por Fray Carlos Lledó López OP | cofradiarosario.net | 6 Oct, 2014 | Catequesis Liturgia
A esta oración le han atribuido gran importancia muchos de mis Predecesores. Un mérito particular a este respecto corresponde a León XIII que, el 1 de septiembre de 1883, promulgó la Encíclica Supremi apostolatus officio, importante declaración con la cual inauguró otras muchas intervenciones sobre esta oración, indicándola como instrumento espiritual eficaz ante los males de la sociedad. Entre los Papas más recientes que, en la época conciliar, se han distinguido por la promoción del Rosario, deseo recordar a san Juan XXIII y, sobre todo, al beato PabloVI, que en la Exhortación apostólica Marialis cultus, en consonancia con la inspiración del Concilio Vaticano II, subrayó el carácter evangélico del Rosario y su orientación cristológica.
San Juan Pablo II, Rosarium Virginis Mariae, n. 2
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La importancia del Rosario viene confirmada por la doctrina de la Iglesia. No menos de cincuenta y siete Papas y más de quinientos documentos pontificios lo avalan con su autoridad. Recordamos la doctrina de los últimos Pontífices:
León XIII
Presenta el Rosario como «Fórmula eximia y excelente de oración» y «Santísima devoción».
San Pío X
El Rosario es «la oración por excelencia» de los medios más eficaces para obtener gracias del Cielo.
Benedicto XV
El Rosario es instrumento para alcanzar la paz que Europa y el mundo necesitan.
Pío XI
Destaca el poder espiritual del Rosario para librarnos del mal y alcanzar el bien.
San Juan XXIII
El Rosario tiene su lugar después de los sacramentos para los fieles, y después de la Liturgia de las Horas, para los sacerdotes.
Beato Pablo VI
Destaca la Exhortación Apostólica Marialis cultus. Desarrolla el sentido cristocéntrico y mariano del Rosario. Cómo es medio para contemplar y configurarnos con Cristo, para agradar a Nuestra Señora, para alcanzar la paz… Lo enmarca en el Concilio Vaticano II: en Lumen Gentium y en Sacrosantum Concilium. Tiene su lugar después de la Liturgia de las Horas.
San Juan Pablo II
«Cada grupo que se reúne a rezar el Rosario es un regalo para la causa del Reino de Dios. Sí, donde dos o tres se reúnen en el nombre de Cristo, allí está Él» (A Obispos USA,10.6.89; OR.1,029 [89] 7).
«El Rosario es mi oración predilecta. ¡Plegaria maravillosa!. Maravillosa en su sencillez y en su profundidad. En esta plegaria repetimos muchas veces las palabras que la Virgen María oyó del Arcángel y de su prima Isabel. Palabras a las que se asocia la Iglesia entera.
EL Rosario es en cierto modo un comentario-oración a Lumen Gentium VIII: Presencia de María en el misterio de Cristo y de la Iglesia. En el trasfondo de las Avemarías pasan los episodios principales de Cristo y de la Iglesia. Sus misterios gozosos, (luminosos) dolorosos y gloriosos nos ponen en contacto vital con Jesucristo a través del corazón de su Madre. Y nuestro corazón puede incluir en las decenas del Rosario, los hechos de la vida individual, familiar y social, la nación, la Iglesia, la humanidad. Experiencias personales o del prójimo que llevamos en el corazón. Así, el Rosario sintoniza con el ritmo de la vida humana… A todos os exhorto o recitarlo fervorosamente» (Ang. 29, Oct. 78).
Invita a rezar con Él, la oración del B. Bartolomé Longo: «Oh Rosario Bendito de María, dulce cadena que nos vuelves a unir con Dios, vínculo de amor que nos unes a los ángeles. Torre de salvación en los asaltos del infierno. Puerto seguro en el naufragio común, nosotros no te dejaremos jamás. Tú serás consuelo en la hora de la agonía, a ti el último beso de la vida que se apaga. Y el último acento de nuestros labios será tu nombre suave, oh Reina del Rosario (de Pompeya), oh Madre nuestra querida, oh Refugio de los pecadores, oh Soberana consoladora de los afligidos, seas bendita en todas partes, hoy y siempre, en la tierra y en el cielo. Amén. – Dios te salve Reina y Madre…»
«El Rosario es contemplación de Cristo en sus misterios, en íntima unión con María Santísima. La espiritualidad contemporánea siente vivamente la exigencia de ir, por decirlo así, a lo esencial. Por eso, se está llevando a cabo hoy un prometedor redescubrimiento de la auténtica naturaleza del Rosario, como plegaria que ayuda a estar en compañía de Cristo, para conocerlo mejor, asimilar sus enseñanzas y vivir su misterio. ¿Y quién mejor que María puede acompañarnos en este itinerario de la mente y del corazón? Este es el sentido de la repetición del Ave María, que constituye la trama sobre la cual se desarrolla la contemplación de los misterios» (M.C.46; O.R.1.712 [19.10.01] 454.
«El mes de octubre es tradicionalmente dedicado por la Iglesia a redescubrir el Rosario, oración tradicional, tan sencilla y al mismo tiempo tan profunda».
«El Rosario es un camino de contemplación del rostro de Cristo realizado -por así decir- con los ojos de Maria. Por tanto, es una oración que, si se arraiga en el corazón mismo del Evangelio, está en plena sintonía con la inspiración del Concilio Vaticano II».
El Rosario está «en perfecta línea con la indicación que he dado en la carta apostólica Novo millennio ineunte: es necesario que la Iglesia reme «mar adentro» en el nuevo milenio, recomenzando la contemplación del rostro de Cristo». «Deseo encomendar a la oración del Rosario, una vez más, la gran causa de la paz Estamos ante una situación internacional llena de tensiones, en ocasiones incandescentes».
«Precisamente en esta perspectiva, el Rosario se revela una oración particularmente indicada. Construye la paz, pues siembra en quien lo reza esa semilla de bien, de la que se pueden esperar los frutos de justicia y de solidaridad en el vida personal y comunitaria».
«¡Cuánta paz se aseguraría en las relaciones familiares, si se retomara el rezo del Santo Rosario en la familia » (Ángelus, 29. 09. 02).
Destaca Carta Apostólica «Rosarium Virginis Mariae», verdadera síntesis teológica del Rosario y testamento espiritual del Siervo de Dios. Recomendamos su lectura. la Carta se encuentra en nuestra Web.
Benedicto XVI
Ángelus, apertura del Sínodo sobre la Eucaristía. Domingo 2 Octubre de 2005
Encomendémonos con confianza, sobre todo a la bienaventurada Virgen María, a quien veneraremos el próximo 7 de octubre con el título de Virgen del Rosario. El mes de octubre está dedicado al santo Rosario, singular oración contemplativa con la que, guiados por la celestial Madre del Señor, fijamos la mirada en el rostro del Redentor para ser conformados en su misterio de alegría, de luz, de dolor y de gloria. Esta antigua oración está experimentando un providencial reflorecimiento, gracias en parte al ejemplo y a la enseñanza del querido Papa Juan Pablo II. Os invito a releer su carta apostólica «Rosarium Virginis Mariae» y a llevar a la práctica sus indicaciones a nivel personal, familiar y comunitario. Confiamos a María las labores del Sínodo: que ella conduzca a la Iglesia entera a una conciencia cada vez más clara de su propia misión al servicio del Redentor, realmente presente en el sacramento de la Eucaristía.
