La Biblia más infantil: Milagros de Jesús (III)

La Biblia más infantil: Milagros de Jesús (III)

Marta y María

En un pueblecito llamado Betania, vivían tres hermanos: Marta, María y Lázaro, a los que Jesús quería mucho. Un día le llegó a Jesús una triste noticia: «Lázaro ha muerto». Entonces Jesús fue a Betania, donde le recibieron las dos hermanas llorando. Marta le dijo: «Si hubieras estado aquí, Lázaro no habría muerto». Jesús respondió: «No te preocupes, Lázaro resucitará».

 

«Que mis hermanos y yo seamos muy amigos tuyos»

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Jesús resucita a Lázaro

Jesús resucita a Lázaro

Jesús fue hasta el sepulcro y mandó quitar la piedra. El sepulcro donde estaba enterrado Lázaro era una cueva con una piedra tapando la entrada. Las hermanas le advirtieron que ya olía mal, pues llevaba cuatro días muerto. Pero obedecieron y abrieron la cueva. Jesús gritó con fuerte voz: «Lázaro, sal fuera». Y Lázaro salió vivo, vendado de pies y manos.

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De La Biblia más infantil, Casals, 1999. Páginas 104 a 105

Coordinador: Pedro de la Herrán

Texto: Miguel Álvarez y Sagrario Fernández Díaz

Dibujos: José Ramón Sánchez y Javier Jerez

 

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Catequesis sobre Santa Catalina de Suecia, discípula fiel

Catequesis sobre Santa Catalina de Suecia, discípula fiel

Vocación, pureza y fidelidad en el camino cristiano


Objetivo de la sesión

Ayudar a los jóvenes a descubrir que la vocación cristiana es una llamada personal de Dios que se vive en fidelidad cotidiana, aprendiendo de santa Catalina de Suecia a unir pureza, discernimiento, vida interior y continuidad en la misión de la Iglesia.

Duración total:
Introducción (8 min) – Uso (5 min) – Hagiografía (18 min) – Profundización teológica y vocacional (20 min) – Lectura de la imagen (8 min) – Actividades (25 min) – Oración (10 min)


Introducción

El ser humano busca constantemente sentido: qué hacer con su vida, hacia dónde ir, qué decisiones tomar. Sin embargo, la fe cristiana enseña que la vida no es un proyecto propio que se inventa, sino una llamada que se descubre. El Señor dice: “No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto” (Jn 15,16, Biblia CEE).

Santa Catalina de Suecia vivió profundamente esta verdad. No buscó su propio camino, sino que aprendió a escuchar a Dios en cada etapa de su vida.

Hoy la pregunta es clara: ¿estoy viviendo lo que quiero… o lo que Dios quiere para mí?


Uso de la catequesis

Esta sesión puede dividirse en dos bloques: vocación y pureza, y discernimiento y fidelidad. El catequista debe ayudar a los jóvenes a pasar de una fe superficial a una fe que implica decisiones reales.


Hagiografía


Santa Catalina de Suecia nació en el siglo XIV, hija de santa Brígida, en un ambiente profundamente cristiano. Desde joven aprendió el valor de la oración, la vida interior y la obediencia a Dios.

Fue dada en matrimonio, pero vivió esta realidad de forma profundamente cristiana, manteniendo con su esposo una vida de continencia por mutuo acuerdo, mostrando que el amor humano está llamado a orientarse hacia Dios. San Pablo enseña que “el que no está casado se preocupa de las cosas del Señor… el casado se preocupa de las cosas del mundo” (1 Cor 7,32-33, Biblia CEE), lo que ayuda a comprender la radicalidad de su opción.

Tras enviudar, acompañó a su madre a Roma, donde vivió una etapa decisiva de su vida espiritual. Allí descubrió la universalidad de la Iglesia, profundizó en la oración y aprendió a vivir en fidelidad cotidiana.

Roma fue para ella una escuela interior: aprendió a permanecer, a obedecer y a escuchar a Dios en lo concreto.

Tras la muerte de su madre, asumió la continuidad de su obra con fidelidad, regresando a Suecia y colaborando en la vida del monasterio de Vadstena. Su vida no estuvo marcada por grandes gestos visibles, sino por una fidelidad constante. El Señor enseña: “El que es fiel en lo poco, también en lo mucho es fiel” (Lc 16,10, Biblia CEE).

Santa Catalina muestra que la santidad consiste en continuar lo que Dios ha comenzado, con humildad y perseverancia.


Profundización teológica y vocacional

La vocación cristiana es una llamada personal de Dios. La Sagrada Escritura afirma: “Sed santos, porque yo soy santo” (1 Pe 1,16, Biblia CEE), y el Concilio Vaticano II enseña que “todos los fieles están llamados a la santidad” (Lumen Gentium, 40).

La vida de santa Catalina permite comprender tres dimensiones fundamentales de la vocación. En primer lugar, la vocación como llamada: el joven Samuel responde diciendo “Habla, Señor, que tu siervo escucha” (1 Sam 3,10, Biblia CEE), mostrando que la vocación nace de la escucha. En segundo lugar, la vocación como respuesta: la Virgen María dice “Hágase en mí según tu palabra” (Lc 1,38, Biblia CEE), revelando que la vocación exige disponibilidad. En tercer lugar, la vocación como fidelidad: el Señor pide “Permaneced en mi amor” (Jn 15,9, Biblia CEE), indicando que la vocación es un camino continuo.

La tradición de la Iglesia confirma esta enseñanza. San Agustín explica que el corazón humano está inquieto hasta descansar en Dios, mientras san Gregorio Magno enseña que el verdadero crecimiento espiritual consiste en vivir lo que se cree con coherencia. Benedicto XVI resume esta tradición al afirmar que “la santidad no consiste en hacer cosas extraordinarias, sino en vivir en comunión con Cristo” (Audiencia General, 13 de abril de 2011).

Santa Catalina vivió esta vocación en diferentes formas: en el matrimonio vivido en castidad, en la vida consagrada y en la fidelidad a la misión recibida en la Iglesia.


Lectura catequética de la imagen

La imagen presenta a santa Catalina en oración en Roma, en actitud de recogimiento y apertura a Dios. La postura de oración indica vida interior, el aura manifiesta la presencia de Dios, Roma representa la Iglesia universal y la figura de santa Brígida expresa la continuidad espiritual.

El catequista debe guiar a los jóvenes a contemplar, identificarse, escuchar y responder. No se trata solo de mirar la imagen, sino de dejar que hable al corazón.


Actividades catequéticas

1. Discernir la propia vida

Tiempo: 10 minutos
Materiales: papel y bolígrafo

Cada joven responde por escrito: ¿qué quiero ser en la vida?, ¿qué quiere Dios de mí?, ¿he rezado alguna vez por mi vocación? El catequista debe insistir en que la vocación no se inventa, sino que se descubre en la oración y en la escucha.

Objetivo: despertar el discernimiento vocacional.


2. Taller de pureza y libertad interior

Tiempo: 10 minutos

Se proclama el texto: “Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios” (Mt 5,8, Biblia CEE). A partir de ahí, el catequista guía la reflexión: ¿qué ocupa mi corazón?, ¿soy libre o estoy condicionado por el ambiente?, ¿busco a Dios o solo lo superficial?

Objetivo: comprender la pureza como libertad interior.


3. Fidelidad en lo cotidiano

Tiempo: 5 minutos

Cada joven escribe una acción concreta que puede mejorar en su vida diaria. El catequista explica que la santidad comienza en lo pequeño, en lo que nadie ve.

Objetivo: concretar la vida cristiana.


4. Lectio divina

Tiempo: 10 minutos

Se proclama: “Permaneced en mí, y yo en vosotros” (Jn 15,4, Biblia CEE). Se deja un momento de silencio, seguido de una oración personal y un compromiso concreto.

Objetivo: interiorizar la Palabra de Dios.


Oraciones

Santa Catalina de Suecia,
modelo de pureza y fidelidad,
enséñanos a escuchar la voz de Dios,
a responder con generosidad,
y a vivir con un corazón limpio y sencillo.
Ruega por nosotros.

Señor Jesús,
Tú que llamas a cada uno por su nombre,
ayúdanos a descubrir nuestra vocación,
a seguirte sin miedo,
y a permanecer fieles hasta el final.

Espíritu Santo,
luz de nuestras decisiones,
guía nuestros pasos,
ilumina nuestro camino,
y haznos discípulos fieles de Cristo.


Conclusión

Santa Catalina nos enseña que la santidad consiste en escuchar a Dios, responder con generosidad y permanecer fieles en el camino.


