El Inmaculado Corazón de María

El Inmaculado Corazón de María

Aunque la concepción de Jesús se realizó por obra del Espíritu Santo, pasó por las fases de la gestación y el parto como la de todos los niños. Admirablemente el Corazón de María dio su sangre y su vida a Jesús Niño, pero la maternidad de María no se limitó al proceso biológico de la generación, sino que contribuyó al crecimiento y desarrollo de su hijo.

Siendo la educación una prolongación de la procreación, el Corazón de María educó el corazón de su Niño, y le enseñó a comer, a hablar, a rezar, a leer y a comportarse en sociedad. Ella es Theotokos porque engendró y dio a luz al Hijo de Dios, y porque lo acompañó en su crecimiento humano. Jesús es Dios, pero como hombre tenía necesidad de educadores, pues vino al mundo en una condición humana totalmente semejante a la nuestra, excepto en el pecado (Hb 4,15). Y como todo ser humano, el crecimiento de Jesús, requirió la acción educativa de sus padres.

El evangelio de san Lucas, particularmente atento al período de la infancia, narra que Jesús en Nazaret estaba sujeto a José y a María (Lc 2,51). Y «María guardaba todas estas cosas en su corazón» (Lc 2,51).


María, la educadora

Los dones especiales de María, la hacían apta para desempeñar la misión de madre y educadora. En las circunstancias de cada día, Jesús podía encontrar en ella un modelo para imitar, y un ejemplo de amor a Dios y a los hermanos. José, como padre, cooperó con su esposa para que la casa de Nazaret fuera un ambiente favorable al crecimiento y a la maduración personal del Salvador. Enseñándole el oficio de carpintero, José insertó a Jesús en el mundo del trabajo y en la vida social.

María, junto con José, introdujo a Jesús en los ritos y prescripciones de Moisés, en la oración al Dios de la Alianza con el rezo de los salmos y en la historia del pueblo de Israel. De ella y de José aprendió Jesús a frecuentar la sinagoga y a realizar la peregrinación anual a Jerusalén por la Pascua. María encontró en la psicología humana de Jesús un terreno muy fértil. Ella garantizó las condiciones favorables para que se pudieran realizar los dinamismos y los valores esenciales del crecimiento del hijo.

María le dio una orientación siempre positiva, sin necesidad de corregir y sólo ayudar a Jesús a crecer «en sabiduría, en edad y en gracia» (Lc 2, 52) y a formarse para su misión. María y José son modelos de todos los educadores. Su experiencia educadora es un punto de referencia seguro para los padres cristianos, que están llamados, en condiciones cada vez más complejas y difíciles, a ponerse al servicio del desarrollo integral de sus hijos, para que lleven una vida digna del hombre y que corresponda al proyecto de Dios (Juan Pablo II).

Aunque fue su madre quien introdujo a Jesús en la cultura y en las tradiciones del pueblo de Israel, será él quien le revele su plena conciencia de ser el Hijo de Dios, siguiendo la voluntad del Padre. De maestra de su Hijo, María se convirtió en su discípula. Jesús empleó los años más floridos de su vida, educando a su Madre en la fe. Lo trascendental que resulta y fecundo gastar largos años en la formación de un santo. Tres años de vida itinerante y treinta años de vida de familia.

La mejor discípula del Señor, fue formada por el mismo Señor, su Hijo. ¡Qué tierra más fértil la suya para recibir sus enseñanzas! Ella fue la única que dio el ciento por uno de cosecha. En realidad dijo toda verdad aquella mujer: «¡Dichoso el seno que te llevó y los pechos que te amamantaron! Más dichosos los que oyen la Palabra de Dios y la practican» (Lc 11,27).


¿Culto al Corazón?

Según Santo Tomás, cuando damos culto al Corazón Inmaculado de María honramos a la persona misma de la Santísima Virgen.

«Proprie honor exhibetur toti rei subsistenti» (Sum Theol 3ª q 5 a.1). El honor y culto que se da un órgano del cuerpo se dirige a la persona. El amor al Corazón de Maria se dirige a la persona de la Virgen, significada en el Corazón.

Una persona puede recibir honor por distintos motivos, por su poder, autoridad, ciencia, o virtud. La Virgen es venerada en la fiesta de la Inmaculada, de la Visitación, de la Maternidad, o de la Asunción con cultos distintos, porque los motivos son distintos. El culto a su Corazón Inmaculado es distinto por el motivo, que es su amor.

Todas las culturas han visto simbolizado el amor en el corazón. En el de María, honramos la vida moral de la Virgen: Sus pensamientos y afectos, sus virtudes y méritos, su santidad y toda su grandeza y hermosura; su amor a Dios y a su Hijo Jesús y a los hombres, redimidos por su sangre. Al honrar al Corazón Inmaculado de María lo abarcamos todo, como templo de la Trinidad, remanso de paz, tierra de esperanza, cáliz de amargura, de pena, de dolor y de gozo.


El signo de los tiempos

En cada época histórica ha predominado una devoción. En el siglo I, la Theotokos, la Maternidad divina, como réplica a la herejía de Nestorio. En el siglo XIII, la devoción del Rosario. En el XIX, la Asunción y la Inmaculada. A mediados de ese mismo siglo se fue extendiendo la devoción al Inmaculado Corazón de María, adelantada ya por San Bernardino de Sena y San Juan de Ávila; y en el siglo XVII, San Juan Eudes.

San Antonio María Claret, fundó la Congregación de los Misioneros del Inmaculado Corazón de María Inmaculado de María en el XIX. Y en el siglo XX, alcanza su cenit con las apariciones de la Virgen en Fátima y la consagración del mundo al Corazón Inmaculado de María.

En Fátima, la Virgen manifestó a los niños que Jesús quiere establecer en el mundo la devoción a su Inmaculado Corazón como medio para la salvación de muchas almas y para conservar o devolver la paz al mundo. La Beata Jacinta Marto, le dijo a Lucía: «Ya me falta poco para ir al cielo. Tú te quedarás aquí, para establecer la devoción al Corazón Inmaculado de Maria».

También se lo dirá después la Virgen. El año 1942, después de la consagración de varias diócesis en el mundo realizadas por sus respectivos obispos, Pío XII hizo la oficial de toda la Iglesia, con lo que la devoción al Inmaculado Corazón de María se vio confirmada y afianzada. Y después Pablo VI y, sobre todo, Juan Pablo II, que se declara milagro de María: «Santo Padre, le dijeron en Brasil: Agradecemos a Dios, sus trece años de pontificado». Y contestó, tres años de pontificado y diez de milagro.

El ha sido el Pontífice que ha acertado a cumplir plenamente el deseo de la Virgen, cuyos resultados se han visto con el derrumbamiento del marxismo y la conversión de Rusia.

Cuando en el siglo XVIII el mundo se enfriaba por el indiferentismo religioso de doctrinas ateas, se manifiesta Cristo a Santa Margarita María de Alacoque en Paray le Monial, y la constituye promotora del culto al Corazón de Jesús, y cuando en el siglo XX, el mundo se va a ver envuelto por amenazas de guerras, divisiones y odios, herencia nefasta del materialismo y del marxismo, pide la Virgen a los niños de Fátima, que difundan la devoción al Inmaculado Corazón de Maria.

Como remedio a los males actuales, la misma Virgen nos ofrece su Corazón Inmaculado, que es ternura y dulzura, pero también exigencia de oración, sacrificio, penitencia, generosidad y entrega. No basta el culto; hay que imitar sus virtudes.


El Corazón

El corazón desarrolla una sinergia, un lazo invisible, pero de irresistible fortaleza, que nos une con Dios, con los hombres y con las criaturas.

El Corazón de María, expresa el corazón físico que latía en el pecho de María, que entregó la sangre más pura para formar la Humanidad de Cristo, y en el que resonaron todos los dolores y alegrías sufridos a su lado; y el corazón espiritual, símbolo del amor más santo y tierno, más generoso y eficaz, que la hicieron corredentora, con el cúmulo de virtudes que adornan la persona excelsa de la Madre de Dios.

El Corazón es la raíz de su santidad, y el resumen de todas sus grandezas, porque todos sus Misterios se resumen en el amor. Dios, que creó el mundo para el hombre, se reservó en él un jardín donde fuera amado, comprendido, mimado, como el huerto cerrado del Cantar de lo Cantares. Es su obra primorosa y singular.

Su Corazón y su alma son templo, posesión y objeto de las delicias del Señor. Sólo su corazón pudo ser el altar donde se inmoló, desde el primer instante, el Cordero inmaculado. Según San Bernardo, Maria «fuit ante sancta quam nata»: nació antes a la vida de la gracia que a la de este mundo…No hay un Corazón más puro, inmaculado y santo que el de María. Como el sol reverbera sobre el fango de la tierra, su Corazón brilló sobre las miserias del mundo sin ser contaminado por ellas. Es la Mujer vestida del sol del Apocalipsis (12,1).

La plenitud de la gracia que recibió María repercutió en su Corazón en el que no existió la más leve desviación en sus sentimientos y afectos. Su humildad, su fe, su esperanza, su compasión y su caridad, hicieron de su Corazón el receptáculo del amor y de la misericordia. El Corazón de María es el de la Hija predilecta del Padre. El Corazón de la Madre que con mayor dulzura y ternura haya amado a su Hijo. El Corazón de la Esposa donde el Espíritu realizó la más grande de sus maravillas, concibió por obra del Espíritu Santo.

El Corazón de María es también un corazón humano, muy humano. Es el corazón de la Madre: Todos los hombres hemos sido engendrados en el Corazón Inmaculado de Maria: «Mujer, he ahí a tu hijo» (Jn 19,26. San Juan nos representaba a todos. Porque amó mucho mereció ser Madre de Dios y atrajo el Verbo a la tierra; con sufrimiento y con dolor, ha merecido ser Madre nuestra. El amor a su Hijo y a sus hijos es tan entrañable y tierno, que guarda en su corazón las acciones más insignificantes de sus hijos, hermanos de su Hijo Jesús, el Hermano Mayor.


El cuello del Cuerpo Místico

Dios quiere conceder sus gracias a los hombres por el Corazón Inmaculado de María. Es el cuello del Cuerpo Místico por donde descienden las gracias de la Cabeza. Sus hijos predilectos son los santos. Ella goza viéndoles interceder por sus hermanos menores, y goza viendo que las gracias que le piden llegan a nosotros a través de Ella.

Por su Corazón pasa todo cuanto ennoblece y dignifica al mundo: las gracias de conversión, la paz de las conciencias, las santas aspiraciones, el heroísmo de los santos, los rayos más luminosos que señalan al mundo los caminos de salvación. Como la imaginación, abandonada a sí misma es la loca de la casa, el corazón dejado a la deriva, sin educar, es la perdición de toda nuestra persona, María nos enseña a amar con ardor, pero con gran pureza. El amor a Dios, a nosotros mismos y a nuestros hermanos, halla el modelo humano más perfecto en el Corazón Inmaculado de Maria.


