estás dentro de la barca. El viento sopla fuerte. De repente aparece Jesús. Escucha sus palabras: «No tengas miedo». ¿Qué sientes?

Ahora imagina que Jesús te tiende la mano. ¿Hay algo que quieras pedirle? ¿Hay algún miedo que quieras poner en sus manos?

Oración

  • Jesús, ayúdame cuando tenga miedo.
  • Jesús, enséñame a confiar.
  • Jesús, sostén mi mano.
  • Jesús, acompáñame cada día.

Compromiso

Durante esta semana intentaré recordar una vez al día la frase de Jesús: «No tengas miedo».

2.9. Oración final

La sesión concluye mirando a Jesús, no al miedo. Pedro recuerda que la tormenta existe, pero descubre algo más importante: Jesús está con él. Ese es también el mensaje que los niños deben llevarse a casa.

La oración final recoge la enseñanza central de la jornada y prepara el paso hacia la siguiente sesión, donde Pedro comenzará a descubrir de una forma más profunda quién es realmente Jesús.

Señor Jesús,

cuando tengo miedo, quédate cerca de mí.

Cuando dude, ayúdame a confiar.

Cuando me sienta débil, tiéndeme tu mano.

Quiero caminar contigo cada día

y aprender a escucharte.

Amén.

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Sesión 3. Pedro descubre quién es Jesús

Texto evangélico: Mateo 16, 13-17.

Núcleo de la sesión: después de convivir con Jesús, Pedro comprende que no está simplemente ante un maestro o un profeta. Descubre que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios vivo.

3.1. Texto evangélico completo

Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos:

«¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?».

Ellos contestaron:

«Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas».

Él les preguntó:

«Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?».

Simón Pedro tomó la palabra y dijo:

«Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo».

Jesús le respondió: «¡Bienaventurado tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos».

3.2. Comprender el Evangelio

Hasta este momento Pedro ha visto muchas cosas. Ha escuchado enseñanzas, ha contemplado milagros y ha aprendido a confiar. Sin embargo, ahora Jesús plantea una pregunta diferente. Ya no pregunta qué ha hecho ni qué enseña, sino quién es realmente. Es una pregunta que también aparece en el corazón de cada cristiano.

La respuesta de Pedro marca un momento decisivo. No dice simplemente que Jesús es un hombre bueno o un gran profeta. Afirma que es el Mesías y el Hijo de Dios vivo. Por primera vez expresa claramente la fe que los discípulos han ido descubriendo poco a poco junto a Jesús.

Idea para repetir con los niños: Jesús no es solamente un personaje importante de la historia. Jesús es el Hijo de Dios y quiere ser mi amigo.

3.3. Lectura catequética del texto

La pregunta de Jesús sigue siendo actual. Muchas personas tienen opiniones diferentes sobre Él. Algunos lo consideran un maestro, otros un ejemplo moral y otros una figura histórica importante. Sin embargo, Jesús sigue preguntando a cada persona: «¿Y tú quién dices que soy yo?».

Pedro responde en nombre de todos los discípulos, pero también en nombre de la Iglesia entera. Los niños deben descubrir que cuando rezan el Credo o participan en la Eucaristía están expresando la misma fe que Pedro proclamó en Cesarea de Filipo.

Pregunta o respuesta Lo que enseña
¿Quién dice la gente que soy yo? Existen muchas opiniones sobre Jesús.
¿Y vosotros quién decís que soy yo? Cada persona debe responder personalmente.
Tú eres el Mesías. Jesús es el Salvador prometido.
El Hijo de Dios vivo. Jesús es verdaderamente Dios.

3.4. Claves para el catequista

Esta sesión ocupa un lugar central en todo el itinerario. Pedro ya ha sido llamado y ha aprendido a confiar. Ahora comprende quién es realmente Jesús. Sin este descubrimiento, las demás etapas quedarían incompletas, porque seguir a alguien exige conocerlo.

Conviene evitar explicaciones demasiado abstractas. Los niños no necesitan una larga lección teológica sobre la naturaleza de Cristo. Necesitan comprender que Jesús es más que un personaje admirable: es el Hijo de Dios que los ama, los escucha y quiere estar con ellos en la Eucaristía.

Microguion para introducir la sesión

«Pedro lleva tiempo caminando con Jesús. Ha visto muchas cosas sorprendentes. Ahora llega el momento de responder a una pregunta muy importante: ¿quién es Jesús realmente? La respuesta de Pedro cambiará para siempre la historia de la Iglesia».

3.5. Preguntas para dialogar con los niños

  • ¿Qué pregunta hace Jesús a sus discípulos?
  • ¿Qué respuestas da la gente?
  • ¿Qué responde Pedro?
  • ¿Por qué es tan importante esa respuesta?
  • ¿Qué significa que Jesús es el Hijo de Dios?
  • ¿Qué le dirías tú a Jesús si te preguntara quién es para ti?

Los niños más pequeños pueden responder con frases breves y sencillas. Basta con que comprendan que Jesús es el Hijo de Dios y que nos ama. No es necesario complicar la explicación con conceptos que todavía no pueden comprender plenamente.

Los mayores del grupo pueden comenzar a relacionar esta confesión de fe con la Primera Comunión. Si Jesús es realmente el Hijo de Dios, entonces recibirlo en la Eucaristía es algo inmensamente importante y merece prepararse con amor y respeto.

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3.6. Imágenes catequéticas

Las imágenes de esta sesión tienen un carácter especialmente contemplativo. No aparecen tormentas, redes llenas ni grandes movimientos. El centro es una pregunta y una respuesta. Precisamente por eso resultan tan importantes. Aquí Pedro comienza a comprender quién es realmente Jesús y expresa con palabras una fe que ha ido creciendo poco a poco.

El catequista debe ayudar a mirar los rostros, las expresiones y la relación entre Jesús y Pedro. En estas imágenes las palabras son fundamentales, pero los gestos también hablan. La serenidad de Jesús y la convicción de Pedro ayudan a comprender el significado profundo de la escena.

Imagen 5. ¿Quién decís que soy yo?

Jesús aparece en el centro de la escena, rodeado de los discípulos. No está enseñando una parábola ni realizando un milagro. Está haciendo una pregunta. A primera vista puede parecer algo sencillo, pero en realidad se trata de una de las preguntas más importantes de todo el Evangelio.

Los discípulos escuchan con atención. Algunos parecen sorprendidos, otros reflexionan y otros observan a Jesús buscando una respuesta. Los niños pueden comprender que hay preguntas que no se responden rápidamente. A veces necesitamos tiempo para descubrir quién es Jesús y qué significa para nuestra vida.

Preguntas para observar la imagen

  • ¿Qué está haciendo Jesús?
  • ¿Qué expresión tienen los discípulos?
  • ¿Quién parece estar escuchando con más atención?
  • ¿Por qué crees que Jesús hace esta pregunta?
  • ¿Cómo responderías tú?

Microguion para el catequista

«Jesús no pregunta porque no conozca la respuesta. Pregunta porque quiere que los discípulos piensen y descubran quién es Él realmente. También hoy sigue haciendo esa misma pregunta a cada uno de nosotros».

Imagen 6. Tú eres el Mesías

La segunda imagen recoge el momento culminante de la sesión. Pedro toma la palabra y responde con decisión. No habla solamente en nombre propio. Está expresando la fe que poco a poco ha ido naciendo en el corazón de todos los discípulos.

La mirada entre Jesús y Pedro resulta especialmente importante. Jesús escucha con alegría la confesión de fe de su discípulo. Pedro no repite una lección aprendida de memoria. Está diciendo lo que realmente cree. Esa sinceridad es una de las enseñanzas más valiosas para los niños.

Preguntas para observar la imagen

  • ¿Quién está hablando?
  • ¿Qué está diciendo Pedro?
  • ¿Cómo reacciona Jesús?
  • ¿Qué diferencia hay entre conocer a Jesús y creer en Él?
  • ¿Qué parte de la imagen te parece más importante?

Microguion para el catequista

«Pedro ya no ve a Jesús solamente como un maestro. Ha descubierto que es el Mesías, el Hijo de Dios vivo. Esa misma fe es la que profesamos cuando rezamos el Credo y cuando participamos en la Eucaristía».

Lectura conjunta de las dos imágenes

La primera imagen está centrada en la búsqueda. Jesús plantea una pregunta que obliga a pensar. Los discípulos escuchan y reflexionan. La segunda imagen está centrada en la respuesta. Pedro expresa con claridad aquello que ha descubierto después de convivir con Jesús.

Este paso resulta decisivo en todo el itinerario. Pedro ya ha sido llamado y ha aprendido a confiar. Ahora sabe quién es Jesús. Gracias a este descubrimiento podrá afrontar las pruebas que vendrán después. La fe verdadera no se apoya solamente en emociones o experiencias, sino en el conocimiento amoroso de Cristo.

Idea principal de las dos imágenes: Pedro descubre que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios vivo, y proclama públicamente su fe.

Errores frecuentes y reconducción

Algunos niños pueden interpretar la escena como una especie de examen. Conviene explicar que Jesús no busca poner una nota a los discípulos. Quiere ayudarlos a expresar la fe que ya está creciendo en su interior.

También puede aparecer la idea de que Pedro comprendió todo perfectamente desde ese momento. Sin embargo, las sesiones siguientes mostrarán que todavía tiene mucho que aprender. La fe auténtica puede ser verdadera y sincera aunque todavía necesite crecer y madurar.

3.7. Actividades

Las actividades de esta sesión están orientadas a ayudar a los niños a expresar su fe con sencillez. No buscamos que repitan fórmulas complejas, sino que aprendan a reconocer quién es Jesús y a hablar de Él con naturalidad.

Pega este bloque completo sustituyendo exactamente el tramo que me has pasado:

La progresión propuesta parte de la observación, continúa con la confesión de fe y termina en la oración. De esta manera se reproduce el mismo itinerario que recorrió Pedro: escuchar, comprender y responder.

Actividad 1. ¿Quién es Jesús para mí?

Objetivo: ayudar a los niños a expresar su relación con Jesús.

Resultado esperado: que sean capaces de formular una respuesta personal y sencilla.

Tipo de actividad: reflexión y diálogo.

Duración: 10-15 minutos.

Materiales:

  • Tarjetas pequeñas.
  • Lápices o rotuladores.

Desarrollo paso a paso:

  1. Recordar la pregunta de Jesús.
  2. Pedir a cada niño que escriba una respuesta breve.
  3. Compartir algunas respuestas voluntariamente.
  4. Explicar que todas deben acercarse a la verdad revelada por Jesús.
Microguion:
«Pedro respondió desde el corazón. Nosotros también podemos hablar con Jesús y decir quién es para nosotros».

Actividad 2. El mural de la fe de Pedro

Objetivo: relacionar la confesión de Pedro con la fe de la Iglesia.

Resultado esperado: que los niños comprendan que la fe cristiana no es una opinión cualquiera, sino una respuesta a lo que Dios ha revelado.

Tipo de actividad: trabajo cooperativo.

Duración: 15 minutos.

Materiales:

  • Cartulina grande.
  • Rotuladores.
  • Pegatinas o dibujos.

Preparación: escribir en el centro de la cartulina la frase: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo».

Desarrollo paso a paso:

  1. Leer la frase de Pedro.
  2. Pedir a los niños que escriban alrededor palabras relacionadas con Jesús.
  3. Completar el mural con dibujos o símbolos cristianos.
  4. Explicar que la Iglesia lleva dos mil años repitiendo la misma fe.
Microguion:
«Pedro habló en nombre de los discípulos. Hoy millones de cristianos siguen proclamando la misma fe en Jesús».

Qué busca provocar: sentido de pertenencia a la Iglesia.

Relación con la Primera Comunión: quien recibe a Jesús en la Eucaristía comparte la misma fe que confesó Pedro.

Actividad 3. Construidos sobre la roca

Objetivo: preparar la transición hacia la misión que Jesús confiará a Pedro.

Resultado esperado: comprender que la fe necesita una base firme.

Tipo de actividad: dinámica simbólica.

Duración: 10 minutos.

Materiales:

  • Bloques de construcción o piezas encajables.

Desarrollo paso a paso:

  1. Intentar construir una torre sobre una base inestable.
  2. Observar cómo se cae fácilmente.
  3. Construir una segunda torre con una base firme.
  4. Relacionar la experiencia con la fe en Jesús.
Microguion:
«Pedro ha descubierto quién es Jesús. Esa verdad será la roca sobre la que podrá construir toda su vida».

Transición: «Ahora vamos a hablar con Jesús y a repetir la fe que Pedro proclamó».

3.8. Lectio divina

La lectio divina de esta sesión gira alrededor de una pregunta y una respuesta. Jesús pregunta y Pedro responde. El objetivo es que los niños descubran que la oración también consiste en escuchar lo que Jesús nos pregunta y responderle con sinceridad.

Conviene crear un ambiente especialmente sereno, porque la escena no está llena de acción exterior. Todo ocurre en el corazón de los discípulos. La atención y el silencio son aquí especialmente importantes.

Preparación: colocar una imagen de Jesús en el centro, encender una vela y guardar unos momentos de silencio.

Lectura

Leer lentamente Mateo 16, 13-17.

Meditación guiada

Imagina que estás junto a Pedro escuchando a Jesús. De repente el Señor también te mira a ti y te pregunta: «¿Quién soy yo para ti?».

No hace falta responder con palabras complicadas. Piensa simplemente en todo lo que Jesús significa para ti y deja que tu corazón le responda.

Oración

  • Jesús, creo en ti.
  • Jesús, quiero conocerte mejor.
  • Jesús, ayúdame a confiar siempre en ti.
  • Jesús, gracias por quedarte con nosotros.

Compromiso

Esta semana intentaré repetir cada día una vez la profesión de fe de Pedro: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo».

3.9. Oración final

La sesión termina con una profesión sencilla de fe. Los niños han acompañado a Pedro en su descubrimiento y ahora están invitados a unirse a él. La oración final debe ayudarles a expresar con alegría aquello que han aprendido.

Esta confesión de fe prepara la siguiente etapa del itinerario. Pedro ha descubierto quién es Jesús, pero todavía tendrá que aprender algo muy importante: incluso quienes aman sinceramente al Señor pueden equivocarse y necesitar perdón.

Señor Jesús,

tú eres el Mesías,

el Hijo de Dios vivo.

Gracias por llamarme,

gracias por acompañarme

y gracias por quedarte con nosotros.

Ayúdame a conocerte mejor

y a seguirte cada día.

Amén.

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Sesión 4. Pedro se equivoca

Texto evangélico: Lucas 22, 54-62.

Núcleo de la sesión: Pedro ama a Jesús, pero tiene miedo y lo niega. Sin embargo, el pecado no es el final de la historia. La mirada de Jesús abre el camino del arrepentimiento y de la vuelta a Dios.

4.1. Texto evangélico completo

Después de prender a Jesús, se lo llevaron y lo hicieron entrar en casa del sumo sacerdote. Pedro lo seguía desde lejos.

Habían encendido fuego en medio del patio, se habían sentado alrededor, y Pedro estaba sentado entre ellos. Al verlo una criada sentado junto a la lumbre, se le quedó mirando y dijo:

«También este estaba con él».

Pero él lo negó diciendo:

«No lo conozco, mujer».

Poco después lo vio otro y le dijo:

«Tú también eres uno de ellos».

Pedro respondió:

«Hombre, no lo soy».

Y pasada cosa de una hora, otro insistía:

«Sin duda, este también estaba con él, porque es galileo».

Pedro contestó:

«Hombre, no sé de qué me hablas».

Y enseguida, estando todavía hablando, cantó un gallo.

El Señor se volvió y le echó una mirada a Pedro, y Pedro se acordó de la palabra que el Señor le había dicho: «Antes que cante hoy el gallo, me negarás tres veces». Y, saliendo afuera, lloró amargamente.

4.2. Comprender el Evangelio

La escena es dolorosa porque Pedro quiere a Jesús, pero en ese momento tiene miedo. Poco antes había prometido seguirlo hasta el final. Ahora, cuando llega la prueba, niega conocerlo. El Evangelio no esconde esta debilidad. Precisamente por eso resulta tan cercano a nuestra experiencia.

