Evangelio del día: El hijo del carpintero

Evangelio del día: El hijo del carpintero

«¿No es este el hijo del carpintero?»

Mateo 13, 54-58· Viernes de la 17.ª semana del Tiempo Ordinario. A Jesús se le conoce en el camino cotidiano de la vida. Para conocerlo verdaderamente no basta con acumular información sobre él: es necesario hablar con Cristo, escucharlo y caminar a su lado, dejando que su presencia transforme nuestras decisiones y acciones.

La familiaridad exterior con Jesús no sustituye la fe ni el encuentro personal con él.

Evangelio

En aquel tiempo, Jesús fue a su pueblo y se puso a enseñar en la sinagoga. La gente estaba admirada y decía: «¿De dónde le vienen esta sabiduría y esos milagros? ¿No es este el hijo del carpintero? ¿No se llama María su madre? ¿No son sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? ¿No viven aquí todas sus hermanas? Entonces, ¿de dónde le viene todo esto?».

Y se escandalizaban a causa de él. Jesús les dijo: «Un profeta sólo es despreciado en su pueblo y en su casa».

Y no hizo allí muchos milagros por su falta de fe.

Sagrada Escritura en el portal web de la Santa Sede

Palabra central

«No hizo allí muchos milagros por su falta de fe».

Lecturas de la liturgia

Primera lectura Libro del Levítico, Lev 23, 1.4-11.15-16.27.34b-37
Salmo Sal 81 (80), 5.8-10.14

Oración introductoria

Señor Jesús, en este pasaje del Evangelio veo reflejada mi tendencia a ponerte límites y a dudar de que quieras y puedas hacerte presente en mi oración.

Ante mi debilidad y mis distracciones, necesito tu gracia para no despreciar nunca la intimidad que puedo alcanzar contigo cuando me detengo, te escucho y te hablo con confianza.

Petición

Ven, Espíritu Santo, y llena mi corazón con el fuego de tu amor.

Meditación del Santo Padre Francisco

Para conocer verdaderamente a Jesús hay que hablar con él y dialogar con él mientras lo seguimos por el camino.

La persona de Jesús suscitó con frecuencia preguntas: «¿Quién es este? ¿De dónde viene?».

Pensemos, por ejemplo, en la sinagoga de Nazaret, cuando Jesús regresó a su pueblo. Sus vecinos se preguntaban: «¿Dónde ha aprendido estas cosas? Nosotros lo conocemos bien: es el hijo del carpintero».

Pensemos también en Pedro y en los demás apóstoles después de la tempestad que Jesús hizo callar. Ellos se preguntaron: «¿Quién es este, a quien obedecen el viento y el mar?».

Preguntas que nacen ante Jesús

Estas preguntas pueden surgir de la curiosidad o del deseo de obtener seguridades acerca de cómo comportarse ante él.

En cualquier caso, quien se encuentra realmente con Jesús termina haciéndose preguntas sobre su identidad y sobre lo que su presencia exige.

Algunos llegaron incluso a sentir temor, porque Jesús podía conducirlos a un conflicto político con los romanos. Por eso pensaban que era mejor no prestar atención a aquel hombre que creaba tantos problemas.

Jesús no se conoce desde la comodidad

¿Por qué crea Jesús problemas? Porque no se puede conocer a Jesús sin que su presencia cuestione nuestra vida.

Paradójicamente, si una persona acepta entrar en el camino que lleva a conocerlo, encontrará dificultades, interrogantes y decisiones que tomar.

A Jesús no se le puede conocer desde una posición cómoda, como quien viaja en primera clase, ni permaneciendo en la tranquilidad o encerrado únicamente entre libros.

A Jesús se le conoce en el camino cotidiano de la vida.

Conocerlo con la inteligencia

También podemos conocer a Jesús mediante el Catecismo. Es verdad: el Catecismo nos enseña muchas cosas acerca de él, y debemos estudiarlo y aprenderlo.

Por medio de su enseñanza comprendemos que el Hijo de Dios vino a salvarnos y descubrimos, en la belleza de la historia de la salvación, el amor del Padre.

Conocer a Jesús con la inteligencia es un paso necesario, pero no es suficiente.

Conocerlo con el corazón

A Jesús es necesario conocerlo mediante el diálogo personal con él.

Hay que hablar con él en la oración, arrodillarse ante su presencia, escuchar su Palabra y abrirle sinceramente el corazón.

Si no rezamos y no hablamos con Jesús, podemos saber muchas cosas acerca de él sin llegar a conocerlo personalmente.

Conocerlo mediante el seguimiento

Existe finalmente un tercer camino: seguir a Jesús, caminar con él y recorrer sus caminos.

Mientras avanzamos a su lado, lo conocemos mediante el lenguaje de la acción.

Si conocemos a Jesús mediante estos tres lenguajes —la inteligencia, el corazón y la acción—, entonces podemos decir que comenzamos a conocerlo verdaderamente.

Esta forma de conocimiento exige una implicación personal.

No se puede conocer a Jesús sin involucrarse con él ni sin apostar la propia vida por él.

Por tanto, para conocerlo de verdad es necesario leer cuanto la Iglesia enseña sobre él, hablar con él en la oración y caminar por sus caminos.

Este es el camino, y cada persona debe decidir si está dispuesta a recorrerlo.

Santo Padre Francisco

Para conocer a Jesús · Homilía del jueves, 26 de septiembre de 2013

Claves para comprender el Evangelio

Momento Sentido espiritual
Jesús vuelve a su pueblo El Señor entra en los espacios cotidianos y familiares. También hoy quiere hacerse presente en nuestra vida ordinaria.
La admiración Los habitantes reconocen su sabiduría y sus obras, pero la admiración no llega a convertirse en fe.
El hijo del carpintero La humildad de la Encarnación desconcierta. Dios se revela en una humanidad sencilla, cercana y conocida.
La familiaridad Creer que ya conocemos completamente a Jesús puede impedirnos descubrir la novedad de su presencia.
El escándalo Sus vecinos no aceptan que alguien tan cercano pueda hablar y actuar con la autoridad de Dios.
La falta de fe No limita el poder de Dios, pero cierra el corazón humano y le impide acoger plenamente su acción.

Para examinar la vida

¿Creo que ya conozco suficientemente a Jesús? ¿Mi relación con él se reduce a ideas aprendidas o existe un diálogo personal? ¿Reconozco su presencia en la vida cotidiana? ¿Qué prejuicio, costumbre o falta de fe puede estar impidiéndome acoger su acción?

Tres caminos inseparables

Conocer a Jesús exige formar la inteligencia mediante la enseñanza de la Iglesia, abrir el corazón en la oración y comprometer la vida mediante el seguimiento y las obras.

Propósito

Pediré cada día la gracia de conservar y acrecentar el don más precioso que he recibido: la fe en la Santísima Trinidad. Dedicaré hoy unos minutos a hablar personalmente con Jesús sobre una decisión o preocupación concreta.

Diálogo con Cristo

Señor, tu bondad y tu misericordia son tan grandes que llego absurdamente a acostumbrarme a ellas y pierdo la capacidad de maravillarme ante tu amor.

Tú estás siempre dispuesto a realizar grandes cosas en mi vida, mientras yo permanezco distraído por lo pasajero y lo superficial.

No quiero dejar pasar más tiempo sin seguir con confianza y valentía las inspiraciones de tu Espíritu Santo.

Ayúdame a conocerte no sólo mediante ideas, sino en el diálogo de la oración y en la fidelidad del camino cotidiano.

Con tu ayuda sé que podré vencer mi falta de fe y abrirme a las obras que deseas realizar en mí y por medio de mí.

Idea para vivir el Evangelio de hoy

Jesús puede estar muy cerca y seguir siendo un desconocido si no dejamos que la fe transforme la familiaridad en encuentro, oración y seguimiento.

Para seguir profundizando

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Evangelio del día: La parábola de la red

Evangelio del día: La parábola de la red

La red que recoge toda clase de peces

Mateo 13, 47-53 · Jueves de la 17.ª semana del Tiempo Ordinario

Jesús compara el Reino de los Cielos con una red que recoge toda clase de peces. La Iglesia no es una comunidad formada únicamente por personas ya perfectas, sino un pueblo en camino, llamado a la conversión y sostenido por la paciencia de Dios.

Buscar una comunidad sin pecadores terminaría destruyendo la unidad de quienes necesitan juntos la misericordia de Cristo.

Evangelio

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «El Reino de los Cielos se parece también a una red que se echa al mar y recoge toda clase de peces. Cuando está llena, los pescadores la sacan a la orilla y, sentándose, recogen los buenos en cestas y tiran los que no sirven. Así sucederá al fin del mundo: vendrán los ángeles y separarán a los malos de entre los justos para arrojarlos al horno encendido. Allí habrá llanto y rechinar de dientes. ¿Habéis comprendido todo esto?».

Ellos le respondieron: «Sí».

Entonces añadió: «Todo escriba que se ha hecho discípulo del Reino de los Cielos se parece a un padre de familia que va sacando de su tesoro lo nuevo y lo antiguo».

Cuando Jesús terminó estas parábolas, se alejó de allí.

Sagrada Escritura en el portal web de la Santa Sede

Palabra central

«La red recoge toda clase de peces».

Lecturas de la liturgia

Primera lectura Libro de Jeremías, Jer 18, 1-6
Salmo Sal 145, 1-6

Oración introductoria

Dios mío, creo en tu poder y sé que Tú eres el Señor de la historia. Gracias por recordarme que, al final, sólo permanecerá cuanto haya realizado por amor a Ti y a mis hermanos.

Ilumina mi oración. Te la ofrezco junto con mi vida. Toma el control de mis pensamientos y deseos para que sepa pedirte aquello que verdaderamente me conviene.

Petición

Jesús, con frecuencia olvido ponerte en el primer lugar. Ayúdame a crecer en el amor para que seas siempre el centro de mi vida.

Meditación de san Agustín de Hipona

Imitar la paciencia del Señor

Nuestro Señor ha sido un modelo incomparable de paciencia. Soportó hasta su Pasión la presencia de quien él mismo llamó «un demonio» entre sus discípulos.

También dijo: «Dejadlos crecer juntos hasta la siega, no sea que, al arrancar la cizaña, arranquéis también el trigo».

Como imagen de la Iglesia, anunció que la red arrastraría hasta la orilla —es decir, hasta el fin del mundo— toda clase de peces, buenos y malos.

De muchas otras maneras, hablando abiertamente o mediante parábolas, dio a conocer que los buenos y los malos permanecerían mezclados.

La paciencia no elimina la corrección

Esto no significa que deba descuidarse la disciplina dentro de la Iglesia. Jesús mismo enseña:

«Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano».

Mateo 18, 15

La corrección fraterna pertenece a la caridad. Su finalidad no es humillar ni excluir al hermano, sino ayudarlo a recuperar la comunión y conducirlo hacia la conversión.

El peligro de un rigor sin discernimiento

Sin embargo, vemos que algunas personas sólo consideran los preceptos más rigurosos: no dar lo santo a los perros, tratar como publicano a quien desprecia a la Iglesia o arrancar del cuerpo los miembros que escandalizan.

Su celo intempestivo termina desorientando a la Iglesia. Quieren arrancar la cizaña antes de tiempo y, cegados por su propia severidad, se convierten ellos mismos en enemigos de la unidad de Jesucristo.

La búsqueda de una Iglesia formada únicamente por personas aparentemente puras puede convertirse en una forma de soberbia y división.

No romper la unidad

Vigilemos para no dejar entrar en nuestro corazón pensamientos presuntuosos.

No deseemos apartarnos de los pecadores simplemente para evitar ensuciarnos con su contacto, ni pretendamos formar un rebaño compuesto exclusivamente por discípulos que se consideran puros y santos.

Bajo el pretexto de no mezclarnos con los malos, no haríamos otra cosa que romper la unidad.

Recordemos, más bien, las parábolas de la Escritura, sus palabras inspiradas y sus ejemplos.

En ellos se nos enseña que, dentro de la Iglesia, los malos permanecerán mezclados con los buenos hasta el fin del mundo y el día del juicio.

La presencia de quienes viven en pecado no perjudica a los buenos que participan de los sacramentos, siempre que éstos no colaboren con sus malas obras ni compartan sus pecados.

San Agustín de Hipona

Sobre la fe y las obras, capítulos 3-5

Claves para comprender el Evangelio

Imagen Sentido espiritual
La red Representa la llamada universal del Reino y la misión de la Iglesia, que alcanza a personas de toda procedencia y condición.
El mar Es el mundo, con su inmensidad, diversidad, peligros y posibilidades de vida.
Toda clase de peces Expresa que la Iglesia acoge a personas que se encuentran en distintos momentos de fe, conversión y madurez.
La orilla Representa el final de la historia, cuando cada vida será manifestada plenamente ante Dios.
La separación El juicio definitivo corresponde a Dios. El discípulo no debe apropiarse de esa función mediante condenas precipitadas.
Lo nuevo y lo antiguo El discípulo reconoce el cumplimiento de las antiguas promesas en Cristo y sabe transmitirlas con una comprensión renovada.

Para examinar la vida

¿Juzgo con facilidad la fe y la vida de los demás? ¿Me considero mejor por no tener sus pecados visibles? ¿Sé corregir con caridad sin humillar? ¿Contribuyo a la unidad de la Iglesia o creo divisiones mediante críticas, sospechas y etiquetas?

Una distinción necesaria

Acoger a los pecadores no significa aprobar el pecado. La paciencia cristiana exige unir verdad y misericordia: corregir cuando sea necesario, proteger a las víctimas, evitar el escándalo y trabajar siempre por la conversión y la comunión.

Propósito

Haré al final del día un breve examen de conciencia. Pediré perdón por las injusticias, juicios o faltas de caridad cometidas y elegiré un medio concreto para reparar el daño y evitar volver a caer.

Diálogo con Cristo

Padre, Tú nunca te equivocas y puedes hacer que cuanto sucede en mi entorno se convierta en ocasión para crecer en el amor.

Nada queda fuera de tu providencia. Por eso necesito permanecer atento para discernir no sólo por qué sucede algo, sino, sobre todo, para qué puedo vivirlo unido a Ti.

Gracias por recordarme que debo mantener una actitud vigilante, porque no quiero fallar en el amor.

Líbrame de la soberbia de considerarme justo y puro frente a los demás. Enséñame a corregir sin condenar, a acoger sin justificar el mal y a defender la unidad sin renunciar a la verdad.

Haz que recuerde que también yo he sido recogido en tu red por pura misericordia y que necesito cada día tu perdón.

Idea para vivir el Evangelio de hoy

La Iglesia no se mantiene unida porque todos sus miembros sean perfectos, sino porque Cristo reúne, corrige, perdona y conduce a la conversión a quienes se dejan alcanzar por su gracia.