Ángelus, 16 de Octubre de 2005 (27º elección Juan Pablo II)
Queridos hermanos y hermanas: Hace 27 años, un día como éste, el Señor llamó al cardenal Karol Wojtyla, arzobispo de Cracovia, para suceder a Juan Pablo I, fallecido poco después de un mes de su elección. Con Juan Pablo II comenzó uno de los pontificados más largos de la historia de la Iglesia, durante el que un Papa, «venido de un país lejano», fue reconocido como autoridad moral incluso por muchas personas no cristianas y no creyentes, como lo demostraron las conmovedoras manifestaciones de cariño con motivo de su enfermedad y de profundo pésame después de su muerte. Ante su tumba, en las grutas vaticanas, continúa todavía sin interrupción la peregrinación de muchísimos fieles y esto constituye también un signo elocuente de hasta qué punto el querido Juan Pablo II ha entrado en el corazón de la gente, sobre todo por su testimonio de amor y de entrega en el sufrimiento. En él hemos podido admirar la fuerza de la fe y de la oración, y la manera en que se encomendó totalmente a María Santísima, quien siempre le acompañó y protegió, especialmente en los momentos más difíciles y dramáticos de su vida.
Podríamos definir a Juan Pablo II como un Papa totalmente consagrado a Jesús por medio de María, como lo manifestaba claramente su lema: «Totus tuus». Fue elegido en el corazón del mes del Rosario, y el Rosario, que con frecuencia llevaba entre sus manos, se convirtió en uno de los símbolos de su pontificado, sobre el que veló la Virgen inmaculada con materna solicitud. A través de la radio y de la televisión, los fieles del mundo entero pudieron unirse en muchas ocasiones a él en esta oración mariana y, gracias a su ejemplo y enseñanzas, redescubrir su sentido auténtico, contemplativo y cristológico (Cf. carta apostólica «Rosarium Virginis Mariae», 9-17).
En realidad, el Rosario no se contrapone a la meditación de la Palabra de Dios y a la oración litúrgica; es más, constituye un complemento natural e ideal, en particular como preparación y como acción de gracias a la celebración eucarística. Contemplamos al Cristo encontrado en el Evangelio y en el Sacramento en los diferentes momentos de su vida gracias a los misterios gozosos, luminosos, dolorosos y gloriosos. En la escuela de la Madre, aprendemos así a conformarnos con su Hijo divino y a anunciarlo con nuestra misma vida. Si la Eucaristía es para el cristiano el centro de la jornada, el Rosario contribuye de manera privilegiada a dilatar la comunión con Cristo, y educa a vivir manteniendo fija en Él la mirada del corazón para irradiar sobre todos y sobre todo su amor misericordioso.
Contemplativo y misionero: así fue el querido Papa Juan Pablo II. Lo fue gracias a la íntima unión con Dios, alimentada cotidianamente por la Eucaristía y por prolongados momentos de oración.
En el momento del Ángelus, para él tan querido, es dulce y un deber recordarle en este aniversario, renovando a Dios la acción de gracias por haber dado a la Iglesia y al mundo un sucesor tan digno del apóstol Pedro. Que la Virgen María nos ayude a hacer un tesoro de su preciosa herencia.
Audiencia general. Exhortación a rezar el Rosario. 17 de Mayo de 2006
Benedicto XVI se despidió de los 45.000 peregrinos presentes este miércoles en la audiencia general invitándoles a rezar el Rosario, como «momento de crecimiento espiritual».
Antes de dejar la plaza de San Pedro, el Papa saludó en particular a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados, que habían venido con sus trajes de bodas, para exhortarles a todos «a intensificar» esta oración, «especialmente en este mes de mayo, dedicado a la Madre de Dios».
«Queridos jóvenes: os invito a valorar esta tradicional oración mariana que ayuda a comprender mejor los momentos centrales de la salvación realizada por Cristo».
«Queridos enfermos: os exhorto a dirigiros con confianza a la Virgen, a través de este ejercicio de piedad, confiándole todas vuestras necesidades».
Por último, a los recién casados, les invitó a «hacer del rezo del Rosario en familia un momento de crecimiento espiritual bajo la mirada de la Virgen María».
Rezo del Rosario en el Santuario de la Virgen del Amor Divino en «Castel di Lava». Los misterios gozosos. 2 de Mayo de 2006
…Hemos rezado el santo Rosario, recorriendo los cinco misterios «gozosos», que pasan ante los ojos de nuestro corazón los inicios de nuestra salvación, desde la concepción de Jesús por obra del Espíritu Santo, en el seno de la Virgen María, hasta encontrarle, cuando ya tenía doce años, en el Templo de Jerusalén, mientras escuchaba e interrogaba a los doctores. Hemos repetido las palabras del ángel: «Alégrate, María, llena de gracia, el Señor está contigo», así como las expresiones con las que Isabel acogió a la Virgen, que inmediatamente había ido para ayudarle y ponerse a su servicio. «Bendita tú eres entre las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre». Hemos contemplado la fe dócil de María, que se fía sin reservas de Dios y se pone totalmente en sus manos. Nos hemos sentido también nosotros, con los pastores, cerca del Niño Jesús, que yace en un pesebre y hemos reconocido y adorado en Él al Hijo eterno de Dios, que por amor se hizo nuestro hermano, y de este modo, nuestro único Salvador.
También nosotros hemos entrado con María y José en el Templo para ofrecer el Niño a Dios y cumplir con el rito de la purificación: y se nos han anticipado, con las palabras del anciano Simeón, la salvación, la contradicción y la cruz, y esa espada que, bajo la cruz del Hijo, atravesará el alma de la Madre y, de este modo, hará que no sólo sea madre de Dios, sino también nuestra madre común.
Ángelus. El valor del Rosario. 1 de Enero de 2006
Hoy, primer día de octubre, desearía detenerme en dos aspectos que, en la Comunidad eclesial, caracterizan este mes: la oración del Rosario y el compromiso por las misiones. El día 7, sábado próximo, celebraremos la fiesta de la Virgen del Rosario, y es como si, cada año, Nuestra Señora nos invitara a redescubrir la belleza de esta oración, tan sencilla y profunda.
El amado Juan Pablo II fue gran apóstol del Rosario: le recordamos arrodillado con la corona (el Rosario) entre las manos, inmerso en la contemplación de Cristo, como él mismo invitó a hacer con la Carta Apostólica «Rosarium Virginis Mariae».
