Dos filmes sobre las apariciones de la Virgen en Lourdes

Dos filmes sobre las apariciones de la Virgen en Lourdes

En 1858 Lourdes era un pueblecito desconocido, de unas cuatro mil almas. Simple capital de partido judicial, tenía su juzgado de paz, su tribunal correccional y hasta un pequeño destacamento de gendarmería. Esto y un mercado bastante concurrido era lo único que le daba un poco de superioridad sobre los demás pueblecillos de los alrededores, perdidos, como él, en las estribaciones de los Pirineos.

Poco tiempo antes, un célebre escritor, Taine, garabateó en su cuaderno de viaje esta apresurada nota: «Cerca de Lourdes, las colinas se vuelven rasas y el paisaje se entristece. Lourdes no es más que un amasijo de tejados sucios, de una melancolía plúmbea, amontonados junto al camino». Fue injusto. Hoy admiramos en Lourdes algo que no ha podido cambiar desde entonces; la belleza de su paisaje. El jugoso verde de las orillas del Gave, las perspectivas maravillosas de los Pirineos nevados, la airosa construcción del castillo dominando toda la villa… y hasta las callejuelas, empinadas algunas de ellas, no exentas de una cierta gracia pirenáica.

Si el paisaje no ha cambiado, la población en cambio se ha transformado por completo. El pueblecillo, entonces ignorado, es hoy conocido en todo el mundo. Sin sombra de duda se puede asegurar que Lourdes es, de toda Europa, el punto por el que pasan un mayor número de personas. Es cierto que otros le superan en cuanto al arte de retenerlas mucho tiempo. El flujo y reflujo de Lourdes durante la época de las peregrinaciones no conoce descanso y es algo único e impresionante. De aquí el nacimiento de una nueva ciudad, la de los hoteles y las tiendas de recuerdos, que han venido a erigirse y casi a eclipsar a la antigua.

¿Qué ha ocurrido?

Algo increíble. Y, sobre todo, inesperado. Podemos conocerlo hasta en sus más insignificantes detalles. Una literatura inmensa, una legión de investigadores, una serie de procesos cuidadosamente elaborados, nos permiten hoy saber cómo era el Lourdes de 1858, cuántos habitantes tenía, en qué se ocupaban, qué actitud tomaron ante los acontecimientos, qué periódicos se leían, qué cartas escribieron. Recientes están los descubrimientos de documentación que han acabado de arrojar completa luz sobre todo lo relacionado con las apariciones. No creemos que haya habido acontecimiento histórico sobre el que se conserve una documentación contemporánea tan abundante y tan exhaustiva.

La historia la conoce todo el mundo. Había en Lourdes una pobre niña, analfabeta, que por su rudeza no había podido aprender el catecismo ni estaba aún en condiciones de hacer su primera comunión. Ni siquiera sabia hablar francés, y tenía que expresarse en el dialecto de la región. Era hija de padres pobrísimos, que atravesaban por aquellos días una situación de auténtica miseria. Pero, aunque pobre en las cosas materiales, era riquísima en las del espíritu, buena, humilde, caritativa, pura y, sobre todo, sincera. El testimonio de cuantos convivieron con ella a lo largo de su existencia es terminante sobre este punto: antes y después de las apariciones María Bernarda Soubirous, que así se llamaba la niña, había dicho siempre la verdad con la sinceridad más plena.

Un 11 de febrero, cuando ella llevaba escasamente quince días en Lourdes, a su regreso de Bartres, donde había estado haciendo de pastorcita, salió en busca de leña y de huesos, en compañía de una hermana suya y de una amiguita. Estaba en una pequeña isla, formada Por el Gave y el canal que en él desembocaba. Sus compañeras la habían dejado sola. Era el mediodía. Oyó un fragor como de tempestad, dirigió su vista hacia una concavidad que había en la roca por encima de ella, y la encontró ocupada por una jovencita de su misma estatura, de rostro angelical, vestida de blanco, ceñida por una banda azul, cubierta con un velo, que tenia un hermoso rosario entre las manos.

Había comenzado una serie de dieciocho apariciones que se sucederían durante los días siguientes, con algunos intervalos, hasta terminar el 16 de julio. Durante esa temporada, las autoridades estarían alerta, el pueblo dividido, el clero en un silencio total y más bien reticente. Sospechas, que humanamente podían considerarse fundadas, habrían de envolver a la niña. Era mucha la miseria que había en casa de los Soubirous para que se pudiera excluir la hipótesis de que acaso se estuviese buscando una solución a tan trágica coyuntura económica.

María Bernarda sufrió con paz celestial y sin inmutarse toda clase de pruebas. Ya sea el procurador imperial, ya el comisario de policía, ya el párroco, ya los visitantes…, a todos contestará con absoluta serenidad y paz, repitiendo exactamente las mismas expresiones. En vano los visitantes buscarán con habilidad la manera de sorprender su buena fe. Ella se mantendrá firme, dando testimonio de la verdad de lo que ha visto. Cuando los alrededores de la gruta estén rebosantes de público y la aparición no se produzca, ella dirá con toda sinceridad que nada ha visto. Cuando le amenacen para que calle, ella continuará diciendo siempre que ha sido verdad la aparición. Será testigo de la verdad, sin conocer un instante de vacilación, ni un desfallecimiento.

El párroco ha pedido una señal del cielo: quisiera que floreciese el rosal que está junto a la gruta. La aparición no ha querido que fuese así. Pero se va a producir un acontecimiento con el que nadie contaba. A lo largo de una aparición extraña, que decepciona al público, mientras Bernardita prueba unas hierbas no comestibles y araña la tierra, ésta se abre bajo sus dedos y brota una fuente. El público se marcha decepcionado. Hay críticas. Más de uno siente vacilar sus anteriores convicciones, favorables a la aparición. Y, sin embargo, aquel jueves, 25 de febrero, será decisivo en la historia de Lourdes. La fuente continuará brotando, para no secarse ya jamás. Muy pronto ese agua comienza a ser instrumento de maravillosas curaciones. Y el rumor de esas curaciones empezará a atraer las muchedumbres a Lourdes, que tampoco faltarán ya jamás.

La aparición ha dado a la niña un encargo concreto: decir al clero que han de edificar una capilla, y que se ha de ir allí en procesión. El cura de Lourdes se ha mostrado severo. No puede creer en semejante encargo, sin más ni más. Por otra parte, la aparición no ha dicho todavía su nombre. Es lo menos que puede exigírsele.

Y un día, el de la Anunciación, lo dice: «Yo soy la Inmaculada Concepción». La niña no sabe lo que significa aquello. Es más, las primeras veces que cuenta lo que ha ocurrido, pronuncia mal la palabra «Concepción», hasta que las hermanas del hospicio de Lourdes la corrigen y la enseñan a decirlo bien. No importa. Esta misma ignorancia suya será una de las pruebas de que no se trata de nada que haya sido fingido. Ahora ya se sabe quién se aparece: la Santísima Virgen, a quien poco tiempo antes el Papa ha declarado solemnemente libre del pecado original desde el mismo instante de su concepción.

La serie de apariciones se va a cerrar rápidamente. El 7 de abril, doce días después de la Anunciación, tiene lugar la decimoséptima aparición, y el 16 de julio, fiesta de la Virgen del Carmen, la decimoctava. Bernardita no volverá a ver a la Santísima Virgen mientras esté en la tierra.

El demonio no podía contemplar lo que estaba sucediendo sin intentar algo por desacreditarlo. Ya en una de las primeras apariciones, exactamente en la cuarta, unos diabólicos aullidos fueron apagados instantáneamente por una mirada severa de la Santísima Virgen. Era sólo el comienzo. Poco tiempo después, una epidemia de visionarios se produce en la pequeña ciudad pirenáica. Ahora son unas mujeres que dicen haber visto extrañas apariciones; luego unos niños momentáneamente delirantes y posesos; más tarde extravagantes hombres, que aparecen como portadores de extraños mensajes, y tienen que ser retirados por alucinados. Es cierto que nunca tan sacrílegas mascaradas llegan a poder utilizar la misma gruta. Pero sus alrededores son manchados con esta clase de manifestaciones. Es notable: el contraste con la serena majestad, con la humildad y dulzura de Bernardita es tal, que puede decirse que esta clase de manifestaciones, lejos de servir para oscurecer su gloria, sirvió, por contraste, para enaltecerla más y más. La diferencia entre la única vidente verdadera y las burdas falsificaciones diabólicas, apareció siempre manifiesta y clara.

Con todo, no iba a ser fácil la realización de lo que la Virgen había pedido. Durante no poco tiempo la gruta misma iba a estar cerrada, y el acceso a la misma prohibido. Se conserva todavía el cuaderno en el que el guarda jurado fue apuntando, con pintoresca ortografía, los nombres de los contraventores. Un día fue la señora del almirante Bruat, aya de los hijos del emperador. El mismo día, Luis Veuillot, el temible polemista. Estas visitas producen una cierta emoción en la ciudad. Hasta que, por orden del emperador Napoleón III, desaparecen las barreras y se decreta de nuevo que el acceso a la gruta es enteramente libre. Fue un día de inmensa alegría en Lourdes.

Pero ¿hasta qué punto se podía hablar de apariciones verdaderas? El obispo de Tarbes había mantenido hasta entonces una actitud sumamente prudente. Casi al mismo tiempo que se decretaba la libertad para ir a la gruta, monseñor Laurence daba, por su parte, otro decreto constituyendo una comisión de información sobre los hechos ocurridos en Massabielle. Y la comisión comenzaba inmediatamente, de manera concienzuda, sus informaciones. Estas habrían de tardar más de dos años. Por fin, entregaba sus conclusiones al señor obispo. Este quiso presidir personalmente la sesión final, que tuvo lugar en la sacristía de Lourdes.

La asamblea era impresionante. En torno al señor obispo, todas las personalidades que formaban parte de la comisión. En medio, Bernardita, tocada con su capuchón, calzada con zuecos, hablaba con absoluta sencillez, pero con una autoridad sorprendente. Sobre todo, como siempre solía ocurrir, cuando llegó el momento en que reprodujo el gesto de la Virgen, juntó sus manos, alzó su mirada y dijo: «Yo soy la Inmaculada Concepción», y pareció envuelta de una gracia tan celestial, que un escalofrío circuló por toda la reunión. El anciano obispo sintió cómo se le humedecían las mejillas, y dos gruesas lágrimas resbalaron por su rostro. Apenas salió la niña, exclamó movido por la emoción: «¿Han visto ustedes esta niña?»

Sólo faltaba proclamar la verdad. El sábado 18 de enero de 1862 el obispo firmaba la «Carta pastoral con el juicio sobre la aparición que tuvo lugar en la gruta de Lourdes». Después de haber expuesto los antecedentes, declaraba con toda solemnidad: ‘Juzgamos que la Inmaculada Virgen María, Madre de Dios, se apareció realmente a Bernardetta Soubirous el 11 de febrero de 1858 y días siguientes, en número de dieciocho veces, en la gruta de Massabielle, cerca de la ciudad de Lourdes; que tal aparición contiene todas las características de la verdad y que los fieles pueden creerla por cierto… Para conformarnos con la voluntad de la Santísima Virgen, repetidas veces manifestada en su aparición, nos proponemos levantar un santuario en los terrenos de la gruta».

Las dificultades no iban a ser, sin embargo, pequeñas. Unas veces nacerían del criterio restrictivo del ministerio de cultos, que había de dar su autorización para el nuevo santuario. Otras serían minúsculas cuestiones locales, como un pleito que hoy se nos antoja ridículo, entre el cabildo de Tarbes y la prefectura a propósito de la construcción de unos almacenes y unas cuadras en terreno de ésta, otras veces se mezclarían miras puramente humanas en lo que debiera ser única y exclusivamente sobrenatural. No importa: pese a tantas dificultades, el santuario de Lourdes habría de ser un hecho, y rápidamente, Massabielle cambiaría de fisonomía: ya el 22 de enero de 1862 escribía el párroco al señor obispo que Ia nivelación del terreno le da un aspecto grandioso». El arquitecto diocesano concibió un proyecto atrevido, que en un principio se creyó irrealizable: dar por corona gigantesca a la roca de la aparición un edificio que armonizase con el círculo de las graciosas colinas y cuya flecha ostentaría la cruz a una altura de cien metros sobre el nivel del Gave. De esta forma la gruta continuaría de la misma manera que cuando la consagraron las visiones de Bernardetta, abierta siempre sobre el río y su murmullo, bajo el cielo azul y las estrellas. No a todos gustó este proyecto, y se conserva la airada carta de un cura español al obispo de Tarbes, amenazándole con toda suerte de castigos del cielo si se llegaba a realizar. Pero a pesar de todo fue el que se llevó a cabo, y hoy los peregrinos agradecen tan feliz idea.

la_cancion_de_bernadette-553621368-largeEl 14 de octubre de 1862 se dio el primer golpe de pico para poner los cimientos de la futura capilla. Entre los sesenta obreros que trabajaban, se contaba Francisco Soubirous, padre de Bernardita, orgulloso de cooperar, desde puesto tan humilde, a tan grandiosa obra. El 4 de abril de 1864 se colocaba la estatua que todos los peregrinos conocen, en la gruta. Rápidamente Lourdes fue tomando el aspecto que hoy presenta. El 19 de mayo de 1866, vigilia de Pentecostés, quedaba consagrada la cripta, que había de ser el cimiento de la futura capilla. Su inauguración quedó señalada para dos días después, lunes de Pentecostés, en presencia de una inmensa multitud. Todavía pudo asistir a ella Bernardita. Pero le costaba reconocer el terreno. Estaba todo muy cambiado.