Para seguir profundizando

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Evangelio del día: Marta, María y Lázaro de Betania

Evangelio del día: Marta, María y Lázaro de Betania

«Yo soy la Resurrección y la Vida»

Juan 11, 19-27 · Memoria litúrgica de santa Marta, santa María y san Lázaro

Cristo es la verdadera novedad que irrumpe y supera toda barrera. Él derriba el muro de la muerte, porque en su persona habita la plenitud de Dios, que es vida y vida eterna.

Evangelio

En aquel tiempo, muchos judíos habían ido a consolar a Marta y a María por la muerte de su hermano.

Al enterarse de que Jesús llegaba, Marta salió a su encuentro, mientras María permanecía en la casa.

Marta dijo a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto. Pero sé que, aun ahora, Dios te concederá todo lo que le pidas».

Jesús le dijo: «Tu hermano resucitará».

Marta le respondió: «Sé que resucitará en la resurrección del último día».

Jesús le dijo: «Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí no morirá para siempre. ¿Crees esto?».

Ella le respondió: «Sí, Señor; yo creo que Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo».

Sagrada Escritura en el portal web de la Santa Sede

Palabra central

«Yo soy la Resurrección y la Vida. ¿Crees esto?».

Lecturas de la liturgia

Primera lectura Libro del Éxodo, Éx 24, 3-8
Salmo Sal 50 (49)

Oración introductoria

Dios mío, tan grande es tu amor que no dejas de compadecerte de mí, a pesar de mis debilidades. Muchas veces digo y no hago, ofrezco y no cumplo.

Ven a iluminar mi oración y concédeme la gracia de crecer en amor y fidelidad, para que mi respuesta se parezca a la confesión firme y confiada de Marta.

Petición

Señor, quiero ser todo para Ti. Ayúdame a dejar por un momento mis preocupaciones para escucharte con atención.

Meditación del Santo Padre Benedicto XVI

Queridos hermanos y hermanas:

La muerte representa para nosotros una especie de muro que nos impide ver más allá. Sin embargo, nuestro corazón se proyecta más allá de ese muro.

Aunque no podemos conocer por nosotros mismos lo que se oculta tras él, lo pensamos, lo imaginamos y expresamos mediante símbolos nuestro deseo de eternidad.

El anhelo humano de una patria definitiva

El profeta Ezequiel anuncia al pueblo judío, desterrado y lejos de la tierra de Israel, que Dios abrirá los sepulcros de los deportados y los hará regresar a su tierra para descansar allí en paz.

La aspiración ancestral del ser humano a ser sepultado junto a sus padres expresa el anhelo de una patria que lo acoja al final de sus fatigas terrenas.

Esta concepción no contiene todavía plenamente la idea de una resurrección personal de los muertos. Esta aparece hacia el final del Antiguo Testamento y, en tiempos de Jesús, aún no era compartida por todos los judíos.

La fe frente al misterio de la muerte

Incluso entre los cristianos, la fe en la resurrección y en la vida eterna va acompañada con frecuencia de dudas y confusión.

Se trata de una realidad que supera los límites de nuestra razón y exige un verdadero acto de fe.

En el Evangelio de la resurrección de Lázaro escuchamos esta voz de la fe en labios de Marta, la hermana del difunto.

Cuando Jesús le dice: «Tu hermano resucitará», ella responde: «Sé que resucitará en la resurrección del último día».

Jesús le replica: «Yo soy la Resurrección y la Vida; el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá».

La resurrección no es sólo un acontecimiento futuro: es Jesucristo mismo, presente ante Marta.

Cristo derriba el muro de la muerte

Esta es la verdadera novedad que irrumpe y supera toda barrera.

Cristo derriba el muro de la muerte. En él habita toda la plenitud de Dios, que es vida y vida eterna.

Por eso la muerte no tuvo poder sobre él. La resurrección de Lázaro es signo de su dominio total sobre la muerte física, que ante Dios es como un sueño.

Pero existe otra muerte que costó a Cristo una lucha todavía más dura y el precio de la cruz: la muerte espiritual causada por el pecado.

Esta muerte amenaza con arruinar la existencia humana. Cristo murió para vencerla.

Una vida completamente nueva

La Resurrección de Cristo no es el simple regreso a la vida anterior, sino la apertura de una realidad enteramente nueva.

Es la apertura de una tierra nueva, finalmente unida de nuevo con el cielo de Dios.

Por este motivo, san Pablo escribe:

«Si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús también dará vida a vuestros cuerpos mortales por el mismo Espíritu que habita en vosotros».

Romanos 8, 11

Queridos hermanos, encomendémonos a la Virgen María, que participa ya plenamente de esta Resurrección.

Que ella nos ayude a decir con fe: «Sí, Señor, yo creo que Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios», y a descubrir que él es verdaderamente nuestra salvación.

Santo Padre Benedicto XVI

Ángelus del domingo, 10 de abril de 2011

Claves para comprender el Evangelio

Momento Sentido espiritual
El consuelo humano Los vecinos acompañan a las hermanas en su dolor. La fe no elimina la necesidad humana de cercanía, consuelo y comunidad.
Marta sale al encuentro Su dolor no la encierra. Sale a buscar a Jesús y convierte su sufrimiento en diálogo, súplica y confesión de fe.
«Si hubieras estado aquí» Marta expresa con sinceridad su dolor y su desconcierto. La oración verdadera puede presentar a Dios nuestras preguntas.
«Aun ahora» En medio del duelo permanece una esperanza. Marta no comprende todavía lo que sucederá, pero confía en Jesús.
«Yo soy» Jesús no ofrece únicamente una explicación sobre la resurrección. Se revela como su fuente y cumplimiento.
«¿Crees esto?» La revelación de Cristo pide una respuesta personal. Nadie puede responder en nuestro lugar.
La confesión de Marta Marta reconoce a Jesús como Mesías e Hijo de Dios antes de contemplar la resurrección de su hermano.

Para examinar la vida

¿Salgo al encuentro de Cristo cuando sufro o me encierro en mis preocupaciones? ¿Me atrevo a hablarle con sinceridad de mi dolor? ¿Creo sólo en una resurrección lejana o reconozco que Jesús puede comunicarme hoy una vida nueva? ¿Cómo respondería personalmente a su pregunta: «¿Crees esto?»?

Catecismo de la Iglesia Católica

III. El mérito

«Manifiestas tu gloria en la asamblea de los santos y, al coronar sus méritos, coronas tu propia obra».

Prefacio de los Santos I
Misal Romano

2006. El término «mérito» designa, en general, la retribución debida por parte de una comunidad o sociedad a la acción de uno de sus miembros, considerada como obra buena o mala y digna de recompensa o sanción.

El mérito corresponde a la virtud de la justicia, conforme al principio de igualdad que la rige.

2007. Frente a Dios no existe, en sentido estricto, mérito alguno por parte del hombre.

Entre él y nosotros la desigualdad no tiene medida, porque todo lo hemos recibido de Dios, nuestro Creador.

2008. El mérito del hombre ante Dios en la vida cristiana procede de que Dios ha querido libremente asociar al ser humano a la obra de su gracia.

La acción paternal de Dios es lo primero, porque él impulsa; el obrar libre del hombre es lo segundo, porque colabora.

Por tanto, los méritos de las obras buenas deben atribuirse, en primer lugar, a la gracia de Dios y, después, al fiel.

Las buenas acciones del ser humano proceden en Cristo de las gracias prevenientes y de los auxilios del Espíritu Santo.

2009. La adopción filial, al hacernos partícipes por la gracia de la naturaleza divina, puede conferirnos, según la justicia gratuita de Dios, un verdadero mérito.

Se trata de un derecho recibido por gracia, el pleno derecho del amor, que nos hace coherederos de Cristo y capaces de obtener la herencia prometida de la vida eterna.

Los méritos de nuestras buenas obras son también dones de la bondad divina.

2010. Puesto que la iniciativa en el orden de la gracia pertenece a Dios, nadie puede merecer la gracia primera en el comienzo de la conversión, el perdón y la justificación.

Bajo la moción del Espíritu Santo y de la caridad, podemos después merecer para nosotros y para los demás gracias útiles para la santificación, el crecimiento de la gracia y de la caridad y la obtención de la vida eterna.

Estas gracias y bienes son objeto de la oración cristiana, que sostiene nuestra necesidad de gracia para realizar obras verdaderamente meritorias.

2011. La caridad de Cristo es en nosotros la fuente de todos nuestros méritos ante Dios.

La gracia, al unirnos a Cristo mediante un amor activo, asegura el carácter sobrenatural de nuestros actos y, por consiguiente, su mérito ante Dios y ante los hombres.

Los santos han tenido siempre una conciencia viva de que sus méritos eran pura gracia.

«Tras el destierro de la tierra, espero gozar de Ti en la Patria, pero no quiero amontonar méritos para el cielo; quiero trabajar sólo por tu amor. En el atardecer de esta vida compareceré ante Ti con las manos vacías, Señor. Quiero revestirme de tu propia justicia y recibir de tu amor la posesión eterna de Ti mismo».

Santa Teresa del Niño Jesús
Acto de ofrenda al Amor misericordioso

Catecismo de la Iglesia Católica

Propósito

Haré una visita al Santísimo Sacramento para escuchar lo que Dios quiere decirme hoy. Dejaré durante unos minutos mis preocupaciones y le pediré que entre verdaderamente en mi vida y renueve mi esperanza.

Diálogo con Cristo

Señor, sé, como decía san Agustín, que las aflicciones y tribulaciones que sufrimos pueden servirnos de advertencia, purificación y corrección.

Si tuviera una fe más profunda, no temería tanto a las circunstancias ni a las personas, porque todo puede contribuir a nuestro bien cuando sabemos ponerlo en tus manos.

Pero Tú conoces mi debilidad y mi necesidad de sentir tu consuelo y tu presencia.

Ven a mi corazón, que desea resucitar contigo. Haz que pueda experimentar el amor del Padre, la fuerza de tu victoria y la vida nueva del Espíritu Santo.

Cuando me preguntes: «¿Crees esto?», concédeme responder con Marta: «Sí, Señor, yo creo».

Idea para vivir el Evangelio de hoy

La fe cristiana no promete una vida sin lágrimas, sino la presencia de Cristo, que entra en nuestro dolor y abre en él un camino hacia la vida eterna.

Para seguir profundizando

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Evangelio del día: La semilla y la cizaña

Evangelio del día: La semilla y la cizaña

 

El trigo, la cizaña y la paciencia de Dios

Mateo 13, 36-43 · Martes de la 17.ª semana del Tiempo Ordinario

El demonio es un sembrador de cizaña: busca dividir a las personas, las familias, las naciones y los pueblos. Cristo, en cambio, siembra la buena semilla y nos enseña a vivir con paciencia, esperanza y confianza en la victoria definitiva del bien.

Evangelio

En aquel tiempo, Jesús dejó a la multitud y regresó a la casa. Sus discípulos se acercaron y le dijeron:

«Explícanos la parábola de la cizaña en el campo».

Él les respondió:

«El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del Reino; la cizaña son los hijos del Maligno, y el enemigo que la siembra es el demonio.

La cosecha es el fin del mundo y los cosechadores son los ángeles.

Así como se arranca la cizaña y se quema en el fuego, de la misma manera sucederá al fin del mundo.

El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y ellos quitarán de su Reino todos los escándalos y a cuantos obran el mal, y los arrojarán al horno encendido. Allí habrá llanto y rechinar de dientes.

Entonces los justos resplandecerán como el sol en el Reino de su Padre.

El que tenga oídos, que oiga».

Sagrada Escritura en el portal web de la Santa Sede

Palabra central

«Entonces los justos resplandecerán como el sol en el Reino de su Padre».

Lecturas de la liturgia

Primera lectura Libro de Jeremías, Jer 14, 17-22
Salmo Sal 79 (78), 8-13

Oración introductoria

Señor, ayúdame a escuchar y creer en tu Palabra para que esta oración sea el comienzo de una verdadera transformación. Haz que Tú seas el principio, el centro y el fin de todas las actividades de este día.

Petición

Padre Santo, hazme un instrumento fiel y eficaz de tu Evangelio.

Meditación del Santo Padre Francisco

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En estos domingos, la liturgia propone algunas parábolas evangélicas, es decir, breves narraciones que Jesús utilizaba para anunciar a la multitud el Reino de los Cielos.

Entre las parábolas presentes en el Evangelio de hoy hay una especialmente compleja, de la que Jesús ofrece una explicación a sus discípulos: la parábola del trigo y la cizaña.

Esta parábola afronta el problema del mal en el mundo y pone de relieve la paciencia de Dios.

El sembrador de la división

La escena tiene lugar en un campo donde el dueño siembra trigo. Pero, durante la noche, llega un enemigo y siembra cizaña.

El término «cizaña», en hebreo, deriva de la misma raíz que el nombre «Satanás» y remite al concepto de división.

El demonio es un sembrador de cizaña: busca siempre dividir a las personas, las familias, las naciones y los pueblos.

Los servidores quieren retirar inmediatamente la hierba mala, pero el dueño se lo impide y les explica: «No sea que, al recoger la cizaña, arranquéis también el trigo».

Todos sabemos que, mientras crece, la cizaña se parece mucho al trigo. Existe, por tanto, el peligro de confundirlos.

El mal no procede de Dios

La enseñanza de la parábola es doble. En primer lugar, nos dice que el mal que existe en el mundo no procede de Dios, sino de su enemigo, el Maligno.

Es significativo que el enemigo vaya de noche a sembrar la cizaña: actúa en la oscuridad, en la confusión y allí donde falta la luz.

Este enemigo es astuto. Ha sembrado el mal en medio del bien, de tal manera que los seres humanos no podemos separarlos siempre con claridad.

Dios, sin embargo, podrá hacerlo al final.

Nuestra impaciencia y la espera de Dios

Aquí aparece el segundo tema: la contraposición entre la impaciencia de los servidores y la espera paciente del propietario del campo, que representa a Dios.

Nosotros tenemos con frecuencia mucha prisa por juzgar, clasificar y colocar de un lado a los buenos y del otro a los malos.

Recordemos la oración de aquel hombre soberbio: «Oh Dios, te doy gracias porque soy bueno y no soy como los demás hombres».

Dios, en cambio, sabe esperar. Mira el campo de la vida de cada persona con paciencia y misericordia.

Ve mucho mejor que nosotros la suciedad y el mal, pero también contempla los brotes de bien y espera confiadamente a que maduren.

Nuestro Dios es un Padre paciente que nos espera con el corazón abierto para acogernos y perdonarnos.

Él nos perdona siempre cuando acudimos sinceramente a su encuentro.

La paciencia no es indiferencia

La actitud del propietario es la actitud de la esperanza, fundada en la certeza de que el mal no tiene ni la primera ni la última palabra.

Gracias a esta esperanza paciente de Dios, incluso la cizaña —es decir, un corazón malo y cargado de pecados— puede llegar a transformarse finalmente en buen trigo.

Pero debemos prestar atención: la paciencia evangélica no es indiferencia ante el mal. No podemos confundir el bien con el mal.