Consejos

Padres: acompañar sin imponer.
Jóvenes: buscar a Dios con sinceridad.
Catequistas: enseñar a discernir.

Autor: Guillermo Mirecki

 

La Biblia más infantil: Milagros de Jesús (II)

La Biblia más infantil: Milagros de Jesús (II)

El paralítico (I)

Estaba Jesús explicando el Evangelio en casa de unos amigos. La casa estaba llena y no cabía nadie más. Fuera de la casa, estaba un paralítico que había oído hablar de Jesús y deseaba entrar. Unos amigos le ayudaron, metiéndole por una ventana y lo pusieron a los pies de Jesús. Jesús le dijo: «Confía en mí, tus pecados te son perdonados».

 

«Que yo también te acerque a mis amigos»

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El paralítico (II)

El paralítico (II)

También estaban allí unos fariseos, para ver lo que hacía Jesús y espiarle. Los fariseos pensaron: «Éste miente, pues sólo Dios puede perdonar los pecados». Jesús, que conocía sus pensamientos, les dijo: «¿Por qué pensáis mal? ¿Qué es más fácil: perdonar los pecados o curar al paralítico y que ande?». Y para que vieran que es el Hijo de Dios y que puede perdonar los pecados, dijo al paralítico: «¡Levántate, coge tu camilla y vete a casa!». El paralítico se puso en pie muy contento y se fue a su casa.

«Jesús, perdóname cuanto me he portado mal»

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La hija de Jairo (I)La hija de Jairo (I)

Otro día, Jairo, que era uno de los jefes de la sinagoga, se acercó llorando porque su hija se le estaba muriendo. Jesús le acompañó. Cuando llegó a la casa, la niña ya había muerto, pero Él les dijo a los que lloraban y daban gritos: «¿Por qué alborotáis y lloráis? La niña no está muerta, sino dormida». Algunos se reían de Él. Pero Jesús entró en el cuarto de la niña…

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La hija de Jairo (II)La hija de Jairo (II)

La cogió de la mano… y la niña resucitó. Como Jesús es Dios, tiene poder sobre la vida y sobre la muerte. No tiene más que mandar. Por eso le bastó decirle a la hija de Jairo: «Niña, ¡levántate!». Y la niña muerta se levantó enseguida y se puso a andar. Y todos quedaron asombrados ante el poder de Jesús.

 

«Jesús, qué grande es tu poder»

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Multiplicación de los panesMultiplicación de los panes

Un día estaba Jesús hablando a mucha gente. Se iba haciendo de noche y estaban lejos de sus casas. Jesús les dijo a los Apóstoles que mandaran a todos sentarse y les dieran de cenar. Pero sólo tenían cinco panes y dos peces. Jesús bendijo los panes y los peces y se multiplicaron de tal manera, que los Apóstoles los repartieron y comieron todos y además sobró.

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Oración «Bendición de la mesa»

El niño Jesús, que nació en Belen,

Bendiga esta mesa y a nosotros también.

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De La Biblia más infantil, Casals, 1999. Páginas 94 a 98

Coordinador: Pedro de la Herrán

Texto: Miguel Álvarez y Sagrario Fernández Díaz

Dibujos: José Ramón Sánchez y Javier Jerez

 

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«Padre Nuestro» – Partitura para niños

«Padre Nuestro» – Partitura para niños

Nuestra oración con mucha frecuencia es petición de ayuda en las necesidades. Y es incluso normal para el hombre, porque necesitamos ayuda, tenemos necesidad de los demás, tenemos necesidad de Dios. De este modo, es normal para nosotros pedir algo a Dios, buscar su ayuda. Debemos tener presente que la oración que el Señor nos enseñó, el «Padre nuestro», es una oración de petición, y con esta oración el Señor nos enseña las prioridades de nuestra oración, limpia y purifica nuestros deseos, y así limpia y purifica nuestro corazón. Ahora bien, aunque de por sí es normal que en la oración pidamos algo, no debería ser exclusivamente así. También hay motivo para agradecer y, si estamos un poco atentos, vemos que de Dios recibimos muchas cosas buenas: es tan bueno con nosotros que conviene, es necesario darle gracias. Y debe ser también oración de alabanza: si nuestro corazón está abierto, a pesar de todos los problemas, también vemos la belleza de su creación, la bondad que se manifiesta en su creación. Por lo tanto, no sólo debemos pedir, sino también alabar y dar gracias: sólo de este modo nuestra oración es completa.

Meditación del Santo Padre emérito Benedicto XVI

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Padre Nuestro

Padre nuestro, que estás en el cielo,

santificado sea tu Nombre;

venga a nosotros tu reino;

hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día;

perdona nuestras ofensas

como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden;

no nos dejes caer en la tentación,

y líbranos del mal.

Amén.

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«Padre Nuestro» – Partitura

Obtener partitura en tamaño real
«Padre Nuestro» - Karaoke

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Recursos para «Primeros pasos con Jesús»

 

 

¿Se puede amar «para siempre»? – Santo Padre Francisco

¿Se puede amar «para siempre»? – Santo Padre Francisco

Dios que ha creado al hombre por amor, lo ha llamado también al amor, vocación fundamental e innata de todo ser humano. Porque el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios (Gn 1,2), que es Amor (cf 1 Jn 4,8.16). Habiéndolos creado Dios hombre y mujer, el amor mutuo entre ellos se convierte en imagen del amor absoluto e indefectible con que Dios ama al hombre. Este amor es bueno, muy bueno, a los ojos del Creador (cf Gn 1,31). Y este amor que Dios bendice es destinado a ser fecundo y a realizarse en la obra común del cuidado de la creación. «Y los bendijo Dios y les dijo: «Sed fecundos y multiplicaos, y llenad la tierra y sometedla»» (Gn 1,28).

Catecismo de la Iglesia Católica, n.º 1604

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Audiencia del Santo Padre a los novios con motivo de San Valentín

También podéis visionar el vídeo oficial de Radio Vaticana.

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Preguntas al Santo Padre Francisco

 

El miedo al «para siempre»

Su Santidad, son muchos los que hoy día piensan que prometerse lealtad para toda la vida es una tarea muy difícil; muchos creen que el reto de vivir juntos para siempre es hermoso, encantador, pero demasiado exigente, casi imposible. Le pediría su palabra para que nos ilumine sobre esto.

Gracias por su testimonio y por su pregunta. Me han enviado sus preguntas por adelantado, así que he tenido la oportunidad de reflexionar y pensar una respuesta un poco más sólida.

Es importante preguntarnos si es posible amarnos unos a otros «para siempre». Esta es una pregunta que tenemos que hacernos: ¿Se puede amar a los demás «para siempre»? Hoy día muchas personas tienen miedo de tomar decisiones. Un niño dijo a su obispo: «Quiero ser sacerdote, pero sólo durante diez años».  Tenía miedo de tomar una decisión definitiva. Pero es un temor general, de nuestra propia cultura. Tomar decisiones para toda la vida parece imposible.

Hoy todo está cambiando rápidamente, nada dura para siempre… Y esta mentalidad lleva a muchos que se preparan para el matrimonio diciendo, «hemos estado juntos tanto tiempo como el amor», ¿y luego qué? ¿saludos y nos vemos?… Y así termina el matrimonio. Pero, ¿qué entendemos por «amor»? ¿sólo un sentimiento, una condición física o mental? Claro, si sólo es eso, es imposible construir algo sólido. Pero si el amor es una relación, entonces es una realidad que está creciendo, y también podemos decir a modo de ejemplo que se construye como una casa. Y la casa construida en conjunto no está solo el edificio aquí significa estimular y ayudar al crecimiento.

Queridos novios, que se están preparando para crecer juntos, para construir esta casa, para vivir juntos para siempre. No quiero que se fundamenten en la arena de los sentimientos que van y vienen, sino sobre la roca del amor verdadero: el amor que viene de la familia de Dios viene de este proyecto de amor que quiere crecer a medida que construye una casa que es un lugar de afecto, ayuda, esperanza y apoyo. Como también el amor de Dios es permanente y para siempre, por lo que el amor que fundó la familia quiere que sea estable y para siempre. Por favor, no debemos dejarnos vencer por la «cultura de la provisional». !Esta cultura que nos invade hoy, esta cultura de la provisional. Esto está mal! 