Madre de cada hombre

Si María fuera sólo Madre de la Iglesia como comunidad, y no Madre de cada uno de los miembros, sólo se preocuparía del bien de la Iglesia. Pero cada cristiano carecería de seguridad. Sería como un general que ama mucho a su ejército, pero no vacila en sacrificar a todos los soldados para salvar a la nación; y de intimidad, porque en una multitud tan grande, ¿cómo puede cada uno acercarse a Ella? El soldado no tiene fácil acceso al general; ni el ciudadano al Jefe del Estado. María no sería nuestra Madre, sino nuestra Reina, o nuestro general, distante de nuestras pequeñas preocupaciones.

Si una madre de diez hijos los amara sólo en grupo, y no se preocupara de cada uno en particular; si preparara comida, camas, descanso, trabajo, recreo para su pollada, no sería madre de familia, sino administradora de un colegio o de un cuartel, donde la revisión médica y la vacuna colectiva se hace para todos una vez. La madre de familia, lleva al médico a cada hijo siempre que lo necesita o se queja: no tiene un día al año de revisión ni de vacuna para todos. Con la Virgen María no estamos en un cuartel, ni en un colegio, sino en una familia: «No temas, pequeño rebaño, porque vuestro Padre se ha complacido en daros el Reino» (Lc. 12,32).

A María le sobra corazón para atendernos a todos como si fuéramos únicos: Dios le ha dado Corazón de Madre para que con él ame a todos y cada uno de los hombres, los de hoy y todos los de ayer y de mañana. Nosotros somos como la última floración, como el benjamín, al que prodiga sus cuidados.


Los más desvalidos

Toda madre tiene amor particular a cada hijo y más al más desvalido, al subnormal, al extraviado al más necesitado. El Corazón de María nuestra Madre, ama a cada hombre con el mismo amor con que ama a toda la Iglesia. Ninguna madre cuando tiene el primer hijo restringe su amor, reservándolo para los que vengan. Da todo su amor al primero y al segundo, sin quitar nada al primero, y sin ahorrar nada para el tercero. Cuida de todos, y de cada uno como si no tuviera otro.

Sólo saboreando el amor singular de su Corazón a cada uno, se puede gustar la delicia de sentirse amados por Ella, y se dialogará con ella y se intimará con Ella y se gozará en Ella. Para llegar a su intimidad, que es importantísimo para nuestra vida interior, es preciso tener firme fe en ese amor particular.


La Redemptoris Mater

Todos estos conceptos brotan del «Totus tuus» de Juan Pablo II, que en su Encíclica «Redemptoris Mater», ha escrito: Se descubre aquí el valor real de las palabras dichas por Jesús a su madre cuando estaba en la Cruz: «Mujer, ahí tienes a tu hijo», y al discípulo: «Ahí tienes a tu madre» (Jn 19,26). Estas palabras determinan el lugar de María en la vida de los discípulos de Cristo y expresan su nueva maternidad como Madre del Redentor: la maternidad espiritual, nacida de lo profundo del misterio pascual del Redentor del mundo….

Es esencial a la maternidad la referencia a la persona. La maternidad determina siempre una relación única e irrepetible entre dos personas: la de la madre con el hijo y la del hijo con la madre. Aun cuando una misma mujer sea madre de muchos hijos, su relación personal con cada uno de ellos caracteriza la maternidad en su misma esencia.

En efecto, cada hijo es engendrado de un modo único e irrepetible, y esto vale tanto para la madre como para el hijo. Cada hijo es rodeado del mismo modo por aquel amor materno, sobre el que se basa su formación y maduración en la humanidad. Se puede afirmar que la maternidad «en el orden de la gracia» mantiene la analogía con cuanto «en el orden de la naturaleza» caracteriza la unión de la madre con el hijo.

En esta luz se hace más comprensible el hecho de que, en el testamento de Cristo en el Calvario, la nueva maternidad de su madre haya sido expresada en singular, refiriéndose a un hombre: «Ahí tienes a tu hijo».

Se puede decir, además, que en estas mismas palabras está indicando plenamente el motivo de la dimensión mariana de la vida de los discípulos de Cristo; no sólo de Juan, que en aquel instante se encontraba a los pies de la Cruz en compañía de la Madre de su Maestro, sino de todo discípulo de Cristo, de todo cristiano.

El Redentor confía su madre al discípulo y, al mismo tiempo, se la da como madre. La maternidad de Maria, que se convierte en herencia del hombre, es un don: un don que Cristo mismo hace personalmente a cada hombre. El Redentor confía María a Juan en la medida que confía Juan a María… Entregándose filialmente a Maria, el cristiano, como el apóstol Juan, «acoge entre sus cosas propias» a la Madre de Cristo y la introduce en todo el espacio de su vida interior, es decir, en su «yo» humano y cristiano: «la acogió en su casa.

Así el cristiano trata de entrar en el radio de acción de aquella «caridad materna», con la que la Madre del Redentor «cuida de los hermanos de su Hijo», «a cuya generación y educación coopera» según la medida del don, propia de cada uno por la virtud del Espíritu de Cristo.

Así se manifiesta también aquella maternidad según el espíritu, que ha llegado a ser la función de Maria a los pies de la Cruz y en el Cenáculo. Esta relación filial, esta entrega de un hijo a la Madre, no sólo tiene su comienzo en Cristo, sino que se puede decir que definitivamente se orienta hacia El.

Se puede afirmar que Maria sigue repitiendo a todos las mismas palabras que dijo en Caná de Galilea: «Haced lo que él os diga. En efecto es El, Cristo, el Camino, la Verdad y la Vida» (Jn 4,6); es El a quien el Padre ha dado al mundo, para que el hombre «no perezca, sino que tenga vida eterna» (Jn 3,16)… Para todo cristiano y todo hombre, María es la primera que «ha creído», y precisamente con esta fe suya de esposa y de madre quiere actuar sobre todos los que se entregan a ella como hijos.

Y es sabido que cuanto más perseveran los hijos en esta actitud y avanzan en la misma, tanto más María les acerca a la «inescrutable riqueza de Cristo (Ef 3,8). Porque sus hijos reconocen cada vez mejor la dignidad del hombre en toda su plenitud, y el sentido definitivo de su vocación, porque «Cristo manifiesta plenamente el hombre al propio hombre» (L. G.).


Madre de la Iglesia

Durante el Concilio, Pablo VI proclamó solemnemente que Maria es Madre de la Iglesia, es decir, Madre de todo el pueblo de Dios, tanto de los fieles como de los pastores» Más tarde, el año 1968, en el Credo del Pueblo de Dios, ratificó esta afirmación de forma más comprometida: «Creemos que la Santísima Madre de Dios, nueva Eva, Madre de la Iglesia, continúa en el cielo su misión maternal para con los miembros de Cristo, cooperando al nacimiento y al desarrollo de la vida divina en las almas de los redimidos. El Concilio ha subrayado que la verdad sobre la Santísima Virgen, Madre de Cristo constituye un medio eficaz para la profundización de la verdad sobre la Iglesia… Por consiguiente, María acoge, con su nueva maternidad en el Espíritu, a todos y a cada uno en la Iglesia, acoge también a todos y a cada uno por medio de la Iglesia. En este sentido, Maria, Madre de la Iglesia, es también su modelo. En efecto, la Iglesia como desea y pide Pablo VI— «encuentra en María, la más auténtica forma de la perfecta imitación de Cristo».

El egoísmo afecta a todo amor creado, incluido el de las madres, con ser el más puro. Sólo el amor de la Virgen María no tuvo jamás mezcla de egoísmo. El amor de su Corazón es virginal, sin mezcla de egoísmo, amor puro. Amándonos con amor virginal, sabemos que no se busca a sí misma: sólo busca nuestro bien.

Incluso nuestra correspondencia de amor a Ella, no la quiere por bien suyo, aunque en ella se goce como madre, sino por bien nuestro, para poder lograr nuestra transformación en Dios. El amor particular que nos tiene engendra nuestra intimidad con Ella, y el abandono en su Corazón. Con el mismo amor con que ama a su Jesús. Al amar a Dios lo ha hecho «Emmanuel»«Dios con nosotros» y al amarnos a nosotros, nos identifica con El.

El amor de los padres resulta con frecuencia ineficaz para proteger y defender a sus hijos, que no pueden impedir que enfermen, sufran accidentes, mueran. Hacen por ellos lo que pueden, pero pueden muy poco. Pero como María nos ama con su Corazón de Madre de Dios, su eficacia es absoluta, porque tiene en sus manos la omnipotencia divina, no por ser madre nuestra, sino por ser Madre de Dios.


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En una familia de cinco hijos si uno es muy rico y poderoso y los otros cuatro pobres, la madre no consentirá que el rico no socorra a sus hermanos pobres. María no podrá consentir que su Hijo Jesús le impida usar de su infinita riqueza y poder para socorrernos a nosotros. Esto no va a ocurrir nunca, pues Jesús la ha hecho nuestra madre, y administradora de su Corazón. Jesús jamás pondrá límites al uso que su Corazón haga de sus tesoros infinitos.

Si el Padre hubiera concedido al Corazón de María algo a condición de que no fuera también nuestro, ella lo hubiera impedido: Si me haces su madre no me des nada que yo no pueda compartir con ellos.

Al darnos el Corazón de su Madre y nuestra Madre, ha hecho nuestros todos los dones y riquezas que puso en su Corazón: su predestinación si la queremos, el cariño con que la envuelve, y los regalos con que Dios la recrea. No se puede amar a la Madre, si no se ama a sus hijos, ni se puede dar gusto a la madre, si se abandona a sus hijos.


Su corazón es nuestra seguridad

Si a un niño pequeño le diéramos una joya preciosa, la perdería. Por eso se la damos a su madre, para que la conserve. Por eso Dios no ha querido darnos sus dones directamente, para que no nos pase como Adán. Se los ha confiado a María, que nunca los perderá.

Estando en sus manos son nuestros. Ella nos los conserva. Su Corazón es nuestra seguridad, nuestro tesoro inviolable. Todo lo suyo es nuestro, Ella lo quiere para nosotros. Toda la inocencia de María, su pureza, su santidad, su humildad, su amor a Dios y a los hermanos es nuestro, porque Ella es nuestra. (San Juan de la Cruz. Dichos de luz y amor, 26). Y como son nuestros los podemos ofrecer a Dios, sobre todo cuando no tenemos nada que ofrecerle. Entonces es cuando le ofrecemos más y la conquistamos más, porque somos más pobres, como su Hijo, recibió los dos reales de la viuda.


Sufre con nosotros

Su Corazón hace suyos nuestros pecados y dolores, como los hizo suyos Jesús en su pasión y en la Eucaristía. Y nuestras tristezas y aflicciones. 

«Este es el Cordero de Dios, que toma sobre sí, los pecados del mundo»; los dolores y sufrimientos: «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?» (He 9,4).

Como en la Eucaristía Jesús sufre viendo nuestras carencias que reactivan su pasión, y goza inefablemente cuando nos ve a su lado, el Corazón de María, las considera suyas como se identificó con los sufrimientos Jesús como Corredentora, sufriendo todos nuestros dolores y pecados, y recibiendo hoy el consuelo de nuestra gratitud e intimidad. Siempre y en cada momento compadece con nosotros.