Ante la cizaña presente en el mundo, el discípulo del Señor está llamado a imitar la paciencia de Dios y alimentar la esperanza, apoyándose en una firme confianza en la victoria final del bien, es decir, de Dios.

El juicio y la misericordia

Al final, el mal será retirado y eliminado. En el tiempo de la cosecha, es decir, del juicio, los encargados de recoger seguirán la orden del dueño y separarán la cizaña para quemarla.

En ese día de la cosecha definitiva, el juez será Jesucristo, aquel que sembró el buen trigo en el mundo y que se convirtió él mismo en grano de trigo, murió y resucitó.

Al final, todos seremos juzgados con la misma medida con la que hayamos juzgado.

La misericordia que hayamos usado con los demás será usada también con nosotros. Pidamos a la Virgen, nuestra Madre, que nos ayude a crecer en paciencia, esperanza y misericordia con todos nuestros hermanos.

Santo Padre Francisco

Ángelus del domingo, 20 de julio de 2014

Claves para comprender el Evangelio

Imagen Sentido espiritual
El sembrador Es el Hijo del hombre, Jesucristo, que siembra en el mundo la verdad, la gracia y la vida del Reino.
El campo Es el mundo y también el corazón humano, donde crecen simultáneamente semillas de bien y tentaciones de mal.
La buena semilla Son los hijos del Reino, llamados a dar fruto mediante la fe, la fidelidad, la justicia y la caridad.
La cizaña Representa el mal sembrado por el enemigo: pecado, división, engaño, escándalo y rechazo de Dios.
La cosecha Es el juicio definitivo, cuando Dios manifestará plenamente la verdad de cada vida y vencerá para siempre al mal.
El resplandor Expresa la gloria de los justos, transformados por Dios y llamados a participar eternamente de su luz.

Para examinar la vida

¿Siembro paz o división con mis palabras? ¿Me apresuro a juzgar y clasificar a las personas? ¿Confundo la paciencia con la permisividad ante el mal? ¿Reconozco y agradezco los pequeños brotes de bien que Dios hace crecer en mí y en los demás?

Propósito

Renunciaré hoy a algo bueno que me agrada, pero que no necesito, para crecer en libertad interior y en amor a Dios. Ofreceré esa pequeña renuncia por la reconciliación de una familia o de unas personas divididas.

Diálogo con Cristo

Señor, creo que estás siempre pendiente de mi vida y que el mal no tendrá la victoria definitiva.

Renuevo mi confianza en que, con tu gracia y tu misericordia, podré avanzar hacia la santidad.

Cuando experimente la fuerza del mal en mi corazón, ayúdame a recordar que esta vida es breve y que todo esfuerzo realizado por amor es precioso ante tus ojos.

Sostén mi esperanza y haz que recuerde siempre la felicidad eterna que estás preparando para quienes permanecen fieles.

No permitas que siembre división con mis palabras o mis juicios. Hazme paciente con las debilidades de los demás, firme ante el mal y misericordioso con cada persona.

Idea para vivir el Evangelio de hoy

El cristiano no combate la cizaña sembrando más división, sino cultivando con paciencia la verdad, la misericordia y los brotes de bien.

Para seguir profundizando

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Santa Catalina Thomàs: La alegría de una vida escondida en Dios

Santa Catalina Thomàs: La alegría de una vida escondida en Dios

Catequesis en familia

Santa Catalina Thomàs

La alegría de una vida escondida en Dios


«Señor, mi corazón no es ambicioso».

Salmo 131 (130)

Presentación

Una santidad sencilla

Algunas vidas llaman la atención por sus grandes obras. La de santa Catalina Thomàs nos conduce por otro camino: el de una muchacha que aprendió a amar a Dios en la vida ordinaria, entre el trabajo, la oración y las dificultades. Su grandeza no estuvo en buscar admiración, sino en permanecer fiel a la llamada recibida.

Esta catequesis recorrerá su historia de forma clara y progresiva. Cada etapa ayudará a descubrir un rasgo de su vida cristiana y una enseñanza que puede vivirse hoy en familia, sin convertir los hechos extraordinarios en el centro de su santidad.

Idea a destacar

Dios puede realizar una obra grande en una vida humilde, escondida y fiel.

Idea catequética

La santidad no consiste en parecer extraordinarios, sino en dejar que Dios transforme lo cotidiano.

Aplicación familiar

Cómo utilizar esta catequesis

En familia

Leed cada escena sin prisa, observad la imagen y terminad compartiendo una enseñanza concreta.

En catequesis

El catequista puede trabajar una o varias escenas y relacionarlas con la experiencia del grupo.

De forma personal

La lectura puede convertirse en un pequeño camino de oración, eligiendo un compromiso sencillo.

Para distintas edades: con los niños, se dará prioridad a las imágenes y a las ideas destacadas; con adolescentes y adultos, podrán desarrollarse también las preguntas, actividades y la Lectio Divina.

Índice

El camino de la sesión

I. Conocer a santa Catalina Thomàs

1. Mallorca en tiempos de santa Catalina

Valldemossa, el pequeño pueblo donde Dios preparó el camino de una gran santa.

A mediados del siglo XVI, Mallorca formaba parte de la Corona española y vivía principalmente del trabajo del campo. Los pueblos eran pequeños, las familias se conocían entre sí y la fe cristiana ocupaba un lugar importante en la vida cotidiana.

En aquel ambiente sencillo nació santa Catalina Thomàs. Nadie podía imaginar que aquella niña, criada entre caminos, huertos e iglesias de piedra, llegaría a convertirse en una de las personas más queridas de la isla. Dios estaba preparando su obra de una manera silenciosa.

Idea a destacar

Dios actúa también en los lugares más sencillos. No hacen falta grandes ciudades ni acontecimientos extraordinarios para que florezca la santidad.

Idea catequética

Nuestra familia, nuestro colegio o nuestra parroquia también pueden ser el lugar donde Dios nos llama a crecer como cristianos.

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2. Una niña llamada a la santidad

Desde muy pequeña, Catalina aprendió a buscar a Dios con un corazón sencillo.

Catalina perdió muy pronto a sus padres y tuvo que crecer al cuidado de varios familiares. Aquella experiencia pudo haber llenado su vida de tristeza, pero aprendió a confiar en Dios y encontró en la oración la fuerza para seguir adelante.

Mientras ayudaba en las tareas de cada día, iba descubriendo que el Señor la llamaba de una manera especial. Su deseo de vivir cerca de Dios fue creciendo poco a poco, como una semilla que madura en silencio.

Idea a destacar

Dios nunca abandona a quienes ponen su confianza en Él. Incluso las dificultades pueden convertirse en un camino de crecimiento.

Idea catequética

Cuando rezamos y confiamos en el Señor, Él puede sacar un bien incluso de los momentos más difíciles.

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3. ¿Qué puede enseñarnos hoy?

El ejemplo de los santos ilumina también nuestras decisiones cotidianas.

Santa Catalina enseña que la vida cristiana crece mediante la oración, la humildad y la fidelidad diaria. No buscó llamar la atención, sino responder con generosidad a lo que Dios le pedía.

Su ejemplo invita a cada familia a cuidar los pequeños gestos: rezar juntos, ayudar sin esperar recompensa y mantenerse unidos cuando aparecen las dificultades.

Idea a destacar

La santidad comienza cuando dejamos entrar a Dios en las cosas pequeñas.

Idea catequética

Cada miembro de la familia puede elegir esta semana un gesto sencillo de oración, servicio o paciencia.

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II. La vida de santa Catalina Thomàs

1. Una infancia marcada por la confianza en Dios

Catalina aprendió muy pronto que Dios nunca abandona a quienes confían en Él.

La infancia de Catalina no fue fácil. Muy pronto perdió a sus padres y tuvo que crecer con otros familiares. Sin embargo, aquellas dificultades no endurecieron su corazón. Aprendió a vivir con esperanza y descubrió que Dios permanecía siempre a su lado.

Mientras ayudaba en las tareas de cada día, encontraba tiempo para rezar. Poco a poco fue creciendo en ella un gran deseo de amar al Señor por encima de todo, una llamada que marcaría toda su vida.

Idea a destacar

Las dificultades no impidieron que Catalina creciera en la confianza en Dios.

Idea catequética

También nosotros podemos descubrir que el Señor nos acompaña en los momentos alegres y en los difíciles, si aprendemos a confiar en Él.

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2. Descubrir la llamada del Señor

Catalina comprendió que Dios la llamaba a entregarle toda su vida.

Con el paso de los años, aquel deseo de vivir cerca del Señor se hizo cada vez más fuerte. Catalina comprendió que Dios la llamaba a la vida religiosa y comenzó a preparar su corazón para responder con generosidad.

No todos entendieron su decisión. Aun así, permaneció firme porque sabía que la verdadera felicidad consiste en seguir la voluntad de Dios, aunque el camino exija esfuerzo y paciencia.

Idea a destacar

La vocación es un regalo de Dios, que cada persona descubre de manera única y libre.

Idea catequética

Jesús sigue llamando hoy. Lo importante es escucharle con un corazón abierto y preguntarle qué espera de nuestra vida.

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3. El camino hasta el convento

Tras superar muchas dificultades, Catalina pudo entrar en el convento que Dios había preparado para ella.

El camino hasta el convento no fue sencillo. Catalina tuvo que esperar, superar obstáculos y confiar en que Dios abriría el momento oportuno. Su vocación se fortaleció durante esa espera.

Finalmente ingresó en el monasterio de Santa María Magdalena de Palma. Allí comenzaba una nueva etapa, no para buscar una vida más fácil, sino para entregar completamente su corazón a Cristo.

Idea a destacar

La paciencia forma parte de la vocación. Dios tiene su tiempo para cada persona.

Idea catequética

Cuando un proyecto bueno tarda en llegar, podemos aprender a esperar con confianza, sabiendo que Dios nunca deja de acompañarnos.

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4. La alegría de pertenecer a Cristo

Catalina descubrió que la verdadera alegría nace de vivir completamente unida a Cristo.

Al comenzar su vida religiosa, Catalina comprendió que cada jornada sería una oportunidad para amar más al Señor. La oración, el silencio y la vida compartida con sus hermanas llenaban de sentido su vocación.

No buscó hacer cosas extraordinarias. Vivió cada día con fidelidad, convencida de que pertenecer a Cristo era el mayor tesoro que podía recibir.

Idea a destacar

La alegría cristiana nace de vivir cerca de Jesús, no de tener más cosas o recibir más aplausos.

Idea catequética

Cada vez que participamos en la Eucaristía, rezamos con sinceridad o hacemos el bien por amor, también nosotros fortalecemos nuestra amistad con Cristo.

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5. Una vida sencilla de oración y servicio

Catalina convirtió los trabajos más sencillos en una oración hecha vida.

La mayor parte de los días de Catalina transcurrieron entre la oración, el trabajo y la vida fraterna. No buscaba destacar. Sabía que cada tarea realizada con amor podía convertirse en una ofrenda agradable a Dios.

Su ejemplo recuerda que la santidad no se construye solamente en los grandes momentos, sino también en la fidelidad de cada jornada, cuando servimos a los demás con alegría y sin esperar reconocimiento.

Idea a destacar

Las pequeñas tareas realizadas por amor tienen un gran valor ante Dios.

Idea catequética

Ayudar en casa, cumplir con el estudio o atender a quien lo necesita puede ser una forma concreta de servir a Jesús cada día.

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6. La humildad que agrada a Dios


Catalina prefería pasar desapercibida y dar siempre la gloria a Dios.

Con el paso del tiempo, muchas personas comenzaron a admirar la vida de Catalina. Sin embargo, ella procuró vivir con la misma sencillez de siempre. Nunca buscó ser el centro de atención, porque sabía que todo bien procede de Dios.

La verdadera humildad no consiste en pensar menos de uno mismo, sino en poner a Dios en el primer lugar. Catalina vivió así hasta el final de su vida.

Idea a destacar

La humildad nos ayuda a reconocer que todo lo bueno es un regalo de Dios.

Idea catequética

Cuando hacemos el bien, podemos hacerlo sin buscar aplausos, dando gracias a Dios por todo lo que recibimos.

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7. Las pruebas fortalecen la fe


En la oración, Catalina encontraba la fuerza para superar todas las dificultades.

Como muchos santos, Catalina también pasó por momentos de lucha interior y sufrimiento. Nunca perdió la confianza, porque sabía que el Señor permanece cerca de quienes ponen en Él toda su esperanza.

Cada dificultad fue una oportunidad para crecer en la fe. En lugar de desanimarse, acudía a la oración y dejaba que Cristo fortaleciera su corazón.

Idea a destacar

Las pruebas pueden convertirse en un camino de madurez y confianza en Dios.

Idea catequética

Cuando llegan las dificultades, el primer paso no es rendirse, sino acudir a Jesús con confianza y pedirle la fuerza para seguir adelante.

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8. Los dones de Dios al servicio de todos

Los dones que Dios concede siempre están llamados a servir a los demás.

Muchas personas acudían a Catalina buscando consejo y oración. Dios quiso concederle gracias extraordinarias, pero ella nunca las consideró un motivo de orgullo. Lo importante no eran los dones, sino el Señor que los concedía.

La Iglesia recuerda estos hechos porque ayudan a descubrir la acción de Dios en la vida de los santos. Sin embargo, el mayor milagro de Catalina fue siempre su amor humilde y constante a Cristo.

Idea a destacar

Los dones de Dios son un servicio para la Iglesia, nunca un motivo para sentirse superior.

Idea catequética

Cada uno ha recibido talentos diferentes. Lo importante es ponerlos al servicio de los demás, dando siempre gracias a Dios.

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9. Una santa para Mallorca y para toda la Iglesia

La santidad de Catalina continúa iluminando a la Iglesia muchos siglos después.

Santa Catalina Thomàs murió el 5 de abril de 1574, después de una vida completamente entregada al Señor. Muy pronto el pueblo de Mallorca comenzó a venerarla por el ejemplo de su fe, su humildad y su amor a Dios.

La Iglesia la propone hoy como modelo para todos los cristianos. Su vida recuerda que la verdadera santidad deja una huella que permanece, porque nace de una unión profunda con Cristo y continúa dando fruto mucho después de la muerte.

Idea a destacar

La vida de los santos no termina con su muerte; su ejemplo sigue acercando muchas personas a Dios.

Idea catequética

También nosotros estamos llamados a dejar una huella de fe, esperanza y caridad en nuestra familia, en la parroquia y entre nuestros amigos.

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III. Vivir hoy como santa Catalina

1. Dios sigue llamando

La vocación de santa Catalina Thomàs no pertenece solo al pasado. Dios continúa llamando hoy a cada persona para que descubra el camino por el que puede amar más y servir mejor a los demás.

Algunos serán llamados al matrimonio, otros a la vida consagrada, al sacerdocio o a una entrega generosa como cristianos laicos. Lo importante es aprender a escuchar la voz del Señor con un corazón disponible.

Idea a destacar

Dios tiene un proyecto de amor para cada persona.