Así que, ¿cuál es la manera de curar el miedo del «para siempre»? Preocuparnos cada día, confiando en el Señor Jesús, en una vida que se convierta en un viaje espiritual diario compuesto por pasos pasos pequeños—, pasos de crecimiento mutuo en los que se comprometan a ser hombres y mujeres maduros de la fe. ¿Por qué, queridos amantes, el «para siempre» es sólo una cuestión de tiempo? Un matrimonio no sólo tiene éxito si dura, también es importante su calidad. Estar juntos y saber cómo aman para siempre es el desafío de los esposos cristianos. Esto me recuerda el milagro de los panes: para ti, el Señor puede multiplicar su amor y donartelo fresco y bueno todos los días. Cuenta con un suministro sin fin. Él te da el amor que es el fundamento de su matrimonio y cada día se renueva, fortalece. Esto hace que sea aún más grande cuando la familia crece con los niños. En este camino es importante la oración, es necesaria siempre. Él, para ella, para él y para ella los dos juntos. Pídanle a Jesús que multiplique su amor. En el Padrenuestro decimos: «Danos hoy nuestro pan de cada día». La novia y el novio pueden aprender a orar: «Señor, danos hoy nuestro amor todos los días», porque el amor de los esposos es el pan de cada día, el verdadero pan del alma, aquello que los apoya para seguir adelante. ¿Podemos hacer la prueba para saber si lo ponemos? «Señor, danos hoy nuestro amor todos los días». ¡Todos juntos! [novios: «Señor, danos hoy nuestro amor todos los días»]. ¡Otra vez! [novios: «Señor, danos hoy nuestro amor todos los días»]. Esta es la oración de las parejas y recién casados que participan. ¡Enséñanos a amar, a amar a los demás! Cuanto más se confía a Él, más su amor será «para siempre», capaz de renovarse, y ganar cada dificultad. Eso es lo que pensé que quería decirles en respuesta a su pregunta.

¡Gracias!

 

¿Existe un «estilo de vida» en el matrimonio?

Santidad, dice que vivir juntos todos los días es agradable, da alegría; pero es un reto. Debemos aprender a amarnos unos a otros porque hay un «estilo» de la vida matrimonial, una espiritualidad de la vida cotidiana que queremos aprender… ¿Nos puede ayudar en esto, el Santo Padre?

La convivencia es un arte, un camino paciente, bello y encantador. Pero no termina cuando se ha conquistado el uno al otro… De hecho, es precisamente entonces cuando comienza. Este viaje diario tiene reglas que se pueden resumir en estas tres palabras palabras que he repetido muchas veces a las familias«permiso», «gracias» y «lo siento».

«Permiso» (pedir permiso – ¿puedo?). Es el tipo de solicitud se puede obtener en la vida de otra persona con respeto y cuidado . Tenemos que aprender a preguntar: ¿puedo hacer esto? Al igual que: ¿podríamos educar a nuestros hijos de esta manera? ¿Quieres que te vaya a buscar esta tarde?… En pocas palabras, significa ser capaz de pedir permiso para entrar en la vida de otros con cortesía. Pero escucha: ser capaz de entrar en la vida de otros con cortesía no es fácil… no es fácil . A veces, en lugar de utilizar los modales, somos pesados como unas botas de senderismo. El verdadero amor no se impone por la dureza y la agresividad. En las Florecillas de San Francisco dice la expresión: «Sepan que la cortesía es una de las propiedades de Dios … y la cortesía es la hermana de la caridad, que apaga el odio y mantiene el amor» ( Cap. 37 ). Sí , la cortesía conserva el amor. Y hoy día en nuestras familias, en nuestro mundo, a menudo violento y arrogante, necesitamos mucha más cortesía. Y esta cortesía puede comenzar en casa.

«Gracias». Parece fácil de decir la palabra «gracias», pero sabemos que no es así; sin embargo, es importante enseñar a los niños porque luego se olvidan. ¡La gratitud es un sentimiento importante! Una anciana me dijo una vez en Buenos Aires: «la gratitud es una flor que crece en la tierra noble». Y es necesaria la nobleza del alma para hacer crecer esta flor. Recuerden que en el Evangelio según san Lucas Jesús sana a diez enfermos de lepra y luego sólo uno de ellos vuelve para dar las gracias al Señor. Jesús dice: «y los otros nueve, ¿dónde están?». Esto también es cierto para nosotros: ¿damos gracias? En vuestra relación, y en el futuro en la vida matrimonial, es importante mantener viva la conciencia de que la otra persona es un don de Dios, y los dones de Dios son para dar las gracias. Y en esta actitud interior la pareja tiene que dar las gracias unos a otros por todo. No es una palabra buena para usar con los extraños, excepto para ser educados. Tenéis que saber cómo dar y decir «gracias», para llevaros bien y manteneros juntos en la vida matrimonial.

«Lo siento». En la vida cometemos muchos errores… ¡tantas equivocaciones! Todos las cometemos. Pero, ¿tal vez hay alguien aquí que nunca ha cometido un error? Levanten la mano si hay alguien, una persona que nunca ha cometido un error… ¡Todos los cometemos! ¡Todos! Tal vez hay días en los que no comentemos un error… La Biblia dice que el hombre más justo peca siete veces al día. He aquí, pues, la necesidad de utilizar esta palabra simple: «lo siento». En general, cada uno de nosotros está dispuesto a acusar a otros y justificarse. Esto comenzó desde nuestro padre Adán cuando Dios le preguntó: «¿Adán, tú has comido de ese fruto?»  «¿Yo? ¡No! Ella me lo dio». Acusándose mutuamente en ver de decir «lo siento»«perdón». Es una vieja historia. Es un instinto que está en el origen de muchos desastres . Aprendamos a reconocer nuestros errores y a pedir disculpas: «Lo siento si te levanté la voz hoy»«Lo siento si me fui sin decir adiós»«lo siento si llego tarde»«si he estado tan callada esta semana»«si hablo demasiado sin escuchar»«perdón, se me olvidó»«estaba enfadado y lo siento por haberla tomado contigo»… Así que tenemos muchos «lo siento» para decir a lo largo del día… Así crece una familia cristiana. Todos sabemos que no hay familia perfecta, e incluso el marido perfecto o la mujer perfecta. No hablemos de la suegra perfecta… Vivimos para nosotros, que somos pecadores. Jesús, que nos conoce bien, nos enseñó un secreto: nunca terminar un día sin pedir perdón, sin traer la paz de vuelta a nuestra casa, a nuestra familia. Hoy día las peleas entre marido y mujer son habituales, siempre hay algún motivo para pelear… tal vez estaba enojado, tal vez voló un plato… pero por favor, recuerden esto: ¡nunca acabar el día sin paz ! ¡Nunca, nunca, nunca! Este es el secreto para mantener el amor y para tener paz. No es necesario hacer un hermoso discurso… A veces, un gesto, etc… es suficiente para que se haga la paz, así de repente. Nunca terminarán los problemas en la casa si no hay paz al final del día… porque si al final del día no se hace la paz, lo que tienes dentro, al día siguiente, es frío y duro y es más difícil hacer la paz que el día anterior. Recuerden bien: ¡nunca acabar el día sin paz! Si aprendemos a pedir perdón y a perdonar a los demás, el matrimonio va a durar, va a ir adelante.

 

Consejos para la celebración del matrimonio

Su Santidad, en los últimos meses estamos haciendo muchos preparativos para nuestra boda; ¿puede dar algunos buenos consejos para celebrar nuestro matrimonio?

Asegúrense de que es un verdadero placer, porque la boda es una celebración, una fiesta cristiana. La razón más profunda de la alegría la indica el Evangelio según san Juan: recordar el milagro de las bodas de Caná. En cierto momento se pierde el vino y la ceremonia parece estar en ruinas. ¡Imagínense terminar los festejos bebiendo Té! ¡No, no te vayas! ¡Sin vino no hay fiesta! A sugerencia de María, que es cuando Jesús se revela por primera vez y le da una señal, convierte el agua en vino y, al hacerlo, se convierte en una excepcional fiesta de bodas. Lo que sucedió en Caná hace dos mil años sucede en realidad en cada boda: lo que va a hacer plena y profundamente cierta su boda será la presencia del Señor que se revela y da su gracia. Es su presencia la que ofrece «el buen vino». Él es el secreto de la alegría plena, quien realmente alimenta mi corazón. ¡No es el «espíritu del mundo», no! ¡Es el Señor, cuando el Señor está ahí!

Al mismo tiempo, sin embargo, es bueno que su matrimonio sea sobrio y hacer que se destaque lo que es realmente importante. Algunos están más preocupados por los signos externos del banquete: fotografías, ropa y flores… Estas cosas son importantes en una fiesta, pero sólo si son capaces de señalar la verdadera razón de su alegría: la bendición de Dios en su amor. Asegúrese de que, como el vino de Caná, los signos externos de su celebración revelan la presencia del Señor, que ello sea la razón de su alegría.