Cuando pecamos, vuelve a sentirse como avergonzada y pecadora. Por eso Jesús nos perdona tan fácilmente, para quitarle a su Madre la humillación de nuestros pecados, que la oprime porque somos sus hijos. De la misma manera que el Padre nos perdona para quitar a su Hijo el oprobio que en la Eucaristía siente de nuestros pecados porque los hace suyos, y al quitárnoslos se los quita a El.

Sin la Eucaristía sería muy difícil nuestro perdón, a pesar de la pasión de Cristo, que quedaría demasiado lejos, y es ahora cuando necesitamos que El haga suyo lo nuestro. Por eso no debemos desconfiar ni desesperar. María es refugio de pecadores. Y cuando después del pecado nos echamos en sus brazos, Ella nos anima diciendo: Me siento Yo manchada; mas como mi Hijo quiere verme totalmente limpia, os limpiará a vosotros para que todos estemos limpios.

El Corazón de María es nuestro consuelo. No nos acompaña en el sufrimiento por pura fórmula. Llora con nosotros, sufre con nosotros nuestro mismo dolor, está con nosotros, tratando de que superemos la depresión de vernos solos y abandonados en el sufrimiento y en el dolor, especialmente en esta época de angustia, vacío y ansiedad.

Siempre nos queda su Corazón, sus brazos acogedores maternales que llevan nuestra misma carga, haciéndola ligera. Y Jesús, amando a su Madre, para hacer ligera la carga de Ella, la lleva con Ella y con nosotros, y nos dice: «Venid a Mí todos los que estáis cargados y agobiados, y yo os aliviaré, porque mi yugo es suave, y mi carga ligera» (Mt. 11,28). Si aprendemos a ir a Jesús por María, hallaremos fortaleza y hasta verdadera delicia en el sufrimiento y en el dolor.

La compañía que nos hacen los que nos aman es externa y desde fuera: son incapaces de llegar al nivel de nuestro dolor. El Corazón de María siente en nosotros y con nosotros todas nuestras angustias y dolores, porque conoce ahora, y siente en su carne, lo que estamos pasando. Y si su Corazón prefiere sufrir con nosotros ese dolor antes que quitárnoslo, es porque ve que es necesario pasarlo.

Cuántos bienes deben seguirse de estos sufrimientos, humillaciones, anonadamiento y aislamiento, olvidos, desprecios, dolores físicos y morales, y hasta los mismos pecados que nos humillan y confunden, cuando el Corazón de María, pudiéndolos evitar, prefiere hacerlos suyos, y sufrirlos en nosotros y con nosotros. Si lo tenemos presente veremos la luminosidad de la cruz, y entenderemos lo que nos dice San Pablo: «Dios, a los que decidió salvar, determinó hacerlos conformes a la imagen de su Hijo» (Rom. 8,29), y «seremos conglorificados con El, si padecemos con El» (Rom. 8,17). Entonces comprendemos los deseos ardientes que los santos tuvieron de sufrir, y no nos extrañará oír a Santa Teresa: «O padecer o morir» y a San Juan de la Cruz: «Padecer y ser despreciado por Vos».


El crecimiento

La ilusión mayor de una madre es que su pequeño llegue a adulto y se haga fuerte como su padre: «Sed perfectos como vuestro Padre Celestial es perfecto» (Mt. 5,48). Ese es el deseo del Corazón de María: que lleguemos a la perfección del Padre Celestial, copiando a su Jesús, que agota la hermosura del Padre, pues es esplendor de su gloria e imagen de su substancia. Esa es la clave para entender el empeño del Corazón de María en dejarnos sufrir.

Es muy provechoso que reflexionemos y meditemos estas verdades y que desentrañemos con nuestro esfuerzo el valor y la riqueza de las virtudes y la maldad y fealdad de los pecados y la belleza del amor pero, como obra nuestra, esta reflexión y actividad se queda a mitad camino, como diría San Juan de la Cruz, «con ella se hace poca hacienda».

Reflexionando vemos, pero ya decía el clásico: «Video meliora, proboque, deteriora sequor»«Veo lo mejor y lo apruebo, pero sigo lo peor». Y San Pablo: «No hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero» (Rm 7,19). Lo vemos, pero nos faltan fuerzas para hacer la verdad y lo mejor.

Son las fuerzas que Dios nos ofrece por manos del Corazón de María, por eso lo más lógico y eficaz de razón y de fe, es llevar a la Eucaristía los problemas y en presencia y compañía del Corazón de María, derramar nuestro corazón, problemas y tentaciones para que como por ósmosis y en otra dimensión de nuestro ser, transformen nuestra vida, sin saber cómo y sin poderlo explicar.


Entréme donde no supe,

y quedéme no sabiendo,

toda ciencia trascendiendo.

Yo no supe dónde entraba,

Pero cuando allí me ví,

Grandes cosas entendí;

No diré lo que sentí,

Pero me quedé no sabiendo,

Toda ciencia trascendiendo.


San Juan de la Cruz

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Fuente original: El Inmaculado Corazón de María

Sagrado Corazón de Jesús (dinámica completa para niños)

Sagrado Corazón de Jesús (dinámica completa para niños)

El Corazón del Verbo encarnado

Jesús, durante su vida, su agonía y su pasión nos ha conocido y amado a todos y a cada uno de nosotros y se ha entregado por cada uno de nosotros: «El Hijo de Dios me amó y se entregó a sí mismo por mí» (Ga 2, 20). Nos ha amado a todos con un corazón humano. Por esta razón, el sagrado Corazón de Jesús, traspasado por nuestros pecados y para nuestra salvación (cf. Jn 19, 34), «es considerado como el principal indicador y símbolo […] de aquel amor con que el divino Redentor ama continuamente al eterno Padre y a todos los hombres» (Pio XII, Enc.Haurietis aquas: DS, 3924; cf. ID. enc. Mystici Corporis: ibíd., 3812).

Catecismo de la Iglesia Católica, n.º 478

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Con motivo de la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús os proponemos esta dinámica en la que los niños interiorizan el amor que Jesús y la Virgen María tienen por nosotros y que por amor a ellos debemos amar y ser buenos con los demás.

Es una dinámica para un grupo numeroso de al menos 10-12 niños en la que vamos a construir un mural que explica paso a paso la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. Para ello, se reparten los dibujos que los niños tienen que colorear a su gusto. Una vez terminados todos los dibujos hacemos el mural colocando los dibujos en orden (vienen numerados): cada niño lee primero su dibujo y luego lo coloca ordenadamente. A medida que los niños van leyendo y entregando sus dibujos, se pueden comentar todos los aspectos y dudas que surjan.

Esta dinámica debería durar unos 45 minutos y solo se necesitan cartulinas o paredes donde hacer los murales, lápices de colores y los dibujos impresos. 

Si sobrara tiempo (o también como actividad para casa con los padres), el catequista puede repartir las láminas «Díselo al Sagrado Corazón de Jesús» y que los niños, además de pintar los dibujos, escriban algo que ellos le quieran contar a Jesús. 

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Mural del Sagrado Corazón de Jesús

Se puede acceder a las láminas en tamaño grande pulsando sobre el título o sobre la imagen. 

Portada
Portada

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Lámina 1

Lámina 2

Lámina 3

Lámina 1 Lámina 2 Lámina 3

Lámina 4

Lámina 5

Lámina 6

Lámina 4 Lámina 5 Lámina 6

Lámina 7

Lámina 8

Lámina 9

Lámina 7 Lámina 8 Lámina 9

Lámina 10

Lámina 11

Lámina 12

Lámina 10 Lámina 11 Lámina 12

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Díselo al Sagrado Corazón de Jesús

Niñas Niños
Díselo al Sagrado Corazón de Jesús - Niñas Díselo al Sagrado Corazón de Jesús - Niño

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Catequesis adaptada de los materiales encontrados en el blog La Catequesis

El autor original corresponde al Taller «Jugando me acerco a María»


Canción «El mandamiento del Amor»

Canción «El mandamiento del Amor»

El canto es una forma intensa de expresión verbal, poética y musical a la vez. Es una de las maneras más completas de la expresión humana y quizás uno de los mejores momentos para alabar y comunicarse con Dios.

El canto ocupa un lugar destacadísimo en la oración infantil. Junto al gesto es uno de los medios de expresión que más gusta y atrapa a los niños. El canto penetra de tal modo en el corazón de los pequeños que muchas canciones aprendidas en la infancia se recuerdan de por vida.

El canto religioso es un recurso educativo-recreativo-pastoral importantísimo. En la catequesis de niños el canto debe ser un elemento cotidiano y permanente. Especialmente cuando unimos cantos con gestos. Esta fusión “mágica” de canto y gesto genera en los pequeños una respuesta que ni siquiera imaginamos, cuya potencia educadora es de difícil dimensionamiento. Quienes ya han hecho la experiencia sabrán que pocas cosas les gustan más a los chicos que «cantar con todo el cuerpo»; es decir, hacer una sola cosa del gesto, la canción y la oración.

Orar a través del canto

Luis M. Benavides

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Canción «El mandamiento del Amor»

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Canción «El mandamiento del Amor»: letra

Jesús, Amigo,

los niños te queremos saludar.

Jesús, Maestro,

enséñanos a amarnos de verdad. (Estribillo)

 

Nos diste el Mandamiento del Amor,

sellado con tu muerte en una Cruz,

en ella nos dejaste tu perdón,

camino para hallar la eterna luz.

Jesús, Amigo,

los niños te queremos saludar.

Jesús, Maestro,

enséñanos a amarnos de verdad. (Estribillo)

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Cantar es propio del que ama… Cantar es orar dos veces.

 

San Agustín

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Catecismo mariano: todo lo que has de saber sobre la Virgen María

Catecismo mariano: todo lo que has de saber sobre la Virgen María

Es la Virgen María quien, después de Nuestro Señor, ocupa el primer lugar en la Historia: la celebramos el Uno de Enero como Madre de Dios, le ofrecemos los sábados de todo el año, la recordamos en innumerables fiestas y los meses de mayo y octubre están especialmente dedicado al rezo del Rosario y a la Virgen María. En esta ocasión os ofrecemos un breve catecismo mariano en el que se contempla todo lo que necesitas saber para conocer, tratar, amar e imitar a Nuestra Señora.

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La Virgen María

1. — ¿Quién es la Virgen María?

La Virgen María es la doncella escogida por Dios para ser la Madre de Nuestro Señor Jesucristo y Madre Nuestra.

2. — ¿Qué significa el nombre de María?

El nombre de María, que en hebreo es Miriam, significa: Doncella, Señora, Princesa.

3. — ¿Qué profecías más importantes aparecen en el Antiguo Testamento acerca de la Virgen?

En el Libro de Génesis, capítulo 3, versículo 15, se dice: “Pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu linaje y el suyo; Ella te aplastará la cabeza, y tú en vano intentarás morderle el talón”.

4. — ¿Se cumplió la profecía de Isaías?