El Rosario es oración contemplativa y cristocéntrica, inseparable de la meditación de la Sagrada Escritura. Es la oración del cristiano que avanza en la peregrinación de la fe, en el seguimiento de Jesús, precedido por María. Desearía invitaros, queridos hermanos y hermanas, a rezar el Rosario durante este mes en familia, en las comunidades y en las parroquias por las intenciones del Papa, por la misión de la Iglesia y por la paz del mundo…
El Rosario en familia. 8 de Octubre de 2006
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, especialmente a los feligreses de la Basílica de Nuestra Señora de las Angustias, de Granada. Reitero la invitación a rezar el Santo Rosario también en familia, para que la intercesión maternal de la Virgen María ayude a los esposos a vivir fielmente su compromiso matrimonial y a fortalecer la unidad en todos los hogares.
En los jardines vaticanos. 31 de Mayo de 2007
Meditando los Misterios Gozosos del Santo Rosario, habéis subido a esta colina donde habéis revivido espiritualmente, en el relato del evangelista Lucas, la experiencia de María, que desde Nazaret de Galilea «se puso en camino hacia la montaña» (Lc. 1,39) para llegar a una aldea de Judá donde vivía Isabel con su Marido Zacarías.
¿Qué impulsó a María, una muchacha joven, a afrontar aquel viaje? ¿Qué, sobre todo, le empujó a olvidarse de sí misma para pasar los primeros tres meses de su embarazo al servicio de su prima, necesitada de ayuda? La respuesta está escrita en un Salmo: «Corro por el camino de tus mandamientos, [Señor], pues tú mi corazón dilatas» (Sal 118,32). El Espíritu Santo, que hizo presente al Hijo de Dios en la carne de María, dilató su corazón a las dimensiones del de Dios y le impulsó por la vía de la caridad. La Visitación de María se comprende a la luz del acontecimiento que le precede inmediatamente en el relato del Evangelio de Lucas: el anuncio del Ángel y la concepción de Jesús por obra del Espíritu Santo. El Espíritu Santo fue sobre la Virgen, el poder del Altísimo le cubrió con su sombra (v. Lc 1,35). Aquel mismo Espíritu le impulsó a «levantarse» y a partir sin tardanza (v. Lc 1,39), para ser de ayuda a su anciana pariente. Jesús apenas ha comenzado a formarse en el seno de María, pero su Espíritu ya ha llenado su corazón, de forma que la Madre comienza ya a seguir al Hijo divino: en el camino que de Galilea conduce a Judá es el mismo Jesús el que «impulsa» a María, infundiéndole el ímpetu generoso de salir al encuentro del prójimo que tiene necesidad, el valor de no poner por delante las propias y legítimas exigencias, dificultades, peligros para su propia vida. Es Jesús quien le ayuda a superar todo dejándose guiar por la fe que actúa por la caridad (v. Ga 5,6).
Meditando este misterio, vemos bien qué significa que la caridad cristiana sea una virtud «teologal». Vemos que el corazón de María es visitado por la gracia del Padre, es penetrado por la fuerza del Espíritu e impulsado interiormente por el Hijo; esto es, vemos un corazón humano perfectamente introducido en el dinamismo de la Santísima Trinidad. Este movimiento es la caridad, que en María es perfecta y se convierte en modelo de la caridad de la Iglesia, como manifestación del amor trinitario (Encíclica Deus caritas est, 19). Todo gesto de amor genuino, también el más pequeño, contiene en sí un destello del misterio infinito de Dios: la mirada de atención al hermano, hacerse cercano a él, compartir su necesidad, atender sus heridas, la responsabilidad por su futuro, todo, hasta en los más mínimos detalles, se hace «teologal» cuando está animado por el Espíritu de Cristo. Que María nos obtenga el don de saber amar como Ella supo amar…
Francisco
«El Rosario es la oración que acompaña siempre la vida, es también la oración de los sencillos y de los santos… es la oración de mi corazón” (Introducción del pequeño libro El Rosario. Oración del corazón de la edición Shalom).
«En este mes de mayo, quisiera recordar la importancia y la belleza de la oración del santo Rosario. Rezando el Ave María, somos conducidos a contemplar los misterios de Jesús, es decir a reflexionar sobre los momentos centrales de su vida, para que, como para María y para san José, Él sea el centro de nuestros pensamientos, de nuestras atenciones y de nuestras acciones. ¡Sería hermoso si, sobre todo en este mes de mayo, se rezase juntos en familia, con los amigos, en Parroquia, el santo Rosario o alguna oración a Jesús y a la Virgen María! La oración en conjunto es un momento precioso para hacer aún más sólida la vida familiar, la amistad! ¡Aprendamos a rezar cada vez más en familia y como familia!» (Roma, 1 de mayo de 2013).
Conclusión
La oración del Rosario nos ayuda a crecer en el conocimiento, amor e imitación de Cristo, nos introduce en el corazón de la Iglesia y a sentir con Ella. Es medio para ayudar a la santificación personal, a la unidad de la familia, a la conversión de los pecadores y a la salvación del mundo.
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por Fray Carlos Lledó López OP | cofradiarosario.net | 6 Oct, 2014 | Catequesis Liturgia
«El Rosario es mi oración predilecta. ¡Plegaria maravillosa! Maravillosa en su sencillez y en su profundidad. […] Se puede decir que el Rosario es, en cierto modo, un comentario-oración sobre el capítulo final de la Constitución Lumen gentium del Vaticano II, capítulo que trata de la presencia admirable de la Madre de Dios en el misterio de Cristo y de la Iglesia. En efecto, con el trasfondo de las Avemarías pasan ante los ojos del alma los episodios principales de la vida de Jesucristo. El Rosario en su conjunto consta de misterios gozosos, dolorosos y gloriosos, y nos ponen en comunión vital con Jesús a través –podríamos decir– del Corazón de su Madre. Al mismo tiempo nuestro corazón puede incluir en estas decenas del Rosario todos los hechos que entraman la vida del individuo, la familia, la nación, la Iglesia y la humanidad. Experiencias personales o del prójimo, sobre todo de las personas más cercanas o que llevamos más en el corazón. De este modo la sencilla plegaria del Rosario sintoniza con el ritmo de la vida humana».
San Juan Pablo II, Rosarium Virginis Mariae, n. 2
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El Rosario en la vida de la Iglesia
El Rosario en la vida de la Iglesia ha sido instrumento de predicación de la vida y de las enseñanzas de Cristo según el Evangelio y de la actualización de la presencia maternal, corredentora y medianera de la Virgen María. Ha sido, también, medio eficaz de renovación en la fe y costumbres de las gentes, especialmente las más sencillas.
Así lo testifican Asociaciones del Rosario esparcidas por el mundo, las naciones y pueblos que tienen a la Virgen del Rosario como Patrona, los templos, santuarios, monumentos… Y, sobre todo, lo confirma el Magisterio de la Iglesia a lo cual dedicaremos una reflexión aparte.
Tenemos que recuperar la filial devoción a la Virgen que está latente en nuestros pueblos y volver al rezo y a la oración del Rosario.
El Rosario en la vida personal
El Rosario va marcando nuestro estilo de vida que debe ser el de Cristo. La repetición meditativa de la vida de Cristo va profundizando en nosotros y marcando nuestro ser y obrar cristianos como discípulos de Cristo.