Pero hay algo que usted dijo y quiero tomar el vuelo, porque no quiero dejarlo pasar. El matrimonio es también un trabajo de todos los días, es como el trabajo de un orfebre, porque el marido tiene la obligación de hacer más mujer a su esposa y la mujer tiene la tarea de hacer más hombre a su marido. Crecer en humanidad, como hombre y como mujer. Esto se llama crecer juntos. ¡Esto no se hace solo por sí mismo! El Señor lo bendice, pero viene de sus acciones, de sus actitudes, la forma en que vivimos, la forma de amar… ¡Crezcamos! Asegúrense siempre de que el otro va a crecer. ¡Trabajen para esto! 

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Santo Padre Francisco

Discurso a las parejas que se están preparando para el matrimonio

Plaza de san Pedro el viernes, 14 de febrero de 2014

 

Testamento de santa Bernardita Soubirous: una oración de acción de gracias (en español y português)

Testamento de santa Bernardita Soubirous: una oración de acción de gracias (en español y português)

Por la pobreza en la que vivieron papá y mamá, por los fracasos que tuvimos, porque se arruinó el molino, por haber tenido que cuidar niños, vigilar huertos frutales y ovejas; y por mi constante cansancio… te doy gracias, Jesús.

Te doy las gracias, Dios mío, por el fiscal y por el comisario, por los gendarmes y por las duras palabras del padre Peyremale…

No sabré cómo agradecerte, si no es en el paraíso, por los días en que viniste, María, y también por aquellos en los que no viniste. Por la bofetada recibida, y por las burlas y ofensas sufridas; por aquellos que me tenían por loca, y por aquellos que veían en mí a una impostora; por alguien que trataba de hacer un negocio…, te doy las gracias, Madre.

Por la ortografía que jamás aprendí, por la mala memoria que siempre tuve, por mi ignorancia y por mi estupidez, te doy las gracias.

Te doy las gracias porque, si hubiese existido en la tierra un niño más ignorante y estúpido, tú lo hubieses elegido…

Porque mi madre haya muerto lejos. Por el dolor que sentí cuando mi padre, en vez de abrazar a su pequeña Bernardita, me llamó «hermana María Bernarda»…, te doy las gracias.

Te doy las gracias por el corazón que me has dado, tan delicado y sensible, y que me colmaste de amargura…

Porque la madre Josefa anunciase que no sirvo para nada, te doy las gracias. Por el sarcasmo de la madre maestra, por su dura voz, por sus injusticias, por su ironía y por el pan de la humillación… te doy gracias.

Gracias por haber sido como soy, porque la madre Teresa pudiese decir de mí: » Jamás le cedáis lo suficiente»…

Doy las gracias por haber sido una privilegiada en la indicación de mis defectos, y que otras hermanas pudieran decir: «Qué suerte que no soy Bernardita»…

Agradezco haber sido la Bernardita a la que amenazaron con llevarla a la cárcel porque te vi a ti, Madre… Agradezco que fui una Bernardita tan pobre y tan miserable que, cuando me veían, la gente decía: «¿Esa cosa es ella?» la Bernardita que la gente miraba como si fuese el animal más exótico…

Por el cuerpo que me diste, digno de compasión y putrefacto… por mi enfermedad, que arde como el fuego y quema como el humo, por mis huesos podridos, por mis sudores y fiebre, por los dolores agudos y sordos que siento… te doy las gracias, Dios mío.

Y por el alma que me diste, por el desierto de mi sequedad interior, por tus noches y por tus relámpagos, por tus rayos… por todo. Por ti mismo, cuando estuviste presente y cuando faltaste… te doy las gracias, Jesús.

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Em português

Pela pobreza de meu pai e pela ruína do moinho, pelas ovelhas doentes, graças vos dou, Senhor. Pelos meninos acudidos, pelas ovelhas que tomáveis conta, graças vos dou, Senhor! Graças, ó meu Deus, pelo Procurador, pelo comissário, pelos policiais, pelas duras palavras de Dom Peyramale. Por aqueles dias em que Vós me aparecestes, ó Virgem Maria. E por aqueles dias em que Vós não aparecestes. Eu não vos saberia agradecer de outra maneira a não ser agradecendo-vos no Paraíso.

Pelas bofetadas recebidas, pelos debiques, pelas injúrias e pelos ultrajes. Por aqueles que me mandaram prender como louca. Pela cólera que tiveram contra mim, por aqueles que me tomaram como interesseira… graças vos dou, Senhora! Pela ortografia que eu jamais consegui aprender, pela memória que eu jamais tive. Pela minha ignorância e por toda a minha estupidez, graças vos dou, Senhora!

Eu vos dou Graças, muitas graças porque se houvesse sobre a terra uma menina mais ignorante e mais estúpida do que eu Vós a teríeis escolhido para aparecer.

Graças por ter me dessedentado de amarguras a esse coração por demais tenro que Vós me destes. Pelos sarcasmos da madre mestra de noviças, por sua voz dura, pelas injustiças, pelas ironias, pelo pão da humilhação, muito obrigado! Graças por ter sido aquela privilegiada de ofensas, de quem as irmãs diziam: ‘Que sorte não ser como Bernadette!

Graças por ter sido a Bernadette ameaçada de prisão porque tinha visto a Virgem Maria. Olhada pelas pessoas como um animal raro.

Por esse corpo miserável que Vós me destes. Pelas minhas carnes em putrefação, pelos meus ossos com cáries, pelos meus suores, pela minha febre, pelas minhas dores surdas e agudas. Graças ó meu Deus! E por esse anseio que Vós me destes para o deserto da aridez interior. Pela vossa noite e pelos vossos relâmpagos, pelos vossos silêncios, mais uma vez, graças por tudo! Por Vós ausente e presente, graças, ó Jesus

 

Santos Cirilo y Metodio, copatrones de Europa

Santos Cirilo y Metodio, copatrones de Europa

Sesión de catequesis: Santos Cirilo y Metodio

Apóstoles de los pueblos eslavos y servidores de la verdad

1. Objetivo de la sesión y duración

Ayudar a los jóvenes y a las familias a descubrir cómo la fe cristiana puede dialogar con la cultura, la lengua y la inteligencia humana, siguiendo el ejemplo de los santos Cirilo y Metodio, misioneros, educadores y buscadores incansables de Dios, de la verdad y del bien común.

Duración total estimada: 55–60 minutos.

2. Introducción

En muchas ocasiones se presenta la fe como algo opuesto a la cultura o al pensamiento. Los santos Cirilo y Metodio demuestran lo contrario: creyeron que Dios habla a todos los pueblos, en todas las lenguas, y que la fe cristiana no destruye lo bueno de una cultura, sino que la purifica y la eleva.

3. Uso de la catequesis

La sesión puede realizarse completa en un solo encuentro o dividirse en dos: una parte histórica-doctrinal y otra práctica y orante. Cada actividad está pensada para adaptarse tanto a jóvenes como a familias.

4. Hagiografía

Cirilo y Metodio nacieron en Tesalónica en el siglo IX. Cirilo destacó por su inteligencia y formación; Metodio por su sentido del gobierno y su vida espiritual. Juntos anunciaron el Evangelio a los pueblos eslavos, defendiendo el uso de la lengua propia en la liturgia y la catequesis (San Juan Pablo II, Slavorum Apostoli, 7).

Oa ofrecemos para su uso la siguiente biografía escrita pos el padre Santiago Morillo S.I.:

Las vidas paralelas de estos dos santos hermanos del siglo IX adquieren relieve de trascendente actualidad en el siglo XX. Son ellos, no sólo apóstoles de los países eslavos, sino también portaestandartes de la fidelidad a Roma en los tiempos borrascosos que preludiaron el cisma oriental. Focio, que había de ser patriarca de Constantinopla y primer promotor de la ruptura bizantina con Roma, fue profesor y jefe eclesiástico de ambos. Supieron ellos a tiempo desligarse del cismático patriarca, para seguir en unión con Roma, centro de la catolicidad. Su táctica marca un hito perenne en los actuales problemas de la unión de los cristianos.