Sí, ocho siglos después se cumplió lo que pronunció el Señor por la boca del profeta. En el Evangelio de San Mateo, Capítulo 1, versículo 23, están recogidas las palabras de Isaías.


San Joaquín y Santa Ana

5. — ¿Cómo se llamaban los padres de la Virgen María?

Los padres de la Virgen María se llamaban Joaquín y Ana. Eran descendientes de la tribu de Judá y, más concretamente, de la familia del rey David.

6. — ¿Qué se entiende por Presentación de la Santísima Virgen María en el Templo?

Por Presentación de la Santísima Virgen María en el Templo entendemos que San Joaquín y Santa Ana llevaron a la Virgen, cuando aún era una niña, al Templo de Jerusalén para consagrarla al servicio de Dios.


La Anunciación

7. — ¿Para qué envió Dios al Arcángel San Gabriel a la virgen?

Dios envió al Arcángel San Gabriel a la Virgen, que vivía en Nazaret, ciudad de Galilea, para anunciarle que era la mujer escogida desde toda la eternidad para ser la Madre del futuro Redentor. Por eso a este momento se le llama Anunciación.

8. — ¿Qué dijo el Arcángel San Gabriel a la Virgen?

El Arcángel San Gabriel dijo a la Virgen:

«Dios te Salve, llena de gracia, el Señor es contigo, bendita eres entre todas las mujeres. No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios, y concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. El será grande y llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, y reinará en la casa de Jacob eternamente, y su reino no tendrá fin. El Espíritu Santo vendrá sobre ti, Y la virtud del Altísimo te cubrirá con su sombra y por esto el hijo santo que de ti nacerá será llamado Hijo de Dios» (S. Lucas 1, 28,30-33 y 35).

9. — ¿Aceptó la Virgen las palabras del Arcángel?

Con toda humildad y sumisión la Virgen dio su consentimiento para ser la Madre de Dios, diciéndole el Arcángel: He aquí la esclava del Señor: hágase en mí según tu palabra (S. Lucas 1, 38).


La Visitación

10. — ¿Para qué visitó la Virgen a su prima Santa Isabel?

La virgen, inspirada por el Espíritu Santo visitó a su prima Santa Isabel para servirle, ya que Isabel había concebido un hijo en su vejez. A este hecho se le llama la visitación.

11. — ¿Qué distancia recorrió la Virgen para ver a su prima?

La Virgen recorrió unos ciento cincuenta kilómetros, desde Nazaret a una pequeña ciudad de Judea llamada Ain-Karim, situada en la montaña a unos tres kilómetros de Jerusalén. El recorrido duró cuatro o cinco días.

12. — ¿Qué dijo Santa Isabel cuando recibió a la Virgen en su casa?

Santa Isabel, llena del Espíritu Santo, recibió a la Virgen con estas palabras: Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de ti vientre. Y ¿de dónde a mi tanto bien que venga la madres de mi Señor a visitarme? Pues lo mismo fue penetrar la voz de tu salutación en mis oídos, que dar saltos de júbilo la criatura en mi vientre. ¡Oh, bienaventurada tú, que has creído! Porque se cumplirán las cosas que han dicho de parte del Señor (S. Lucas 1, 42-45).

13. ¿Qué dijo la virgen al oír las alabanzas de Santa Isabel?

La Virgen pronunció un cántico lleno de belleza y poesía, al que la Iglesia llama Magnífica.

14. — ¿ Cuáles son las virtudes que nos enseña la Virgen en la Visitación La virgen nos enseña de un modo especial la Visitación, las virtudes de humildad, caridad, generosidad, así como el deseo de servir con prontitud.

15. — ¿Cuánto tiempo permaneció la virgen con Santa Isabel?

La Virgen permaneció con su prima unos tres meses, y luego se volvió a Nazaret.


San José

16. — ¿Quién es el Señor San José?

San José es el esposo de María y padre adoptivo de Jesús. Un hombre escogido por Dios, virtuoso y santo para que cuidara a la Virgen y a Jesús.

17. — ¿San José y la Virgen eran descendientes del rey David?

Si, San José y la Virgen eran descendientes de la familia real de David.

18. — ¿Por qué San José y la Virgen María fueron a Belén?

San José y la Virgen fueron a Belén, que es la ciudad de David, para obedecer el edicto del emperador César Augusto, que ordenaba a todos sus súbitos que fueran a la ciudad de su estirpe para empadronarse.


El Nacimiento de Jesús

19. — ¿Qué sucedió al llegar a Belén?

Cuando San José y la Virgen llegaron a Belén, no encontraron lugar para hospedarse a causa de una gran concurrencia de forasteros, y se dirigieron a una cueva que servía de establo.

20. — ¿Y qué sucedió en la cueva?

La virgen estaba encinta, y como se le cumplieron los días del parto, dio a luz milagrosamente a Nuestro Señor Jesucristo; lo envolvió en pañales limpios y lo recostó en el pesebre.

21. — ¿Qué ejemplo nos da Jesús en el pesebre?

Jesús, en el pesebre, nos da ejemplo de humildad, fortaleza, pobreza y sencillez.

22. — ¿La Virgen tuvo otros hijos?

La Virgen no tuvo otros hijos, Jesucristo es su Hijo único, que fue concebido por obra del Espíritu Santo, sin intervención del varón.

23. — ¿Porqué es la Sagrada Escritura está escrito Los hermanos de Jesús?

En la Sagrada Escritura dice hermanos de Jesús porque, en el lenguaje oriental (hebreo, arameo y árabe), se les llama hermanos a los primos hermanos y parientes. Por lo tanto, Jesús no tuvo hermanos nacidos de la Virgen.


Los pastores y los reyes magos

24. — ¿Qué sucedió poco después del nacimiento del Niño Jesús?

Unos pastores de la región y unos reyes magos que llegaron de Oriente fueron adorar a Jesús.

A los pastores se les presentó un ángel del Señor y les dio la buena noticia sobre el nacimiento del Niño Jesús. Los magos fueron iluminados por el Espíritu Santo, y una estrella los guió hacia Belén.

25. — ¿Qué hicieron los magos cuando visitaron a Jesús?

La Sagrada Escritura dice que los magos, entraron en la casa, hallaron al niño con María, su madre y, postrándose, le adoraron, y, abriendo sus cofres, le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra. (San Mateo 2,11)


La Presentación de Jesús en el Templo

26. — ¿Por qué la Virgen y San José presentaron al Niño Jesús en el Templo?

La Virgen y San José presentaron al Niño Jesús en el Templo porque con ello estaban obedecieron un mandato que Dios había hecho a Moisés; que todo varón primogénito fuera presentado en el templo.

27. — ¿Por qué la Virgen se presentó en el Templo para purificarse?

La Virgen se presentó en el templo para purificarse porque también quiso someterse a la Ley de Moisés, que ordenaba a las madres israelitas que no entran en el Templo sino después de cuarenta días del nacimiento del hijo. La Virgen purísima no tenía necesidad de purificarse; lo hizo para enseñarnos a amar la Ley de Dios. Este hecho se conoce como la Purificación de Nuestra Señora.

28. — ¿Qué otro acontecimiento sucedió durante la Presentación de Jesús en el Templo?

Sucedió que un anciano muy santo, llamado Simeón, y una piadosa viuda, llamada Ana, inspirados por el Espíritu Santo, reconocieron a Jesús como el verdadero Mesías.

29. — ¿Cuáles fueron las palabras que dijo Simeón a la Virgen?

Simeón dijo a la Virgen; “Mira este niño está destinado para ruina y para resurrección de muchos en Israel, y será blanco de contradicción; y una espada atravesará tu alma para que se descubran los pensamientos de muchos corazones”(S, Lucas 2, 34-35)


La huida a Egipto

30. — Después Jesús, María y José que huir a Egipto. ¿Sabemos por qué?

Sí, porque Herodes, rey de Judea por entonces, temiendo perder su reino por el advenimiento del Mesías, proyectó asesinar al Niño Jesús, pero un ángel se apareció en sueños a San José y él dijo: “Levántate, toma al niño y a su madre y huye a Egipto, y estate allí hasta que yo te avise, porque Herodes buscará al niño para quitarle la vida” (S, Mateo 2,11).

31. — ¿Hasta cuando estuvieron Jesús, María y José en Egipto?

Jesús, María y José estuvieron en Egipto hasta la muerte de Herodes, y luego regresaron a Nazaret.


La Virgen en Nazaret

32. — ¿Qué hacia la Virgen en Nazaret?

La Virgen trabajaba en el hogar de Nazaret, sirviendo con mucho amor a Jesús y a San José.


El niño perdido y hallado en el Templo

33. — ¿Qué sucedió cuando Jesús cumplió doce años?

Cuando Jesús cumplió doce años la Virgen y San José lo llevaron al Templo en Jerusalén por la fiesta de Pascua y, a su regreso a Nazaret no lo encontraron en la caverna en que iban, porque se había quedado en el templo sin que ellos se dieran cuenta.

34. — ¿Que hicieron la Virgen y San José cuando perdieron al Niño Jesús?

La virgen y San José buscaron a Jesús tres días y, al cabo de este tiempo, le hallaron en medio de los Doctores de la Ley, oyéndoles y preguntándoles.

35. — ¿Qué dijo la Virgen a Jesús al encontrarlo?

La Virgen le dijo a Jesús: Hijo ¿Por qué te has portado así con nosotros? Mira como tu padre y yo, llenos de aflicción, te hemos andado buscando. (S. Lucas 2, 48).


La Virgen en las Bodas de Cana

36. — ¿Cuál fue la primera intervención de la virgen en la vida pública de Jesús?

La primera intervención de la Virgen en la vida pública de Jesús fue durante las bodas de Cana en Galilea, a las que fueron invitados Jesús y su Santísima Madre, junto con los Apóstoles.

37. — ¿Qué sucedió en estas bodas?

La Virgen observó que faltaba vino y, queriendo evitar que los novios pasaran a una vergüenza, dijo a Jesús: No tienen vino.

Después dijo a los sirvientes: Haced lo que Él os diga (San Juan 2,3-5) Gracias a la mediación de la Virgen, Jesucristo realizó su primer milagro, el de convertir en agua en vino.


La Virgen junto a la Cruz

38. — ¿Estuvo presente la virgen en la Pasión y Muerte de Jesucristo?

Si, la Virgen estuvo junto a la Cruz de Jesús, llena de dolor, pero serena.

39. — ¿Qué nos enseña la Virgen estando al pie de la Cruz?

La Santísima Virgen enseña a sufrir con paciencia y fortaleza las penas y aflicciones de esta vida, aceptando con amor los designios de la Divina Providencia.

40. — ¿Cuáles fueron las palabras que Jesús dijo a la Virgen y a San Juan cuando estaba clavado en la Cruz?

Jesús mirando a la Virgen y San Juan, que también estaba allí, dijo a su Santísima Madre; Mujer, ahí tienes a tu hijo; Después, dirigiéndose al discípulo amado, dijo; Ahí tienes a tu madre (San Juan 19,26-27)

41. — ¿Qué significan estas palabras?