Lo más importante ocurre después de las negaciones. Pedro recuerda las palabras de Jesús, se encuentra con su mirada y comprende lo que ha hecho. No intenta justificarse ni buscar excusas. Llora porque se da cuenta de que ha fallado a alguien que ama profundamente.

Idea para repetir con los niños: cuando nos equivocamos, Jesús no deja de amarnos. Siempre podemos volver a Él.

4.3. Lectura catequética del texto

Pedro no aparece aquí como un héroe, sino como una persona real. Tiene miedo, duda y toma una mala decisión. Los niños necesitan descubrir que los santos no son personas que nunca se equivocan, sino personas que aprenden a levantarse con la ayuda de Dios.

La mirada de Jesús ocupa el centro de la escena. No se describe como una mirada de enfado ni de desprecio. Es una mirada que recuerda, llama y abre el corazón. Gracias a ella Pedro comprende su error y comienza el camino que lo llevará al perdón.

Momento del Evangelio Lo que enseña
Pedro sigue a Jesús desde lejos. La distancia favorece el miedo y la confusión.
Pedro niega a Jesús. Todos podemos equivocarnos.
Canta el gallo. Llega el momento de reconocer la verdad.
Jesús mira a Pedro. El amor de Jesús llama a la conversión.
Pedro llora. Reconocer el error es el comienzo del cambio.

4.4. Claves para el catequista

Esta sesión debe tratarse con delicadeza. No se trata de asustar a los niños ni de centrarse excesivamente en el pecado. El objetivo es mostrar que incluso una persona que ama sinceramente a Jesús puede equivocarse y que el Señor nunca deja de ofrecer una nueva oportunidad.

La explicación debe conducir hacia la esperanza. Las lágrimas de Pedro son importantes, pero no constituyen el final de su historia. La siguiente sesión mostrará precisamente cómo Jesús sale al encuentro de Pedro para perdonarlo y confiar nuevamente en él.

Microguion para introducir la sesión

«Pedro quiere mucho a Jesús, pero llega un momento en que tiene miedo y se equivoca. Vamos a descubrir que el amor de Jesús es más grande que nuestros errores y que siempre nos invita a volver a empezar».

4.5. Preguntas para dialogar con los niños

  • ¿Por qué crees que Pedro negó a Jesús?
  • ¿Piensas que Pedro dejó de querer a Jesús?
  • ¿Qué sucede cuando canta el gallo?
  • ¿Por qué es importante la mirada de Jesús?
  • ¿Qué significan las lágrimas de Pedro?
  • ¿Qué podemos hacer cuando nos equivocamos?

Con los niños más pequeños conviene centrarse en la idea de que todos cometemos errores y necesitamos pedir perdón. Las situaciones cotidianas —una mentira, una pelea o una desobediencia— ayudan a comprender el mensaje del Evangelio.

Con los mayores puede profundizarse un poco más en la importancia del arrepentimiento y del sacramento de la Reconciliación. Pedro se convierte así en un ejemplo de cómo reconocer el error y volver a Dios con sinceridad.

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4.6. Imágenes catequéticas

Las imágenes de esta sesión son las más delicadas de todo el itinerario. No muestran violencia ni castigos. El centro es el corazón de Pedro. Por primera vez aparece con claridad la experiencia del pecado, del miedo y del arrepentimiento. Todo debe presentarse con esperanza, porque la historia todavía no ha terminado.

La clave visual no es la tristeza, sino el contraste entre la debilidad de Pedro y la fidelidad de Jesús. Los niños deben comprender que el error existe, pero que el amor de Dios es más fuerte. Las imágenes preparan el camino para la sesión siguiente, dedicada al perdón.

La escena transcurre junto al fuego del patio. Pedro está rodeado de personas que le preguntan si conoce a Jesús. La tensión se refleja en su rostro. No aparece como una persona malvada ni orgullosa. Se le ve preocupado, confundido y dominado por el miedo.

Los niños suelen comprender muy bien esta situación, porque también ellos han sentido alguna vez miedo a reconocer un error, a decir la verdad o a quedar mal delante de otros. La imagen permite hablar del pecado como una decisión equivocada nacida de la debilidad, no como algo imposible de superar.

Preguntas para observar la imagen

  • ¿Cómo se siente Pedro?
  • ¿Qué ocurre alrededor del fuego?
  • ¿Por qué tiene miedo?
  • ¿Crees que sigue queriendo a Jesús?
  • ¿Qué habrías hecho tú en su lugar?

Microguion para el catequista

«Pedro ama a Jesús, pero tiene miedo. A veces nosotros también sabemos lo que está bien y, sin embargo, hacemos otra cosa. Por eso necesitamos la ayuda de Dios».

Imagen 8. La mirada de Jesús y las lágrimas de Pedro

Esta es una de las imágenes más importantes de todo el itinerario. No aparece una discusión ni un castigo. Solo una mirada. Jesús se vuelve hacia Pedro y Pedro comprende inmediatamente lo que ha hecho. En ese instante recuerda las palabras del Señor y reconoce su error.

Las lágrimas de Pedro no son lágrimas de desesperación. Son lágrimas de arrepentimiento. El niño debe aprender a distinguir entre sentirse triste porque algo salió mal y sentir verdadero dolor por haber hecho daño. Pedro llora porque ama a Jesús y comprende que lo ha negado.

Preguntas para observar la imagen

  • ¿Qué expresa el rostro de Pedro?
  • ¿Cómo imaginas la mirada de Jesús?
  • ¿Por qué llora Pedro?
  • ¿Qué siente alguien cuando reconoce un error?
  • ¿Por qué esta escena prepara el camino hacia el perdón?

Microguion para el catequista

«Jesús no abandona a Pedro. Lo mira con amor. Esa mirada ayuda a Pedro a reconocer la verdad y a comenzar de nuevo. Dios siempre quiere ayudarnos a volver a Él».

Lectura conjunta de las dos imágenes

La primera imagen muestra el error. Pedro actúa movido por el miedo y niega conocer a Jesús. La segunda muestra el comienzo de la conversión. Pedro reconoce la verdad y abre de nuevo su corazón al Señor.

Las dos escenas forman un único camino espiritual. Sin la primera no comprenderíamos la necesidad del perdón; sin la segunda no descubriríamos la misericordia. El Evangelio no se queda en la caída, sino que prepara el encuentro que devolverá la esperanza a Pedro.

Idea principal de las dos imágenes: Pedro se equivoca, pero la mirada de Jesús abre el camino del arrepentimiento y de la vuelta a Dios.

Errores frecuentes y reconducción

Algunos niños pueden quedarse únicamente con la negación. Conviene insistir en que el Evangelio no presenta esta escena para humillar a Pedro, sino para enseñar que todos necesitamos la misericordia de Dios.

También puede aparecer una imagen demasiado severa de Jesús. La escena insiste precisamente en lo contrario. La mirada del Señor no destruye a Pedro. Lo ayuda a reconocer la verdad y a comenzar un camino nuevo.

4.7. Actividades

Las actividades de esta sesión deben desarrollarse en un clima sereno y esperanzado. No buscan que los niños se sientan culpables, sino que comprendan la importancia de reconocer los errores y pedir perdón.

La progresión elegida parte de experiencias cotidianas, continúa con el arrepentimiento y termina en la confianza en la misericordia de Dios. Así se reproduce el mismo camino recorrido por Pedro.

Actividad 1. Todos nos equivocamos

Objetivo: reconocer que todos cometemos errores.

Resultado esperado: comprender que equivocarse no significa dejar de ser amado por Dios.

Tipo de actividad: diálogo guiado.

Duración: 10-15 minutos.

Materiales: ninguno.

Desarrollo paso a paso:

  1. Recordar alguna situación cotidiana en la que un niño pueda equivocarse.
  2. Preguntar qué sucede después del error.
  3. Relacionar las respuestas con la experiencia de Pedro.
  4. Explicar que Dios siempre nos invita a volver a Él.
Microguion:
«Pedro era amigo de Jesús y aun así se equivocó. Nosotros también podemos equivocarnos. Lo importante es reconocerlo y volver a empezar».

Actividad 2. La mirada que ayuda a cambiar

Objetivo: comprender el valor del arrepentimiento sincero.

Resultado esperado: descubrir que reconocer un error puede ser el comienzo de algo mejor.

Tipo de actividad: reflexión y expresión personal.

Duración: 15 minutos.

Materiales:

  • Folios.
  • Lápices de colores.

Desarrollo paso a paso:

  1. Dibujar dos rostros en una hoja.
  2. En el primero representar a Pedro antes de reconocer su error.
  3. En el segundo representar a Pedro después de encontrarse con la mirada de Jesús.
  4. Comparar las diferencias entre ambos dibujos.
  5. Dialogar sobre lo que significa arrepentirse.
Microguion:
«La mirada de Jesús no humilla a Pedro. Le ayuda a ver la verdad y a volver a empezar. El amor verdadero nos ayuda a mejorar».

Problema frecuente: confundir arrepentimiento con tristeza sin esperanza.

Reconducción: explicar que el arrepentimiento cristiano siempre abre un camino nuevo.

Actividad 3. El puente del perdón

Objetivo: preparar la transición hacia la sesión del perdón de Pedro.

Resultado esperado: comprender que el arrepentimiento conduce al encuentro con Jesús.

Tipo de actividad: dinámica simbólica.

Duración: 10 minutos.

Materiales:

  • Cartulinas o tarjetas.
  • Cinta adhesiva.

Preparación: colocar varias tarjetas en el suelo formando un pequeño puente.

Desarrollo paso a paso:

Desarrollo paso a paso:

  1. Explicar que el puente representa el camino de vuelta hacia Jesús.
  2. En cada tarjeta escribir una palabra: verdad, perdón, confianza, amistad, oración.
  3. Invitar a los niños a recorrer el puente.
  4. Comentar el significado de cada paso.
Microguion:
«Pedro no se quedó en la tristeza. Empezó un camino que lo llevaría de nuevo hasta Jesús. Cada vez que pedimos perdón hacemos también ese camino».

Qué busca provocar: esperanza y deseo de reconciliación.

Transición: «La próxima vez veremos cómo Jesús sale al encuentro de Pedro y le devuelve la alegría».

4.8. Lectio divina

La lectio divina de esta sesión debe realizarse con especial delicadeza. Los niños necesitan descubrir que Dios conoce nuestras debilidades y sigue amándonos. El ambiente debe transmitir serenidad y confianza.

Conviene evitar un tono excesivamente triste. El objetivo no es quedarse en el pecado de Pedro, sino preparar el corazón para comprender la misericordia que aparecerá en la siguiente sesión.

Preparación: encender una vela y contemplar unos momentos una imagen de Jesús mirando a Pedro.

Lectura

Leer lentamente Lucas 22, 54-62.

Meditación guiada

Imagina que estás en el patio junto al fuego. Ves a Pedro preocupado y escuchas cómo niega a Jesús. Después escuchas el canto del gallo.

Ahora contempla la mirada de Jesús. No habla. Solo mira a Pedro. ¿Qué crees que siente Pedro? ¿Qué crees que quiere decirle Jesús?

Oración

  • Jesús, ayúdame a reconocer mis errores.
  • Jesús, enséñame a pedir perdón.
  • Jesús, no me dejes alejarme de ti.
  • Jesús, gracias por tu misericordia.

Compromiso

Durante esta semana intentaré pedir perdón rápidamente cuando haga algo mal, sin buscar excusas ni echar la culpa a otros.

4.9. Oración final

La oración final recoge el corazón de toda la sesión. Pedro ha descubierto que el pecado existe, pero también que el amor de Jesús permanece. Los niños deben terminar con una sensación de confianza y no de miedo.

La historia queda abierta, porque todavía falta el encuentro junto al lago de Galilea. Allí Jesús mostrará de manera definitiva que su misericordia es más fuerte que cualquier caída.

Señor Jesús,

tú conoces mi corazón

y sabes que a veces me equivoco.

Ayúdame a reconocer mis errores,

a pedir perdón con sinceridad

y a confiar siempre en tu misericordia.

No permitas que me aleje de ti

y acompáñame cada día.

Amén.

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Sesión 5. ¿Me amas?

Texto evangélico: Juan 21, 1-19.

Núcleo de la sesión: Jesús resucitado sale al encuentro de Pedro. No le recuerda sus pecados para humillarlo, sino para devolverle la confianza y ofrecerle una nueva misión.

5.1. Texto evangélico completo

Después de comer, dice Jesús a Simón Pedro:

«Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?».

Él le contestó:

«Sí, Señor, tú sabes que te quiero».

Jesús le dice:

«Apacienta mis corderos».

Por segunda vez le pregunta:

«Simón, hijo de Juan, ¿me amas?».

Él le contesta:

«Sí, Señor, tú sabes que te quiero».

Jesús le dice:

«Pastorea mis ovejas».

Por tercera vez le pregunta:

«Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?».

Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez «¿me quieres?» y le contestó:

«Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero».

Jesús le dice: «Apacienta mis ovejas».

5.2. Comprender el Evangelio

Después de la Resurrección, Jesús vuelve a encontrarse con Pedro. El discípulo que lo negó tres veces ahora escucha tres veces la misma pregunta: «¿Me amas?». Jesús no comienza hablando de errores, de castigos ni de reproches. Comienza hablando de amor.

La repetición tiene un significado profundo. Pedro había negado tres veces a Jesús y ahora puede afirmar tres veces su amor. El Señor le permite reparar la herida sin humillarlo. Así muestra que el perdón de Dios no consiste solamente en borrar el pecado, sino también en reconstruir la amistad.

Idea para repetir con los niños: Jesús perdona a Pedro y sigue confiando en él. También nosotros podemos volver a empezar cuando nos equivocamos.

5.3. Lectura catequética del texto

El centro de esta escena es la relación entre Jesús y Pedro. Después de todo lo ocurrido, Jesús no pregunta: «¿Por qué me negaste?». Pregunta: «¿Me amas?». De esta manera enseña que el amor es más fuerte que el pecado y que la misericordia es más fuerte que el fracaso.

Pedro responde con humildad. Ya no habla con la seguridad excesiva de antes. No presume de ser mejor que los demás. Sencillamente se pone en las manos de Jesús y confía en que el Señor conoce su corazón. Esa humildad muestra cuánto ha aprendido a lo largo del camino.

Palabras de Jesús Lo que enseñan
¿Me amas? La amistad con Jesús es lo más importante.
Apacienta mis corderos. Jesús vuelve a confiar en Pedro.
Apacienta mis ovejas. Pedro recibe una misión para servir a los demás.
Tú sabes que te quiero. Pedro responde con sinceridad y humildad.

5.4. Claves para el catequista

Esta sesión es la respuesta a la anterior. Los niños han contemplado la caída de Pedro y ahora contemplan su restauración. Conviene presentar ambas sesiones como partes de una misma historia para que comprendan mejor el sentido del perdón cristiano.

La explicación debe centrarse en la misericordia. Los niños necesitan descubrir que Dios no se cansa de perdonar. La escena muestra a un Jesús cercano, paciente y lleno de amor, que ayuda a Pedro a levantarse y continuar su camino.

Microguion para introducir la sesión

«Pedro se había equivocado, pero Jesús no se olvidó de él. Al contrario, salió a buscarlo y le hizo una pregunta muy sencilla: “¿Me amas?”. Hoy veremos cómo el amor de Jesús transforma la tristeza en esperanza».

5.5. Preguntas para dialogar con los niños

  • ¿Qué pregunta hace Jesús a Pedro?
  • ¿Por qué la repite tres veces?
  • ¿Qué responde Pedro?
  • ¿Por qué Jesús sigue confiando en él?
  • ¿Qué nos enseña esta escena sobre el perdón?
  • ¿Qué significa amar a Jesús hoy?

Los niños pequeños suelen comprender muy bien la idea de la reconciliación cuando se relaciona con experiencias familiares: pedir perdón, reconciliarse con un amigo o volver a empezar después de un error.