Los hermanos Cirilo y Metodio nacieron en Salónica, hermosa y antigua ciudad de la Macedonia griega, a principios del siglo IX. La ciudad se distinguía por su carácter cosmopolita, y los tesalonicenses aprendían con gusto los mas extraños idiomas, gloriándose de poder entender hasta los bárbaros del Norte y mantener activo comercio con las regiones más recónditas de la Panonia, de la Misia y de la Dacia. El valle del río Vardar, en cuya desembocadura se encuentra la ciudad, forma como un corredor de entrada a la península Balcánica y a la región danubiana. Salónica era por eso plaza fuerte tan celosamente atendida por los emperadores bizantinos, ya que, perdida ella, podía darse por terminada la dominación griega en los Balcanes. Eslavos y búlgaros intentaron varías veces apoderarse de Salónica, pero en su fracaso llegaron a establecerse pacíficamente en los suburbios de la ciudad. Entre estas gentes sencillas aprendieron los dos hermanos el difícil e inculto idioma eslavo.

Su padre se llamaba León y ocupaba el alto cargo de lugarteniente general de la zona militar; hombre versado no sólo en asuntos militares, sino filosóficos y religiosos, en su biblioteca abundaban las obras de los Santos Padres, particularmente las de San Gregorio Nacianceno. Tanto él como su señora eran de noble abolengo y muy piadosos. Tuvieron siete hijos, de los que Metodio era el primero y Cirilo el último. Aquél nació en 815, éste en 826. Lo mismo el nombre de Metodio que el de Cirilo son monásticos; Cirilo se llamaba Constantino, debiendo el nombre de Metodio de empezar igualmente por M, según la costumbre monacal de permutar el nombre propio por otro que empezase por la misma letra.

Muy joven aún, Metodio fue nombrado gobernador de la provincia de la Macedonia interior, en las fronteras de la actual Albania, donde ya se establecían los eslavos. Allí conoció el espíritu y las necesidades de este pueblo.

Cirilo inició sus estudios en Salónica. En ese tiempo leía y releía las obras de San Gregorio Nacianceno, aprendiendo de memoria sus maravillosas composiciones poéticas y aspirando a la sabiduría divina que brillaba en los escritos del maestro. Muerto prematuramente León, cuando Cirilo tenía sólo catorce años, fue éste acogido bajo la protección de Teoctistos, canciller imperial y primer ministro de la emperatriz Teodora, quien le llamó a Constantinopla para completar allí su formación.

Constantinopla estaba en el siglo IX en el apogeo de su esplendor: era, efectivamente, la capital del mundo civilizado y centro importantísimo de cultura cristiana. El patriarcado gozaba de muchísimos privilegios, lo que, unido a la intromisión de los poderes civiles en el terreno eclesiástico, ofrecía terreno propicio a las intrigas y a la venalidad de los altos dignatarios de la Iglesia. Los monjes eran los que preferentemente salvaguardaban la ortodoxia y defendían la Iglesia de las injerencias civiles. El pueblo era profundamente piadoso, datando de entonces el incremento del culto a las sagradas imágenes, con la derrota de la herejía iconoclasta el 19 de febrero de 842. Gobernaba el patriarcado el santo monje Ignacio.

Teoctistos cedió a Cirilo un cuarto en su propio palacio y le inscribió en la universidad Imperial, que funcionaba en la misma corte, no lejos de Santa Sofía. Sus maestros fueron León, el sabio más ilustre de la ciudad, por sobrenombre el Filósofo o el Matemático, y Focio. Este, a despecho de haber alumbrado el cisma oriental, poseía, con todo, una ciencia prodigiosa y grandes méritos en el campo filosófico, histórico y aun teológico. Focio era entonces seglar. Cirilo hizo notables progresos en el conocimiento de la antigüedad clásica y en las obras de los Santos Padres. No pudo, en cambio, mantener relaciones cordiales con el arrogante Focio, que odiaba al canciller, a la emperatriz, al santo patriarca Ignacio y a los monjes en general. A Cirilo le asqueaba la vida oficial y decidió retirarse a un monasterio. Ante las súplicas de Teoctistos y la influencia de la emperatriz demoró Cirilo su retiro. El año 847 recibió la ordenación sacerdotal y fue nombrado bibliotecario patriarcal, archivero curial y secretario del Consejo Eclesiástico. Ante las injusticias de que a diario era testigo en el desempeño de su cargo, Cirilo desapareció misteriosamente. Obligado a regresar a Constantinopla, en el momento en que su maestro Focio era elevado a la dignidad de patriarca, aceptó sustituirle en la cátedra de filosofía; tanto se distinguió en ella que a los veinticinco años era ya universalmente conocido con el sobrenombre de «filósofo».

Durante los reinados de Teodora y Miguel venían del Norte y del Oriente legaciones de pueblos extranjeros a Constantinopla, buscando en Bizancio protección y luz. Los emperadores enviaban embajadores mitad religiosos mitad políticos, para poner trabas a las empresas mahometanas y germanas.

Cirilo fue escogido el año 851 para acompañar, en calidad de intérprete y consejero, una delegación imperial a la corte del califa de Bagdad.

Coincidiendo con su retorno a Constantinopla se acentúan sus ansias de soledad y sus preocupaciones por la vida monástica. Debió estar en correspondencia con su hermano Metodio, quien, tras los desengaños experimentados en su gobierno, abandonó la carrera administrativa y abrazó la vida monástica, entrando el año 853 en un monasterio del monte Olimpo. Este monte Olimpo no tiene relación alguna con el Olimpo griego, morada de los dioses mitológicos; estaba situado en el Asia Menor, no lejos del mar de Mármara, cerca de la actual ciudad de Brus; era conocido como el Olimpo asiático o bitinio, centro monacal de contemplación y de estudio. Cirilo siguió a su hermano Metodio en las soledades del monasterio.

Fue ésta una época de paz para ambos hermanos, en la que harían grandes acopios de santidad y de ciencia sagrada. Constantinopla, en cambio, era un volcán de pasiones. Bardas, hermano de Teodora, hombre ambicioso e inmoral y tutor de Miguel, legítimo heredero del trono, acabó por encarcelar y asesinar a Teoctistos, expulsar del trono a Teodora, desterrar al patriarca Ignacio y entronizar al arribista Focio. Este no olvidó a los dos hermanos y para captárselos a su bando les ofreció dignidades, que ellos rehusaron valientemente. Focio buscaba desde entonces un pretexto para alejarlos diplomáticamente del Imperio; en esto coincidía con los deseos de ambos hermanos, que no podían reconocer la autoridad de Focio. Pronto se presentó una ocasión oportuna para ello.

El hakán de los kázaros envió, hacia el año 861, una embajada a Constantinopla, solicitando misioneros que confutasen los errores islámicos y judíos. Cirilo y Metodio parecieron los sujetos más aptos para esta empresa; Cirilo como director, Metodio como consejero. A través del Quersoneso, al sur de la península de Crimea, se dirigen el año 861 al país de los kázaros en la costa del mar Negro, entre el Don y el Cáucaso, donde fueron recibidos con todos los honores. Dios bendijo en forma extraordinaria esta misión, en la que los hermanos demostraron dotes excepcionales, además de la santidad de sus vidas, para adaptarse a mentalidades extrañas para aprender lenguas extranjeras y sobre todo para no mezclar en su apostolado la religión con el nacionalismo o la Política. Su labor fue sencillamente cristianizar, a base del respeto a los usos y costumbres de los pueblos. Cirilo escribió entonces una obrita para confutar los errores judaizantes de que estaban contagiados los kázaros. Metodio la tradujo al eslavo, pero de ella no quedan sino pocos fragmentos. Más de 200 dignatarios abrazaron el cristianismo y la amistad entre Bizancio y el kan quedó firmemente cimentada.

Un suceso llenó de alegría el corazón de los hermanos a su paso por Kerson: el hallazgo del cuerpo de San Clemente Romano en unas ruinas de la islita que está frente a la ciudad, en la tarde del 23 de enero. Los sagrados despojos fueron llevados primeramente a la catedral, donde quedó una parte de ellos; la otra la conservó Cirilo, llevándola consigo a Constantinopla y más tarde a Roma.

De vuelta a Constantinopla, el emperador y el patriarca los recibieron con el honor que correspondía al éxito de su misión. Los dos hermanos volvieron a retirarse al monasterio del monte Olimpo, pero su retiro debió de durar poco tiempo.

Entran ahora en escena los pueblos eslavos. Ratislao, príncipe de Moravia, enviará una embajada a Bizancio solicitando también misioneros. Hacia el siglo IX se habían extendido ya los eslavos desde las llanuras de la Rusia meridional, por el norte, hasta el mar Blanco; por el sur, hacia el Adriático y el Egeo; por el occidente habían penetrado hondamente en Alemania y por el este llegaban al Volga. Se habían formado incluso varios Estados eslavos, tanto al norte como al centro y sur de Europa. Entre ellos se distinguía por su creciente poderío la nación morava.