En 1873 se inician las grandes peregrinaciones francesas. En 1876 es solemnemente consagrada la basílica y coronada la estatua de la Virgen. Los veinticinco años de las apariciones se celebran con afluencia de una inmensa multitud, y colocando la primera piedra de la iglesia del Rosario, para suplir la insuficiencia, de la primitiva basílica. Seis años más tarde era inaugurada esta iglesia, que fue solemnemente consagrada en 1901. Todavía con la marcha del tiempo habría de resultar insuficiente, y el 25 de marzo de 1958, el cardenal Roncalli, futuro papa Juan XXIII, consagraba una nueva y más inmensa basílica subterránea, dedicada a San Pío X.

No todas estas construcciones llenan por completo las exigencias del buen gusto. Lourdes es, en su aspecto artístico, fruto de una época de indecisión estilística. Aún sin admitir la tesis extrema de Huysmans, que sostiene que el mal gusto es la venganza que el demonio se ha tomado por el triunfo de la Santísima Virgen, sí que hay que reconocer que tiene una parte de razón. Pero no importa mucho. Es más, creo que todos los peregrinos protestarían si la fisonomía de Lourdes se alterara. Hay un algo maravilloso que flota en el ambiente, que penetra hasta lo más profundo del alma y que hace que Lourdes sea un sitio único para saciar la devoción cristiana.

Y en primer lugar, como lugar de oración. La ciudad, con sus tiendas de recuerdos, sus hoteles y fondas, suele causar una impresión desagradable al peregrino. Una multitud tan inmensa exige todo eso. Pero desilusiona un poco ese contraste entre la finalidad espiritual del viaje y estas exigencias de la naturaleza humana. Todo cesa, sin embargo, desde el momento en que se entra en el dominio de la gruta. Hay un ambiente sobrenatural de oración, de silencio, de recogimiento. Los hombres descubiertos, las mujeres como en la iglesia, y dominando todo el rumor de los cánticos que brotan de las iglesias o de la gruta.

Al llegar a ésta, se olvida todo. No cabe más que dejarse envolver por el silencio, apenas turbado por el rumor del río y el paso de los trenes que ponen como una nota lejana de recuerdo, de que todavía existe un mundo que se afana y corre. Allí todo es calma. La muchedumbre, de rodillas, en silencio, ora sin cansarse.

Sin embargo, no todo es paz y calma. Las peregrinaciones se suceden, ateniéndose todas a un mismo reglamento. Entran en la ciudad, se dirigen a la gruta, se lee allí la sencilla narración de las apariciones. Se realizan una serie de actos piadosos, misas cantadas, de comunión, vía crucis, etcétera, para partir después y dejar su sitio a otras que le seguirán. Todo en medio de un orden admirable.

Hay, sin embargo, todos los días dos actos cumbres, a los que concurren todas las peregrinaciones presentes en la ciudad: la procesión con el Santísimo y la de las antorchas.

Exactamente a las cuatro de la tarde se pone en marcha la procesión con el Santísimo. Avanza triunfal la Custodia, entre las filas de los peregrinos. Llega a la explanada y allí es esperada por la multitud de los enfermos. Es necesario haber contemplado aquel espectáculo para captar toda su significación.

El Señor ha entrado en la plaza y, oculto bajo las especies eucarísticas, comienza a recorrer las filas de camillas y carritos en que se encuentran los enfermos. Y una voz se alza penetrante, llena de vibración y energía: «¡Señor, creemos en ti!» La muchedumbre contesta al unísono: «¡Señor, creemos en ti!»

Son miles y miles de gargantas, Toda una generación trabajada por la escuela laica, acosada por unas costumbres corruptoras, influenciada por un ambiente de escepticismo… hace el acto de fe más emocionante, más lleno de sentido que puede imaginarse. Las lágrimas pugnan por salir, mientras las invocaciones, de evangélicas resonancias, se van sucediendo. Hace más de mil novecientos años que salieron de otros labios. Ahora, el mismo Señor, oculto bajo las especies eucarísticas, vuelve a escucharlas: «¡Señor, si quieres, puedes curarme!» «¡Señor, que vea «¡Señor, aquel que Tú amas, está enfermo!»

Por la noche, en cambio, el espectáculo es diferente. Los treinta, cuarenta o cincuenta mil peregrinos presentes en la ciudad, cantan acompasadamente la melodía sencilla, monótona, sin especial valor, pero devotísima del Ave, recorriendo un largo trayecto por todo el dominio de la gruta. Al final van agrupándose, ordenadamente, en la gran plaza, que se transforma en ascua de oro y de fuego, ante la confluencia de tantos miles de antorchas. Y entonces surge potente, arrollador, el canto del Credo. Venidos de los puntos más diversos del orbe, cantan, sin embargo, al unísono todos los peregrinos, proclamando a una voz su única fe. Espectáculo maravilloso y conmovedor.

Hay que decir algo, sin embargo; otro espectáculo, también consustancial con Lourdes: el de los enfermos. Sacudidos por un viaje interminable, heridos de muerte por sus enfermedades, incómodamente instalados en sus carritos…, son ellos los sembradores de una suavísima sensación de paz y consuelo. La tienen ellos, y la van derramando por doquier a su paso. Cada uno de ellos, cada mirada enfebrecida, cada llaga purulenta, cada mano retorcida, inflamada y monstruosa, va dejando en el alma del peregrino una gota de la más sobrehumana y deleitosa paz. Es ésta una de las grandes paradojas de Lourdes. Uno de sus milagros permanentes.

De vez en cuando, sin someterse a ley alguna, se produce el milagro. Unas veces ante la gruta, otras durante la procesión del Santísimo, otras en el viaje de vuelta. No hay ley alguna, lo repetimos. En medio de la multitud o lejos de ella, en Lourdes, o a muchos kilómetros de allí, la Santísima Virgen viene operando maravillas a centenares, a millares. Algunas de ellas llegan a comprobarse científicamente, con un rigor que no deja nada que desear. Otras, no. El alivio que ha recibido el enfermo, o su curación, no podrán comprobarse, porque no había lesión orgánica, o por falta de datos previos, pero eso no importará nada: quien recibió el beneficio disfrutará de él. De vez en cuando, en una prosa helada, que en su misma frialdad es el mejor argumento de la veracidad del hecho, Le Journal de la Grotte dará la noticia de que en esta o aquella diócesis se ha reconocido canónicamente la realidad de un milagro. Pero el más colosal milagro es el que todos los días se realiza en Lourdes: el de que una inmensa multitud de enfermos que ha peregrinado allí pidiendo su salud, se retire consolada, alegre, con dulce resignación. Y el de que la multitud que le rodea, en contacto permanente con el dolor, viendo con sus propios ojos aquel espectáculo de sufrimiento que presentan los enfermos, no haga de Lourdes una ciudad triste, sino todo lo contrario. Todos los peregrinos os dirán que Lourdes es una ciudad en la que ellos han pasado días de paz, de bienestar, de profunda e íntima alegría.

No ha faltado el sello oficial de la Iglesia. En 1869, Pío IX, por un breve de 4 de septiembre, proclamaba la luminosa evidencia de los hechos. León XIII autorizó un oficio especial y una misa en memoria de la aparición, que San Pío X, su sucesor, extendió por decreto de 13 de noviembre de 1907 a la Iglesia universal. Todos los Romanos Pontífices han rivalizado en dar muestras de benevolencia a este santuario mariano, Es digna de destacarse la preciosa encíclica Le pélerinage, de Pío XII, con motivo del grandioso centenario de las apariciones. Con tales testimonios de la Iglesia, el fiel cristiano puede invocar con seguridad a la Virgen de Lourdes y descansar tranquilo en su maternal regazo. Ella visitó la tierra y se digno alegrarla con su presencia. La Iglesia de una parte, y los continuos milagros de otra, nos lo aseguran así.

Lamberto de Echevarría en mercaba.org

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Películas sobre Santa Bernadette y las apariciones de la Virgen en Lourdes

Lourdes, un milagro en la Tierra

 

Ficha de la película

Titulo Original: Lourdes

Duración: 180 min

Producción: RAI

Año de producción: 2001

Pais: Francia, Italia, Luxemburgo

Dirección: Lodovico Gasparini

Guión:  Alessandra Caneva, Mario Falcone, Alessandro Jacchia

Música: Carlo Siliotto

Fotografía: Fabio Zamarion

Reparto: Angèle Osinsky, Florence Darel, Roger Souza, Sydne Rome, Helmut Griem, Andréa Ferréol

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La canción de BernadettE

Ficha de la película

Titulo Original: The song of Bernadette

Duración: 156 min

Producción: 20th Century Fox

Año de producción: 1943

Pais: Estados Unidos

Dirección: Henry King

Guión:  George Seaton sobre la novela homónima de Franz Werfel

Música: Alfred Newman

Fotografía: Arthur Miller

Reparto: Jennifer Jones, William Eythe, Charles Bickford, Vincent Price, Gladys Cooper, Anne Revere, Lee J. Cobb, Linda Darnell, Patricia Morison, Roman Bohnen

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Evangelio del día: las Bienaventuranzas son el «carnet de identidad» del cristiano

Evangelio del día: las Bienaventuranzas son el «carnet de identidad» del cristiano

Mateo 5, 1-12. Cuarto Domingo del Tiempo Ordinario. Las bienaventuranzas son «el carné de identidad del cristiano». 

Al ver a la multitud, Jesús subió a la montaña, se sentó, y sus discípulos se acercaron a él. Entonces tomó la palabra y comenzó a enseñarles, diciendo: «Felices los que tienen alma de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos. Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia. Felices los afligidos, porque serán consolados. Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. Felices los misericordiosos, porque obtendrán misericordia. Felices los que tienen el corazón puro, porque verán a Dios. Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios. Felices los que son perseguidos por practicar la justicia, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos. Felices ustedes, cuando sean insultados y perseguidos, y cuando se los calumnie en toda forma a causa de mí. Alégrense y regocíjense entonces, porque ustedes tendrán una gran recompensa en el cielo; de la misma manera persiguieron a los profetas que los precedieron».

Sagrada Escritura en el portal web de la Santa Sede

Lecturas

Primera lectura: Libro de Sofonías, Sof 2, 3; 3, 12-13

Salmo: Sal 146(145), 7-10

Segunda lectura: Primera Carta de san Pablo a los Corintios, 1 Cor 1, 26-31

Oración introductoria

Señor, gracias por indicarme tan claramente el camino para poder alcanzar la dicha, la alegría que me hará saltar de contento por toda la eternidad. Guía mi oración para que este día esté orientando hacia mi meta final.

Petición

Dios mío, que las bienaventuranzas sean mi criterio de vida, mi forma de pensar y de comportarme.

Meditación del Santo Padre Francisco

Las bienaventuranzas son «el carné de identidad del cristiano». Por ello el Papa Francisco —en la homilía de la misa que celebró el [día de hoy]— invitó a retomar esas páginas del Evangelio y releerlas más veces, para poder vivir hasta el final un «programa de santidad» que va «contracorriente» respecto a la mentalidad del mundo.

El Pontífice se refirió punto por punto al pasaje evangélico de Mateo (5, 1-12) propuesto por la liturgia. Y volvió a proponer las bienaventuranzas insertándolas en el contexto de nuestra vida diaria. Jesús, explicó, habla «con toda sencillez» y hace como «una paráfrasis, una glosa de los dos grandes mandamientos: amar al Señor y amar al prójimo». Así, «si alguno de nosotros plantea la pregunta: «¿Cómo se hace para llegar a ser un buen cristiano?»», la respuesta es sencilla: es necesario hacer lo que dice Jesús en el sermón de las bienaventuranzas.

Un sermón, reconoció el Papa, «muy a contracorriente» respecto a lo «que es costumbre, a lo que se hace en el mundo». La cuestión es que el Señor «sabe dónde está el pecado, dónde está la gracia, y Él conoce bien los caminos que te llevan a la gracia». He aquí, entonces, el sentido de sus palabras «bienaventurados los pobres en el espíritu»: o sea «pobreza contra riqueza».

«El rico —explicó el obispo de Roma— normalmente se siente seguro con sus riquezas. Jesús mismo nos lo dijo en la parábola del granero», al hablar de ese hombre seguro que, como necio, no piensa que podría morir ese mismo día.

«Las riquezas —añadió— no te aseguran nada. Es más: cuando el corazón se siente rico, está tan satisfecho de sí mismo, que no tiene espacio para la Palabra de Dios». Es por ello que Jesús dice: «Bienaventurados los pobres en el espíritu, que tienen el corazón pobre para que pueda entrar el Señor». Y también: «Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados».

Al contrario, hizo notar el Pontífice, «el mundo nos dice: la alegría, la felicidad, la diversión, esto es lo hermoso de la vida». E «ignora, mira hacia otra parte, cuando hay problemas de enfermedad, de dolor en la familia». En efecto, «el mundo no quiere llorar: prefiere ignorar las situaciones dolorosas, cubrirlas». En cambio «sólo la persona que ve las cosas como son, y llora en su corazón, es feliz y será consolada»: con el consuelo de Jesús y no con el del mundo.

«Bienaventurados los mansos», continuó el Pontífice, es una expresión fuerte, sobre todo «en este mundo que desde el inicio es un mundo de guerras; un mundo donde se riñe por doquier, donde por todos lados hay odio». Sin embargo «Jesús dice: nada de guerras, nada de odio. Paz, mansedumbre». Alguien podría objetar: «Si yo soy tan manso en la vida, pensarán que soy un necio». Tal vez es así, afirmó el Papa, sin embargo dejemos incluso que los demás «piensen esto: pero tú sé manso, porque con esta mansedumbre tendrás como herencia la tierra».

«Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia» es otra gran afirmación de Jesús dirigida a quienes «luchan por la justicia, para que haya justicia en el mundo». La realidad nos muestra, destacó el obispo de Roma, cuán fácil es «entrar en las pandillas de la corrupción», formar parte de «esa política cotidiana del «do ut des»» donde «todo es negocio». Y, añadió, «cuánta gente sufre por estas injusticias». Precisamente ante esto «Jesús dice: son bienaventurados los que luchan contra estas injusticias». Así, aclaró el Papa, «vemos precisamente que es una doctrina a contracorriente» respecto a «lo que el mundo nos dice».

Y más: «bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia». Se trata, explicó, de «los que perdonan, comprenden los errores de los demás». Jesús «no dice: bienaventurados los que planean venganza», o que dicen «ojo por ojo, diente por diente», sino que llama bienaventurados a «aquellos que perdonan, a los misericordiosos». Y siempre es necesario pensar, recordó, que «todos nosotros somos un ejército de perdonados. Todos nosotros hemos sido perdonados. Y por esto es bienaventurado quien va por esta senda del perdón».

«Bienaventurados los limpios de corazón», es una frase de Jesús que se refiere a quienes «tienen un corazón sencillo, puro, sin suciedad: un corazón que sabe amar con esa pureza tan hermosa». Luego, «bienaventurados los que trabajan por la paz» hace referencia a las numerosas situaciones de guerra que se repiten. Para nosotros, reconoció el Papa, «es muy común ser agentes de guerras o al menos agentes de malentendidos». Sucede «cuando escucho algo de alguien y voy a otro y se los digo; e incluso hago una segunda versión un poco más amplia y la difundo». En definitiva, es «el mundo de las habladurías», hecho por «gente que critica, que no construye la paz», que es enemiga de la paz y no es ciertamente bienaventurada.

Por último, proclamando «bienaventurados a los perseguidos por causa de la justicia», Jesús recuerda «cuánta gente es perseguida» y «ha sido perseguida sencillamente por haber luchado por la justicia».

Así, puntualizó el Pontífice, «es el programa de vida que nos propone Jesús». Un programa «muy sencillo pero muy difícil» al mismo tiempo. «Y si nosotros quisiéramos algo más —afirmó— Jesús nos da también otras indicaciones», en especial «ese protocolo sobre el cual seremos juzgados que se encuentra en el capítulo 25 del Evangelio de Mateo: «Tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber… estuve enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme»».

He aquí el camino, explicó, para «vivir la vida cristiana al nivel de santidad». Por lo demás, añadió, «los santos no hicieron otra cosa más que» vivir las bienaventuranzas y ese «protocolo del juicio final». Son «pocas palabras, palabras sencillas, pero prácticas para todos, porque el cristianismo es una religión práctica: es para practicarla, para realizarla, no sólo para pensarla».

Y práctica es también la propuesta conclusiva del Papa Francisco: «Hoy, si tenéis un poco de tiempo en casa, tomad el Evangelio de Mateo, capítulo quinto, al inicio están estas bienaventuranzas». Y luego en el «capítulo 25, están las demás» palabras de Jesús. «Os hará bien —exhortó— leer una vez, dos veces, tres veces esto que es el programa de santidad».

Santo Padre Francisco: El carné de identidad del cristiano

Meditación del lunes, 9 de junio de 2014

Catecismo de la Iglesia Católica, CEC

NUESTRA VOCACIÓN A LA BIENAVENTURANZA

I. Las bienaventuranzas

1716 Las bienaventuranzas están en el centro de la predicación de Jesús. Con ellas Jesús recoge las promesas hechas al pueblo elegido desde Abraham; pero las perfecciona ordenándolas no sólo a la posesión de una tierra, sino al Reino de los cielos:

«Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos.
Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra.
Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.
Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.
Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
Bienaventurados los que buscan la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.
Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos.
Bienaventurados seréis cuando os injurien, os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa.
Alegraos y regocijaos porque vuestra recompensa será grande en los cielos.

(Mt 5,3-12)

1717 Las bienaventuranzas dibujan el rostro de Jesucristo y describen su caridad; expresan la vocación de los fieles asociados a la gloria de su Pasión y de su Resurrección; iluminan las acciones y las actitudes características de la vida cristiana; son promesas paradójicas que sostienen la esperanza en las tribulaciones; anuncian a los discípulos las bendiciones y las recompensas ya incoadas; quedan inauguradas en la vida de la Virgen María y de todos los santos.

II. El deseo de felicidad

1718 Las bienaventuranzas responden al deseo natural de felicidad. Este deseo es de origen divino: Dios lo ha puesto en el corazón del hombre a fin de atraerlo hacia Él, el único que lo puede satisfacer:

«Ciertamente todos nosotros queremos vivir felices, y en el género humano no hay nadie que no dé su asentimiento a esta proposición incluso antes de que sea plenamente enunciada» (San Agustín, De moribus Ecclesiae catholicae, 1, 3, 4).

«¿Cómo es, Señor, que yo te busco? Porque al buscarte, Dios mío, busco la vida feliz, haz que te busque para que viva mi alma, porque mi cuerpo vive de mi alma y mi alma vive de ti» (San Agustín, Confessiones, 10, 20, 29).

 «Sólo Dios sacia» (Santo Tomás de Aquino, In Symbolum Apostolorum scilicet «Credo in Deum» expositio, c. 15).

1719 Las bienaventuranzas descubren la meta de la existencia humana, el fin último de los actos humanos: Dios nos llama a su propia bienaventuranza. Esta vocación se dirige a cada uno personalmente, pero también al conjunto de la Iglesia, pueblo nuevo de los que han acogido la promesa y viven de ella en la fe.

III. La bienaventuranza cristiana

1720 El Nuevo Testamento utiliza varias expresiones para caracterizar la bienaventuranza a la que Dios llama al hombre: la llegada del Reino de Dios (cf Mt 4, 17); la visión de Dios: “Dichosos los limpios de corazón porque ellos verán a Dios” (Mt 5,8; cf 1 Jn 3, 2; 1 Co 13, 12); la entrada en el gozo del Señor (cf Mt 25, 21. 23); la entrada en el descanso de Dios (Hb 4, 7-11):

«Allí descansaremos y veremos; veremos y nos amaremos; amaremos y alabaremos. He aquí lo que acontecerá al fin sin fin. ¿Y qué otro fin tenemos, sino llegar al Reino que no tendrá fin? (San Agustín, De civitate Dei, 22, 30).

1721 Porque Dios nos ha puesto en el mundo para conocerle, servirle y amarle, y así ir al cielo. La bienaventuranza nos hace participar de la naturaleza divina (2 P 1, 4) y de la Vida eterna (cf Jn 17, 3). Con ella, el hombre entra en la gloria de Cristo (cf Rm 8, 18) y en el gozo de la vida trinitaria.

1722 Semejante bienaventuranza supera la inteligencia y las solas fuerzas humanas. Es fruto del don gratuito de Dios. Por eso la llamamos sobrenatural, así como también llamamos sobrenatural la gracia que dispone al hombre a entrar en el gozo divino.

«“Bienaventurados los limpios de corazón porque ellos verán a Dios”. Ciertamente, según su grandeza y su inexpresable gloria, “nadie verá a Dios y seguirá viviendo”, porque el Padre es inasequible; pero su amor, su bondad hacia los hombres y su omnipotencia llegan hasta conceder a los que lo aman el privilegio de ver a Dios […] “porque lo que es imposible para los hombres es posible para Dios”» (San Ireneo de Lyon, Adversus haereses, 4, 20, 5).

1723 La bienaventuranza prometida nos coloca ante opciones morales decisivas. Nos invita a purificar nuestro corazón de sus malvados instintos y a buscar el amor de Dios por encima de todo. Nos enseña que la verdadera dicha no reside ni en la riqueza o el bienestar, ni en la gloria humana o el poder, ni en ninguna obra humana, por útil que sea, como las ciencias, las técnicas y las artes, ni en ninguna criatura, sino sólo en Dios, fuente de todo bien y de todo amor:

«El dinero es el ídolo de nuestro tiempo. A él rinde homenaje instintivo la multitud, la masa de los hombres. Estos miden la dicha según la fortuna, y, según la fortuna también, miden la honorabilidad […] Todo esto se debe a la convicción […] de que con la riqueza se puede todo. La riqueza, por tanto, es uno de los ídolos de nuestros días, y la notoriedad es otro […] La notoriedad, el hecho de ser reconocido y de hacer ruido en el mundo (lo que podría llamarse una fama de prensa), ha llegado a ser considerada como un bien en sí mismo, un bien soberano, un objeto de verdadera veneración» (Juan Enrique Newman, Discourses addresed to Mixed Congregations, 5 [Saintliness the Standard of Christian Principle]).

1724 El Decálogo, el Sermón de la Montaña y la catequesis apostólica nos describen los caminos que conducen al Reino de los cielos. Por ellos avanzamos paso a paso mediante los actos de cada día, sostenidos por la gracia del Espíritu Santo. Fecundados por la Palabra de Cristo, damos lentamente frutos en la Iglesia para la gloria de Dios (cf la parábola del sembrador: Mt 13, 3-23).

Catecismo de la Iglesia Católica

Propósito

Hoy en día el mensaje de Jesús en la Montaña sigue plenamente vigente. ¡Sólo se necesitan almas nobles, valientes y generosas que quieran ser auténticamente felices y quieran poner por obra su mensaje! Serán realmente dichosas. Y el mundo cambiará.

Diálogo con Cristo

Señor Jesús, conoces mi debilidad… ayúdame a ser bienaventurado en esta vida para que sea reflejo de tus bienaventuranzas para los demás.

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Evangelio del día en «Catholic.net»

Evangelio del día en «Evangelio del día»

Evangelio del día en «Orden de Predicadores»

Evangelio del día en «Evangeli.net»

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Sesión de catequesis: San Juan Bosco, los niños y los jóvenes

Sesión de catequesis: San Juan Bosco, los niños y los jóvenes

Hablar de San Juan Bosco es hablar de niños y jóvenes, de juegos en el patio, de risas, de estudio y de amistad con Dios. Don Bosco fue un santo que entendía muy bien a los chicos: sabía cómo pensaban, qué les preocupaba y qué necesitaban para crecer felices y buenos.

Por eso, hoy sigue siendo un gran ejemplo para niños y adolescentes entre 9 y 14 años. Don Bosco nos enseña que se puede ser cristiano sin estar triste, que se puede estudiar, jugar y rezar, y que Dios quiere vernos crecer con alegría.

Un niño que soñó con ayudar a otros niños

Juan Bosco nació en una familia sencilla y pobre. Desde pequeño tuvo que trabajar mucho y ayudar en casa. Pero, aun así, nunca dejó de soñar. Le gustaba aprender, leer y hacer pequeños espectáculos para entretener a otros niños, mezclando juegos, canciones y pequeñas enseñanzas sobre Dios.

Desde muy joven sintió que Dios le pedía algo especial: cuidar de los niños que estaban solos, tristes o sin nadie que los guiara. Ese deseo lo acompañó toda su vida.

El sueño de los nueve años

Cuando tenía solo nueve años, Juan tuvo un sueño muy importante. En él vio a muchos chicos que se peleaban y decían cosas feas. Intentó mandarlos callar con gritos y golpes, pero no funcionó. Entonces Jesús y la Virgen María le enseñaron que ese no era el camino.

Le dijeron que debía ganarse a los niños con paciencia, cariño y confianza. Este sueño ayudó a Don Bosco a entender cómo debía educar: no con miedo, sino con amor.

Aprender, jugar y rezar: todo es importante

Don Bosco pensaba que Dios quiere a los niños alegres. Por eso decía que estudiar bien, jugar con los amigos, ayudar en casa y rezar formaban parte del mismo camino. No había que separar la fe de la vida diaria.

A sus chicos les repetía una frase sencilla pero muy profunda:

«Dios quiere que estemos siempre alegres».

Para Don Bosco, un niño que juega limpio, que cumple con su deber y que reza con sencillez ya está caminando hacia la santidad.

El patio: un lugar para crecer

El lugar favorito de Don Bosco era el patio. Allí hablaba con los chicos, jugaba con ellos, escuchaba sus problemas y los animaba cuando estaban tristes. Creía que, cuando un niño se siente querido, aprende mejor y se porta mejor.

Don Bosco corregía cuando era necesario, pero siempre con respeto. Prefería hablar a solas con el niño antes que avergonzarlo delante de los demás.

Un santo que confiaba en los jóvenes

Don Bosco confiaba mucho en los niños y jóvenes, incluso cuando se equivocaban. Decía que en cada uno hay algo bueno y que el educador debe ayudar a descubrirlo.

También tenía buen humor. Le gustaba reírse y hacer reír. Pensaba que un ambiente triste no ayuda a crecer, y que la alegría es una forma muy bonita de vivir la fe.

San Juan Bosco, amigo de los niños

Por todo esto, la Iglesia reconoce a Don Bosco como un gran amigo y educador de los niños y jóvenes. Su vida nos recuerda que Jesús nos llama a ser buenos, responsables y alegres.

Para los niños y adolescentes, Don Bosco es un ejemplo claro: alguien que demuestra que seguir a Dios no quita nada bueno, sino que lo mejora todo.