Así, los misterios gozosos nos van marcando con el amor, la humildad, la sencillez y la pobreza de Cristo. Los misterios luminosos nos enseñan a acoger la palabra de Dios y a buscar en todo la voluntad del Padre a ejemplo de Cristo. Los misterios dolorosos nos centran en el misterio de la Cruz y nos enseñan a ser corredentores con Cristo. Los misterios gloriosos nos trazan el camino del Cielo y nos enseñan a ir marchando tras las huellas de Cristo.
Vivamos con el Rosario
Es el mejor compañero, por eso, lo llevamos siempre con nosotros. Es el Rosario itinerante: nos acompaña, y los podemos rezar, en la intimidad, en familia, en comunidad. También, por la calle, en los viajes, en la salud, en las circunstancias difíciles, en la enfermedad, a la hora de la muerte… «Los dieces del Rosario son escaleras para subir al Cielo las almas buenas».
El Rosario nos permite meditar el decreto de amor del Padre, su realización en la obediencia de Cristo por obra del Espíritu Santo, al calor del corazón virginal de María.
Podemos vivir el Rosario durante el día, centrados en un misterio, en su espíritu, en un propósito… que nos permite permanecer en la presencia de Dios en actitud humilde y confiada.
Necesitamos vivir el Rosario
Necesitamos vivir el Rosario porque necesitamos profundizar en el conocimiento, amor e imitación de Jesucristo, en la Iglesia. El Rosario es la «escuela de María» y Ella es la Madre y Maestra que nos enseña el conocimiento, amor e imitación de su Hijo.
Necesitamos vivir el Rosario porque es compendio de fe, fácilmente a nuestro alcance, como un libro grabado en la mente y en el corazón, que nos ayuda a vivir según el Evangelio.Necesitamos vivir el Rosario como medio privilegiado de oración. Experimentamos un «imperativo categórico de oración». Necesitamos orar alabando a Dios y bendiciendo su nombre, dándole gracias por los beneficios recibidos, pidiendo su ayuda en las necesidades espirituales y materiales, reparando nuestros pecados y falta de amor… y el Rosario es el mejor manual de oración que nos ayuda a ello por la meditación de los misterios de Cristo y el rezo del Padre nuestro, de las avemarías y del Gloria..
La Virgen María, en Lourdes y en Fátima, nos invita a rezar el Rosario que nos ayuda a perseverar en la gracia, a cultivar la vida sacramental, especialmente la Confesión y la Eucaristía, a ser buenos cristianos y a obtener el don la paz y la reconciliación.
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por Fray Carlos Lledó López OP | cofradiarosario.net | 6 Oct, 2014 | Catequesis Liturgia
Pero el motivo más importante para volver a proponer con determinación la práctica del Rosario es por ser un medio sumamente válido para favorecer en los fieles la exigencia de contemplación del misterio cristiano, que he propuesto en la Carta Apostólica Novo millennio ineunte como verdadera y propia ‘pedagogía de la santidad’: «es necesario un cristianismo que se distinga ante todo en el arte de la oración». Mientras en la cultura contemporánea, incluso entre tantas contradicciones, aflora una nueva exigencia de espiritualidad, impulsada también por influjo de otras religiones, es más urgente que nunca que nuestras comunidades cristianas se conviertan en «auténticas escuelas de oración».
El Rosario forma parte de la mejor y más reconocida tradición de la contemplación cristiana. Iniciado en Occidente, es una oración típicamente meditativa y se corresponde de algún modo con la «oración del corazón», u «oración de Jesús», surgida sobre el humus del Oriente cristiano.
San Juan Pablo II, Rosarium Virginis Mariae, n. 5
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El Rosario es importante
Es importante el Rosario cuando se cultiva la vida espiritual, cuando se busca salir del pecado y perseverar en la gracia sobrenatural, cuando se desea profundizar en el conocimiento, amor e imitación de Jesucristo, cuando es necesario pedir el don de la paz y cuando experimentamos necesidades espirituales y materiales.
Es importante el Rosario cuando tiene sentido acudir a la Virgen María, invocándola como Madre y Medianera y , al calor de su corazón, recordamos, meditamos o contemplamos los misterios de su Hijo Jesucrisanto
Origen del Rosario
En su fundador
Tradicionalmente atribuimos el Rosario a Santo Domingo de Guzmán y a la predicación de los dominicos.
¿Cómo surge el Rosario? El Rosario surge como método de predicación, de oración y de asociación.
El Rosario, método de predicación
Santo Domingo de Guzmán predica la vida y la doctrina de Jesucristo siguiendo los Evangelios y las cartas de San Pablo al pie de la letra. Aquí aparece el rezo intercalado y repetido del Ave María, que también se practica a nivel personal. Con ello, se pretende reconocer la devoción filial a María, así como sus privilegios y el lugar que ocupa en la historia de la salvación.
De esta manera, nos encontramos con el esquema originario del Rosario que dará lugar a sus misterios sobre la vida de Jesucristo y a las Avemarías como invocación litánica a la Virgen, así como el Padre nuestro y el Gloria.
La predicación de santo Domingo de Guzmán es esencialmente cristológica y se fundamenta en la Palabra revelada. Ello dará lugar al enunciado de los misterios del Rosario con el rezo intercalado de las Avemarias, tal como se ha ido desarrollando con el tiempo: misterios gozosos, luminosos, dolorosos y gloriosos.
La predicación de santo Domingo va dirigida a los alejados, a los herejes, buscando su conversión por medio de la Virgen María. La predicación va dirigida, también, a los cercanos para alentarlos y enfervorizarlos por medio de la Virgen Madre.
El Rosario, método de oración y asociación
Los que escuchaban la predicación de santo Domingo y se comprometían a vivir según el Evangelio, en la Iglesia, se reunían comunitariamente como medio de perseverancia en la vida cristiana, recordaban las enseñanzas recibidas sobre la vida y doctrina de Jesucristo, hacían pausas meditativas invocando a la Virgen con el rezo o el canto repetido del Ave María.
Ello dará lugar, muy pronto, al enunciado de los misterios, diríamos como puntos de meditación, al rezo del Padre Nuestro, a las decenas de avemarías y al Gloria.
También dará lugar a las Asociaciones: Cofradía del Rosario, Rosario perpetuo y Rosario viviente. Igualmente, a la practica del Rosario individual, familiar o comunitario.
El Rosario requiere siempre un ritmo tranquilo, sereno, reflexivo, que favorezca la meditación de los misterios del Señor a través del Corazón de la Virgen, como sentados a sus pies.
Acción de gracias
Damos gracias a Dios por el «amor apasionante y apasionado» de santo Domingo de Guzmán a Nuestro Señor Jesucristo y por su entrañable devoción filial a la Virgen María que le hacía repetir continuamente la invocación mariana del Ave María. Sin duda alguna, su estilo de vida cristocéntrico y mariano constituyen el origen del Rosario como método de predicación, de oración y de asociación.