Moravia había sido ya precedentemente cristianizada, al menos en parte, por misioneros alemanes, pero con escaso éxito, debido, sin duda, a la falta general de adaptación al medio ambiente. Es natural que a un pacto entre príncipes se unieran el motivo religioso y el político; el rey moravo soñaba con poner trabas a la expansión germánica, el emperador bizantino acariciaba la idea de extender su influencia entre los pueblos de Centroeuropa. Cirilo y Metodio, ajenos a las miras políticas de ambos reyes, pensaron solamente en cristianizar. Estudiaron mejor las costumbres del país, se hicieron rápidamente cargo del sistema conducente a la evangelización de los eslavos y sacaron la conclusión de que se imponía una liturgia oriental en lengua del país, en consonancia con la doctrina de la adaptación.

La empresa debió ser ardua por muchos conceptos. Primero, por lo que parecía una innovación en metodología misional; segundo, por la oposición de los alemanes.

No debía ser, efectivamente, fácil introducir una liturgia en lengua nativa, dado que no existía alfabeto eslavo. Cirilo, que ya en un principio se había esforzado por transcribir algunas palabras eslavas con la ayuda del alfabeto griego, renueva ahora ahincadamente sus esfuerzos, logrando definitivamente adaptar los caracteres cursivos griegos a la lengua eslava, supliendo con media docena de signos originales los sonidos eslavos inexistentes en la fonética griega. Surge así el alfabeto llamado «glagolita» (de glagol = palabra), con el que tradujeron progresivamente los libros indispensables para el culto y el conocimiento de la Sagrada Escritura. Este milagro lingüístico produjo enorme impresión en la corte bizantina.

El alfabeto «glagolita» no debe confundirse con el «cirílico», basado en la aplicación a la fonética eslava de los signos unciales griegos. Aunque este último lleva el nombre de «cirílico» por San Cirilo, con todo, su autor parece que fue Clemente, uno de sus discípulos. Cirilo es únicamente autor del «glagolita». Digamos de paso que las traducciones de la Sagrada Escritura a la lengua eslava llevan el sello de los mejores códices antiguos conservados por los monjes del monte Olimpo, siendo, aunque tardías, de gran importancia para la crítica textual y para la restauración del texto bíblico original.

El éxito de los dos hermanos entre los moravos fue enorme, pero chocaron con la resistencia tenaz de los misioneros germanos, que veían en ellos dos vagabundos filósofos, perturbadores de la paz religiosa en los terrenos feudos de Germania. Pero el príncipe los protegía con su apoyo, el pueblo los quería, admirando en ellos unos griegos finos, cultos y enérgicos, que hablaban la lengua de su país y les presentaban la palabra de Dios adaptada a su mentalidad. La mies fue tan copiosa que faltaban sacerdotes para tanto fruto de conversiones. Ninguno de los dos era obispo, y Metodio ni siquiera sacerdote.

Con la intención de interesar algún prelado en la empresa de convertir a los eslavos se ponen en camino, acompañados de algunos de sus discípulos; atraviesan la parte inferior de la Panonia, donde entran en relaciones con el príncipe Kocel, que la gobernaba como vasallo del Imperio germánico. Estuvieron allí unos seis meses; Kocel aprendió la escritura eslava y puso bajo el magisterio de Cirilo 50 jóvenes de su séquito, para que les enseñase los libros eslavos y los rudimentos de la fe; él mismo acompañó a los peregrinos hasta las fronteras de su reino y más tarde se había de interesar ante Roma en que Metodio fuese nombrado obispo de Panonia. Al llegar a Venecia encontraron, por el contrario, fría acogida por parte del patriarca y del clero, prevenido ya por los rumores adversos que sobre ellos corrían; estos rumores, en forma concreta de acusación de apostasía y de herejía, habían llegado hasta Roma, promovidos por el clero germano. De no mediar el elemento político, que encendía las pasiones nacionalistas y ofuscaba la inteligencia de la verdad católica, no se explicaría esta hostilidad contra los apóstoles hermanos. Ellos practicaban sencillamente la adaptación, cual lo había hecho Jesucristo, los apóstoles, toda la Iglesia primitiva al evangelizar el mundo; pero, aun dado caso de que en el siglo IX o en los pueblos eslavos no conviniera ya continuar el mismo sistema, una cosa meramente metodológica no es para provocar acusaciones tan graves.

Los dos hermanos continúan viaje a Roma. El recibimiento fue apoteósico y, por ende, inesperado. Había corrido la voz de que eran portadores de las reliquias de San Clemente; el papa Adriano II, numerosos cardenales y obispos, una muchedumbre inmensa de ciudadanos les salieron al encuentro y llevaron procesionalmente el santo cuerpo del papa romano. El Papa tuvo ocasión de conversar largamente con Cirilo, y prendado de su profunda piedad, de su intachable ortodoxia, de su celo apostólico, bendijo largamente a los hermanos y aprobó sus proyectos misioneros. Metodio y otros tres eslavos recibieron la ordenación sacerdotal y celebraron su misa en rito eslavo, los días 5 y 6 de enero, respectivamente, del año 868. Los libros eslavos, bendecidos por el Papa, recibieron como su consagración al ser colocados oficialmente sobre el altar de Santa María ad praesepe (Santa María Mayor). Ante una reunión de cardenales, obispos y teólogos, presidida por el Papa, Cirilo expuso sus proyectos apostólicos; fue aplaudido unánimemente, excepción hecha de los que simpatizaban con el emperador de Alemania, que veían en la nueva liturgia eslava una barrera al poder expansionista de los príncipes germanos.

Se quiso nombrar obispo a Cirilo; pero, enfermo desde la misión a los kázaros, se agravó rápidamente y tras despedirse de su hermano Metodio y de todos los presentes, se durmió en la paz del Señor el 14 de febrero de 869. Antes de morir, y después de recibir los últimos sacramentos hizo la profesión monacal y cambió el nombre de Constantino por el de Cirilo. Los funerales fueron presididos por el mismo Papa, quien mandó que su cuerpo recibiera sepultura en la basílica de San Clemente, junto a las reliquias que él mismo había traído.

Metodio, que, a pesar de ser mayor que su hermano, había sido siempre su fiel ayudante, toma ahora el timón de la desolada misión morava. Si no tenía la preparación teológica y científica de su hermano Cirilo, poseía, en cambio, en alto grado el don de mando y de gobierno. Regresa al Oriente en calidad de «misionero apostólico de los eslavos» y de «legado pontificio», y portando cartas para los príncipes Ratislao, Kocel y Sviatopolk. Llamado nuevamente a Roma, volvió a la Ciudad Eterna acompañado de nobles varones y de veinte candidatos al sacerdocio. Metodio fue consagrado obispo a fines de 869 y nombrado primer arzobispo de Sirmio (Srem), diócesis que se extendía a Moravia, Panonia, Servia y por el norte hasta la Sarmacia (desde la frontera griega hasta más allá de los Cárpatos). Esta archidiócesis debía separar el Oriente bizantino y el Occidente romano-germánico, germen de seculares luchas.

Cuando, en 870, Metodio torna a la misión para tomar posesión de su archidiócesis, encontró las cosas cambiadas. Sviatopolk, tío de Ratislao, había hecho causa común con los príncipes y obispos alemanes; Ratislao, protector fiel de Metodio, fue hecho prisionero y desapareció, sin vestigio, de la escena. Metodio fue encerrado en una torre, donde le hicieron sufrir ultrajes y humillaciones durante dos años y medio, queriéndole obligar a renunciar sus cargos y dignidades. El año 872 tuvo noticias del secuestro el papa Juan VIII, quien mandó bajo excomunión que fuese puesto en libertad; el obispo de Ancona, «legado pontificio ad hoc», le liberó de la cárcel y Metodio prosiguió incansable su obra evangelizadora. Por todas partes era recibido como «enviado del cielo». Sus discípulos se extendieron por el norte entre los ucranianos y polacos, y por el sur entre los panonios, croatas y servios.