Con estas palabras Jesucristo quiere decir a su Madre bendita no se queda sola y la encomienda a San Juan, por su parte, la Virgen será, a partir de ese momento, la Madre espiritual de San Juan y de todos los cristianos, pues ese apóstol nos representaba a todos.


La Virgen después de la muerte, Resurrección y Ascensión de Jesucristo.

42. — ¿Qué hizo la Virgen después de la muerte y sepultura del Señor?

La Virgen se recogió a Jerusalén y esperó, llena de confianza, La Resurrección de su divino Hijo.

43. — ¿Se apareció Jesús a la Virgen después de la Resurrección?

La Tradición dice que Nuestro Señor Jesucristo se apareció a la Santísima Virgen apenas resucito, y que Ella fue la primera persona que los vio en ese estado glorioso.

44. — ¿Dónde permaneció la Virgen después de la Ascensión de Jesucristo, al lado de los Apóstoles, y, animados de un mismo espíritu, perseveraban juntos en la oración?

El día de Pentecostés sucedió que la Virgen y los Apóstoles estaban juntos en un mismo lugar, cuando de repente sobrevino del cielo un ruido como viento impetuoso y aparecieron unas como lenguas de fuego, que se posaron sobre cada uno de ellos y quedaron todos llenos del Espíritu Santo.


Dogmas acerca de la Virgen

45. — ¿Cuáles son los dogmas que la Iglesia enseña acerca de la Virgen?

La Iglesia enseña los siguientes dogmas acerca de la Virgen: La Maternidad Divina La Inmaculada Concepción La perpetua Virginidad y La Asunción a los cielos.

46. — ¿Debemos creer estos dogmas de fe?

Si, debemos creerlos plenamente. Si Alguno se atreviera a negarlos a dudar de ellos conscientemente, cometería un pecado mortal.

47. — ¿En qué consiste el Dogma de la Maternidad Divina?

El Dogma de la Maternidad Divina consiste en que la Virgen María es Verdadera Madre de Dios, por haber engendrado por obra del Espíritu Santo y dado a la luz de Jesucristo, no en cuanto a su Naturaleza Divina, sino en cuanto a la Naturaleza humana que había asumido. La Iglesia afirma este Dogma desde siempre, y lo definió solemnemente en el Concilio de Éfeso (Siglo V).

El Concilio Vaticano II menciona esta verdad con las siguientes palabras: “Desde lo0s tiempos más antiguos, la Bienaventurada Virgen es honrada con el título Madres de Dios, a cuyo amparo los fieles acuden con súplicas en todos sus peligros y necesidades” (Const. Dogmática Lumen Pentium, n, 66)

48. — ¿En qué consiste el Dogma de la Inmaculada Concepción?

El Dogma de la Inmaculada Concepción consiste en que la Virgen fue preservada inmune e la mancha del pecado original desde el primer instante de su Concepción, por singular gracia y privilegio de Dios Omnipotente, en atención a los méritos de Jesucristo, Salvador del género humano Esta verdad fue proclamada como Dogma de fe por el Papa Pío IX, el 8 de diciembre de 1854, en la Bula Ineffabilis Deus.

49. — ¿En qué consiste el Dogma de la Perpetua Virginidad?

El Dogma de la Perpetua Virginidad consiste en que la Madre de Dios conservó plena y perdurablemente su Virginidad. Es decir fue Virgen antes del parto, en el parto y, perpetuamente, después del parto. La Iglesia afirma este Dogma desde el Credo compuesto por los Apóstoles.

El Concilio Vaticano II dice: “Es aquella Virgen que concebirá y dará a luz< un Hijo, que se llamará Emmanuel” (Const. Dogmática Lumen gentiun, n. 55)

50. — ¿En qué consiste el Dogma de la Asunción a los Cielos?

El Dogma de la Asunción a los Cielos consiste en que la Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen, cumplido el curso de su vida terrena, fue subida en cuerpo y alma a la gloria celestial.

Este Dogma fue proclamado por el Papa Pio XII, el Primero de Noviembre de 1950, en la Constitución Munificentissimus Deus


Títulos de la Virgen

51. — Además de estos privilegios, ¿qué títulos tiene Nuestra Señora?

Nuestra Señora tiene los siguientes títulos: Madre de los hombres, Madre de la Iglesia, Abogada Nuestra, Corredentora, Medianera de todas las gracias, Reina y Señora de todo lo creado, y todas las alabanzas que contiene el Santo Rosario.

52. — ¿Cuáles son las relaciones que existen entre la Virgen y la Santísima Trinidad?

La Virgen tiene una relación especialísima con la Santísima Trinidad, porque:

  • Es Hija de Dios Padre, ya que fue creada por Dios.
  • Es Madre de Dios Hijo, pues es la Madre de Nuestro Señor Jesucristo.
  • Es Esposa de Dios, Espíritu Santo, pues el Espíritu Santo formó el cuerpo de Jesús en las entrañas purísimas de la Virgen.


Culto a la Virgen

53. — ¿Debemos de dar culto a la Virgen?

Sí, porque es Madre de Dios y Madre espiritual de todos los cristianos.

54. — ¿Rendimos el mismo culto a Dios que a la Virgen?

No, A Dios, por ser el supremo Señor de todo lo creado, le rendimos culto de adoración, llamado latría. A la virgen, en cambio, por su grandeza la veneramos con un culto especial, llamado hiperdulía.

55. — ¿Por qué llamamos medianera a la Virgen?

Aunque Jesucristo es el único Mediador entre Dios y los hombres, no se excluye por ello la existencia de otra mediación secundaria y subordinada: la de la virgen María. La Virgen es medianera de todas las gracias y porque nos lleva de la mano a la Patria Celestial.

56. — ¿Es necesario la devoción a la Virgen?

La devoción a la Virgen es necesaria para salvarnos, pero con necesidad moral, que se apoya en el querer de Dios que nos dio como Madre.

57. — ¿Qué características ha de tener nuestra devoción a la Virgen?

Como buenos hijos suyos, hemos de venerarla, invocarla, imitarla y amarla.

58. — ¿Cómo podemos imitar a la Virgen?

Imitamos a la Virgen a través de todas sus virtudes, pues todas las vivió en el mayor grado posible.

En Concilio Vaticano II dice: “Los fieles aún se esfuerzan por crecer en santidad venciendo al pecado; por eso levantan sus ojos hacia María, que brilla ante toda su comunidad de los elegidos como modelo de virtudes” (Const. Dogmática Lumen Gentiun, n 65) Fiestas en honor a la Virgen

59. — ¿Cuáles son las fiestas universales que celebramos en honor a la Santísima Virgen?

Las fiestas de la Virgen, de carácter universal son:

  • La Maternidad Divina 1º de Mayo
  • La Anunciación, 25 de marzo
  • El corazón Inmaculado de María Sábado siguiente a la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús.
  • La Visitación de la Santísima Virgen 31 de Mayo
  • Nuestra Señora del Carmen 16 de Julio
  • Dedicación de la Basílica de Santa María la Mayor 5 de Agosto
  • La Asunción de la Virgen 15 de Agosto.
  • Nuestra Señora Reina del Cielo 22 de Agosto.
  • La Natividad de la Virgen 8 de septiembre
  • Nuestra Señora del Rosario 7 de Octubre
  • La Presentación de la Virgen en el Templo 21 de noviembre
  • La Inmaculada Concepción 8 de Diciembre.

60. — ¿Conoces otras fiestas que los cristianos de algunos países celebran para honrar a la Santísima Virgen?

  • Nuestra Señora de Lourdes 11 de febrero
  • Nuestra Señora de Montserrat 27 de abril
  • Nuestra Señora Auxiliadora 24 de Mayo
  • Nuestra Señora del Perpetuo Socorro 27 de Junio
  • Nuestra Señora del Refugio 4 de Julio.
  • Nuestra Señora de los Ángeles 2 de Agosto
  • Nuestra Señora de la Merced 24 de Septiembre
  • Nuestra Señora del Pilar 12 de Octubre.
  • Nuestra Señora de Guadalupe 12 de Diciembre.

61. — ¿Cuáles son las fiestas de la Virgen en que obliga la asistencia a la Santa Misa en cada nación?

Las fiestas de la Virgen en que obliga la asistencia a la Santa Misa en cada nación son:

  • La solemnidad de la Madre de Dios, 1.º de Enero
  • La Inmaculada Concepción, 8 de diciembre, fiesta en la mayoría de países de habla española.f
  • El día de la advocación de la Virgen que sea patrona nacional. Por ejemplo, en México, Nuestra Señora de Guadalupe, Patrona de América y Filipinas, 12 de Diciembre.

62. — ¿Qué conmemoramos en las fiestas de Nuestra Señora?

Conmemoramos las distintas apariciones y milagros que la santísima Virgen ha realizado en diversos países del mundo a lo largo de los siglos, y además, exaltamos sus privilegios.


Algunas apariciones de la Virgen

63. — ¿A quién se apareció en México?

La Virgen se apareció varias veces en México a un indito Juan Diego en el cerro del Tepeaca. Sus apariciones fueron del 9 al 12 de Diciembre. La llamamos la Virgen de Guadalupe.

64. — ¿Cuál fue el mensaje de la Virgen a Juan Diego?

El mensaje de la virgen a Juan Diego fue el siguiente: “Sabe y tan entendido, tú, el más pequeño de mis hijos, que soy yo la siempre virgen Santa María, Madre del verdadero Dios por quien se vive, del Creador cabe quien está Todo, Señor del Cielo y de la tierra. Deseo vivamente que me erija aquí un templo para en él mostrar y dar todo mi amor, compasión, auxilio y defensa, pues soy vuestra piadosa madre, a ti, a todos vosotros juntos los moradores de este tierra y a los demás Amadores míos que me invoquen y en mí confíen; oír allí sus lamentos y remediar todas sus miserias, penas y dolores”.

65. — ¿A quién se apareció en Lourdes?

La Virgen se apareció varias veces a una joven campesina, cuyo nombre era Bernadette Soubirous, en una aldea de Francia llamada Lourdes. Sus apariciones fueron desde el 11 de Febrero al l6 de Julio de 1858.

66. — ¿Cuál fue el mensaje de la Virgen a Bernadette?

El contenido del mensaje de la Virgen a Bernadette fue el siguiente: No le prometía hacerla feliz en este mundo, pero sí en el otro. Le pidió que rogara a Dios por los pecadores y que era necesario hacer mucha penitencia. Pidió que dijera a los sacerdotes de su pueblo que construyeran una capilla en el lugar donde fueron las apariciones. Finalmente la virgen reveló: “Yo soy la Inmaculada Concepción”.

67. — ¿A quién se apareció en Fátima?

La Virgen se apareció tres veces a sus tres niños pastorcitos que vivían en una pequeña aldea de Portugal, llamada Fátima. Los niños se llamaban: Lucia, Francisco y Jacinta. Sus apariciones se realizaron desde el l3 de mayo al l3 de Octubre.

68. — ¿Cuál fue el mensaje de la Virgen a los tres niños?