Sesión de catequesis (9–14 años)

Objetivo

Conocer a San Juan Bosco como amigo de los niños y descubrir que la fe cristiana se vive con alegría, confianza y responsabilidad.

Desarrollo de la sesión

1. Pregunta inicial: ¿Cómo te gusta que te corrijan cuando te equivocas?
2. Relato: el sueño de los nueve años contado por el catequista.
3. Diálogo: ¿por qué crees que Don Bosco prefería el cariño al castigo?
4. Oración sencilla: pedir a Dios aprender a ser alegres y buenos amigos.

Compromiso

Durante la semana, intentar vivir una actitud concreta: obedecer con alegría, ayudar en casa o tratar bien a un compañero.

Mensaje de catequesis en familia

San Juan Bosco recuerda a las familias que educar es acompañar con paciencia y amor. Los niños crecen mejor cuando se sienten escuchados y queridos.

La alegría en casa, el diálogo y el ejemplo cristiano son la mejor catequesis diaria.

Autor: Guillermo Mirecki

Santo Tomás de Aquino, el patrono de los estudiantes

Santo Tomás de Aquino, el patrono de los estudiantes

Santo Tomás de Aquino, el patrón de todos los estudiantes, es unas de las figuras más importantes de la historia del pensamiento. Revolucionó en su época la forma de explicar la fe y la naturaleza, con una calidad tal que sigue estando de actualidad en nuestros días.

Su fiesta la celebramos todos los católicos el día 28 de enero, y suele ser día de vacación para todos los escolares en los países de habla española.

 

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Tomas nace en el Castillo de Rocaseca, cerca de Nápoles, Italia, en 1225.

Es el último hijo varón de una numerosa familia de doce hijos. Su padre se llamaba Landulfo de Aquino.

Alto, grueso, bien proporcionado, frente despejada, porte distinguido, una gran amabilidad en el trato, y mucha delicadeza de sentimientos.

Cerca del Castillo donde nació estaba el famoso convento de los monjes Benedictinos llamado Monte Casino. Allí lo llevaron a hacer sus primeros años de estudios.

Los monjes le enseñaron a meditar en silencio. Es el más piadoso, meditabundo y silencioso de todos los alumnos del convento. Lo que lee o estudia lo aprende de memoria con una facilidad portentosa.

Continúa sus estudios por cinco años en la Universidad de Nápoles. Allí supera a todos sus compañeros en memoria e inteligencia. Conoce a los Padres Dominicos y se entusiasma por esa Comunidad. Quiere entrar de religioso pero su familia se opone. El religiosos huye hacia Alemania, pero por el camino lo sorprenden sus hermanos que viajan acompañados de un escuadrón de militares y lo ponen preso. No logran quitarle el hábito de dominico, pero lo encierran en una prisión del castillo de Rocaseca..

Tomás aprovecha su encierro de dos años en la prisión para aprenderse de memoria muchísimas frases de la S. Biblia y para estudiar muy a fondo el mejor tratado de Teología que había en ese tiempo, y que después él explicará muy bien en la Universidad.

Triunfo de santo Tomas de Aquino

Sus hermanos al ver que por más que le ruegan y lo amenazan no logran quitarle la idea de seguir de religioso, le envían a una mujer de mala vida para que lo haga pecar. Tomás toma en sus manos un tizón encendido y se lanza contra la mala mujer, amenazándola con quemarle el rostro si se atreve a acercársele. Ella sale huyendo y así al vencer él las pasiones de la carne, logró la Iglesia Católica conseguir un gran santo. Si este joven no hubiera sabido vencer la tentación de la impureza, no tendríamos hoy a este gran Doctor de la Iglesia.

Esa noche contempló en sueños una visión Celestial que venía a felicitarlo y le traía una estola o banda blanca, en señal de la virtud, de la pureza que le concedía Nuestro Señor.

Liberado ya de la prisión lo enviaron a Colonia, Alemania, a estudiar con el más sabio Padre Dominico de ese tiempo: San Alberto Magno. Al principio los compañeros no imaginaban la inteligencia que tenía Tomás, y al verlo tan robusto y siempre tan silencioso en las discusiones le pusieron de apodo: «El buey mudo». Pero un día uno de sus compañeros leyó los apuntes de este joven estudiante y se los presentó al sabio profesor. San Alberto al leerlos les dijo a los demás estudiantes: «Ustedes lo llaman el buey mudo. Pero este buey llenará un día con sus mugidos el mundo entero». Y así sucedió en verdad después.

Sus compañeros de ese tiempo dejaron este comentario: «La ciencia de Tomás es muy grande, pero su piedad es más grande todavía. Pasa horas y horas rezando, y en la Misa, después de la elevación, parece que estuviera en el Paraíso. Y hasta se le llena el rostro de resplandores de vez en cuando mientras celebra la Eucaristía.

A los 27 años, en 1252, ya es profesor de la famosísima Universidad de París. Sus clases de teología y filosofía son las más concurridas de la Universidad. El rey San Luis lo estima tanto que lo consulta en todos los asuntos de importancia. Y en la Universidad es tan grande el prestigio que tiene y su ascendiente sobre los demás, que cuando se traba una enorme discusión acerca de la Eucaristía y no logran ponerse de acuerdo, al fin los bandos aceptan que sea Tomás de Aquino el que haga de árbitro y diga la última palabra, y lo que él dice es aceptado por todos sin excepción.

En 1259 el Sumo Pontífice lo llama a Italia y por siete años recorre el país predicando y enseñando, y es encargado de dirigir el colegio Pontificio de Roma para jóvenes que se preparan para puestos de importancia especial.

En 4 años escribe su obra más famosa: «La Suma Teológica», obra portentosa en 14 tomos, donde a base de Sagrada Escritura, de filosofía y teología y doctrina de los santos va explicando todas las enseñanzas católicas. Es lo más profundo que se haya escrito en la Iglesia Católica.

En Italia la gente se agolpaba para escucharle con gran respeto como a un enviado de Dios, y lloraban de emoción al oírle predicar acerca de la Pasión de Cristo, y se emocionaban de alegría cuando les hablaba de la Resurrección de Jesús y de la Vida Eterna que nos espera.

El Romano Pontífice le encargó que escribiera los himnos para la Fiesta del Cuerpo y Sangre de Cristo, y compuso entonces el Pangelingua y el Tantumergo y varios otros bellísimos cantos de la Eucaristía (dicen que el Santo Padre encargó a Santo Tomás y a San Buenaventura que cada uno escribiera unos himnos, pero que mientras oía leer los himnos tan bellos que había compuesto Santo Tomás, San Buenaventrua fue rompiendo los que él mismo había redactado, porque los otros le parecían más hermosos). Después de haber escrito tratados hermosísimos acerca de Jesús en la Eucaristía, sintió Tomás que Jesús le decía en una visión: «Tomás, has hablado bien de Mi. ¿Qué quieres a cambio?». Y el santo le respondió: «Señor: lo único que yo quiero es amarte, amarte mucho, y agradarte cada vez más».

De tal manera se concentraba en los temas que tenía que tratar, que un día estando almorzando con el rey, de pronto dio un puñetazo a la mesa y exclamó: «Ya encontré la respuesta para tal y tal pregunta». Después tuvo que presentar excusas al rey por estar pensando en otros temas distintos a los que estaban tratando los demás en la conversación.

Pocos meses antes de morir tuvo una visión acerca de lo sobrenatural y celestial, y desde entonces dejó de escribir. Preguntado por el Hermano Reginaldo acerca de la causa por la cual ya no escribía más, exclamó: «Es que, comparando con lo que vi en aquella visión, lo que he escrito es muy poca cosa».

Santo Tomás logró que la filosofía de Aristóteles llegara a ser parte de las enseñanzas de los católicos. Este santo ha sido el más famoso profesor de filosofía que ha tenido la Iglesia.

Tan importantes son sus escritos que en el Concilio de Trento (o sea la reunión de los obispos del mundo), los tres libros de consulta que había sobre la mesa principal eran: la Sagrada Biblia, los Decretos de los Papas, y la Suma Teológica de Santo Tomás.

Decía nuestro santo que él había aprendido más, arrodillándose delante del crucifijo, que en la lectura de los libros. Su secretario Reginaldo afirmaba que la admirable ciencia de Santo Tomás provenía más de sus oraciones que de su ingenio. Este hombre de Dios rezaba mucho y con gran fervor para que Dios le iluminara y le hiciera conocer las verdades que debía explicar al pueblo.

Su humildad: Cumplía exactamente aquel consejo de San Pablo: «Consideren superiores a los demás». Siempre consideraba que los otros eran mejores que él. Aun en las más acaloradas discusiones exponía sus ideas con total calma; jamás se dejó llevar por la cólera aunque los adversarios lo ofendieran fuertemente y nunca se le oyó decir alguna cosa que pudiera ofender a alguno. Su lema en el trato era aquel mandato de Jesús: «Tratad a los demás como deseáis que los demás os traten a vosotros».

Su devoción por la Virgen María era muy grande. En el margen de sus cuadernos escribía: «Dios te salve María». Y compuso un tratado acerca del Ave María.

Su muerte: El Sumo Pontífice lo envió al Concilio de Lyon, pero por el camino se sintió mal y fue recibido en el monasterio de los monjes cistercienses de Fosanova. Cuando le llevaron por última vez la Sagrada Comunión exclamó: «Ahora te recibo a Ti mi Jesús, que pagaste con tu sangre el precio de la redención de mi alma. Todas las enseñanzas que escribí manifiestan mi fe en Jesucristo y mi amor por la Santa Iglesia Católica, de quien me profeso hijo obediente».

Murió el 7 de marzo de 1274 a la edad de 49 años.

Fue declarado santo en 1323 apenas 50 años después de muerto. Y sus restos fueron llevados solemnemente a la Catedral de Tolouse un 28 de enero. Por eso se celebra en este día su fiesta.

Ojalá repitamos frecuentemente aquella oración bíblica que Santo Tomás le decía al Señor, para pedirle el don de la Sabiduría. Dice así:

«Oh Dios misericordioso: envíame la Sabiduría que asiste junto a Ti. Mira que soy un ser débil, demasiado pequeño para lograr conocer qué es lo que más te agrada a Ti. Sin la sabiduría que procede de Ti, no seré estimado en nada. Contigo está la sabiduría que te asistió cuando creabas el mundo, la sabiduría que nos enseña qué es lo más grato a tus ojos y lo que más nos conviene hacer. Envíame tu sabiduría desde el cielo para que me asista en mis trabajos y me ilumine qué es lo que más te agrada en cada momento. Que ella me guíe prudentemente en todas mis obras.» (Sab. 9, 1-11)

Amen.

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San Francisco de Sales, doctor de la Piedad, con recursos audiovisuales

San Francisco de Sales, doctor de la Piedad, con recursos audiovisuales

Los años convulsionados en Francia, después de la Reforma Protestante, formaron el fondo de la vida de Francisco de Sales. Nació el 21 de agosto de 1567 de una familia noble, en el reino de Saboya, situado entre Francia, Italia y Suiza. Estudió en el Colegio de Clermont de los Jesuitas, en París, y en la Universidad de Padua, donde se doctoró en Derecho Canónico y Civil.

Siendo estudiante en París, tuvo que atravesar la tempestad de una severa crisis espiritual, al sufrir la tentación de desesperación respecto a la predestinación.

Para su papá, fue una gran decepción que Francisco no aceptara una carrera espléndida en el mundo, sino que prefiriera el sacerdocio. Después de la ordenación, su obispo lo envió como joven misionero a Chablais, región de Saboya, por cuatro años. Allá adquirió una gran fama por sus folletos en defensa de la fe pero también apenas escapó de un atentado contra su vida. Sus escritos de esa época fueron publicados con el título de Controversias y la Defensa del Estandarte de la Santa Cruz. Al finalizar su apostolado de misionero, había persuadido aproximadamente a 72.000 Calvinistas para que volvieran a la Iglesia Católica.

Fue consagrado obispo de Ginebra en 1602, pero residía en Annecy (ahora ubicada en Francia), ya que Ginebra estaba bajo el dominio de los Calvinistas y, por lo tanto, cerrada para él. Su diócesis se volvió muy conocida en Europa a causa de su eficiente organización, de su celoso clero y de sus laicos bien esclarecidos,  realización monumental en aquella época. Su fama como director espiritual y escritor aumentaba. Lo convencieron para que reuniese, organizase y difundiese sus muchas cartas sobre asuntos espirituales y las publicase. Es lo que hizo en 1609, con el título de Introducción a la Vida Devota. Esta se volvió su obra más famosa y, todavía hoy, se considera una obra clásica que se encuentra en las librerías del mundo entero. Pero su proyecto esencial fue escribir El Tratado del Amor de Dios, fruto de años de oración y de trabajo. Éste también continúa siendo publicado en la actualidad. Quería escribir además una obra paralela al Tratado, o sea, sobre el Amor al Prójimo, pero su muerte el 28 de diciembre de 1622, a los 55 años de edad, frustró este proyecto. Además de las obras arriba mencionadas, sus cartas, predicaciones y coloquios ocupan cerca de 30 volúmenes. El valor permanente y la popularidad de sus escritos llevaron a la Iglesia a concederle el título de Patrono de Escritores y Periodistas Católicos.

Francisco aceptó en su casa a un joven con dificultad de audición y creó un lenguaje de símbolos para posibilitar la comunicación. Esa obra de caridad condujo a la Iglesia a darle otro título, o sea, el de Patrono de los de Difícil Audición.