Los alemanes arreciaban en sus acusaciones de herejía contra Metodio, y el Papa le impone el sacrificio de abandonar la liturgia eslava. Importaba menos a Metodio el triunfo momentáneo de sus enemigos que el fracaso de una misión tan fecunda; por eso emprendió un nuevo viaje a Roma en 879, para responder de las acusaciones de herejía y de innovación en la liturgia. Juan VIII aprobó enteramente su ortodoxia y su liturgia. Metodio pudo volver justificado a su misión. Hacia el 882 lo encontramos en Constantinopla y poco tiempo después muere entre sus fieles el 6 de abril de 884. Se le hicieron grandiosos funerales con oficios en latín, griego y eslavo: «Reunido el pueblo en masa con cirios y lágrimas, acompañó a su buen pastor. Allí estaban todos, hombres, mujeres, niños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, viudas y huérfanos, extranjeros e indígenas, enfermos y sanos, porque Metodio se había hecho todo para todos, para salvarlos a todos».

Su cuerpo fue llevado posteriormente a Roma y colocado en San Clemente, junto al de su hermano Cirilo. Un cuadro sintetiza su santidad: el alma de Cirilo es presentada al supremo juez por sus dos santos protectores, Miguel y Gabriel, príncipes de las milicias celestiales; San Andrés y San Clemente asisten al trono divino y el hermano Metodio levanta suplicante el cáliz eucarístico en sufragio del difunto. Ambos juntos suelen ser pintados por los iconógrafos bizantinos leyendo y bautizando en Moravia, con un hombre arrodillado a sus pies, que les ofrece pan y sal, según el rito de los eslavos, en signo de amistad.

Los sepulcros de Cirilo y Metodio en Roma son lazo de unión, profesión de ecumenicidad, garantía de esperanza en una no muy lejana recuperación del Oriente cristiano a la obediencia del Papa.

Cirilo y Metodio esperan en Roma la hermosa hora del encuentro y del abrazo. Son como el Oriente hincado en el corazón de Roma. Son como los testigos de una caridad unitiva que traspasa pueblos y coliga siglos.

Además de las fiestas en el día de su muerte (14 de febrero y 6 de abril), se les honra con una fiesta común, lo mismo en la Iglesia oriental que en la latina. León XIII puso sus nombres en el Misal Romano el 25 de octubre de 1880, fijando su fiesta para el 5 de julio, que luego, en diciembre de 1887, fue trasladada al 7 del mismo mes; en el rito, oriental se celebra el 11 de mayo, tanto por los católicos como por los disidentes.

5. Carismas y valores

  • Amor a la verdad y al estudio.
  • Espíritu misionero y dialogante.
  • Servicio fiel a la Iglesia.

6. Actividades desarrolladas

Actividad 1: “Hablar con Dios en mi propia lengua”
Carisma trabajado: inculturación de la fe

Duración estimada: 12–15 minutos.

Contenido para el catequista:
Explicar brevemente que Cirilo y Metodio creyeron que Dios se comunica con cada persona allí donde está: en su lengua, su cultura y su vida cotidiana. Recordar que la oración no es repetir fórmulas sin sentido, sino hablar con Dios con sinceridad.

Contenido para catecúmenos y familia:
Cada participante escribe una breve oración dirigida a Dios con sus propias palabras, expresando una preocupación, una alegría o una petición. Los más jóvenes pueden hacerlo en forma de frase sencilla.

Materiales:
Hojas de papel, bolígrafos o lápices.

Objetivo:
Descubrir que la fe cristiana no es algo lejano, sino una relación personal con Dios que puede expresarse con palabras sencillas y verdaderas.

Actividad 2: “Fe, cultura y vida diaria”
Carisma trabajado: diálogo entre fe y cultura

Duración estimada: 15 minutos.

Contenido para el catequista:
Recordar que Cirilo y Metodio no despreciaron la cultura de los pueblos, sino que la respetaron y la iluminaron con el Evangelio. Invitar a reflexionar cómo vivir la fe hoy sin esconderla ni imponerla.

Contenido para catecúmenos y familia:
En pequeños grupos o en familia, responder a estas preguntas:

  • ¿Dónde es más difícil vivir la fe hoy (instituto, trabajo, redes sociales)?
  • ¿Qué actitudes cristianas pueden marcar la diferencia?

Materiales:
Ninguno, opcionalmente una hoja con las preguntas.

Objetivo:
Ayudar a integrar la fe cristiana en la vida real, aprendiendo a dialogar con respeto y coherencia.

Actividad 3: “Servir como misioneros hoy”
Carisma trabajado: servicio y misión

Duración estimada: 15 minutos.

Contenido para el catequista:
Explicar que la misión de Cirilo y Metodio no fue solo predicar, sino servir con paciencia y entrega. Subrayar que toda familia y todo joven puede ser misionero en lo cotidiano.

Contenido para catecúmenos y familia:
Elegir una acción concreta de servicio para la semana (en casa, con un vecino, en la parroquia). Escribirla y comprometerse a realizarla.

Materiales:
Papel y bolígrafo.

Objetivo:
Pasar de la reflexión a la acción, entendiendo la fe como servicio humilde y constante.

Actividad bíblica: “El Evangelio en la lengua del corazón”
Carisma trabajado: misión evangelizadora e inculturación de la fe

Duración estimada: 15–20 minutos.

Cita bíblica de referencia (proclamación):

«Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el final de los tiempos».

(Evangelio según san Mateo 28, 19–20; Biblia, traducción oficial de la Conferencia Episcopal Española).

Contenido para el catequista:
Antes de la lectura, explicar brevemente que esta es la gran misión que Jesús confía a la Iglesia. Subrayar que los santos Cirilo y Metodio tomaron este mandato muy en serio y lo vivieron anunciando el Evangelio a pueblos distintos al suyo, respetando su lengua y su cultura. Recordar que “todos los pueblos” significa sin excluir a nadie, y que enseñar implica cercanía, paciencia y amor.

Contenido para catecúmenos y familia:
Después de escuchar la Palabra, se invita a reflexionar juntos a partir de estas preguntas, que pueden responderse en voz alta o por escrito:

  • ¿Qué significa hoy para nosotros “ir” y anunciar el Evangelio?
  • ¿A qué “pueblos” nos envía Jesús en nuestra vida diaria (familia, instituto, trabajo, redes sociales)?
  • ¿Cómo podemos anunciar a Cristo sin imponer, como hicieron Cirilo y Metodio?

Desarrollo concreto de la actividad:

  1. Proclamación lenta y clara del texto bíblico.
  2. Breve silencio (30 segundos) para interiorizar la Palabra.
  3. Diálogo guiado con las preguntas propuestas.
  4. Cada participante escribe una frase que complete: “Esta semana puedo ser misionero cuando…”

Materiales necesarios:
Biblia, papel y bolígrafos.

Objetivo de la actividad:
Ayudar a jóvenes y familias a comprender que la misión de la Iglesia nace directamente del mandato de Cristo y que, siguiendo el ejemplo de los santos Cirilo y Metodio, todos estamos llamados a anunciar el Evangelio con respeto, cercanía y fidelidad, en nuestro propio entorno y con nuestro propio lenguaje.

Nota para el catequista: Esta actividad puede cerrarse rezando juntos el Padrenuestro, recordando que todos los pueblos tienen un mismo Padre.

7. Oraciones

Oración en familia

Santos Cirilo y Metodio,
enseñadnos a buscar a Dios con inteligencia y humildad.
Ayudadnos a vivir la fe con coherencia y servicio.
Amén.

Oración para los jóvenes

Señor Jesús,
abre nuestra mente a la verdad
y nuestro corazón al bien.
Haznos testigos tuyos en nuestra vida diaria.
Amén.

8. Conclusión

La vida de los santos Cirilo y Metodio nos recuerda que la fe cristiana es razonable, cercana y misionera. Hoy, como ayer, Dios sigue llamando a jóvenes y familias a servirle con verdad y generosidad.

9. Consejos finales

  • Para los padres: acompañar con ejemplo y diálogo sereno.
  • Para los jóvenes: no tener miedo de pensar y creer.
  • Para los catequistas: unir claridad doctrinal y cercanía humana.

 

San Claudio de la Colombière, apóstol del Sagrado Corazón de Jesús

San Claudio de la Colombière, apóstol del Sagrado Corazón de Jesús

Id pues a Dios, pero id pronto, inmediatamente, que sea éste el primero de todos vuestros cuidados; id a contarle, por así decirlo, el trato que os ha dado, el azote de que se ha servido para probaros. Besad mil veces las manos de vuestro Maestro crucificado, esas manos que os han herido, que han hecho todo el mal que os aflige. Repetid a menudo aquellas palabras que también Él decía a su Padre, en lo más agudo de su dolor: Señor, que se haga vuestra voluntad y no la mía; Fiat voluntas tua. Sí mi Dios, en todo lo que queráis de mí hoy y siempre, en el cielo y en la tierra, que se haga esta voluntad, pero que se haga en la tierra como se cumple en el cielo.