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por Fray Carlos Lledó López OP | cofradiarosario.net | 6 Oct, 2014 | Catequesis Liturgia
La contemplación de Cristo tiene en María su modelo insuperable. El rostro del Hijo le pertenece de un modo especial. Ha sido en su vientre donde se ha formado, tomando también de Ella una semejanza humana que evoca una intimidad espiritual ciertamente más grande aún. Nadie se ha dedicado con la asiduidad de María a la contemplación del rostro de Cristo. Los ojos de su corazón se concentran de algún modo en Él ya en la Anunciación, cuando lo concibe por obra del Espíritu Santo; en los meses sucesivos empieza a sentir su presencia y a imaginar sus rasgos. Cuando por fin lo da a luz en Belén, sus ojos se vuelven también tiernamente sobre el rostro del Hijo, cuando lo «envolvió en pañales y le acostó en un pesebre» (Lc 2, 7).
Desde entonces su mirada, siempre llena de adoración y asombro, no se apartará jamás de Él. Será a veces una mirada interrogadora, como en el episodio de su extravío en el templo: « Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? » (Lc 2, 48); será en todo caso una mirada penetrante, capaz de leer en lo íntimo de Jesús, hasta percibir sus sentimientos escondidos y presentir sus decisiones, como en Caná (cf. Jn 2, 5); otras veces será una mirada dolorida, sobre todo bajo la cruz, donde todavía será, en cierto sentido, la mirada de la ‘parturienta’, ya que María no se limitará a compartir la pasión y la muerte del Unigénito, sino que acogerá al nuevo hijo en el discípulo predilecto confiado a Ella (cf. Jn 19, 26-27); en la mañana de Pascua será una mirada radiante por la alegría de la resurrección y, por fin, una mirada ardorosa por la efusión del Espíritu en el día de Pentecostés (cf. Hch 1, 14).
San Juan Pablo II, Rosarium Virginis Mariae, n. 10
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Necesitamos orar
Ante tantas circunstancias difíciles como estamos viviendo, recordamos la expresión san Juan Pablo II: «El Rosario es mi oración predilecta».
El Rosario es «oración sencilla y profunda»
El Rosario oración sencilla en su estructura material. Esta compuesta por las oraciones vocales más excelentes. El Padre Nuestro que nos lo enseñó Jesucristo. El Ave María que contiene la salutación del Arcángel Gabriel a la Virgen María y de Sta. Isabel a la Virgen Madre. Y finalmente, el Gloria: alabanza secular de la Iglesia a la Santísima Trinidad.
El Rosario es oración profunda en su estructura formal porque es una síntesis bíblica de los principales misterios de la Redención, de la Iglesia y de María.
El Rosario es oración adaptada a cada persona y comunidad de cualquier origen, condición y nivel cultural. Es el Evangelio de bolsillo, abreviado, fácil de memorizar. Es como una suma teológica popular…
El Rosario es oración cristológica y mariana
Rezando el Rosario, recordamos, meditamos o contemplamos la vida de Jesús por medio de María, con Ella y en Ella. Son los misterios gozosos, luminosos, dolorosos, gloriosos que nos permiten ver a Cristo con el corazón y la mirada de su Madre. Es, recordar sentados a los pies de María los misterios del Hijo como nos enseñaba el Siervo de Dios Juan Pablo II. Por el Rosario, María nos lleva a Jesús, y Jesús nos lleva a María.
El Rosario es, también, oración de súplica
Rezando el Rosario, podemos presentar a Dios, por medio de María, las necesidades propias, las del matrimonio y la familia, las de España y las de la humanidad. También podemos presentar peticiones por la salud espiritual y corporal…
Igualmente, pedimos las fuerzas que necesitamos para un compromiso evangélico más coherente, generoso y valiente.
Rezando el Rosario practicamos las virtudes
Se afianza nuestra fe en Jesucristo y en sus misterios. Jesucristo es el Hijo de Dios, Dios como el Padre, que se ha hecho hombre por nosotros y por nuestra salvación. ¡Es muestro Redentor! El Rosario nos ayuda a conocer más y mejor a Jesucristo.
Se robustece nuestra esperanza. Esperamos alcanzar la salvación porque nos apoyamos en la plena glorificación de Cristo, en su ascensión al Cielo y en la Asunción de María como fruto privilegiado de la Redención.. Repetimos en el Rosario: «Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte».
Aumenta nuestro amor a Cristo y al prójimo porque si Él se entregó «hasta el extremo» por amor a nosotros, también nosotros debemos entregarnos. El Rosario nos ayuda a profundizar en el amor que Cristo nos tiene.
Recuperemos el rezo del Rosario en familia
La oración del Rosario en familia aleja los gérmenes de disgregación y une los corazones. Es vínculo seguro de comunión y de paz. Por eso se afirma que «Familia que reza permanece unida».
La oración del Rosario construye la paz porque fomenta la paz interior. Ayuda a vivir en estado de gracia santificante y a perseverar en el bien.
Conservemos el Rosario
Conservemos el Rosario en el corazón: grabando a fuego el recuerdo-meditación-contemplación de los misterios de Cristo, nuestro Redentor, Hijo de María Virgen.
Conservemos el Rosario en los labios: repitiendo litánicamente las mejores oraciones que tenemos: Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
Conservemos el Rosario en las manos como arma segura para la conversión, la santificación, la paz… como arma privilegiada para defender la pureza del corazón y del cuerpo.
Vivamos predicando, transmitiendo y contagiando el Rosario como la mejor manera de expresar nuestro amor filial a María.
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por Fray Carlos Lledó López OP | cofradiarosario.net | 6 Oct, 2014 | Catequesis Liturgia
El Rosario de la Virgen María, difundido gradualmente en el segundo Milenio bajo el soplo del Espíritu de Dios, es una oración apreciada por numerosos Santos y fomentada por el Magisterio. En su sencillez y profundidad, sigue siendo también en este tercer Milenio apenas iniciado una oración de gran significado, destinada a producir frutos de santidad. Se encuadra bien en el camino espiritual de un cristianismo que, después de dos mil años, no ha perdido nada de la novedad de los orígenes, y se siente empujado por el Espíritu de Dios a «remar mar adentro» (duc in altum!), para anunciar, más aún, ‘proclamar’ a Cristo al mundo como Señor y Salvador, «el Camino, la Verdad y la Vida» (Jn 14, 6), el «fin de la historia humana, el punto en el que convergen los deseos de la historia y de la civilización».
San Juan Pablo II, Rosarium Virginis Mariae, n. 1
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El don del Rosario
Agradecemos el don del Rosario
Porque es camino para conocer, amar e imitar la vida de Jesucristo: nos introduce en el recuerdo, meditación y contemplación de la infancia, vida pública, pasión, muerte y resurrección del Señor.
Porque es camino para actualizar la presencia de María. Ella es la Madre que nos ofrece el conocimiento y el amor del Hijo y, consecutivamente, la vida de la gracia. Ella es la Corredentora que vive ejemplarmente –Rosario viviente- los misterios de Cristo. Ella es la Medianera que sale al encuentro de nuestras necesidades y las presenta a su Hijo intercediendo por nosotros .