Los mayores del grupo pueden descubrir además la relación entre esta escena y el sacramento de la Reconciliación. Dios no solo perdona, sino que devuelve la alegría y fortalece para seguir adelante.

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5.6. Imágenes catequéticas

Las imágenes de esta sesión están llenas de luz y esperanza. Después de la noche de las negaciones aparece la mañana de la Resurrección. El lago vuelve a estar presente, pero ahora no es el escenario de una llamada ni de una caída. Es el lugar donde Jesús reconstruye la amistad con Pedro.

La clave visual es la cercanía entre Jesús y Pedro. Los niños deben percibir que el Señor no mantiene las distancias ni recuerda continuamente el pasado. Se acerca, prepara comida para sus discípulos y habla con Pedro como un amigo que quiere ayudar a otro amigo.

Imagen 9. Jesús resucitado junto al lago

La escena transmite una gran sensación de paz. Jesús ha preparado el desayuno para los discípulos y los espera en la orilla. No encontramos prisas, discusiones ni reproches. Todo habla de acogida, amistad y alegría después de la Resurrección.

Los niños suelen sorprenderse al descubrir este detalle. Jesús resucitado podría haber aparecido de muchas maneras extraordinarias, pero decide compartir una comida sencilla con sus amigos. Así enseña que la amistad con Dios también se vive en los gestos cotidianos.

Preguntas para observar la imagen

  • ¿Quién está esperando en la orilla?
  • ¿Qué ha preparado Jesús?
  • ¿Cómo es el ambiente de la escena?
  • ¿Qué sienten los discípulos?
  • ¿Qué nos enseña esta comida compartida?

Microguion para el catequista

«Jesús no espera a Pedro para echarle en cara sus errores. Lo espera para compartir una comida y volver a encontrarse con él. Así es el amor de Dios: siempre busca reconstruir la amistad».

Imagen 10. ¿Me amas?

La segunda imagen es una de las más íntimas de todo el itinerario. Jesús y Pedro aparecen dialogando. Los demás personajes pasan a un segundo plano. Todo se concentra en una conversación sencilla que cambiará para siempre la vida del apóstol.

Los rostros ocupan un lugar central. Jesús pregunta con serenidad y Pedro responde con humildad. Ya no encontramos la seguridad impulsiva de otras ocasiones. Pedro ha aprendido a confiar en la misericordia del Señor y a apoyarse en Él.

Preguntas para observar la imagen

  • ¿Qué expresión tiene Jesús?
  • ¿Qué expresión tiene Pedro?
  • ¿Por qué es tan importante esta conversación?
  • ¿Qué significa responder a Jesús con amor?
  • ¿Cómo demuestra una persona que ama a Jesús?

Microguion para el catequista

«Jesús no pregunta a Pedro si es fuerte, inteligente o importante. Le pregunta si lo ama. El amor es el centro de la vida cristiana y la respuesta más importante que podemos dar a Dios».

Lectura conjunta de las dos imágenes

La primera imagen habla de acogida. Jesús prepara la comida y reúne nuevamente a sus discípulos. La segunda habla de reconciliación y misión. Pedro recibe una nueva oportunidad y descubre que Jesús sigue confiando plenamente en él.

Estas dos escenas forman el puente entre la caída y la misión. Pedro ya no está definido por su pecado, sino por el amor de Cristo. Gracias a ese amor podrá convertirse en el pastor que Jesús desea para su Iglesia.

Idea principal de las dos imágenes: Jesús perdona a Pedro, reconstruye su amistad con él y vuelve a confiarle una misión.

Errores frecuentes y reconducción

Algunos niños pueden pensar que Jesús simplemente olvidó lo ocurrido. Conviene explicar que el perdón no consiste en fingir que nada ha pasado, sino en sanar la herida y reconstruir la amistad.

También puede aparecer la idea de que Pedro merece el perdón porque ahora es mejor. El Evangelio enseña algo más profundo: el perdón nace del amor gratuito de Jesús, que sigue amando incluso cuando sus amigos fallan.

5.7. Actividades

Las actividades de esta sesión giran alrededor del perdón, la amistad y el amor a Jesús. Después de haber trabajado el arrepentimiento en la sesión anterior, ahora los niños descubren la alegría de volver a empezar.

La secuencia propuesta conduce desde la experiencia humana de la reconciliación hasta el encuentro personal con Jesús. Todo debe desarrollarse en un clima positivo y agradecido.

Actividad 1. Volver a ser amigos

Objetivo: comprender el valor de la reconciliación.

Resultado esperado: descubrir que pedir perdón y perdonar fortalecen la amistad.

Tipo de actividad: diálogo guiado y representación.

Duración: 15 minutos.

Materiales: ninguno.

Desarrollo paso a paso:

  1. Presentar pequeñas situaciones de conflicto entre amigos.
  2. Pedir a varios niños que representen la escena.
  3. Buscar juntos maneras de reconciliarse.
  4. Relacionar las conclusiones con la experiencia de Pedro.
Microguion:
«Pedro había fallado a Jesús, pero la amistad no terminó. El amor verdadero sabe perdonar y volver a empezar».

Actividad 2. Señor, tú sabes que te quiero

Objetivo: ayudar a los niños a expresar personalmente su amor a Jesús.

Resultado esperado: que cada niño formule una respuesta sencilla y sincera al Señor.

Tipo de actividad: oración escrita y reflexión personal.

Duración: 15 minutos.

Materiales:

  • Tarjetas con forma de corazón.
  • Lápices o rotuladores.

Desarrollo paso a paso:

  1. Recordar la respuesta de Pedro a Jesús.
  2. Entregar una tarjeta a cada niño.
  3. Invitarles a escribir una frase dirigida a Jesús.
  4. Depositar las tarjetas junto a una imagen de Cristo.
  5. Terminar con una breve oración comunitaria.
Microguion:
«Jesús conoce todo lo que hay en nuestro corazón. No necesita palabras perfectas. Le basta una respuesta sincera, como la de Pedro».

Problema frecuente: pensar que amar a Jesús consiste solamente en sentir emociones bonitas.

Reconducción: explicar que amar a Jesús también significa escucharlo, obedecerlo y tratar bien a los demás.

Actividad 3. Los corderos de Jesús

Objetivo: comprender que amar a Jesús lleva a servir a otras personas.

Resultado esperado: relacionar el amor a Cristo con gestos concretos de caridad.

Tipo de actividad: dinámica simbólica y aplicación práctica.

Duración: 10-15 minutos.

Materiales:

  • Dibujos de pequeñas ovejas o corderos.
  • Rotuladores.

Preparación: recortar varias figuras de ovejas de papel.

Desarrollo paso a paso:

Objetivo: comprender que amar a Jesús lleva a servir a otras personas.

Resultado esperado: relacionar el amor a Cristo con gestos concretos de caridad.

Tipo de actividad: dinámica simbólica y aplicación práctica.

Duración: 10-15 minutos.

Materiales:

  • Dibujos de pequeñas ovejas o corderos.
  • Rotuladores.

Preparación: recortar varias figuras de ovejas de papel.

Desarrollo paso a paso:

  1. Entregar una oveja a cada niño.
  2. Escribir dentro una acción concreta para ayudar a alguien.
  3. Colocar todas las ovejas formando un rebaño común.
  4. Leer algunas propuestas.
Microguion:
«Jesús dice a Pedro que cuide de sus ovejas. Nosotros también podemos cuidar de las personas que tenemos cerca mediante pequeños actos de amor».

Qué busca provocar: servicio y responsabilidad cristiana.

Transición: «Ahora vamos a escuchar a Jesús y a responderle como Pedro: “Señor, tú sabes que te quiero”».

5.8. Lectio divina

La lectio divina de esta sesión invita a los niños a escuchar personalmente la pregunta de Jesús. No se trata de una pregunta dirigida solo a Pedro. El Señor sigue preguntando hoy a cada cristiano si lo ama y desea caminar con Él.

La oración debe desarrollarse en un clima de confianza. Jesús no aparece aquí como juez, sino como amigo. La serenidad de la escena junto al lago ayuda mucho a los niños a abrir su corazón.

Preparación: encender una vela y contemplar durante unos momentos una imagen de Jesús resucitado.

Lectura

Leer lentamente Juan 21, 15-17.

Meditación guiada

Imagina que estás sentado junto al lago. Jesús habla con Pedro. Después se vuelve hacia ti y te hace la misma pregunta: «¿Me amas?».

Piensa en tu respuesta. No hace falta decir muchas cosas. Basta con hablar con sinceridad y abrir el corazón al Señor.

Oración

  • Jesús, tú sabes que te quiero.
  • Jesús, ayúdame a ser tu amigo.
  • Jesús, enséñame a amar como tú amas.
  • Jesús, acompáñame siempre.

Compromiso

Durante esta semana intentaré demostrar mi amor a Jesús mediante una obra concreta de caridad o de servicio.

5.9. Oración final

La sesión termina con una gran acción de gracias. Pedro ha sido perdonado y restaurado. Los niños descubren que el amor de Dios siempre ofrece una nueva oportunidad y que la amistad con Jesús puede renovarse continuamente.

Esta sesión prepara directamente la última etapa del itinerario. Pedro ya ha sido llamado, ha aprendido a confiar, ha descubierto quién es Jesús, ha experimentado el perdón y ahora está listo para recibir la misión que Cristo quiere confiarle.

Señor Jesús,

gracias porque nunca te cansas de perdonar.

Gracias porque conoces mi corazón

y sigues confiando en mí.

Ayúdame a responder a tu amor,

a seguirte cada día

y a servir a los demás con alegría.

Amén.

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Sesión 6. Tú eres Pedro

Texto evangélico: Mateo 16, 13-20.

Núcleo de la sesión: Jesús confía a Pedro una misión única dentro de la Iglesia. El pescador llamado junto al lago se convierte en la roca visible sobre la que Cristo edificará su Iglesia.

6.1. Texto evangélico completo

Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos:

«¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?».

Ellos contestaron:

«Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas».

Él les preguntó:

«Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?».

Simón Pedro tomó la palabra y dijo:

«Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo».

Jesús le respondió:

«¡Bienaventurado tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos.

Ahora yo te digo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará.

Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos».

Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías.

6.2. Comprender el Evangelio

Todo el itinerario desemboca en este momento. Jesús llamó a Pedro, le enseñó a confiar, acogió sus errores y confirmó su amor. Ahora le entrega una misión especial. El pescador de Galilea recibe una responsabilidad que afectará a toda la Iglesia.

La iniciativa parte siempre de Jesús. Pedro no se convierte en roca por sus propias fuerzas ni por ser el mejor de los discípulos. Es Cristo quien lo elige, lo sostiene y le confía esta misión. La Iglesia se apoya en Pedro porque primero se apoya en Jesús.

Idea para repetir con los niños: Jesús construyó su Iglesia sobre Pedro y hoy seguimos unidos a Pedro a través del Papa.

6.3. Lectura catequética del texto

La palabra “Iglesia” aparece aquí de forma solemne. Jesús no está formando solamente un grupo de amigos. Está fundando una comunidad que atravesará los siglos y llegará hasta nosotros. Los niños deben descubrir que también forman parte de esa gran familia.

Las llaves simbolizan una misión de servicio. No representan poder humano ni privilegios personales. Indican la responsabilidad de cuidar, confirmar y mantener unida a la Iglesia. Por eso el Papa sigue siendo hoy el sucesor de Pedro y el signo visible de esa unidad.

Símbolo Significado catequético
La roca Estabilidad y firmeza de la Iglesia.
Las llaves Responsabilidad y servicio.
La Iglesia La gran familia de los discípulos de Jesús.
El Papa Sucesor de Pedro y signo visible de unidad.

6.4. Claves para el catequista

Esta sesión debe presentarse como una culminación. Los niños han acompañado a Pedro durante todo un recorrido. Ahora pueden mirar hacia atrás y reconocer cómo Jesús lo ha preparado para esta misión desde el primer día.

Conviene mostrar la continuidad entre Pedro y el Papa actual. No se trata de dos historias diferentes. La misión confiada por Cristo continúa en la Iglesia. La figura del Papa ayuda a los niños a comprender que la Iglesia de hoy sigue siendo la misma Iglesia fundada por Jesús.

Microguion para introducir la sesión

«Jesús llamó a Pedro cuando era pescador. Lo acompañó, lo corrigió, lo perdonó y lo preparó. Ahora llega el momento de confiarle una misión muy importante para toda la Iglesia».

6.5. Preguntas para dialogar con los niños

  • ¿Qué significa que Pedro sea la roca?
  • ¿Por qué Jesús le entrega las llaves?
  • ¿Qué es la Iglesia?
  • ¿Quién es hoy el sucesor de Pedro?
  • ¿Por qué necesitamos la Iglesia?
  • ¿Qué lugar ocupamos nosotros dentro de ella?

Los niños más pequeños entenderán mejor la imagen de una gran familia reunida por Jesús. Esa familia necesita alguien que ayude a mantenerla unida y por eso Cristo escogió a Pedro.

Los mayores pueden empezar a descubrir la relación entre la parroquia, la diócesis, el Papa y la Iglesia universal. Todo forma parte de una misma realidad nacida del Evangelio.

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6.6. Imágenes catequéticas

Las imágenes de esta última sesión tienen un carácter conclusivo y celebrativo. Ya no contemplamos solamente la historia personal de Pedro. Ahora aparece la misión que recibe de Cristo y los frutos que esa misión producirá a lo largo de los siglos hasta llegar a nuestras parroquias, familias y comunidades.

La lectura de las imágenes debe hacerse en continuidad con todo el itinerario. Los niños tienen que reconocer al mismo Pedro que fue llamado junto al lago, que aprendió a confiar, que cayó, que fue perdonado y que finalmente recibe una misión para servir a toda la Iglesia.

Imagen 11. Tú eres Pedro

La escena se sitúa en Cesarea de Filipo. Jesús aparece hablando directamente con Pedro mientras los demás apóstoles observan. El centro visual es el gesto de Cristo confiando una misión especial al discípulo que ha caminado con Él durante todo el itinerario.

Pedro escucha con atención y humildad. No aparece como un rey ni como un héroe triunfador. Sigue siendo el pescador que conocimos al principio, pero transformado por la amistad con Jesús. Esta imagen ayuda a comprender que Dios puede realizar grandes cosas a través de personas sencillas.

Preguntas para observar la imagen

  • ¿Quién está hablando?
  • ¿Qué actitud muestra Pedro?
  • ¿Por qué es importante este momento?
  • ¿Qué han aprendido Pedro y Jesús juntos hasta llegar aquí?
  • ¿Qué significa recibir una misión?

Microguion para el catequista

«Jesús no elige a Pedro porque sea perfecto. Lo elige porque lo ama, lo ha preparado y sabe que puede servir a la Iglesia con la ayuda de Dios».

Imagen 12. La entrega de las llaves

Esta imagen representa visualmente la misión confiada a Pedro. Jesús entrega las llaves mientras los demás apóstoles contemplan la escena. El gesto es solemne, pero al mismo tiempo transmite cercanía y confianza.

Las llaves tienen un profundo valor simbólico. Los niños no deben interpretarlas como un premio o una recompensa. Representan una responsabilidad. Pedro recibe el encargo de cuidar la Iglesia y mantenerla unida en nombre de Cristo.

Preguntas para observar la imagen

  • ¿Qué entrega Jesús a Pedro?
  • ¿Qué representan las llaves?
  • ¿Qué hacen los demás apóstoles?
  • ¿Por qué esta escena es importante para la Iglesia?
  • ¿Qué significa servir a los demás?

Microguion para el catequista

«Las llaves no son un signo de poder humano. Son un signo de servicio. Jesús confía a Pedro la tarea de cuidar de toda la Iglesia».

Imagen 13. Gran síntesis final

Esta imagen resume visualmente todo el recorrido catequético. En el centro aparece Cristo glorioso. Delante de Él se encuentra Pedro con las llaves. A un lado se recuerdan los momentos principales de su historia: la llamada, la confianza, la confesión de fe y el perdón. Al otro aparecen los frutos de la misión recibida.