El contenido del mensaje de la virgen a los tres niños fue el siguiente: Que tuvieron odio al pecado y que hicieran penitencia por los pecados. Les pidió una oración incesante y fervorosa diciéndole: “Rezad el Santo Rosario todos los días con devoción» Además, les pidió un apostolado generoso, la devoción a su Inmaculado Corazón y la Comunión reparadora.


Oraciones a la Virgen

69. — ¿De qué manera podemos dirigirnos a la Santísima Virgen?

Además de las oraciones que la piedad de cada uno pueda componer, La Iglesia recomienda decir las siguientes: El Avemaría, el Ángelus, el Regina Coeli, la Salve, El Acordaos, el Magnificat, Dulce Madre, Bendita seas tu pureza, jaculatorias, y de manera especial porque Ella lo ha pedido, el rezo del Santo Rosario.

70. — ¿Cuál es la oración más excelente que le dirigimos a la Virgen?

La oración más excelente que le dirigimos a la Virgen María es el Avemaría.

71. — ¿De qué partes está compuesta el Avemaría? El Avemaría tiene dos partes; la primera está compuesta por los saludos que dirigieron a la Virgen el Arcángel San Gabriel en la Anunciación y Santa Isabel en la Visitación; la segunda parte la compuso la Iglesia, y con San Pio V, en el siglo XVI, quedó fijado como la conocemos actualmente.

72. — ¿Qué es el Ángelus?

El Ángelus es una plegaria que dirigimos a la Virgen, en donde recodamos el Misterio de la Encarnación del Hijos de Dios. El momento más usual para rezarlo a las l2 del día.

73. — ¿Cuándo rezamos en Regina Coeli?

El Regina Coeli lo rezamos en sustitución del Ángelus el tiempo pascual, es decir, desde el domingo de Resurrección hasta el domingo de Pentecostés.

74. — ¿Quién compuso la oración Acordaos?

Se piensa que la oración Acordaos fue compuesta por San Bernardo de Claraval en el siglo XVII.

75. — ¿Ganamos indulgencias al rezar una oración a la Virgen?

Si, ganamos indulgencias parciales al rezar cuantas veces sea durante el día cualquier de las siguientes oraciones: El Ángelus o el Regina Coeli, el Acordaos, La Salve, el Magníficat, el Oficio Parvo de la Virgen María.


Devociones en honor a la Virgen

76. — ¿Qué devociones podemos practicar en honor a la Virgen?

Podemos practicar, entre otras, las siguientes devociones: considerar los quince misterios del Rosario, tener impuesto y llevar al cuello el Escapulario del Carmen; hacer romerías y peregrinaciones a Santuarios dedicados a Ella; la novena de la Inmaculada Concepción y la Consagración al Inmaculado Corazón de María.


El Santo Rosario

77. — ¿Qué es el Santo Rosario?

El Santo Rosario está compuesto de quince decenas de Avemarías, o sea de 150 Avemarías, cada decena va predicada de un Padrenuestro y se termina con el Gloria. Al final se añade la letanía, que es un conjunto de alabanzas a la virgen.

78. — ¿Por qué se llama Rosario a estas oraciones?

Se llama Rosario porque las oraciones, que se enlazan con las meditaciones de los misterios (Gozosos, Luminosos, Dolorosos y Gloriosos), forman una corona de rosas que se ofrece a María Santísima.

79. — ¿Podemos decir que hemos rezado el Santo Rosario cuando solo rezamos cinco misterios?

Si, basta rezar cinco misterios.

80. — ¿Qué alabanzas han dicho los Sumos Pontífices acerca del Santo Rosario?

Los Sumos Pontífices alaban el Santo Rosario diciendo:

  • “Es el salterio de la Santísima Virgen” (San Pio V)
  • “La devoción más hermosa, la más rica en gracias y gratísima al corazón de María” (Beato Pio IX)
  • «Bandera de la fe cristiana” (León XIII )
  • «Resumen del Evangelio y de la vida cristiana” (Pio XII)
  • «Forma devota de unión con Dios, y siempre de alta elevación espiritual” (Beato Juan XXIII)
  • “Compendio de todo el Evangelio” (Pablo VI)
  • “Es nuestra oración predilecta que dirigimos a María” (Juan pablo II)

81. — ¿Hay algún mes dedicado al Santo Rosario?

El mes especialmente dedicado por la Iglesia al Santo Rosario es el de Octubre.


El Escapulario de Carmen

82. — ¿Qué es el Escapulario de Carmen?

El Escapulario de Carmen es una reducción del hábito de los Religiosos Carmelitas y consta de dos pequeños trozos de tela de lana de color negro o café oscuro unidos con dos cordones.

83. — ¿Cuál es el origen del Escapulario de Carmen?

Es Escapulario de Carmen se remonta a una aparición de la Virgen a San Simón Stock, Superior General de la Orden de los Carmelitas, el 16 de Julio de 1251, en Inglaterra.

84. — ¿Ganamos indulgencias si llevamos el Escapulario?

Si, ganamos indulgencias parciales si usamos devotamente el Escapulario. Y ganamos indulgencias plenarias en las fiestas de:

  • San Simón Stock, 16 de Mayo.
  • Nuestra Señor del Carmen, 16 de Julio
  • San Elías, profeta, 20 de Julio.
  • Santa Teresita del Niño Jesús, 1º de Octubre
  • Santa Teresa de Jesús, 15 de Octubre
  • Todos los Santos Carmelitas, 14 de Noviembre
  • San Juan de la Cruz, 14 de Diciembre.

85. — ¿En qué consiste el privilegio Sabatino?

El privilegio sabatino consiste en que la Virgen prometió al Papa Juan XXII, en el siglo XIV, que quienes llevaran el Escapulario en el momento de la muerte, Ella, como Madre de la misericordia, bajaría al Purgatorio el sábado siguiente y librarías sus almas para conducirlas al Cielo.

86. — ¿Qué condiciones se requiere para obtener el privilegio Sabatino?

Además de estar en estado de gracia a la hora de la muerte:

  • Tener impuesto el escapulario y llevarlo habitualmente;
  • Guardar castidad, conforme al estado actual de cada cual;
  • El rezo del Oficio Divino o el Oficio Parvo de la Virgen, o siete Padrenuestros con Avemaría y Gloria, o al menos tres Avemarías.

87. — ¿Se puede sustituir el escapulario por una medalla?

Si, una vez el Escapulario ha sido impuesto puede sustituirse por una medalla metálica que lleve por un lado la imagen el Sagrado Corazón y por el otro una imagen de la Virgen Santísima.

Las Romerías

88. — ¿Qué son las Romerías?

Las romerías son visitas que hacemos a alguna Ermita o Santuario dedicados a la Virgen.

89. — ¿Conoces algunos Santuarios dedicados a la virgen?

En cada país donde hay fieles católicos suele haber uno o varios Santuarios dedicados a la Virgen. Entre los más visitados se encuentran:

  • Nuestra señora de Altotting Alemania
  • Nuestra Señora de Luján Argentina
  • Nuestra Señora de Mariazell Austria
  • Nuestra Señora de Monteagudo Bélgica
  • Nuestra Señora de Copacabana Bolivia
  • Nuestra Señora de la Aparecida Brasil
  • Nuestra Señora de Chiquinquirá Colombia
  • Nuestra Señora de la Caridad del Cobre Cuba
  • La Virgen de los Vázquez Chile
  • Nuestra Señora de la Nube Ecuador
  • Nuestra Señora de Pilar España
  • Nuestra Señora de Lourdes Francia
  • La Virgen del Rosario Guatemala.
  • La Virgen de Suyapa Honduras.
  • Reina de Irlanda Irlanda.
  • Santa María la Mayor Italia.
  • Nuestra Señora de Líbano Líbano
  • Nuestra Señora de África Marruecos
  • Nuestra Señora de Czestochowa Polonia.
  • Nuestra Señora de Fátima Portugal.
  • Nuestra Señora de la Paz San Salvador
  • Nuestra Señora de Einsiedeln Suiza
  • Nuestra Señora de Coromoto Venezuela.
  • Nuestra Señora de Guadalupe México
  • Nuestra Señora de la Defensa Puebla México .


Manifestaciones de Amor a la Virgen

90. — ¿De qué manera podemos manifestar externamente nuestro amor a la Virgen?

Externamente podemos también manifestar nuestro amor a la virgen besando sus imágenes; llevando siempre con nosotros una pequeña imagen suya y colocando otra en la habitación donde dormimos y una en nuestro lugar de trabajo, para verla con frecuencia y acudir a Ella en nuestras necesidades; haciendo una inclinación de cabeza al pasar delante de una imagen suya en una Iglesia, etc.


Mes y días dedicados a la Virgen

91. — ¿Cuál es el mes dedicado a la Virgen de modo especial?

El mes dedicado a la virgen es el mes de mayo. Así lo dispuso la Iglesia.

92. — ¿Cuál es el día de la semana tradicionalmente dedicado a la Virgen?

El día dedicado a la Virgen, por una tradición antiquísima, es el sábado. En este día podemos tener presente a Nuestra Madre de forma especial, ofreciéndole algún pequeño sacrificio y dirigiendo una oración en su honor, por ejemplo, La Salve.


La Devoción a la Virgen

93. — ¿Qué dicen algunos santos acerca de la devoción a la Virgen?

Todos los santos amaron profundamente a la Virgen.

Algunos dijeron:

  • “La devoción a la Virgen es la llave del Paraíso” (S. Efrén).
  • “María es las esclava misteriosa por la cual Dios baja a la tierra y los hombres suben al Cielo” (S. Fulgencio)
  • «La Devoción a María es señal de salvación eterna” (San Bernardo)
  • «Dios no nos salvará sin la intercesión de María” (S. Jerónimo)
  • “María es la dispensadora de todas a las gracias y la gracia de nuestra salvación viene por sus manos” (S. Bernardino de Siena)
  • “La Protección de María es más grande y poderosa de lo que podemos nosotros entender” (S. Germán).
  • “El nombre de María es la alegría para el corazón, miel para los labios y la melodía para el oído de sus devotos” (S, Antonio de Padua)

94. — ¿Hemos de propagar la devoción a la virgen?

Sí, porque los buenos hijos hablan de su Madre, y porque la aman propagan su culto. “Los que trabajan en publicar las glorias de María tienen asegurado el Cielo “(San Buenaventura).

95. — ¿Qué dice el Concilio Vaticano II acerca de la Devoción a la Virgen?

Advierte el Concilio Vaticano II a todos los fieles de la Iglesia lo siguiente: “Que tengan muy en consideración las prácticas y los ejercicios hacia Ella recomendados por el Magisterio a lo largo de los siglos “(Const. Dogmática Lumen gentium, n, 67).