Idea catequética

La mejor manera de preparar el futuro es vivir cada día muy cerca de Jesús, para reconocer su llamada cuando llegue.

Aplicación en familia

  • Preguntad en casa qué cualidades ha regalado Dios a cada miembro de la familia.
  • Dad gracias juntos por esos dones y pensad cómo pueden ponerse al servicio de los demás.
  • Terminad rezando esta sencilla oración: «Señor, ayúdanos a descubrir y seguir tu voluntad.»

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2. La oración transforma la vida

Santa Catalina encontraba cada día un tiempo para estar con el Señor. La oración era el lugar donde aprendía a escuchar, agradecer y confiar. De esa amistad con Dios nacían su paz y su fortaleza.

También nosotros necesitamos momentos de silencio para hablar con Jesús. Quien reza con fidelidad descubre poco a poco una mirada nueva sobre la vida y aprende a amar como Él ama.

Idea a destacar

La oración diaria fortalece nuestra amistad con Dios y nos ayuda a vivir con esperanza.

Idea catequética

No importa rezar mucho, sino rezar con constancia y con el corazón, aunque sean solo unos minutos cada día.

Aplicación en familia

  • Elegid un momento fijo del día para hacer una breve oración en familia.
  • Leed juntos un versículo del Evangelio y guardad un minuto de silencio.
  • Terminad dando gracias a Dios por tres cosas buenas que hayan sucedido durante la jornada.

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3. La humildad hace grandes las cosas pequeñas

Santa Catalina nunca buscó ser importante ante los demás. Comprendió que el verdadero valor de una persona está en amar a Dios y servir con sencillez allí donde Él la ha puesto.

Una palabra amable, una ayuda en casa, un perdón sincero o un trabajo bien hecho pueden parecer pequeños. Sin embargo, realizados por amor, tienen un valor inmenso ante Dios.

Idea a destacar

Ningún gesto de amor es pequeño cuando se hace por Dios y por los demás.

Idea catequética

La santidad comienza en los detalles. Cada día ofrece ocasiones para hacer el bien con alegría y sin buscar reconocimiento.

Aplicación en familia

  • Cada miembro de la familia elige un servicio escondido para realizar durante la semana sin decir quién lo ha hecho.
  • Al terminar la semana, compartid cómo esos pequeños gestos han ayudado a crear un ambiente mejor en casa.
  • Concluid dando gracias al Señor por enseñarnos que el amor se demuestra en las obras.

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4. Un compromiso para esta semana

La vida de santa Catalina Thomàs nos recuerda que la santidad comienza con pequeñas decisiones vividas con amor. No hace falta esperar grandes ocasiones para seguir a Jesús: cada día ofrece una nueva oportunidad.

Elige un compromiso sencillo y procura vivirlo durante toda la semana. Al finalizar, dedica unos minutos a dar gracias a Dios y a preguntarte qué ha cambiado en tu corazón.

Mi compromiso

  • Rezar cada día durante cinco minutos.
  • Ayudar en casa sin que me lo pidan.
  • Evitar una crítica o una respuesta de mal humor.
  • Visitar o llamar a una persona que esté sola o enferma.
  • Realizar una buena obra en secreto, ofreciéndola al Señor.

Idea a destacar

La santidad se construye paso a paso, con fidelidad en lo cotidiano.

Idea catequética

Cada pequeño acto de amor nos ayuda a parecernos un poco más a Jesucristo, que es el modelo de toda santidad.

Propósito familiar:
Durante esta semana, cada miembro de la familia escogerá un compromiso distinto. El próximo domingo compartiréis qué ha sido lo más fácil, qué ha costado más y cómo os ha ayudado el Señor a vivirlo.

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Lectio Divina

Aprender a descansar en Dios

Santa Catalina Thomàs vivió con un corazón humilde y confiado. El Salmo 131 (130) expresa esa misma actitud: quien se pone en manos del Señor encuentra la verdadera paz.

Palabra de Dios

Salmo 131 (130)


Canción de las subidas. |Señor, tenle en cuenta a David | todos sus afanes:
cómo juró al Señor | e hizo voto al Fuerte de Jacob: 
«No entraré bajo el techo de mi casa, | no subiré al lecho de mi descanso, no daré sueño a mis ojos, | ni reposo a mis párpados, 5hasta que encuentre un lugar para el Señor, | una morada para el Fuerte de Jacob». Oímos que estaba en Efratá, | la encontramos en el Soto de Jaar: entremos en su morada, | postrémonos ante el estrado de sus pies. Levántate, Señor, ven a tu mansión, | ven con el arca de tu poder: que tus sacerdotes se vistan de justicia, | que tus fieles vitoreen. Por amor a tu siervo David, | no niegues audiencia a tu Ungido. El Señor ha jurado a David | una promesa que no retractará: | «A uno de tu linaje | pondré sobre tu trono. Si tus hijos guardan mi alianza | y los mandatos que les enseño, | también sus hijos, por siempre, | se sentarán sobre tu trono Porque el Señor ha elegido a Sión, | ha deseado vivir en ella: «Esta es mi mansión por siempre, | aquí viviré, porque la deseo. Bendeciré sus provisiones, | a sus pobres los saciaré de pan, vestiré a sus sacerdotes de salvación, | y sus fieles aclamarán con vítores. Haré germinar el vigor de David, | enciendo una lámpara para mi Ungido. A sus enemigos los vestiré de ignominia, | sobre él brillará mi diadema».

1. Leer

Lee el salmo despacio. Fíjate en las palabras que hablan de humildad, confianza y paz.

2. Meditar

  • ¿Qué me enseña este salmo sobre la verdadera humildad?
  • ¿En qué momentos me cuesta confiar en Dios?
  • ¿Qué actitud de santa Catalina descubro también en estas palabras?

3. Orar

Habla con Jesús con tus propias palabras. Dale gracias por las personas que te ayudan a crecer en la fe y pídele un corazón sencillo, humilde y confiado.

4. Contemplar

Permanece unos instantes en silencio. Imagina a santa Catalina rezando en el convento y deja que el Señor llene tu corazón de serenidad y confianza.

5. Vivir

Durante esta semana, cuando aparezca una dificultad, repite lentamente esta breve oración: «Señor, en ti confío.»

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Oraciones

Rezamos con santa Catalina Thomàs

Antes de comenzar la catequesis

Señor Jesús, abre nuestro corazón para escuchar tu Palabra. Danos un espíritu sencillo como el de santa Catalina Thomàs, para aprender a amarte en las pequeñas cosas de cada día. Haz que esta catequesis nos acerque más a ti y nos ayude a vivir unidos como familia. Amén.

Oración a santa Catalina Thomàs

Santa Catalina Thomàs, mujer humilde y fiel, enséñanos a confiar siempre en Dios. Ayúdanos a descubrir la alegría de la oración, a servir con sencillez y a realizar el bien sin buscar reconocimiento. Intercede por nuestras familias para que vivan unidas en la fe, la esperanza y el amor. Amén.

Al terminar la sesión

Padre bueno, te damos gracias por el ejemplo de santa Catalina Thomàs. Haz que aprendamos a encontrarte en la oración, en el trabajo y en el servicio a los demás. Que nunca nos falte la humildad para reconocer tus dones ni el deseo de seguir a Jesucristo cada día de nuestra vida. Amén.

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Para profundizar en familia

Continuar el camino

La catequesis termina, pero el ejemplo de santa Catalina Thomàs puede seguir acompañando a vuestra familia. Lo importante no es recordar todos los detalles de su vida, sino dejar que su testimonio inspire la oración, la humildad y el servicio cotidiano.

Propuestas para la semana

  • Volved a leer juntos el Salmo 131 (130) antes de acostaros un día de esta semana.
  • Visitad una iglesia o una capilla y dedicad unos minutos a la oración en silencio.
  • Buscad la vida de otro santo o santa que haya vivido con sencillez y comparad qué rasgos tiene en común con Catalina Thomàs.
  • Pensad en una persona de vuestro entorno que necesite compañía o ayuda y realizad juntos un gesto concreto de caridad.

Para dialogar

  • ¿Qué es lo que más nos ha llamado la atención de la vida de santa Catalina?
  • ¿Qué virtud nos gustaría vivir mejor en nuestra familia?
  • ¿Qué pequeño compromiso queremos mantener durante el próximo mes?

Notas

  1. Los datos biográficos siguen principalmente la tradición conservada por el monasterio de Santa María Magdalena de Palma y la documentación hagiográfica aceptada por la Iglesia.
  2. Las citas bíblicas deben reproducirse según la Sagrada Biblia. Versión oficial de la Conferencia Episcopal Española (CEE).
  3. Las referencias históricas se presentan con finalidad catequética y divulgativa, manteniendo fidelidad al contexto de la época.

Bibliografía y fuentes

  • Catequesis en Familia. Santa Catalina Thomàs, virgen.
  • Sagrada Biblia. Versión oficial de la Conferencia Episcopal Española.
  • Catecismo de la Iglesia Católica.
  • Dicasterio para las Causas de los Santos.
  • Monasterio de Santa María Magdalena (Palma de Mallorca).
  • Vatican.va.

Nota de transparencia. Las imágenes y la maquetación de este documento se han realizado con herramientas de inteligencia artificial. Para la producción visual y el apoyo editorial se ha utilizado ChatGPT.

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Gracias por recorrer este camino

La vida de santa Catalina Thomàs demuestra que la santidad no está reservada a unas pocas personas extraordinarias. Dios sigue llamando hoy a hombres, mujeres, jóvenes y niños para que vivan con fe, humildad y alegría allí donde Él los ha puesto.

Que su ejemplo anime a nuestras familias a caminar cada día un poco más cerca de Jesucristo, descubriendo que el verdadero camino de la felicidad comienza cuando aprendemos a confiar plenamente en el Señor.

«Señor, mi corazón no es ambicioso…»
Salmo 131 (130)

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Evangelio del día: El grano de mostaza

Evangelio del día: El grano de mostaza

La semilla pequeña que llega a ser grande

Mateo 13, 31-35 · Lunes de la 17.ª semana del Tiempo Ordinario

La imagen de la semilla es especialmente querida por Jesús, porque expresa con claridad el misterio del Reino de Dios. La gracia comienza muchas veces de forma pequeña y escondida, pero lleva dentro una fuerza de vida capaz de transformar el corazón y fecundar el mundo.

Evangelio

En aquel tiempo, Jesús propuso a la gente esta parábola:

«El Reino de los Cielos se parece a un grano de mostaza que un hombre sembró en su campo. Es la más pequeña de las semillas, pero, cuando crece, es mayor que las hortalizas y se convierte en un arbusto, de tal manera que los pájaros del cielo vienen a cobijarse en sus ramas».

Les dijo también esta otra parábola:

«El Reino de los Cielos se parece a la levadura que una mujer mezcla con una gran cantidad de harina, hasta que fermenta toda la masa».

Todo esto lo decía Jesús a la multitud por medio de parábolas, y no les hablaba sin parábolas, para que se cumpliera lo anunciado por el profeta:

«Hablaré en parábolas; anunciaré cosas que estaban ocultas desde la creación del mundo».

Sagrada Escritura en el portal web de la Santa Sede

Palabra central

«El Reino de los Cielos se parece a un grano de mostaza».

Lecturas de la liturgia

Primera lectura Libro del Éxodo, Éx 32, 15-24.30-34
Salmo Sal 106 (105), 19-23

Oración introductoria

Ven, Espíritu Santo, ilumina mi meditación para que la semilla de tu Palabra crezca en mí. Haz que sea fermento de fe, esperanza y caridad, y que todas las actividades de este día produzcan los frutos de amor que Tú has dispuesto.

Petición

Padre Santo, dame el deseo de llevar a todos mis hermanos la Buena Nueva de tu Evangelio.

Meditación de Benedicto XVI

A través de imágenes tomadas del mundo de la agricultura, el Señor presenta el misterio del Reino de Dios e indica las razones de nuestra esperanza y de nuestro compromiso.

La semilla de mostaza es considerada la más pequeña de todas las semillas. Sin embargo, a pesar de su pequeñez, está llena de vida.

Al abrirse, nace de ella un brote capaz de romper la tierra, salir a la luz del sol y crecer hasta llegar a ser «más alta que las demás hortalizas».

La debilidad es la fuerza de la semilla; abrirse es su potencia.

Así es el Reino de Dios: una realidad humanamente pequeña, compuesta por los pobres de corazón, por quienes no confían únicamente en sus propias fuerzas, sino en la fuerza del amor de Dios.

Lo forman aquellos que no son importantes a los ojos del mundo y que, sin embargo, permiten que a través de ellos irrumpa la fuerza transformadora de Cristo.

La imagen de la semilla es especialmente querida por Jesús, porque expresa bien el misterio del Reino de Dios.

En la parábola, este misterio se manifiesta mediante el contraste entre la pequeñez de la semilla y la grandeza de aquello que produce.

El mensaje es claro: el Reino de Dios, aunque requiere nuestra colaboración, es ante todo don del Señor y gracia que precede al hombre y a sus obras.

Nuestra pequeña fuerza, aparentemente impotente ante los problemas del mundo, no teme obstáculos cuando se une a la fuerza de Dios, porque la victoria del Señor es segura.

Es el milagro del amor de Dios, que hace germinar y crecer todas las semillas de bien esparcidas por la tierra.

La experiencia de este milagro de amor nos permite conservar la esperanza, a pesar de las dificultades, los sufrimientos y el mal que encontramos.

La semilla brota y crece porque la hace crecer el amor de Dios.

Que la Virgen María, que acogió como tierra buena la semilla de la Palabra divina, fortalezca en nosotros esta fe y esta esperanza.

Santo Padre Benedicto XVI

Ángelus del domingo, 17 de junio de 2012

Claves para comprender el Evangelio

Imagen Sentido espiritual
La semilla pequeña Representa los comienzos humildes del Reino, que pueden parecer insignificantes a los ojos humanos.
El crecimiento Manifiesta la acción silenciosa y eficaz de Dios, que hace fructificar el bien más allá de nuestras fuerzas.
Las ramas Expresan la acogida del Reino, llamado a ofrecer refugio, descanso y comunión a muchos.
La levadura Representa la gracia que actúa desde dentro, de manera discreta, hasta transformar toda la vida.
La masa Es la humanidad y también cada realidad cotidiana que puede ser renovada por la presencia del Evangelio.
Las parábolas Revelan los misterios del Reino mediante imágenes sencillas que invitan a escuchar, meditar y convertirse.

Para examinar la vida

¿Desprecio los pequeños gestos porque no producen resultados inmediatos? ¿Confío en que Dios puede hacer crecer una obra humilde? ¿Soy fermento de paz, fe y caridad en mi familia, mi trabajo y mi comunidad? ¿Qué pequeña semilla de bien puedo sembrar hoy?

Propósito

Sembraré hoy una palabra de fe y de afecto. Escribiré un correo electrónico, un mensaje o una nota a una persona que se haya alejado de Cristo, procurando acercarme a ella con respeto, esperanza y caridad sincera.