Junto a Santa Francisca de Chantal fundó la Orden religiosa de las Hijas de la Visitación de Santa María, conocidas por la simplicidad de su regla y tradiciones y por su apertura especial a las viudas. Fue a través de la perseverante insistencia de una de estas hermanas, unos 250 años más tarde, la Madre María de Sales Chappuis, que un sacerdote de Troyes, en Francia, Luis Brisson, fundó a los Oblatos de San Francisco de Sales, una comunidad de sacerdotes y hermanos, dedicados a la vivencia y divulgación del espíritu y de las enseñanzas de San Francisco de Sales. Padre Brisson fundó también una comunidad de Hermanas con el mismo nombre, las Oblatas de San Francisco de Sales.

El espíritu y la fama de Francisco y la influencia de sus escritos se extendieron rápidamente después de su muerte. En 1665 la Iglesia lo declaró santo y le dio el título excepcional de Doctor de la Iglesia en 1867 – un título otorgado sólo a unos 30 santos en la historia, que son famosos por sus escritos. Se celebra su fiesta el día 24 de enero.

A diferencia de muchos santos C cuyas vidas, repletas de acontecimientos maravillosos, parecen estar fuera del alcance de cristianos comunes C la vida de Francisco de Sales no presenta nada de extraordinario. Sus ideales de moderación y caridad, de gentileza y humildad, de alegría y entrega a la voluntad de Dios son expresados con una sensatez que anima a los débiles y alimenta a los fuertes, ocasionándole la reputación de «el Santo Caballero».

Para conmemorar el cuarto centenario de su nacimiento, el Papa Paulo VI escribió una Carta Apostólica, en 1967, en la cual destacó la conveniente actualidad de Francisco de Sales para nuestra época moderna. Él escribe: ANinguno de los Doctores de la Iglesia, más que San Francisco de Sales preparó las deliberaciones y decisiones del Concílio Vaticano II con una visión tan perspicaz y progresista. Él ofrece su contribución por el ejemplo de su vida, por la riqueza de su verdadera y sólida doctrina, por el hecho que él abrió y reforzó las sendas de la perfección cristiana para todos los estados y condiciones de vida. Proponemos que esas tres cosas sean imitadas, acogidas y seguidas.

Fuente: oblatos.net

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Pequeña reseña biográfica de san Francisco de Sales

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San Francisco de Sales, El Santo de la Dulzura, la película completa en español

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Vida de San Francisco de Sales – Don Bosco y San Francisco de Sales

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El combate espiritual según San Francisco De Sales

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El misterio de la casulla de san Ildefonso

El misterio de la casulla de san Ildefonso

En el año 607, nace en Toledo Ildefonso, el que con el paso de los años llegaría a ser santo. Fue educado en la escuela isidoriana de Sevilla, manifestándose muy pronto su vocación monástica, pero sus padres que pertenecían a la nobleza, se opusieron desde un principio a su vocación, motivo por el cual huyó del hogar buscando refugio en el monasterio de Agali en donde vistió el hábito de San Benito. Muy pronto destaca por su entrega al estudio, su ansia de saber y sus escritos profundos y razonados entre los que destaca el Libro de la Virginidad de María. Llega a ser abad del monasterio y su fama de sabio, su prudencia y su clarividencia le llevan a ser el elegido para sustituir al fallecido arzobispo de Toledo, ceremonia que se celebra el 26 de noviembre del año 657.

Una noche de diciembre, acompañado de algunos clérigos, se dirigió a la iglesia para la celebración de un oficio y al llegar se encontraron con un resplandor que la iluminaba por completo, su luz era tan intensa, que todos huyeron asustados menos Ildefonso que con gran serenidad se dirigió hacia el altar y allí descubrió a la Virgen María rodeada de ángeles, vírgenes y santos que entonaban cantos celestiales. La Virgen le hace seña de que se acerque y sonriéndole al tiempo que le agradece la defensa que de ella hace, le entrega una casulla traída de los cielos, dándole instrucciones para que la use solamente en los días dedicados en su honor. Desaparecida la visión, queda en sus manos la vestidura celestial.De la importancia que tuvo esta historia dan fe la cantidad de artistas famosos que plasmaron en sus cuadros la escena de la entrega de la casulla a San Ildefonso, como por ejemplo: Juan Valdés Leal, Diego de Velázquez, Murillo, Juan de las Roelas y Andrés de Islas.En la literatura también se ve reflejado, véase si no en el libro Los milagros de Nuestra Señora de Gonzalo de Berceo cuando escribe:

Fízoli otra graçia qual nunca fue oida,
Dioli una casulla sin aguida cosida,
Obra era angelica, non de omme texida,
Fabloli poccos vierbos, razon buena complida.
Amigo, dissol, sepas que so de ti pagada,
Asme buscada onrra, non simple, ca doblada:
Feçist de mi buen libro, asme bien alabada,
Feçistme nueva festa que non era usada.
 
Nos remontaremos ahora a unos años atrás cuando los persas mandados por Cosrroes II en el 614 invaden Tierra Santa y conquistan Jerusalén. El obispo de esta ciudad y sus sacerdotes, escondieron el Arca de las Reliquias (que se guardaba ya desde los tiempos de los apóstoles) y que fue acrecentándose con nuevas reliquias desde entonces. Con la entrada de Cosrroes en Jerusalén, el obispo pasó a África llevándose el Arca de las reliquias, allí estuvo algún tiempo pero como no era sitio seguro, decide traerlas a España donde, después de un largo viaje, se dispuso enviársela al obispo de Sevilla. Mas tarde, San Isidoro consiguió llevar el Arca consigo cuado fue nombrado obispo de Toledo. Dado que la invasión musulmana continuaba su avance, se decidió intentar ponerla a salvo llevándola al norte, concretamente a Asturias, primero escondida en una cueva en el Monsacro y luego por orden de Alfonso II el Casto se trasladaron a la Capilla del palacio dedicada a San Miguel. Hay que decir que cuando traen las reliquias, se incluye en ellas la casulla y se transporta también el cuerpo del santo, que por alguna razón que desconozco, dejan en Zamora. Que la casulla venía en el Arca, da cuenta el Obispo Don Pelayo en una relación que hace de las reliquias que se guardan en la misma. Un poco más tarde, también lo hace el Obispo Don Gutierre de Toledo, pero luego desaparece de los catálogos y solo queda en el recuerdo. El Arcediano de Tineo, Marañón de Espinosa, Primer Rector de la Universidad y cronista de la catedral, dice a principios del siglo XVII con relación a la casulla: 
“Sólo sabemos que quedó dentro del arca, cuando se verificó el reconocimiento oficial de ésta en tiempos de Alfonso VI, la preciosa vestidura que Nuestra Señora trajo del cielo a su capellán San Ildefonso, que no sabemos si fue alba o casulla porque la cédula no decía sino vestimento sin declarar más”.La iglesia de Toledo escribe el 13 de junio de 1575 al Cabildo de Oviedo, encareciendo la gran devoción que allí tienen a esta iglesia de Oviedo “por estar aquí la casulla de San Ildefonso”. Y el 10 de abril de 1587 se lee una carta del Arcediano de Babia desde Madrid, que dice entre otras cosas: “tengan cuenta con el recado de la Cámara Santa porque tratan de pedir la casulla de San Ildefonso”.Existe también una carta escrita por el Padre Sebastián Sarmiento de la Compañía de Jesús al Padre Francisco Portocarrero de la misma Compañía sobre el reconocimiento de la casulla de San Ildefonso por cuatro señores Obispos a finales del siglo XVI, que se conserva en el Archivo de la Santa Iglesia de Toledo. Reproduzco la carta porque creo que tiene interés:Huélgome que V.R. me mande, aunque sea de tarde en tarde cosas de su servicio, y más en honra de la Virgen Santísima, de cuya casulla diré lo que me acuerdo.
Es verdad que yo estaba en Oviedo al tiempo que se abrió aquella Arca grande que está en medio de la Cámara Santa. La ocasión de abrirse fue la Consagración del Señor Obispo Don Pedro Junco de Posada, natural de Llanes, hijo de Juan de Posada y María Alfonso Díez de Noriega, que por ser junto de Oviedo quiso consagrarse de mano de su Obispo Don Pedro de Quiñones. (Creo que el nombre correcto era Diego y no Pedro)
A la Consagración vino Don Juan Alonso de Moscoso, Obispo de León y el de Galípoli D.N. Quinteros que era a la sazón Abad de Santander.
Teniéndolos juntos un día Don Pedro de Quiñones dijo a los dichos Prelados que pues se hallaban cuatro, cosa que no sucedería quizás otra vez hasta el día del Juicio, que probasen con toda la reverencia posible, abrir ellos solos y el que tenía las llaves de la Cámara Santa, aquella Arca para saber el magnífico tesoro. Al fin los convenció a que si y, prevenidos con ayunos y oraciones, después de Consagrado el de Salamanca, con todo el secreto posible, se juntaron los obispos y Canónigos que tenía las llaves y después de haber abierto la primer arca que es grande, hallaron otra menor y otra y otras menores hasta que dieron con un cofrecito muy pequeño, como de un palmo muy largo el cual tenía un rótulo que decía: LA CASULLA QUE NUESTRA SEÑORA DIO A SAN ILDEFONSO. Mucho les espantó, por parecerles casi imposible que allí cupiese una casulla. Abrieron el cofrecillo con muy gran dificultad, tanto que casi estuvieron desahuciados de poderlo abrir y dentro hallaron un cendal de color de cielo en forma de un capuz portugués, tan grande que pudiera cubrir al hombre más alto que hay en España, sin textura ni costura como una tela de cebolla, tan delicado y sutil que con solo el aliento que respiraban se hinchaba como una vela cuando le da recio el viento. Y volviéndola a doblar como estaba, la recogieron en su cofrecito, juramentándose todos que no habían de decir nada a nadie, si no era habiendo salido veinte leguas de Oviedo, y así lo cumplieron.
El Abad de Santander en habiendo salido de las veinte leguas se volvió a dos Canónigos de Santander que le acompañaban y con espanto les dijo: ¿”Es posible que he podido guardar el secreto en el pecho, lo que he visto en Oviedo”?. Y se lo contó; también se lo refirió a los de mi Colegio de Santander muy a la larga. Y el Obispo de Salamanca Don Pedro Junco de Posada contó después lo mismo al Padre Ferrer. Esto es acerca de lo que vuestra reverencia me pregunta.
Sebastián Sarmiento
Volviendo a la casulla, se creyó que estaba escondida aquí en la catedral por temor a que la Iglesia de Toledo la reclamara algún día y surgió la leyenda. Se dijo que estaba en la bola grande de la torre de la catedral, pero se comprobó que no; se dijo entonces que estaba debajo del Arca Santa, pero tampoco; se pensó luego que estaría detrás del retablo de la capilla de San Ildefonso (capilla que desapareció en la voladura de la revolución de 1934), pero allí tampoco estaba y por más que se buscó nunca apareció.
¿Qué fue de ella entonces?, pues hay muchas posibilidades, a saber:
  • Que a pesar de “haberla visto” tanta gente, nunca haya existido
  • Que nunca hubiera sido incluida entre las reliquias que vinieron a Oviedo
  • Que cualquier persona de las que tuvieron acceso a ella, tanto durante el traslado como en Oviedo, la haya cogido, a saber con que intención.
  • Que los de Toledo se hayan hecho con ella de alguna manera y la tengan a buen recaudo.
  • Que cualquiera de las personas que estuvieron presentes al abrir el Arca, en un momento de descuido, se la hayan llevado.
Y podríamos seguir así con un montón de hipótesis más, pero me temo que no llegaríamos a ningún sitio, pero si me gustaría aclarar algo y esto es sólo mi forma de pensar: Si las reliquias fueron traídas a Oviedo para ponerlas a salvo, ¿por qué una vez pasado el peligro no se devolvieron?, yo creo que hubiera sido lo justo. Ya se que en aquellos tiempos cualquier catedral, iglesia o monasterio adquirían fama y por lo tanto atraían a mucha gente dependiendo de lo famosas que fueran sus reliquias, de ahí que el mercado y falsificación de las mismas estuviera a la orden del día (sería un buen tema para otra ocasión). Pero insisto, si alguien te confía algo para que se lo guardes, no te puedes quedar con ello, tienes que devolverlo. En cuanto a la casulla, me temo que pasará a engrosar la lista de misterios sin resolver.
Artículo original de El rincón de Leodegundia
San Juan de Ribera, arzobispo de Valencia

San Juan de Ribera, arzobispo de Valencia

Cuando él nace, atraviesa la cristiandad una crisis durísima. El fuego de la revolución protestante se ha corrido a media Europa. Reina la confusión y el dolor en el mundo católico, mientras herejes e infieles se mofan a coro de la Santa Iglesia esperando su agonía. Pero el soplo del Divino Espíritu vivificó de nuevo a la Esposa de Cristo y ésta empezó a mostrar de nuevo al mundo los caminos de la restauración católica o de la verdadera reforma. Una falange de santos reformadores promovió esta corriente purificadora, especialmente en España e Italia. Don Juan de Ribera será devotísimo amigo de todos ellos: Ignacio de Loyola, Juan de Dios, Pedro de Alcántara, Juan de Ávila, Francisco de Borja, Teresa de Jesús, Luis Beltrán, Alonso Rodríguez, y otros más en nuestra patria. El papa San Pío V pensó hacerle cardenal, y San Carlos Borromeo, que le amaba entrañablemente sin haberle visto nunca, pedía consejo a Ribera para el buen gobierno de su vastísima diócesis de Milán.