Santa María en América

  • Nuestra Señora de Altagracia, República Dominicana
  • Nuestra Señora del Divino Pastor, Trinidad y Tobago
  • Nuestra Señora de los Treinta y tres, Uruguay
  • Nuestra Señora del Coromoto, Venezuela
  • Nuestra Señora de Copacabana, Bolivia
  • Nuestra Señora de Aparecida, Brasil
  • Nuestra Señora del Rosario de Cabo, Canadá
  • Nuestra Señora de Chiquinquirá, Colombia
  • Nuestra Señora de los Ángeles, Costa Rica
  • Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, Cuba
  • Nuestra Señora del Carmen, Chile
  • Nuestra Señora del Quiche, Ecuador
  • Inmaculada Concepción, España y Estados Unidos
  • Nuestra Señora de Luján, Argentina
  • Nuestra Señora de la Paz, El Salvador
  • Nuestra Señora del Rosario, Guatemala
  • Nuestra Señora de Fátima, Portugal, Guyana y Surinam
  • Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, Haití
  • Nuestra Señora de Soyapá, Honduras
  • Nuestra Señora de Guadalupe, México
  • Inmaculada Concepción del Viejo, Nicaragua
  • Santa María de la Antigua, Panamá
  • Nuestra Señora de los Milagros de Caacupé, Paraguay
  • Nuestra Señora del Pilar, Hispanoamérica y Filipinas

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Fuente: Ponrencia sobre la «Historia de la Virgen presentada» en el Año de las Cumbres Mundiales en el Perú (2008), dentro de la Programación Nacioan de Formación y Capacitación Permanente (PRONAFCAP), Área de Educación Religiosa.


Fiesta del Inmaculado Corazón de María

Fiesta del Inmaculado Corazón de María

Esta fiesta está íntimamente vinculada con la del Sagrado Corazón de Jesús, la cual se celebra el día anterior, viernes. Ambas fiestas se celebran, viernes y sábado respectivamente, en la semana siguiente al domingo de Corpus Christi. Los Corazones de Jesús y de María están maravillosamente unidos en el tiempo y la eternidad desde el momento de la Encarnación. La Iglesia nos enseña que el modo más seguro de llegar a Jesús es por medio de María. Por eso nos consagramos al Corazón de Jesús por medio del Corazón de María.

La fiesta del Corazón Inmaculado de María fue oficialmente establecida en toda la Iglesia por el papa Pío XII, el 4 de mayo de 1944, para obtener por medio de la intercesión de María «la paz entre las naciones, libertad para la Iglesia, la conversión de los pecadores, amor a la pureza y la práctica de las virtudes». Esta fiesta se celebra en la Iglesia todos los años el sábado siguiente al segundo domingo después Pentecostés.

Después de su entrada a los cielos, el Corazón de María sigue ejerciendo a favor nuestro su amorosa intercesión. El amor de su corazón se dirige primero a Dios y a su Hijo Jesús, pero se extiende también con solicitud maternal sobre todo el género humano que Jesús le confió al morir; y así la alabamos por la santidad de su Inmaculado Corazón y le solicitamos su ayuda maternal en nuestro camino a su Hijo.

Una práctica que hoy en día forma parte integral de la devoción al Corazón de María, es la Devoción a los Cinco Primeros Sábados. En diciembre de 1925, la Virgen se le apareció a Lucía Martos, vidente de Fátima y le dijo: «Yo prometo asistir a la hora de la muerte, con las gracias necesarias para la salvación, a todos aquellos que en los primeros sábados de cinco meses consecutivos, se confiesen, reciban la Sagrada Comunión, recen la tercera parte del Rosario, con intención de darme reparación». Junto con la devoción a los nueve Primeros Viernes de Mes, ésta es una de las devociones más conocidas entre el pueblo creyente.

El Papa Juan Pablo II recientemente declaró que la conmemoración del Inmaculado Corazón de María, será de naturaleza «obligatoria» y no «opcional». Es decir, por primera vez en la Iglesia, la liturgia para esta celebración debe de realizarse en todo el mundo Católico.

Entreguémonos al Corazón de María diciéndole: «¡Llévanos a Jesús de tu mano! ¡Llévanos, Reina y Madre, hasta las profundidades de su Corazón adorable! ¡Corazón Inmaculado de María, ruega por nosotros!».

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Artículo original en EWTN

Promesas del Sagrado Corazón Jesús

Promesas del Sagrado Corazón Jesús

Jesús mío dulcísimo, que en vuestra infinita y dulcísima misericordia prometisteis la gracia de la perseverancia final a los que comulgaren en honra de vuestro Sagrado Corazón nueve primeros viernes de mes seguidos: acordaos de esta promesa, y a mí, indigno siervo vuestro, que acabo de recibiros sacramentado con este fin e intención, concededme que muera detestando todos mis pecados, esperando en vuestra inefable misericordia y amando la bondad de vuestro amantísimo y amabilísimo Corazón. Amén.

Corazón de Jesús, casa de Dios y puerta del cielo, tened piedad de nosotros.

Padrenuestro…

Corazón de Jesús, rico en todos los que os invocan, tened piedad de nosotros.

Padrenuestro…

Corazón de Jesús, esperanza de los que mueren en Vos, tened piedad de nosotros.

Padrenuestro…

Oración de ofrecimiento al Sagrado Corazón de Jesús

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Promesas del Sagrado Corazón Jesús

Promesas principales hechas por el Sagrado Corazón de Jesús a Santa Margarita de Alacoque:

  1. A las almas consagradas a mi Corazón, les daré las gracias necesarias para su estado.
  2. Daré la paz a las familias.
  3. Las consolaré en todas sus aflicciones.
  4. Seré su amparo y refugio seguro durante la vida, y principalmente en la hora de la muerte
  5. Derramaré bendiciones abundantes sobre sus empresas
  6. Los pecadores hallarán en mi Corazón la fuente y el océano infinito de la misericordia
  7. Las almas tibias se harán fervorosas
  8. Las almas fervorosas se elevarán rápidamente a gran perfección
  9. Bendeciré las casas en que la imagen de mi Sagrado Corazón esté expuesta y sea honrada.
  10. Daré a los sacerdotes la gracia de mover los corazones empedernidos
  11. Las personas que propaguen esta devoción, tendrán escrito su nombre en mi Corazón y jamás será borrado de él.
  12. A todos los que comulguen nueve primeros viernes de mes continuos, el amor omnipotente de mi Corazón les concederá la gracia de la perseverancia final.

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Artículo original en Aciprensa

Historia de El Sagrado Corazón de Jesús – También en vídeo

Historia de El Sagrado Corazón de Jesús – También en vídeo

Los Santos Padres muchas veces hablaron del Corazón de Cristo como símbolo de su amor, tomándolo de la Escriturad: «Hemos de beber el agua que brotaría de su Corazón… cuando salió sangre y agua» (Jn 7,37; 19,35).

En la Edad Media comenzaron a considerarle como modelo de nuestro amor, paciente por nuestros pecados, a quien debemos reparar entregándole nuestro corazón (santas Lutgarda, Matilde, Gertrudis la Grande, Margarita de Cortona, Angela de Foligno, san Buenaventura, etc.).

En el siglo XVII estaba muy extendida esta devoción. San Juan Eudes, ya en 1670, introdujo la primera fiesta pública del Sagrado Corazón.

En 1673, Santa Margarita María de Alocoque comenzó a tener una serie de revelaciones que le llevaron a la santidad y la impulsaron a formar un equipo de apóstoles de esta devoción. Con su celo consiguieron un enorme impacto en la Iglesia.

Se divulgaron innumerables libros e imágenes. Las asociaciones del Sagrado Corazón subieron en un siglo, desde mediados del XVIII, de 1.000 a 100.000. Unas 200 congregaciones religiosas y varios institutos secula-res se han fundado para extender su culto de mil formas.

El Apostolado de la Oración, que pretende conse-guir nuestra santificación personal y la salvación del mundo mediante esta devoción, contaba ya en 1917 con 20 millones de asociados. Y en 1960 llegaba al doble en todo el mundo, pasando en España del millón; sus 200 revistas tenían 15 millones de suscriptores. La mayor asociación de todo el mundo.

La Oposición a este culto siempre ha sido grande, sobre todo en el siglo XVIII por parte de los jansenistas, y recibió un fuerte golpe con la supresión de la Compañía de Jesús (1773).

En España se prohibieron los libros sobre el Sagrado Corazón. El emperador de Austria dio orden que desapareciesen sus imágenes de todas las iglesias y capillas. En los seminarios se enseñaba: «la fiesta del Sagrado Corazón ha echado una grave mancha sobre la religión».

La Europa oficial rechazó el Corazón de Cristo y en seguida fue asolada por los horrores de la Revolución francesa y de las guerras napoleónicas. Pero después de la purificación, resurgió de nuevo con más fuerza que nunca.

En 1856 Pío IX extendió su fiesta a toda la Iglesia. En 1899 León XIII consagró el mundo al Sagrado Corazón de Jesús (Ecuador se había consagrado en 1874).

Y España en 1919, el 30 de mayo, también se consagró públicamente al Sagrado Corazón en el Cerro de los Angeles. Donde se grabó, debajo de la estatua de Cristo, aquella promesa que hizo al padre Bernardo de Hoyos, S.J., el 14 de mayo de 1733, mostrándole su Corazón, en Valladolid (Santuario de la Gran Promesa), y diciéndole: «Reinaré en España con más Veneración que en otras muchas partes» (entonces también América era España).

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Si queréis un conocimiento exhaustivo sobre El Sagrado Corazón de Jesús, os recomendamos que visitéis el artículo temático de Aciprensa.

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Historia del Sagrado Corazón en vídeo

Primera parte (I): Introducción.

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Primera parte (II): Por qué al Corazón. Origen de la devoción.

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Primera parte (III): Primeras revelaciones.

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Primera parte (IV): Las cuatro principales revelaciones.

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Segunda parte (I): Santa Margarita María de Alacoque y su misión.

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Segunda parte (II): Santa Margarita María de Alacoque: su vida.

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Segunda parte (III): La Virgen María y Santa Margarita María. Significado de la devoción.

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Segunda parte (IV): La Divina MIsericordia y el Sagrado Corazón. Promesas del Sagrado Corazón. Los 9 primeros Viernes.

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Tercera parte: Consagración al Sagrado Corazón.

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El gusto de vivir – Las «bienaventuranzas» de Tomás Moro

El gusto de vivir – Las «bienaventuranzas» de Tomás Moro

«El hombre no puede ser separado de Dios, ni la política de la moral»

Tomás Moro

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Santo Tomás Moro nació en Londres en 1477. Recibió una excelente educación clásica, graduándose de la Universidad de Oxford en abogacía. Su carrera en leyes lo llevó al parlamento. En 1505 se casó con su querida Jane Colt con quien tuvo un hijo y tres hijas. Jane muere joven y Tomás contrae nuevamente nupcias con una viuda, Alice Middleton.

Hombre de gran sabiduría, reformador, amigo de varios obispos.

En 1516 escribió su famoso libro «Utopía». Atrajo la atención del rey Enrique VIII quién lo nombró a varios importantes puestos y finalmente «Lord Chancellor», canciller, en 1529. En el culmen de su carrera Tomás renunció, en 1532, cuando el rey Enrique persistía en repudiar a su esposa para casarse, para lo cual el rey se disponía a romper la unidad de la Iglesia y formar la iglesia anglicana bajo su autoridad.