La imagen permite unir pasado, presente y futuro. La Iglesia naciente, los bautismos, las familias cristianas, la parroquia, los niños de Primera Comunión y el Papa aparecen formando una única historia. Los niños pueden descubrir que también ellos forman parte de esa historia que comenzó junto al lago de Galilea.

Preguntas para observar la imagen

  • ¿Qué escenas del itinerario reconoces?
  • ¿Por qué aparece Cristo en el centro?
  • ¿Qué relación existe entre Pedro y el Papa?
  • ¿Dónde aparecen las familias y los niños?
  • ¿Qué lugar ocupamos nosotros en esta historia?

Microguion para el catequista

«La historia de Pedro no terminó hace dos mil años. Continúa hoy en la Iglesia. Nosotros formamos parte de la misma familia que Jesús comenzó a reunir junto a sus apóstoles».

Lectura conjunta de las tres imágenes

La primera imagen muestra la misión confiada por Cristo. La segunda representa el signo visible de esa misión mediante la entrega de las llaves. La tercera muestra los frutos de esa misión a lo largo de la historia.

Las tres escenas cierran el itinerario completo. Pedro ha recorrido un largo camino junto a Jesús. Ahora los niños pueden contemplar la obra que Dios realizó en él y comprender que el Señor también sigue llamando, acompañando y transformando vidas hoy.

Idea principal de las tres imágenes: Jesús confía a Pedro la misión de servir a la Iglesia, y esa misión continúa hoy a través del Papa y de toda la comunidad cristiana.

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6.7. Actividades

Las actividades de esta última sesión tienen un carácter de síntesis y envío. Los niños han recorrido todo el camino de Pedro y ahora están invitados a descubrir que ellos también forman parte de la Iglesia fundada por Jesús.

La progresión de las actividades parte de la experiencia de pertenecer a una familia, continúa con la comprensión de la Iglesia y termina con un compromiso concreto de vida cristiana.

Actividad 1. El gran árbol de la Iglesia

Objetivo: descubrir que todos formamos parte de la Iglesia de Jesús.

Resultado esperado: comprender la continuidad entre los apóstoles, la Iglesia actual y nuestra propia comunidad.

Tipo de actividad: mural colaborativo.

Duración: 15 minutos.

Materiales:

  • Cartulina grande.
  • Rotuladores.
  • Papeles de colores.
  • Tijeras y pegamento.

Preparación: dibujar previamente un gran árbol sin hojas.

Desarrollo paso a paso:

  1. Escribir «Jesús» en las raíces.
  2. Escribir «Pedro» en el tronco.
  3. Añadir ramas con palabras como Iglesia, parroquia, familia, catequesis y Papa.
  4. Entregar una hoja de papel a cada niño.
  5. Escribir el nombre de cada niño y pegarlo en el árbol.
Microguion:
«La Iglesia comenzó con Jesús y los apóstoles. Hoy nosotros seguimos formando parte del mismo árbol que Dios ha hecho crecer durante siglos».

Qué busca provocar: sentido de pertenencia eclesial.

Relación con la Primera Comunión: la Eucaristía nos une a toda la Iglesia.

Actividad 2. Las llaves del servicio

Objetivo: comprender que la autoridad cristiana es servicio.

Resultado esperado: descubrir que seguir a Jesús implica ayudar a los demás.

Tipo de actividad: dinámica simbólica.

Duración: 15 minutos.

Materiales:

  • Plantillas de llaves de cartulina.
  • Rotuladores.

Desarrollo paso a paso:

  1. Entregar una llave de cartulina a cada niño.
  2. Escribir en ella una forma concreta de servir a los demás.
  3. Compartir algunas respuestas.
  4. Formar un mural común con todas las llaves.
Microguion:
«Jesús entregó las llaves a Pedro para servir a la Iglesia. Nosotros también podemos servir mediante pequeños gestos de amor y ayuda».

Problema frecuente: interpretar las llaves como un símbolo de poder.

Reconducción: insistir en que Jesús enseña una autoridad basada en el servicio y la entrega.

Actividad 3. El camino de Pedro

Objetivo: repasar todo el itinerario catequético.

Resultado esperado: reconocer las principales etapas de la vida de Pedro junto a Jesús.

Tipo de actividad: síntesis participativa.

Duración: 15-20 minutos.

Materiales:

  • Tarjetas con escenas del itinerario.

Desarrollo paso a paso:

  1. Repartir las tarjetas entre los niños.
  2. Ordenarlas cronológicamente.
  3. Explicar cada una de las escenas.
  4. Relacionarlas con las imágenes trabajadas durante las sesiones.
  5. Concluir con la misión recibida por Pedro.
Sesión Idea principal
Jesús llama a Pedro Seguir a Jesús.
Pedro aprende a confiar Confiar en Jesús.
Pedro descubre quién es Jesús Creer en Cristo.
Pedro se equivoca Reconocer el error.
¿Me amas? Recibir el perdón.
Tú eres Pedro Recibir una misión.
Microguion:
«Pedro recorrió un camino junto a Jesús. Nosotros también estamos recorriendo nuestro propio camino de fe».

Transición: «Ahora vamos a dar gracias a Dios por todo lo que hemos aprendido a través de la vida de Pedro».

6.8. Lectio divina

La lectio divina final del itinerario tiene un carácter de acción de gracias. Después de recorrer toda la historia de Pedro, los niños contemplan cómo Jesús conduce la vida de quienes confían en Él.

La oración debe ayudar a mirar la propia vida. Del mismo modo que Jesús llamó y acompañó a Pedro, también llama hoy a cada uno de los niños que participan en la catequesis.

Preparación: colocar en el centro una cruz, una Biblia abierta y una imagen de San Pedro.

Lectura

Leer lentamente Mateo 16, 13-20.

Meditación guiada

Imagina que estás junto a los apóstoles escuchando a Jesús. Observa cómo habla con Pedro y cómo le confía una misión importante.

Piensa ahora en todo lo que has aprendido durante este itinerario. ¿Qué te gustaría responder a Jesús? ¿Cómo puedes seguirlo mejor cada día?

Oración

  • Jesús, gracias por tu Iglesia.
  • Jesús, gracias por San Pedro.
  • Jesús, ayúdame a seguirte.
  • Jesús, hazme crecer en la fe.
  • Jesús, acompaña al Papa.

Compromiso

Rezaré durante esta semana por la Iglesia, por mi parroquia y por el Papa, recordando que todos formamos parte de la misma familia cristiana.

6.9. Oración final del itinerario

Esta oración cierra todo el recorrido catequético. Los niños han conocido mejor a Jesús a través de la vida de Pedro. Han descubierto la llamada, la confianza, la fe, el perdón y la misión.

El itinerario termina, pero el camino cristiano continúa. La Primera Comunión no es una meta final, sino el comienzo de una amistad cada vez más profunda con Jesucristo dentro de la Iglesia.

Señor Jesús,

gracias por llamar a Pedro

y gracias por llamarnos también a nosotros.

Gracias por enseñarnos a confiar,

por perdonarnos cuando nos equivocamos

y por acompañarnos siempre.

Haz que amemos a tu Iglesia,

que sigamos tu camino

y que permanezcamos siempre unidos a ti.

Amén.

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Conclusión general del itinerario

La historia de Pedro es también nuestra historia. Como él, hemos sido llamados por Jesús. Como él, aprendemos poco a poco a confiar. Como él, descubrimos quién es realmente Cristo. Como él, nos equivocamos algunas veces y necesitamos pedir perdón. Como él, somos invitados a volver a empezar y a vivir una misión dentro de la Iglesia.

Por eso Pedro es un compañero ideal para la Primera Comunión. Los niños pueden reconocerse fácilmente en sus alegrías, sus dudas, sus impulsos, sus errores y su deseo sincero de seguir a Jesús. La vida de Pedro muestra que la santidad no consiste en no caer nunca, sino en dejarse transformar continuamente por el amor de Cristo.

Las seis grandes enseñanzas del itinerario

Sesión Enseñanza principal
Jesús llama a Pedro Jesús llama personalmente a cada uno.
Pedro aprende a confiar La fe consiste en apoyarse en Jesús.
Pedro descubre quién es Jesús Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios vivo.
Pedro se equivoca Todos necesitamos conversión.
¿Me amas? La misericordia de Jesús reconstruye la amistad.
Tú eres Pedro La Iglesia continúa la obra de Cristo.

Orientaciones para catequistas

Este itinerario está pensado para niños de entre seis y diez años. Conviene privilegiar siempre la narración, la contemplación de las imágenes, las preguntas sencillas y la participación activa. Las explicaciones demasiado abstractas suelen producir el efecto contrario al deseado y dificultan la interiorización del mensaje.

La figura de Pedro debe aparecer siempre cercana. No conviene presentarlo como un personaje inalcanzable ni como un héroe perfecto. Precisamente su fuerza catequética reside en que los niños descubren en él una persona real que aprende, se equivoca, pide perdón y sigue adelante junto a Jesús.

Recomendaciones prácticas

  • Leer siempre el Evangelio antes de explicar.
  • Mostrar las imágenes con calma y permitir la observación.
  • Utilizar las preguntas propuestas antes de dar respuestas.
  • Favorecer la participación de todos los niños.
  • Relacionar las enseñanzas con experiencias cotidianas.
  • Concluir cada sesión con la oración correspondiente.

Orientaciones para las familias

Los padres son los primeros educadores en la fe. Este itinerario alcanza toda su fuerza cuando las sesiones continúan en casa mediante conversaciones sencillas, momentos de oración y la participación en la vida parroquial.

La figura de Pedro ofrece excelentes oportunidades para el diálogo familiar. Sus dudas, sus errores y su crecimiento permiten hablar con naturalidad sobre la confianza, el perdón, la amistad y la pertenencia a la Iglesia.

Sugerencias para continuar en casa

  • Leer juntos alguno de los Evangelios trabajados.
  • Rezar por el Papa y por la Iglesia.
  • Visitar la parroquia fuera del horario habitual de catequesis.
  • Conversar sobre situaciones concretas de confianza y perdón.
  • Preparar juntos la participación en la Eucaristía dominical.

Frase final para recordar

Jesús llamó a Pedro, lo ayudó a confiar, lo perdonó y le confió una misión. También nos llama a nosotros para caminar con Él dentro de su Iglesia.

Notas y referencias

  1. Evangelio según san Lucas 5, 1-11. Llamada de Pedro.
  2. Evangelio según san Mateo 14, 22-33. Pedro camina sobre las aguas.
  3. Evangelio según san Mateo 16, 13-20. Confesión de Pedro y promesa del primado.
  4. Evangelio según san Lucas 22, 54-62. Negaciones de Pedro.
  5. Evangelio según san Juan 21, 1-19. Aparición junto al lago y misión pastoral de Pedro.
  6. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 424-429, 551-553, 765, 857, 881-882.
  7. Santa Sede. Documentación general sobre el ministerio de Pedro y el sucesor de Pedro.

Rosarín: historia del nacimiento del rosario para niños

Rosarín: historia del nacimiento del rosario para niños

La Virgen en el cielo se paseaba muy preocupada por todos sus hijos del mundo. Los veía confundidos, equivocados y hasta alejados de Dios.

Como misionera por excelencia buscaba una solución. Un buen día mirando hacia la tierra, encontró un fraile llamado Domingo de Guzmán, el fundador de la Orden de Predicadores, o sea, los Dominicos y las Dominicas.

Pero este fraile no podía dormir pensando en la cantidad de personas que no conocían la Verdad, que es Dios mismo. Sufría por todos los que no amaban a la Madre de Dios. Pasaba horas y horas de rodillas frente al sagrario orando: ¿Qué hago para salvar las almas? Y rogaba a su madre del cielo, una vez y otra vez, dale y dale…

Oró con tanta fuerza que la Virgen se asomó a la ventana del cielo, y de repente ¡sonrió fascinada! Más de un ángel brincó de gusto al ver a la Virgen bailando tan contenta.

Fue que el Espíritu Santo le había soplado la idea para que hasta en el último rincón del mundo, por los siglos de los siglos se alabara a Dios y a su Madre (esto pone feliz a Jesús).

Enseguida la Virgen cargó al Niño Dios y apareció justo delante de Domingo mientras él seguía rezando. Le pidió que extendiera sus manos y se sacó del corazón el gran regalo para toda la humanidad: EL ROSARIO.

Y en un diálogo fabuloso unieron Padrenuestro, Ave María y Gloria y ordenaron los misterios de la vida de Jesús en: misterios de gozo, misterios de dolor, misterios de gloria. Entonces le dijo la Virgen del Rosario: Enséñale esto a todo el mundo. Ve y predica porque Dios te ha elegido para este ministerio.

Así fundó Domingo el rosario, resumen del Evangelio salido del corazón de María. Fue por los caminos alabando, bendiciendo, predicando y enseñando a ser apóstoles con el rosario.

Desde entonces han pasado 800 años y el rosario sigue siendo la fuerza misionera de la Iglesia.

Este «Rosarín», en forma de cuento para los niños, ha sido elaborado por la «Infancia misionera»

Sobre la Eucaristía (I) – Catequesis del Santo Padre Francisco

Sobre la Eucaristía (I) – Catequesis del Santo Padre Francisco

Queridos hermanos y hermanas:

En el Evangelio que hemos escuchado hay una expresión de Jesús que me impresiona siempre: «Dadles vosotros de comer» (Lc 9, 13). Partiendo de esta frase, me dejo guiar por tres palabras: seguimiento, comunión, compartir.

Ante todo: ¿a quiénes hay que dar de comer? La respuesta la encontramos al inicio del pasaje evangélico: es la muchedumbre, la multitud. Jesús está en medio de la gente, la acoge, le habla, la atiende, le muestra la misericordia de Dios; en medio de ella elige a los Doce Apóstoles para estar con Él y sumergirse como Él en las situaciones concretas del mundo. Y la gente le sigue, le escucha, porque Jesús habla y actúa de un modo nuevo, con la autoridad de quien es auténtico y coherente, de quien habla y actúa con verdad, de quien dona la esperanza que viene de Dios, de quien es revelación del Rostro de un Dios que es amor. Y la gente, con alegría, bendice a Dios.

Esta tarde nosotros somos la multitud del Evangelio, también nosotros buscamos seguir a Jesús para escucharle, para entrar en comunión con Él en la Eucaristía, para acompañarle y para que nos acompañe. Preguntémonos: ¿cómo sigo yo a Jesús? Jesús habla en silencio en el Misterio de la Eucaristía y cada vez nos recuerda que seguirle quiere decir salir de nosotros mismos y hacer de nuestra vida no una posesión nuestra, sino un don a Él y a los demás.

Demos un paso adelante: ¿de dónde nace la invitación que Jesús hace a los discípulos para que sacien ellos mismos a la multitud? Nace de dos elementos: ante todo de la multitud, que, siguiendo a Jesús, está a la intemperie, lejos de lugares habitados, mientras se hace tarde; y después de la preocupación de los discípulos, que piden a Jesús que despida a la muchedumbre para que se dirija a los lugares vecinos a hallar alimento y cobijo (cf. Lc 9, 12). Ante la necesidad de la multitud, he aquí la solución de los discípulos: que cada uno se ocupe de sí mismo; ¡despedir a la muchedumbre! ¡Cuántas veces nosotros cristianos hemos tenido esta tentación! No nos hacemos cargo de las necesidades de los demás, despidiéndoles con un piadoso: «Que Dios te ayude», o con un no tan piadoso: «Buena suerte», y si no te veo más… Pero la solución de Jesús va en otra dirección, una dirección que sorprende a los discípulos: «Dadles vosotros de comer». Pero ¿cómo es posible que seamos nosotros quienes demos de comer a una multitud? «No tenemos más que cinco panes y dos peces; a no ser que vayamos a comprar de comer para toda esta gente» (Lc 9, 13). Pero Jesús no se desanima: pide a los discípulos que hagan sentarse a la gente en comunidades de cincuenta personas, eleva los ojos al cielo, reza la bendición, parte los panes y los da a los discípulos para que los distribuyan (cf. Lc 9, 16). Es un momento de profunda comunión: la multitud saciada por la palabra del Señor se nutre ahora por su pan de vida. Y todos se saciaron, apunta el Evangelista (cf. Lc 9, 17).