Fue natural de la ciudad de Sevilla, hijo del ilustre don Pedro Afán Enríquez de Ribera y Portocarrero, conde de los Molares, marqués de Tarifa, duque de Alcalá, virrey de Nápoles y antes de Cataluña. El niño crecía sin el amor materno. Su madre, doña Teresa de los Pinelos, falleció muy pronto. Sevilla era a la sazón la puerta de América, por donde se derramaba en Europa aquel torrente de riquezas, de conocimientos nuevos, de sustancias desconocidas: oro, plata, perlas, cacao, maíz, animales raros, hombres y mujeres de razas exóticas. Pero también riquezas del espíritu daba de sí esta ciudad al mundo. Para nuestro caso bastará recoger las palabras de un historiador local: «Es indudable que de toda la nobleza sevillana fue la familia de los Enríquez de Ribera la que más se señaló por su generosidad y amor a los pobres. Nadie como doña Catalina y su hijo don Fadrique de Rivera en caridad a los enfermos y desvalidos. Esta egregia señora, prototipo de las más egregias virtudes, fundó el Hospital de las Cinco Llagas, que luego su hijo dotó y amplió con extraordinaria munificencia». En esta misma línea de santidad familiar merece un recuerdo doña Teresa Enríquez de Alvarado, «la loca del Sacramento», de quien se cuenta que por sus manos escogía la flor de los racimos traídos de doce leguas, de Cebreros, en la provincia de Ávila, por ser la más excelente uva para fabricar el vino del Sacrificio. Por sí misma cernía la harina de las hostias y la guardaba en limpia y rica orza, delante de la cual tenía siempre una luz encendida. No porque la creyese consagrada, sino porque sólo el pensar que aquella harina se había de transubstanciar en el cuerpo de Cristo, la obligaba a mirarla con tierno respeto: algo así como se mira una corona regia o como una madre contempla los vestidos que han de cubrir y abrigar el cuerpecito del esperado primogénito. Don Juan fue enviado por su padre a la Universidad de Salamanca, que por entonces vive un periodo áureo: lecciones de Vitoria, teólogos a Trento, introducción del método teológico salmanticense en Italia por obra de los hijos del patriarca de Loyola. Y en suma, foco del prestigio hispano que batalla con la espada y con la pluma frente a turcos y herejes. Ribera salió discípulo aventajado en aquellas aulas, sacó sus títulos y tuvo cátedra en la misma. Atenas española. Estaba para terminar el concilio de Trento y el papa Pío IV escogió para la mitra vacante de Badajoz a nuestro joven maestro, que a sus virtudes y alcurnia juntaba el ser hijo del virrey de Nápoles. Aún no había cumplido los treinta años. Para la reforma y santificación de sus ovejas lanzó pequeñas tropas de choque y conquista. Reclutó misioneros y recabó la ayuda del Maestro Ávila, quien dice con gran consuelo en una de sus cartas: «El obispo de Badajoz ha enviado seis predicadores por el obispado, según él me ha escrito, y da a cada uno cuarenta mil maravedís y cuarenta fanegas de trigo, y aún si yo le enviara algunos, dijo daría más, si tuvieran necesidad de socorrer a padres o hermanos». El, por su parte, no se desdeñaba de administrar los sacramentos a los enfermos y sentarse para atender a las almas como confesor ordinario en su iglesia. Dormía muchas veces sobre haces de sarmientos y Seguía el mismo rigor que en Salamanca. Por eso, el arzobispo de Granada, respondió por carta a una que el mismo don Juan le había escrito: «Me pide V. S. Ilma. que le dé cuenta de mi vida; eso deseo saber de V. S. Ilma., que siempre desde su niñez fue santo, pues cuando V. S. Ilma. vino a Salamanca, de poca edad, yo era estudiante pasante, y ya entonces erais santo». Los avisos que él dio, a petición de los padres y del concilio provincial compostelano, en 1565, han pasado a las actas. Entre diversas sugerencias, señala remedios prácticos para la reforma personal de los obispos, primer intento de esta clase en España, que sepamos, de aplicación de los decretos Tridentinos. En la predicación puso tal fuego y acierto, que los vecinos de los lugares circunvecinos a donde predicaba se convidaban mutuamente: «Vamos a oír al apóstol». En dos ocasiones vendió la vajilla de plata y el importe lo invirtió en comprar trigo y remediar a los pobres en años de carestía. El divino Morales nos ha transmitido la efigie del obispo de Badajoz: sus facciones revelan a un hombre de nervio, pero limpio de toda excitación exterior, contemplativo y apóstol, con aires de alta nobleza y finos modales. El día que partió de su obispado, siendo ya patriarca de Antioquía, para regir la archidiócesis valentina, dio a los pobres todas sus alhajas, dinero y bienes. Más de una vez había quedado sin un maravedí, pero siempre estuvo a punto la bolsa paterna. En Valencia, como en Badajoz, se sujetó a un horario que recuerda hábitos estudiantiles. Gran madrugador, se levantaba de tres a cuatro de la mañana y comenzaba el estudio y meditación sobre la Biblia hasta las siete; daba cuatro horas para el rezo del oficio divino, santa misa, preparar sermones y un breve descanso. A la una de la tarde, audiencia pública. Se retiraba a eso de las tres, sin tener tiempo señalado para la comida, y sólo tomaba algunos higos secos, uvas o fruta del tiempo. Bebía muy poco, raramente vino con agua. Por la tarde concedía audiencia sin poner inconvenientes. Terminada esta obligación, marchaba a un jardín extramuros donde iba acumulando libros y más libros. Tornaba a palacio al anochecer, y por espacio de tres horas se recogía en oración. Tampoco para cenar había momento señalado. Antes de acostarse tenía unos momentos de solaz con los suyos. Al rigor ordinario en la comida, añadía ciertos ayunos, como en los días de Semana Santa, que se pasaba cuarenta horas sin probar alimento, y, mientras fue joven, tres veces por semana ayunaba como un monje: sólo pan y agua. Su criado, Pedro Pascual, no podía menos de maravillarse muchas mañanas al entrar en la alcoba de su señor; la cama estaba como el día anterior, y, para cerciorarse, metía las manos entre las sábanas, y no hallándolas calientes, concluía que el patriarca no había reposado en ellas durante la noche. Tenía don Juan ciertos lugares secretos en sus habitaciones, así en palacio como en el colegio por él fundado y en su jardín-biblioteca de la calle de Alboraya, donde escondía las disciplinas y cilicios, que la curiosidad de Pedro Pascual descubría, hallándolos siempre bañados en sangre. Estos indicios hacían presagiar un pontificado santo, como el de fray Tomás de Villanueva, fallecido aún no hacía tres lustros y cuyo recuerdo amable estaba en la memoria de todos, a él escribe un cronista que a su muerte eran tal el llanto y la pena de los pobres y del pueblo en general, que el espectáculo causaba la mayor tristeza. No le llamaban de otra manera que «el arzobispo santo». Vestía un hábito humilde y apedazado, guardó en todo gran pobreza voluntaria. No hizo testamento, porque no tenía de qué. Y a fin de morir totalmente desprendido, renunció en favor de su iglesia ciertos derechos que sobre ella le correspondían.

Los valencianos se percataran pronto que don Juan de Ribera, su nuevo pastor, aunque joven —llegaba a esta sede a los treinta y seis años—, era viejo en doctrina, virtud y prudencia. Solían decir los que trataban con el patriarca que de sus palabras fluía un no sé qué misterioso que infundía juntamente respeto y un gozo conmovedor. Fray Tomás había dejado abiertos con sus fatigas los primeros surcos para la reforma de esta diócesis, que por más de cien años estuvo huérfana de la presencia de sus pastores. Cierto que Ribera tenía ante sí Las trazas y el ejemplo del arzobispo limosnero. Pero también una perspectiva ardua: aplicar a sus ovejas la doctrina reformatoria del concilio de Trento, que acababa de ser aceptado en España: un plan salvador, intenso, y cuyos frutos no se tocarían sino a largo plazo. Estaba también por delante la angustiosa cuestión morisca, con todos los anteriores fracasos de evangelización y apaciguamiento. Meditaba don Juan cuál sería el método adecuado para aquella tan general y variada misión entre cristianos viejos e infieles astutos, que no otra cosa eran los moros bautizados unas veces por la fuerza, otras voluntariamente, aunque para mayor amparo y encubrimiento de su infidelidad. Abrió el buen pastor su campaña con las visitas pastorales. Once veces visitó completamente, por sí o por sus delegados, todas las parroquias de su amplia jurisdicción. Cada bienio tenía noticia cabal del estado de sus 290 parroquias rurales. Lo mismo aparece el infatigable apóstol en los fragosos lugares del arciprestazgo de Villahermosa del Río, como en los no menos ásperos de la región alicantina. Aun en medio de penosas ocupaciones halla tiempo para el estudio, hurtando horas al descanso. Alojaba cierta vez en su casa el cura de Carcagente al patriarca durante la visita pastoral. Y aconteció que, habiéndose retirado todos a dormir y siendo muy entrada ya la noche, había luz en la alcoba del prelado. Movido por la curiosidad, atisbo el rector por los resquicios de la puerta y vio al arzobispo en la cama, sentado y estudiando rodeado de libros. El cura se movió a devoción, al recordar que lo mismo había leído de San Ambrosio. Entre los años 1569 y 1610 llevó a cabo 2.715 visitas pastorales, recogidas en 91 volúmenes, con un total de 91.202 folios. Celebró siete sínodos. Cada vez, los decretos eran pocos, breves y prácticos, para evitar que la muchedumbre de ellos tentase a olvidarlos. Son de carácter marcadamente sacerdotal. Del clero, en estrecha comunión con su obispo, cabía esperar con toda razón la enmienda del pueblo y una vida cristiana floreciente. Tratábalos con exquisita cortesía, ya en los retiros a puerta cerrada en la parroquia de Santo Tomás donde solía instruirles y aun reprenderles, ya en privado con advertencias paternales. Jerónimo Martínez de la Vega recordó toda su vida las palabras del arzobispo cuando le otorgaba licencia de confesar: «Mirad, hijo, lo que hacéis; que sois mozo y el oficio es peligroso». Y hablaba el bueno del patriarca aleccionado por la experiencia. En Badajoz hubo de rechazar a una joven, la cual simulando confesión, le descubrió los torpes deseos que hacia él sentía, Ribera huyó del lazo y aun ganó aquella alma para Dios. En Valencia se repitió la escena en horas de audiencia. Mas el patriarca, puesto en pie, en voz alta y en presencia de sus criados, comenzó a reprender a la desdichada, con tanto fervor de espíritu, que parecía echaba rayos de sus ojos. Así estuvo dos horas; y al cabo logró trocar aquel corazón apasionado y la envió a casa de sus padres con la advertencia de que la perdonasen y recibiesen. Este hombre, grande por su origen y por sus ministerios, sabía tratar con los pequeñuelos. Acostumbraba a ponerse en una sillita en la plaza de Burjasot, pueblecito cercano a la capital, y enseñaba por sí la doctrina cristiana a los niños. Y luego repartía dulces, monedas, ropas y otras cosas que necesitaban. Cuidadoso de la juventud, estableció en su palacio una escuela para los hijos de los nobles, en número de unos treinta, pues, como él afirmaba, se debía a todos como pastor. Desde muy niños estaban en casa del señor patriarca aprendiendo la piedad y las letras. Servíase de ellos solamente para el mayor esplendor de los pontificales. Cuando ya cursaban estudios superiores acudían a la Universidad en carroza para oír a sus respectivos maestros. Aquella escuela parecía más bien un seminario. De ella salieron un cardenal, un arzobispo, doce obispos, amén de un buen número de religiosos, canónigos y rectores de iglesias. La experiencia pastoral había persuadido al patriarca la conveniencia de empuñar juntamente el báculo y la espada. Felipe III le nombró virrey y capitán general. La tranquilidad, largos años perturbada, vino como por encanto y la justicia se aplicaba con rectitud. Nada escapaba al ojo vigilante del virrey arzobispo. Una viuda que llevaba pleito de importancia, se quejó alegando sospecha de parcialidad en el juez. Ribera se personó al día siguiente en el consejo y preguntó: «¿Quién de vuestras mercedes tiene la causa?» «Yo, señor», respondió el oidor. «¿En qué punto está?», tomó a preguntar el patriarca. «Ya está acordado para sentenciar y dados memoriales de ambas partes». Y mirando a los otros oidores insistió el patriarca: «¿Por qué no se da sentencia?» Y como todos guardasen silencio, prosiguió: «Venga el proceso mañana y estudien la causa, porque quiero que se dé sentencia». Cuando terminó el pleito dijo el oidor a un amigo: «Verdaderamente este señor es un santo. Yo estaba ciego con favorecer a una persona, y con sola la visita del patriarca y dos palabras que habló en consejo, cobré luz y descargué mi conciencia».

Fundó en la ciudad el Colegio y Seminario de Corpus Christi para atender a la formación del clero y en esta misma casa, una capilla —institución entre las más famosas de la cristiandad— donde se honra al Santísimo Sacramento con un ceremonial y una liturgia llena de majestad y de sosiego, aun en nuestros días. De su amor a Jesús Sacra mentado diremos que con frecuencia se retiraba a celebrar el santo sacrificio a una capilla de su propia iglesia y, luego de alzar a Dios, íbase el ayudante, hasta el aviso del patriarca con una campanilla. Durábale esta misa de dos a tres horas por el arrobamiento y las lágrimas. Falleció en su amado colegio el 6 de enero de 1611. Aún pudo ver la expulsión de los moriscos por mandato de Felipe III en 1609. Ribera los había catequizado durante treinta y cuatro años, sin reducirlos al yugo de Cristo.