San Juan Pablo II decía a los jóvenes en su última venida a España: «Ciertamente, en el Rosario aprendemos de María a contemplar la belleza del rostro de Cristo y a experimentar la profundidad de su amor» (O.R.19. 03. 245, 2).
Agradecemos el Magisterio continuado de san Juan Pablo II
Especialmente la Carta Apostólica sobre el Rosario: «…no he dejado pasar ocasión de exhortar a rezar con frecuencia el Rosario. Esta oración ha tenido un puesto importante en mi vida espiritual desde mis años jóvenes… El Rosario es mi oración predilecta. ¡Plegaria maravillosa! Maravillosa en su sencillez y en su profundidad… Se puede decir que el Rosario es, en cierto modo, un comentario-oración sobre el capitulo final de la Constitución Lumen gentium del Vaticano II, capítulo que trata de la presencia admirable de la Madre de Dios en el misterio de Cristo y de la Iglesia… (n..2).
Agradecemos el Magisterio de Benedicto XVI
Nos dice el 16 de Octubre de 2005: «En realidad, el Rosario no se contrapone a la meditación de la Palabra de Dios y a la oración litúrgica; es más, constituye un complemento natural e ideal, en particular como preparación y como acción de gracias a la celebración eucarística. Contemplamos al Cristo encontrado en el Evangelio y en el Sacramento en los diferentes momentos de su vida gracias a los misterios gozosos, luminosos, dolorosos y gloriosos. En la escuela de la Madre, aprendemos así a conformarnos con su Hijo divino y a anunciarlo con nuestra misma vida. Si la Eucaristía es para el cristiano el centro de la jornada, el Rosario contribuye de manera privilegiada a dilatar la comunión con Cristo, y educa a vivir manteniendo fija en Él la mirada del corazón para irradiar sobre todos y sobre todo su amor misericordioso».
Qué es el Rosario
Es una forma de oración esencialmente cristológica a través de la Virgen María. Por lo tanto, tiene como contenido principal los misterios de la vida de Cristo: infancia, vida pública, pasión y muerte, y resurrección con la mirada y el corazón de la Virgen María.
El Rosario es fórmula completa de oración
El Rosario es oración vocal. Rezar «con consideración», esto es, recordando los misterios de la vida de Cristo con la mente y el corazón durante unos instantes.
El Rosario es oración mental. Esto es, reflexionar silenciosamente sobre cada misterio antes del rezo de cada misterio..
El Rosario es oración contemplativa: adorar a Cristo en cada misterio serenamente, sin prisas.
El Rosario actualiza la presencia de la Virgen María Madre, Medianera y Corredentora
María nos enseña a mirar el rostro de Cristo, a recordar, meditar y contemplar su vida de «amor hasta el extremo, a comprenderlo y acogerlo, a configurarnos con Él y a proclamarlo, dando testimonio en medio del mundo.
Entremos en la «Escuela de María» para aprender a vivir el Rosario. Ella es la Maestra eficaz que mejor conoce a Cristo y nos enseña con su vida cómo leer a Cristo en sus misterios y cómo imitar su vida. Por eso, rezamos las decenas de Ave María en forma de oración litánica y de súplica.
El Rosario es oración de súplica
En el Rosario presentamos a Dios las necesidades y aspiraciones propias, las del matrimonio y la familia, la paz del mundo, la conversión de los pecadores…
En el Rosario, pedimos las fuerzas que necesitamos para un compromiso evangélico más coherente y generoso.
El Rosario es ejercicio de virtudes
El Rosario es actualizar nuestra fe en Jesucristo y en sus misterios. Vigoriza nuestra esperanza que se apoya en la glorificación de Cristo y en la Asunción de María a los cielos… Fortalece nuestra caridad porque alienta nuestra entrega a Cristo y al prójimo por medio de María.
El Rosario marca el estilo de vida cristiano
El estilo de vida del cristiano es el estilo de Cristo. Recordar serena y repetitivamente los misterios gozosos, luminosos, dolorosos y glorioso de Cristo en el Rosario, nos ayuda a asimilar su estilo de vida y a imitarlo…
Vivamos con el Rosario
Vivamos con el Rosario en el corazón, grabando a fuego el recuerdo, meditación y contemplación de los misterios de la vida de Cristo, Hijo de María Virgen.
Vivamos con el Rosario en los labios, repitiendo serenamente las mejores oraciones que tenemos (Padre nuestro, Ave María y Gloria) con el fondo de la vida de Cristo.
Vivamos con el Rosario en las manos, como arma privilegiada para defender la pureza de corazón y de cuerpo. Que el Rosario, entre nuestras manos, sea mejor mortaja.
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por Fray Carlos Lledó López OP | cofradiarosario.net | 6 Oct, 2014 | Catequesis Liturgia
«La oración nos cambia el corazón. Nos hace comprender mejor cómo es nuestro Dios. Pero para esto es importante hablar con el Señor, no con palabras vacías. Jesús dice: ‘Como hacen los paganos. No, no: hablar con la realidad: ‘Pero, mira, Señor, que tengo este problema, en la familia, con mi hijo, con este, con el otro… ¿Qué se puede hacer? ¡Pero mira que tú no me puedes dejar así!’. ¡Ésta es la oración! ¿Pero tanto tiempo lleva esta oración? Sí, lleva tiempo […]
La Biblia dice que Moisés hablaba cara a cara con el Señor, como con un amigo. Así debe ser la oración: libre, insistente, con argumentaciones. Y también reprochando un poco al Señor: ‘Pero, tú me has prometido esto, y esto no lo has hecho…’, así, como se habla con un amigo. Abrir el corazón a esta oración. Moisés bajó del monte fortalecido: ‘He conocido más al Señor’, y con esa fuerza que le había dado la oración, retoma su trabajo de conducir al pueblo hacia la Tierra prometida. Porque la oración fortalece: fortalece. Que el Señor nos dé a todos nosotros la gracia, porque rezar es una gracia […]
En toda oración está el Espíritu Santo, no se puede rezar sin el Espíritu Santo. Es Él quien reza en nosotros, es Él quien nos cambia el corazón, es Él quien nos enseña a llamar a Dios ‘Padre’. Pidamos al Espíritu Santo que Él nos enseñe a rezar, sí, como ha rezado Moisés, a negociar con Dios, con libertad de espíritu, con coraje. Y que el Espíritu Santo, que siempre está presente en nuestra oración, nos conduzca por este camino […]
Santo Padre Francisco, Homilía del 3 de abril de 2014
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Con ocasión del mes del Santo Rosario, os ofrecemos esta catequesis sobre esta antiquísima devoción, que puede funcionar como guía didáctica apropiada para sacerdotes, religiosos, padres de famila y catequistas, escrita por Fray Carlos Lledó López OP.
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Catequesis-Guía didáctica sobre el Santo Rosario – Índice general
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por CeF | Varios en Internet | 6 Oct, 2014 | Primera comunión Taller de oración
Hemos rezado juntos el Santo Rosario; hemos recorrido algunos acontecimientos del camino de Jesús, de nuestra salvación y lo hemos hecho con aquella que es nuestra Madre, María. Aquella que con mano segura nos conduce a su Hijo Jesús.