Esta tarde, también nosotros estamos alrededor de la mesa del Señor, de la mesa del Sacrificio eucarístico, en la que Él nos dona de nuevo su Cuerpo, hace presente el único sacrificio de la Cruz. Es en la escucha de su Palabra, alimentándonos de su Cuerpo y de su Sangre, como Él hace que pasemos de ser multitud a ser comunidad, del anonimato a la comunión. La Eucaristía es el Sacramento de la comunión, que nos hace salir del individualismo para vivir juntos el seguimiento, la fe en Él. Entonces todos deberíamos preguntarnos ante el Señor: ¿cómo vivo yo la Eucaristía? ¿La vivo de modo anónimo o como momento de verdadera comunión con el Señor, pero también con todos los hermanos y las hermanas que comparten esta misma mesa? ¿Cómo son nuestras celebraciones eucarísticas?

Un último elemento: ¿de dónde nace la multiplicación de los panes? La respuesta está en la invitación de Jesús a los discípulos: «Dadles vosotros…», «dar», compartir. ¿Qué comparten los discípulos? Lo poco que tienen: cinco panes y dos peces. Pero son precisamente esos panes y esos peces los que en las manos del Señor sacian a toda la multitud. Y son justamente los discípulos, perplejos ante la incapacidad de sus medios y la pobreza de lo que pueden poner a disposición, quienes acomodan a la gente y distribuyen —confiando en la palabra de Jesús— los panes y los peces que sacian a la multitud. Y esto nos dice que en la Iglesia, pero también en la sociedad, una palabra clave de la que no debemos tener miedo es «solidaridad», o sea, saber poner a disposición de Dios lo que tenemos, nuestras humildes capacidades, porque sólo compartiendo, sólo en el don, nuestra vida será fecunda, dará fruto. Solidaridad: ¡una palabra malmirada por el espíritu mundano!

Esta tarde, de nuevo, el Señor distribuye para nosotros el pan que es su Cuerpo, Él se hace don. Y también nosotros experimentamos la «solidaridad de Dios» con el hombre, una solidaridad que jamás se agota, una solidaridad que no acaba de sorprendernos: Dios se hace cercano a nosotros, en el sacrificio de la Cruz se abaja entrando en la oscuridad de la muerte para darnos su vida, que vence el mal, el egoísmo y la muerte. Jesús también esta tarde se da a nosotros en la Eucaristía, comparte nuestro mismo camino, es más, se hace alimento, el verdadero alimento que sostiene nuestra vida también en los momentos en los que el camino se hace duro, los obstáculos ralentizan nuestros pasos. Y en la Eucaristía el Señor nos hace recorrer su camino, el del servicio, el de compartir, el del don, y lo poco que tenemos, lo poco que somos, si se comparte, se convierte en riqueza, porque el poder de Dios, que es el del amor, desciende sobre nuestra pobreza para transformarla.

Así que preguntémonos esta tarde, al adorar a Cristo presente realmente en la Eucaristía: ¿me dejo transformar por Él? ¿Dejo que el Señor, que se da a mi, me guíe para salir cada vez más de mi pequeño recinto, para salir y no tener miedo de dar, de compartir, de amarle a Él y a los demás?

Hermanos y hermanas: seguimiento, comunión, compartir. Oremos para que la participación en la Eucaristía nos provoque siempre: a seguir al Señor cada día, a ser instrumentos de comunión, a compartir con Él y con nuestro prójimo lo que somos. Entonces nuestra existencia será verdaderamente fecunda. Amén.

*  *  *

Santo Padre Francisco: Sobre la Eucaristía

Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo

Homilía del jueves, 30 de mayo de 2013

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Sobre la Eucaristía (I) – Catequesis del Santo Padre Francisco

Sobre la Eucaristía (II) – Catequesis del Santo Padre Francisco

Sobre la Eucaristía (III) – Catequesis del Santo Padre Francisco

Novena al Sagrado Corazón de Jesús

Novena al Sagrado Corazón de Jesús

La oración de la Iglesia venera y honra al Corazón de Jesús, como invoca su Santísimo Nombre. Adora al Verbo encarnado y a su Corazón que, por amor a los hombres, se dejó traspasar por nuestros pecados. La oración cristiana practica el Vía Crucis siguiendo al Salvador. Las estaciones desde el Pretorio, al Gólgota y al Sepulcro jalonan el recorrido de Jesús que con su santa Cruz nos redimió.

Catecismo de la Iglesia Católica, n.º 2669

*  *  *

Cada día rezaremos:

1. Acto de contrición

2. Oración preparatoria

3. Oración del día

4. Oraciones finales

*  *  *

Novena al Sagrado Corazón de Jesús

Por la señal de la santa Cruz, + de nuestros enemigos + libranos Señor Dios nuestro, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

DÍA PRIMERO

Acto de contrición

Dios mío, me arrepiento de todo corazón de todo lo malo que he hecho y de lo bueno que he dejado de hacer; porque pecando te he ofendido a ti, que eres el sumo bien y digno de ser amado sobre todas las cosas.

Propongo firmemente, con tu gracia, cumplir la penitencia, no volver a pecar y evitar las ocasiones de pecado.

Perdóname, Señor, por los méritos de la Pasión de nuestro Salvador Jesucristo. Amén.

Oración preparatoria

¡Oh Corazón divinísimo de mi amado Jesús, en quien la Santísima Trinidad depositó tesoros inmensos de celestiales gracias! Concedeme un corazón semejante al tuyo, y la gracia que te pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios, tu sagrado culto y bien de mi alma. Amén.

Oración del día

¡Oh Corazón sacratísimo y melifluo de Jesús, que, con ferventísimos deseos y ardentísimo amor, deseáis corregir y desterrar la sequedad y tibieza de nuestros corazones! Inflamad y consumid las maldades e imperfecciones del mío, para que se abrase en vuestro amor; dadme la gracia de resarcir las injurias e ingratitudes hechas contra vos, ¡oh amantísimo Corazón!, y la que os pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios, culto vuestro y bien de mi alma.

Tres Padrenuestros, tres Avemarías, en reverencia de las tres insignias de la Pasión con que se mostró el divino Corazón a Santa Margarita de Alacoque.

Oraciones finales

Al Padre eterno. ¡Oh Padre Eterno! Por medio del Corazón de Jesús, mi vida, mi verdad y mi camino, llego a Vuestra Majestad; por medio de este adorable Corazón, os adoro por todos los hombres que no os adoran; os amo por todos los que no os aman; os conozco por todos los que, voluntariamente ciegos, no quieren conoceros. Por este divinísimo Corazón deseo satisfacer a Vuestra Majestad todas las obligaciones que os tienen todos los hombres; os ofrezco todas las almas redimidas con la preciosa sangre de vuestro divino Hijo, y os pido humildemente la conversión de todas por el mismo suavísimo Corazón. No permitáis que sea por más tiempo ignorado de ellas mi amado Jesús; haced que vivan por Jesús, que murió por todas. Presento también a Vuestra Majestad, sobre este santísimo Corazón, a vuestros siervos, mis amigos, y os pido los llenéis de su espíritu, para que, siendo su protector el mismo deífico Corazón, merezcan estar con vos eternamente. Amén.

[Hacer aquí la petición que se desea obtener con esta novena.]

Oración ¡Oh Corazón divinísimo de Jesús, dignísimo de la adoración de los hombres y de los ángeles! ¡Oh Corazón inefable y verdaderamente amable, digno de ser adorado con infinitas alabanzas, por ser fuente de todos los bienes, por ser origen de todas las virtudes, por ser el objeto en quien más se agrada toda la Santísima Trinidad entre todas las criaturas! ¡Oh Corazón dulcísimo de Jesús! Yo profundísimamente os adoro con todos los espíritus de mi pobre corazón, yo os alabo, yo os ofrezco las alabanzas todas de los más amantes serafines y de toda vuestra corte celestial y todas las que os puede dar el Corazón de vuestra Madre Santísima. Amén.

 

DÍA SEGUNDO

Acto de contrición

Dios mío, me arrepiento de todo corazón de todo lo malo que he hecho y de lo bueno que he dejado de hacer; porque pecando te he ofendido a ti, que eres el sumo bien y digno de ser amado sobre todas las cosas.

Propongo firmemente, con tu gracia, cumplir la penitencia, no volver a pecar y evitar las ocasiones de pecado.

Perdóname, Señor, por los méritos de la Pasión de nuestro Salvador Jesucristo. Amén.

Oración preparatoria

¡Oh Corazón divinísimo de mi amado Jesús, en quien la Santísima Trinidad depositó tesoros inmensos de celestiales gracias! Concedeme un corazón semejante al tuyo, y la gracia que te pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios, tu sagrado culto y bien de mi alma. Amén.

Oración del día

¡Oh Corazón amabilísimo de Jesús, celestial puerta por donde nos llegamos a Dios y Dios viene a nosotros! Dignaos estar patente a nuestros deseos y amorosos suspiros, para que, entrando por vos a vuestro Eterno Padre, recibamos sus celestiales bendiciones y copiosas gracias para amaros. Dadme la gracia de resarcir las injurias e ingratitudes hechas contra vos, ¡oh amante Corazón!, y la que os pido en esta novena, sí es para mayor gloria de Dios, culto vuestro y bien de mi alma. Amén.

Tres Padrenuestros y Avemarías.

Oraciones finales

Al Padre eterno. ¡Oh Padre Eterno! Por medio del Corazón de Jesús, mi vida, mi verdad y mi camino, llego a Vuestra Majestad; por medio de este adorable Corazón, os adoro por todos los hombres que no os adoran; os amo por todos los que no os aman; os conozco por todos los que, voluntariamente ciegos, no quieren conoceros. Por este divinísimo Corazón deseo satisfacer a Vuestra Majestad todas las obligaciones que os tienen todos los hombres; os ofrezco todas las almas redimidas con la preciosa sangre de vuestro divino Hijo, y os pido humildemente la conversión de todas por el mismo suavísimo Corazón. No permitáis que sea por más tiempo ignorado de ellas mi amado Jesús; haced que vivan por Jesús, que murió por todas. Presento también a Vuestra Majestad, sobre este santísimo Corazón, a vuestros siervos, mis amigos, y os pido los llenéis de su espíritu, para que, siendo su protector el mismo deífico Corazón, merezcan estar con vos eternamente. Amén.

[Hacer aquí la petición que se desea obtener con esta novena.]

Oración ¡Oh Corazón divinísimo de Jesús, dignísimo de la adoración de los hombres y de los ángeles! ¡Oh Corazón inefable y verdaderamente amable, digno de ser adorado con infinitas alabanzas, por ser fuente de todos los bienes, por ser origen de todas las virtudes, por ser el objeto en quien más se agrada toda la Santísima Trinidad entre todas las criaturas! ¡Oh Corazón dulcísimo de Jesús! Yo profundísimamente os adoro con todos los espíritus de mi pobre corazón, yo os alabo, yo os ofrezco las alabanzas todas de los más amantes serafines y de toda vuestra corte celestial y todas las que os puede dar el Corazón de vuestra Madre Santísima. Amén.

 

DÍA TERCERO

Acto de contrición

Dios mío, me arrepiento de todo corazón de todo lo malo que he hecho y de lo bueno que he dejado de hacer; porque pecando te he ofendido a ti, que eres el sumo bien y digno de ser amado sobre todas las cosas.

Propongo firmemente, con tu gracia, cumplir la penitencia, no volver a pecar y evitar las ocasiones de pecado.

Perdóname, Señor, por los méritos de la Pasión de nuestro Salvador Jesucristo. Amén.

Oración preparatoria

¡Oh Corazón divinísimo de mi amado Jesús, en quien la Santísima Trinidad depositó tesoros inmensos de celestiales gracias! Concedeme un corazón semejante al tuyo, y la gracia que te pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios, tu sagrado culto y bien de mi alma. Amén.

Oración del día

¡Oh Corazón Santísimo de Jesús, camino para la mansión eterna y fuente de aguas vivas! Concededme que siga vuestras sendas rectísimas para la perfección y para el cielo, y que beba de vos el agua dulce y saludable de la verdadera virtud y devoción, que apaga la sed de todas las cosas temporales. Dadme la gracia de resarcir las injurias e ingratitudes hechas contra vos, ¡oh amante Corazón!, y la que os pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios, culto vuestro y bien de mi alma. Amén.

Tres Padrenuestros y Avemarías.

Oraciones finales

Al Padre eterno. ¡Oh Padre Eterno! Por medio del Corazón de Jesús, mi vida, mi verdad y mi camino, llego a Vuestra Majestad; por medio de este adorable Corazón, os adoro por todos los hombres que no os adoran; os amo por todos los que no os aman; os conozco por todos los que, voluntariamente ciegos, no quieren conoceros. Por este divinísimo Corazón deseo satisfacer a Vuestra Majestad todas las obligaciones que os tienen todos los hombres; os ofrezco todas las almas redimidas con la preciosa sangre de vuestro divino Hijo, y os pido humildemente la conversión de todas por el mismo suavísimo Corazón. No permitáis que sea por más tiempo ignorado de ellas mi amado Jesús; haced que vivan por Jesús, que murió por todas. Presento también a Vuestra Majestad, sobre este santísimo Corazón, a vuestros siervos, mis amigos, y os pido los llenéis de su espíritu, para que, siendo su protector el mismo deífico Corazón, merezcan estar con vos eternamente. Amén.

[Hacer aquí la petición que se desea obtener con esta novena.]

Oración ¡Oh Corazón divinísimo de Jesús, dignísimo de la adoración de los hombres y de los ángeles! ¡Oh Corazón inefable y verdaderamente amable, digno de ser adorado con infinitas alabanzas, por ser fuente de todos los bienes, por ser origen de todas las virtudes, por ser el objeto en quien más se agrada toda la Santísima Trinidad entre todas las criaturas! ¡Oh Corazón dulcísimo de Jesús! Yo profundísimamente os adoro con todos los espíritus de mi pobre corazón, yo os alabo, yo os ofrezco las alabanzas todas de los más amantes serafines y de toda vuestra corte celestial y todas las que os puede dar el Corazón de vuestra Madre Santísima. Amén.

 

DÍA CUARTO

Acto de contrición

Dios mío, me arrepiento de todo corazón de todo lo malo que he hecho y de lo bueno que he dejado de hacer; porque pecando te he ofendido a ti, que eres el sumo bien y digno de ser amado sobre todas las cosas.

Propongo firmemente, con tu gracia, cumplir la penitencia, no volver a pecar y evitar las ocasiones de pecado.

Perdóname, Señor, por los méritos de la Pasión de nuestro Salvador Jesucristo. Amén.

Oración preparatoria

¡Oh Corazón divinísimo de mi amado Jesús, en quien la Santísima Trinidad depositó tesoros inmensos de celestiales gracias! Concedeme un corazón semejante al tuyo, y la gracia que te pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios, tu sagrado culto y bien de mi alma. Amén.

Oración del día

¡Oh Corazón purísimo de Jesús, espejo cristalino en quien resplandece toda la perfección! Concededme que yo pueda contemplaros perfectamente, para que aspire a formar mi corazón a vuestra semejanza, en la oración, en la acción y en todos mis pensamientos, palabras y obras. Dadme la gracia de resarcir las injurias e ingratitudes hechas contra vos, ¡oh amante Corazón!, y la que os pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios, culto vuestro y bien de mi alma. Amén.

Tres Padrenuestros y Avemarías.