Cuando el anciano pastor rendía su alma a Dios, los niños en tropel cantaban por las calles de la ciudad: «El señor patriarca está en la gloria, con la palma y corona de la victoria». En sus funerales abrió los ojos y se le encendió el rostro para adorar al Señor desde la consagración hasta la comunión del celebrante. San Pío V le había llamado, hacía cuarenta años, «lumen totius Hispaniae» («lumbrera de toda España»).

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San Juan de Ribera en la red

 

 

 

Carta a unos novios que se van a casar

Carta a unos novios que se van a casar

«¿Qué entendemos por «amor»? ¿Solo un sentimiento, una condición psicofísica? Ciertamente, si es así, no se puede construir encima nada sólido. Pero si el amor es una relación, entonces es una realidad que crece y también podemos decir, a modo de ejemplo, que se construye como una casa. Y la casa se edifica en compañía, ¡no solos! No querréis construirla sobre la arena de los sentimientos que van y vienen, sino sobre la roca del amor verdadero, el amor que viene de Dios.

»El matrimonio es un trabajo de orfebrería que se hace todos los días a lo largo de la vida. El marido hace madurar a la esposa como mujer, y la esposa hace madurar al marido como hombre. Los dos crecen en humanidad, y esta es la principal herencia que pasan a los hijos».

Santo Padre Francisco

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En primer lugar regálate escuchar este audio, en donde el Santo Cura de Ars, el cual al comienzo de sus estudios, era torpe y tenía muy limitada su capacidad de memoria. Incluso una vez ordenado, sus superiores le restringieron la capacidad de confesar temporalmente, pues le veían muy limitado… Pero la Obra de Dios se hace grande en los sencillos, en los humildes, y así este santo llegó a pasar hasta 12 horas en el confesionario… su fama llegó tan lejos que en los ultimos años la localidad de Ars recibía unos 120.000 peregrinos anualmente (pese a las limitaciones en la movilidad de aquella época) Os invito a escuchar un sermón que dió sobre el matrimonio. Es un poco fuerte, pero a veces es la única manera de remover nuestro corazón.

Sermón sobre el matrimonio del Santo Cura de Ars – fuente: Radio Cristiandad

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Hola Amigo y Futura señora de mi amigo:

Según me he enterado se van a casar, y bueno, quisiera mucho que esto lo leyeran juntos y pusieran atento cuidado a cada uno de los consejos que te voy a dar.

Comencemos por el principio, por que me tomo esta molestia, o me encargo de molestarlos, pues a mi no me ha ido muy bien en el matrimonio, soy experto en separarme de la misma mujer, el último periodo fue de dos años, pero ya gracias a Dios por estos días ajustamos dos años juntos nuevamente, el regreso y reconstrucción de mi hogar fue debido de rezar, rosario, misa y mucha entrega a Dios, mucha conversión y oración. De cuenta de esa experiencia nació esta pagina web jesussalvamifamilia.org cuyos miembros lamentablemente aumentan día a día de cuenta del divorcio y de las separaciones.

Son muchas las ideas que se me amontonan en este momento, lo divino, lo humano, la comunicación, la intimidad, por lo tanto, pidamos pues a Espíritu Santo que me ilumine como empezar logre comunicarles lo que quiero y logren entender lo que les quiero decir.

Las ideas son las siguientes:

  1. El matrimonio es una vocación
  2. El matrimonio se hizo para hacer feliz al otro
  3. Mi compromiso es para siempre (en las buenas y las malas)
  4. Te casas con la familia
  5. La gente por lo general no cambia
  6. No nos podemos casar para solucionar un problema
  7. Dios tiene que ser el centro del matrimonio
  8. Darse besos con la novia cada fin de semana es una cosa, vivir con ella es otra
  9. Ser fiel 
  10. Lo primero que se pierde: la comunicación
  11. Cuando hay que amar con la razón. Amar es una decisión.
  12. Eso le pasa a los demás, a mi no.
  13. El matrimonio como compromiso con la vida
  14. El matrimonio es un sacramento
  15. Nuestro deber con la eternidad
  16. La intimidad es un regalo de amor
  17. Los familiares, suegros, etc.
  18. Escogiendo los padrinos
  19. Ante cualquier situación, elijan amar

Que pena muchachos escribir algo tan largo pero como más, si es una decisión tan importante, pues por lo menos quiero como plasmarles todo lo fundamental y que no se me escapara un detalle, para que no les vaya a ir como me fue a mi.

Comencemos pues:

Aquel, pues, que escucha estas palabras mías y las pone por obra, se asemejará a un varón prudente que edificó su casa sobre la roca; y bajó la lluvia y vinieron los ríos, y soplaron los vientos, y se echaron sobre aquella casa, pero no se derrumbó, porque estaba cimentada sobre la roca. Pero todo aquél que escucha estas palabras mías pero no las pone por obra, se asemejará a un hombre necio que edificó su casa sobre la arena; y bajó la lluvia y vinieron los ríos, y soplaron los vientos, y se estrellaron contra aquella casa, y se derrumbó y su ruina fue grande.

Mateo 7, 24-27

Una cosa les prometo si le hacen caso a estos consejos y fundan su hogar sobre Dios… cuando vengan las dificultades «saldrán vencedores«. Jesús no promete eximirnos de las dificultades… promete que la casa no se derrumbó porque estaba bien cimentada.

1. El matrimonio es una vocación

Miren, vámonos por un ejemplo de psicología inversa, imagínense que DIos los hubiera llamado a ser monje y monja, o sacerdote y monja, ustedes hubieran pasado por una etapa de enamoramiento con Dios, le hubieran dicho que si, y luego de muchos años (cinco para algunas congregaciones religiosas) harían sus votos perpetuos, bueno, el tema es, hacen sus votos, y después de la gran ceremonia se dedican a trabajar y dejan de orar y de hablar con Dios, solo trabajo y trabajo, activismo y activismo,.. como lo venían haciendo cuando eran novicios.. les aseguro que en cuestión de cinco meses ya están afuera del convento, del monasterio o buscando novia.. siendo sacerdotes. pues dejaron de cuidar la vocación con oración y unión con Dios.

Conclusiones:

  • Las vocaciones son dadas por Dios y junto con Dios hay que cuidarlas, sino desaparecen.
  • Vocación matrimonial que no es cuidada con el mismo celo que una vocación religiosa, sera mediocre y propensa al fracaso.

2. El matrimonio se hizo para hacer feliz al otro

La idea es muy clara, cada cónyuge debe preocuparse por hacer feliz al otro, olvidándose de si, si se dan .. si su felicidad es ver feliz al otro, ambos serán felices. Uno no se casa para ser feliz a uno mismo… eso es egoísmo… en el darse sin condiciones y sin esperar nada a cambio está la clave.

3. Mi compromiso es para siempre (en las buenas y las malas)

Para un par de novios que se van a casar es fácil entender esto, y se que se miran a los ojos, suspiran y se dicen con voz profunda y enamorada, «siempre estaré contigo«, miren, nuestro cónyuge es el unico familiar que uno puede elegir y ante Dios ustedes dos son una sola carne, la union es mas fuerte que la que hay entre padres e hijos, ustes nunca se divorciarian de su papa, su mama, sus hermanos, tios, etc.. pues bien nunca se podran divorciar de esa persona a la que eligen, si compromiso es en las buenas y las malas. Y bueno uno dice, las malas son cuando estes enferma y/o estemos pobres… esa es una clase de «las malas» pero otra clase de en «la malas» es…:

  • Cuando seas un borracho
  • Cuando huelas mal
  • Cuando seas mal ejemplo
  • Cuando seas insoportable
  • Cuando seas una borracha
  • Cuando seas un adicto
  • Cuando seas un adultero
  • Cuando no me ames yo te voy a amar y voy a rezar a para que estés mejor y vuelvas (de ahi salió este sitio)
  • Cuando uno de los dos cónyuges se va… pues hoy en dia la gente se va por cualquier cosa.. el otro queda en medio de la nada y con entrega a Dios recupera su vida y luego tiene fuerzas para recuperar su cónyuge pues esta en peligro de condenación eterna. Por eso el hombre deja a su padre y a su madre para unirse a su esposa, y los dos llegan a ser una sola persona (Gn 2, 21-25)

4. Te casas con la familia

Bueno acá va una parte que ustedes me darán la razón mucho tiempo después. y es que uno se casa con la familia, puede ser que el esposo se consiga el trabajo de su vida y se vayan a vivir juntos y felices a noruega, lejos de papa y mama, de suegros y suegras, y de la decisión horrible que con quien pasamos la navidad y el año nuevo (que por lo general es una de las primeras discusiones), pues bien , la verdad es que se casan con la familia, alla en ese lugar donde vieron crear relaciones, donde son egoistas, o comprensivos, atentos o desconsiderados, asi van a a ser cuando se casen, un tiempo despues.. cuando la magia pase… él y ella se van a transformar en lo que son en casa en este momento.. cuando la nueva persona en la vida pase de ser novedad y se convierta en alguien normal y familiar. Si en la casa son conflictivos, en esta nueva casa ella o el seran conflictivos… si en casa son parranderos… es muy probable que en esta nueva casa el quiera ser parrandero o ella… el tema es que uno es su familia… su reacción ante las circunstancias… es como uno aprendió a ser en familia… por eso es que las abuelas decían… y de qué familia es… tal vez preguntando por los apellidos.. pero preguntando mas.. de como eran y si los vicios los iban a transmitir a la nueva familia.

5. La gente por lo general no cambia

Esta es una realidad, eso solo lo logra el cancer, un accidente gravísimo, una pérdida, o un vicio que nos envuelva y nos eche a perder, pero la gente no cambia, quien se caso pensando que el otro iba a cambiar.. o que lo iba a cambiar se equivoca, a uno lo aman como es o no lo aman. El que fue mujeriego… por lo general seguira siendo mujeriego, la que es soberbia y dura de corazón, por lo general lo seguira siendo y asi con un sinnúmero de defectos.

6. No nos podemos casar para solucionar un problema

El título lo dice todo, cuando uno de los dos cónyuges deje de ser esa solución al problema, el interés desaparecerá. Ejemplo: la mujer se casa para resolver un tema económico o salir del hogar, cuando la situación se de de salir del hogar y el problema ecónomico se solucione, si no hay verdadero amor, la relación esta condenada al fracaso.

7. Dios tiene que ser el centro del matrimonio

Dios fuente del amor, debe ser quien siga dando amor a la pareja, en el momento del sacramento , Dios da todas las gracias para llevarlo santamente, pues bien la unica manera de unir dos anillos es a través de un lazo, Dios es ese lazo, quien se encarga de dar fuente de amor a la pareja, invoquen siempre a Dios… al levantarse, al acostarse, al comer, bendiganse mutuamente antes de ir a trabajar, bendigan los alimentos juntos, entreguen su dia a Dios, consagren su intimidad a Dios para que los fortalezca y los una mas a través de ella. Dios quiere que los matrimonios sean felices y si ustedes lo tienen de centro siempre… Él se encargará de que nada ni nadie los separe.

Más valen dos que uno, pues mayor provecho obtienen de su trabajo. Y si uno de ellos cae, el otro lo levanta. ¡Pero ay del que cae estando solo, pues no habrá quien lo levante! Además, si dos se acuestan juntos, uno al otro calientan; pero uno solo, ¿Cómo va a entrar en calor? Uno solo puede ser vencido, pero dos podrán resistir. Y además, la cuerda de tres hilos no se rompen fácilmente (Ecl 4, 9-11).

8. Darse besos con la novia cada fin de semana es una cosa, vivir con ella es otra

El texto no esta solo orientado hacia la mujer, una cosa es darse besos cada fin de semana (y hasta tener intimidad con la novia o novio… cosa que es pecado, es fornicación y es pecar contra el sexto mandamiento) y otra cosa es convivir, son cosas completamente distintas y diferentes, como se expuso en el punto «4. te casas con la familia» y es cuando aparece la familiaridad, las manias, el orden o desorden propio, la forma de hacer las cosas que incomodan al otro, el estar solo y no poder, el no querer a ratos sonreir y tener que dar explicaciones cuando no se quieren dar, ahi la cosa cambia. Siempre de novios guardabamos lo mejor para la pareja, y aunque en el matrimonio deberia ser asi, no lo es, y no siempre guardamos lo mejor, y nuestra persona amada… le tocara ver los ires y venires de nuestra vida, nuestro genio y de nuestra forma de hacer las cosas… verá nuestras inconsistencias e incoherencias y nosotros también las de ella… en esos casos ahí… es donde se ponde a prueba el amor… ahí es donde uno ama a la persona por su ser y no por su forma de ser.

9.  Ser fiel

Sé que ambos se casan para ser fiel el uno al otro. Ok y ambos saben la herida tremenda que es el adulterio en las familias, en las parejas, el engaño etc. y es devastador. Pero bueno hay mas tipos de infidelidades, la primera y que es gravisima, la del corazón. miremos esta cita: Todo el que mira con malos ojos a una mujer ya cometió con ella adulterio en su corazón (Mt 5, 28)

Ese adulterio tambien daña a la pareja, al individuo, la pornografía y el erotismo de las peliculas y las novelas incitan a que deseemos a otros hombres y mujeres, y que se desquebraje la unión que Dios quiere darnos. Igual se es infiel cuando hay algo mas importante que nuestra pareja (obvio… primero Dios) pero si hay algo como… el trabajo, el dinero, mi madre, mi padre, etc., le estoy faltando en el amor a mi pareja y estoy permitiendo que se desquebraje la relación.