Diálogo con Cristo

Señor, gracias por la semilla de la fe que recibí el día de mi Bautismo.

Quiero que crezca y se fortalezca, para que mi vida llegue a ser tierra buena, abierta a tu Palabra y disponible para tu gracia.

Retira los obstáculos, las malas hierbas y la cizaña que impiden que tu amor produzca fruto en mí.

Hazme confiar en los pequeños comienzos y recordar que eres Tú quien da el crecimiento.

Idea para vivir el Evangelio de hoy

Una palabra buena, un gesto oculto o una oración sencilla pueden parecer pequeños, pero Dios puede convertirlos en comienzo de una gran obra.

Para seguir profundizando

✠ ✠ ✠
Evangelio del día: El tesoro escondido y la perla preciosa

Evangelio del día: El tesoro escondido y la perla preciosa

El tesoro escondido y la perla preciosa

Mateo 13, 44-52 · Decimoséptimo Domingo del Tiempo Ordinario

Quien encuentra el Reino de Dios reconoce que ha hallado aquello que buscaba y esperaba, la respuesta a sus aspiraciones más profundas. Quien conoce personalmente a Jesús queda atraído por su bondad, su verdad y su belleza, manifestadas con una humildad y una sencillez incomparables.

Buscar a Jesús y encontrar a Jesús: este es el gran tesoro.

Evangelio

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:

«El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en un campo. Un hombre lo encuentra, lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, vende todo lo que posee y compra el campo.

El Reino de los Cielos se parece también a un comerciante que se dedicaba a buscar perlas finas; y, al encontrar una de gran valor, fue a vender todo lo que tenía y la compró.

El Reino de los Cielos se parece también a una red que se echa al mar y recoge toda clase de peces. Cuando está llena, los pescadores la sacan a la orilla y, sentándose, recogen los buenos en cestas y tiran los que no sirven.

Así sucederá al fin del mundo: vendrán los ángeles y separarán a los malos de entre los justos, para arrojarlos al horno encendido. Allí habrá llanto y rechinar de dientes.

¿Habéis comprendido todo esto?». Ellos le respondieron: «Sí».

Entonces añadió: «Todo escriba que se ha hecho discípulo del Reino de los Cielos se parece a un padre de familia que va sacando de su tesoro lo nuevo y lo antiguo».

Sagrada Escritura en el portal web de la Santa Sede

Palabra central

«Lleno de alegría, vende todo lo que posee y compra el campo».

Lecturas de la liturgia

Primera lectura Primer Libro de los Reyes, 1 Re 3, 5.7-12
Salmo Sal 119 (118), 57.72.76-77.127-130
Segunda lectura Carta de san Pablo a los Romanos, Rom 8, 28-30

Oración introductoria

Señor, dame la gracia de saber vivir de cara a la eternidad. Creo en Ti: eres mi compañía y mi fuerza. Creo que diariamente me buscas y me invitas a depender más de Ti que de las criaturas.

Espero en Ti como el único capaz de llenar mi deseo de amar y de ser amado. Te amo en este momento mediante mi oración y mediante el deseo de ser fiel y generoso en cuanto quieras pedirme hoy.

Petición

Señor, dame tu gracia para ser dócil a tu voluntad, abrirme a tu acción y ponerte siempre en el primer lugar de mi vida.

Meditación del Santo Padre Francisco

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Las breves comparaciones propuestas por la liturgia de hoy constituyen la conclusión del capítulo del evangelio de san Mateo dedicado a las parábolas del Reino de Dios.

Entre ellas se encuentran dos pequeñas obras maestras: las parábolas del tesoro escondido en el campo y de la perla de gran valor.

Estas parábolas nos enseñan que el descubrimiento del Reino de Dios puede llegar de manera inesperada, como le sucedió al campesino que, mientras trabajaba la tierra, encontró un tesoro que no buscaba.

También puede llegar después de una búsqueda larga y paciente, como le ocurrió al comerciante de perlas, que finalmente encontró la perla preciosísima que había soñado durante mucho tiempo.

Pero, tanto en un caso como en el otro, permanece un dato fundamental: el tesoro y la perla valen más que todos los demás bienes.

Por eso, cuando los encuentran, el campesino y el comerciante renuncian a todo lo demás para poder adquirirlos.

No necesitan realizar largos razonamientos ni pensar demasiado. Comprenden inmediatamente el valor incomparable de cuanto han encontrado y están dispuestos a perderlo todo para poseerlo.

Quien encuentra el Reino de Dios reconoce que ha encontrado aquello que responde a sus aspiraciones más auténticas.

Así sucede con el Reino de Dios: quien lo encuentra no tiene dudas. Siente que es aquello que buscaba, que esperaba y que responde a sus deseos más profundos.

Y es verdaderamente así: quien conoce a Jesús y lo encuentra personalmente queda fascinado y atraído por tanta bondad, tanta verdad y tanta belleza, todo ello manifestado con una gran humildad y sencillez.

Buscar a Jesús y encontrar a Jesús: este es el gran tesoro.

Cuántas personas, cuántos santos y santas, al leer el Evangelio con el corazón abierto, quedaron tan conmovidos por Jesús que se convirtieron a él.

Pensemos en san Francisco de Asís. Él ya era cristiano, pero un cristiano superficial. Cuando leyó el Evangelio en un momento decisivo de su juventud, encontró a Jesús y descubrió el Reino de Dios.

Entonces todos sus sueños de gloria terrena se desvanecieron.

El Evangelio permite conocer al verdadero Jesús. Hace que conozcamos a Jesús vivo, habla al corazón y cambia la vida.

Entonces sí se deja todo. Una persona puede cambiar efectivamente de forma de vida o continuar realizando las mismas tareas de antes; pero ella misma ya es distinta, ha renacido.

Ha encontrado aquello que da sentido, sabor y luz a todo, incluso a las fatigas, al sufrimiento y a la muerte.

Leer el Evangelio para encontrar a Jesús

Leed el Evangelio. Leed cada día un pasaje del Evangelio. Llevad también un pequeño Evangelio en el bolsillo, en el bolso o al alcance de la mano.

Allí, leyendo un pasaje, encontraremos a Jesús.

Todo adquiere sentido en el Evangelio, donde encontramos ese tesoro que Jesús llama «el Reino de Dios».

El Reino de Dios significa que Dios reina en nuestra vida: Dios, que es amor, paz y alegría para cada persona y para toda la humanidad.

Esto es lo que Dios quiere y aquello por lo que Jesús entregó su vida hasta morir en la cruz: para liberarnos del poder de las tinieblas y llevarnos al Reino de la vida, de la belleza, de la bondad y de la alegría.

Leer el Evangelio significa encontrar a Jesús y recibir esa alegría cristiana que es un don del Espíritu Santo.

La alegría del tesoro encontrado

Queridos hermanos y hermanas, la alegría de haber encontrado el tesoro del Reino de Dios se transparenta y se hace visible.

El cristiano no puede mantener oculta su fe, porque ésta se manifiesta en cada palabra, en cada gesto y también en las acciones más sencillas y cotidianas.

En la vida del cristiano se transparenta el amor que Dios nos ha dado por medio de Jesús. Oremos, por intercesión de la Virgen María, para que venga a nosotros y al mundo entero su Reino de amor, justicia y paz.

Santo Padre Francisco

Ángelus del domingo, 27 de julio de 2014

Claves para comprender el Evangelio

Imagen Sentido espiritual
El tesoro Representa el Reino de Dios descubierto inesperadamente como el bien capaz de dar sentido y plenitud a toda la vida.
La perla Representa el Reino buscado con perseverancia y reconocido finalmente como el bien más valioso.
La alegría La renuncia cristiana no nace de la tristeza, sino de haber descubierto un bien incomparablemente mayor.
Venderlo todo Significa colocar a Dios en el primer lugar y ordenar todos los demás bienes a partir de él.
La red Representa la llamada universal del Reino y el discernimiento definitivo que tendrá lugar al final de los tiempos.
Lo nuevo y lo antiguo El discípulo comprende las antiguas promesas a la luz de Cristo y descubre en ellas una novedad siempre viva.

Para examinar la vida

¿Es Dios verdaderamente mi mayor bien? ¿Qué ocupa en la práctica el primer lugar de mi vida? ¿Qué me costaría dejar para seguir con mayor libertad a Cristo? ¿Mi fe se vive como una carga o como la alegría de haber encontrado un tesoro?

Catecismo de la Iglesia Católica

II. «Venga a nosotros tu Reino»

2816. En el Nuevo Testamento, la palabra basileia puede traducirse por realeza, reino o reinado. El Reino de Dios es para nosotros lo más importante.

Se aproxima en el Verbo encarnado, se anuncia en todo el Evangelio y llega mediante la muerte y la Resurrección de Cristo.

El Reino de Dios adviene en la Última Cena y, por la Eucaristía, está entre nosotros. Llegará en la gloria cuando Jesucristo lo entregue a su Padre.

«Puede ser que el Reino de Dios signifique Cristo en persona, a quien invocamos todos los días y cuya venida queremos apresurar con nuestra espera. Como él es nuestra Resurrección, porque resucitamos en él, puede ser también el Reino de Dios, porque en él reinaremos».

San Cipriano de Cartago
De dominica oratione, 13

2817. Esta petición es el Marana tha, el grito del Espíritu y de la Esposa: «Ven, Señor Jesús».

«Aunque esta oración no nos hubiera mandado pedir la venida del Reino, habríamos tenido que expresar esta petición, apresurándonos hacia la meta de nuestras esperanzas. Señor, apresura la venida de tu Reino».

Tertuliano
De oratione, 5, 2-4

2818. En la oración del Señor se trata principalmente de la venida final del Reino de Dios mediante el retorno de Cristo.

Pero este deseo no distrae a la Iglesia de su misión en el mundo, sino que la compromete todavía más. Desde Pentecostés, la venida del Reino es obra del Espíritu del Señor, que santifica todas las cosas y lleva a plenitud su obra en el mundo.

2819. «El Reino de Dios es justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo» (Rom 14, 17). Los últimos tiempos son los de la efusión del Espíritu Santo. Desde entonces se libra un combate decisivo entre la carne y el Espíritu.

«Sólo un corazón puro puede decir con seguridad: “¡Venga a nosotros tu Reino!”. El que se conserva puro en sus acciones, pensamientos y palabras puede decir a Dios: “¡Venga tu Reino!”».

San Cirilo de Jerusalén
Catequesis mistagógicas, 5, 13

2820. Discerniendo según el Espíritu, los cristianos deben distinguir entre el crecimiento del Reino de Dios y el progreso de la cultura y de la sociedad en las que participan.

Esta distinción no significa separación. La vocación del hombre a la vida eterna no suprime su deber de poner en práctica los dones y medios recibidos del Creador para servir en este mundo a la justicia y a la paz.

2821. Esta petición está sostenida y escuchada en la oración de Jesús, presente y eficaz en la Eucaristía. Su fruto es la vida nueva según las Bienaventuranzas.

Catecismo de la Iglesia Católica

Propósito

Empezaré por mi corazón y por mi casa. Procuraré que Dios sea cada día lo más importante de mi vida, alimentando su Reino en mí mediante la oración y una obra concreta de caridad hacia los demás.

Diálogo con Cristo

Jesús, ni el trabajo, ni el estudio, ni las ocupaciones cotidianas deben convertirse en obstáculos para permanecer unido a Ti.

Sólo dejando que Tú gobiernes y ordenes mi vida podrá venir a mí tu Reino.

Al reconocerte hoy como mi Rey y Señor, todo mi día puede convertirse en una ocasión para alabarte, glorificarte y amarte.

Haz que te ame especialmente por medio de mi servicio generoso y concreto a los demás.

Idea para vivir el Evangelio de hoy

Quien descubre a Cristo como su verdadero tesoro no desprecia los demás bienes, pero aprende a ordenarlos todos desde el amor de Dios.

Para seguir profundizando

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San Joaquín y santa Ana: El valor de los abuelos en la familia cristiana

San Joaquín y santa Ana: El valor de los abuelos en la familia cristiana

catequesis famiLiar

San Joaquín y santa Ana

Los abuelos de Jesús y el valor de los abuelos en la familia cristiana

La fe que se recibe, se vive y se entrega de una generación a la siguiente

Presentación

Una historia familiar dentro del plan de Dios

Los abuelos ocupan un lugar único en la vida de muchas familias. A menudo son ellos quienes enseñan las primeras oraciones, conservan los recuerdos que explican de dónde venimos y ofrecen una presencia serena cuando los padres necesitan apoyo. Su experiencia no pertenece únicamente al pasado: puede convertirse en una verdadera escuela de confianza, gratitud y esperanza para los más jóvenes.

La Iglesia reconoce esta misión al venerar a san Joaquín y santa Ana, padres de la Virgen María y abuelos de Jesús. Los Evangelios no narran su vida, y por eso debemos distinguir cuidadosamente lo que pertenece a la Sagrada Escritura de aquello que ha llegado hasta nosotros por medio de la Tradición. Sus nombres y buena parte de la historia que los rodea proceden del Protoevangelio de Santiago, un antiguo escrito cristiano que no forma parte de la Biblia, pero que influyó profundamente en la liturgia, la devoción y el arte de la Iglesia.

A través de seis escenas contemplaremos la espera de Joaquín y Ana, el nacimiento y la educación de María y la fe que, recibida en aquel hogar, llegó después hasta la casa de Nazaret. Desde esa historia podremos comprender mejor el valor de los abuelos en la familia cristiana, el deber de honrar a los mayores y la importancia de rezar por ellos, tanto en vida como después de su muerte.

Idea que guía todo el documento

La fe no se transmite como una teoría aprendida de memoria. Se recibe de personas concretas que rezan, aman, recuerdan y enseñan a confiar en Dios.

Cómo está organizado el recorrido

Tres partes, seis escenas y una sola historia

Cada una de las tres partes comienza con una introducción breve. Después aparecen dos escenas que permiten avanzar en la vida de san Joaquín y santa Ana y, al mismo tiempo, iluminar una dimensión concreta de la misión de los abuelos. La descripción de la imagen indica cómo debe crearse o insertarse la ilustración; la narración biográfica cuenta el episodio; y la explicación catequética ayuda a descubrir qué enseña esa escena a las familias de hoy.

Primera parte

El hogar donde María fue esperada, recibida y amada.

Segunda parte

La transmisión de la fe entre las generaciones.

Tercera parte

El respeto, el cuidado y la oración por los mayores.

Una precisión necesaria

Escritura, Tradición y antiguos relatos cristianos

La existencia de María, su maternidad divina y su lugar en la historia de la salvación pertenecen a la fe transmitida por la Sagrada Escritura y la Iglesia. En cambio, los Evangelios no indican los nombres de sus padres ni narran su infancia. La tradición sobre Joaquín y Ana se desarrolló a partir de textos cristianos antiguos y fue acogida después en la piedad y en la liturgia.