Oraciones finales

Al Padre eterno. ¡Oh Padre Eterno! Por medio del Corazón de Jesús, mi vida, mi verdad y mi camino, llego a Vuestra Majestad; por medio de este adorable Corazón, os adoro por todos los hombres que no os adoran; os amo por todos los que no os aman; os conozco por todos los que, voluntariamente ciegos, no quieren conoceros. Por este divinísimo Corazón deseo satisfacer a Vuestra Majestad todas las obligaciones que os tienen todos los hombres; os ofrezco todas las almas redimidas con la preciosa sangre de vuestro divino Hijo, y os pido humildemente la conversión de todas por el mismo suavísimo Corazón. No permitáis que sea por más tiempo ignorado de ellas mi amado Jesús; haced que vivan por Jesús, que murió por todas. Presento también a Vuestra Majestad, sobre este santísimo Corazón, a vuestros siervos, mis amigos, y os pido los llenéis de su espíritu, para que, siendo su protector el mismo deífico Corazón, merezcan estar con vos eternamente. Amén.

[Hacer aquí la petición que se desea obtener con esta novena.]

Oración ¡Oh Corazón divinísimo de Jesús, dignísimo de la adoración de los hombres y de los ángeles! ¡Oh Corazón inefable y verdaderamente amable, digno de ser adorado con infinitas alabanzas, por ser fuente de todos los bienes, por ser origen de todas las virtudes, por ser el objeto en quien más se agrada toda la Santísima Trinidad entre todas las criaturas! ¡Oh Corazón dulcísimo de Jesús! Yo profundísimamente os adoro con todos los espíritus de mi pobre corazón, yo os alabo, yo os ofrezco las alabanzas todas de los más amantes serafines y de toda vuestra corte celestial y todas las que os puede dar el Corazón de vuestra Madre Santísima. Amén.

 

DÍA QUINTO

Acto de contrición

Dios mío, me arrepiento de todo corazón de todo lo malo que he hecho y de lo bueno que he dejado de hacer; porque pecando te he ofendido a ti, que eres el sumo bien y digno de ser amado sobre todas las cosas.

Propongo firmemente, con tu gracia, cumplir la penitencia, no volver a pecar y evitar las ocasiones de pecado.

Perdóname, Señor, por los méritos de la Pasión de nuestro Salvador Jesucristo. Amén.

Oración preparatoria

¡Oh Corazón divinísimo de mi amado Jesús, en quien la Santísima Trinidad depositó tesoros inmensos de celestiales gracias! Concedeme un corazón semejante al tuyo, y la gracia que te pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios, tu sagrado culto y bien de mi alma. Amén.

Oración del día

¡Oh Corazón dulcísimo de Jesús, órgano de la Trinidad venerada, por quien se perfeccionan todas nuestras obras! Yo os ofrezco las mías, aunque tan imperfectas, para que supliendo vos mi negligencia, puedan aparecer muy perfectas y agradables ante el divino acatamiento. Dadme la gracia de resarcir las injurias e ingratitudes hechas contra vos, ¡oh amante Corazón!, y la que os pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios, culto vuestro y bien de mi alma. Amén.

Tres Padrenuestros y Avemarías.

Oraciones finales

Al Padre eterno. ¡Oh Padre Eterno! Por medio del Corazón de Jesús, mi vida, mi verdad y mi camino, llego a Vuestra Majestad; por medio de este adorable Corazón, os adoro por todos los hombres que no os adoran; os amo por todos los que no os aman; os conozco por todos los que, voluntariamente ciegos, no quieren conoceros. Por este divinísimo Corazón deseo satisfacer a Vuestra Majestad todas las obligaciones que os tienen todos los hombres; os ofrezco todas las almas redimidas con la preciosa sangre de vuestro divino Hijo, y os pido humildemente la conversión de todas por el mismo suavísimo Corazón. No permitáis que sea por más tiempo ignorado de ellas mi amado Jesús; haced que vivan por Jesús, que murió por todas. Presento también a Vuestra Majestad, sobre este santísimo Corazón, a vuestros siervos, mis amigos, y os pido los llenéis de su espíritu, para que, siendo su protector el mismo deífico Corazón, merezcan estar con vos eternamente. Amén.

[Hacer aquí la petición que se desea obtener con esta novena.]

Oración ¡Oh Corazón divinísimo de Jesús, dignísimo de la adoración de los hombres y de los ángeles! ¡Oh Corazón inefable y verdaderamente amable, digno de ser adorado con infinitas alabanzas, por ser fuente de todos los bienes, por ser origen de todas las virtudes, por ser el objeto en quien más se agrada toda la Santísima Trinidad entre todas las criaturas! ¡Oh Corazón dulcísimo de Jesús! Yo profundísimamente os adoro con todos los espíritus de mi pobre corazón, yo os alabo, yo os ofrezco las alabanzas todas de los más amantes serafines y de toda vuestra corte celestial y todas las que os puede dar el Corazón de vuestra Madre Santísima. Amén.

 

DÍA SEXTO

Acto de contrición

Dios mío, me arrepiento de todo corazón de todo lo malo que he hecho y de lo bueno que he dejado de hacer; porque pecando te he ofendido a ti, que eres el sumo bien y digno de ser amado sobre todas las cosas.

Propongo firmemente, con tu gracia, cumplir la penitencia, no volver a pecar y evitar las ocasiones de pecado.

Perdóname, Señor, por los méritos de la Pasión de nuestro Salvador Jesucristo. Amén.

Oración preparatoria

¡Oh Corazón divinísimo de mi amado Jesús, en quien la Santísima Trinidad depositó tesoros inmensos de celestiales gracias! Concedeme un corazón semejante al tuyo, y la gracia que te pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios, tu sagrado culto y bien de mi alma. Amén.

Oración del día

¡Oh Corazón amplísimo de Jesús, templo sagrado donde me mandáis habite con toda mi alma, potencias y sentidos! Gracias os doy por la inexplicable quietud. sosiego y gozo que yo he hallado en este templo hermoso de la paz, donde descansaré gustoso eternamente. Dadme la gracia de resarcir las injurias e ingratitudes hechas contra vos, ¡oh amante Corazón!, y la que os pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios, culto vuestro y bien de mi alma. Amén.

Tres Padrenuestros y Avemarías.

Oraciones finales

Al Padre eterno. ¡Oh Padre Eterno! Por medio del Corazón de Jesús, mi vida, mi verdad y mi camino, llego a Vuestra Majestad; por medio de este adorable Corazón, os adoro por todos los hombres que no os adoran; os amo por todos los que no os aman; os conozco por todos los que, voluntariamente ciegos, no quieren conoceros. Por este divinísimo Corazón deseo satisfacer a Vuestra Majestad todas las obligaciones que os tienen todos los hombres; os ofrezco todas las almas redimidas con la preciosa sangre de vuestro divino Hijo, y os pido humildemente la conversión de todas por el mismo suavísimo Corazón. No permitáis que sea por más tiempo ignorado de ellas mi amado Jesús; haced que vivan por Jesús, que murió por todas. Presento también a Vuestra Majestad, sobre este santísimo Corazón, a vuestros siervos, mis amigos, y os pido los llenéis de su espíritu, para que, siendo su protector el mismo deífico Corazón, merezcan estar con vos eternamente. Amén.

[Hacer aquí la petición que se desea obtener con esta novena.]

Oración ¡Oh Corazón divinísimo de Jesús, dignísimo de la adoración de los hombres y de los ángeles! ¡Oh Corazón inefable y verdaderamente amable, digno de ser adorado con infinitas alabanzas, por ser fuente de todos los bienes, por ser origen de todas las virtudes, por ser el objeto en quien más se agrada toda la Santísima Trinidad entre todas las criaturas! ¡Oh Corazón dulcísimo de Jesús! Yo profundísimamente os adoro con todos los espíritus de mi pobre corazón, yo os alabo, yo os ofrezco las alabanzas todas de los más amantes serafines y de toda vuestra corte celestial y todas las que os puede dar el Corazón de vuestra Madre Santísima. Amén.

 

DÍA SÉPTIMO

Acto de contrición

Dios mío, me arrepiento de todo corazón de todo lo malo que he hecho y de lo bueno que he dejado de hacer; porque pecando te he ofendido a ti, que eres el sumo bien y digno de ser amado sobre todas las cosas.

Propongo firmemente, con tu gracia, cumplir la penitencia, no volver a pecar y evitar las ocasiones de pecado.

Perdóname, Señor, por los méritos de la Pasión de nuestro Salvador Jesucristo. Amén.

Oración preparatoria

¡Oh Corazón divinísimo de mi amado Jesús, en quien la Santísima Trinidad depositó tesoros inmensos de celestiales gracias! Concedeme un corazón semejante al tuyo, y la gracia que te pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios, tu sagrado culto y bien de mi alma. Amén.

Oración del día

¡Oh Corazón clementísimo de Jesús!, divino propiciatorio, por el cual ofreció el Eterno Padre que oiría siempre nuestras oraciones, diciendo: «Pídeme por el Corazón de mi amantísimo Hijo Jesús; por este Corazón te oiré, y alcanzarás cuanto me pides». Presento sobre vos a vuestro Eterno Padre todas mis peticiones, para conseguir el fruto que deseo. Dadme la gracia de resarcir las injurias e ingratitudes hechas contra vos, ¡oh amante Corazón!, y la que os pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios, culto vuestro y bien de mi alma. Amén.

Tres Padrenuestros y Avemarías.

Oraciones finales

Al Padre eterno. ¡Oh Padre Eterno! Por medio del Corazón de Jesús, mi vida, mi verdad y mi camino, llego a Vuestra Majestad; por medio de este adorable Corazón, os adoro por todos los hombres que no os adoran; os amo por todos los que no os aman; os conozco por todos los que, voluntariamente ciegos, no quieren conoceros. Por este divinísimo Corazón deseo satisfacer a Vuestra Majestad todas las obligaciones que os tienen todos los hombres; os ofrezco todas las almas redimidas con la preciosa sangre de vuestro divino Hijo, y os pido humildemente la conversión de todas por el mismo suavísimo Corazón. No permitáis que sea por más tiempo ignorado de ellas mi amado Jesús; haced que vivan por Jesús, que murió por todas. Presento también a Vuestra Majestad, sobre este santísimo Corazón, a vuestros siervos, mis amigos, y os pido los llenéis de su espíritu, para que, siendo su protector el mismo deífico Corazón, merezcan estar con vos eternamente. Amén.

[Hacer aquí la petición que se desea obtener con esta novena.]

Oración ¡Oh Corazón divinísimo de Jesús, dignísimo de la adoración de los hombres y de los ángeles! ¡Oh Corazón inefable y verdaderamente amable, digno de ser adorado con infinitas alabanzas, por ser fuente de todos los bienes, por ser origen de todas las virtudes, por ser el objeto en quien más se agrada toda la Santísima Trinidad entre todas las criaturas! ¡Oh Corazón dulcísimo de Jesús! Yo profundísimamente os adoro con todos los espíritus de mi pobre corazón, yo os alabo, yo os ofrezco las alabanzas todas de los más amantes serafines y de toda vuestra corte celestial y todas las que os puede dar el Corazón de vuestra Madre Santísima. Amén.

 

DÍA OCTAVO

Acto de contrición

Dios mío, me arrepiento de todo corazón de todo lo malo que he hecho y de lo bueno que he dejado de hacer; porque pecando te he ofendido a ti, que eres el sumo bien y digno de ser amado sobre todas las cosas.

Propongo firmemente, con tu gracia, cumplir la penitencia, no volver a pecar y evitar las ocasiones de pecado.

Perdóname, Señor, por los méritos de la Pasión de nuestro Salvador Jesucristo. Amén.

Oración preparatoria

¡Oh Corazón divinísimo de mi amado Jesús, en quien la Santísima Trinidad depositó tesoros inmensos de celestiales gracias! Concedeme un corazón semejante al tuyo, y la gracia que te pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios, tu sagrado culto y bien de mi alma. Amén.

Oración del día

¡Oh Corazón amantísimo de Jesús, trono ígneo y lucidísimo, inflamado en el amor de los hombres, a quienes deseáis abrasados mutuamente en vuestro amor! Yo deseo vivir siempre respirando llamas de amor divino en que me abrase, y con que encienda a todo el mundo, para que os corresponda amante y obsequioso. Dadme la gracia de resarcir las injurias e ingratitudes hechas contra vos, ¡oh amante Corazón!, y la que os pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios, culto vuestro y bien de mi alma. Amén.

Tres Padrenuestros y Avemarías.

Oraciones finales

Al Padre eterno. ¡Oh Padre Eterno! Por medio del Corazón de Jesús, mi vida, mi verdad y mi camino, llego a Vuestra Majestad; por medio de este adorable Corazón, os adoro por todos los hombres que no os adoran; os amo por todos los que no os aman; os conozco por todos los que, voluntariamente ciegos, no quieren conoceros. Por este divinísimo Corazón deseo satisfacer a Vuestra Majestad todas las obligaciones que os tienen todos los hombres; os ofrezco todas las almas redimidas con la preciosa sangre de vuestro divino Hijo, y os pido humildemente la conversión de todas por el mismo suavísimo Corazón. No permitáis que sea por más tiempo ignorado de ellas mi amado Jesús; haced que vivan por Jesús, que murió por todas. Presento también a Vuestra Majestad, sobre este santísimo Corazón, a vuestros siervos, mis amigos, y os pido los llenéis de su espíritu, para que, siendo su protector el mismo deífico Corazón, merezcan estar con vos eternamente. Amén.

[Hacer aquí la petición que se desea obtener con esta novena.]

Oración ¡Oh Corazón divinísimo de Jesús, dignísimo de la adoración de los hombres y de los ángeles! ¡Oh Corazón inefable y verdaderamente amable, digno de ser adorado con infinitas alabanzas, por ser fuente de todos los bienes, por ser origen de todas las virtudes, por ser el objeto en quien más se agrada toda la Santísima Trinidad entre todas las criaturas! ¡Oh Corazón dulcísimo de Jesús! Yo profundísimamente os adoro con todos los espíritus de mi pobre corazón, yo os alabo, yo os ofrezco las alabanzas todas de los más amantes serafines y de toda vuestra corte celestial y todas las que os puede dar el Corazón de vuestra Madre Santísima. Amén.

 

DÍA NOVENO

Acto de contrición

Dios mío, me arrepiento de todo corazón de todo lo malo que he hecho y de lo bueno que he dejado de hacer; porque pecando te he ofendido a ti, que eres el sumo bien y digno de ser amado sobre todas las cosas.

Propongo firmemente, con tu gracia, cumplir la penitencia, no volver a pecar y evitar las ocasiones de pecado.

Perdóname, Señor, por los méritos de la Pasión de nuestro Salvador Jesucristo. Amén.

Oración preparatoria

¡Oh Corazón divinísimo de mi amado Jesús, en quien la Santísima Trinidad depositó tesoros inmensos de celestiales gracias! Concedeme un corazón semejante al tuyo, y la gracia que te pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios, tu sagrado culto y bien de mi alma. Amén.

Oración del día

¡Oh Corazón dolorosísimo de Jesús, que para ablandar nuestra dureza y hacer más patente el amor con que padecisteis tantos dolores y penas para salvarnos, los quisisteis representar en la cruz, corona de espinas y herida de la lanza, con que os manifestasteis paciente y amante al mismo tiempo! Dadme la gracia de resarcir las injurias e ingratitudes hechas contra vos, correspondiendo agradecido a vuestro amor, y la que os pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios, culto vuestro y bien de mi alma. Amén.

Tres Padrenuestros y Avemarías.

Oraciones finales

Al Padre eterno. ¡Oh Padre Eterno! Por medio del Corazón de Jesús, mi vida, mi verdad y mi camino, llego a Vuestra Majestad; por medio de este adorable Corazón, os adoro por todos los hombres que no os adoran; os amo por todos los que no os aman; os conozco por todos los que, voluntariamente ciegos, no quieren conoceros. Por este divinísimo Corazón deseo satisfacer a Vuestra Majestad todas las obligaciones que os tienen todos los hombres; os ofrezco todas las almas redimidas con la preciosa sangre de vuestro divino Hijo, y os pido humildemente la conversión de todas por el mismo suavísimo Corazón. No permitáis que sea por más tiempo ignorado de ellas mi amado Jesús; haced que vivan por Jesús, que murió por todas. Presento también a Vuestra Majestad, sobre este santísimo Corazón, a vuestros siervos, mis amigos, y os pido los llenéis de su espíritu, para que, siendo su protector el mismo deífico Corazón, merezcan estar con vos eternamente. Amén.