Santo Tomás pasó el resto de su vida escribiendo sobre todo en defensa de la Iglesia. En 1534, con su buen amigo el obispo y santo Juan Fisher, rehusó rendir obediencia al rey como cabeza de la iglesia. Estaba dispuesto a obedecer al rey dentro de su campo de autoridad que es lo civil pero no aceptaba su usurpación de la autoridad sobre la Iglesia. Tomás y el obispo Fisher se ayudaron mutuamente a mantenerse fieles a Cristo en un momento en que la gran mayoría cedía ante la presión del rey por miedo a perder sus vidas. Ellos demostraron lo que es ser de verdad discípulos de Cristo y el significado de la verdadera amistad. Ambos pagaron el máximo precio ya que fueron encerrados en La Torre de Londres. Catorce meses mas tarde, nueve días después de la ejecución de San Juan Fisher, Sto. Tomás fue juzgado y condenado como traidor. El dijo a la corte que no podía ir en contra de su conciencia y decía a los jueces que «podamos después en el cielo felizmente todos reunirnos para la salvación eterna».

Ya en el andamio para la ejecución, Santo Tomás le dijo a la gente allí congregada que el moría como «El buen servidor del rey, pero primero Dios». Nos recuerda las palabras de Jesús: «Al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios». Fue decapitado el 6 de julio de 1535. Su fiesta es el 22 de junio.

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El gusto de vivir

Felices los que saben reírse de sí mismos, porque nunca terminarán de divertirse.

Felices los que saben distinguir una montaña de una piedrita, porque evitarán muchos inconvenientes.

Felices los que saben descansar y dormir sin buscar excusas porque llegarán a ser sabios.

Felices los que saben escuchar y callar, porque aprenderán cosas nuevas.

Felices los que son suficientemente inteligentes, como para no tomarse en serio, porque serán apreciados por quienes los rodean.

Felices los que están atentos a las necesidades de los demás, sin sentirse indispensables, porque serán distribuidores de alegría.

Felices los que saben mirar con seriedad las pequeñas cosas y tranquilidad las cosas grandes, porque irán lejos en la vida.

Felices los que saben apreciar una sonrisa y olvidar un desprecio, porque su camino será pleno de sol.

Felices los que piensan antes de actuar y rezan antes de pensar, porque no se turbarán por los imprevisible.

Felices ustedes si saben callar y ójala sonreir cuando se les quita la palabra, se los contradice o cuando les pisan los pies, porque el Evangelio comienza a penetrar en su corazón.

Felices ustedes si son capaces de interpretar siempre con benevolencia las actitudes de los demás aún cuando las apariencias sean contrarias. Pasarán por ingenuos: es el precio de la caridad.

Felices sobretodo, ustedes, si saben reconocer al Señor en todos los que encuentran entonces habrán hallado la paz y la verdadera sabiduría.

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Fuente original de la biografía de Santo Tomás Moro

Fuente original de la obra: El gusto de vivir

 

Corpus Christi: catequesis del Papa emérito Benedicto XVI

Corpus Christi: catequesis del Papa emérito Benedicto XVI

Esta tarde quiero meditar con vosotros sobre dos aspectos, relacionados entre sí, del Misterio eucarístico: el culto de la Eucaristía y su sacralidad. Es importante volverlos a tomar en consideración para preservarlos de visiones incompletas del Misterio mismo, como las que se han dado en el pasado reciente.

Ante todo, una reflexión sobre el valor del culto eucarístico, en particular de la adoración del Santísimo Sacramento. Es la experiencia que también esta tarde viviremos nosotros después de la misa, antes de la procesión, durante su desarrollo y al terminar. Una interpretación unilateral del concilio Vaticano II había penalizado esta dimensión, restringiendo en la práctica la Eucaristía al momento celebrativo. En efecto, ha sido muy importante reconocer la centralidad de la celebración, en la que el Señor convoca a su pueblo, lo reúne en torno a la doble mesa de la Palabra y del Pan de vida, lo alimenta y lo une a sí en la ofrenda del Sacrificio. Esta valorización de la asamblea litúrgica, en la que el Señor actúa y realiza su misterio de comunión, obviamente sigue siendo válida, pero debe situarse en el justo equilibrio. De hecho —como sucede a menudo— para subrayar un aspecto se acaba por sacrificar otro. En este caso, la justa acentuación puesta sobre la celebración de la Eucaristía ha ido en detrimento de la adoración, como acto de fe y de oración dirigido al Señor Jesús, realmente presente en el Sacramento del altar. Este desequilibrio ha tenido repercusiones también sobre la vida espiritual de los fieles. En efecto, concentrando toda la relación con Jesús Eucaristía en el único momento de la santa misa, se corre el riesgo de vaciar de su presencia el resto del tiempo y del espacio existenciales. Y así se percibe menos el sentido de la presencia constante de Jesús en medio de nosotros y con nosotros, una presencia concreta, cercana, entre nuestras casas, como «Corazón palpitante» de la ciudad, del país, del territorio con sus diversas expresiones y actividades. El Sacramento de la caridad de Cristo debe permear toda la vida cotidiana.

En realidad, es un error contraponer la celebración y la adoración, como si estuvieran en competición una contra otra. Es precisamente lo contrario: el culto del Santísimo Sacramento es como el «ambiente» espiritual dentro del cual la comunidad puede celebrar bien y en verdad la Eucaristía. La acción litúrgica sólo puede expresar su pleno significado y valor si va precedida, acompañada y seguida de esta actitud interior de fe y de adoración. El encuentro con Jesús en la santa misa se realiza verdadera y plenamente cuando la comunidad es capaz de reconocer que él, en el Sacramento, habita su casa, nos espera, nos invita a su mesa, y luego, tras disolverse la asamblea, permanece con nosotros, con su presencia discreta y silenciosa, y nos acompaña con su intercesión, recogiendo nuestros sacrificios espirituales y ofreciéndolos al Padre.

En este sentido, me complace subrayar la experiencia que viviremos esta tarde juntos. En el momento de la adoración todos estamos al mismo nivel, de rodillas ante el Sacramento del amor. El sacerdocio común y el ministerial se encuentran unidos en el culto eucarístico. Es una experiencia muy bella y significativa, que hemos vivido muchas veces en la basílica de San Pedro, y también en las inolvidables vigilias con los jóvenes; recuerdo por ejemplo las de Colonia, Londres, Zagreb y Madrid. Es evidente a todos que estos momentos de vigilia eucarística preparan la celebración de la santa misa, preparan los corazones al encuentro, de manera que este resulta incluso más fructuoso. Estar todos en silencio prolongado ante el Señor presente en su Sacramento es una de las experiencias más auténticas de nuestro ser Iglesia, que va acompañado de modo complementario con la de celebrar la Eucaristía, escuchando la Palabra de Dios, cantando, acercándose juntos a la mesa del Pan de vida. Comunión y contemplación no se pueden separar, van juntas. Para comulgar verdaderamente con otra persona debo conocerla, saber estar en silencio cerca de ella, escucharla, mirarla con amor. El verdadero amor y la verdadera amistad viven siempre de esta reciprocidad de miradas, de silencios intensos, elocuentes, llenos de respeto y veneración, de manera que el encuentro se viva profundamente, de modo personal y no superficial. Y lamentablemente, si falta esta dimensión, incluso la Comunión sacramental puede llegar a ser, por nuestra parte, un gesto superficial. En cambio, en la verdadera comunión, preparada por el coloquio de la oración y de la vida, podemos decir al Señor palabras de confianza, como las que han resonado hace poco en el Salmo responsorial: «Señor, yo soy tu siervo, siervo tuyo, hijo de tu esclava: rompiste mis cadenas. Te ofreceré un sacrificio de alabanza invocando el nombre del Señor» (Sal 115, 16-17).

Ahora quiero pasar brevemente al segundo aspecto: la sacralidad de la Eucaristía. También aquí, en el pasado reciente, de alguna manera se ha malentendido el mensaje auténtico de la Sagrada Escritura. La novedad cristiana respecto al culto ha sufrido la influencia de cierta mentalidad laicista de los años sesenta y setenta del siglo pasado. Es verdad, y sigue siendo siempre válido, que el centro del culto ya no está en los ritos y en los sacrificios antiguos, sino en Cristo mismo, en su persona, en su vida, en su misterio pascual. Y, sin embargo, de esta novedad fundamental no se debe concluir que lo sagrado ya no exista, sino que ha encontrado su cumplimiento en Jesucristo, Amor divino encarnado. La Carta a los Hebreos, que hemos escuchado esta tarde en la segunda lectura, nos habla precisamente de la novedad del sacerdocio de Cristo, «sumo sacerdote de los bienes definitivos» (Hb 9, 11), pero no dice que el sacerdocio se haya acabado. Cristo «es mediador de una alianza nueva» (Hb 9, 15), establecida en su sangre, que purifica «nuestra conciencia de las obras muertas» (Hb 9, 14). Él no ha abolido lo sagrado, sino que lo ha llevado a cumplimiento, inaugurando un nuevo culto, que sí es plenamente espiritual pero que, sin embargo, mientras estamos en camino en el tiempo, se sirve todavía de signos y ritos, que sólo desaparecerán al final, en la Jerusalén celestial, donde ya no habrá ningún templo (cf. Ap 21, 22). Gracias a Cristo, la sacralidad es más verdadera, más intensa, y, como sucede con los mandamientos, también más exigente. No basta la observancia ritual, sino que se requiere la purificación del corazón y la implicación de la vida.

Me complace subrayar también que lo sagrado tiene una función educativa, y su desaparición empobrece inevitablemente la cultura, en especial la formación de las nuevas generaciones. Si, por ejemplo, en nombre de una fe secularizada y no necesitada ya de signos sacros, fuera abolida esta procesión ciudadana del Corpus Christi, el perfil espiritual de Roma resultaría «aplanado», y nuestra conciencia personal y comunitaria quedaría debilitada. O pensemos en una madre y un padre que, en nombre de una fe desacralizada, privaran a sus hijos de toda ritualidad religiosa: en realidad acabarían por dejar campo libre a los numerosos sucedáneos presentes en la sociedad de consumo, a otros ritos y otros signos, que más fácilmente podrían convertirse en ídolos. Dios, nuestro Padre, no obró así con la humanidad: envió a su Hijo al mundo no para abolir, sino para dar cumplimiento también a lo sagrado. En el culmen de esta misión, en la última Cena, Jesús instituyó el Sacramento de su Cuerpo y de su Sangre, el Memorial de su Sacrificio pascual. Actuando de este modo se puso a sí mismo en el lugar de los sacrificios antiguos, pero lo hizo dentro de un rito, que mandó a los Apóstoles perpetuar, como signo supremo de lo Sagrado verdadero, que es él mismo. Con esta fe, queridos hermanos y hermanas, celebramos hoy y cada día el Misterio eucarístico y lo adoramos como centro de nuestra vida y corazón del mundo. Amén.

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Homilía del Papa emérito Benedicto XVI

Basílica de San Juan de Letrán

Jueves 7 de junio de 2012