Esta catequesis utilizará esa tradición con respeto y prudencia: no la presentará como si fuera un relato bíblico, pero tampoco ignorará la huella profunda que ha dejado en la vida cristiana. Su finalidad no será satisfacer una curiosidad histórica, sino contemplar una verdad plenamente coherente con la fe: Dios quiso que María creciera dentro de una familia y que también ella recibiera de otros el cuidado, la oración y la memoria creyente de Israel.

Programa gráfico

La vida de Joaquín y Ana en seis escenas

Las siete imágenes —la portada y seis escenas interiores— formarán una secuencia continua. Todas mantendrán los mismos modelos visuales de Joaquín, Ana y María, la misma ambientación histórica y una luz limpia y natural. No serán simples adornos: cada imagen contará una parte de la historia y abrirá después una enseñanza catequética.

Portada
San Joaquín y santa Ana con María niña en el hogar familiar.
Imagen 1
Joaquín y Ana esperan con confianza el don de un hijo.
Imagen 2
El nacimiento de María llena de alegría su hogar.
Imagen 3
Joaquín y Ana enseñan a María a rezar y a amar la Palabra de Dios.
Imagen 4
María lleva al hogar de Nazaret la fe recibida de sus padres.
Imagen 5
Un adolescente escucha con cariño a sus abuelos y aprende de ellos.
Imagen 6
Un joven recuerda y reza por sus abuelos difuntos con esperanza cristiana.

Gama cromática

El color principal será un verde vivo de esperanza, luminoso y natural. Se combinará con verdes claros, blanco cálido, lino, tierra y pequeños acentos dorados. El texto principal conservará siempre el máximo contraste; los fondos coloreados se reservarán para bloques breves y nunca encerrarán apartados completos.

Primera parte

La familia donde creció la Virgen María

Dios quiso que su Hijo entrara en la historia dentro de una familia. Antes de la Anunciación, antes del nacimiento de Jesús y antes incluso de que María pudiera responder al ángel, ya existía un hogar donde ella fue esperada, cuidada y educada. La fe cristiana nos invita a contemplar esa preparación silenciosa: Dios acostumbra a comenzar sus grandes obras en la vida sencilla de personas que aman, rezan y permanecen fieles.

San Joaquín y santa Ana representan ese hogar creyente. La Iglesia los venera como padres de la Virgen María y abuelos de Jesús, pero los Evangelios no cuentan su historia ni mencionan sus nombres. Por eso nos acercaremos a ellos con gratitud y también con precisión, distinguiendo lo que pertenece directamente a la Sagrada Escritura de aquello que la tradición cristiana ha conservado y transmitido a lo largo de los siglos.

Una clave para comprender el relato

La historia de Joaquín y Ana no debe leerse como si fuera un capítulo perdido del Evangelio. Se trata de una tradición cristiana antigua que ayuda a contemplar el ambiente familiar en el que creció María y a reconocer la importancia de quienes prepararon, sin ocupar el primer plano, la llegada del Salvador.

1

Lo que sabemos con certeza

La Sagrada Escritura afirma que María pertenecía al pueblo de Israel, que estaba desposada con José y que fue elegida por Dios para ser la Madre de Jesús. También muestra que conocía profundamente la fe de su pueblo: su oración, su lenguaje y su modo de interpretar la acción de Dios nacen de una vida formada en la escucha de la Palabra.

Aunque la Biblia no describa su infancia, resulta plenamente coherente pensar que María recibió esa formación dentro de una familia creyente. Nadie aprende a confiar en Dios de manera aislada. La fe suele comenzar en gestos pequeños: una oración compartida, una bendición antes de comer, una historia escuchada muchas veces y el ejemplo cotidiano de quienes viven delante de Dios.

2

Lo que transmite la tradición

El Protoevangelio de Santiago, redactado probablemente durante el siglo II, presenta a Joaquín y Ana como un matrimonio justo que sufría por no tener descendencia. El relato cuenta su oración, la promesa recibida, el nacimiento de María y la especial consagración de la niña a Dios. Este escrito no pertenece al canon bíblico y, por tanto, no posee la autoridad de los Evangelios.

Sin embargo, su influencia fue muy grande. De él proceden buena parte de las escenas de la infancia de María que aparecen en la tradición, la liturgia y el arte cristiano. La Iglesia no lo recibe como Palabra inspirada, pero ha conservado los nombres de Joaquín y Ana y los propone como modelos de esposos, padres y abuelos creyentes.

Idea para recordar

Antes de que María acogiera a Jesús en su seno, ella misma había sido acogida, amada y educada dentro de una familia.

Aplicación catequética

La historia de la salvación no avanza únicamente por medio de personas extraordinarias que realizan acciones visibles. También avanza gracias a padres y abuelos que construyen hogares donde se aprende a amar, a perdonar y a confiar en Dios. Muchas veces, su obra más importante permanece escondida y solo se descubre años después, cuando aquello que sembraron comienza a dar fruto.

Esta primera parte nos invita a mirar la propia familia con otros ojos. Quizá la fe que hoy vivimos comenzó en una abuela que rezaba en silencio, en un abuelo que nunca faltaba a la misa dominical o en unos padres que enseñaron a dar gracias antes de comprender plenamente el sentido de aquella oración.

La historia comienza

La tradición presenta a Joaquín y Ana como dos esposos fieles que llevaban muchos años compartiendo la vida, la oración y el trabajo. Su hogar era estable, pero guardaba también una herida profunda: no habían podido tener hijos. En aquella época, la falta de descendencia se vivía con un dolor especialmente intenso y podía convertirse incluso en motivo de desprecio social.

En ese momento de espera comienza la primera escena de nuestra historia. No veremos todavía la respuesta de Dios, sino a dos personas mayores que continúan confiando cuando no comprenden el camino que tienen delante.

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Primera escena

Joaquín y Ana esperan con confianza el don de un hijo

«La esperanza cristiana no nace cuando todo resulta fácil, sino cuando seguimos confiando incluso en medio de la espera.»

La historia

La antigua tradición cristiana presenta a Joaquín y Ana como un matrimonio profundamente creyente. Habían compartido muchos años de trabajo, oración y fidelidad, pero seguían sin tener hijos. En la cultura de Israel aquella situación se vivía con un gran dolor y, en ocasiones, incluso con incomprensión por parte de otras personas. Sin embargo, ellos no permitieron que aquella prueba destruyera su confianza en Dios ni el amor que se tenían mutuamente.

Cada día continuaban llevando una vida sencilla. Trabajaban, ayudaban a quienes lo necesitaban y elevaban al Señor sus súplicas con humildad. No exigían milagros ni se rebelaban contra Dios; simplemente esperaban. Esa espera paciente, sostenida por la oración, fue convirtiendo poco a poco su corazón en una tierra preparada para recibir el don que el Señor había pensado para ellos desde toda la eternidad.

Aquellos dos ancianos ignoraban que su fidelidad formaba parte de un proyecto mucho mayor. Mientras ellos confiaban en silencio, Dios estaba preparando el nacimiento de María, la mujer que un día respondería con un «sí» definitivo al anuncio del ángel y abriría el camino para la Encarnación del Hijo de Dios.

¿Qué nos enseña esta imagen?

Vivimos en una sociedad acostumbrada a obtener resultados inmediatos. Cuando un deseo tarda en cumplirse, aparece fácilmente el desánimo. Joaquín y Ana nos muestran una actitud completamente distinta. Ellos comprendieron que la fe no consiste en conseguir siempre lo que uno desea, sino en permanecer junto a Dios también cuando no entiende el porqué de las cosas.

Esperar no significa quedarse de brazos cruzados. Mientras aguardaban, seguían haciendo el bien, rezando y viviendo con fidelidad. Así actúa también el Señor en muchas ocasiones: prepara lentamente nuestro corazón antes de concedernos el regalo que más necesitamos. La paciencia, iluminada por la esperanza, forma parte del camino cristiano.

Quizá también nosotros estamos esperando algo: una respuesta, una reconciliación, una curación o una decisión importante. Esta escena nos invita a no perder la confianza. Dios nunca deja de acompañar a quienes ponen su vida en sus manos.

Idea para recordar

Quien aprende a esperar con Dios nunca espera en vano.

Para dialogar en familia

¿Quién nos ha enseñado en casa a confiar en Dios cuando las cosas no salen como esperábamos?

La historia continúa

La espera de Joaquín y Ana no terminó en la tristeza. La tradición cristiana cuenta que Dios escuchó finalmente su oración y les concedió una hija. Aquel nacimiento llenó de alegría el hogar y cambió para siempre la vida de aquella familia. La siguiente escena nos llevará precisamente hasta ese momento de acción de gracias.

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Segunda escena

El nacimiento de María llena de alegría el hogar de Joaquín y Ana


«Dios convierte muchas esperas en bendiciones cuando llega el momento oportuno.»

La historia

La tradición cristiana relata que Dios escuchó finalmente la oración de Joaquín y Ana y les concedió una hija. Aquella niña recibió el nombre de María. La alegría que llenó aquella casa no procedía únicamente del nacimiento de una hija tan esperada; nacía también de la certeza de que Dios nunca abandona a quienes ponen en Él toda su confianza.

Desde el primer momento, Joaquín y Ana comprendieron que María era un don recibido del Señor. No la consideraban una posesión, sino un regalo confiado a sus cuidados. Por eso procuraron ofrecerle un hogar donde pudiera crecer rodeada de amor, de oración y de fidelidad a la Alianza. Sin saberlo todavía, estaban educando a quien un día sería la Madre del Mesías prometido.

Cada gesto cotidiano de aquellos padres fue preparando el corazón de María. En aquella casa aprendió a escuchar la Palabra de Dios, a rezar con sencillez y a descubrir que la verdadera felicidad consiste en ponerse completamente en las manos del Señor.

¿Qué nos enseña esta imagen?

Cada niño que llega al mundo es un regalo de Dios. Ningún hijo pertenece completamente a sus padres, porque antes pertenece al Señor, que lo llama a una vocación única e irrepetible. La misión de la familia consiste precisamente en ayudar a descubrir ese camino con amor, paciencia y confianza.

Joaquín y Ana comprendieron que educar no consiste solamente en alimentar, proteger o enseñar muchas cosas. Educar es acompañar a un hijo para que aprenda a escuchar la voz de Dios. Ese es el mayor regalo que unos padres y unos abuelos pueden dejar a las nuevas generaciones.

También hoy nuestras familias pueden convertirse en pequeños Nazaret cuando reservan tiempo para rezar juntos, dar gracias por los dones recibidos, pedir perdón y vivir con alegría la fe. Así, el hogar deja de ser únicamente un lugar donde se vive y se convierte en el primer espacio donde se aprende a amar a Dios.

Idea para recordar

Las familias creyentes preparan el camino por el que Dios sigue llegando al mundo.

Para dialogar en familia

¿Qué costumbres de nuestra familia nos ayudan a recordar cada día que Dios forma parte de nuestro hogar?

La historia continúa

María fue creciendo en aquel ambiente de oración y confianza. Con el paso de los años, Joaquín y Ana no solo la cuidaron y protegieron: también le enseñaron a conocer la Palabra de Dios y a vivirla con sencillez. En la siguiente parte veremos cómo la fe se transmite de generación en generación y por qué los abuelos siguen siendo hoy un tesoro para la Iglesia y para las familias cristianas.

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Segunda parte

Los abuelos transmiten la fe

Cada generación recibe un gran regalo de la anterior. No solo heredamos una lengua, unas costumbres o una historia familiar; también recibimos una forma de mirar la vida y de relacionarnos con Dios. La fe cristiana ha pasado de padres a hijos y de abuelos a nietos durante siglos gracias al testimonio de personas sencillas que rezaban, trabajaban y vivían con fidelidad el Evangelio.

En numerosas ocasiones, Benedicto XVI recordó que los mayores son la memoria viva de los pueblos y de la Iglesia. Gracias a ellos conocemos nuestras raíces y aprendemos que Dios permanece siempre fiel a sus promesas. Cuando un abuelo enseña una oración, cuenta cómo el Señor le ayudó en un momento difícil o transmite el amor a la Eucaristía, está realizando una auténtica obra de evangelización.

Una verdad para toda la vida

La fe se fortalece cuando alguien la vive delante de nosotros. Por eso los abuelos son un tesoro para la familia cristiana.

3

Joaquín y Ana enseñan a María a rezar

«La fe crece cuando pasa de un corazón creyente a otro corazón dispuesto a escuchar.»

La historia

La tradición cristiana presenta a Joaquín y Ana como los primeros educadores de María. Ellos fueron quienes le enseñaron a descubrir la presencia de Dios en la vida cotidiana, a escuchar las Escrituras y a confiar siempre en el Señor. Aquellas enseñanzas no consistían únicamente en palabras; nacían, sobre todo, del ejemplo de una vida profundamente creyente.

María veía cada día cómo sus padres rezaban, daban gracias por los dones recibidos, ayudaban a los necesitados y procuraban vivir con fidelidad la Ley del Señor. Poco a poco comprendió que amar a Dios no era una obligación pesada, sino el camino que conduce a la verdadera alegría.

Aquella educación sencilla preparó el corazón de María para responder con total confianza cuando llegó el momento decisivo de su vida. Antes de pronunciar su «sí» al ángel, había aprendido durante muchos años a decir «sí» a Dios en las pequeñas cosas de cada día.

¿Qué nos enseña esta imagen?

Muchas personas recuerdan con emoción que fueron sus abuelos quienes les enseñaron la primera señal de la cruz, el Avemaría o una sencilla oración antes de dormir. Quizá entonces no comprendían todo su significado, pero aquellas palabras quedaron grabadas en su corazón y les acompañaron durante toda la vida.

La transmisión de la fe comienza mucho antes de que un niño pueda estudiar el catecismo. Empieza cuando descubre que los adultos que ama rezan, perdonan, ayudan a los demás y ponen su confianza en Dios. Los abuelos poseen un tiempo y una serenidad que les permiten sembrar esas semillas con una delicadeza muy especial.

Por eso la Iglesia anima a las familias a valorar la presencia de los mayores. Su misión no termina cuando dejan de trabajar o cuando llegan los años de la jubilación. Al contrario, muchas veces es precisamente entonces cuando pueden regalar a sus hijos y nietos lo mejor de toda una vida: una fe probada por el tiempo.

Idea para recordar

La primera catequesis suele comenzar mucho antes de abrir un libro.

Para dialogar en familia

¿Qué oración, gesto o costumbre cristiana aprendiste de tus abuelos o de alguna persona mayor?

La historia continúa

La fe que María recibió de Joaquín y Ana no quedó encerrada en su infancia. Con el paso de los años se convirtió en la luz que iluminó el hogar de Nazaret y llegó hasta el Niño Jesús. La siguiente escena mostrará cómo una fe bien sembrada puede dar fruto durante generaciones.

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Cuarta escena

María transmite al hogar de Nazaret la fe recibida de sus padres

«La fe que se recibe con amor termina convirtiéndose en un regalo para otros.»