[Hacer aquí la petición que se desea obtener con esta novena.]

Oración ¡Oh Corazón divinísimo de Jesús, dignísimo de la adoración de los hombres y de los ángeles! ¡Oh Corazón inefable y verdaderamente amable, digno de ser adorado con infinitas alabanzas, por ser fuente de todos los bienes, por ser origen de todas las virtudes, por ser el objeto en quien más se agrada toda la Santísima Trinidad entre todas las criaturas! ¡Oh Corazón dulcísimo de Jesús! Yo profundísimamente os adoro con todos los espíritus de mi pobre corazón, yo os alabo, yo os ofrezco las alabanzas todas de los más amantes serafines y de toda vuestra corte celestial y todas las que os puede dar el Corazón de vuestra Madre Santísima. Amén.

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Artículo original en Catholic.net

Más oraciones en Devocionario católico

Evangelio del día: Pentecostés

Evangelio del día: Pentecostés

Juan 20, 19-23. Solemnidad de Pentecostés. ¿Estoy abierto a la novedad del Espíritu Santo? ¿Me dejo guiar por el Espíritu Santo? ¿Permito que el Espíritu Santo me conduzca a la misión que Dios me tiene encomendada?

Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: «¡La paz esté con ustedes!». Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor. Jesús les dijo de nuevo: «¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes». Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió «Reciban al Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan».

Sagrada Escritura en el portal web de la Santa Sede

Lecturas

Primera lectura: Libro de los Hechos de los Apóstoles, Hch 2, 1-11

Salmo: Sal 104(103), 1ab.24ac.29bc-30.31.34

Segunda lectura: Carta I de San Pablo a los Corintios, 1 Cor 12, 3b-7.12-13

Oración introductoria

Ven, Espíritu Santo,

Llena los corazones de tus fieles

y enciende en ellos

el fuego de tu amor.

Envía, Señor, tu Espíritu.

Que renueve la faz de la Tierra.

Petición

Espíritu Santo, Espíritu de Gozo, otórgame la santa alegría, propia de los que viven en tu gracia.

Meditación del Santo Padre Francisco

Queridos hermanos y hermanas:

En este día, contemplamos y revivimos en la liturgia la efusión del Espíritu Santo que Cristo resucitado derramó sobre la Iglesia, un acontecimiento de gracia que ha desbordado el cenáculo de Jerusalén para difundirse por todo el mundo.

Pero, ¿qué sucedió en aquel día tan lejano a nosotros, y sin embargo, tan cercano, que llega adentro de nuestro corazón? San Lucas nos da la respuesta en el texto de los Hechos de los Apóstoles que hemos escuchado (2,1-11). El evangelista nos lleva hasta Jerusalén, al piso superior de la casa donde están reunidos los Apóstoles. El primer elemento que nos llama la atención es el estruendo que de repente vino del cielo, «como de viento que sopla fuertemente», y llenó toda la casa; luego, las «lenguas como llamaradas», que se dividían y se posaban encima de cada uno de los Apóstoles. Estruendo y lenguas de fuego son signos claros y concretos que tocan a los Apóstoles, no sólo exteriormente, sino también en su interior: en su mente y en su corazón. Como consecuencia, «se llenaron todos de Espíritu Santo», que desencadenó su fuerza irresistible, con resultados llamativos: «Empezaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía manifestarse». Asistimos, entonces, a una situación totalmente sorprendente: una multitud se congrega y queda admirada porque cada uno oye hablar a los Apóstoles en su propia lengua. Todos experimentan algo nuevo, que nunca había sucedido: «Los oímos hablar en nuestra lengua nativa». ¿Y de qué hablaban? «De las grandezas de Dios».

A la luz de este texto de los Hechos de los Apóstoles, deseo reflexionar sobre tres palabras relacionadas con la acción del Espíritu: novedad, armonía, misión.

1. La novedad nos da siempre un poco de miedo, porque nos sentimos más seguros si tenemos todo bajo control, si somos nosotros los que construimos, programamos, planificamos nuestra vida, según nuestros esquemas, seguridades, gustos. Y esto nos sucede también con Dios. Con frecuencia lo seguimos, lo acogemos, pero hasta un cierto punto; nos resulta difícil abandonarnos a Él con total confianza, dejando que el Espíritu Santo anime, guíe nuestra vida, en todas las decisiones; tenemos miedo a que Dios nos lleve por caminos nuevos, nos saque de nuestros horizontes con frecuencia limitados, cerrados, egoístas, para abrirnos a los suyos. Pero, en toda la historia de la salvación, cuando Dios se revela, aparece su novedad —Dios ofrece siempre novedad—, trasforma y pide confianza total en Él: Noé, del que todos se ríen, construye un arca y se salva; Abrahán abandona su tierra, aferrado únicamente a una promesa; Moisés se enfrenta al poder del faraón y conduce al pueblo a la libertad; los Apóstoles, de temerosos y encerrados en el cenáculo, salen con valentía para anunciar el Evangelio. No es la novedad por la novedad, la búsqueda de lo nuevo para salir del aburrimiento, como sucede con frecuencia en nuestro tiempo. La novedad que Dios trae a nuestra vida es lo que verdaderamente nos realiza, lo que nos da la verdadera alegría, la verdadera serenidad, porque Dios nos ama y siempre quiere nuestro bien. Preguntémonos hoy: ¿Estamos abiertos a las «sorpresas de Dios»? ¿O nos encerramos, con miedo, a la novedad del Espíritu Santo? ¿Estamos decididos a recorrer los caminos nuevos que la novedad de Dios nos presenta o nos atrincheramos en estructuras caducas, que han perdido la capacidad de respuesta? Nos hará bien hacernos estas preguntas durante toda la jornada.

2. Una segunda idea: el Espíritu Santo, aparentemente, crea desorden en el Iglesia, porque produce diversidad de carismas, de dones; sin embargo, bajo su acción, todo esto es una gran riqueza, porque el Espíritu Santo es el Espíritu de unidad, que no significa uniformidad, sino reconducir todo a la armonía. En la Iglesia, la armonía la hace el Espíritu Santo. Un Padre de la Iglesia tiene una expresión que me gusta mucho: el Espíritu Santo «ipse harmonia est». Él es precisamente la armonía. Sólo Él puede suscitar la diversidad, la pluralidad, la multiplicidad y, al mismo tiempo, realizar la unidad. En cambio, cuando somos nosotros los que pretendemos la diversidad y nos encerramos en nuestros particularismos, en nuestros exclusivismos, provocamos la división; y cuando somos nosotros los que queremos construir la unidad con nuestros planes humanos, terminamos por imponer la uniformidad, la homologación. Si, por el contrario, nos dejamos guiar por el Espíritu, la riqueza, la variedad, la diversidad nunca provocan conflicto, porque Él nos impulsa a vivir la variedad en la comunión de la Iglesia. Caminar juntos en la Iglesia, guiados por los Pastores, que tienen un especial carisma y ministerio, es signo de la acción del Espíritu Santo; la eclesialidad es una característica fundamental para los cristianos, para cada comunidad, para todo movimiento. La Iglesia es quien me trae a Cristo y me lleva a Cristo; los caminos paralelos son muy peligrosos. Cuando nos aventuramos a ir más allá (proagon) de la doctrina y de la Comunidad eclesial – dice el Apóstol Juan en la segunda lectura – y no permanecemos en ellas, no estamos unidos al Dios de Jesucristo (cf. 2 Jn v. 9). Así, pues, preguntémonos: ¿Estoy abierto a la armonía del Espíritu Santo, superando todo exclusivismo? ¿Me dejo guiar por Él viviendo en la Iglesia y con la Iglesia?

3. El último punto. Los teólogos antiguos decían: el alma es una especie de barca de vela; el Espíritu Santo es el viento que sopla la vela para hacerla avanzar; la fuerza y el ímpetu del viento son los dones del Espíritu. Sin su fuerza, sin su gracia, no iríamos adelante. El Espíritu Santo nos introduce en el misterio del Dios vivo, y nos salvaguarda del peligro de una Iglesia gnóstica y de una Iglesia autorreferencial, cerrada en su recinto; nos impulsa a abrir las puertas para salir, para anunciar y dar testimonio de la bondad del Evangelio, para comunicar el gozo de la fe, del encuentro con Cristo. El Espíritu Santo es el alma de la misión. Lo que sucedió en Jerusalén hace casi dos mil años no es un hecho lejano, es algo que llega hasta nosotros, que cada uno de nosotros podemos experimentar. El Pentecostés del cenáculo de Jerusalén es el inicio, un inicio que se prolonga. El Espíritu Santo es el don por excelencia de Cristo resucitado a sus Apóstoles, pero Él quiere que llegue a todos. Jesús, como hemos escuchado en el Evangelio, dice: «Yo le pediré al Padre que os dé otro Paráclito, que esté siempre con vosotros» (Jn 14,16). Es el Espíritu Paráclito, el «Consolador», que da el valor para recorrer los caminos del mundo llevando el Evangelio. El Espíritu Santo nos muestra el horizonte y nos impulsa a las periferias existenciales para anunciar la vida de Jesucristo. Preguntémonos si tenemos la tendencia a cerrarnos en nosotros mismos, en nuestro grupo, o si dejamos que el Espíritu Santo nos conduzca a la misión. Recordemos hoy estas tres palabras: novedad, armonía, misión.

La liturgia de hoy es una gran oración, que la Iglesia con Jesús eleva al Padre, para que renueve la efusión del Espíritu Santo. Que cada uno de nosotros, cada grupo, cada movimiento, en la armonía de la Iglesia, se dirija al Padre para pedirle este don. También hoy, como en su nacimiento, junto con María, la Iglesia invoca: «Veni Sancte Spiritus! – Ven, Espíritu Santo, llena el corazón de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor». Amén.

Santo Padre Francisco: Solemnidad de Pentecostés

Homilía del domingo, 19 de mayo de 2013

Oración al Espíritu Santo para pedir sus dones

¡Oh Espíritu Santo!, llena de nuevo mi alma con la abundancia de tus dones y frutos. Haz que yo sepa, con el don de Sabiduría, tener este gusto por las cosas de Dios que me haga apartar de las terrenas.

Que sepa, con el don del Entendimiento, ver con fe viva la importancia y la belleza de la verdad cristiana.

Que, con el don del Consejo, ponga los medios más conducentes para santificarme, perseverar y salvarme.

Que el don de Fortaleza me haga vencer todos los obstáculos en la confesión de la fe y en el camino de la salvación.

Que sepa con el don de Ciencia, discernir claramente entre el bien y el mal, lo falso de lo verdadero, descubriendo los engaños del demonio, del mundo y del pecado.

Que, con el don de Piedad, ame a Dios como Padre, le sirva con fervorosa devoción y sea misericordioso con el prójimo.

Finalmente, que, con el don de Temor de Dios, tenga el mayor respeto y veneración por los mandamientos de Dios, cuidando de no ofenderle jamás con el pecado.

Lléname, sobre todo, de tu amor divino; que sea el móvil de toda mi vida espiritual; que, lleno de unción, sepa enseñar y hacer entender, al menos con mi ejemplo, la belleza de tu doctrina, la bondad de tus preceptos y la dulzura de tu amor.

Amén.

Propósito

Dedicar diez minutos a meditar el siguiente texto del Catecismo de la Iglesia Católica:

Cristo es el verdadero Templo de Dios, «el lugar donde reside su gloria»; por la gracia de Dios los cristianos son también templos del Espíritu Santo, piedras vivas con las que se construye la Iglesia.

Catecismo de la Iglesia Católica, n.º 1197

Diálogo con Cristo (Oración de Consagración de la familia al Espíritu Santo)

¡Oh Dios Espíritu Santo! Postrados ante tu divina majestad, venimos a consagrarnos a Ti con todo lo que somos y tenemos.

Por un acto de la omnipotencia del Padre hemos sido creados, por gracia del Hijo hemos sido redimidos, y por tu inefable amor has venido a nuestras almas para santificarnos, comunicándonos tu misma vida divina.

Desde el día de nuestro bautismo has tomado posesión de cada uno de nosotros, transformándonos en templos vivos donde Tú moras juntamente con el Padre y el Hijo; y el día de la Confirmación fue la Pentecostés en que descendiste a nuestros corazones con la plenitud de tus dones, pera que viviéramos una vida íntegramente cristiana.

Permanece entre nosotros para presidir nuestras reuniones; santifica nuestras alegrías y endulza nuestros pesares; ilumina nuestras mentes con los dones de la sabiduría, del entendimiento y de la ciencia; en horas de confusión y de dudas asístenos con el don del consejo; para no desmayar en la lucha y el trabajo concédenos tu fortaleza; que toda nuestra vida religiosa y familiar esté impregnada de tu espíritu de piedad; y que a todos nos mueva un temor santo y filial para no ofenderte a Ti que eres la santidad misma.

Asistidos en todo momento por tus dones y gracias, queremos llevar una vida santa en tu presencia.

Por eso hoy te hacemos entrega de nuestra familia y de cada uno de nosotros por el tiempo y la eternidad. Te consagramos nuestras almas y nuestros cuerpos, nuestros bienes materiales y espirituales, para que Tú sólo dispongas de nosotros y de lo nuestro según tu beneplácito. Sólo te pedimos la gracia que después de haberte glorificado en la tierra, pueda toda nuestra familia alabarte en el cielo, donde con el Padre y el Hijo vives y reinas por los siglos de los siglos.

Así sea.

Amén.

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Evangelio en Catholic.net

Evangelio en Evangelio del día

 

Evangelio del día: Solemnidad de la Ascensión del Señor

Evangelio del día: Solemnidad de la Ascensión del Señor

Mateo 28, 16-20. Solemnidad de la Ascensión del Señor. Séptimo domingo del Tiempo de Pascua. La Ascensión de Jesús al Cielo nos hace conocer esta realidad tan consoladora para nuestro camino: en Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre, nuestra humanidad ha sido llevada junto a Dios. 

Los once discípulos fueron a Galilea, a la montaña donde Jesús los había citado. Al verlo, se postraron delante de el; sin embargo, algunos todavía dudaron. Acercándose, Jesús les dijo: «Yo he recibido todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo».

Sagrada Escritura en el portal web de la Santa Sede

Lecturas

Primera lectura: Libro de los Hechos de los Apóstoles, Hch 1, 1-11

Salmo: Sal 47(46), 2-3.6-9

Segunda lectura: Carta de San Pablo a los Efesios, Ef 1, 17-23

Oración introductoria

Señor, aumenta mi fe y mi amor a Ti y a los demás. Ayúdame a vivir esperando el día en que me introduzcas por la puerta grande del amor, por la puerta del Cielo, más allá de todas mis expectativas. Que esta oración me ayude a seguir esperando con fe y entrega esforzada la llegada de ese día.

Petición

Señor, dame la gracia de confiar en tu Palabra, de saber esperar confiadamente hasta el reencuentro prometido.

Meditación del Santo Padre Francisco

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

[…] El Evangelio de Mateo, en cambio, presenta el mandato de Jesús a los discípulos: la invitación a ir, a salir para anunciar a todos los pueblos su mensaje de salvación (cf. Mt 28, 16-20). «Ir», o mejor, «salir» se convierte en la palabra clave de la fiesta de hoy: Jesús sale hacia el Padre y ordena a los discípulos que salgan hacia el mundo.

Jesús sale, asciende al cielo, es decir, vuelve al Padre, que lo había mandado al mundo. Hizo su trabajo, por lo tanto, vuelve al Padre. Pero no se trata de una separación, porque Él permanece para siempre con nosotros, de una forma nueva. Con su ascensión, el Señor resucitado atrae la mirada de los Apóstoles —y también nuestra mirada— a las alturas del cielo para mostrarnos que la meta de nuestro camino es el Padre. Él mismo había dicho que se marcharía para prepararnos un lugar en el cielo. Sin embargo, Jesús permanece presente y activo en las vicisitudes de la historia humana con el poder y los dones de su Espíritu; está junto a cada uno de nosotros: aunque no lo veamos con los ojos, Él está. Nos acompaña, nos guía, nos toma de la mano y nos levanta cuando caemos. Jesús resucitado está cerca de los cristianos perseguidos y discriminados; está cerca de cada hombre y cada mujer que sufre. Está cerca de todos nosotros, también hoy está aquí con nosotros en la plaza; el Señor está con nosotros. ¿Vosotros creéis esto? Entonces lo decimos juntos: ¡El Señor está con nosotros!