Santo Padre Francisco,
Plaza de San Pedro, 31 de mayo de 2013
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El rezo del Santo Rosario es la devoción y práctica mariana de más extensión y universalidad en la Iglesia católica. Nos lleva a contemplar completos los misterios de la Vida de Jesús, pero siempre junto a Santa María, madre Suya y madre nuestra. Tradicionalmente ha unido a las familias en momentos de recogimiento inolvidables, que en muchos lugares se están perdiendo.
En esta dinámica os ofrecemos una serie de dibujos para leer y colorear, en la que los niños que preparan su primera comunión, incluso algo mayores, aprendan cómo se reza el Santo Rosario, cuáles son sus Misterios y puedan meditarlos.
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Cómo se reza el Santo Rosario

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Los Misterios del Santo Rosario


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Fuente de los dibujos aprendemosencatequesis.blogspot.com.es
Misterios Gozosos
Se rezan lunes y sábados
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1.º La Anunciación
«El ángel le dijo: No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios, vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. El será grande y será llamado Hijo del Altísimo (…). Dijo María: He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tú palabra» (Lucas 1, 30-32, 38).
2.º La Visitación de María a su prima Santa Isabel
«En aquellos días, se levanto María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena del Espíritu Santo; y exclamando con gran voz, dijo: bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre; y ¿de donde a mí que la madre de mi Señor venga a visitarme?» (Lucas 1, 39-43).
3.º El Nacimiento de Jesús
«Y sucedió que, mientras ellos estaban allí se cumplieron los días del alumbramiento, y dio a luz a su hijo primogénito, le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en el alojamiento. Había en la misma comarca algunos pastores (…) se les presentó el Ángel del Señor, (…)y les dijo: no temáis, pues os anuncio una gran alegría, (…) os ha nacido (…) un salvador» (Lucas 2, 6-11).
4.º La Presentación de Jesús en el Templo
«Llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarle al Señor, como está escrito en la Ley del Señor. (…) Y he aquí que había en Jerusalén un hombre llamado Simeón que esperaba la consolación de Israel; y estaba en él el Espíritu Santo. (…)Simeón les bendijo y dijo a María, su madre: Éste está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción- ¡y a ti misma una espada te traspasará el alma!- a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones» (Lc 2, 22-25, 34-35).
5.º El Niño perdido y hallado en el Templo
«Sus padres iban todos los años a Jerusalén a la fiesta de la Pascua. (…) Subieron ellos como de costumbre a la fiesta y, al volverse, pasados los días, el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin saberlo sus padres(…). Se volvieron a Jerusalén en su busca (…). Al cabo de tres días, le encontraron en el templo sentado en medio de los maestros, escuchándoles y preguntándoles; todos los que le oían, estaban estupefactos por su inteligencia y sus respuestas» (Lc 2, 41-47).
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Misterios Dolorosos
Se rezan martes y viernes
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1.º Oración de Jesús en el huerto
«Va Jesús con ellos a una propiedad llamada Getsemaní, y dice a los discípulos: Sientense aquí, mientras voy allá a orar. Y tomando consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a sentir tristeza y angustia. Y adelantándose un poco, cayó rostro en tierra, y dijo: «Padre si quieres aparta de mí esta copa, pero no se haga mi voluntad sino la tuya».Y sumido en agonía, insistía más en su oración. Su sudor se hizo como gotas espesas de sangre que caían en tierra» (Mt 26, 36-37; Lc 22, 41-44; Lc 22, 39-46).
2.º Jesús es flagelado
«Pilato volvió a salir donde los judíos y les dijo: «Yo no encuentro ningún delito en él (…). ¿Quieren, pues, que lo ponga en libertad al Rey de los judíos?» Ellos volvieron a gritar diciendo: «¡A ése, no; a Barrabás!» (…) Pilato entonces tomó a Jesús y mandó azotarle».(Jn 18, 33, 19;1)
3.º La coronación de espinas
«Los soldados trenzando una corona de espinas, se la pusieron sobre su cabeza, y en su mano derecha una caña; y doblando la rodilla delante de él, le hacían burla diciendo: «¡Salve, Rey de los judíos!»; y después de escupirle, cogieron la caña y le golpeaban en la cabeza» (Mt 27, 29-30).
4.º Jesus con la cruz a cuestas y camino al Calvario
«Cuando se hubieron burlado de él, le quitaron el manto, le pusieron sus ropas y le llevaron a crucificarle. Y él cargando con su cruz, salió hacia el lugar llamado Calvario. Y obligaron a uno que pasaba, a Simón de Cirene, (…) a que llevara su cruz» (Mt, 27, 31; Jn 19, 17; Mc 15, 21).
5.º Muerte de Jesús en la cruz
«Llegados al lugar llamado Calvario, le crucificaron. (…) Jesús decía: Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen (…). Era ya cerca de la hora sexta cuando, al eclipsarse el sol, hubo oscuridad sobre toda la tierra hasta la hora nona (…). Jesús, dando un fuerte grito, dijo: «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu» y, dicho esto, expiró. Como le vieron muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le traspasó el costado con una lanza y al instante salió sangre y agua» (Lc 23, 33-34, 44-46; Jn 19, 33-35).
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Misterios Luminosos
Se rezan el jueves
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1.º Bautismo en el Jordán
«Entonces aparece Jesús, que viene de Galilea al Jordán donde Juan, para ser bautizado por él. Salió luego del agua; y en esto se abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios que bajaba en forma de paloma y venía sobre él. Y una voz que salía de los cielos decía: Este es mi Hijo amado, en quien yo me complazco» (Mt 3, 13, 16-17).
2.º Milagro en las bodas del Caná
«Se celebraba una boda en Caná de Galilea y estaba allí la madre de Jesús. Fue invitado también a la boda Jesús con sus discípulos. Y, como faltaba vino, porque se había acabado el vino de la boda, le dice a Jesús su madre: No tienen vino. Jesús le responde: ¿Qué tengo yo contigo, mujer? Todavía no ha llegado mi hora. Dice su madre a los sirvientes: Haced lo que él os diga» (Jn 2,1-5).
3.º Anuncio del Reino de Dios, invitando a la conversión
«Marchó Jesús a Galilea; y proclamaba la Buena Nueva de Dios: El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva (…). Luego llegan a Cafarnaúm (…) y le vienen a traer a un paralítico. (…) Al no poder presentárselo a causa de la multitud, abrieron el techo (…) y a través de la abertura que hicieron, descolgaron la camilla donde yacía el paralítico. Viendo Jesús la fe de ellos, dice al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados (…), a ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa» (Mc 1, 15, 21; 2,3-11; Lc 7, 47-48).
«Por eso te digo que quedan perdonados sus muchos pecados, porque ha mostrado mucho amor. A quien poco se le perdona,poco amor muestra». Y le dijo a ella: «Tus pecados quedan perdonados»» (Lc 7, 47-48).