La historia

Los Evangelios muestran que María conocía profundamente las Escrituras y vivía completamente abierta a la voluntad de Dios. Todo aquello había comenzado muchos años antes, cuando era una niña. La educación recibida en el hogar de Joaquín y Ana no quedó olvidada con el paso del tiempo; al contrario, fue creciendo hasta convertirse en el fundamento de toda su vida.

Ahora María formaba, junto con san José, el hogar de Nazaret. Allí continuaba viviendo la misma confianza en Dios que había aprendido durante su infancia. Las oraciones escuchadas de pequeña, el amor a la Palabra y la fidelidad cotidiana seguían presentes en cada jornada. De este modo, la fe recibida de sus padres pasó a iluminar también la infancia de Jesús dentro de una verdadera familia humana.

La historia de la salvación nos muestra así una hermosa cadena de amor. Joaquín y Ana educaron a María; María y José cuidaron de Jesús; y, desde aquel hogar de Nazaret, la Buena Nueva comenzó a extenderse hasta llegar también a nosotros. La fe nunca permanece encerrada en una sola generación.

¿Qué nos enseña esta imagen?

Los niños aprenden mucho más de lo que ven cada día que de lo que escuchan de vez en cuando. Un hogar donde se reza, se perdona, se trabaja con alegría y se confía en Dios deja una huella que permanece durante toda la vida. Por eso la educación cristiana comienza mucho antes de la catequesis parroquial.

La familia es la primera comunidad donde se transmite la fe. Padres, abuelos e hijos participan juntos en esa misión. Cada generación recibe un tesoro y tiene la responsabilidad de entregarlo enriquecido a la siguiente. Así ha sucedido desde los primeros tiempos del cristianismo y así continúa ocurriendo hoy.

También nuestras casas pueden convertirse en pequeños Nazaret cuando reservan un lugar para la oración, la lectura del Evangelio, la Eucaristía dominical y las obras de caridad. Allí donde Cristo ocupa el centro de la vida familiar, la fe encuentra un terreno donde crecer con fuerza.

Idea para recordar

La fe crece cuando cada generación la entrega con amor a la siguiente.

Para dialogar en familia

¿Qué costumbres podríamos vivir en casa para que nuestra familia se parezca un poco más al hogar de Nazaret?

La historia continúa

La misión de Joaquín y Ana no terminó con la educación de María. Su ejemplo sigue recordando hoy a todas las familias que los mayores ocupan un lugar insustituible en la transmisión de la fe. En la siguiente parte veremos cómo la Palabra de Dios nos invita a honrar a nuestros mayores y a agradecer todo lo que hemos recibido de ellos.

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Tercera parte

Honrar a los mayores es un mandamiento

La gratitud ocupa un lugar muy importante en la vida cristiana. Nadie llega a ser quien es completamente solo. Todos hemos recibido la vida, la educación, el cariño y la fe gracias a otras personas. El cuarto mandamiento nos invita precisamente a reconocer ese regalo y a responder con amor, respeto y agradecimiento hacia quienes nos han cuidado.

La Sagrada Escritura dedica palabras muy hermosas al cuidado de los mayores. El libro del Sirácida enseña que honrar a los padres agrada al Señor y trae bendición para la propia vida (cf. Si 3,1-16). Esa enseñanza puede aplicarse también al cariño y al respeto que debemos a nuestros abuelos, que tantas veces han sostenido a la familia con su trabajo, su oración y su ejemplo.

Hoy vivimos en una sociedad que con frecuencia valora más la juventud, la rapidez y la eficacia que la experiencia. Sin embargo, la mirada cristiana es muy distinta. Para la Iglesia, los mayores no son una carga, sino un verdadero tesoro. En ellos encontramos memoria, sabiduría, paciencia y una fe fortalecida por muchos años de camino junto al Señor.

Una verdad para recordar

Quien aprende a respetar a los mayores aprende también a amar con mayor profundidad.

5

Una familia cristiana aprende de sus abuelos

«Escuchar a quienes han recorrido más camino nos ayuda a caminar con mayor sabiduría.»

La historia continúa en nuestras familias

La historia de Joaquín y Ana no terminó hace dos mil años. Cada familia cristiana está llamada a continuar esa misma misión. Los abuelos siguen transmitiendo la fe cuando cuentan a sus nietos cómo Dios los ha acompañado, cuando rezan con ellos, cuando los llevan a la iglesia o simplemente cuando viven con serenidad y esperanza los años de la vejez.

Muchas personas descubren el valor de sus abuelos demasiado tarde. Por eso conviene aprovechar el tiempo compartido con ellos, escucharlos, preguntarles por su vida y agradecer todo lo que han hecho por la familia. Su experiencia es un patrimonio que no debería perderse nunca.

¿Qué nos enseña esta imagen?

Honrar a los mayores no consiste únicamente en tratarlos con educación. Significa dedicarles tiempo, escucharlos con paciencia, interesarse por su vida y hacerles sentir que siguen ocupando un lugar importante dentro de la familia.

Una sociedad que olvida a sus mayores termina olvidando también su propia historia. En cambio, cuando las generaciones dialogan entre sí, todos salen enriquecidos: los mayores descubren que siguen siendo útiles y los jóvenes reciben una sabiduría que ningún libro puede enseñar.

Idea para recordar

Los abuelos son un regalo de Dios para la familia.

Para dialogar en familia

¿Qué puedo hacer esta semana para demostrar a mis abuelos que los quiero y los valoro?

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Sexta escena

Rezamos por nuestros abuelos que ya viven junto al Señor

«El amor cristiano no termina con la muerte; continúa viviendo en la esperanza de la resurrección.»

La historia continúa en la comunión de los santos

Todos llegaremos un día al final de nuestro camino en esta tierra. También san Joaquín y santa Ana terminaron su vida confiando en el Dios al que habían servido con fidelidad. La Iglesia conserva con gratitud su memoria porque sabe que quienes mueren en la amistad del Señor siguen formando parte de la gran familia de Dios.

Muchos niños han conocido el cariño de unos abuelos que ya no están entre nosotros. Sin embargo, ese amor no desaparece. La fe cristiana nos enseña que podemos seguir rezando por ellos, dar gracias por todo lo que recibimos de su vida y confiar en que Cristo, vencedor de la muerte, los llama a participar para siempre de su Reino.

Cuando recordamos a nuestros abuelos con agradecimiento y rezamos por ellos, descubrimos que la familia cristiana es mucho más grande de lo que vemos. Nos une un mismo Bautismo, una misma esperanza y la certeza de que Dios quiere reunir un día a todos sus hijos en la alegría eterna del cielo.

¿Qué nos enseña esta imagen?

La gratitud también se expresa con la oración. Recordar a nuestros abuelos no significa vivir anclados en la nostalgia, sino agradecer a Dios el bien que realizó a través de ellos. Cada oración por quienes ya han partido es una expresión de amor y de esperanza cristiana.

La muerte no tiene la última palabra. Jesucristo ha resucitado y nos promete que quienes creen en Él vivirán para siempre. Esa esperanza cambia nuestra manera de mirar el sufrimiento y nos ayuda a descubrir que el amor verdadero nunca desaparece.

Cuando un niño aprende a rezar por sus abuelos difuntos comprende que la familia continúa unida también más allá de esta vida. Esa certeza llena el corazón de paz y anima a vivir cada día con la mirada puesta en el cielo.

Idea para recordar

Quien ama de verdad nunca deja de recordar ni de rezar.

Para dialogar en familia

¿Cómo podemos recordar con cariño a nuestros abuelos y dar gracias a Dios por todo lo que hemos recibido de ellos?

Al terminar esta historia

La vida de san Joaquín y santa Ana nos recuerda que muchas de las obras más importantes de Dios nacen lejos del ruido y de los grandes acontecimientos. Ellos no predicaron a las multitudes ni realizaron gestos espectaculares. Su misión fue construir un hogar donde María pudiera crecer en la fe. Gracias a esa fidelidad silenciosa colaboraron, sin saberlo, en la preparación de la venida de Jesucristo. También hoy nuestros hogares pueden convertirse en lugares donde Dios siga preparando santos para la Iglesia y para el mundo.

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Actividades

Aprendemos a querer mejor a nuestros abuelos

La mejor manera de terminar esta catequesis es convertir lo aprendido en gestos concretos. Estas actividades quieren ayudar a descubrir que los abuelos no son solo un recuerdo bonito de la infancia, sino una presencia viva que Dios pone junto a nosotros para enseñarnos a amar, a esperar y a creer.

Actividad 1 · Gracias por todo, abuelo

Objetivo
Aprender a expresar gratitud hacia los abuelos y descubrir que agradecer también es una forma de amar.

Edad recomendada
A partir de los 8 años.

Duración aproximada
25 minutos.

Materiales

  • Una cartulina o una hoja bonita.
  • Lápices de colores.
  • Un sobre (opcional).

Desarrollo

Cada participante escribirá una carta dirigida a sus abuelos. En ella recordará un momento vivido junto a ellos, les dará las gracias por algo concreto y terminará con una breve oración pidiendo a Dios que los bendiga.

Si alguno de sus abuelos ya hubiera fallecido, la carta podrá transformarse en una oración de acción de gracias por todo el bien recibido durante su vida.

Propuesta para el catequista
Antes de comenzar, invita a los niños a cerrar unos segundos los ojos y recordar el rostro de sus abuelos. Pídeles que piensen en algún momento feliz vivido con ellos. Después comienza la actividad en silencio.

Fruto esperado

Que los niños aprendan a expresar el cariño y la gratitud antes de que sea demasiado tarde.

Actividad 2 · La memoria de la familia

Objetivo
Descubrir que la fe y la historia de una familia se transmiten de generación en generación.

Edad recomendada
Todas las edades.

Duración aproximada
Una sesión en la parroquia y otra en casa.

Materiales

  • Cuestionario preparado por el catequista.
  • Bolígrafo.
  • Fotografía antigua de la familia (si fuera posible).

Desarrollo

En la catequesis cada niño recibirá un pequeño cuestionario para entrevistar a uno de sus abuelos o, si no fuera posible, a una persona mayor de la parroquia.

Algunas preguntas pueden ser:

  • ¿Quién te enseñó a rezar?
  • ¿Cuál fue el momento más feliz de tu infancia?
  • ¿Cómo te ayudó Dios en algún momento difícil?
  • ¿Qué consejo quieres dejar a tus nietos?

En la siguiente sesión cada participante compartirá una respuesta que le haya llamado especialmente la atención.

Para continuar en casa
Guardar la entrevista junto con alguna fotografía familiar. Con el paso de los años se convertirá en un pequeño tesoro para toda la familia.

Fruto esperado

Descubrir que cada familia posee una historia de fe que merece ser conocida, agradecida y transmitida.

Actividad 3 · Rezamos por nuestros abuelos

Objetivo
Aprender a dar gracias por los abuelos vivos y a rezar por quienes ya han partido a la Casa del Padre.

Edad recomendada
Todas las edades.

Duración aproximada
15-20 minutos.

Materiales

  • Una vela.
  • Una Biblia.
  • Tarjetas pequeñas.

Desarrollo

Cada participante escribirá en una tarjeta el nombre de sus abuelos. Las tarjetas se colocarán delante de la Palabra de Dios y se encenderá una vela como signo de Cristo resucitado.

Después de un breve silencio, el catequista irá leyendo lentamente los nombres escritos en las tarjetas. Tras cada nombre, todos responderán juntos:

«Señor, bendícelos con tu amor.»

Finalmente, cada niño llevará la tarjeta a casa para colocarla durante toda la semana junto a un crucifijo o una imagen de la Virgen y continuar rezando en familia.

Compromiso para la semana
Buscar un momento para visitar, llamar por teléfono o rezar expresamente por los abuelos, ofreciéndoles un gesto concreto de cariño.

Fruto esperado

Comprender que el amor y la gratitud forman parte de la vida cristiana y que la oración mantiene unida a la familia incluso cuando algunos de sus miembros ya han partido al encuentro del Señor.

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Lectio divina

La fe que se transmite de generación en generación

La Palabra de Dios ilumina nuestra vida y nos ayuda a descubrir que la familia forma parte del plan de salvación. San Joaquín y santa Ana prepararon el camino para la llegada de María; María preparó el hogar donde creció Jesús; y nosotros estamos llamados a continuar esa misma cadena de fe en nuestras familias.

Hoy meditaremos dos textos. El primero nos enseña a honrar a nuestros mayores. El segundo nos recuerda que la verdadera familia de Jesús está formada por quienes escuchan la Palabra de Dios y la ponen en práctica.

Primer momento

Leemos la Palabra de Dios

Sirácida 3,1-16
Versión oficial de la Conferencia Episcopal Española.

Lugar de inserción del texto bíblico
Insertar aquí el texto completo de Sirácida 3,1-16 (CEE).

Meditamos

El libro del Sirácida recuerda que Dios bendice a quienes honran a sus padres. Esa enseñanza alcanza también a los abuelos, que tantas veces sostienen a la familia con su experiencia, su cariño y su oración. Amar a los mayores no es solo un gesto de buena educación; es una manera concreta de vivir el Evangelio.

Contemplamos

Piensa durante unos instantes en tus abuelos. Recuerda su rostro, alguna conversación, un consejo o una oración que aprendiste de ellos. Da gracias a Dios por ese regalo.

Nos preguntamos

  • ¿Escucho con atención a mis abuelos?
  • ¿Les dedico tiempo cuando puedo?
  • ¿Les doy las gracias por todo lo que hacen por mí?

Compromiso

Durante esta semana buscaré un momento para visitar, llamar por teléfono o conversar tranquilamente con mis abuelos. Si ya han fallecido, rezaré por ellos dando gracias a Dios por todo el bien que sembraron en mi vida.

Segundo momento

Leemos la Palabra de Dios

Marcos 3,31-35
Versión oficial de la Conferencia Episcopal Española.

Lugar de inserción del texto bíblico
Insertar aquí el texto completo de Marcos 3,31-35 (CEE).

Meditamos

Jesús enseña que forman parte de su verdadera familia quienes escuchan la voluntad de Dios y la cumplen. San Joaquín y santa Ana vivieron precisamente de ese modo. Su fidelidad preparó el corazón de María y, gracias a ella, toda la humanidad recibió al Salvador.

Contemplamos

Piensa en las personas que te han acercado a Dios: padres, abuelos, catequistas, sacerdotes o amigos. Todos ellos forman parte de esa gran familia que Jesús reúne alrededor de su Palabra.

Nos preguntamos

  • ¿Escucho cada día la Palabra de Dios?
  • ¿Procuro vivir lo que Jesús me enseña?
  • ¿Ayudo a otros a acercarse al Señor con mi ejemplo?

Compromiso

Leeré esta semana un breve pasaje del Evangelio junto a mi familia y terminaré dando gracias por todas las personas que me han ayudado a conocer a Jesucristo.