San Claudio de la Colombière

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Claudio La Colombière, tercer hijo del notario Beltrán La Colombière y Margarita Coindat, nació el 2 de febrero de 1641 en St. Symphorien, Delfinado.

Trasladada la familia a Vienne, aquí recibió Claudio la primera educación escolar, que después completó en Lyón con el estudio de la Retórica y la Filosofía.

En este último período precisamente se sintió llamado a la vida religiosa en la Compañía de Jesús, si bien no conocemos los motivos que le llevaron a esta decisión. En cambio, sí nos ha dejado esta confesión en uno de sus escritos: «Sentía enorme aversión a la vida que abrazaba». Es fácil de comprender esta afirmación para quien se haya interesado por la vida de Claudio, cuya naturaleza, muy sensible a las relaciones familiares y de amistad, era también harto inclinada a la literatura y el arte, y a cuanto hay de más digno en la vida de sociedad. Pero no era hombre que se dejase guiar del sentimiento, por otra parte.

A los 17 años entró en el Noviciado de la Compañía de Jesús de Aviñón. En 1660 pasó del Noviciado al Colegio, en la misma ciudad, para concluir los estudios de Filosofía y pronunciar los primeros votos religiosos. Al terminar el curso fue nombrado profesor de Gramática y Literatura, función que desempeñó durante cinco años en dicho Colegio.

En 1666 se le envió a París, a estudiar Teología en el Colegio de Clermont; en la misma época se le confió una misión de gran responsabílidad. La notable aptitud demostrada por Claudio a los estudios humanísticos, unida a sus dotes de prudencia y finura, movieron a los Superiores a elegirlo preceptor de los hijos de Colbert, Ministro de Finanzas de Luis XIV.

Finalizados los estudios de Teología y ordenado Sacerdote, volvió de nuevo a Lyón en calidad de profesor durante un tiempo para dedicarse después enteramente a la predicación y a la dirección de la Congregación Mariana.

La predicación de La Colombière se distinguió siempre por su solidez y hondura; no se perdía en vaguedades sino que habilmente se dirigía al auditorio concreto y, con tan vigorosa inspiración evangélica, que infundía en todos serenidad y confianza en Dios. Las ediciones de sus sermones produjeron -y siguen produciendo hoy- abundantes frutos espirituales; porque, tenidos en cuenta el lugar y la duración de su ministerio, resultan menos envejecidos que los de otros oradores de mayor fama.

El año 1674 fue decisivo en la vida de Claudio. Hizo la Tercera Probación en la «Maison de Saint-Joseph» de Lyón y, en el mes de Ejercicios que es costumbre hacer, el Señor lo fue preparando a la misión que le tenía reservada. Los apuntes de este período nos permiten seguir paso a paso las luchas y triunfos de su espíritu, extraordinariamente sensible a los atractivos humanos, pero generoso con Dios.

El voto que hizo de observar todas las Constituciones y Reglas de la Compañía no tenía por objeto esencial la vinculación a una serie de observancias minuciosas, sino la realización del recio ideal de apóstol descrito por San Ignacio. Precisamente porque este ideal le pareció espléndido, Claudio lo asumió como programa de santidad. El subsiguiente sentimiento de liberación que experimentó junto con una mayor apertura de los horizontes apostólicos -testimoniados en su diario espiritual- prueban que ello había respondido a una invitación de Jesucristo mismo.

El 2 de febrero de 1675 hizo la Profesión solemne y fue nombrado Rector del Colegio de Paray-le-Monial. No faltó quien se sorprendiera de que un hombre tan eminente fuera destinado a una ciudad tan recóndita como Paray. La explicación se halla en el hecho de que los Superiores sabían que aquí, en el Monasterio de la Visitación, vivía en angustiosa incertidumbre una humilde religiosa, Margarita María Alacoque, a la que el Señor estaba revelando los tesoros de su Corazón; y esperaba que el mismo Señor cumpliese su promesa de enviarle un «siervo fiel y amigo perfecto suyo» que le ayudaría a cumplir la misión a que la tenía destinada: manifestar al mundo las insondables riquezas de su amor.

Una vez en su nuevo destino y mantenidos los primeros encuentros con Margarita María, ésta le abrió enteramente su espíritu y, por tanto, también las comunicaciones que ella creía recibir del Señor. El Padre dio su aprobación plena y le sugirió que pusiera por escrito lo que ocurría en su alma, a la vez que la orientaba y sostenía en el cumplimiento de la misión recibida. Cuando después, gracias a la luz divina que recibía en la oración y el discernimiento, estuvo seguro de que Cristo deseaba el culto de su Corazón, se entregó a él sin reservas, como atestiguan su dedicación y sus apuntes espirituales. En éstos aparece claro que, ya antes de las confidencias de Margarita María Alacoque y siguiendo las directrices de San Ignacio, Claudio había llegado a la contemplación del Corazón de Cristo como símbolo de su mismo amor.

Tras año y medio de permanencia en Paray, en 1676 el P. La Colombière salió hacia Londres, nombrado predicador de la Duquesa de York. Era una misión sumamente delicada, dados los sucesos que sacudían a Inglaterra en este momento; antes de finales de octubre del mismo año, el Padre ocupaba ya el apartamento a él reservado en el palacio de St. James. Ademas de predicar en la capilla y dedicarse a la dirección espiritual sin tregua, oral y escrita, Claudio pudo entregarse a la sólida instrucción religiosa de no pocas personas que habían abandonado la Iglesia Romana.

Y, si bien entre grandes peligros, gozó del consuelo de ver volver a muchos, hasta el punto de que al cabo de un año decía: «Podría escribir todo un libro sobre las misericordias de que he sido testigo desde que estoy aquí».

Esta intensidad de trabajo y el clima minaron su salud y comenzaron a manifestarse los primeros síntomas de una afección pulmonar. Pero el P. Claudio prosiguió con su mismo plan de vida.

A finales de 1678 fue arrestado de repente, bajo la acusación calumniosa de conspiración papista.

A los dos días se le trasladó a la horrenda cárcel de King’s Bench y allí permaneció tres semanas sometido a graves privaciones, hasta que se le expulsó de Inglaterra por Decreto real.

Todos estos padecimientos fueron minando aún más su saludad que fue empeorando con altibajos a su vuelta a Francia. Habiéndose agravado notablemente, se le envió de nuevo a Paray. El 15 de febrero de 1682, primer Domingo de Cuaresma, al atardecer le sobrevino una fuerte hemotisis que puso fin a su vida El 16 de junio de 1929, el Papa Pío XI beatificó a Claudio La Colombière, cuyo carisma según Santa Margarita María Alacoque, consistió en elevar las almas a Dios siguiendo el camino de amor misericordia que Cristo nos revela en el Evangelio.

Artículo original en vatican.va

*  *  *

 

Oración de San Claudio de la Colombièrre

Dios mío, nada puede faltar a quien de ti aguarda todas las cosas.

Por eso decido vivir en adelante sin ninguna preocupación,

descargando sobre ti todas mis inquietudes.

Tú, Señor, y solo tú, has asegurado mi esperanza.

 

Me pueden despojar de los bienes y de la reputación;

las enfermedades pueden quitarme las fuerzas y los medios de servirte;

yo mismo puedo perder tu gracia por el pecado;

pero perderé mi esperanza.

 

La conservaré hasta el último instante de mi vida,

y nada ni nadie me la arrancará.

Confíen otros en su riqueza o en sus talentos;

en la inocencia de su vida,

en sus buenas obras, o en sus oraciones.

Yo solo tengo mi confianza en ti.

Tú, Señor, solo tú, has asegurado mi esperanza.

 

Jamás frustró a nadie esta confianza.

Estoy seguro de que seré eternamente feliz,

porque firmemente espero serlo,

y porque de ti, Dios mío, es de quien lo espero.

En ti esperé, Señor, jamás seré confundido.

Sé que soy frágil e inconsciente; sé cuánto pueden las tentaciones;

he visto caer los astros del cielo y las columnas del firmamento;

pero nada de esto me hará temer.

Esperaré siempre, porque espero de ti esta invariable esperanza.

 

Estoy seguro de que lo puedo esperar todo de ti,

y de que conseguiré todo lo que haya esperado de ti.

Espero que me harás triunfar en mi debilidad.

Espero que me amarás siempre.

Y, más aún, te espero a ti, de ti mismo,

para el tiempo y la eternidad. Amén.

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