4.º La Transfiguración
«Seis días después, toma Jesús consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los lleva aparte, a un monte alto. Y se transfiguró delante de ellos: su rostro se puso brillante como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. En esto, se les aparecieron Moisés y Elías que conversaban con él. (…) Una nube luminosa los cubrió con su sombra y de la nube salía una voz que decía: Este es mi Hijo amado, en quien me complazco; escuchadle» (Mt 17, 1-3, 5).
5.º Institución de la Eucaristía
«Sabiendo Jesús, que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo». Y «mientras estaban comiendo, tomó Jesús pan y lo bendijo, lo partió y, dándoselo a sus discípulos, dijo: Tomad, comed, éste es mi cuerpo. Tomó luego una copa y, dadas las gracias, se la dio diciendo: bebed de ella todos, porque ésta es mi sangre de la Alianza que es derramada por muchos para perdón de los pecados» (Jn, 13, 1; Mt 26, 26-29).
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Misterios Gloriosos
Se rezan miércoles y domingo
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1.º La Resurrección del Señor
«El Ángel se dirigió a las mujeres y les dijo: No teman, pues sé que buscan a Jesús, el Crucificado; no está aquí, ha resucitado, como lo había dicho. Vengan, miren el lugar donde estaba. Y ahora vayan en seguida a decir a sus discípulos: Ha resucitado de entre los muertos» (Mt 28, 5-6).
2.º La Ascensión de Jesús a los cielos
Jesús los sacó hasta cerca de Betania y, alzando sus manos, los bendijo. Y sucedió que, mientras los bendecía se separó de ellos y fue llevado al cielo. Después salieron a predicar por todas partes, colaborando el Señor con ellos y confirmando la Palabra con las señales que la acompañaban» (Lc 24, 50-51; Mc 16, 20).
3.º La Venida del Espíritu Santo
«Todos ellos perseveraban en la oración, con un mismo espíritu en compañía de algunas mujeres, de María, la madre de Jesús, y de sus hermanos. Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en un mismo lugar. De repente vino del cielo un ruido que llenó toda la casa en la que se encontraban. Se les aparecieron unas lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos; quedaron todos llenos del Espíritu Santo y se pusieron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse» (Hc 1, 14; 2, 1-4).
4.º La Asunción de María a los cielos
«¡Levántate, amada mía, hermosa mía, y vente! Porque, mira, ha pasado ya el invierno, han cesado las lluvias y se han ido. Muéstrame tu semblante, déjame oír tu voz; porque tu voz es dulce, y bello tu semblante» (Can 2, 10-11, 14).
5.º La Coronación de María como Reina de todo lo creado
«Toda espléndida, la hija del rey, va adentro, con vestidos en oro recamados; con sus brocados es llevada ante el rey.» Y «una gran señal apareció en el cielo; una mujer, vestida del sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza» (Sal 45, 14-15; Ap 11, 19; 12, 1).
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Fuente de dibujos y meditaciones de los misterios en dibujosparacatequesis.blogospot.com.es
por Varios en Internet | 5 Oct, 2014 | Confirmación Vida de los Santos
Fugitiva relinquere et aeterna captare: abandonar las realidades fugaces e intentar aferrar lo eterno. En esta expresión de la carta que vuestro fundador dirigió al preboste de Reims, Rodolfo, se encierra el núcleo de vuestra espiritualidad (cf. Carta a Rodolfo,13): el fuerte deseo de entrar en unión de vida con Dios, abandonando todo lo demás, todo aquello que impide esta comunión, y dejándose aferrar por el inmenso amor de Dios para vivir sólo de este amor. Queridos hermanos, vosotros habéis encontrado el tesoro escondido, la perla de gran valor (cf. Mt 13, 44-46); habéis respondido con radicalidad a la invitación de Jesús: «Si quieres ser perfecto, anda, vende tus bienes, da el dinero a los pobres —así tendrás un tesoro en el cielo— y luego ven y sígueme» (Mt 19, 21). Todo monasterio —masculino o femenino— es un oasis en el que, con la oración y la meditación, se excava incesantemente el pozo profundo del que podemos tomar el «agua viva» para nuestra sed más profunda. Pero la cartuja es un oasis singular, donde el silencio y la soledad son custodiados de modo muy especial, según la forma de vida iniciada por san Bruno y que ha permanecido sin cambios en el curso de los siglos. «Habito en el desierto con los hermanos», es la frase sintética que escribía vuestro fundador (Carta a Rodolfo,4).
Santo Padre emérito Benedicto XVI
Cartuja de Serra san Bruno
Homilía del domingo, 9 de octubre de 2011
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El gran silencio muestra por primera vez el día a día dentro del «Grande Chartreuse» el monasterio Cartujo en los Alpes franceses de la legendaria orden de los cartujos, una de las hermandades más estrictas de la iglesia católica.
Una película austera, cercana a la meditación, al silencio, a la vida en estado puro. Sin música, excepto los cantos de los monjes, sin entrevistas, sin comentarios… una película sobre unos hombres que entregaron su vida a Dios en su forma más pura: la contemplación.
Dieciséis años después de su primer encuentro con el padre prior de la orden, el director Phillip Groening obtuvo permiso para rodar dentro del monasterio sobre la vida de los monjes. Phillip vivió en el monasterio y siguió a los monjes con su cámara. Se convirtió en parte del ritual, en parte de su vida cotidiana, como un monje más a caballo entre los antiguos ritos que los cartujos practican y la vida moderna que él conoce.
Premio al mejor documental 2006 de la academia europea de cine.
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El Gran Silencio, ficha en IMDb
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El Gran Silencio – Ficha del documental
Título original: Die Große Stille
Año: 2006
Duración: 164 min
Género: Documental
Director: Philip Gröning
Guión: Philip Gröning
Música: Michael Busch, Philip Gröning
Fotografía/Montaje: Philip Gröning
País: Alemania (coproducción franco-germano-suiza)
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por CeF | Varios en Internet | 4 Oct, 2014 | Postcomunión Vida de los Santos
La misericordia divina llega a los hombres a través del corazón de Cristo crucificado: «Hija mía, di que soy el Amor y la Misericordia en persona», pedirá Jesús a sor Faustina (Diario, p. 374). Cristo derrama esta misericordia sobre la humanidad mediante el envío del Espíritu que, en la Trinidad, es la Persona-Amor. Y ¿acaso no es la misericordia un «segundo nombre» del amor (cf. Dives in misericordia, 7), entendido en su aspecto más profundo y tierno, en su actitud de aliviar cualquier necesidad, sobre todo en su inmensa capacidad de perdón? .
San Juan Pablo II
Homilía en la canonización de la Santa,
Domingo, 30 de abril de 2000
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Con motivo de la memoria de santa María Faustina Kowalska, el 5 de octubre, os proponemos para esta semana el visionado de dos obras documentales acerca de la Santa y del mensaje de la Divina Misericordia.
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La Divina Misericordia – Documental sobre los mensajes de Jesús a santa Faustina Kowalska
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Sor Faustina y la Divina Misericordia – Documental
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