10. Lo primero que se pierde: La comunicación

Estamos juntos, vivimos juntos, nos bañamos juntos, comemos juntos, dormimos juntos… siempre nos vemos, siempre esta ella o el ahi, ambos dejan de ser novedad, ella esta muy ocupada en cosas de la casa, el muy ocupado en el trabajo, conclusión se dejaron de comunicar, se dejaron de contar los detalles que se contaban todos los días por telefono, las minucias, que me dijo y que le dije, como me senti y como se sitió y la seguridad de tenerse en casa… se convirtió en el enemigo que los separó y los termino convirtiendo en un par de extraños. Y cuando alguien de nuevo se interese en mi o en ella, diré «a esta(e), si le intereso, en casa no…» y empiezan las historias de infidelidades minimo de corazón.

11. Cuando hay que amar con la razón: ¡Amar es una decisión!

Esto pasa, y lo pueden leer en todos los libros de sicolgía, y es que el enamoramiento dura entre dos y tres años, luego hay que amar con la razón. El corazón, late mas despacio y la razón comienza a mostrarnos el lado flaco de nuestra pareja, pues bien ahi es donde amar se constituye en una decisión y donde amar es un ejercicio de la razón. Les dejo de tarea profundizar en este tema, aunque en general se toca en todos los cursillos prematrimoniales.

12. Eso le pasa a los demás, ¡a mí no o a nosotros no!

Actualmente ustedes se toman de la mano cual pimpollo y pimpinela, cual par de enamorados y miran las parejas de sus amigos y familiares, encuentran similitudes y diferencias, y mirándose a los ojos… dicen nosotros nunca nos trataremos asi, nosotros nunca haremos esto, bueno, les cuento que ellos tambien se prometieron amor eterno y se miraron como se miran ahora ustedes, deben saber perdonar y superar las dificultades.. superar las heridas… aprender de ellas y enterrarlas pero… si todo eso que les pasa a las parejas tanto bueno como malo.. les pasara a ustedes muy probablemente. Trabajen juntos, en fortalecer su amor y en sanar rapido las heridas. para cuando vengan los tiempos dificiles sepan afrontarlos.

Y si una familia está dividida contra sí misma, esa familia no puede mantenerse en pie (Mc 3, 25).

13. El matrimonio como compromiso con la vida

Esta se las dejo de consulta, pero les pregunto: ¿Quieren la bendición completica de Dios para ustedes y sus hijos?… no usen metodos anticonceptivos abortivos como la T de cobre, (en general todos los métodos anticonceptivos son abortivos a excepción del condón); les sugiero estudiar los métodos naturales, es posible llevarlos, por mera curiosidad.

14. El matrimonio es un sacramento, ¿qué significa eso?

Si ustedes analizan todo sacremento lleva a la unión con Dios, ustedes como sacramento vivo estan llamados a traer hijos de Dios y formarlos en el amor y a llevar el amor de DIos a los hombres. Eso es lo que significa ser sacramento vivo. Con el tiempo comprenderán qué es eso.

15. Nuestro deber con la eternidad

Leamos este texto: Sed sumisos los unos a los otros en el temor de Cristo. Las mujeres a sus maridos, como al Señor, porque el marido es cabeza de la mujer, como Cristo es Cabeza de la Iglesia, el salvador del Cuerpo. Así como la Iglesia está sumisa a Cristo, así también las mujeres deben estarlo a sus maridos en todo. Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, purificándola mediante el baño del agua, en virtud de la palabra, y presentársela resplandeciente a sí mismo; sin que tenga mancha ni arruga ni cosa parecida, sino que sea santa e inmaculada. Así deben amar los maridos a sus mujeres como a sus propios cuerpos. El que ama a su mujer se ama a sí mismo. Porque nadie aborreció jamás su propia carne; antes bien, la alimenta y la cuida con cariño, lo mismo que Cristo a la Iglesia (Ef 5, 21-29).

Me puse a subrayarlo y termine subrayando todo… pero en este texto tan clave para ustedes miren estos dos detalles resaltados, que quiero que mediten:

  • Entregarse a uno mismo por el cónyuge (esto no es solo para el propósito).
  • El deber es presentar al cónyuge ante Dios, al momento de la muerte, santos e inmaculados… o sea, toda su vida debe ser un trabajo continuo por la santidad del otro

16. La intimidad es un regalo de amor

Consejos breves respecto a la intimidad:

  • No es un premio
  • No es un castigo
  • Es darse
  • Unirse
  • No es una obligación
  • No es para saciar la pasión que se siente por otro u otra (lamentablemente)
  • No es para saciar la genitalidad
  • Es para manifestarse el amor y entrega mutua (Dios nos hizo sexuados… pudo no haberlo hecho… pero quiso que en el momento culmen de amor y entrega, se pudiera generar vida)
  • No es para faltarle a la dignidad de la otra persona

17. Los familiares, los suegros, etc. (cómo manejarlos)

En el noviazgo muchas veces se nos olvida una parte importante que viene a hacer parte de la pareja… los suegros, los tios, sobrinos… los postizos. Eventualmente cuando los novios ya han tomado la decision de formalizar la relacion y buscar ya una union para siempre les toca incluir en ese diario vivir a estas partes de las familias que siempre estaran en sus vidas.

Muchas veces por querer congraciarnos con los futuros suegros y demás parentela asumimos ciertas posiciones y aparecemos como los agradables, siempre alegres, dispuestos a todo inclusive a aceptar un consejo pero que a la hora de la verdad puede ser para ese novio o novio un consejo inapropiado, de mal gusto e incluso que son invitados sin ser llamados.

Para poder mantener una Buena relacion entre la pareja y los futures suegros y demas familiars es indispensable desde el principio sentar ciertos precedentes que puedan evitar en el futuro malos entendiods y disgustos que pueden llevar a la division no solo entre las familias sino entre los novios y/o ya esposos de llegar a darse la boda.

Desde el principio de una relacion que al parecer llegara a los altarse esbueno que cada uno por aparte siente a sus propios padres y comunicarles la importancia de mantener buenas relaciones entre todos y que para que eso se de haya respeto en la intimidad de ellos esperenado ser invitados. Con amor explicarles que entre la pareja se han puesto de acuerdo en mantener su intimidad sin que nadie opine a no ser que se les llame.

Toda pareja necesita su espacio y desde el principio es algo que deben dejar claro para evitar que se dañe la relacion entre los esposos… Hay un dicho que dice «el casado casa quiere… y nadie puede tocar a la puerta sin ser invitado…» y otro que solía decir mi papá es «detras de la puerta de cada hogar hay un mundo distinto al del otro»… por ende los suegros y familias postizas deben entender que nadie debe meterse en las intimidades de la pareja y dejar cada quien viva su independencia.

Algunos puntos importantes a tener en cuenta para que los novios y/o futuros esposo lleguen a vivir plenamente felices aunque lleguen momentos dificiles:

  1. De antemano conocerse, conocer bien las costmbres de ambas partes, saber que hay cosas en comun entre ellos y de las familias de cada uno como son creencias religiosas, intereses, educacion..etc.
  2. Ser siempre amables, cortes, utilizar buen vocabulario y buenos modales.
  3. Evitar discutir delante de los suegros y/o familiares de parte y parte auqnue en un momento dado entre la pareja haya diferencias, esto daria para que ellos tomaran partes y a la vez discusiones que lo que harian es indisponer a la pareja y danar la relacion. Los padres siempre seguiran viendo a los hijos como sus «hijitos», y no les gustaran por mas que disimulen que esa otra persona le trate mal.
  4. Cada uno debe demostrar interes por la familia del otro y estar enterado de ellos en cuanto a salud, logros y demas eso dara a cada uno de las partes incluyendo a los suegros y familiares mucho gusto de saber que hay interes por ellos y que sean tomados en cuenta.
  5. Mucho respeto por los suegros y familiares de cada uno. Por muy parecidos que sean las familias en costumbres,tradiciones siempre hay algo distinto y eso debe ser respetado auqnue no vaya de acuerdo con la pareja y viceversa.

Tengan en cuenta que de la unión de la pareja todos seran una familia y mantener los valores basicos como la prudencia, tolerancia daran a que la relacion entre las familias sea agradable y se maneje siempre las situaciones con sabiduria, elegancia, altura y armonía.

La pareja debe siempre tener en cuenta que no se casan entre sí solamente… se casan con las familias de cada quien y se les debe amar y aceptar buscando siempre mantener la distancia necesaria para que la relacion siempre se mantenga solida y para siempre.

Pero ante cualquier situacion o problema leve o grave, es mejor que la pareja lo solucione sin tener enterado a todo el circulo opinando sin el contexto de lo que realmente sucede y trayendo problema y distrayendo. Si se debe elegir entre los familiares… y la nueva familia… se debe elegir la nueva familiam el nuevo hogar, el nuevo matrimonio, pues escrito está: Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne (Gn 2, 24), por lo que se corta cualquier cordón umbilical con los padres y se comienza una nueva aventura de familia acompañada por la mano de Dios.

18. Escoger a los padrinos

En la escogencia de los padrinos solemos ser ligeros, y solo hacerlo por afinidad, familiridad, acto social, o simpatía excesiva; y en realidad no debería ser así.

Veamos algunas definiciones:

Según el diccionario de la real academia de la lengua es: «Persona que tiene, presenta o asiste a otra persona que recibe el sacramento del bautismo, de la confirmación, del matrimonio o del orden si es varón, o que profesa, si se trata de una religiosa».

Según el derecho canónico es: «El padrino es una figura principalmente de las religiones cristianas, que asiste a otra persona en ciertos sacramentos».

He escuchado mucho entre mis abuelos, padres y familiares de edad decir que el niño bautizado tiene las mismas virtudes, y defectos del padrino.

Bajo esta afirmación es muy recomendable escoger para padrinos un matrimonio santo, donde tanto el esposo como la esposa sean modelos ejemplares de la vida cristiana, y que esa gracia que está depositada en ellos, se multiplique en el nuevo hogar como una vela enciende a otra.

19. Ante cualquier situación, elijan amar

Llegarán, momentos oscuros, de pelea, de dificultad y de confrontación, ante esos momentos, aunque el otro no lo quiera y no lo haga elijan amar.

No se trata de ser tontos y hacerse el tonto, se trata de buscar un bien mayor, muestrenle al otro como se ama.aunque solo reaccione favorablemente en el lecho de muerte.

Ahí les va, para terminar este laaaaaaaaaaarrrgo correo electónico, el himno al amor:

Aunque hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor, soy como bronce que suena o címbalo que retiñe.

Aunque tuviera el don de profecía, y conociera todos los misterios y toda la ciencia; aunque tuviera plenitud de fe como para trasladar montañas, si no tengo amor, nada soy.

Aunque repartiera todos mis bienes, y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo amor, nada me aprovecha.

El Amor es paciente, es servicial; el Amor no es envidioso, no es jactancioso, no se engríe; es decoroso; no busca su interés; no se irrita; no toma en cuenta el mal; no se alegra de la injusticia; se alegra con la verdad. 

Todo lo excusa. Todo lo cree. Todo lo espera. Todo lo soporta.

El Amor no acaba nunca. Desaparecerán las profecías. Cesarán las lenguas. Desaparecerá la ciencia. Porque parcial es nuestra ciencia y parcial nuestra profecía. Cuando venga lo perfecto, desaparecerá lo parcial. 

Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño. Al hacerme hombre, dejé todas las cosas de niño. Ahora vemos en un espejo, en enigma. Entonces veremos cara a cara. Ahora conozco de un modo parcial, pero entonces conoceré como soy conocido. 13,13 Ahora subsisten la fe, la esperanza y el Amor, estas tres. Pero la mayor de todas ellas es el Amor.

Co 13, 1-13

Oración de los esposos

Alabado seas, Dios de nuestros antepasados, alabado sea tu nombre por siempre. Que el cielo y la creación entera te alaben por todos los siglos. Tu creaste a Adán y le diste a su esposa Eva como compañera y apoyo. Y de ellos dos nació todo el género humano. Tú dijiste: «No es bueno que el hombre este solo. Le voy a hacer alguien que sea una ayuda adecuada para él». Ahora y no tomo esta mujer movido por deseos impuros sino con intenciones sinceras. Dígnate tener compasión de mí y de ella y concédenos llegar juntos a la vejez (Tb 8, 5-7).

Citas bíblicas sobre el matrimonio

  • Esposas, sométanse a sus propios esposos como al Señor (Ef 5, 22)
  • Porque el esposo es cabeza de su esposa (Ef 5, 23.1)..
  • Cristo es cabeza y salvador de la iglesia, la cual es su cuerpo. Así como la iglesia se somete a Cristo, también las esposas deben someterse a sus esposos en todo (Ef 5, 23.2-24).
  • Esposos, amen a sus esposas, así como Cristo amó a la iglesia y se entregó por ella (Ef 5, 25).
  • El que ama a su esposa se ama a sí mismo, pues nadie ha odiado jamás a su propio cuerpo; al contrario, lo alimenta y lo cuida, así como Cristo hace con la iglesia, porque somos miembros de Su cuerpo (Ef 5, 28-30).
  • En todo caso, cada uno de ustedes ame a su esposa como a sí mismo, y que la esposa respete a su esposo (Ef 5, 33).

Fuente original de este artículo en catholic.net.