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Oración

Tres oraciones para rezar en familia

La oración es uno de los regalos más hermosos que unos abuelos pueden dejar a sus nietos. Muchas personas recuerdan durante toda su vida una sencilla oración aprendida en casa. Terminemos esta catequesis poniendo nuestra familia en las manos del Señor por intercesión de san Joaquín y santa Ana.

1. Por nuestros abuelos

Gracias, Padre bueno,
por su amor y su bondad.
Dales fuerza en el camino,
dales siempre tu amistad.

Que su ejemplo nos enseñe
a vivir con sencillez.
Y que nunca nos falte
la alegría de la fe.

Amén.

2. A san Joaquín y santa Ana

Joaquín y santa Ana,
guías de la vida fiel,
haced de nuestros hogares
un pequeño Nazaret.

Que sepamos cada día
escuchar la voz de Dios,
y llevar con alegría
su Palabra al corazón.

Rogad por nosotros.

3. Por toda la familia

Haz, Señor, de nuestro hogar
una escuela de bondad;
que vivamos siempre unidos
en la fe y la caridad.

Que pequeños y mayores
caminemos junto a Ti,
hasta el día en que nos llames
a tu Reino sin fin.

Amén.

Para vivir durante la semana

Elige una de estas tres oraciones y rézala cada día con tu familia. Si tus abuelos viven, invítalos a rezarla contigo. Si ya han partido a la Casa del Padre, ofrécela por ellos con esperanza y agradecimiento.

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Fuentes

Documentación utilizada

  • Sagrada Escritura. Sagrada Biblia. Versión oficial de la Conferencia Episcopal Española (CEE).
  • Catecismo de la Iglesia Católica. Libreria Editrice Vaticana, 1997.
  • Protoevangelio de Santiago. Utilizado como testimonio de la antigua tradición cristiana sobre la infancia de la Virgen María, distinguiéndolo claramente de los libros inspirados de la Sagrada Escritura.
  • Benedicto XVI. Catequesis, homilías y mensajes dedicados a la familia, a la transmisión de la fe y a la misión de los mayores.
  • Santa Sede. Documentación publicada en www.vatican.va.
  • Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida. Materiales para la Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores.
  • Basado en documentación de Catequesis en Familia:

«Los nietos son la corona de los ancianos,
y los hijos son el orgullo de sus padres.»

Proverbios 17,6

Nota de transparencia. Las imágenes y la maquetación de este documento se han realizado con ayuda de herramientas de inteligencia artificial. La selección de fuentes, la adaptación catequética y la revisión editorial corresponden a Catequesis en Familia.

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Evangelio del día: «El que quiera ser grande, que se haga servidor»

Evangelio del día: «El que quiera ser grande, que se haga servidor»

«El que quiera ser grande, que se haga servidor»

Mateo 20, 20-28 · Solemnidad de Santiago el Mayor, apóstol · Patrón de España

Del apóstol Santiago podemos aprender muchas cosas: la prontitud para acoger la llamada del Señor, el entusiasmo para seguirlo, la capacidad de dejar atrás las propias seguridades y la disponibilidad para dar testimonio de Cristo con valentía, incluso hasta entregar la vida.

Evangelio

En aquel tiempo, la madre de los hijos de Zebedeo se acercó a Jesús junto con sus hijos y se postró ante él para pedirle algo.

«¿Qué quieres?», le preguntó Jesús. Ella le dijo: «Manda que estos dos hijos míos se sienten en tu Reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda».

Jesús respondió: «No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber?». Ellos contestaron: «Podemos».

Él les dijo: «Mi cáliz lo beberéis; pero sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me corresponde concederlo, sino que es para aquellos para quienes mi Padre lo tiene reservado».

Al oír esto, los otros diez se indignaron contra los dos hermanos.

Pero Jesús los llamó y les dijo: «Sabéis que los jefes de las naciones las dominan y que los grandes les hacen sentir su poder.

No será así entre vosotros. Al contrario, el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor; y el que quiera ser el primero, que sea vuestro esclavo.

Igual que el Hijo del hombre no ha venido para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos».

Sagrada Escritura en el portal web de la Santa Sede

Palabra central

«El Hijo del hombre no ha venido para ser servido, sino para servir».

Lecturas de la liturgia

Primera lectura Hechos de los Apóstoles, Hch 4, 33; 5, 12.27b-33; 12, 2
Salmo Sal 67 (66), 2-8
Segunda lectura Segunda carta de san Pablo a los Corintios, 2 Cor 4, 7-15

Oración preparatoria

Señor, te pido humildemente tu gracia, porque es lo único que verdaderamente necesito. Soy todo tuyo, sin reserva alguna. Dame un corazón desinteresado, dispuesto a consumirse por tu amor y a servirte con alegría en cada persona que pongas en mi camino.

Petición

Señor, concédeme vivir este día con la ilusión de entregarme y de servirte en los demás.

Meditación del Santo Padre Benedicto XVI

Queridos hermanos y hermanas:

Proseguimos la serie de retratos de los Apóstoles elegidos directamente por Jesús durante su vida terrena. Hemos hablado de san Pedro y de su hermano Andrés. Hoy hablamos del apóstol Santiago.

Las listas bíblicas de los Doce mencionan dos personas con este nombre: Santiago, el hijo de Zebedeo, y Santiago, el hijo de Alfeo, que por lo general se distinguen con los apelativos de Santiago el Mayor y Santiago el Menor.

Estas designaciones no pretenden medir su santidad, sino constatar la distinta importancia que reciben en los escritos del Nuevo Testamento y, particularmente, dentro de la vida terrena de Jesús. Hoy dedicamos nuestra atención al primero de estos dos personajes.

Uno de los tres discípulos más cercanos a Jesús

El nombre Santiago es la traducción de Iákobos, transcripción griega del nombre del célebre patriarca Jacob.

El apóstol así llamado es hermano de Juan y, en las listas evangélicas, ocupa un lugar destacado: aparece inmediatamente después de Pedro en el evangelio de san Marcos, y después de Pedro y Andrés en los evangelios de san Mateo y san Lucas.

En los Hechos de los Apóstoles es mencionado después de Pedro y Juan. Santiago, juntamente con ellos, pertenece al grupo de los tres discípulos privilegiados que fueron admitidos por Jesús en momentos especialmente importantes de su vida.

Santiago pudo participar, junto con Pedro y Juan, en la agonía de Jesús en el huerto de Getsemaní y en el acontecimiento de la Transfiguración.

Se trata de situaciones muy diferentes. En una, Santiago experimenta la gloria del Señor, lo contempla conversando con Moisés y Elías y ve cómo se transparenta en Jesús el esplendor divino.

En la otra se encuentra ante el sufrimiento y la humillación. Ve con sus propios ojos cómo el Hijo de Dios se abaja y se hace obediente hasta la muerte.

El camino de Santiago va de la gloria contemplada en la Transfiguración al amor probado en Getsemaní y en el martirio.

La maduración de su fe

La experiencia de Getsemaní constituyó para Santiago una ocasión de maduración en la fe. Le permitió corregir una interpretación unilateral y triunfalista de la gloria que había contemplado en el monte de la Transfiguración.

Tuvo que comprender que el Mesías, esperado por el pueblo judío como triunfador, no estaba rodeado únicamente de honor y gloria, sino también de sufrimiento y debilidad.

La gloria de Cristo se realiza precisamente en la cruz, participando de nuestros sufrimientos y redimiéndolos desde dentro.

Esta maduración de la fe fue llevada a plenitud por el Espíritu Santo en Pentecostés. De este modo, cuando llegó el momento del testimonio supremo, Santiago no se echó atrás.

El primero de los Apóstoles en beber el cáliz

A comienzos de los años cuarenta del siglo I, el rey Herodes Agripa, nieto de Herodes el Grande, comenzó a perseguir a algunos miembros de la Iglesia.

San Lucas nos informa de manera concisa: «Por aquel tiempo, el rey Herodes echó mano a algunos miembros de la Iglesia para maltratarlos e hizo morir por la espada a Santiago, el hermano de Juan» (Hch 12, 1-2).

La brevedad de la noticia, sin detalles narrativos, pone de manifiesto que, para los primeros cristianos, era normal dar testimonio del Señor con la propia vida.

También muestra que Santiago ocupaba una posición destacada en la Iglesia de Jerusalén, entre otras razones por el papel que había desempeñado durante la vida terrena de Jesús.

Santiago y España

Una tradición posterior, que se remonta al menos a san Isidoro de Sevilla, habla de una estancia de Santiago en España para evangelizar esta importante región del Imperio romano.

Según otra tradición, su cuerpo habría sido trasladado a España, a la ciudad de Santiago de Compostela.

Como todos sabemos, ese lugar se convirtió en objeto de gran veneración y continúa siendo meta de numerosas peregrinaciones, procedentes no sólo de Europa, sino de todo el mundo.

Así se explica la representación iconográfica de Santiago con el bordón del peregrino y el rollo del Evangelio: signos del apóstol itinerante, dedicado al anuncio de la Buena Nueva, y símbolos de la peregrinación de la vida cristiana.

El Camino exterior y el camino interior

La peregrinación a Compostela expresa visiblemente el camino interior del discípulo: abandonar seguridades, aceptar la fatiga, aprender a caminar con otros y dirigirse hacia Cristo.

Lo que podemos aprender de Santiago

De Santiago podemos aprender muchas cosas: la prontitud para acoger la llamada del Señor, incluso cuando nos pide dejar la barca de nuestras seguridades humanas; el entusiasmo para seguirlo por los caminos que él nos señala, más allá de nuestras ilusiones; y la disponibilidad para dar testimonio de él con valentía.

Si fuera necesario, este testimonio puede llegar hasta el sacrificio supremo de la propia vida.

Santiago el Mayor se nos presenta así como ejemplo elocuente de adhesión generosa a Cristo.

Él, que al principio había pedido, por medio de su madre, sentarse junto con su hermano al lado del Maestro en su Reino, fue precisamente el primero de los Apóstoles en beber el cáliz de la Pasión y compartir el martirio.

Podemos resumir su itinerario diciendo que el camino, no sólo exterior sino sobre todo interior, desde el monte de la Transfiguración hasta el monte de la agonía, simboliza toda la peregrinación de la vida cristiana.

Es una peregrinación que transcurre entre las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios, como enseña el Concilio Vaticano II. Siguiendo a Jesús como Santiago, sabemos que, incluso en medio de las dificultades, vamos por el buen camino.

Santo Padre Benedicto XVI

Audiencia general del miércoles, 21 de junio de 2006

Claves para comprender el Evangelio

Clave Sentido cristiano
Los primeros puestos Santiago y Juan todavía interpretan el Reino desde categorías de honor y poder. Jesús purifica su deseo y les enseña el camino del servicio.
El cáliz Representa la participación en la Pasión de Cristo. Seguir a Jesús implica compartir su entrega, sus sufrimientos y su obediencia al Padre.
La indignación La reacción de los otros discípulos revela que ellos también buscaban reconocimiento. Jesús corrige a toda la comunidad.
La grandeza En el Reino, ser grande no significa dominar, sino ponerse al servicio de los hermanos con humildad y generosidad.
El rescate Cristo entrega su vida para liberar a la humanidad del pecado y abrirle el camino hacia la comunión con Dios.
Santiago Su vida demuestra que la gracia puede transformar la ambición inicial en entrega, testimonio, misión y martirio.

Para examinar la vida

¿Busco reconocimiento, autoridad o puestos importantes? ¿Acepto los servicios pequeños y ocultos? ¿Estoy dispuesto a beber el cáliz de la entrega, la paciencia y la fidelidad? ¿Mi modo de ejercer una responsabilidad se parece al dominio de los poderosos o al servicio de Cristo?

Catecismo de la Iglesia Católica

I. La Tradición apostólica

75. «Cristo nuestro Señor, en quien alcanza su plenitud toda la Revelación de Dios, mandó a los Apóstoles predicar a todos los hombres el Evangelio como fuente de toda verdad salvadora y de toda norma de conducta, comunicándoles así los bienes divinos: el Evangelio prometido por los profetas, que él mismo cumplió y promulgó con su voz» (Dei Verbum, 7).

La predicación apostólica

76. La transmisión del Evangelio, según el mandato del Señor, se hizo de dos maneras:

Oralmente: los Apóstoles, mediante su predicación, sus ejemplos y sus instituciones, transmitieron de palabra cuanto habían aprendido de las obras y palabras de Cristo y cuanto el Espíritu Santo les enseñó.

Por escrito: los mismos Apóstoles y los varones apostólicos pusieron por escrito el mensaje de la salvación, inspirados por el Espíritu Santo.

Continuada en la sucesión apostólica

77. «Para que este Evangelio se conservara siempre vivo y entero en la Iglesia, los Apóstoles nombraron como sucesores a los obispos, dejándoles su cargo en el Magisterio» (Dei Verbum, 7).

En efecto, «la predicación apostólica, expresada de modo especial en los libros sagrados, se ha de conservar mediante una transmisión continua hasta el fin de los tiempos» (Dei Verbum, 8).

78. Esta transmisión viva, llevada a cabo en el Espíritu Santo, recibe el nombre de Tradición, en cuanto distinta de la Sagrada Escritura, aunque estrechamente unida a ella.

Por medio de ella, «la Iglesia, con su enseñanza, su vida y su culto, conserva y transmite a todas las edades lo que es y lo que cree».

Las palabras de los santos Padres atestiguan la presencia viva de esta Tradición, cuyas riquezas pasan a la práctica y a la vida de la Iglesia que cree y ora.

79. Así, la comunicación que el Padre ha hecho de sí mismo por su Verbo en el Espíritu Santo continúa presente y activa en la Iglesia.

«Dios, que habló en otros tiempos, sigue conversando siempre con la Esposa de su Hijo amado; así, el Espíritu Santo, por quien la voz viva del Evangelio resuena en la Iglesia y, por ella, en el mundo entero, va introduciendo a los fieles en la verdad plena y hace que habite en ellos intensamente la Palabra de Cristo».

Concilio Vaticano II
Dei Verbum, 8

Catecismo de la Iglesia Católica

Propósito

Serviré hoy con alegría y amor, especialmente a quien más necesite mi atención. Elegiré un servicio concreto y desinteresado, sin esperar reconocimiento ni recompensa.

Diálogo con Cristo

Señor, mi vocación de discípulo y misionero es una vocación al servicio.

Ayúdame a rezar, predicar y sacrificarme para que Tú seas más conocido y amado. Dame tu gracia para distinguirme por un servicio abnegado, discreto y eficaz a mis hermanos.

Enséñame a vivir con plenitud y profundidad, procurando que todas mis obras estén marcadas por la entrega generosa, sin buscar los primeros puestos ni el reconocimiento de los demás.

Haz que aprenda de Santiago a pasar de mis deseos de grandeza humana a la grandeza verdadera de quien bebe tu cáliz y entrega su vida por amor.

Idea para vivir el Evangelio de hoy

El camino cristiano no conduce hacia los primeros puestos, sino hacia el lugar donde Cristo sirve, entrega su vida y espera nuestra colaboración.

Para seguir profundizando

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