Jesús, cuando vuelve al cielo, lleva al Padre un regalo. ¿Cuál es el regalo? Sus llagas. Su cuerpo es bellísimo, sin las señales de los golpes, sin las heridas de la flagelación, pero conserva las llagas. Cuando vuelve al Padre le muestra las llagas y le dice: «Mira Padre, este es el precio del perdón que tú das». Cuando el Padre contempla las llagas de Jesús nos perdona siempre, no porque seamos buenos, sino porque Jesús ha pagado por nosotros. Contemplando las llagas de Jesús, el Padre se hace más misericordioso. Este es el gran trabajo de Jesús hoy en el cielo: mostrar al Padre el precio del perdón, sus llagas. Esto es algo hermoso que nos impulsa a no tener miedo de pedir perdón; el Padre siempre perdona, porque mira las llagas de Jesús, mira nuestro pecado y lo perdona.

Pero Jesús está presente también mediante la Iglesia, a quien Él envió a prolongar su misión. La última palabra de Jesús a los discípulos es la orden de partir: «Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos» (Mt 28, 19). Es un mandato preciso, no es facultativo. La comunidad cristiana es una comunidad «en salida». Es más: la Iglesia nació «en salida». Y vosotros me diréis: ¿y las comunidades de clausura? Sí, también ellas, porque están siempre «en salida» con la oración, con el corazón abierto al mundo, a los horizontes de Dios. ¿Y los ancianos, los enfermos? También ellos, con la oración y la unión a las llagas de Jesús.

A sus discípulos misioneros Jesús dice: «Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos» (v. 20). Solos, sin Jesús, no podemos hacer nada. En la obra apostólica no bastan nuestras fuerzas, nuestros recursos, nuestras estructuras, incluso siendo necesarias. Sin la presencia del Señor y la fuerza de su Espíritu nuestro trabajo, incluso bien organizado, resulta ineficaz. Y así vamos a decir a la gente quién es Jesús.

Y junto con Jesús nos acompaña María nuestra Madre. Ella ya está en la casa del Padre, es Reina del cielo y así la invocamos en este tiempo; pero como Jesús está con nosotros, camina con nosotros, es la Madre de nuestra esperanza.

Santo Padre Francisco

Regina Coeli del domingo, 1 de junio de 2014

Catecismo de la Iglesia Católica, CEC

“JESUCRISTO SUBIÓ A LOS CIELOS,
Y ESTÁ SENTADO A LA DERECHA DE DIOS, PADRE TODOPODEROSO”

659 «Con esto, el Señor Jesús, después de hablarles, fue elevado al Cielo y se sentó a la diestra de Dios» (Mc 16, 19). El Cuerpo de Cristo fue glorificado desde el instante de su Resurrección como lo prueban las propiedades nuevas y sobrenaturales, de las que desde entonces su cuerpo disfruta para siempre (cf. Lc 24, 31; Jn 20, 19. 26). Pero durante los cuarenta días en los que él come y bebe familiarmente con sus discípulos (cf. Hch 10, 41) y les instruye sobre el Reino (cf. Hch 1, 3), su gloria aún queda velada bajo los rasgos de una humanidad ordinaria (cf. Mc 16,12; Lc 24, 15; Jn 20, 14-15; 21, 4). La última aparición de Jesús termina con la entrada irreversible de su humanidad en la gloria divina simbolizada por la nube (cf. Hch 1, 9; cf. también Lc 9, 34-35; Ex 13, 22) y por el cielo (cf. Lc 24, 51) donde él se sienta para siempre a la derecha de Dios (cf. Mc 16, 19; Hch 2, 33; 7, 56; cf. también Sal 110, 1). Sólo de manera completamente excepcional y única, se muestra a Pablo «como un abortivo» (1 Co 15, 8) en una última aparición que constituye a éste en apóstol (cf. 1 Co 9, 1; Ga 1, 16).

660 El carácter velado de la gloria del Resucitado durante este tiempo se transparenta en sus palabras misteriosas a María Magdalena: «Todavía […] no he subido al Padre. Vete donde los hermanos y diles: Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios» (Jn 20, 17). Esto indica una diferencia de manifestación entre la gloria de Cristo resucitado y la de Cristo exaltado a la derecha del Padre. El acontecimiento a la vez histórico y transcendente de la Ascensión marca la transición de una a otra.

661 Esta última etapa permanece estrechamente unida a la primera es decir, a la bajada desde el cielo realizada en la Encarnación. Solo el que «salió del Padre» puede «volver al Padre»: Cristo (cf. Jn 16,28). «Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre» (Jn 3, 13; cf, Ef 4, 8-10). Dejada a sus fuerzas naturales, la humanidad no tiene acceso a la «Casa del Padre» (Jn 14, 2), a la vida y a la felicidad de Dios. Sólo Cristo ha podido abrir este acceso al hombre, «ha querido precedernos como cabeza nuestra para que nosotros, miembros de su Cuerpo, vivamos con la ardiente esperanza de seguirlo en su Reino» (Prefacio de la Ascensión del Señor, I: Misa Romano).

662 «Cuando yo sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí»(Jn 12, 32). La elevación en la Cruz significa y anuncia la elevación en la Ascensión al cielo. Es su comienzo. Jesucristo, el único Sacerdote de la Alianza nueva y eterna, «no […] penetró en un Santuario hecho por mano de hombre […], sino en el mismo cielo, para presentarse ahora ante el acatamiento de Dios en favor nuestro» (Hb 9, 24). En el cielo, Cristo ejerce permanentemente su sacerdocio. «De ahí que pueda salvar perfectamente a los que por él se llegan a Dios, ya que está siempre vivo para interceder en su favor»(Hb 7, 25). Como «Sumo Sacerdote de los bienes futuros»(Hb 9, 11), es el centro y el oficiante principal de la liturgia que honra al Padre en los cielos (cf. Ap 4, 6-11).

663 Cristo, desde entonces, está sentado a la derecha del Padre: «Por derecha del Padre entendemos la gloria y el honor de la divinidad, donde el que existía como Hijo de Dios antes de todos los siglos como Dios y consubstancial al Padre, está sentado corporalmente después de que se encarnó y de que su carne fue glorificada» (San Juan Damasceno, Expositio fidei, 75 [De fide orthodoxa, 4, 2]: PG 94, 1104).

664 Sentarse a la derecha del Padre significa la inauguración del reino del Mesías, cumpliéndose la visión del profeta Daniel respecto del Hijo del hombre: «A él se le dio imperio, honor y reino, y todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieron. Su imperio es un imperio eterno, que nunca pasará, y su reino no será destruido jamás» (Dn 7, 14). A partir de este momento, los Apóstoles se convirtieron en los testigos del «Reino que no tendrá fin» (Símbolo de Niceno-Constantinopolitano: DS 150).

Catecismo de la Iglesia Católica

Diálogo con Cristo

Jesús, nos has revelado el inmenso amor que el Padre tiene por todos. Ayúdame a nunca dudar de su amor por mí. Ayúdame a responder a su amor con la fidelidad a su voluntad y con la práctica de la caridad exquisita con aquellos que están más cerca de mí.

Propósito

Permanecer diez minutos ante el Sagrario para aprender a adorar al Señor mientras Él nos enseña a saber esperar.

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Evangelio del día: Y darán testimonio

Evangelio del día: Y darán testimonio

Juan 15, 26; 16, 4. Lunes de la 6.ª semana de Pascua. Testimoniar a Cristo es la esencia de la Iglesia.

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando venga el Paráclito que yo les enviaré desde el Padre, el Espíritu de la Verdad que proviene del Padre, él dará testimonio de mí. Y ustedes también dan testimonio, porque están conmigo desde el principio». Les he dicho esto para que no se escandalicen. Serán echados de las sinagogas, más aún, llegará la hora en que los mismos que les den muerte pensarán que tributan culto a Dios. Y los tratarán así porque no han conocido ni al Padre ni a mí. Les he advertido esto para que cuando llegue esa hora, recuerden que ya lo había dicho. No les dije estas cosas desde el principio, porque yo estaba con ustedes».

Sagrada Escritura en el portal web de la Santa Sede

Lecturas

Primera lectura: Libro de los Hechos de los Apóstoles, Hch 16, 11-15

Salmo: Sal 149(148), 1-6.9

Oración introductoria

Creo en Ti, Señor, y te amo, por eso, parafraseando al Papa Francisco, «pido al Padre misericordioso que pueda vivir plenamente la fe que he recibido como un regalo en el día de mi bautismo para ser capaz de dar un testimonio alegre, libre y valiente de mi fe». (Santo Padre Francisco el 20 marzo de 2013).

Petición

Espíritu Santo, ayúdame a creer en Ti por los que no creen, a amarte por los que no te aman, y a confiar en Ti por los que no esperan en tu Palabra.

Meditación del Santo Padre Francisco

Testimoniar a Cristo es la esencia de la Iglesia que, de otro modo, acabaría siendo sólo una estéril «universidad de la religión» impermeable a la acción del Espíritu Santo. Lo volvió a afirmar el Papa Francisco en la misa del martes 6 de mayo, en la Casa Santa Marta.

La meditación sobre la fuerza del testimonio surgió del pasaje de los Hechos de los apóstoles (7, 51-8,1a) que relata el martirio de Esteban. A sus perseguidores, que no creían, Esteban dijo: «Duros de cerviz, incircuncisos de corazón y de oídos. Vosotros siempre resistís al Espíritu Santo». Y precisamente «estas palabras —comentó el Pontífice—, de una forma u otra, las había dicho Jesús, incluso literalmente: como eran vuestros padres así sois vosotros; ¿hubo un profeta que vuestros padres no persiguieran?».

Los perseguidores, destacó el Santo Padre, ciertamente no eran personas serenas, con el corazón en paz. No es que no estaban de acuerdo con lo que Esteban predicaba: ¡odiaban!». Y «este odio —explicó el Papa— había sido sembrado en su corazón por el diablo. Es el odio del demonio contra Cristo».

Precisamente «en el martirio —continuó— se ve clara esta lucha entre Dios y el demonio. Se ve en este odio. No era una discusión serena». Por lo demás, hizo notar, «ser perseguidos, ser mártires, dar la vida por Jesús es una de las bienaventuranzas». Tanto que «Jesús no dijo a los suyos: «Pobrecillos si os suceden estas cosas». No, Él dijo: «Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. ¡Alegraos!»».

Es evidente, pues, que «el demonio no puede soportar la santidad de la Iglesia». Y en contra de Esteban —dijo el Papa— suscitó odio en el corazón de esas personas, para perseguir, para insultar, para calumniar. Y así mataron a Esteban», el cual «murió como Jesús, perdonando».

«Martirio, en la tradición de la palabra griega, significa testimonio», explicó el Pontífice. Y «así podemos decir que para un cristiano el camino va por las huellas de este testimonio de Jesús para dar testimonio de Él». Un testimonio que muchas veces termina con el sacrificio de la vida.

La cuestión central, argumentó el Pontífice, es que el cristianismo no es una religión «de sólo ideas, de pura teología, de estética, de mandamientos. Nosotros somos un pueblo que sigue a Jesucristo y da testimonio, quiere dar testimonio de Jesucristo. Y este testimonio algunas veces llega a costar la vida». Al respecto, el relato del martirio de Esteban es elocuente. Así, pues, «al morir Esteban, se desató la persecución contra todos». Los perseguidores «se sentían fuertes: el demonio suscitaba en ellos el desatar esta violenta persecución». Una persecución tan brutal que, «a excepción de los apóstoles que permanecieron allí, en el lugar, los cristianos se dispersaron por la región de Judea y Samaría». Precisamente «la persecución hizo que los cristianos fuesen lejos». Y a las personas que encontraban les «decían el por qué» de su fuga, «explicaban el Evangelio, daban testimonio de Jesús. Y comenzó la misión de la Iglesia. Muchos se convertían al escuchar a esta gente».

El obispo de Roma recordó al respecto que «uno de los padres de la Iglesia dijo: la sangre de los mártires es semilla de los cristianos». Y es precisamente eso lo que sucede: «Se desata la persecución, los cristianos se dispersan y con su testimonio predican la fe». Porque, destacó el Papa, «el testimonio siempre es fecundo»: lo es cuando tiene lugar en la vida cotidiana, pero también cuando se vive en las dificultades o cuando conduce incluso a la muerte. La Iglesia, por lo tanto, «es fecunda y madre cuando da testimonio de Jesucristo. En cambio, cuando la Iglesia se cierra en sí misma, se cree —digámoslo así— una universidad de la religión con muchas ideas hermosas, con muchos hermosos templos, con muchos bellos museos, con muchas cosas hermosas, pero no da testimonio, se hace estéril».

Los Hechos de los apóstoles puntualizan «que Esteban estaba lleno del Espíritu Santo». Y, en efecto, «no se puede dar testimonio sin la presencia del Espíritu Santo en nosotros. En los momentos difíciles, cuando tenemos que elegir la senda justa, cuando tenemos que decir que «no» a tantas cosas que tal vez intentan seducirnos, está la oración al Espíritu Santo: es Él quien nos hace fuertes para caminar por la senda del testimonio».

El Papa Francisco, como conclusión, recordó cómo de las «dos imágenes» propuestas por la liturgia —Esteban que muere y los cristianos que dan testimonio por doquier— brotan para cada uno algunas preguntas: «¿Cómo es mi testimonio? ¿Soy un cristiano testigo de Jesús o soy un simple miembro de esta secta? ¿Soy fecundo porque doy testimonio o permanezco estéril porque no soy capaz de dejar que el Espíritu Santo me lleve adelante en mi vocación cristiana?».

Santo Padre Francisco: El testimonio del cristiano

Homilía del martes, 6 de mayo de 2014

Catecismo de la Iglesia Católica, CEC

III. Vida moral y testimonio misionero

2044 La fidelidad de los bautizados es una condición primordial para el anuncio del Evangelio y para la misión de la Iglesia en el mundo. Para manifestar ante los hombres su fuerza de verdad y de irradiación, el mensaje de la salvación debe ser autentificado por el testimonio de vida de los cristianos. “El mismo testimonio de la vida cristiana y las obras buenas realizadas con espíritu sobrenatural son eficaces para atraer a los hombres a la fe y a Dios” (AA 6).

2045 Los cristianos, por ser miembros del Cuerpo, cuya Cabeza es Cristo (cf Ef 1, 22), contribuyen a la edificación de la Iglesia mediante la constancia de sus convicciones y de sus costumbres. La Iglesia aumenta, crece y se desarrolla por la santidad de sus fieles (cf LG 39), “hasta que lleguemos al estado de hombre perfecto, a la madurez de la plenitud en Cristo” (Ef 4, 13).

2046 Llevando una vida según Cristo, los cristianos apresuran la venida del Reino de Dios, “Reino de justicia, de verdad y de paz” (Solemnidad de N. Señor Jesucristo Rey del Universo, Prefacio: Misal Romano). Esto no significa que abandonen sus tareas terrenas, sino que, fieles a su Maestro, las cumplen con rectitud, paciencia y amor.

Catecismo de la Iglesia Católica

Diálogo con Cristo

Señor, todo cristiano está llamado a dar testimonio de fe, de amor y de santidad. Ojalá que quien se acerque a nosotros se quede marcado para siempre, no por nuestra personalidad o nuestras cualidades, sino porque somos reflejo del amor de Ti al hombre, a todo hombre. Que se diga de nosotros lo mismo que se decía sobre los primeros cristianos: «¡Mirad, cómo se aman!».

Propósito

Viviré con especial intensidad este día, ofreciendo todo para que el mensaje del Año de la fe llegue a más personas.

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